Resumen:La lectura de un libro lleno de oscuridad por in ha terminado, la recta final está a solo tres libros de distancia y cuando todo parecía tranquilo, las cosas comienzan a tomar una intensidad memorable. Entre risas y burlas, Rose tiene que recordarse a sí misma y una y otra vez que una de las razones por la cual lee el libro es solo para cerrar un capítulo de su vida, esperando que Dimitri hiciera lo mismo. El deseo de Lissa por el vínculo ya no existe más, siendo reemplazado por el deseo de querer usar la magia como arma defensiva, ¿podrá acaso controlar los cuatro elementos con la ayuda de su bendecida por la sombra?

~ Debo decir que la saga Vampire Academy fue un libro escrito por Richelle Mead


~ Leyendo el Pasado IV ~

Leyendo el capítulo
diez

– Capítulo diez – Leyó Dimitri con su voz suave y varonil.

Todo el mundo congenió tan bien con Avery en la comida que el grupo se volvió a juntar esa noche y la pasaron en grande. A la mañana siguiente, Lissa estaba pensando en eso cuando se sentó en clase de Inglés a primera hora. La noche anterior se habían quedado levantados y se habían escabullido después del toque de queda. Los recuerdos provocaron una sonrisa en la cara de Lissa al mismo tiempo que ocultaba su bostezo. No pue evitar sentirme un poco celosa. Sabía que Avery era la causa de la felicidad de Lissa y eso me molestaba un poco.

– ¿Qué? – Rose parpadeó desviando la mirada – Era normal

– Sí, tan normal que no lo parece – Adrian sonrió – Los celos matan, Rose. Ya deberías haberlo sabido

La muchacha resopló.

Aun asi… La nueva amistad que Lissa había hecho con Avery también me hacía sentir menos culpable por haberla dejado.

– Si volvemos a ese tema prefiero saltármelo – Lissa dijo con seriedad.

Lissa volvió a bostezar. Era difícil concentrarse en La letra escarlata mientras se luchaba contra una leve resaca.

– Ahora sé por qué son tal para cual – Murmuró Eddie con una mueca.

– No, Lissa tenía una leve resaca. Yo tenía a quinientos demonios volando en mi cabeza – Rose explico con calma.

– No por eso deja de ser mejor – Lissa sacudió la cabeza.

Avery parecía tener un suministro infinito de alcohol. Adrian se acostumbró instantáneamente, pero Lissa dudó un poco. Había dejado atrás sus días de fiestera hacía mucho tiempo, pero la noche anterior sucumbió al fin y bebió más vino de la cuenta.

– Como dos gotas de agua – Dijo Adrian sacudiendo la cabeza.

No era muy diferente a lo que me pasó a mí con el vodka. Qué ironía. Las dos nos pasamos un poco a pesar de estar a miles de kilómetros de distancia.

– Es lo que decía – Eddie sonrió.

– Vaya ironía – Dijo Rose con calma.

De repente, un sonido agudo lo invadió todo. Lissa levantó la cabeza bruscamente, como todos los presentes en la clase. En un rincón del aula parpadeaba y aullaba una pequeña alarma de incendios en señal de advertencia. Naturalmente, algunos alumnos empezar a dar vítores mientras que otros fingían estar asustados.

– Podría ser una emergencia real – Dijo Janine con seriedad.

A la profesora de Lissa también le había pillado con la guardia baja y, tras una rápida evaluación, Lissa decidió que no se trataba de algo planeado de antemano. A los profesores normalmente les avisaban con antelación cuando iba a haber simulacros y la señora Malloy no tenía la expresión de hastió que se les pone a los profesores mientras se preguntan cuánto tiempo les va a quitar el simulacro a sus clases.

"Manos a la obra." Dijo la señora Malloy asqueada, tomando su carpeta. "Ya sabéis adónde tenéis que ir." El procedimiento para los simulacros de incendio era algo bastante estandarizado.

Lissa siguió a los demás y se puso a la altura de Christian.

"¿Has planeado tú esto?" Bromeó.

"No, pero me encantaría haberlo hecho. Esta clase me estaba matando."

"¿A ti? Yo tengo el peor dolor de cabeza de mi vida."

– No, no era peor que él mío – Rose sacudió la cabeza – Aún lo recuerdo como si hubiera sido ayer

Él sonrió con complicidad.

"Que te sirva de lección, borracha."

Ella hizo una mueca por respuesta y le dio un puñetazo suave. Llegaron al punto de reunión de su clase, en las pistas de deportes, y se unieron a la fila que estaban intentando formar los demás. Llegó la señora Malloy y fue marcando las casillas de todo el mundo en los papeles que llevaba en la carpeta, satisfecha de que nadie se hubiera quedado atrás.

"No creo que esto estuviera planificado." Dijo Lissa.

"Yo tampoco." Respondió Christian. "Eso significa que, aunque no haya ningún incendio, vamos a tardar un rato en volver."

– Solo piensan en saltarse las clases – Dijo Mia riendo ligeramente.

– Fue como una bendición – Dijo Christian asintiendo.

"Entonces, no tiene sentido quedarse aquí esperando, ¿no?"

Christian y Lissa se giraron sorprendidos al oír la voz que había surgido detrás de ellos y vieron a Avery.

– Siempre supe que era mala influencia – Rose dijo con seriedad – No lo dije, pero lo supe siempre

– Seguro – Christian dijo desconfiado.

Llevaba un vestido de punto morado y unos zapatos de tacón negros que parecían totalmente fuera de lugar sobre la hierba mojada.

"¿Qué haces aquí?" Preguntó Lissa. "Suponía que estarías en tu habitación."

"Estaba. Pero allí me aburro mucho… He venido para liberaros, chicos."

"¿Esto ha sido cosa tuya?" Le preguntó Christian, un poco impresionado.

Avery se encogió de hombros.

"Ya te lo he dicho, me aburría. Vámonos mientras todo sigue así de caótico."

Christian y Lissa intercambiaron miradas.

"Bueno…" Empezó a decir Lissa lentamente. "Ya han hecho el registro de asistencia, así que…"

"¡Daos prisa!" Exclamó Avery. Su entusiasmo era contagioso y Lissa, en un arrebato de temeridad, salió corriendo detrás de ella, con Christian pisándole los talones. Con todos los alumnos pululando por allí, nadie se dio cuenta de que estaba cruzando el campus hasta que llegaron a las habitaciones de los invitados. Simon estaba allí, apoya contra la pared. Lissa se puso tensa. La habían pillado.

– La única vez que hago algo malo y me pillan – Dijo ella cabizbaja.

– ¿Única vez? – Christian alzó una ceja con una mirada cómplice mientras se reía.

– Vale, varias veces… – Admitió ella con un ligero sonrojo mientras desviaba la mirada molesta.

"¿Todo listo?" Le preguntó Avery.

Simon, sin duda uno de esos tíos fuertes y silenciosos, asintió brevemente como única respuesta antes de separarse de la puerta. Se metió las manos en los bolsillos de la chaqueta y se alejó caminando. Lissa se quedó asombrada.

"¿No vas a dejar irnos sin más? ¿Está metido en el ajo?" Simon no estaba en el campus como profesor, pero… eso no significaba necesariamente que fuera a dejar que los alumnos se escapasen de clases aprovechando un falso simulacro de incendio.

Avery sonrió con malicia mientras lo miraba alejarse.

"Llevamos juntos un tiempo." Dijo. "Él tiene cosas mejores que hacer que ser nuestro canguro."

– Menudo guardián – Eddie murmuró.

– Créeme, la cosa es más complicada – Dijo Lissa sacudiendo la cabeza.

Ella los guio hacia el interior, pero en lugar de ir a su habitación, atajaron por una sección diferente del edificio y fueron a un lugar que yo conocía bien: la habitación de Adrian.

– ¿Por qué no me sorprende que estés detrás de todo? – Preguntó Jill mirando a Adrian.

– ¡No! Soy inocente – Adrian dijo con calma mientras alzaba una mano – Honor de scout

– Tú nunca fuiste scout – Dijo Christian con el ceño fruncido.

Adrian torció los labios pensando – No sabía que había que ser un scout para hacer la promesa esa – Se encogió de hombros despreocupado.

Avery llamó a la puerta.

"¡Oye, Ivashkov! Abre."

Lissa se tapó la boca con la mano para ahogar la risa.

"Se acabó el sigilo. Te va a oír todo el mundo."

"Necesito que me oiga él." Respondió Avery.

Siguió aporreando la puerta y gritando hasta que finalmente Adrian respondió. Tenía el pelo de puntas y ojeras. Había bebido el doble que Lissa la noche anterior.

"¿Qué…?" Parpadeó. "¿Vosotros no deberíais estar en clase? Ay, Dios. No he dormido tanto, ¿verdad?"

"Déjanos entrar." Dijo Avery abriéndose camino con un empujón. "Tienes aquí a unos refugiados que huyen de un incendio."

Lissa sonrió mirando hacia otro lado mientras sonreía ligeramente – Si no fuera porque estaba loca, en realidad pudimos haber sido buenas amigas – Suspiró cansada.

Rose resopló – No me gusta ella –

Se tiró en e sofá y se puso cómoda mientras él seguía mirándolos. Lissa y Christian se unieron a ella.

– Yo no soy como ella – Declaró Rose rápidamente sintiendo las emociones de Lissa. Los pensamientos en los cuales comparaba a Avery con ella, aunque sea en algo tan pequeño como su actitud despreocupada. Aunque no era la Rose que se había formado cuando volvieron a la academia después de dos años viajando libres por el mundo, sino que la comparaba con la chica que era antes de salir de la academia.

Rió suavemente por lo bajo y asintió – Lo sé. Al menos tú te preocupas por los demás –

– Gracias – Dijo Rose asintiendo.

"Avery ha hecho saltar la alarma de incendios." Explicó Lissa.

"Buen trabajo." Dijo Adrian, dejándose caer en una silla blanda. "Pero, ¿por qué habéis venido aquí? ¿Es este el único lugar que no se está quemando?"

Avery lo miró pestañeando con picardía.

"¿Es que no te alegras de vernos?"

Él la miró especulativamente durante un momento.

"Siempre me alegro de veros."

Lissa siempre había sido muy reacia a hacerse ese tipo de cosas, pero había algo en esta ocasión que la divertía. Era algo tan descabellado, tan tonto… Un respiro de las preocupaciones que la agobiaban últimamente.

– Rose tiene la culpa – Christian dijo con calma.

– Siempre yo – Bufó ella.

– Rose, no te culpes – Dijo Lissa con una sonrisa mientras miraba hacia Rose – Siempre podemos tener la mitad de la culpa cada una

– Eso… no me hace sentir mejor – Dijo Rose con una mueca.

"No tardarán mucho en descubrir lo que hemos hecho. Puede que ahora mismo ya estén haciendo entrar a todo el mundo."

"Puede." Dijo Avery poniendo los pies en la mesa baja. "Pero sé de buena tinta que otra alarma va a saltar en la academia en cuanto abran las puertas."

– Ahora es cuando nos damos cuentas de que a su lado, Rose es una santa – Dijo con una sonrisa Eddie.

– ¿Intentan hacerme sentir mejor o no? – Preguntó ella molesta.

– Sí, lo intentamos, pero como siempre nunca sale bien – Dijo Christian despreocupado.

"¿Y cómo vas a conseguir eso?" Le preguntó Christian.

"Eso es alto secreto."

Adrian se frotó los ojos, claramente divertido por todo aquello, a pesar del brusco despertar que había tenido.

"No puedes estar activando alarmas de incendios todo el día, Lazar."

"También se dé buena tinta que cuando den el visto bueno a todo el mundo después de la segunda alarma, va a saltar una tercera."

– ¿Cuándo yo me convertí en el más maduro? – Preguntó Adrian cabizbajo – Es duro serlo

– ¿Realmente estabas siendo el más maduro? – Dudó Christian.

– No, la pregunta no fue cuándo tú te convertiste en el más maduro, sino cuándo ella se convirtió en irresponsable – Señaló Eddie a Lissa que torcía los labios intrigada ante la pregunta.

– Cuando Avery llegó a la academia – Respondió chasqueando los dedos.

Lissa soltó una carcajada provocada más por las reacciones de los chicos que por el anuncio de Avery. Christian, en algún arrebato de rebelión antisocial, había prendido fuego a la gente. Y Adrian se pasaba la mayoría de los días borracho fumando un cigarro detrás de otro. Para que una niña de la alta sociedad como Avery consiguiera dejarlos atónitos, tenía que hacer algo bastante llamativo. Avery parecía encantada de haber superado sus expectativas.

"Si ya has acabado con el interrogatorio." Dijo. "¿Es que no vas a ofrecerles a tus huéspedes algo de beber?"

Adrian se levantó y bostezó.

"Vale, vale, chica insolente. Voy a hacer café."

"¿Con un toquecito?" Preguntó ella, señalando con la cabeza el armario de las bebidas de Adrian.

"Tienes que estar de broma." Dijo Christian. "Pero, ¿aún te queda hígado?"

– Adrian seguro que ya no tiene – Dijo Eddie riendo.

– Oh, puedes apostar a que el mío está en algún lugar del cementerio de hígado junto con el de los demás idiotas – Adrian asintió con una sonrisa.

Avery se acercó al armario y asió una botella de algo. Se la tendió a Lissa.

"¿Te apuntas?"

Hasta la rebeldía matinal de Lissa tenía sus límites. El dolor de cabeza provocado por el vino aún hacía que le retumbase la cabeza.

"Uf, no."

"Cobardes." Repuso Avery, y se volvió otra vez hacia Adrian. "Bueno, señor Ivashkov, será mejor que ponga la cafetera. Me gusta tomarme un poco de café con el coñac."

– Ésta chica está loca – Dijo Christian sacudiendo la cabeza.

– Demasiado – Dijo Lissa asintiendo.

No tardé en salir de la mente de Lissa y volví a la mía. Recuperé la oscuridad y los sueños ordinarios, pero duró poco, porque pronto unos golpes fuertes me hicieron recobrar bruscamente el conocimiento.

Abrí los ojos y un dolor profundo y desgarrador me llegó desde la parte de atrás de la cabeza; los efectos secundarios de ese vodka tóxico, sin duda.

– Yo estaba peor – Dijo Rose señalando a Lissa.

– Si es una competencia, yo gano y lo sabes – Lissa dijo con una sonrisa.

– Es verdad – Rose asintió – Pero no es una competencia

La resaca de Lissa no era nada comparada con la mía. Empecé a cerrar otra vez los ojos, deseando hundirme en el sueño para que curase lo peor del dolor. Pero volví a oír los golpes otra vez; esta vez eran más fuertes y mi cama temblaba violentamente. Alguien le estaba dando patadas.

Levanté los párpados, me volví y me encontré mirando los penetrantes ojos oscuros de Yeva. Si Sydney había conocido a muchos dhampir como Yeva, era compresible que creyese que los nuestra raza éramos habitantes del infierno. Frunciendo el ceño, Yeva le dio otra patada a la cama.

"¡Oye!" Grite. "¡Que ya estoy despierta!"

Yeva murmuró algo en ruso y Paul apareció detrás de ella y tradujo:

"Dice que no estarás despierta hasta que no salgas de la cama y te pongas de pie."

Y sin más aviso que ese, la vieja sádica volvió a darle patadas a la a cama. Me erguí de un salto y el mundo empezó a girar a mí alrededor. Había dicho eso otras veces, pero esta vez giraba de verdad: no iba a volver a beber en mi vida.

– Es difícil de creer que tú digas eso – Dijo Adrian sonriendo – Además, si ese método para despertarte y levantarte es efectivo entonces deberíamos usarlo mucho más seguido

– Inténtalo una vez y te rompo la pierna – Rose dijo con calma – Eso va para todos ustedes

– Adelantándose a los hechos, eh – Se rió Lissa ligeramente.

– También para ti – Rose señaló con seriedad.

Nada bueno puede salir nunca de eso. Las mantas le resultaban terriblemente tentadoras a mi cuerpo agonizante, pero unas cuantas patadas más de las botas puntiagudas de Yeva hicieron que me levatara con rapidez.

"Vale, vale. ¿Ya estás contenta? Ya estoy en pie." La expresión de Yeva no cambió, pero al menos dejó de dar patadas. Me volví hacia Paul. "¿Qué ocurré?"

"La abuela dice que tienes que ir con ella."

"¿Adónde?"

"Dice que no necesitas saberlo."

– Si alguien me dice eso, yo estaría temblando de miedo – Se burló Christian con una sonrisa sarcástica.

– Seguro que sí, y créeme estaba en las mismas – Rose murmuró de mala gana.

Empecé a decir que no tenía intención de seguir a esa vieja loca a ninguna parte, pero después de una mirada a su cara aterradora me lo pensé.

Las risas estallaron.

Con esa cara no me habría extrañado que fuese capaz de convertir a las personas en sapos.

– Caminaba por la cuerda floja – Dijo Adrian asintiendo.

"Bien." Claudiqué al fin. "Estaré lista para salir en cuanto me duche y me cambie."

Paul le tradujo mis palabras, pero Yeva negó con la cabeza y habló otra vez.

"Dice que no hay tiempo." Explicó Paul. "Tenemos que irnos ya."

"¿Puedo al menos lavarme los dientes?"

La vieja hizo una pequeña concesión, pero no hubo forma de que me permitiese cambiarme de ropa. Tampoco pasaba nada. Cada paso que daba me hacía sentir más grogui y probablemente me habría caído redonda si hubiera tenido que hacer algo tan complicado como desvestirme para volver a vestirme. Además, mi ropa no olía mal; solo estaba arrugada porque había dormido con ella puesta.

– Grogui… – Se burló Christian.

Cuando bajé las escaleras vi que nadie más estaba levantado excepto Olena. Estaba fregando los platos que habían quedado de la noche anterior y pareció sorprendida al verme levantada. Ya éramos dos las sorprendidas.

"Es temprano para ti, ¿no?" Preguntó.

Me volví y miré el reloj de la cocina. Di un respingo. Solo habían pasado cuatro horas desde que me había acostado.

"¡Dios mío! ¿Pero ha salido ya el sol?"

– ¿Tú levantada antes que el sol? Pagaría por ver eso – Adrian dijo riendo.

– Es evidente que no podré nunca dormir hasta tarde – Murmuró Rose molesta.

Sorprendentemente, sí. Olena se ofreció a hacerme el desayuno, pero Yeva reiteró que el tiempo apremiaba. Mi estómago parecía que deseaba comer y al mismo tiempo no soportaba la comida, así que no podía decidir si en ese momento el ayuno era algo bueno o malo.

– Que rechace la comida ya es algo malo – Asintió Eddie con seriedad fingida.

– Estaba definitivamente enferma – Asintió Sydney antes de sonreír con los labios torcidos – Si solo la hubieran visto…

"No pasa nada." Dije. "Vámonos ya y acabemos con esto cuanto antes."

Yeva fue al salón y volvió enseguida con una bolsa grande. Me a tendió, expectante. Me encogí de hombros y la agarré para colgármela del hombro. Tenía algo dentro, pero no pesaba mucho. La anciana salió de nuevo para ir a otra habitación y regresó con otro bolso grande. Me lo cargué del mismo hombro para equilibrar ambos bultos. Este último pesaba más, pero mi espalda no se quejó demasiado.

– Abusaba de ella – Se rió Adrian.

Cuando salió por tercera vez y volvió con una caja gigante, empecé a enfadarme.

"¿Pero esto qué es?" Pregunté agarrando la caja. Parecía que estuviera llena de ladrillos.

– Tal vez tenía ladrillos – Considero Mia.

"La abuela necesita que lleves esas cosas." Me dijo Paul.

"Sí." Respondí con los dientes apretados. "Eso lo he adivinado hace unos veinte kilos."

Yeva me dio otra caja más, que colocó encima de la anterior. No pesaba tanto como la primera, pero para entonces me daba bastante igual. Olena me dirigió una mirada de compasión, negó con la cabeza y volvió en silencio a sus platos, sin ganas de discutir con Yeva.

– Pobre Rose – Se burló Christian – Es tratada como burro de carga

– No te lo puedes ni imaginar – Murmuró Rose desviando la mirada.

Luego, Yeva salió al exterior y yo la seguí obedientemente, tratando de sujetar bien las cajas mientras intentaba que las bolsas no se me cayesen del hombro. Era una carga muy pesada y mi cuerpo resacoso no quería levarla, pero tenía bastante fuerza y pensé que no sería problema llegar al pueblo o a dondequiera que me estuviera llevando. Paul iba corriendo a mi lado, tal vez para hacerme saber si Yeva se encontraba algo por el camino con lo que también quería que cargase.

– Solo para que lo entiendan, no volveré a cargar nada para nadie – Señaló a todos los que se encontraban presentes – En especial muchas cajas

Todos se rieron entre dientes.

Parecía que la primavera estaba entrando a marchas forzadas en Siberia, pero mucho antes que en Montana. El cielo estaba despejado y el sol de la mañana calentaba las cosas sorprendentemente rápido. No era un tiempo veraniego, pero sí hacía suficiente calor para notarlo. Un moroi habría encontrado ese tiempo muy incómodo para pasear.

"¿Sabes tú adónde vamos?" Le pregunté a Paul.

"No." Respondió alegremente.

– Madre mía, el niño – Se rió Christian.

Para ser una persona tan vieja, Yeva era capaz de andar a un buen paso, así que tuve que apresurarme para seguir su ritmo con mi carga. En algún momento miro hacia atrás y dijo algo que Paul tradujo como:

"Está un poco sorprendida de que no seas capaz de ir más rápido."

"Vaya, bueno, pues a mí me sorprende que nadie pueda ayudarme a llevar esto."

"Él volvió a traducir.

"Dice que si eres una asesina de strigoi tan famosa, esto no debería ser un problema para ti."

– No veo que tiene que ver lo uno con lo otro – Murmuró Rose desviando la mirada.

– Eso te pasa por haberte quedado más tiempo del debido – Abe dijo con calma.

– Oh, por lo tanto es mi culpa – Rose dijo de mala gana mientras bufaba.

Me sentí muy aliviada cuando vimos aparecer ante nuestros ojos el pueblo… pero pasamos de largo.

"Venga ya…" Me quejé. "¿Adónde demonios vamos?"

Sin molestarse en mirar hacia atrás, donde yo estaba, Yeva volvió a hablar.

"La abuela dice que el tío Dimka no se quejaría tanto." Tradujo Paul.

Nada de aquello era culpa de Paul; él solo era el mensajero. Pero cada vez que hablaba me daban ganas de darle una patada.

– Siendo sincera no lo habría hecho – Rose dijo con calma, tardo unos segundos en volver a hablar mientras consideraba su respuesta – Probablemente

– Bueno pues, probablemente, te habrían hecho cargar con más cosas – Dimitri dijo riendo ligeramente.

– Seguro que lo habría hecho – Rose asintió.

Aun así seguí llevando mi carga y no volví a decir nada durante el resto de la caminata. Yeva tenía razón hasta cierto punto. Era verdad que yo era una cazadora de strigoi y que Dimitri nunca se habría quejado por los caprichos de esa anciana loca. Habría cumplido con su obligación pacientemente.

– Es la diferencia de él y de ti – Dijo Christian riendo.

Intenté evocarlo mentalmente y sacar fuerzas de él. Pensé otra vez en aquel tiempo que habíamos pasado en la cabaña, en la sensación de sus labios sobre los míos y en el increíble olor de su piel al apretarme contra él. Podía oír su voz una vez más, murmurándome al oído que me quería, que era preciosa, que yo era la única… Pensar en él no me libró de la incomodidad de caminata con Yeva, pero la hizo un poco más soportable.

– ¿Dónde está las peleas? En serio, se vuelve tedioso. ¿Cuándo le sacas un ojo a alguien o le perforas el corazón a otro? – Se quejó Adrian aburrido – Todo esto puede ser lindo, pero también es molesto…

– Molestamente aburrido. Créeme, sería mejor eso que tener que darles a todos detalles de mi vida personal – Rose asintió.

Caminamos durante casi una hora más antes de llegar a una casita. En aquel momento estuve a punto de caerme redonda de puro alivio, empapada en sudor como estaba. La casa tenía una sola planta y estaba construida con simples tablas marrones gastadas. Pero las ventanas se hallaban rodeadas por tres de sus lados por unos postigos azules exquisitos y muy estilizados cubiertos por un diseño blanco. Era el mismo del color para llamar la atención que había visto en los edificios de Moscú y San Petersburgo. Yeva llamó a la puerta. Al principio solo hubo silencio y yo sentí pánico al pensar que tendríamos que dar media vuelta y volver por donde habíamos venido.

– Sufrí un micro infarto – Rose dijo con una mano en el corazón.

– Realmente te quejas mucho para un trabajo tan sencillo – Eddie se rió.

– Las cosas pesaban, vale… – Rose bufó mientras Eddie le enseño una sonrisa dentada.

Finalmente, una mujer abrió la puerta; era una mujer moroi. Tendría unos treinta años, era muy guapa, con los pómulos marcados y el pelo rubio rojizo. Soltó una exclamación de sorpresa al ver a Yeva, sonrió y la saludó en ruso. Nos miró a Paul y a mí, se apartó a un lado rápidamente y nos hizo un gesto para que entrásemos.

Empezó a hablar en inglés en cuanto se dio cuenta de que yo era estadounidense. Toda aquella gente bilingüe era asombrosa; no es algo que se vea muy a menudo en Estados Unidos. Señaló una mesa y me dijo que dejara todo lo que llevaba allí, y yo lo solté aliviada.

"Me llamó Oksana." Me dijo estrechándome la mano. "Mi marido, Mark, está en el jardín y vendrá pronto."

– ¿Oksana? – Abe murmuró acariciando su mentón.

– Muchas cosas raras sucedieron en este viaje… – Rose murmuró – Y probablemente esta sea la más grande

"Yo soy Rose." Respondí.

Oksana nos invitó a sentarnos en unas sillas. La mía era de madera y de respaldo recto, pero en ese momento me pareció tan buena como una cama bien mullida. Suspiré de felicidad y me enjugué el sudor de la frente. Mientras, Oksana empezó a desembalar las cosas que yo había llevado.

Las bolsas estaban llenas de sobras del funeral. La caja de arriba contenía unos cuantos platos y ollas que, según Paul, Oksana les había prestado hacía un tiempo. Oksana llegó por fin a la caja de abajo e, increíblemente, esa caja estaba llena de ladrillos para el jardín.

– ¿Es una broma? – Se rieron todos mientras Rose se cruzaba de brazos.

– ¿Pueden creerlo? ¡Sabía que eran ladrillos! – Rose dijo con un fuerte golpe en la mesa.

– Dios, y tuvo que cargar con ellos todo el camino – Eddie hizo una mueca mientras aguantaba la risa.

"Esto tiene que ser una broma." Exclamé. Desde el otro lado del salón Yeva me miró con aire de suficiencia.

Oksana estaba encantada con los regalos.

– No fueron tan fáciles de llevar – Rose se estremeció de solo recordar el peso sobre ella.

"Mark se alegrará mucho de que hayáis traído estas cosas." Me sonrió "Ha sido muy amable por tu pate cargar con todo esto hasta aquí."

"Encantada de ser de ayuda." Respondió formalmente.

– Con lo que se ha quejado, en realidad no me lo creo – Dijo Sydney con una mueca.

– A ella le gusta ayudar, pero tiende a quejarse mucho durante el camino – Lissa asintió.

Rose se encogió de hombros – La gente suele abusar de la amabilidad de otros –

Se abrió la puerta de atrás y entró un hombre; Mark, lo más seguro. Era alto y de complexión robusta, y el pelo que empezaba a encanecerle indicaba que era mayor que Oksana.

– Atención, porque aquí comienza lo interesante. Con estos dos – Rose dijo alzando un dedo.

– ¿De qué hablas? – Preguntó Christian.

– Estoy segura de que lo averiguaran pronto – Rose asintió.

Se lavó las manos en el fregadero de la cocina y después volvió para hacernos compañía. Estuve a punto de soltar una exclamación cuando vi su cara y descubrí algo más extraño que la diferencia de edad. Era un dhampir. Durante un momento me pregunté si sería alguna otra persona y no su marido, Mark. Pero ese era el nombre que había utilizado Oksana para presentarle y entonces comprendí la verdad: una pareja de una moroi y un dhampir, casados. Seguro que surgían muchos romances entre nuestras dos razas pero, ¿casados? Eso era un gran escándalo en el mundo moroi.

– Seguro que ella es la que hace más problemas por todo – Dijo Adrian con calma – ¿Eso era lo interesante?

– Casi, pero no. Hay algo más interesante frente a todo esto – Rose dijo con una sonrisa.

Intenté no aparentar sorpresa y me comporté tan educadamente como pude. Oksana y Mark parecían muy interesados en mí, aunque ella fue la que habló más.

– Seguro porque no te conocían – Dijo Mia con calma.

– Sí, pero… – Rose sonrió asintiendo un par de veces – Tal vez lo hacían más de lo que yo pensaba

– Ni que tuvieras fama mundial –

– Eh, mi nombre se ha dado a conocer a muchas personas – Rose le sonrió a Christian con orgullo – No está mal, si lo pienso bien

– Eres una engreída – Se burló Christian.

Mark solamente me miraba con curiosidad. Yo llevaba el pelo suelto, así que mis tatuajes no podían revelar mi estado de no sometida a juramento. Tal vez solo se estaba preguntando cómo una chica americana había encontrado la forma de llegar hasta allí, en la mitad de la nada. O quizá pensase que era una nueva incorporación al grupo de prostitutas de sangre.

– ¿Nunca pueden haber pensamientos buenos contigo, verdad? – Murmuró Eddie.

– Tengo buenos pensamientos de vez en cuando, en estos momentos no porque estoy pensando en cómo destruir todos esos libros – Dijo Rose con una sonrisa fingida.

– ¿No te aburres de eso? Te has quejado durante mucho tiempo y aun vemos los libros aquí – Adrian dijo con aires despreocupado.

– Tienes razón, debería ponerme en marcha – Rose asintió.

Después de tomarme mi tercer vaso de agua, empecé a sentirme mejor. Era casi la hora a la que Oksana había dicho que comeríamos y mi estómago ya estaba preparado. Oksana y Mark se pusieron a preparar la comida juntos y rechazaron todos los ofrecimientos de ayuda.

Ver trabajar a la pareja era fascinante. Nunca había visto un equipo tan eficiente. Ninguno estorbaba al otro y no necesitaban hablar de lo que tenían que hacer a continuación; simplemente lo sabían. A pesar del lugar tan remoto donde estábamos, el equipamiento de la cocina era moderno y Oksana metió un plato de guiso de patatas en el microondas. Mark le estaba dando la espalda mientras buscaba en la nevera, pero en cuanto ella le dio al botón de encendido, él dijo:

"No, no hace falta que lo pongas tanto tiempo."

Parpadeé por la sorpresa y miré alternativamente a uno y a otro. Él ni siquiera había visto el tiempo que ella había seleccionado. Entonces lo entendí.

– ¿Qué cosa? – Eddie frunció el ceño.

"Tenéis un vínculo." Exclamé.

Hubo un silencio repentino en el cual sin esperar ni un segundo al acabar la oración tanto Lissa como Adrian abrieron los ojos de golpes. Con expresiones confundidas, los demás parecían esperar a que la lectura continuara, pero fue Adrian quien habló antes de que se reanudara la lectura.

– Entones son ellos de quienes hablabas cuando volviste a la academia – Dijo él con interés repentino.

– Ahora entiendo a qué te referías con que las cosas se volverían interesante – Lissa asintió ligeramente.

– Ustedes y su magia rara. Son el trío calavera por excelencia. Nunca lograré comprenderlos al cien por ciento – Dijo Abe con una mueca en los labios.

– Como nosotros – Lissa dijo con una sonrisa.

Ambos me miraron con idéntica sorpresa.

"Sí. ¿No te lo ha dicho Yeva?" Preguntó Oksana.

Le lancé una breve mirada a Yeva, que otra vez tenía esa expresión de autosuficiencia en la cara.

– Maldita vieja – Rose se quejó.

"No. Yeva no ha estado muy comunicativa esta mañana."

"Casi toda la gente de por aquí lo sabe." Dijo Oksana volviendo a su trabajo.

"Entonces… utilizas el espíritu"

Eso hizo que Oksana se detuviera de nuevo. Ella y Mark intercambiaron miradas asombradas.

– Creo que no esperaban a que supieras que magia utilizaban – Dijo Eddie con cautela.

– Debí haberme ido contigo – Lissa gimió molesta – Ojala lo hubiera hecho

"Eso no es algo que sepa todo el mundo." Dijo por fin.

"La mayoría de la gente piensa que tú no te has especializado, ¿verdad?"

"¿Cómo lo has sabido?"

– Experiencia propia – Rose respondió con calma.

Porque así exactamente había sido con Lissa y conmigo. Las historias sobre los vínculos siempre habían existido en el folclore moroi, pero cómo se formaban los vínculos era un misterio. Siempre se había creído que era algo que «simplemente ocurría». Como Oksana, a Lissa siempre la habían considerado una moroi no especializada, es decir, sin ninguna habilidad especial con un elemento. Pero, por supuesto, nosotras sabíamos ahora que el vínculo solo se produce con personas que utilizan el espíritu cuando salvan la vida de otros.

– Literalmente – Rose dijo con calma.

– Y parece ser que es irrompible – Lissa torció los labios considerando sus palabras – y que solo puede ir en una dirección, porque por más que lo intento solo logro obtener fragmentos desordenados provenientes de ti

– Hay mucho que no sabemos ahora mismo sobre el espíritu – Rose alzó la mirada hacia el techo mientras pensaba en todo lo que había tenido que pasar desde que Lissa comenzó a usar su magia, la forma en cómo se sentían ambas y como era sentirse como un individuo solamente y a la vez como dos individuos. Sacudió la cabeza y luego resopló pensando.

– También es posible acceder a los demás elementos – Adrián dijo con seriedad provocando que ambas chicas, Rose y Lissa, dieran un salto sorprendidas por un segundo, acto que paso por desapercibido por todos o sencillamente nadie le pensó que se tratase de algo importante. – Aunque es peligroso. Demasiado peligroso.

«¡Él lo sabe!» La voz de Lissa, complemente en pánico, resonó en la cabeza de Rose mientras la muchacha intentaba mantener una mirada calmada para evitar que la chica las delatara a ambas. En realidad no creía que Adrián lo supiera, pero si lo hacía entonces le sorprendía mucho el hecho de que se lo hubiera guardado por tanto tiempo siendo que cuando los demás se enteraron de lo que él estaba haciendo rápidamente lo detuvieron. Evidentemente, Rose pensaba que Adrián las habría detenido al instante de conocer la información de los hechos.

– Tienes razón, es por eso que no hay que hacerlo – Rose asintió con calma. Le echó una mirada significativa a Lissa y luego volvió a hablar – No necesitas usar esa magia tan peligrosa

Lissa le frunció el ceño por un momento, y Rose deseaba que ella entendiera que solo lo decía para alejar las dudas de los demás, sin embargo la rubia en realidad no parecía captarlo por unos minutos hasta que finalmente asintió.

Algo en la voz de Oksana me desveló que no le sorprendía del todo que yo lo supiera. No tenía ni idea de cómo podía haberse dado cuenta, pero estaba demasiado sorprendida por lo que acababa de descubrir para poder decir más. Lissa y yo nunca, jamás, habíamos conocido a otra pareja con un vínculo. Los únicos de los que sabíamos algo eran de los legendarios Vladimir y Anna. Pero esas leyendas estaban sepultadas bajo siglos de historia incompleta, y eso hacía distinguir la verdad de lo que no era más que una ficción.

– Efectivamente, actualmente es difícil encontrar algo sobre ellos – Dijo Christian asintiendo.

– Pero es real – Jill dijo mirando a todos – Ustedes son la prueba

– No sé si me guste ser la prueba de ello – Rose murmuró – Aún tengo esa clase de sueños en los que experimentan con nosotros

Todos rieron.

Aparte de ellos, los únicos que conocíamos que tenían relación con el mundo de los espíritus eran la señora Karp, la antigua profesora que se había vuelto loca, y Adrián.

– ¿Dónde está ella? No puedo creer que se pierda este pedazo de información – Dijo curioso Christian.

– Ella y Mikhail han preferido saltarse toda la lectura y disfrutar de un tiempo para ellos mismos. Dios sabe que lo necesitan – Lissa dijo con calma mientras sonreía.

– Mejor así porque entonces son menos dos personas que escuchen la lectura de mi vida – Rose resopló.

Hasta ahora él había sido nuestro mayor descubrimiento, alguien que utlizaba el espiritu y que estaba más o menos estable (depediendo de cómo se mirase).

– ¿Qué quisiste decir con eso? –

Rose se encogió de hombros ante la mirada de Adrian.

Cuando la comida estuvo lista, no volvimos a hablar del espíritu. Oksana llevó las riendas de la conversación, hablando de temas ligeros y pasando de un idioma a otro. La estudié mientras comía, y también a Mark, buscando algún signo de inestabilidad.

– Si yo fuera ellos, te habría echado a patadas de la casa, sobre todo si me mirabas raro – Dijo Christian con calma – Y lo has hecho muchas veces

Rose sonrió despreocupada.

No vi ninguno. Parecían personas perfectamente agradables, perfectamente normales.

– Eso es decir mucho, tratándose del espíritu – Dijo Lissa con una mueca.

De no haber sabido lo que sabía, no habría tenido ninguna razón para sospechar nada. Osana no parecía deprimida ni trastornada. Mark no había heredado esa terrible oscuridad que a veces hacia mella en mí.

– ¿Dices que estoy deprimida y trastornada y tú solo tienes oscuridad? – Lissa la miro con una ceja levantada.

– Así es nuestra vida, Liss – Rose se encogió de hombros despreocupada.

Mi estómago agradeció la comida y lo que quedaba de mí dolor de cabeza desapareció. Pero en un cierto momento noté una sensación extraña. Era algo que desorientaba, una especie de cosquilleo en la cabeza y una ola de calor y después de frío helado que me atravesaba. La sensación desapareció tan rápido como había venido y yo quise creer que se trataba del último de los desgraciados efectos de aquel endemoniado vodka.

– No lo creo, si se hace alusión a eso, imposible – Abe dijo con calma.

Terminamos de comer y me levanté de un salto para ayudar. Oksana negó con la cabeza.

"No, no hace falta. Deberías ir con Mark."

"¿Cómo?" Pregunté.

Él se limpió la cara con una servilleta y se levantó.

– Ahora es cuando las cosas dan miedo, eh – Adrian dijo con una sonrisa.

"Si. Vamos al jardín."

Le seguí unos pasos y entonces me detuve para mirar a Yeva, esperando que me reprendiera por no ocuparme de los platos. Pero no encontré ninguna mala cara, ni una mirada de desaprobación. Tenía una expresión… como si ya lo supiera. Casi expectante. Algo en ella hizo que un escalofrío me recorriese la espalda y recordé las palabras de Viktoria: Yeva había soñado con mi llegado.

El jardín al que me llevó Mark era mucho más grande de lo que me esperaba y estaba rodeado de una gruesa valla y bordeado de árboles. Estos estaban cubiertos de hojas nuevas que matizaban lo peor del calor. Muchos arbustos y flores habían florecido y por todas las partes que iban camino a la madurez. Era precioso y me pregunté si Oksana habría tenido algo que ver. Lissa era capaz de hacer crecer las plantas con el espíritu.

– Un precioso jardín no suena nada mal – Lissa dijo considerándolo un momento.

Mark me señaló un barco de piedra. Nos sentamos el uno al lado del otro y se hizo el silencio.

– Incomodo – Dijo con un tono cantarín Christian.

"Bien." Dijo él. "¿Qué quieres saber?"

"Vaya. No pierdes el tiempo."

"No tiene sentido. Seguro que tienes muchas preguntas. Haré todo lo que pueda para responderlas."

"¿Cómo lo has sabido?" Pregunté. "Qué también estoy bendecida por la sombra. Porque lo sabías, ¿no?"

– Quién es la que no pierde del tiempo ahora – Se burló Eddie.

Él asintió.

"Yeva nos lo dijo."

Vale, eso era una sorpresa.

"¿Yeva?"

"Ella puede percibir cosas… Cosas que el resto de nosotros no podemos percibir. Pero no siempre entiende lo que intuye. Solo sabía que percibía algo raro en ti y que solo lo había sentido con otra persona. Y por eso te trajo hasta mí."

"Podría haberme traído sin hacerme cargar con todas esas cosas para la casa."

– Eso no es lo importante – Lissa regaño a su amiga que la miraba confundida – ¿Qué? Importa que lograste encontrarte con dos personas que están en nuestra posición también

Rose asintió.

Eso le hizo reír.

"No te lo tomes como algo personal. Te estaba poniendo a prueba. Quería saber si estabas a la altura de su nieto."

"¿Y qué importa? Está muerto." Casi se me atragantaron las palabras.

"Cierto, pero para ella sigue siendo importante. Y, por cierto, cree que estás a la altura."

"Pues tiene una forma muy extraña de demostrarlo. Aparte de traerme a conoceros, supongo."

Volvió a reír.

"Aunque no nos lo hubiera dicho ella, Oksana lo habría sabido nada más conocerte. Estar bendecida por las sombra tiene cierto efecto sobre el aura."

– El aura negra – Adrian asintió interesado en la conversación.

"Así que también puede ver las auras." Murmuré. "¿Qué más puede hacer? Debe de ser capaz de curar o tú no estarías bendecido por las sombras. ¿Tiene el don de la coerción? ¿Puede caminar por los sueños?"

Esto le pilló por sorpresa.

– No puedes ir por ahí diciendo que se puede caminar en sueños – Lissa dijo con el ceño fruncido.

– ¿Por qué no? Él lo hace todo el tiempo – Rose señaló a Adrian despreocupada, quien sonreía con una sonrisa orgulloso.

"Su poder de coerción es fuerte, sí… pero, ¿a qué te refieres con caminar por los sueños?"

"A… si es capaz de entrar en la mente de otra persona cuando está dormida. La mente de cualquiera, no solo la tuya. En esos momentos pueden tener conversaciones, como si estuvieran juntos. Tengo un amigo que puede hacerlo."

– Yo – Adrian dijo con orgullo. – Parece que soy especial…

La expresión de Mark me dejó claro que todo aquello le resultaba nuevo.

"¿Tu amiga? ¿Tu vinculada?"

– ¿Vinculada? ¿Es así como le llaman? – Preguntó Jill intrigada.

– Así parece – Rose asintió.

¿Vinculada? Nunca había oído ese término antes. Sonaba algo raro, pero tenía sentido.

"No… Otro que utiliza el espíritu."

"¿Otro? ¿Cuántos conoces?

"Tres, técnicamente. Bueno… con Oksana, cuatro."

– En realidad es un buen número – Dijo Lissa asintiendo – Y si contamos a esas dos personas, en realidad son seis

– Es un número bastante elevado para un elemento que casi ni siquiera existe en los registros históricos – Rose dijo asintiendo.

– Esperen, ¿por qué seis? – Preguntó Mia confusa – Yo pensaría que solo son cuatro

– Tenemos una vida bastante social – Rose dijo despreocupada.

Mark se giró hacia otro lado para mirar distraídamente un macizo de flores rosas.

"¡Cuántos! Es increíble. Yo solo he conocido a otra persona que utiliza el espíritu y eso fue hace años. Él también tenía un vínculo con su guardián. El guardián murió y eso lo dejó hecho polvo. Pero nos ayudó cuando Oksana y yo estábamos intentando averiguar cómo funcionaba todo esto."

– Es difícil de creer, sinceramente – Dijo Rose con calma.

– ¿Entonces conoces a siete? – Eddie preguntó confundido.

– Solo escucha la lectura, tengo la sensación de que no se perderán detalles sobre esto – Lissa dijo con una sonrisa.

– Yo también – Rose respondió de mala gana.

Yo estaba siempre preparándome para mi propia muerte y temía la de Lissa, pero nunca se me había pasado por la cabeza cómo sería teniendo el vínculo. ¿Cómo afectaría eso a la otra persona? ¿Sería como tener un agujero en el sitio donde antes había estado íntimamente vinculado con alguien?

"Él tampoco menciono nunca eso de caminar por lo sueños." Prosiguió Mark. Volvió a reírse y le aparecieron unas simpáticas patas de gallo junto a sus ojos azules. "Creía que yo te iba a ayudar a ti, pero tal vez tú estés aquí para ayudarme a mí."

– Así parece – Asintió Abe intrigado.

– Y yo sigo siendo la excepción a la regla – Dijo Adrian.

"No sé." Respondí dubitativa. "Creo que vosotros tenéis más experiencia en esto que nosotras."

"¿Dónde está tu vinculada?"

"En Estados Unidos." No tenía que dar explicaciones, pero no sé por qué sentía la necesidad de decirle toda la verdad. "Yo… la dejé."

– Y pensar que todo se hubiera podido evitar si ambas hubieran pensado con la cabeza fría – Dijo Mia con calma – Ambas son igual de terca que la otra

– Gracias – Rose dijo con aire despreocupado. – Espera, ¿qué? No es cierto

– Sí lo es – Dijeron todos al unisono. Lissa sonrió ligeramente, algo sonrojada y luego miró a su novio.

– Es probable que sea contagioso. Debe ser culpa del vínculo –

– O en realidad es que ambas en realidad son así y el vínculo no tiene nada que ver – Christian se encogió de hombros – Pero si llega a ser contagioso, espero que no se te peguen las malas costumbres de Rose

– ¿Qué quisiste decir? – Rose frunció el ceño.

– Tú sabes lo que quiero decir – Christian sonrió despreocupado.

– No, no lo sé… –

Él frunció el ceño.

"La dejaste, ¿en qué sentido? ¿Te has ido lejos, o quieres decir que la has abandonado?"

– Así suena más feo de lo que fue – Murmuró Rose con calma.

Abandonado. La palabra fue como un bofetón en la cara y, de pronto, la imagen del último día que la había visto, cuando la dejé llorando, lo llenó todo.

"Tenía cosas de las que ocuparme." Le contesté evasiva.

"Sí, lo sé. Oksana me lo ha contado."

"¿Qué te ha contado?"

Dudó un momento.

"No debería haberlo hecho… Está intentando dejarlo."

– ¿Qué cosa? – Preguntó intrigada Mia.

"¿El qué?" Pregunté, incomoda por razones que no podía explicar.

"Ella… bueno… Ha explorado tu mente. En la comida."

Volví a ese momento y recordé el cosquilleo en la cabeza y el calor que me llenaba el cuerpo.

– ¿Por qué las cosas no pueden ser tan sencillas? – Murmuró Rose.

"¿Y qué significa eso exactamente?"

"A alguien que utiliza el espíritu, el aura puede decirle cosas sobre la forma de ser de una determinada persona. Pero Oksana puede ir más allá, entrando y leyendo cierta información específica sobre la persona. A veces puede unir esa capacidad a la coerción… pero los resultados son muy, muy fuertes. Y malos. No está bien hacerle eso a alguien que no tiene un vínculo contigo."

– Wow, eso es mucho para procesar – Dijo Adrian sorprendido.

Necesité un momento para procesar toda la información. Ni Lissa ni Adrian era capaces de leer los pensamientos de los demás. Lo más cerca que Adrian podría estar de la mente de alguien era caminando por sus sueños. Lissa tampoco podía hacerlo, ni siquiera conmigo. Yo percibía lo que le pasaba a ella, pero eso no funcionaba en la otra dirección.

– Un poder más que no tengo yo y que alguien más sí – Rose suspiró.

"Oksana ha percibido… no sé cómo explicarlo. Hay una cierta inquietud en ti. Estás inmersa en algún tipo de búsqueda. Tienes la palabra «venganza» escrita en toda tu alma." De repente acercó la mano y me levantó el pelo para mirarme el cuello. "Lo suponía. No estás sometida a juramento."

Aparté la cabeza bruscamente.

"¿Y por qué eso es tan importante? Ese pueblo de aquí al lado está lleno de dhampirs que no son guardianes." Seguía cayéndome bien Mark, pero que me dieran sermones siempre me ponía de los nervios.

– Parece ser que hay cosas que nunca cambiaran – Janine sacudido la cabeza.

"Sí, pero ellos han elegido formar una familia. Tú… y los demás como tú… os convertiréis en una especie de justiciero. Estás obsesionada con cazar strigoi tú sola, con arreglar personalmente todo lo malo que esa raza ha hecho caer sobre nosotros. Eso solo puede traerte problemas. Lo veo muy a menudo."

– Dio en clavo con ella – Eddie asintió.

Rose gruñó.

"¿A menudo?" Le pregunté sorprendida.

"¿Por qué crees que el número de guardianes está disminuyendo? Lo dejan para dedicarse a sus familias. O se van, como tú, para seguir luchando sin responder ante nadie… a menos que los contraten como guarda espaldas o cazadores de strigoi."

"Dhampir contratados…" De repente empecé a comprender cómo alguien que no pertenecía a la realiza como Abe había conseguido tener guardaespaldas. El dinero lo puede todo. "Nunca había oído hablar de nada de eso."

"Claro que no. ¿Crees que los moroi y los otros guardianes quieren que lo sepa todo el mundo? ¿Quieres que te lo muestren abiertamente y lo presenten como una opción de futuro?"

– No suena tan mal como parece – Murmuró Rose para que nadie la escuchara aunque en realidad si lo pensaba bien y recordaba todo lo que Mark le dijo, era buena idea pensárselo dos veces antes de apoyar o rechazar.

"No veo dónde está el problema con cazar strigoi. En lo que respecta a los strigoi, siempre estamos a la defensiva, nunca a la ofensiva. Tal vez si hubiese más dhampir siguiéndoles la pista, no supondrían un problema tan grande."

"Tal vez, pero hay diferentes formas de abordar eso, unas mejores que otras. Ir por ahí como tú, con un corazón lleno de dolor y venganza, no es una de las mejores. Esto te hace ser descuidada. Y la oscuridad de los bendecidos por la sombra no hará más que complicar las cosas."

– Por una vez creo que deberías escuchar a los demás – Aconsejó Christian.

– Meh, paso – Rose sacudió la mano.

Me crucé de brazos y me quedé mirando hacia delante, impávida.

"Sí, bueno, pero no puedo hacer gran cosa."

– ¿Qué sucede camarada, ya te has aburrido? – Se burló Rose al ver la mirada seria en el rostro de Dimitri. Hubo un silencio, confundido por parte de todos, pensando que se trataba del final.

– Queda algo más, y es verdaderamente interesante – Dimitri dijo con sorpresa en su voz.

– ¿Qué cosa? – Rose torció los labios. Excavó en su memoria, recordando todo lo que le había contado a Lissa sobre sus nuevos conocimientos y ella estaba segura de que no había dejado nada afuera, y también estaba segura de que todos los presentes conocían lo mismo que ellas así que en realidad se preguntó qué más pasó en ese momento que lo tenía tan atónito.

Se volvió hacia mí una vez más con una expresión de sorpresa.

"¿Por qué no le pides a tu vinculada que cure la oscuridad que hay en ti?"

– Espera, ¿eso se puede? – Preguntó Adrian sorprendido.

– Aparentemente – Lissa dijo con un tono de voz ahogado antes de mirar a Rose – ¿Por qué no me lo dijiste?

La muchacha frunció el ceño mientras intentaba recordar que había sucedido exactamente, pero se encogió de hombros con una disculpa.

– ¿De qué se trata? – Abe preguntó.

– Es todo. Se acabó – Dijo el guardián mientras daba vuelta a la página para asegurarse de que no continuaba a la vuelta.

– ¿Cómo puede terminar ahí? – Adrián gruñó.

– Pues ahí termina – Dimitri extendió el libro al centro de la mesa antes de mirar a los demás – ¿Alguien más sigue?

– Necesito un descanso – Rose resopló mientras sacudía la cabeza.

Continuará…


N/A: Bueno eso ha sido todo por hoy, espero que les haya gustado el capítulo.

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Se despide Lira12.