Resumen:La lectura de un libro lleno de oscuridad por in ha terminado, la recta final está a solo tres libros de distancia y cuando todo parecía tranquilo, las cosas comienzan a tomar una intensidad memorable. Entre risas y burlas, Rose tiene que recordarse a sí misma y una y otra vez que una de las razones por la cual lee el libro es solo para cerrar un capítulo de su vida, esperando que Dimitri hiciera lo mismo. El deseo de Lissa por el vínculo ya no existe más, siendo reemplazado por el deseo de querer usar la magia como arma defensiva, ¿podrá acaso controlar los cuatro elementos con la ayuda de su bendecida por la sombra?
~ Debo decir que la saga Vampire Academy fue un libro escrito por Richelle Mead
~ Leyendo el Pasado IV ~
Leyendo el capítulo
siete
Christian sonrió con malicia en el momento que tomaba en sus manos el libro. Rose hizo una mueca inclinando la cabeza ligeramente, deseando que fuera cualquier otra persona quién leyera y no aquel muchacho que estaba en busca de momentos vergonzosos.
– Capítulo siete –
Fue algo parecido a abrir los regalos la mañana de Navidad.
– Yo jamás te he visto emocionada por los regalos – Dijo Lissa con una mueca divertida.
– Tienes razón – Asintió – Pero esa fue la guinda del pastel
No creía mucho en Dios ni en el destino, pero empecé a reconsiderarlo seriamente. Al parecer, después de desmayarme, Sydney hizo unas cuantas llamadas de teléfono a la desesperada y alguien a quien conocía en Baia fue en coche hasta donde nos encontrábamos nosotras –arriesgándose a través de la oscuridad– para rescatarnos y llevarnos a donde pudieran curarme. Sin duda, ese era el motivo por el que tuve la vaga sensación de que iba en un coche durante mi delirio. No todo formaba parte del sueño.
– Tú siempre estas delirando cuando estás inconsciente – Adrian dijo.
– ¿Si verdad? – Rose frunció el ceño pensativa – Me preguntó por qué
Y entonces, no sé muy bien por qué –y mira que tenía que haber dhampir en Baia–, me llevaron a la casa de la madre de Dimitri. Eso ya era más que suficiente como para plantearse seriamente que existían unas fuerzas superiores en el universo.
– No, eso no fue el destino ni coincidencia – Sydney sacudió la cabeza.
– ¿Qué pasa con todos que nunca me dejan soñar? –
– Tú jamás nos dejas soñar a nosotros – Adrián dijo con una sonrisa.
Nadie me contó con exactitud cómo había ocurrido, pero no tardé en enterarme de que Olena Belikova gozaba entre sus vecinos de buena reputación como sanadora, aunque sus habilidades no tenían nada que ver con la magia sanadora.
– Creo que eso es obvio – Lissa dijo con un tono suave.
– Siendo Rose… – Christian murmuró.
Había estudiado medicina, y era la persona a la que otros dhampir, e incluso algunos moroi, acudían a visitar en aquella región cunado querían evitar llamar la atención de los humanos. Aun así, aquella casualidad resultaba inquietante y no pude evitar pensar que estaba sucediendo algo que yo no comprendía.
– Eso es interesante – Asintió Abe.
De momento, no me importaron las circunstancias de la situación en la que me encontraba. Estaba demasiado ocupada mirando con los ojos como platos la habitación en la que me encontraba y la gente que la ocupaba. Olena no vivía sola. Las tres hermanas de Dimitri también vivían en aquella casa, junto a sus hijos. El parecido de todos los miembros de la familia era asombroso. Nadie se parecía exactamente a Dimitri, pero lo vi reflejado en todas y cada una de las caras. Los ojos. La sonrisa. Incluso el sentido del humor. Verlos llenó el vacío que Dimitri había dejado después de desaparecer… y lo empeoró al mismo tiempo. Cada vez que los veía por el rabillo del ojo, creía ver a Dimitri. Era como una casa de espejos, llena de reflejos distorsionados de él.
Hasta la casa me ponía los pelos de punta. No había señales evidentes de que Dimitri hubiese vivido allí, pero yo no podía evitar pensar que era el lugar donde se había criado, que había camino por aquellos pasillos, que había tocado aquellas paredes… Yo también toqué las paredes mientras iba de una habitación a otra para intentar absorber la energía de Dimitri.
– A mí me parece que es acoso – Adrian dijo causando algunas risas.
– No lo era – Rose se defendió.
Me lo imaginé tendido en el sofá durante unas vacaciones de la escuela. Me pregunté si habría ajado deslizándose por la barandilla cuando era pequeño.
– No tiene la pinta – Lisa dijo mirando a Dimitri.
– No. No, no – Él sacudió la cabeza – Solo Rose puede pensar algo así
– ¿En serio? – La muchacha frunció el ceño.
Las imágenes eran tan vívidas que tuve que recordarme que hacía muchos años que Dimitri no había pasado por allí.
"Te estás recuperando con una rapidez increíble." Me comentó Olena a la mañana siguiente de que me llevasen a su casa.
– La verdad es que se recupera rápido. Está como para lastimarse a cada rato sin razón alguna – Adrian asintió con una sonrisa.
– Yo creo que me recupero igual que todos –
– No, nadie es tan cabeza hueca como para recuperarse pronto – Christian sacudió la cabeza.
– ¿Qué quisiste decir? – Frunció el ceño la chica.
– Lo que oíste – Christian sonrió.
Me observó con gesto de desaprobación mientras devoraba un plato de blinis. Eran unas tortitas muy finas colocadas una sobre otras y cubiertas de mantequilla y mermelada.
– Como panqueques – Murmuró Jill.
– Más finas – Rose asintió.
Mi cuerpo siempre necesitaba un montón de comida para mantener su nivel de energía, y supuse que mientras no estuviera masticando con la boca abierta o algo parecido, no tenía por qué sentirme avergonzada por comer tanto.
– ¿Alguna vez lo has hecho? – Cuestionó Christian.
– No, pero era una situación diferente – Rose respondió con calma – Ya concéntrate en la lectura
"Pensaba que estabas muerta cuando te trajeron Abe y Sydney." Añadió.
"¿Quién?"
– Oh, mi primera aparición – Abe dijo con una sonrisa de superioridad.
– Tienes que estar bromeando – Rose bufó. Hizo una mueca mirando hacia Abe – ¿Vas a salir en el libro también?
– Parece ser que si – Sonrió Abe con orgullo.
– Oh, oh – Rose hizo una mueca.
– ¿Qué sucede, mocosa? –
– Nada – Desvió la mirada esperando a que nadie pudiera ver la mirada preocupada por los pensamientos que tenía cuando vio a Abe por primera vez o lo que aún pensaba de él.
Sydney estaba sentada en la mesa con el resto de la familia, sin apenas tocar la comida, como era habitual en ella. Parecía claramente incómoda por encontrarse en el hogar de unos dhampir, pero al bajar por primera vez de mi cuarto esa mañana, en sus ojos había visto una clara mirada de alivio.
"Abe Mazur." Contestó Sydney. Me pareció que algunos de los que estaban sentados en la mesa intercambiaban una mirada de complicidad. "Es un moroi. Yo no… no sabía la gravedad de tus heridas, así que lo llamé. Llegó en coche con sus guardianes. Fue él quien te trajo hasta aquí."
– Cuán espeluznante es que un moroi desconocido te lleve cuando estás inconsciente… – Rose murmuró.
– ¿Salve tu vida, no? –
– No es normal para los moroi ayudar – Lo miro ella con calma.
– Lo que tú digas –
Guardianes, en plural.
"¿Es de la realeza?"
Mazur no era un apellido de ninguna familia real, pero eso no siempre era una señal segura del linaje de alguien. Y aunque comenzaba a confiar en la red social de Sydney y sus contactos con gente poderosa, no se me ocurría por qué iba a acudir a rescatarme un miembro de una familia real. Quizá les debía un favor a los alquimistas.
– ¿Por qué nunca puedes aceptar la ayuda con gracia? – Abe cuestionó.
– Porque no todo es tan fácil – Ella respondió con calma.
Christian pasó la mirada de un lado a otro escuchándolos discutir como si se tratase de un espejo que reflejara la terquedad del otro. Se aclaró la garganta llamando la atención de todos y siguió leyendo.
"No." Respondió Sydney con brusquedad.
– Que cruel… – Rose murmuró.
Sydney levantó una ceja mirlándola intrigada.
Fruncí el ceño. ¿Un moroi que no formaba parte de la realeza con más de un guardián? Qué raro. Estaba claro que no iba a decirme nada más, al menos de momento.
– Siempre supe que eras raro, viejo –
– Eres igual que él – Lissa señaló a Abe.
El hombre con poder frunció el ceño mirando hacia las dos chicas y luego resopló sonriendo con orgullo.
– Lo normal está sobrevalorado. Ustedes dos saben de eso –
– ¿Qué quisiste decir? – Gruñó Rose.
– Dije que cierres la boca y dejes que el pobre chico termine la lectura en lugar de interrumpir cada dos segundos –
– No, no me sonó a que dijiste eso –
– ¡Solo escucha la lectura! Tengo deseos de saber que pensamientos crueles tenías hacia mí –
– Oh, así que ya lo sabes – Sonrió la chica.
– Por supuesto que lo sé –
Me tragué otro bocado de blinis y me volví hacia Olena.
"Muchas gracias por alojarme."
La hermana mayor de Dimitri, Karolina, también estaba sentada a la mesa, junto a su bebé y su hijo mayor, Paul. El niño tenía unos diez años y parecía fascinado por mí. La hermana adolescente de Dimitri, Viktoria, también estaba allí. Parecía un poco más joven que yo. La tercera hermana Belikov se llama Sonya y se había marchado antes de despertarme. Tendría que esperar para conocerla.
– Tal vez deberíamos mandar una tarjeta de agradecimiento y disculpas por todos los problemas que causo – Abe murmuró mirando hacia Janine que asentía con seriedad.
– Apuesto a que la ayudaste a causar problemas –
– ¿Por qué lo insinúas? No necesita mi ayuda para eso –
– Es conocimiento básico –
"¿De verdad mataste tú sola a dos strigoi?" Preguntó Paul.
"¡Paul!" Le reprendió Karolina. "Esa no es una pregunta educada."
"Pero sí es emocionante." Apuntó Viktoria con una sonrisa.
– Soy fascinante – Rose dijo con egocentrismo causando que todos la miraran con el ceño fruncido – ¿Qué? Acaba de decirlo
– Más bien sobre la pelea – Christian dijo.
– Sobre quién lucho en la pelea – Rose se apuntó con un dedo.
Tenía el pelo castaño salpicado de mechones dorados, pero sus ojos oscuros chispeaban de un modo tan parecido a los de Dimitri cuando estaba emocionado que se me encogió el corazón. De nuevo tuve la escurridiza sensación de que Dimitri estaba allí sin estarlo.
"Sí que los mató." Le confirmó Sydney. "Vi sus cadáveres. Como siempre."
La alquimista tenía aquella expresión cómica y atormentada tan propia de ella, así que no pude evitar echarme a reír.
"Al menos, esta vez los dejé donde podías encontrarlos." De repente, se me agrió el humor. "¿Alguien… alguien humano vio u oyó algo?"
"Me libré de los cadáveres antes de que nadie los viese." Repuso para tranquilizarme. "Si la gente oyó algo... Bueno, los sitios perdidos en mitad del bosque como ese están llenos de supersticiones y de cuentos de fantasmas. No tienen pruebas sólidas de la existencia de los vampiros, pero tienen la creencia de que existe algo sobrenatural y peligroso. Pocos saben de la realidad."
– Al menos estaba a favor – Abe asintió con firmeza.
Dijo «cuentos de fantasmas» sin que le cambiase la expresión de la cara. Me pregunté si habría visto alguno de los espíritus la noche anterior, pero llegue a la conclusión de que no.
– Lo sobrenatural con Rose… es increíble. Fantasmas. Vampiros. ¿Qué sigue, hombres lobos? – Sydney preguntó.
– ¿A que sería fantástico ver algunos? – Lissa dijo emocionada.
– Te has equivocado de libro, Lissa. Esta es mi vida, no la de otra persona – Rose dijo con una sonrisa divertida.
La muchacha soltó una carcajada sarcástica y luego miró a su novio con la intención de seguir escuchando de la lectura.
Había salido con la pelea casi terminada y, a juzgar por experiencias pasadas, nadie más era capaz de ver los espíritus que veía yo… salvo los strigoi, al parecer.
– Debo estar tan loca como ellos – Rose murmuró antes de mirar a los demás algo molesta – ¿Saben que no me invitaron a la fiesta de Halloween?
– Como si ellos quisieran tenerte allí – Adrian se burló.
– Que groseros – Murmuró la chica desviando la mirada.
"Debes de haberte sometido a un entrenamiento magnífico." Comentó Karolina cambiando de postura para que la bebé se le quedase apoyada en el hombro. "Por tu aspecto, cualquiera diría que todavía deberías estar estudiando."
– Eres pequeña y siempre serás pequeña – Christian dijo asintiendo – Tienes que vivir con eso
– Por desgracia… –
"Acabo de salir de la academia." Respondí, lo que me valió otra mirada inquisitiva por parte de Sydney.
"Eres de Estados Unidos." Afirmó más que preguntar Olena. "¿Qué demonios es lo que te trae hasta aquí?"
– No es bienvenida – Dijo rápidamente Eddie.
– No, no lo es – Adrián asintió.
– Jamás lo será – Christian dijo con seriedad.
– ¿De qué hablan? – Rose bufó.
"Busco a… busco a alguien." Respondí tras unos instantes de titubeo.
Temí que me pidieran más detalles, o que ella también pensase que quería convertirme en una prostituta de sangre, pero en ese momento se abrió la puerta de la cocina y entró la abuela de Dimitri, Yeva. Había asomado la cabeza poco antes y me había dado un susto tremendo. Dimitri me había dicho que era un poco bruja, y al verla me lo creí por completo.
Las risas no se hicieron esperar.
– No quiero pensar en lo que ella habría dicho si hubiera escuchado esto – Dimitri murmuró.
– Probablemente habría hecho alguno de sus típicos comentarios – Rose asintió.
Aparentaba tener tropecientos años y era algo delgada que me pregunté cómo era posible que el viento no se la llevase volando.
– Okey, ahora estaría ofendida – Dimitri asintió.
Rose bufó.
Apenas medía metro y medio y tenía el pelo cubierto de mechones grises. Sin embargo, sus fueron sus ojos los que realmente me asustaron. Aunque el resto de su cuerpo fuese frágil, aquellos ojos oscuros tenían una mirada aguda y atenta, tanto que aparecieron clavárseme en lo más profundo. Aun sin la explicación de Dimitri, la hubiese tomado por una bruja.
– Un poco de respeto, ¿no? – Lissa resopló.
– Me conoces – Rose se encogió de hombros.
También era la única de la casa que no hablaba mi idioma.
Se sentó en una de las sillas vacías y Olena se apresuró a servirle un plato de blinis. Yeva urmuró algo en ruso que hizo que los demás se sintiesen incómodos. Los labios de Sydney se torcieron en una leve sonrisa.
– Por supuesto es la única que sonreiría – Dijo Rose con calma.
– Yo no fui la que se adentró a un país que no habla su idioma sin siquiera haber aprendido lo básico – La rubia se defendió con calma.
– Soy impulsiva… y estudiar realmente no es lo mío –
Yeva no apartó los ojos de mí mientras hablaba, y miré a mí alrededor en busca de alguien que me lo tradujese.
"¿Cómo?" Pregunté.
"La abuela dice que no nos estás diciendo toda la verdad sobre el motivo que te trae hasta aquí. Dice que cuanto más tardes en contarlo, peor será." Me tradujo Viktoria. Luego miró a Sydney con una expresión de disculpas. "Y quiere saber cuándo se marchará la alquimista."
"Lo antes posible." Replicó Sydney con sequedad.
"Bueno, el motivo por el que estoy aquí… es una historia muy larga."
¿Acaso podía decirlo con una vaguedad mayor?
Yeva dijo algo más, y Olena le replicó de un modo que parecía una reprimenda. Se volvió hacia mí y me habló con amabilidad.
"No le hagas caso, Rose. Tiene uno de esos días malos. El motivo por el que estás aquí es asunto tuyo… aunque estoy segura de que Abe querrá hablar de eso contigo en algún momento." Frunció un poco el ceño, y recordé las miradas que habían intercambiado antes. "No te olvides de darle las gracias, parecía muy preocupado por ti."
"A mí también me gustaría hablar con él." Murmuré, llena de curiosidad por aquel moroi que no era de sangre real y estaba tan protegido, que me había llevado en coche y parecía hacer que todo el mundo se sintiese incómodo.
– Debe ser tu imaginación. Tengo una presencia fuerte, que es diferente a lo incomodo –
– Lo dudo en grande… –
Impaciente por evitar más preguntas sobre el motivo de mi viaje, cambié rápidamente de tema. "También me encantaría dar una vuelta por Baia. Jamás he estado en un sitio como este… Me refiero a un lugar donde vivan tantos dhampir."
– Jamás no. La escuela también cuenta – Lissa apuntó con un dedo.
– Sabes a que me refería –
A Viktoria se le iluminó el rostro.
"Yo puedo enseñártelo, si de verdad te encuentras bien. O si no tienes que macharte de inmediato."
– Todo el mundo sabe que aunque tuviera las dos piernas rotas se habría levantado igual – Christian dijo despreocupado mientras todos asentían.
Pensaban que estaba de paso, y eso me venía bien. Sinceramente, ni yo misma tenía claro lo que estaba haciendo allí, ya que parecía más que probable que Dimitri no se encontraba en la zona. Miré a Sydney con expresión interrogante. Ella se encogió de hombros.
"Haz lo que quieras. Yo no voy a ninguna parte." Dijo.
Aquello me pareció un tanto desconcertante. Me había llevado hasta allí, tal como le habían ordenado sus superiores, pero ahora, ¿qué? Bueno, ya me ocuparía de eso más tarde.
Viktoria prácticamente me arrastró hacia la puerta cuando terminé de comer, como si mi llegada fuese lo más emocionante había sucedido desde hacía mucho tiempo. Yeva no me había quitado los ojos de encima durante toda la comida y, aunque no había dicho nada más, era evidente por su mirada suspicaz que no se creía una palabra de lo que yo había dicho.
– Ni que estuvieras mintiendo – Dijo Adrián con calma – Ese es el problema con las abuelas. La mayoría están locas. Por otro lado, hay otras que son increíbles
– Seremos así de locos cuando lleguemos a esa edad – Rose asintió.
– Tú ya estás de camino – Christian dijo con un tono despreocupado.
Invité a Sydney a que nos acompañase, pero declinó la oferta y prefirió encerrarse en su cuarto para leer sobre los templos griegos o hacer llamadas de control o lo que quiera que prefiriese hacer.
Viktoria me dijo que el centro del pueblo no estaba muy lejos de donde ellas vivían, y que era un paseo agradable. El día estaba despejado y hacía fresco, pero el sol hacía que resultase placentero caminar por la calle.
"Viene a visitarnos mucha gente." Me explicó. "Excepto los varones moroi, pero la mayoría no se queda mucho tiempo."
No dijo nada más, pero me imaginé que habría querido decir con eso. ¿Acaso aquellos moroi acudían para tener una aventura con las dhampir? Me había criado pensando que esas mujeres, las dhampir que decidía no convertirse en guardianas, eran una vergüenza y, hasta cierto punto, una indecencia. Las que había visto en el Ruiseñor encajaban en ese estereotipo de prostituta de sangre, pero Dimitir me había asegurado que no todas las dhampir eran así. Después de conocer a las mujeres de la familia Belikov, no podía estar más de acuerdo con él.
– Si te atreves a hacer un comentario para contradecirme o insinuarlo, mejor guárdatelo ahora mismo – Rose dijo rápidamente al ver a Adrian abrir la boca. El muchacho se lo pensó dos segundos y luego murmuró algo.
– Solo quería preguntar cuánto faltaba de la lectura. Me estoy comenzando a aburrir –
– Ni quien te crea –
Al acercarnos al centro del pueblo, no tardé en descubrir cómo caía otro mito. La gente siempre hablaba de que las prostitutas de sangre vivían en campamentos o en comunas, pero ese no era el caso de Baia. No era una localidad enorme, como San Petersburgo o la propia Omsk, pero era un pueblo grande con una gran población humana. No era una simple aldea o un asentamiento rural. El ambiente era sorprendentemente normal, y cuando llegamos al centro, lleno de pequeñas tiendas y restaurantes, vi que se parecía mucho a cualquier otro lugar en el mundo habitado por personas. En él se daba cita lo moderno y lo ordinario, con solo un leve toque pueblerino.
"¿Dónde están todos los dhampir?" Me pregunté en voz alta.
Sydney me había dicho que existía una subcultura dhampir secreta, pero no vi ni un rastro de ella.
– ¿Hola, la palabra secreta no te dice nada? – Preguntó Christian con un tono obvio.
– No, no realmente – Se encogió de hombros despreocupada.
"Ah, están aquí." Respondió Viktoria sonriendo. "Tenemos muchos negocios y otros lugares que los humanos desconocen por completo." Aunque yo comprendía que los dhampir eran capaces de pasar inadvertidos en una gran ciudad, me parecía increíble que lo consiguiesen en un lugar como aquel. "Muchos de nosotros convivimos y trabajamos con los humanos." Añadió la hermana de Dimitri señalando con un gesto de la cabeza una tienda que parecía una farmacia. "Ahí es donde trabaja Sonya ahora."
"¿Ahora?"
"Ahora que está embarazada." Viktoria puso los ojos en blanco. "Me hubiera gustado que la conocieses, pero últimamente se pasa el día gruñendo. Espero que el niño se le adelante."
Lo dejó ahí. Me pregunté cómo funcionarían las cosas entre los dhampir y los moroi que vivían allí. No volvimos a tocar el tema; seguimos hablando de cosas intrascendentes y hasta soltamos alguna broma. Era fácil que Viktoria le cayese bien a cualquiera, y en menos de una hora ya habíamos congeniado y parecía que nos conociésemos desde siempre. Quizá mi relación con Dimitri también me unía de algún modo a aquella familia.
– Egocéntrica – Se burló Christian.
– Cállate –
Aquellas ideas se vieron interrumpidas en seco cuando alguien llamó a Viktoria en voz alta. Nos dimos la vuelta y vimos a un dhampir atractivo que cruzaba la calle. Tenía el pelo de color del bronce y unos ojos oscuros Tendría una edad intermedia entre la de Viktoria y la mía.
Le dijo algo en un tono informal. Viktoria le sonrió y luego me señaló con un gesto para presentarme en ruso.
"Te presentó a Nikolai." Me indicó en mi idioma a continuación.
"Encantado de conocerte." Dijo él cambiando también de idioma. Me examinó con rapidez, tal como suelen hacer los hombres, pero cuando se volvió hacia Viktoria, me quedó claro quién era la persona en la que tenía depositado todo su afecto. "Deberías llevar a Rose a la fiesta de Marina. Es el domingo por la noche." Titubeó un instante, algo avergonzado. "Porque vas a ir, ¿no?
– Ni dos segundos y ya la invitaron a una fiesta – Christian se burló – Rose ataca…
– Mi presencia es increíble – Rose dijo con una sonrisa ancha en los labios antes de volverla un gesto fruncido y amargo. Volteó a mirar a Abe rápidamente – No nos parecemos…
El moroi parpadeó confundido por un instante, asintiendo lentamente sin saber muy bien a qué vino aquel arrebato.
"Iré, pero…" Se volvió hacia mí. "¿Estarás todavía por aquí?
"No lo sé." Le contesté con sinceridad. "Pero iré si todavía estoy aquí. ¿Qué clase de fiesta es?"
"Marina es una amiga del instituto." Me explicó Viktoria. "Solo nos vamos a reunir para montar una fiesta antes de volver."
"¿Al instituto?" Pregunté, tonta de mí. No se me había ocurrido pensar en los dhampir de la zona también estarían escolarizados.
"Ahora estamos de vacaciones. Por Pascua." Me explicó Nikolai.
"Ah." Estábamos a finales de abril, pero no tenía ni idea de en qué semana caía la Pascua. Había perdido la noción del tiempo. Aún no había sido, con lo cual su instituo debía de tener las vacaciones la semana anterior a Pascua. St. Vladimir las tenía después. "¿Dónde está vuestro instituto?"
"A unas tres horas de aquí. Está aún más perdido que este pueblo." Comentó Viktoria torciendo el gesto.
"Baia no está mal." Repuso Nikolai, provocándola.
"Para ti es fácil decirlo. Tú acabarás yéndote y veras sitios nuevos y emocionantes."
"¿Tú no puedes?" Le pregunté a Viktoria.
Frunció el ceño y, de repente, pareció sentirse incómoda.
"Bueno, podría… pero aquí no hacemos las cosas así. Al menos, en mi familia. Mi abuela tiene unas convicciones muy… profundas con respecto a los hombres y a las mujeres. Nikolai será un guardián, pero yo me quedaré aquí con mi familia."
– Eso sucede en algunos lugares – Asintió Rose.
Nikolai me miró de nuevo con un repentino interés.
"¿Tú eres una guardiana?"
"Bueno…" Respondí, y entonces fui yo la que se sintió incómoda.
Viktoria contestó antes de que me diese tiempo a pensar en algo que decir.
– ¿No querías contar tu trágica historia? – Christian sonrió.
– Casi tanto como la tuya – Asintió Rose.
Lissa rodó los ojos.
"Mató a dos strigoi a las afueras del pueblo. Ella sola."
Nikolai pareció impresionado.
"Sin duda, eres una guardiana."
"Bueno, no… Ya he matado antes, pero la verdad es que no he hecho el juramento."
Me di la vuelta y me levanté el pelo para mostrarles el cuello. Además de las habituales marcas molnija, también tenía el pequeño tatuaje con forma de estrella que indicaba que había participado en una batalla. Los dos soltaron una exclamación al unísono y Nikolai dijo algo en ruso. Dejé caer el pelo y me di la vuelta.
"¿Qué?" Pregunté.
"No estás…" Viktoria se mordisqueó un labio mientras buscaba las palabras para lo que quería decir. "¿Sometida a juramento? No conozco la expresión en tu idioma."
"¿Sometida a juramento? No, pero… ¿aquí no están todas las mujeres así?"
"Aunque no seamos guardianas, tenemos las marcas que indican que hemos completado nuestro entrenamiento. Pero no tenemos marcas de promesa. Que hayas matado tantos strigoi y no tengas lealtad hacia una escuela o hacia los guardianes…" Viktoria se encogió de hombros. "Lo llamamos no estar sometido a juramento. Es algo raro."
"También es raro en el lugar de donde vengo." Reconocí.
– Ella es la rara – Eddie asintió.
– ¿Qué dices? – Rose bufó.
De hecho, en realidad era algo insólito. Tanto, que no existía término para definirlo. No se hacía y punto.
"Será mejor que os deje." Dijo Nikolai con su mirada enamorada de nuevo sobre Viktoria. "Pero te veo en la fiesta de Marina, ¿verdad? O quizá antes."
"Sí." Le contestó ella.
Se despidieron en ruso y luego Nikolai se alejó correteando por la calle con la agilidad atlética y fácil que los guardianes adquirían a menudo con el entrenamiento.
Me recordó un poco a Dimitri.
– ¿Qué? – Rose parpadeó.
Chrstian hizo una mueca mientras volvía al libro y Lissa comentó algo.
– Eso es amor u obsesión – Sonrió ella disimuladamente.
"Debo haberlo asustado." Comenté.
– Asustas a todo el mundo. No me sorprendería si lo hiciste con él – Adrián asintió – Una gran primera impresión, literalmente
"No, le pareces muy interesante."
"No tan interesante como tú."
Viktoria arqueó las cejas.
"¿Cómo?"
"Le gustas. Quiero decir, que le gustas mucho. ¿No lo ves?"
"Ah, no. Solo somos amigos."
Me di cuenta por su actitud de que lo decía en serio. A ella no le interesaba en absoluto Nikolai. Qué pena. Era atractivo y simpático. Dejé el tema del pobre Nikolai y me puse a hablar de nuevo de los guardianes. Me sentía intrigada por los diferentes puntos de vista que tenían allí.
"Has dicho que no podías… pero querías ser una guardiana."
Viktoria titubeo.
"Nunca me lo he planteado seriamente. Recibo el mismo entrenamiento en el instituto y me gusta saber defenderme. Pero preferiría utilizar ese conocimiento para proteger a mi familia y no a los moroi. Sé que suena…" Se calló de nuevo para buscar la palabra adecuada. "¿Sexista? Pero los hombres se convierten en guardianes y las mujeres se quedan en casa. Mi hermano fue el único que se marchó."
Estuve a punto de tropezar.
"¿Tu hermano?" Pregunté tan desapasionadamente como pude.
"Dimitri. Es mayor que o y ya lleva un tiempo haciendo de guardián. En realidad, se marchó a Estados Unidos. Hace mucho tiempo que no lo vemos."
"Ah."
– En mi vida pensé que ella respondería así – Sacudió la cabeza Adrián – Es una decepción
– Yo esperaba que chillara como loca – Eddie dijo con amargura mientras sacaba un par de billetes de su billetera. Comenzó a contarlos y luego se los entregó a Sydney que los recibió con una sonrisa amplia en los labios.
– Gracias… – Dijo ella recontando los billetes.
– ¿Es en serio? ¿Otra apuesta sobre mí? – Rose los miró indignada.
– Rose, algunos de nosotros confiábamos en ti – Christian dijo con enojo mientras entregaba los billetes a Sydney que los recibía con una sonrisa. – Otros, por otro lado, tenían una ligera ventaja y sabían que sucedería
– No, pero si lo hubiera sabido en serio habría apostado aún más alto – Dijo ella con calma – Dinero fácil
– Es una broma… tiene que serlo… – Rose murmuró.
Sintió una mano en su hombro y se volteó hacia Dimitri que la miraba con una sonrisa en los labios. El guardián asintió con la cabeza y luego rió al verla resoplar.
Me sentí fatal, y muy culpable. Culpable porque les estaba ocultando la verdad a Viktoria y a los demás, y fatal porque, al parecer, nadie de la academia se había molestado en avisar a la familia de lo que había sucedido.
– Con todo lo que sucedió ese último mes creo que es normal, Rose – Janine dijo con calma.
– Aun así… –
Viktoria sonrió al evocar sus recuerdos y no se dio cuenta de mi cambio de ánimo.
"Paul es clavadito a Dimitri cuando tenía su edad. Tengo que enseñarte algunas fotos… y también algunas recientes. Dimitir es muy atractivo. Para ser mi hermano, ya me entiendes."
Tuve la convicción de que ver fotos de Dimitri de niño me destrozaría el corazón. De hecho, cuanto más hablaba Viktoria de él, peor me sentía. Ella no tenía ni idea de lo que había sucedido, y aunque había pasado un par de años desde la última vez que lo habían visto, estaba claro que lo querían con locura. Tampooc debería asombrarme algo así. Además, ¿quién no querría a Dimitri?* Pasar con ellos una sola mañana me había mostrado lo unidos que estaban. Sabía por lo que Dimtiri me había contado que él también estaba loco por su familia.
"¿Rose? ¿Te encuentras bien?"
Viktoria me miró preocupada, probablemente porque yo no había abierto la boca durante los últimos diez minutos.
Habíamos caminado en círculo y ya casi estábamos en su casa de nuevo. Al mirarla, al ver su rostro amable y sincero y aquellos ojos tan parecidos a los de Dimitri, me di cuenta de que todavía tenía otra tarea por delante antes de empezar a perseguir a Dimitri, allá donde estuviese. Trague saliva.
"Sí… Creo… creo que tengo que sentarme a hablar contigo y con el resto de la familia."
"Vale." Me contestó, pero sin que la preocupación asomase a su voz.
– Supongo que será una escena muy pesada… – Murmuró Christian – Dios, y me toca a mí leerla. No es justo
– Tú quisiste leer – Rose se encogió de hombros.
Dentro de la casa, Olena estaba atareada en la cocina con Karolina. Creo que planificaban la cena de esa noche, algo sorprendente, ya que acabábamos de dar cuenta de un enorme desayuno. Sin duda, iban a terminar gustándome las comida de la región. Paul estaba en el salón montando una complicada pista de carreras con piezas de Lego. Sentada en una mecedora, Yeva parecía la típica abuela, tejiendo un par de calcetines. La única diferencia era que, en general, las abuelas no eran capaces de incinerarte con solo mirarte.
– Teniendo en cuenta de que sigues viva… creo que estás exagerando… – Dimitri sonrió.
– Juraría que en alguna parte de mi cuerpo quedaron dos marcas por las quemaduras de su mirada – Dijo Rose suspirando de mala gana.
Olena le hablaba a Karolina en ruso, pero cambió de idioma nada más al verme.
"Habéis vuelto antes de lo que me esperaba."
"Hemos visto el pueblo." Le respondió Viktoria. "Y… Rose quería hablar con nosotros, con todos."
Olena me miro con la misma expresión sorprendida y preocupada que Viktoria.
"¿Qué sucede?"
El peso de las miradas de todos los Belikov presentes hizo que se me acelerase el corazón. ¿Cómo iba a hacerlo? ¿Cómo podía explicarles algo de lo que no había hablado desde unas semanas antes? No me sentía capaz de hacerles pasar –ni de hacerme pasar a mí– por aquello. Cuando Yeva se me acercó, la situación empeoró considerablemente. Quizá había intuido por medio de la magia que iba a pasar algo grave.
"Deberíamos sentarnos." Les dije.
Paul se quedó en el salón y di las gracias por ello. Estaba segura de que no sería capaz de decir lo que tenía que decir si me miraba un niño, y más un niño que se parecía tanto a Dimitri.
"Rose, ¿qué sucede?" Me preguntó Olena.
Tenía un aspecto tan dulce y tan… maternal que casi me eché a llorar.
– Oh, pase lo que pase, digan lo que digan, lean lo que lean… recuerda… no estaban en muy buenos términos – Rose dijo rápidamente mirando a su madre con pánico – Apenas empezábamos a tener una relación madre e hija, ¿sí? No lo olvides
– Comienzo a preguntarme por qué dices esto – Janine con un tono perspicaz.
– Por nada en especial – Sonrió forzado.
Cuando me enfadaba con mi madre porque no estaba cerca de mí o no hacía lo que debía hacer, siempre la comparaba con la imagen idealizada que tenía de lo que debía ser una madre. Un ideal de madre que se parecía mucho a la de Dimitri.
– Ahora entiendo… – Janine sacudió la cabeza.
Rose se mordió el labio – Yo espero que sea todo… – Un silencio pesado se formó en la habitación – No es que haya pensado algo parecido de nuevo… o peor…
– Lo hiciste – Abe afirmó.
– ¿De parte de quién estás? – Se quejó la joven.
– De parte de la verdad – Sonrió Abe.
Rose resopló antes de mirar a su madre – Lo siento… –
– Está bien – Dijo con seriedad la mujer.
Las hermanas también estaban muy preocupadas, como si yo fuese alguien a quien conocían de toda la vida. Su aceptación y su preocupación hicieron que me escociesen aún más los ojos, ya que me habían visto por primera vez esa misma mañana. Sin embargo, el rostro de Yeva mostraba una expresión muy extraña, casi como si hubiese sospechado algo así desde el principio.
"Vereís… el motivo por el que he venido a Baia ha sido para conoceros."
Aquello no era del todo cierto. Había ido en busca de Dimitri. Jamás pensé en buscar a su familia, pero entonces me di cuenta de que hubiera sido una buena idea.
"Veréis, Viktoria estaba hablando de Dimitri hace un rato…" A Olena se le iluminó el rostro al oír el nombre de su hijo. "Y yo… lo conocía. Bueno, lo conozco. Era un guardián en mi academia. En realidad, era mi profesor"
– Oh, esto no va a ir bien – Advirtió Jill.
– No tienes idea – Rose dijo, mientras a su lado Dimitri se tensaba.
Karolina y Viktoria se alegraron al oírlo.
"¿Cómo está?" Preguntó Karolina. "Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que lo vimos. ¿Sabes cuándo vendrá a visitarnos?"
Ni siquiera se me pasó por la cabeza intentar responder aquella pregunta, así que seguí hablando de lo que había sucedido antes de que me abandonasen las fuerzas ante todos aquellos rostros adorables. Las palabras salieron de mi boca como si las estuviera pronunciando otra persona y yo simplemente contemplara todo desde fuera.
"Hace un mes… los strigoi atacaron nuestra academia. Fue un ataque realmente grave. Era un grupo enorme de strigoi. Perdimos a mucha gente, tanto moroi como dhampir."
Olena soltó una exclamación en ruso. Vikoria se inclinó hacia mí.
"¿St. Vladimir?"
Me callé un momento, sorprendida.
"¿Habéis oído hablar del ataque?"
– ¿En serio pensaste que no fue así? – Preguntó Lissa.
Rose se encogió de hombros – No se me habría ocurrido ni en mis useños –
"Todo el mundo está al corriente." Contestó Karolina. "Todos sabemos lo que ocurrió. ¿Era tu academia? ¿Estabas allí esa noche?"
Hice un gesto de asentimiento.
"No me extraña que tengas tantas marcas molnijas." Musito Viktoria, asombrada.
"¿Y Dimitri está allí ahora?" Inquirió Olena. "No sabemos cuál ha sido el último puesto que le han asignado."
"Esto… sí." Noté la lengua pastosa en la boca. No podía respirar. "Yo estaba en la academia la noche del ataque." Dije para reafirmarme y continuar. "Dimitri también. Fue uno de nuestros líderes en la batalla… Y luchó… con mucha… con mucha valentía… y…"
Me estaba desmoronando, pero llegados a ese punto, los demás empezaban a sospechar lo que había sucedido. Olena dio un grito ahogado y soltó una exclamación en ruso de la que solo entendí la palabra Dios. Karolina se quedó inmóvil, pero Viktoria se inclinó hacia mí. Aquellos ojos, tan parecidos a los de su hermano, me miraron intensamente, tanto como si él mismo me estuviese urgiendo a decir la verdad, por desagradable que fuese.
"¿Qué sucedió?" Preguntó. "¿Qué le ocurrió a Dimitri?"
Aparté la vista y miré en dirección al salón. En la pared que tenía enfrente vi una estantería llena de libros encuadernados en pale. Tenían el lomo cubiertas de letras doradas. Fue cuestión de azar, pero de pronto recordé a Dimitri hablando de esos libros. «Eran viejas novelas de aventuras que coleccionaba mi madre», me había contado en una ocasión. «Las portadas eran preciosas y a mí me encantaban. Si tenía cuidado, a veces mi madre me dejaba leerlas». La idea de un Dimitri joven sentado delante de la estantería, pasando las páginas con cuidado –y sabía que lo habría hecho con mucho cuidado–, casi me hizo desmoronarme. ¿Habría sido allí donde había desarrollado su gusto por las novelas del Oeste?
– Eso no viene al caso – Adrián resopló.
– Es Rose, pasa una mosca y se distrae – Christian dijo con seriedad.
– Crueles… – Bufó Rose.
Me estaba dispersando. Me estaba distrayendo. No iba a ser capaz de decirles la verdad. Mis sentimientos comenzaban a ser demasiado fuertes, y se me agolpaban los recuerdos mientras intentaba con todas mis fuerzas pensar en algo, en cualquier cosa que no tuviese nada que ver con aquella terrible batalla.
Entonces volví a mirar a Yeva, y algo en la expresión inquietante y sabia de su rostro me animó a seguir. Tenía que hacerlo. Me volví hacia los demás.
"Luchó valientemente en la batalla y, después, ayudó a dirigir una misión de rescate para salvar a unos cuantos a los que habían capturado los strigoi. Ahí también luchó de un modo increíble, solo que…"
Me callé de nuevo, y de nuevo me di cuenta de que tenía las mejillas cubiertas de lágrimas. Reviví la horrible escena de la cueva, cuando Dimitri ya estaba muy cerca de la libertad, antes de que los trigoi lo cazasen en el último momento. Negué con la cabeza para desterrar esa imagen y tomé aliento de nuevo. Tenía que acabar de contarlo. Se lo debía a su familia.
No había una forma suave de decirlo.
"Uno de los strigoi… pudo más que Dimitri."
Karolina hundió la cara en el hombro de su madre, y Olena no se esforzó en contener las lágrimas. Viktoria no estaba llorando, pero su cara se había quedado completamente inmóvil. Intentaba controlar las emociones por todos los medios, igual que hubiese hecho Dimitri. Me miró de hito en hito.* Necesitaba saberlo con seguridad.
"Dimitri ha muerto." Me dijo.
Fue una afirmación, no una pregunta, pero me miraba fijamente para que se lo confirmase. Me pregunté si habría revelado algo más, alguna pista de que aún quedaba algo por contar. O quizá solo necesitaba oír esas palabras cargadas de certeza. Momentáneamente pensé en la posibilidad de decirles que Dimitri había muerto. Es lo que les diría la academia, lo que les dirían los guardianes. Sería más fácil para ellas… pero, no sé por qué, no fui capaz de mentirles, ni aunque se tratase de una mentira que les sirviese de consuelo. Dimitri habría querido saber toda la verdad, y su familia también.
"No." Dije, y durante un segundo la esperanza revivió en las caras de todas… hasta que volví a abrir la boca. "Dimitir es un strigoi."
El silencio pesado de la habitación había caído en el momento en que Christian había comenzado a leer sin detenerse, sin dar un momento para que alguien hiciera algún comentario o para que una broma aligerara el ambiente. El muchacho resopló, finalmente soltando el libro de sus manos y luego alzó la mirada hacia los demás, asintiendo con la cabeza para dar a entender que es el final del capítulo.
– Wow, Ozera – Adrián abrió la boca apuntándolo con un dedo mientras le arrebataba el libro con cuidado – estás hecho todo un drama
– ¿Qué quieres decir? – Frunció el ceño.
– Es la segunda vez que lees algo tan intenso – Adrián se burló mientras alzaba el libro y lo dejaba lejos del alcance de la mayoría – No sé ustedes, pero yo me merezco un descanso
– Sí, es lo mejor – Rose asintió cerrando los ojos. Los recuerdos comenzaban a incomodarle y aunque lo intentaba, ella no podía ignorar la presencia del guardián ruso que había salido de la habitación poco después de terminar el capítulo. La muchacha pasó ambas manos por el rostro intentando disipar los amargos recuerdos y luego se puso en pie fingiendo una sonrisa antes de salir de la habitación.
Respirando hondo y sonoro, Rose fijo la vista en la lejanía del horizonte, mirando con especial interés el reflejo de la luz en la piscina. Estaba helado. El frío de la noche estaba comenzando a calarle los huesos, pero ella preferiría encontrarse fuera con el frío que dentro con el calor pesado de la lectura.
– Nadie dijo que iba a ser un libro fácil – Escuchó una voz a su espalda. Se volteó con calma y luego sonrió.
– No lo viviste, no sabes lo difícil es que el libro de tantos detalles – Resopló ella – Tienes una suerte increíble, camarada
– Yo no lo llamaría suerte – Dijo aquel hombre escondiendo sus manos dentro de su chaqueta – Una parte de mí se alegra de que mi madre se haya se marchado antes de que el libro comenzara
– No necesitan revivir tantos recuerdos –
– ¿Qué hay de ti? Te preocupas por ellas, pero no por ti –
– Yo me preocupo por mí… es un nivel diferente. Por ti también, si ese libro contiene todo lo que sucedió fuera de la academia entonces conozco un momento de mi vida que no quiero que los demás escuchen. Mucho menos tú. Es momento de sanación, no de decaer –
Dimitri asintió – Aceptando el pasado. Viviendo el presente. Avanzando hacia el futuro. Es solo una lectura. Tiene verdad, es cierto, pero si afecta tanto como piensas es porque no hemos dejado ir el pasado todavía –
– Oh, yo lo he dejado ir – Ella asintió – Ellos probablemente no. No tienen ni idea de todo lo que ha pasado
– Entonces ahora lo sabrán – Dimitri sonrió ligeramente – Hemos avanzado juntos y seguiremos avanzando. No hay nada de qué preocuparnos
– Es lo más acertado que he oído de ti, camarada – Sonrió ella volviendo a mirar el agua – Olvidar que todo esto sucedió y seguir adelante…
Continuará...
* ¿Yo? A mí no me gusta Dimitri, llámenme loca, pero es la verdad…
* No estoy segura de que significa está frase, pero tengo una idea aproximada.
N/A: Bueno eso ha sido todo por hoy, espero que les haya gustado el capítulo. Tengo algunas cosas que decir, la primera es que... ¡Estamos de vuelta! Y saben por qué, cierto, evidentemente saben por qué... ¡Porque tengo hartos capítulos escritos! Exacto. En estos momentos no estoy segura de cuantos tengo, ya saben como funciona esto para mí, dejo el capítulo listo para subirse unos días antes por lo tanto hoy no es lunes para mí, pero sí para ustedes. La idea es poder terminar el libro completo, espero que lo haya terminado para cuando sea lunes y... y... y... el final del libro! Eso... les juro que va a ser un final de estos que dices: ¿Qué ha pasado? ¿De qué me he perdido? Les juro que eso sucederá. Tengo escrito el final por completo, los capítulos de intermedio del libro evidentemente no los tengo terminados, pero da igual porque el final ya lo tenía planeado y si no lo escribía iba a perder la idea así que lo he escrito y no importa mucho nada más porque no tiene problemas de continuidad.
Como mencione ya tengo varios capítulos y al mismo tiempo varias ideas, (mentira, pero al mismo tiempo verdad) y voy a recordarles... que no hago cambios... así que habrá momentos en los que estarán rogando para algo, pero deben recordar que como ya los tengo escritos no le suelo hacer cambios y tampoco tengo deseos de cambiar algo de lo que he escrito. ¿Por qué digo esto? ¿Pasara algo malo? Sí, pasara algo malo, ¿qué cosa? No diré, solo diré que será algo... oscuro y misterioso. Aww, les estoy tirando hype cuando apenas vamos en el capítulo 7, ustedes, porque yo voy por el 15 escribiendo así que podemos decir que durante unas pocas semanas tendremos capítulos, en caso de que llegue al limite y no tenga más para subir, evidentemente avisare con antelación, eso lo saben.
No responderé comentarios esta semana, pero si la siguiente sobre el capítulo 7, este, porque son muchos comentarios para responder y no quiero alargrlo más, pero si deben saber que he estado leyendo sus comentarios de hecho siempre estoy mirando aunque no haya subido un capítulo. Me gusta leer los comentarios. De hecho, entre ustedes y yo, anoche (el día viernes en la noche) me llego una review en inquebrantable que... juro por dios que me encanto su comentario, fue increíble, ya en dicho fics voy a responderle a la chica, pero lo digo, su comentario prácticamente hizo que me entraran las ganas para poder escribir otro más de VA, porque estaba escribiendo los capítulos de VA cuando vi el comentario y ese comentario me impulso a decidir el final de VA... No digo más o terminaré delatando el final cuando apenas vamos en el 7.
Por cierto, en wattpad, hay una chica que esta subiendo la historia esta a su cuenta... (sí, ya sé: ¿por qué no la subiste tu misma? ¡Porque...! cuando ella me preguntó yo no planeaba continuar la saga) en realidad esto no lo diré con la intención de que vayan hasta allá y digan: te robaste la historia (que me paso una vez ya sea pensando que la chica lo hizo o yo), lo digo porque hay gente que después de leer a la chica me contacta a mí y me agradece por la historia. Normalmente hablo con ellos, pero pensé que no estaba de más agradarceles aquí, públicamente, por esos comentarios que me han dado agradeciendo la historia. Así que en resumidas cuentas, gracias a aquellas personas que tras enterarse que yo era la autora original de Leyendo el Pasado contactaron conmigo para agradecerme, los comentarios fueron muy gratos y agradables, por no decir menos, me encantaron. (Y para aquellas personas que piensan que mis notas son más larga que los capítulos: ¡NO! Yo tengo un conteo, ¿vale?)
Dejen Reviews.
Se despide Lira12.
