Como siempre, les agradezco se pasen a leer y dejen reviews. Le he tomado cariño a este fic, de hecho es del que más pendiente estoy (malamente) pero pues la mente me trabaja a mí para esto. Cómo me gustaría que existiera una grabadora que tomara todo lo que digo en voz alta y lo transforme en el escrito. Sería más fácil jaja, en fin..
¡ADVERTENCIA! De NaruSasu para quien no le guste, no lea la parte del medio. No es algo explicito, dije que no lo sería pero ahí está. En fin.
Espero que les guste.
Dejen review aunque sea para maldecirme.
Enjoy!
Capítulo 9. Vivir en negación.
"No se ve bien más que con el corazón, lo esencial es invisible para los ojos"
—Forrest Gump
"El amor infantil sigue el principio: Amo porque me aman. El amor maduro obedece al principio: Me aman porque amo. El amor inmaduro dice: Te amo porque lo necesito. El amor maduro dice: Te necesito porque te amo"
—Erich Fromm
Hace mucho tiempo que Haruno Sakura dejó atrás a la chiquilla que se permitía amedrentar por personas con aires de autosuficiencia. No importando quién fuera. Muy a pesar que tenía al viejillo mal encarado Kisashi Okamura respirándole casi por sobre el hombro, con la vigilia constante de sus análisis de laboratorio. Ella seguía sin inmutarse.
—Deberías dejarme a mi niñita—rezongó el hombre exasperado, porque a su ver la chiquilla se estaba tardando en realizar los análisis—
—Con el debido respeto que usted se merece—respondió Sakura con toda calma muy a pesar de que se moría de ganas por zamparle un golpe al hombre—si toca algo dentro de este laboratorio me veré forzada a echarlo. Este es mi lugar de trabajo y no permito que nadie lo toque. Además usted mismo será participe y lo verá todo con sus propios ojos. No puedo hacer manipulaciones del chakra para que éste cambie de color, y hasta ahora no conozco a ningún ninja que sea capaz de hacerlo—
—Pero existen—insistió enérgicamente el hombre e hizo una mueca—
Sakura restó importancia y prosiguió. Tomó los tubos de ensaye, vertió con un hisopo parte del contenido en una caja de Petri y después colocó la palma sobre cada una, en orden continuo hasta que el chakra cambió de color. En la primera verde, en la segunda amarillo y tercera naranja.
—¿Lo ve? ¡Todo está bien!—
El hombre gruño. Alzó la barbilla mirando por encima del hombro a Sakura y dijo:
—Debo reconocer que al menos no lo has estropeado—hizo anotaciones en un cuadernillo que sacó de entre su túnica, carraspeó ruidosamente un par de veces y luego dijo: — Nos veremos dentro de un mes. Con permiso—emprendió el paso dificultosamente con su bastón—
Sakura suspiró de alivio. En cuanto hubo salido aquel hombre, Neji tocó la puerta a pesar de que estaba abierta.
—Adelante—
En realidad no le apetecía ir ahí, mucho menos a corroborar lo acontecido en aquella habitación de junto. Eso confería una gran humillación a su ver, pero reglas eran reglas y él siempre las acataba por mucho que le disgustaran. Neji respetaba demasiado a su prima y le quería, sí, tiempo atrás había aceptado que la quería como una hermana pequeña.
—¿Todo esta bien? —quiso sonar natural. Sin preocupación, pero la sola pregunta lo constataba—
—Sí, Hyuga-san ¿también deseas inspeccionar mi trabajo? —dijo Sakura con sarcasmo—
—No tengo porque hacer eso Haruno-san, sé que eres buena en lo que haces—
Sakura sintió una conmoción interna. Las palabras de Neji le parecían sinceras y su tono de voz no era condescendiente, para darle gusto, sino una mera afirmación.
—Ya—Sakura asintió aletargada. Como si su mente estuviera años luz de ahí—
Si todo salió bien ¿Por qué se le mira triste? Pensó Neji, y se acercó más a ella. Sakura seguía guardando el material en los estantes de la mesa y acomodando los tubos de ensayo en sus respectivas gradillas. Los ojos opalinos observaban cada movimiento de la muchacha, como si se tratara de algo novedoso.
—Haruno-san no dudes de tus cualidades por lo que pueda decir un anciano sin escrúpulos-soltó de repente rompiendo el silencio pesado que los estaba consumiendo—
—No es eso Hyuga-san, yo.. —se quedó en silencio, mirando un punto inexistente en la mesa de trabajo, con las manos puestas sobre ésta y meditando si era buena idea contarle lo vivido con su prima. Quizá era mejor guardárselo para ella. La tristeza de Hinata se le había contagiado de una manera casi ardorosa—extraño un poco Konoha, eso es todo—
Se hizo el silencio de nuevo. Ella comenzó a moverse mecánicamente, necesitaba poner orden e irse a dormir. Quizá si lograba descansar, tal vez podría sentirse mejor en la mañana. Neji la analizaba detenidamente, las cejas rosas fruncidas, los labios ligeramente apretados en lo que parecía un remedo de puchero y los ojos brillantes por lo que seguro eran lágrimas amenazadoras.
—Eres muy mala para mentir—
Sakura hizo un amago de sonrisa y sintió la proximidad del muchacho. Luego un cosquilleo recorrió su cuerpo en el momento que él tomó su barbilla y le hizo girar. Se negaba a levantar la vista, el encontrarse con esos ojos himnotizantes le harían perder la cordura.
—¿Por qué estas triste? —él susurró, sonó atrayente y sensual—
Levantó los ojos verdes. Sakura se quedó prendada de esa mirada cálida. Neji no supo por qué cedió al maldito impulso de tocarla. Eran situaciones que ni siquiera se permitía con su compañera de equipo, el consolarla le parecía que no permitiría alimentar la fortaleza interna. Pero Sakura le producía algo diferente y no es que la considerara una mujer frágil. Pero verla ahí, aparentemente acongojada le hizo sentir una necesidad de aceptar lo evidente. De ya no vivir en la negación: Ella le atraía. Y por consiguiente le importaba, quizá demasiado para su gusto. Verla mal, le creaba un desasosiego. Porque ciertamente, verla sonreír era mejor.
¿Y ella sentiría algo?... ¡Ella solo ha mostrado sentimientos por el Uchiha!, ¿a qué te atienes? Le dijo esa vocecita maliciosa y traicionera de su conciencia.
—E-Estoy nostálgica eso es todo—murmuró nerviosa. Sentía las mejillas arder—
Neji sonrió mentalmente. Aquella zozobra no era natural en ella.
—No debieras sentirte así, no estás sola—murmuró—
Sakura pestañeó pesadamente, se sentía en un letargo mental. Su cuerpo reaccionaba a aquel ligero contacto de los dedos de Neji puestos en su mentón. Él movió Intencionalmente su pulgar acariciando la comisura de los labios rosas, y preguntándose lo que esa mañana:
¿Qué sabor tendrán?
Sakura cerró los ojos embelesada, sin poder creer que él estuviera haciendo aquello. Ese gesto le pareció dulce a Neji, tan puro e inocente. Evidenciaba la poca experiencia de ella en cuanto a ese tipo de contacto.
Mandando todo al demonio, y las constantes réplicas de su cabeza que delataban millones de razones por las que no debía dar pie a los impulsos, Neji se inclinó lentamente hacia Sakura. Unió sus labios con los de ella, en un rose lánguido, casi efímero esperando que se apartara si aquel gesto había sido imprudente o no lo deseaba. Pero grande fue su sorpresa, cuando hubo despegado ligeramente sus labios, la muchacha se aferró del cuello de su kimono y tiró de él besándolo.
Al principio fue un beso lento, roses de sus labios y reconocimiento. Después de unos minutos, hartos e impacientes por la solemnidad, se dejaron guiar por la pasión desmedida. Él introdujo su lengua, y Sakura le permitió juguetear con su boca cuanto quisiera. Las manos de Neji descansaban en su cintura, y ¡por kamisama! a pesar de que llevaba ropa podía sentir arder la piel ahí mismo, donde él tocaba. Un calor recorría sus cuerpos, calcinando cualquier hilo de razón, vertiéndolos a un éxtasis novedoso para ambos. Se acompasaron perfectamente, como si estuvieran hechos a la medida ¡y se sentía como jodido un sueño! el ímpetu de sus movimientos los llevó a postrarse contra la pared. El cuerpo de Neji hizo ligeramente presión contra el de Sakura, lo que provocó una corriente de sensaciones desde su vientre hasta recorrer la espina dorsal. Ella deseaba mas, quería mas. El por igual. Neji desbotonó la bata blanca de Sakura y comenzó un trazo de besos desde su mentón, el cuello hasta la escasa línea del esternón.
Neji hizo apelación a su fuerza de voluntad, y sin querer dejar de hacerlo, retiró sus labios lentamente. Sakura jadeó. Ella se quedó con los ojos cerrados, paladeando aún todo lo ocurrido. Ese gesto tierno le hizo sonreír al muchacho, e iba a besarla en los labios de nuevo cuando sopesó la realidad. No debía traspasar una línea imaginaria que se había impuesto ante aquellos deseos que brotaron repentinamente. Se dijo una y mil veces que sólo era cuestión de tiempo para que se le pasara el arrebate, pero ahora que había comprobado lo delicioso de esos labios, no creía poder parar. Y más valía ahora, que cuando fuera demasiado tarde.
—Lo lamento, yo no debí..discúlpame por el atrevimiento—
Sakura abrió los ojos de golpe, como si le hubiera echado un balde de agua helada, o más bien es que aquellas palabras eran equiparables. Primero le besaba y ahora ¿se arrepentía? La decepción y la congoja se adueñaron de su garganta haciéndole imposible replicar. Al no encontrar respuesta alguna, más que un rostro lleno de cuestiones que no quería responder ahora, Neji salió de la habitación rápidamente. A Sakura se le apachurró aún más el corazón.
XxX
Hacia un jodido mes que fue a Sunagakure y no podía dejar de pensar en las palabras de reproche que Sakura le dio en la fiesta de bodas. Y no era para menos, se dijo. Lo esperaba ciertamente, teniendo en cuenta el carácter de Sakura y más si él había tenido la intransigencia de no comentarle personalmente el verdadero status de la misión.
Uzumaki Naruto bufó una maldición y se pasó las manos por los cabellos rubios. Su cuerpo se tensó aún más cuando cierto moreno se materializó después de un puff en medio de su oficina.
—Creo que tendré que poner alguna clase de prohibición contra ti..¡un sello! O algo parecido ¡joder! ¿no aprenderás nunca a tocar la puerta Sasuke? —gruñó. Se levantó de su asiento y le dio la espalda—
—¿A qué se debe tu mal carácter?...Quizá deberías conseguirte una novia que te baje los humos y.. —
—¡Cállate! ¿tú qué sabes lo que yo necesito o no!-vociferó. Luego hizo una mueca cayendo en cuenta que esa era la reacción que el Uchiha esperaba. Siempre le gustaba fastidiar—
—Sé muchas cosas de ti, tantas que no puedo enumerarlas todas—respondió con su voz monótona—y también sé cómo podría pasar tú jodido mal humor—
—¡Déjate de estupideces! Porque precisamente no estoy de humor—le respondió—
—Hn—
—¿Qué quieres? —
—¿Qué has logrado averiguar? —
—No es de tu incumbencia, es asunto confidencial—
—No he podido encontrar a Kakashi, por lo que supongo es uno de los ANBU que has mandado a investigar—
—Ha logrado infiltrarse—confesó Naruto en tono bajo. Sus ojos azules se fijaron en el final de la calle—
—¿Ha mandado noticias? —
—No, todo cuanto averigüe se lo informará a Neji. No puedo poner en riesgo su posición haciéndole enviarme informes directos, tendría que usar un cuervo—
—¿Confías en el chico Hyuga? —
—¡Por supuesto! Neji es muy leal—
—Hn—
—¿Qué? —
—Yo podría ir y.. —
—No, tú sigues cumpliendo sentencia.. —
—No voy a quedarme para siempre en esta aldea Naruto, de hecho he estado pensando en marcharme. Quedan pocos meses para cumplir mi sentencia y creo que sería mejor si.. —
—Tú no puedes irte—aseveró con un deje de preocupación—Sakura-chan..ella—
—¿Sakura?..ella lo sabe. Ya se lo comenté hace unos meses—
Se hizo silencio. El rostro de Naruto traslucia su molestia. Sasuke seguía con su mirada cansina y sus ojos postrados fijamente en el rubio.
—Avisame de las noticias que tengas, quiero ayudarte en esto—confesó muy a su pesar. Porque cierto era que le debía casi la vida—
—No puedes irte..no puedes dejarme..dejarnos otra vez—le dijo en un murmullo—
Sasuke no dijo nada. Pero comprendía bien la angustia de cada palabra. Si él no podía aceptar la realidad, no quería ser testigo de la desdicha que eso ocasionaría. Además él también estaba pasándolo mal, muy a su pesar, tenía que aceptarlo. Sasuke meneó la cabeza, en son de despedida y desapareció justo como llegó.
Despues de meditarlo un par de minutos. Naruto desapareció por igual materializándose en la entrada de la casona Uchiha. Con el corazón latiéndole en los oídos y el cuerpo estrujado por los nervios. No estaba seguro porque estaba allí, o quizá sí. Ya no deseaba negar sus sentimientos. Vivir en negación era demasiado tortuoso.
—¡Hokage-sama—Hōzuki Suigetsu salía del umbral e hizo una reverencia exagerada. Le sonrió de manera picarona—
—¡Primo! —la voz femenina llamó la atención de Naruto, dejó de ver a Suigetsu que se alejaba a paso lento—
—Karin, eh, jeje hola—
La pelirroja se acomodó los lentes enfáticamente, alzó una ceja y sonrió de la misma manera que el muchacho de dientes acerrados.
—Así que..uhmm..al fin de has decidido—afirmó y sus labios volvieron a curvarse en una sonrisa—
—¿Cómo dices?—fingió no entender—
—Olvídalo. Sasuke está en la última habitación. Al fondo del largo pasillo—dijo. Después se echó a andar por donde su compañero de casa—
Naruto hizo caso omiso de las insinuaciones de Karin, sabía a lo que se refería pero prefería no pensar en ello. Acudió ahí, convenciéndose a sí mismo, que sólo trataría de persuadir a Sasuke de marcharse.
Entró a la casa, caminó a tientas ya que la tarde caía y no sabía por dónde carajos podrían estar las luces. Se paró en medio del pasillo penumbroso y cuando iba a tocar escuchó esa voz muy bien conocida para él.
—Pasa idiota, eres demasiado ruidoso. Cualquiera podría reconocerte—
De inmediato lo hizo enfurecer. Era algo que no lograba comprender ¿Cómo podía Sasuke sacarlo de sus casillas tan rápidamente? Deslizó la puerta corrediza, y encontró a Sasuke sentado en el futón, dándole la espalda desnuda. La habitación alumbrada por lámpara de aceite no permitía del todo una buena visibilidad.
—¿Por qué estas a obscuras? ¿es un fetiche tuyo o qué? —
—La celda solar se averió—respondió con simpleza. Se estaba vendando la prótesis de su brazo—¿a qué has venido? —
Naruto tragó saliva, de pronto la garganta se le secó.
—No puedes marcharte—
Sasuke detuvo lo que hacía, irguió el cuerpo y miró de soslayo.
—Eso ocurrirá irremediablemente—
Se hizo un silencio pesado. Los ojos de Naruto perdieron su brillo y sus gestos entristecieron, bajo la vista al suelo. Seguro no había nada que hacer, Sasuke tomó la decisión. Eso acabaría con Sakura-chan y con él. Todo ese esfuerzo por traerlo de vuelta sólo logró cambiar su residencia un tiempo, quizá lo lograron salvar, pero no cambió para nada su corazón. Iba a darse vuelta para marcharse cuando le oyó decir:
—A menos que me des una razón para quedarme—
La frase le provocó un palpitar frenético. Y todo su cuerpo se estremeció cuando tras su espada oyó murmurar a Sasuke:
—¿Hay alguna razón dobe? —
Naruto se giró encontrándose cara a cara con Sasuke. Aquellos ojos negros y profundos brillaban de expectación. La cautividad con que su alma fue prendada, era inconcebible. Nunca había pasado por algo cómo eso, a lo mejor era antinatural que sintiera atracción por alguien de su mismo sexo. Pero cuando alguna vez pregunto a Jiraya lo que significaba el amor, en la respuesta no halló dignificación alguna a cualquiera de los géneros. Su maestro sólo le advirtió que era un sentimiento fuerte que podías llegar a sentir por un ser humano.
—Te necesito—
Y por primera vez, después de largos años pudo ver una sonrisa sincera en los labios de Sasuke. Sin sarcasmo, altanería, odio o desprecio. Era como si su cara se ablandara, y la dureza de su temple cediera. La puerta corrediza se cerró tras su espalda.
—No creo que esta noche pueda trabajar mucho, Hokage-sama. Debe dar validez a sus palabras—dijo—
Naruto sólo cerró los ojos y dejó que la noche consumiera sus ansias, anhelos y deseos. Y a Sasuke.
XxX
Hinata no podía creer que ya había pasado un mes. Y en el transcurso de ese tiempo apenas y vio a su esposo escasas tres veces. Dado que no compartían habitación-salvo para ese asunto obligado-, las ocasiones en que llegaron a toparse fue debido a formalismos o protocolos por alguna visita extranjera.
Ella pidió el permiso a su marido para salir de la mansión e ir con Sakura al hospital. Aprovechaba el día entero si era posible, dejando las órdenes claras a los criados de cómo hacer los deberes de la casa mientras ella se adoctrinaba. En tan poco tiempo aprendió los jutsus médicos básicos y la pelirosa alabó sus grandes capacidades y dotes en el ámbito médico. Al menos esa era una razón para sonreír hasta que se avecinara ese fatídico día.
Faltaban dos días para que llegara la humillación. Y de solo acordarse le daban escalofríos. Pensó con pesar que tenía que presentarse a la oficina del Kazekage a pedir algunos fondos para reabastecer la sala de curaciones en urgencias médicas del hospital.
Hinata supiró tratando de serenarse. Tocó la puerta de la oficina, sintiendo que quizá era inapropiado de su parte. Muy seguramente el Kazekage tenía bastante trabajo. Cuando su voz amable le indicó que pasara, ella trató de guardar la compostura.
—Buenas tardes Kazekage-sama—dijo. Hizo una reverencia—
—No tiene por qué hacer eso—dijo. Hizo un movimiento con la mano indicándole al guardia de la puerta que saliera. El hombre obedeció sin más—
La chica se quedó muda. Gaara le intimidaba. El pelirrojo analizó a su esposa, sintiéndose inquieto porque ella aún se mostraba incómoda con su presencia. Quizá tenía que ver el que casi no se conocían, el que se habían casado por obligación y sobre todo que mantuvieron intimidad igual de forzada. Este último pensamiento le irritó. Si no hubiese estado ese hombre apresurando, molestando y haciendo escenitas innecesarias, quizá no aquello no hubiere sido tan malo. Ni presionado, quizá hasta lo hubieran disfrutado. Pero ¡no!
—¿Necesita algo? —se forzó a salir de esos pensamientos negativos. A decir verdad intentaría de todas las formas posibles llevarse bien con ella—
—S-sí..verá..hay..se..se necesita material de curación para el hospital. El presupuesto de este mes ya fue liquidado en su totalidad. Me preguntaba..nos preguntábamos sí..Podría este mes otorgarle un poco más—
Gaara la observó con detenimiento. En verdad era una mujer hermosa. Quizá no de belleza extravagante pero el tono de voz, sus facciones y complexión le otorgaban características distintivas y atractivas a su ver. Al estar distraído contemplando a Hinata, no se percató que el abrecartas estaba muy cerca de su palma cuando se dispuso a abrir una carta. El metal sobre pasó las hojas propiciándole una herida en la palma. El pelirrojo chascó la lengua y se levantó de su asiento. Los ojos de Hinata se abrieron conmocionada de sorpresa.
El kazekage hizo un poco de presión, iba a meterse al baño a enjuagar la mano y posiblemente en la botica encontraría vendas pero la muchacha se adelantó a su encuentro.
—Permítame—le dijo y antes que pudiera protestar tomó la mano del muchacho entre las suyas. Concentró chakra en el punto de la herida y comenzó a curarlo—
Gaara se quedó embelesado, observando el vaivén de las pestañas negras y espesas de la chica. Sintiendo un candor nacerle desde su contacto. Nunca se sintió atraído por una mujer, y no porque le fueran indiferentes, sino que, ninguna tenía algo que llamase por completo su atención. Ella era distinta. Después de la noche de consumación la evitó a toda costa, no estaba seguro si era por vergüenza de su desempeño-como adolescente- o quizá por temor. Ese temor que se previno cuando dedujo que todo aquello sembró una semilla en él, a la cual daba pavor alimentar. Y se trataba de esa atracción desmedida que sintió desde aquel contacto en la tarde de té.
Sin querer, recordó su belleza natural, su cuerpo desnudo.¡por kamisama! ¿Cómo podía hacer eso? Pensar en ese momento íntimo justo ahora que ella era amable y estaba curando la herida. Imposible de evitar. No podría seguir negado lo que le sucedía con ella. Sentía atracción, probablemente física. Al menos deseaba que fuese así. No podía darse el lujo de sentir algo más.
Sus tutores siempre le dijeron a Gaara que el amor hace débil al cualquiera, e irónicamente él tenía tatuado en la frente el maldito kanji que representa a la palabra y el sentimiento. Hizo una mueca.
—¿Le duele? ¿lo lastimé?-dijo ella. Y se sintió aún más culpable. Por toda la maldita situación. Ella merecía un vida bonita, un buen hombre..amor—
Gaara negó con la cabeza. Ella le regaló una sonrisa dulce ¿Cómo podía ser así? Cualquier mujer estaría en un estado de depresión o algo semejante. Y ella parecía tan tranquila. Aparentemente. Lo que él desconocía, era la larga conversación que mantuvo con Sakura, cómo le ayudó el trabajo del hospital y quizá convencerse de que en lugar de ver la situación como una carga, le sacaría el mayor provecho a lo positivo que tuviera.
—Listo, no quedará cicatriz—dijo ella y volvió a sonreírle—
—Gracias—murmuró. No podía dejar de mirarla—
Hinata se sonrojó irremediablemente por la mirada intensa que se posaba en ella. Estaba muy cerca de él, tanto que podía sentir su aroma y la respiración chocándole en la frente. Impulsivamente, Gaara alzó una mano y retiró un mechón libre de su rostro, luego su dedos viajaron desde el lóbulo de la oreja hasta la barbilla de la muchacha para luego quedarse en su cuello. Aquella caricia trémula, hizo estremecer todo el cuerpo de Hinata. Sin comprender cómo podía sentirse de ese modo cuando semanas antes lo odió junto con todas las circunstancias.
El pelirrojo acortó la distancia y sin miramientos la besó. Acatando la maldita tentación que le produjeron sus labios desde que la vio aparecerse ahí. Porque ni siquiera en la intimidad se había permitido tal vehemencia por miedo a ofenderla más de lo que ya implicaba un matrimonio como ese y con las dichosas reglas del consejo. Hinata crispó los dedos en el pecho del muchacho y se aferró a sus ropas, las piernas habían perdido su fuerza. Al principio el beso fue torpe, pero después encontraron un ritmo adecuado, entrelazándose y permitiendo explorar al otro con el desenfreno reprimido.
Gaara la atrajo hacia su cuerpo, percibiendo el calor que ella emanaba y se sentía endemoniadamente bien. Por su parte, Hinata parecía aletargada, como si su cuerpo perdiera la fluidez normal. Un ligero movimiento del muchacho la acorraló contra el escritorio y un empujón más la obligó a sentarse sobre la madrea prieta. El beso se profundizó, realzando la pasión escondida por quien sabe cuánto tiempo.
Ella se dejó hacer. De cierto modo asustada por su propio actuar y la respuesta instintiva de su cuerpo. ¿Por qué respondía a sus besos a pesar de que no era el "hombre que amaba"? o al menos eso creía. Y es que jamás se permitió ver a otro, como a Naruto. Hinata se abofeteó mentalmente cuando ese nombre vino a su mente y lo dejó marchar junto a las réplicas de su cerebro. Pasó la mano por el cuello de él y adentró sus dedos en el suave cabello rojo. Gaara se inclinó más sobre ella, y de un golpe arrojó al suelo todos los objetos sobre el escritorio y la acostó sobre el mueble.
Siguió besándola abrazadoramente, y cuando sintió la mano de ella viajando por su cuello, como si le hubiera dado la idea, dejó un reguero de besos por el mentón de Hinata hasta entretenerse un rato en el cuello níveo. Ella jadeó al sentir la lengua cálida sobre su piel y abrió las piernas involuntariamente para dejarlo acomodarse mejor sobre ella. Gaara subió el kimono del la chica hasta sus muslos, en una caricia determinante y a la vez lenta. La suavidad de aquella piel blanca, le dejó fascinado.
De pronto, la puerta se abrió estrepitosamente.
—Hermano hoy ha llegado una carta de.. —Kankuro abrió los ojos tanto que parecía se saldrían de sus cuencas y su boca quedó en estado kilométrico. No daba crédito a lo que presenciaba—
Gaara se incorporó rápidamente como un resorte y ayudó a Hinata a levantarse, con toda gentileza y galantería propias. La chica se acomodó el Kimono de la mejor forma que pudo, y escondió el rostro entre su cabello.
—¿No te he dicho muchas veces que debes tocar antes de entrar? —a pesar de que el tono de voz era sereno buscando no asustar a su esposa, Kankuro sabía que por la forma en que lo miraba, Gaara estaba más que furioso—
—Lo siento hermano yo..lo siento cuñada..es que..es una carta de Konoha .. urgente—Muy apenado se acercó a ambos y entregó el sobre a Gaara. Aunque por dentro tenía unas enormes ganas de echarse a reír y bromear—
El pelirrojo tomó el papel, abrió el sobre y leyó. Sus ojos aguamarinos se dispararon a su esposa, quien seguía cabizbaja y sonrojada.
—Es de su familia—le dijo en tono bajo y tendió el papel a Hinata—
La mano temblorosa de la muchacha tomó el papel y empezó a leer. Su cuerpo se volvió todo convulsión.
—Es padre..él..él..murió—Arrugó el papel en un puño sin ser consiente siquiera. Sus ojos se aguaron—si me disculpan..debo..debo avisarle a Neji-nissan—y salió casi corriendo del lugar—
Una vez que hubo cerrado la puerta. La seriedad de Kankuro se esfumó. Una sonrisa socarrona cruzó su rostro.
—Ni se te ocurra hacer un comentario estúpido porque no es el momento. Ya nos veremos luego para dar un escarmiento a tu imprudencia, por ahora debo arreglar un viaje a Konoha—
Kankuro iba a replicar ante la última frase, pero luego meditó las palabras de su hermano.
—¿Irás? —dijo sorprendido—
—Por supuesto ¿Qué no has oído? A muerto el padre de mi esposa, debo asistir al funeral—
Y el pelirrojo se marchó dejando a un muy estupefacto y pensativo Kankuro. Dos cosas eran impropias de su hermano menor: demostraciones de afecto y asistir a un funeral. Ese cabrón estaba pillado, más que pillado por un par de ojos blancos. Y no podría negárselo mas.
