¡NOO! Si te estás preguntando si me he olvidado de este fics ya sabes la respuesta, y si no entiendes te la repetiré nuevamente ¡NOO! (Me encanta eso aksjkasj) Hoy les vengo a hablar de un tema importante y que probablemente no les guste... sorry for that.
Cuando deje de escribir este fics lo hice con la intención de poder escribir más capítulos, y tener cierta cantidad asegurada, recuerdo que dije que no sabía cuando volvería a escribir y mucho menos sabía cuando empezaría a escribir así que no prometía una actualización reciente. El problema más grande no es que no empecé a escribir, es que empece a escribir y dps lo deje para escribir otra cosa, dps lo retome y lo volví a dejar, es decir que a partir del siguiente capítulo, el seis, no tengo nada más escrito. Sí, ya sé, que están cabreadas y todo el asunto, pero lo siento, es lo que hay de momento. No quería actualizar este capítulo hasta tener al menos hasta el 10 pero preferí subirlo y así poder contarles sobre el tema este para que así no piensen que no estoy escribiendo (que lo hago, pero poco).
Hay un par de cosas que quisiera hablarles sobre los fics, mis historias. Antes de terminar Shadow Kiss había decidido que me tomaría el tiempo para subir una nueva historia, más corta incluso, y cuando la terminara subiría Blood Promise, cosa que no hice porque justo estaba terminando el año y estaba con trabajos y pruebas a muerte por lo que ese tiempo me lo tome para mis estudios y no para subir la historia que quería subir. He estado escribiendo esa historia, pero no la he subido aun pese a que la quiero subir, más que nada para que cuando este aburrida yo la pueda leer, pero empezó la cuarta temporada de The 100, algunas sabrán que me encanta la serie si es que ya lo he mencionado muchas veces y de pronto sentía muchas más ganas de terminar Inquebrantable, de hecho no lo he actualizado ahora porque no tengo capítulos de reserva, pero lo he subido a wattpad (principalmente porque wattpad iba a ser la pagina en donde subiría inquebrantable y no fanfiction). La cosa en todo este enredo es que en wattpad comencé a subir historias porque sí, tengo dos actualizándolas seguido y aquí tengo dos, lo cual hace un total de 4 historias (3 si no contamos inquebrantable repetida) que debo estar escribiendo y escribiendo y ya ha comenzado el periodo de clases.
El tema es este, de momento hasta tener más capítulos de VA no voy a actualizar, por lo menos hasta tener hasta el capítulo 15 o incluso poco menos, en wattpad sigo subiendo porque básicamente las dos historias ya tienen suficientes capitulos por actualizar, incluso una ya esta terminada (la original) y solo tengo que subirla sin problemas. La historia que quiero subir, probablemente la suba cuando este casi terminándola, no era muy larga, estimo que serían 15 capitulos como máximo, pero por como voy escribiendo los subiré a 20.
También había un proyecto que quería hacer de VA (entre las historias cortas que quería subir entre libros) pero no tengo un guión solido o por lo menos un guion interesante y eso se debe a que no he leído Bloodlines y tampoco lo pienso leer, así que mientras pienso más o menos en como hacer la trama todo lo que les puedo decir es que planeo subir otra historia de VA, aparte de los libros.
Sé que la mayoría de las cosas que dije quizá ni siquiera les importa, pero yo lo hago más que nada porque si lo escribo y se los digo lo quito de mi cabeza y me tranquiliza un poco... un poco... Como se habrán dado cuenta, tengo muchos proyectos en mente y eso una de las cosas que me impide continuar con Blood Promise porque mientras escribo Blood Promise una idea se me viene a la mente y dejo de escribirlo para centrarme en esa idea y no perderla. Espero que sean pacientes con el la siguiente actualización, no prometo que será pronto, quizá incluso a mitad de año, yo todo lo que espero es que Blood Promise esté terminada, o casi terminada antes de finalizar 2017.
Ahora, sin más que decir les dejo el capítulo.
Resumen:La lectura de un libro lleno de oscuridad por in ha terminado, la recta final está a solo tres libros de distancia y cuando todo parecía tranquilo, las cosas comienzan a tomar una intensidad memorable. Entre risas y burlas, Rose tiene que recordarse a sí misma y una y otra vez que una de las razones por la cual lee el libro es solo para cerrar un capítulo de su vida, esperando que Dimitri hiciera lo mismo. El deseo de Lissa por el vínculo ya no existe más, siendo reemplazado por el deseo de querer usar la magia como arma defensiva, ¿podrá acaso controlar los cuatro elementos con la ayuda de su bendecida por la sombra?
~ Debo decir que la saga Vampire Academy fue un libro escrito por Richelle Mead
~ Leyendo el Pasado IV ~
Leyendo el capítulo
cinco
General Pov's
Antes de que alguien pudiera darse cuenta de algo más, Jill prosiguió con la lectura del capítulo cinco. Su rostro denotaba emoción y ganas de empezar pronto. Una sonrisa en los labios de Rose se dibujó en el momento en que Jill siguió con la lectura.
– Capítulo cinco –
El resto del viaje transcurrió sin que sucediese nada de particular. Sydney no dejó de mostrar esa sensación de incomodidad en mi presencia pero, a veces, cuando me esforzaba por comprender lo que pasaba en algún programa de la tele rusa, se dedicaba a explicarme lo que estaba viendo.
– ¿Acaso no te dabas cuenta con las imágenes? – Christian dejo escapar una sonrisita burlona.
Rose bufó de mala gana y luego rodó los ojos – No era tan fácil. Unas veces podía pensar algo y las imágenes decían otra cosa. Sobre todo cuando alguien hace algún chiste o algo –
Existían ciertas diferencias culturales entre estos programas y aquellos con los que nos habíamos criado, así que eso era lo algo que teníamos en común. De vez en cuando sonreía ante algo que a las dos nos parecía divertido, y entonces sentía que dentro de ella había alguien de quien yo podría hacerme amiga.
– Intenciones ocultas. Siempre las tiene – Adrián declaró con una sonrisa.
– No eran intenciones ocultas… ¡Eran mis pensamientos! – Se quejó la chica con una mueca.
– Pensamientos que ahora todos conocen. En serio, Rose, yo si fuera tú me habría rendido en el momento en que las primeras palabras del primer libro fueron pronunciadas – Adrián sacudió la cabeza – te diste cuenta que se trataba de ti y tus pensamientos, y ahora ya vamos a la mitad de los libros. Francamente no sé cómo puedes aún pelear contra la mayoría
La muchacha sacudió la cabeza, seguramente pensaba igual que él, pero ella tenía una cosa que nadie más tenía: espíritu; y mientras no fuera quebrantado, ella seguiría luchando por llegar al final de los libros. Esta era la batalla más dura que alguna vez haya tenido que enfrentar: vulnerabilidad ante los demás.
Sabía que me resultaría imposible encontrar a alguien que sustituyera a Lissa, pero creo que una parte de mí ansiaba llenar el vacío de amistad que se había abierto al abandonarla.
– Ambas estaban igual – Adrián señaló a las dos chicas. Caos en la academia, caos con Rose. En serio, necesitamos un momento de paz, principalmente por culpa de ambas
– Ni siquiera sé cómo te parece gracioso eso – Rose murmuró a Eddie que estaba a su lado, conteniendo una risa que luchaba por escapar de sus labios.
Sydney dormitaba a lo largo del día, y empecé a pensar que no era más que una insomne con un patrón de sueños realmente extraño. También siguió con aquel modo de alimentarse tan raro, sin apenas acabarse las comidas.
– No todos son caníbales hambrientos como tú – Christian murmuró señalando a la chica.
Bufó la morena.
Siempre me dejaba los restos, y se atrevía un poco más con los platos rusos.
– Creo que estaba alimentando a un animal – Sydney murmuró con una mueca.
– Uno insaciable – Christian rió.
Yo había tenido que experimentar con ellos en mi llegada, y era agradable tener la ayuda de alguien que, aunque no era nativa del lugar, sabía mucho más de Rusia que yo.
– Creo que cualquiera sabe más que tú – Rió Adrián.
Llegamos a Omsk al tercer día de viaje. Era una ciudad más grande y bonita de lo que me esperaba encontrar en Siberia. Dimitri siempre se había burlado de mó porque decía que mi imagen de Siberia era la de un sitio parecido a la Antártida, y no era así.
– Por supuesto que no lo era – Dimitri frunció el ceño ligeramente.
– ¿Puedes culparme? Siberia, para mí, suena como a un lugar poblado de nieve –
– Tal vez el paisaje, pero no la ciudad – Asintió el guardián Ruso, defendiendo con calma su hogar.
Vi que tenía razón, por lo menos en lo que se refería a la parte meridional de la región. El tiempo era muy diferente al de Montana en esa época del año: el aire fresco de la primavera, tibio de una vez en cuando por la luz del sol.
Sydney me había ducho que cuando llegásemos, conseguiría que alguno de los moroi nos llevase. En la ciudad vivían unos cuantos, mezclados con la población mayoritaria local. Pero a medida que avanzaba el día, descubrimos que teníamos un problema: ningún moroi nos quería llevar al pueblo.
– Eso es bastante raro, considerando que hablamos de un pueblo… ya saben… – Eddie murmuró.
Rose asintió.
Al parecer, era una carretera peligrosa. Los strigoi solían merodear por allí de noche, con la esperanza de atrapar a los moroi o a los dhampir que viajaban por la zona.
– Parecen gatos esperando al ratón – Murmuró Abe con seriedad.
Cuanto más me lo explicaba Sydney, más preocupada me sentía por mi plan. Al parecer, no había muchos strigoi dentro del propio pueblo de Dimitri. Según ella, acechaban en las periferias, pero pocos vivían allí de forma permanente. Si eso era cierto, las probabilidades de encontrar a Dimitri habían disminuido enormemente. La cosa empeoraba a medida que Sydney me seguía describiendo la situación.
– Un plan que se ha ido al garete* – Adrián sacudió la cabeza.
– Seguro que encontró la forma. Es Rose de quién hablamos – Dijo Eddie.
"Muchos strigoi viajan por la región en busca de víctimas, y el pueblo solo es una zona por la que pasan." Me explicó. "La carretera está un poco lejos, así que algunos strigoi se quedan durante un tiempo para intentar conseguir presas fáciles y luego se marchan."
"En Estados Unidos, los strigoi se esconden en las grandes ciudades." Comenté con cierta inquietud.
"Aquí también. Les resulta más fácil conseguir víctimas sin que nadie se dé cuenta."
– Son inteligentes los idiotas – Bufó Adrián.
Sí, aquello representaba un contratiempo en mis planes. Si Dimtiri no vivía en el pueblo, iba a tener un grave problema. Sabía que a los strigoi les gustaba las grandes ciudades, pero no sé por qué estaba convencida de que Dimitri regresaría al lugar donde se había criado.
– Solo tú sabrás – Lissa se encogió de hombros.
Pero si Dimitri no estaba allí… De repente, caer en la cuenta de la inmensidad de Siberia fue un mazazo. Me había enterado de que Omsk ni siquiera era la ciudad de mayor tamaño en la región, y encontrar a un solo strigoi allí no será difícil. Si encima tenía que buscarlo por varias ciudades más grandes… La ciudad se podía poner muy, muy fea si había errado con mi corazonada.
– Menudo desperdicio de tiempo – Bufó Christian.
– Pero tiene que haberlo encontrado, ¿no? O sucedieron más cosas, porque el libro apenas está iniciando – Jill dijo con calma, recordando a todos el número el capítulo que se encontraba leyendo.
– Vamos a ver que nos espera la nueva entrega –
Desde que partí en busca de Dimitri, había sufrido momentos de debilidad pasajeros en los que me asaltaba el temor de no encontrarlo jamás. El hecho de que fuese un strigoi me seguía atormentando. También me asaltaban otras imágenes… unas imágenes de cómo era antes y los recuerdos del tiempo que habíamos pasado juntos.
– Aquí es cuando se vuelve empalagoso. ¡Alerta de caries! – Adrián dijo, juntando las manos alrededor de su boca para hacer que el sonido que salía fuera más profundo y más fuerte.
Las risas estallaron ligeramente.
Creo que mi recuerdo más valioso era de poco antes de su transformación. Fue una de esas veces en las que absorbí mucha de la oscuridad inducida por el espíritu de Lissa. Estaba fuera de control, incapaz de recuperarme. Temía convertirme en un monstruo, temía suicidarme como había hecho otra guardiana bendecida por la sombra.
Dimitri me había hecho recuperarme, y me había prestado su fuerza. Fue entonces que me di cuenta de lo fuerte que era nuestra relación, de cómo nos comprendíamos el uno al otro a la perfección. En el pasado me había mostrado escéptica con las personas que decían ser compañeros del alma, pero en ese momento supe que era verdad. Y con la relación emocional llegó la relación física.
– Realmente no queremos saber sobre eso – Abe sacudió la cabeza con disgusto.
– Ni yo quiero que lo recuerdes – Rose asintió.
Dimitri y yo finalmente cedimos a la atracción mutua. Juramos que nunca lo haríamos, pero… nuestros sentimientos fueron demasiados poderosos. Mantenernos alejados el uno del otro se había vuelto imposible. Hicimos e amor, y fue mi primera vez. A veces estaba convencida de que sería la única vez.
– Es evidente que no, eh – Se burló Lissa.
– Sí – Suspiró la morena. Definitivamente no le gustaba que sus pensamientos estuvieran involucrados en un libro, y más aún que sus amigos y familiares pudieran ser capaces de conocerlos al pie de la letra.
El acto en sí fue increíble, y fui incapaz de separar el disfrute emocional del físico. Después nos quedamos tumbados en la pequeña cabaña tanto tiempo como pudimos, y eso también fue increíble. Fue uno de los pocos momentos en los que sentí que realmente era mío.
"¿Recuerdas el hechizo de lujuria de Víctor?" Le pregunté mientras me arrebujaba contra él.
Dimitri me miro como si estuviera loca.
– Si yo aún lo recuerdo, no sé cómo quién estuvo involucrado puede olvidarlo – Christian hizo una mueca antes de estremecerse. Por supuesto que tenía razón, cualquiera que haya estado presente en la lectura del primer libro y más en cierto capitulo en especial podía recordarlo.
"Por supuesto."
Víctor Dashkov era un moroi de la realeza, un antiguo amigo de Lissa y de su familia.
La cabeza rubia sacudió la cabeza con desgana a la sola mención de aquel hombre. Los recuerdos querían invadirla, pero más aún querían atormentarla de una manera que no era siquiera posible en sus pensamientos. Ahora, no solo con las torturas que tuvo que pasar por culpa de aquel hombre, sino con la confesión de su amiga, la tormenta que se quería formar en su interior era más poderosa y peligrosa.
Tenía pena, pero también no podía evitar sentirse aliviada. Y admitir estas dos emociones le aterraba de formas en que no creía posible.
Casi nadie sabía que había estado estudiando el espíritu en secreto durante años y que había identificado a Lissa como alguien capaz de utilizar el espíritu antes de que ella misma lo supiese. La torturó con toda clase de juegos mentales que la hicieron pensar que se estaba volviendo loca. Sus planes culminaron con el rapto y la tortura de Lissa, hasta que ella lo curó de la enfermedad que lo estaba matando.
Víctor estaba en la cárcel, condenado a cadena perpetua, tanto por lo que le había hecho a Lissa como por sus traicioneros planes para rebelarse contra el gobierno moroi. Era uno de los pocos que conocía mi relación con Dimitri, algo que me había preocupado de forma angustiosa. Había llegado a fomentar nuestra relación al crear un hechizo de lujuria con un collar que llevaba tierra y coerción. El amuleto estaba cargado de una magia peligrosa que había hecho que Dimitri y yo cediéramos ante nuestros impulsos más básicos. Nos contuvimos ene el último momento, y hasta la noche que pasamos en la cabaña pensé que nuestro encuentro impulsado por el hechizo había sido el «subidón» físico definitivo.
– Sí, eso y que casi matas a Jesse – Murmuró Eddie desviando la mirada.
– Pude haberle matado fácilmente – Rose asintió. Y sabía también, que si lo hubiera matado tampoco se habría dado cuenta hasta que la oscuridad que hubiera nublado su mente se haya disipado por completo. Le daba miedo por un momento pensar en lo que hubiera sucedido si no hubiese sido intervenida en ese momento.
"No me esperaba que pudiese ser mejor aún." Le dije a Dimitri después de que nos acostáramos juntos de verdad. Me sentía un poco avergonzada de hablar de ello. "Pensaba constantemente… en lo que ocurrió entre nosotros."
Se volvió hacia mí y tiró de una colcha. Hacía frío fuera de la cabaña, pero las mantas de la cama nos mantenían calientes. Supongo que podríamos habernos puesto algo de ropa, pero era lo último que quería hacer. Estar pegados piel con piel era una sensación demasiado agradable.
"Yo también."
"¿Tú también?" Le pregunté sorprendida. "Pensaba… Bueno, no sé. Pensaba que eras demasiado disciplinado para algo así. Pensaba que intentarías olvidarlo."
Dimitri se echó a reír y me besó en el cuello.
"Rose, ¿cómo iba a poder olvidar estar desnudo con una persona tan hermosa como tú? Me quede despierto muchas noches recordando todos los detalles. Me repetía que estaba mal, pero eres imposible de olvidar." Sus labios bajaron hasta mi clavícula mientras una de sus manos me acariciaba la cadera. "Te has grabado a fuego en mi mente para siempre. No hay nada en este mundo capaz de cambiar eso."
Y eran recuerdos como ese los que me hacían tan difícil aceptar mi misión de matarlo, por más que ahora fuese strigoi.
– Me saldrán más de una caries – Christian suspiró.
Rose rodó los ojos, y lo ignoró.
Sin embargo, o al mismo tiempo, era exactamente recuerdos como esos los que me obligaban a acabar con él. Necesitaba recordarlo como el hombre que me había amado y que me había abrazado en la cama. Necesitaba recordar que ese hombre no querría vivir convertido en un monstruo.
– Y así es como comenzó la misión más importante y más acaramelada del universo – Christian bufó.
– Aún no sé por qué permito que ustedes lean mis pensamientos –
– Yo creía que ibas a descubrir el por qué estaban en un libro y quién lo hizo – Mia parpadeó.
– Aún estoy en ello – Murmuró la morena, sin querer admitir que aunque le llamaba mucho la atención, se le había olvidado por completo. No es como si todos los días tus pensamientos están escritos en libros, es más, quién no le dice a ella que en ese preciso momento sus pensamientos están escribiendo otro libro.
No me emocionó ver le coche que Sydney había comprado, sobre todo porque había sido y quién le había dado el dinero para hacerlo.
– Técnicamente, fui yo – Adrián dijo con una sonrisa – Lo cual me parece una inversión bastante buena
– Uff, no tanto si no sabes que sucedió con ese auto – Rose murmuró.
– Qué sucedió con él – Adrián parpadeó.
– Solo digamos que si mi intuición es buena, el libro nos lo dirá – Rose hizo una mueca.
"¿Vamos a ir en eso?" Exclamé. "¿Podrá llegar tan lejos?"
– Francamente tenía serias dudas – Roser asintió.
Al parecer, el viaje duraría unas siete horas, Sydney me miró sorprendida.
"¿Lo dices en serio? Es un Citroën de 1972. Estos cacharros son increíbles. ¿Tienes idea de lo difícil que tuvo que ser metero en el país en la época de la Unión Sioviética? Aún no me creo que ese tipo me lo haya vendido. No tiene ni idea."
Sabía muy poco de la era soviética, y menos aún de coches clásicos, pero Sydney acarició el capó de color rojo brillante como si estuviese enamorada de él.
– Competencia para Adrián – Se burló Christian.
– Soy mejor que un auto – Bufó el rubio.
Quizá era un cacharro valioso y yo no era capaz de apreciarlo. A mí me gustaban los coches deportivos de último modelo. En honor a la verdad, aquel coche no tenía abolladuras ni estaba oxidado, y aparte de su aspecto desfasado, estaba limpio y cuidado.
"¿Arrancará?" Le pregunté.
La expresión en su cara se volvió aún más incrédula.
"¡Pues claro!"
– De ante mano yo les aconsejo nunca viajar con Sydney en un auto – Rose dijo – Y mucho menos aparenten no saber nada
– Es como un golpe en la cara – Sydney frunció el ceño.
– Exacto – Rose asintió.
– ¿Qué cosa? – Lissa preguntó.
– El no saber nada y que ella lo sepa todo – Bufó Rose señalando a la otra chica.
Y arrancó. El motor se encendió con un ronroneo constante y, por cómo aceleró, empecé a comprender la fascinación que sentía. Me apeteció conducir, y estaba a punto de decirle que lo habíamos comprado con mi dinero cuando vi su expresión de embeleso y decidí no interponerme entre ella y el coche.
– Amor a primera vista – Christian se burló.
Adrián bufó. – No es mejor que yo –
Me alegré de marcharnos de inmediato, la tarde ya estaba avanzada. Si el camino era tan peligroso como todo el mundo decía, no querríamos estar en él cuando se hiciera de noche. Sydney me dio la razón, pero me dijo que podríamos hacer la mayor parte del viaje antes de que se pusiera el sol, y luego nos quedaríamos a dormir en un sitio que conocía. Llegaríamos al pueblo por la mañana.
– Fue toda una travesía – Rose dijo una risa.
Cuanto más nos alejábamos de Omsk, más áspero se volvía el paisaje. Al contemplarlo, comprendí el amor que Dimtiri sentía por aquella tierra.
– Eso es un completo avance – Dimitri dijo con una disimulada sonrisa.
– Y esto es algo que nadie debería saber – Se burló Rose. Resopló nuevamente, ya cansada de escuchar sobre sus experiencias y no porque fuera difícil revivir los momentos más traumáticos y peligrosos de su vida sino porque en realidad eran pensamientos personales, no para los presentes.
Era cierto que tenía un aspecto desolado, agreste, pero la primavera estaba coloreando de verde los prados, y ver aquellos campos vírgenes tenía un embrujo hermoso. En cierto modo, me recordaba a Montana, pero aquella tierra poseía un carácter especial y propio.
No pude evitar usar la fascinación que sentía Sydney por el coche para empezar una conversación.
"¿Sabes mucho de coches?" Le pregunté.
"Algo. El alquimista de mi familia es mi padre, pero mi madre es mecánica."
"¿De verdad?" Pregunté sorprendida. "Eso es algo… poco habitual."
– Es verdad – Murmuró Lissa en voz baja, un tono apenas audible que nadie la escuchó.
Por supuesto, yo no era la más apropiada para hablar de trabajos típicos según se fuera hombre o mujer. Si se tenía en cuenta que mi vida estaba dedicada a luchar y a matar, tampoco es que yo pudiera proclamar que tenía un trabajo típicamente femenino.
– Y mucho menos considerando a tu familia – Adrián señaló a Janine y a Abe.
– Perdona, ¿querías decirnos algo? – Abe preguntó con un tono inocente que escondía detrás peligro. El rubio lo notó, como todos en la sala, y negó frenéticamente con la cabeza.
Regla número 1: si te metes con Abe, nunca más volverán a verte.
"Es buena, y me enseño mucho. No me hubiera importado ganarme la vida así." Su voz tenía un deje de amargura. "Supongo que hay muchas otras cosas que me gustaría hacer y que no puedo."
"¿Por qué no?"
"Tuve que ser la siguiente alquimista de la familia. Mi hermana… Bueno, es mayor que yo, y normalmente suele ser el primogénito quien se encarga de esa tarea, pero ella es un tanto… inútil."
– Auch – Jill hizo una mueca con el comentario. Ella se sentiría terrible si Lissa dijera algo así, y más cuando su relación aún estaba sobre vidrios rotos.
"Ese es un comentario muy duro."
"Sí, quizá, pero es que es incapaz de manejar este tipo de situaciones. Se le da de maravilla organizar sus pintalabios, pero, ¿supervisar un entramado de relaciones y de personas como el que tenemos? No, jamás sería capaz de hacerlo. Mi padre me dijo que yo era la única capacitada para hacerlo."
"Eso al menos es un cumplido."
"Supongo."
Sydney estaba tan triste que me sentí mal por sacar el tema.
"Si pudieras ir a la universidad, ¿qué te gustaría estudiar?"
"Arquitectura griega y romana."
Me alegré de que fuera ella quien conducía, porque yo probablemente me habría salido de la carretera.
Las risas estallaron suavemente.
"¿De verdad?"
"¿Sabes algo del tema?"
"Pues… no."
– Es en serio, cómo terminaron siendo amigas – Eddie dijo con una mueca.
– Esa es la mejor pregunta que alguien me ha hecho – Dijo Sydney dijo con un tono serio – y se pone aún mejor después de las veinte veces que me la hicieron
Eddie hizo una mueca y miro a Rose que se encogió de hombros completamente despreocupada.
"Es increíble." La expresión de tristeza quedó sustituida por una de optimismo alegre. Casi parecía tan contenta como cuando me había hablado del coche. Comprendí por qué le había gustado la estación de tren. "El ingenio que hizo falta para construir algunas de… En fin, es increíble. Si los alquimistas no me mandaran de nuevo a Estados Unidos, espero que me envíen a Italia o a Grecia."
"Eso sería genial."
– Épico – Sydney dijo con una sonrisa en sus labios.
"Sí." La sonrisa desapareció. "Pero en este trabajo no hay garantía alguna de conseguir lo que quieres."
– Yo no diría tanto – Rose señaló a Abe. El hombre sonrió con superioridad, al saber que tenía influencias y contactos por todo el mundo.
Se quedó callada, y decidí que haber logrado tener aquella pequeña conversación ya había sido una victoria más que suficiente. La dejé sumida en sus propios pensamientos sobre coches de épica y arquitectura clásica mientras yo me ponía a pensar en mis cosas: los strigoi, el deber, Dimitri… Siempre Dimitri.
Bueno, Dimitri y Lissa. Siempre era una incógnita saber cuál de los dos me causaría más dolor. Ese día, mientras me amodorraba en el coche, pensé en Lissa, sobre todo por la reciente visita de Adrian en sueños.
– De nada – Adrián sonrió.
La primera hora del anochecer en Siberia equivalía a la primera hora de la mañana en Montana. Sin embargo, puesto que la escuela seguía un horario nocturno, técnicamente también era de noche para ellos a pesar de estar amaneciendo. Ya casi era la hora del toque de queda, y todo el mundo debía regresas a sus dormitorios en breve.
Lissa estaba con Adrián en la habitación que este tenía en el edificio para los invitados. Adrián, como Avery, ya se habían graduado, pero al ser el único que utilizaba el espíritu aparte de Lissa, se había quedado de forma indefinida en la escuela para trabajar con ella.
– ¿Estabas en mi cabeza? – Confundida preguntó la rubia.
– Sí, eso creo – Rose asintió.
Acaban de pasar una larga y agotadora tarde perfeccionando la habilidad de caminar en sueños y estaban en el suelo, sentados uno frente a otro. Lissa dejó escapar un suspiro y se derrumbó hasta quedar tumbada con los brazos cruzados sobre la cara.
"Esto es inútil." Se quejó. "No voy a conseguir aprender nunca."
"Nunca te considere una rajada, prima."
La voz de Adrian era frívola, como de costumbre, pero noté que él también estaba cansado. No eran primos de verdad; solo era un término que a veces usaban los miembros de la realeza para referirse los unos a los otros.
"Es que no logro entender cómo lo haces."
"No sé cómo explicarlo. Solo pienso en ello y… bueno, y sucede." Se encogió de hombros y sacó uno de los cigarrillos que siempre llevaba encima. "¿Te importa?"
"Sí" Respondió Lissa.
– El peor profesor de la historia – Dijo Christian sacudiendo la cabeza.
– Ya quisiera que tú lo intentes –
– Nosotras lo intentamos – Mia dijo señalando a Jill, que a su vez el comentario hizo tensar a Lissa y a Rose rápidamente – Cuando ella nos preguntó cómo lográbamos usar el agua
– Mierda – Masculló Lissa entre dientes.
– ¿Y eso por qué? – Las miradas intrigadas de todos pasaron hacia la reina que se encontraba mordiéndose el labio inferior en busca de una respuesta rápida y creíble. Rose miró a su mejor amiga en busca de un auxilio mentalmente, y con destreza sonrió a sus amigas.
– Hicimos una apuesta – Declaró una mentira frente a todos causando que las miradas confusas se volvieran estupefactas – Le dije a Lissa que ustedes solo miraban el agua y se lo imaginaban. Ella me dijo que tenía que ser algo más de mecánica y sentirse uno con el agua. En fin, no tengo un superpoder sobre los elementos de la naturaleza así que para mí es solo mirar algo y hacer que suceda, como aventar un puñetazo
La mentira parecía ser comprada por todos, e intencionalmente Rose evadió la mirada de Adrián que parecía examinar en ella en busca de la verdad, si es que él pensaba que había una verdad. Lissa, mentalmente agradeció a la chica que había salido en el auxilio y aunque no recibió respuesta de Rose, le pareció saber que la sonrisa en su rostro declaraba un ligero: «de nada».
– He ganado la apuesta – Lissa asintió – Y Rose me debe un dos lecturas de capítulo
– ¡Qué! – La muchacha alzó las cejas sorprendida. Vio la maldad en los ojos d la rubia y se preguntó su el espíritu ya comenzó a hacer efecto, de lo contrario, Lissa jamás se habría aprovechado la situación… ¿o lo habría hecho?
– Sí, pero como eres tú y no otra persona… quedas absuelta del pago –
– Gracias… supongo – Parpadeó confusa la morena. Una sonrisa despreocupada se torció en sus labios mientras observaba a su mejor amiga hablar con su novio sobre más detalles de aquella "apuesta" (o más bien escuchar como el chico le pedía que le hiciera leer a Rose las partes más vergonzosas del libro).
Se habían salvado de una, por ahora. Cuando el espiritu tenía una intensidad tan grande que (aun cuando lo usan dentro de la casa) Adrián lo siente y pregunta, las dos chicas usaban de excusa que se encontraban haciendo que fuera bidireccional, aún ambas sabiendo que aunque había una posibilidad de que fuera posible (o quizá no tanta, tal vez) era la excusa perfecta para escapar de las dudas.
Aunque Lissa no se rendía ni con uno ni lo otro, pero estaba tan excitada con usar el espíritu que la emoción salía de su cuerpo antes de que su mente pudiera ponerse una meta. Rose sabía que era la razón por la cual había cambiado tan abruptamente su plan de convertir el vínculo en dos direcciones a querer usar los cuatro elementos, algo más arriesgado si alguien se lo permite decirlo.
Me quedé sorprendida cuando Adrián lo guardó. ¿Pero qué narices…? A mí nunca me habría preguntado si me molestaba que fumara, aunque lo cierto era que sí me molestaba. De hecho, hubiera jurado que la mitad de las veces lo hacía para irritarme, cosa que no tenía sentido. Adrián ya había pasado la edad en la que los chicos intentan atraer a las chicas que les gusta metiéndose con ellas.
Adrian intentó explicarle el proceso.
"Solo pienso en la persona que quiero y entonces… No lo sé. Expando mi mente hacia ella."
Lissa se incorporó hasta quedar sentada y cruzó las piernas.
"Suena muy parecido al momento en que Rose me lee el pensamiento."
"Probablemente se trata del mismo principio." Mira, tardaste cierto tiempo en aprender a leer auras. Esto es igual. Y no eres la única que aprende poco a poco. Yo ahora por fin estoy aprendiendo a curar arañazos, y tú eres capaz de revivir a los muertos. Eso es la leche, y llámame loco si quieres." Se quedó callado un momento. "Claro que hay gente que te podría asegurar que estoy loco de remate."
– Yo por ejemplo – Rose alzó una mano, seguida de Christian y Eddie.
– Gracias, es un placer ser su amigo – Adrián miro a los dos chicos que sonreían con burla.
Al mencionar el aura, Lissa le observó con atención y se esforzó por usar su habilidad para ver el campo de luz que brillaba alrededor de todo ser vivo. El aura de Adrián se hizo visible y lo envolvió con un brillo dorado. Según Adrián, el aura de Lissa tenía ese mismo aspecto. Ningún otro moroi poseía esa clase de oro puro. Lissa y Adrián habían llegado a la conclusión que era algo único, propio de los que utilizaban el espíritu.
– Y aún así, Avery paso por alto – Lissa resopló pesadamente.
– Esa rata era bastante inteligente – Adrián asintió de mala gana, no queriendo admitir como los había engañado a los dos, y a todo el mundo.
Adrián sonrió al adivinar qué estaba haciendo Lissa.
"¿Qué aspecto tiene?"
"El mismo."
"¿Ves lo bien que se te da? Solo tienes que ser paciente con los sueños."
Lissa ansiaba caminar en los sueños, como él. A pesar de lo decepcionada que se sentía, yo me alegraba de que no pudiera hacerlo.
– El premio a la mejor amiga del año – Aplaudió Christian.
Rose bufó – Imagino a que a ti te encantaría para tener sus reuniones en los sueños –
– Como si nunca lo hubieras pensado tú cuando salías con él –
Rose abrió la boca un momento, poco a poco comenzó a cerrándola y miro a Jill para ladrar un «sigue leyendo.»
Verla supondría… No estaba del todo segura, pero haría que me resultase más difícil mantener esa actitud fría y dura que me esforzaba por conservar en Rusia.
"Solo quiero saber cómo está." Dijo Lissa en voz baja. "No soporto no saberlo."
Era la misma conversación que había tenido con Christian.
– Cuantas veces lo intente cuando tú deberías estar durmiendo – Lissa asintió con una sonrisa.
"La vi el otro día. Está bien. Y no tardaré en visitarla otra vez."
Lissa hizo un gesto de asentimiento.
"¿Crees que lo conseguirá? ¿Crees que podrá matar a Dimitri?"
– Ahora sabemos que no – Christian dijo despreocupado.
– No tanto. Fue una… pelea interesante – Rose hizo una mueca.
Adrián tardó un rato en pensar.
"Creo que puede hacerlo. La cuestión es si eso la acabará matando a ella."
Lissa se sobresaltó y yo me quedé un tanto sorprendida. La respuesta fue tan directa como la que le hubiese dado Christian.
– Eres la única que suaviza las cosas. Ella está acostumbrada a recibir respuestas así por causa de estos dos – Eddie dijo con una mueca.
– Tienes razón – Rose asintió con una mueca – Debería reconsiderar pasarme a su lado oscuro aunque… – Y mirando los rostros de Christian y Adrián, pudo sentir un escalofrío recorrer por su espina dorsal – prefiero que no
Ambos chicos le fruncieron el ceño.
"Dios, cómo me gustaría que no hubiese ido a perseguirlo."
"Ahora no sirve de nada lamentarse. Rose tiene que hacerlo. Es la única forma que tenemos de recuperarla." Adrián se calló un momento. "Es la única forma que tiene de seguir adelante con su vida."
A veces, Adrian me sorprendía, pero en esta ocasión me dejo pasmada.
– ¿Solo a veces? –
– Sí, solo a veces. En otras eres un idiota, como ellos dos –
– ¡Eh! – Los dos chicos fruncieron el ceño.
Lissa creía que era una locura y un suicido perseguir a Dimitri. Sabía que Sydney estaría de acuerdo con ella si le contaba el verdadero motivo del viaje. Pero Adrián… el bobo, el superficial, el fiestero… ¿Adrian era capaz de entenderlo?
– Era un mundo cruel – Murmuró Rose.
De repente, al observarlo atentamente a través de los ojos de Lissa, me di cuenta de que era verdad. Esta situación no le gustaba, y se notaba el dolor en su voz. Estaba preocupado por mí. Que yo albergase unos sentimientos tan fuertes hacia otra persona le hacía daño. Y sin embargo… estaba convencido de que yo obraba bien y que hacía lo único que podía hacer.
Lissa miró el reloj.
"Tengo que irme antes del toque de queda. También tendría que estudiar para el examen de Historia."
"El estudio está sobrevalorado. Encuentra a alguien inteligente de quien copiar."
– Y ahora vuelves a ser un idiota – Jill le puso una mano en su hombro. El muchacho abrió los ojos sorprendido y luego dejo caer la cabeza de golpe hacia abajo.
Lissa se puso en pie.
"¿Me estás diciendo que no soy inteligente?"
"Joder, no."
Adrián también se puso en pie y se dirigió al mueble bar, que tenía siempre bien provisto, para servirse una copa. La automedicación era su modo irresponsable de mantener a raya los efectos secundarios del uso del espíritu, y si lo había utilizado durante toda la tarde, probablemente querría el aletargamiento que le proporcionaban sus vicios.
"Eres la persona más inteligente que conozco, pero no significa que tengas que hacer un trabajo innecesario."
– ¿Te graduaste copiándole a los demás? – Lissa preguntó al muchacho que asintió, aun cabizbajo por la respuesta de Jill.
"No puedes tener éxito en la vida si no te esfuerzas. Si te dedicas a copiar de tus compañeros, no llegarás a ninguna parte."
"Lo que tú digas." Respondió él con otra sonrisa. "Yo me he pasado el instituto copiando y mira lo bien que me va."
– Un cincuenta y cincuenta, por no decir ochenta a veinte. Que sepas que el mayor es lo peor que te va – Christian dijo despreocupado.
– Tú tampoco copiabas, eh – Mia sonrió.
– Sale con Lissa, qué esperabas – Rose se encogió de hombros.
Lissa puso los ojos en blanco antes de darle un rápido abrazo de despedida y marcharse. En cuanto salió, su sonrisa se desvaneció un poco. De hecho, sus pensamientos se volvieron sombríos. Mencionarme había despertado toda clase de sentimientos en su fuero interno. Estaba preocupada por mí, terriblemente preocupada. Le había dicho a Christian que se sentía mal por lo que había ocurrido entre nosotras, pero todo lo que implicaba ese sentimiento no me resultó evidente hasta ese momento.
– Por favor, díganme que no está escrito – Gimió Lissa. Realmente, aunque sabía que se había comportado como una perra, no quería revivir los recuerdos – Odio este libro
– No eres la única – Rose gruñó.
Estaba atormentada por la culpa y la confusión, y se fustigaba continuamente por lo que pensaba que debería haber hecho. Y, sobre todo, me echaba de menos. Tenía la misma sensación que yo: que le habían amputado un miembro del cuerpo.
– No es recomendable – Lissa sacudió la cabeza ferozmente.
– Ni siquiera en broma – Rose dijo asintiendo.
Adrián vivía en la tercera planta; Lissa prefirió bajar por las escaleras y no por el ascensor. Mientras bajaba, la cabeza no dejaba de darle vueltas por la preocupación. Le preocupaba no saber si alguna vez llegaría a dominar el espíritu. Yo también le preocupaba. Le preocupaba no sentir los efectos secundarios adversos del espíritu, pues eso le hacía preguntarse si era yo quien los estaba absorbiendo, igual que le había ocurrido a una guardiana que se llamaba Anna.
– La duda que carcome la mente – Lissa asintió.
Anna había vivido hacía siglos y había estado vinculado a San Vladimir, de quien había tomado el nombre la academia. La guardiana había absorbido los efectos nocivos… y se había vuelto loca.
– Se suicidó al final, es la forma más fácil de decirlo – Adrian dijo sin escrúpulos.
Rose frunció el ceño mirando a Lissa, que parecía incomoda con la mención de Anna, pero intentaba disimularlo al hablar con Christian.
La situación del miembro fantasma, el suicidio de Anna. La cabeza de Rose comenzó a dar vueltas a la interrogante que siempre había estado allí presente y que siempre estaba intentando ignorar.
Cuando llegara el momento, una de las dos moriría primero, y la otra evidentemente le seguiría, pero lo que le interrogaba a Rose era saber si la que siguiera a la fallecida lo haría por suicidio o por una vida larga y pasiva.
Lissa oyó gritos en la primera planta, incluso a través de la puerta que separaba la escalera del pasillo. Aunque sabía que aquello no tenía nada que ver con ella, vaciló, y le pudo la curiosidad.
– Es culpa de Rose, ella se siempre se mete en asuntos que no son de ella – Christian dijo.
– O tiene una gran curiosidad como la mía – Rose se defendió.
– O los dos tienes que dejar de pelear – Sugirió Lissa con una sonrisa tiesa.
Un segundo después, abrió la puerta en silencio y salió al pasillo. Las voces llegaban del otro lado de la esquina. Asomó poco a poco la cabeza con cuidado y echó un vistazo, aunque no fuese necesario, pues ya había reconocido las voces.
Avery Lazar estaba en la mitad del pasillo con las manos en las caderas sin apartar la mirada de su padre. Él se encontraba en el umbral de lo que debía de ser su habitación. Las posturas que tenían ambos eran rígidas y hostiles, y la tensión enfurecida restallaba entre ambos.
– Y pensar que me compadecí de ella – Lissa hizo una mueca.
– No es tu culpa eso. Así eres tú – Rose dijo con una pequeña sonrisa.
Aunque parecía ser que a Lissa aún le molestaba la mención de Avery o los recuerdos de la chica, o más aún, saber que alguna vez pensó en que eran amigas, Rose podía sentir a través de aquel lazo invisible que el malestar de la rubia no era otra cosa sino traición. Evidentemente, como cualquier otra persona en su lugar, se sentía furiosa de que Avery la hubiera usado de la forma en que lo hizo y odiaba haberse compadecido de alguien que solo pensaba en sí misma. Pero Rose pensaba más allá de los sentimientos de Lissa, lo que más le gustaba de ella (aunque a veces fuera un inconveniente) era que Lissa se preocupaba por todos, aun cuando ni siquiera lo merecían. Y podía incluirse a sí misma en la lista, debido a millones de cosas que había hecho, aún cuando Lissa no la incluiría.
"¡Haré lo que me dé la gana!" Gritó Avery. "¡No soy tu escalva!"
"Eres mi hija." Replicó él con una voz tranquila y condescendiente. "Aunque a veces desearía que no lo fueses.
«Au». Tanto Lissa como yo nos quedamos sorprendidas.
"Entonces, ¿por qué quieres que me quede en esta mierda de sitio? ¡Déjame volver a la Corte!"
"¿Para avergonzarme más todavía? Nos marchamos y de milagro conseguimos no ensuciar la reputación de la familia. Al menos, no demasiado. No pienso dejar que vuelvas allí sola para hacerte hacer Dios sabe qué."
"¡Pues mándame con mamá! Hasta Suiza tiene que ser mejor que este sitio."
"Tu madre está… ocupada."
"Vaya, qué bonito." Replicó Avery con la voz cargada de sarcasmo. "Es un modo muy educativo de decir que no me quiere. No me sorprende. No haría más que estorbarla a ella y al tipo ese con el que se acuesta."
– Duro golpe. Duras palabras – Adrian dijo suavemente – Dos padres que no la querían. No me sorprende que estuviera trastornada
– Posiblemente era síndrome de abandono – Rose dijo con calma.
"¡Avery!" La voz de su padre resonó con tanta fuerza y llena de furia. Lissa sobresaltó y dio un paso atrás. "Se acabó la discusión. Vuelve a tu habitación para que se te pase la borrachera antes de que alguien te vea. Te espero mañana para desayunar, y espero que tengas aspecto respetable. Vamos a recibir unas visitas muy importantes."
"Claro, y bien sabe Dios que tenemos que guardar las apariencias."
"Vuelve a tu habitación." Le repitió su padre. "Antes de que llame a Simon y le ordene que se te lleve a rastras."
"Sí, señor." Se burló Avery con una sonrisa tonta. "Ahora mismo, señor. Lo que usted diga, señor"
– Ni siquiera Rose hace esas escenas – Eddie dijo.
– Y hablamos de ella – Christian asintió.
Rose gruñó.
El padre cerró la puerta de un portazo. Lissa se metió detrás de la esquina sin apenas poder creerse que le hubiera dicho aquellas cosas a su propia hija. Durante unos segundos no se oyó nada. Luego le llegó el sonido de unas pisadas… que se dirigían hacia ella. De repente, Avery dobló la esquina y se detuvo delante de Lissa; eso nos permitió a las dos verla con claridad por primera vez.
Llevaba puesto un vestido de tela azul, corto y ceñido, que al resplandor de la luz brillaba con un matiz plateado. Tenía el pelo suelto y despeinado, y las lágrimas que le salían de esos grandes ojos de color gris azulado habían echado a perder su elaborado maquillaje. El olor a alcohol me llegó con fuerza. Se pasó con rapidez una mano por los ojos obviamente avergonzada de que alguien la viera así.
"Bueno, supongo que habrás oído el drama familiar." Dijo con sequedad.
– Cualquiera podía haber escuchado eso – Lissa hizo una mueca.
Lissa se sentía igualmente avergonzada de que la hubieran pillado fisgoneando.
"Lo… Lo siento. No pretendía hacerlo. Solo pasaba por aquí…"
Avery soltó una carcajada seca.
"Bah, tampoco creo que importe. Probablemente toda gente del edificio nos haya oído."
"Lo siento." Repitió Lissa.
"No lo sientas. No has hecho nada malo."
"No, me refiero a que… bueno, ya sabes, a que te haya dicho esas cosas."
"Es lo que tiene pertenecer a una «buena» familia. Todo el mundo tiene trapos sucios escondidos." Avery se cruzó de brazos y se apoyó de espaldas en la pared. Incluso irritada y desaliñada tenía un aspecto atractivo. "Dios, a veces no lo soporto. No te ofendas, pero este sitio es aburrido de cojones. He conocido a unos cuantos alumnos de segundo curso con los que he salido esta noche, pero… también eran tremendamente aburridos. Lo único que tenían de bueno era la cerveza."
– Se supone que es una escuela – Janine frunció el ceño.
"¿Por qué… por qué te ha traído tu padre?" Quiso saber Lissa. "¿Por qué no estás… no sé, en la universidad?"
Avery soltó otra risotada.
"No confía lo suficiente en mí. Cuando estábamos en la Corte tuve una relación con un chico guapo que trabajaba allí. Por supuesto, no pertenecía a la realeza. Mi padre se pus hecho una fiera y temió que la gente se enterase. Así que, cuando consiguió el puesto aquí, me trajo con él para tenerme vigilada… y para torturarme. Creo que tiene miedo de que me escape con un humano si voy a la universidad." Soltó un suspiró. "Te juro que si Reed no estuviera aquí, me largaría sin mirar atrás."
– Me preguntó si es tan así como ella dijo – Jill torció los labios.
– No lo recuerdo y francamente no tengo muchas ganas de recordarlo tampoco – Lissa hizo una mueca.
Lissa no dijo nada durante unos segundos. Se había esforzado todo lo posible por evitar a Avery. Con todas las órdenes que la reina le estaba dando últimamente, a Lissa le daba la impresión de que aquel era el único modo que tenía de rechazar su autoridad y evitar que la controlasen. Pero en ese momento se preguntó si se habría equivocado con Avery. No le parecía una espía de Tatiana. No parecía alguien que quisiera moldear a Lissa para que se convirtiera en un miembro perfecto de la realeza.
– Si no me hubiera dejado llevar por todo ese acto de lástima – Lissa sacudió la cabeza.
– En realidad no era un acto – Murmuró Rose.
Lo que Avery parecía sobre todo era una chica dolida y triste cuya vida escapaba a su control, alguien que recibía tantas órdenes como Lissa últimamente.
Respiró hondo.
"¿Quieres comer mañana con Christian y conmigo? A nadie le molestará que vengas a comer en nuestro descanso de mediodía. No puedo prometerte que sea tan… hum, emocionante como te gustaría." Dijo en un chorro continuo de palabras.
– Sin duda que no iba a ser emocionante si Christian estaría allí – Rose coincidió.
– Tampoco es que estar contigo sea demasiado entretenido – Christian dijo.
Avery sonrió de nuevo, pero esta vez con menos amargura.
"Bueno, mi plan era emborracharme a solas en mi habitación." Sacó de su bolso una botella que parecía de whisky. "Me pillé algo para mí."
Lissa no tuvo muy claro qué clase de respuesta era aquella.
"Entonces… ¿nos vemos en la comida?"
Ahora fue Avery la que dudó. Sin embargo, en sus ojos comenzó a aparecer lentamente un leve brillo de esperanza. Lissa se concentró e intentó captar su aura. Al principio le costó un poco, probablemente a causa del cansancio acumulado por haber estado practicando con Adrián. Cuando por fin logró captar el aura de Avery, vio una mezcla de colores: verde, azul y dorado. Lo habitual. Estaba envuelta en un matiz rojizo, como ocurría a menudo con las personas que estaban disgustadas o alteradas. Sin embargo, ese color rojo se desvaneció casi de inmediato.
"Sí, estaría genial." Dijo Avery por fin.
– Me preguntó si fue en ese momento cuando comenzó a planearlo todo – Lissa murmuró.
– Puede ser – Christian asintió.
– Hay un salto de escenas aquí – Dijo Jill con un tono suave. Todos asintieron.
"Creo que hasta aquí llegamos por hoy."
Al otro lado del mundo, la voz de Sydney me sacó sobresaltada de los pensamientos de Lissa. No sabía cuánto tiempo había pasado soñando despierta, pero Sydney ya había salido de la carretera principal y se dirigía hacia un pueblo que encajaba a la perfección con la imagen estereotipada que tenía yo de una aldea perdida en los bosques de Siberia.
– Creo que todo Siberia lo tienes estereotipado – Dijo Sydney con un asentimiento.
Rose se encogió de hombros.
De hecho, llamarlo «pueblo» era una exageración. Había unas cuantas casas diseminadas, una tienda y una gasolinera. Al otro lado de los edificios se extendían los campos de labranza, y vi más caballos que coches. La poca gente que había fuera de las casas miró con asombro nuestro automóvil. El cielo se había vuelto de un intenso color naranja y el sol se hundía cada vez más en el horizonte. Sydney tenía razón, ya casi era de noche, y teníamos que salirnos de la carretera.
"Estamos como mucho a un par de horas del pueblo." Prosiguió. "Hemos tardado muy poco. Deberíamos estar allí a primera hora de la mañana." Atravesamos el pueblo en coche, lo cual nos llevó como mucho un minuto, y Lissa se detuvo ante una casa blanca de paredes lisas con un granero al lado. "Esta noche nos quedaremos aquí."
– ¿Dónde es allí? – Preguntó Abe intrigado.
Jill sonrió mirando a Sydney que parecía de pronto nerviosa, así como Rose estaba despreocupada.
Salimos del coche y echamos a andar hacia la casa.
"¿Son amigos tuyos?"
"No. No los conozco, pero nos esperan."
– ¿Se quedaron con un par de extraños? – Adrián alzó una ceja sorprendido.
– Hice un viaje con una extraña – Señaló Sydney a Rose – Esto otro no era diferente
Más contactos misteriosos de los alquimistas. La puerta la abrió una humana de aspecto amable que tendría unos veinte años. Nos indicó con gestos que entrásemos. No conocía más que unas cuantas palabras en mi idioma, pero la habilidad traductora de Sydney salvó la situación. Mi acompañante se comportó de un modo más amable y encantador de lo que había visto hasta entonces, probablemente porque nuestros anfitriones no eran unos despreciables descendientes de vampiros.
– Lamento no ser agradable con lo que no me agrada – Sydney dijo son sarcasmo.
Cualquiera pensaría que ir sentado en un coche todo el día no era agotador, pero yo estaba exhausta e impaciente por salir a la primera hora de la mañana. Así pues, después de la cena y de un poco de tele, Sydney y yo nos retiramos a la habitación que nos tenían preparada. Era pequeña y sencilla, pero tenía dos camas con sus correspondientes mantas gruesas y mullidas. Me arrebujé rápidamente en las mías, agradecida por la suavidad y el calor, y me pregunté si soñaría con Lissa o con Adrián.
Ni lo uno ni lo otro. Me desperté con una ligera sensación de náuseas que me recorrió todo el cuerpo; era la típica náusea que me indiciaba que había un strigoi cerca.
– Y así comienza lo interesante – Dijo Jill con una sonrisa emocionada en sus labios.
Continuará...
Pido disculpas primeramente porque no he subido el capítulo el día lunes como de costumbre, ya que el día domingo en lugar de dejar el capítulo preparado para el lunes me desvelé viendo un anime así que no prepare el capítulo (aunque no estaba segura de si subirlo al final o no) y el día lunes (hoy) escribí el aviso que debía darles pero no me dio tiempo de subirlo porque ya me tenía que ir a clases. Así que he preparado esto hoy lunes en la noche para que mañana (que sería hoy para ustedes) puedan tenerlo.
En cuanto a la ortografía no lo he mirado del todo, lo las palabras que estaban subrayadas con rojo que la mayoría (por no decir todas) eran vocabulario del libro. Bueno, de momento, me alegró de que les guste el fics y nos veremos dentro de un tiempo largo, espero también que se pasen por mi wattpad para leer Resonar del Corazón, seguro que les gustará... o eso espero. Liraa12, así me pueden encontrar en wattpad.
Dejen Reviews y nos veremos en el siguiente capítulo.
Se despide Lira12.
