Resumen:La lectura de un libro lleno de oscuridad por in ha terminado, la recta final está a solo tres libros de distancia y cuando todo parecía tranquilo, las cosas comienzan a tomar una intensidad memorable. Entre risas y burlas, Rose tiene que recordarse a sí misma y una y otra vez que una de las razones por la cual lee el libro es solo para cerrar un capítulo de su vida, esperando que Dimitri hiciera lo mismo. El deseo de Lissa por el vínculo ya no existe más, siendo reemplazado por el deseo de querer usar la magia como arma defensiva, ¿podrá acaso controlar los cuatro elementos con la ayuda de su bendecida por la sombra?
~ Debo decir que la saga Vampire Academy fue un libro escrito por Richelle Mead
~ Leyendo el Pasado IV ~
Leyendo el capítulo
once
Lissa respiró hondo el aire que la rodeaba con la suave brisa de la mañana y estirando su cuerpo mientras sus músculos se contraían ligeramente. Volvió a mirar hacia donde la chica se encontraba su mejor amiga sentada contra el árbol mientras inspeccionaba una hoja de papel sin dejar de mirarle.
– No importa cuanto lo intentes, no tendrás ninguna respuesta por parte de ese papel – Se burló la muchacha ligeramente mientras movía los brazos de adentro hacia afuera.
– Por qué tienes que arruinar mis sueños – Suspiró Rose despreocupada – Y eso que hago el sacrificio de levantarme temprano
– ¿Oh en serio? – Se rió la muchacha mientras alzaba un dedo hacia unas velas qué estaban esparcidas en el suelo – Estoy lista
– Suerte, Lis – Murmuró despreocupada la muchacha, sin prestarle atención.
– Rose, al menos mírame –
– Está bien. Está bien – La chica se puso en pie mientras caminaba hacia donde estaba las velas – Dime, ¿qué harás hoy?
Lissa señaló las velas con una sonrisa – Quiero encender todas las velas al mismo tiempo – Cuando la muchacha abrió la boca para hablar, la chica alzó un dedo para callarla – Y no nos iremos de aquí hasta que estén todas encendidas
– Okey – La morena alzó las manos con una sonrisa – Adelante
– Gracias – Asintió la joven mientras alzaba las manos hacia las velas. Hizo una mueca y luego las dejo caer de golpe – No se encienden
– ¿Si quiera lo intentaste? – Se rió Rose calmadamente.
– Sí –
– Lis… –
– Vale, no, no lo intenté – Sacudió la cabeza – Quiero hacer esto, pero sigo pensando en la lectura del libro y no ayuda a que tú estés con la nariz pegada a ese papel todo el día
– Lamento tener interés en otra cosa – Rodó los ojos – ¿Y bien? ¿Qué intentas?
– La idea es sencilla, quiero poder tener absoluto control sobre todos los elemtnos, aunque sea el m´sa pequeño y parece ser que tanto la tierra como el fuego me dan problemas –
– ¿Ya probaste con la tierra? – Preguntó Rose sorprendida.
La joven se encogió de hombros – Tú no estabas presente. Intente causar un temblor, pero apenas se sacudió el polvo –
– Ya, pero puedes hacer crecer flores y plantas, eso contaría como tierra – Rose dijo con calma – Entonces diremos que es el fuego el mayor problema
– Un gran problema – Lissa dijo mientras desviaba la mirada. Alzó las cejas sorprendida y alarmada, provocando que Rose volteara a mirar hacia la casa con interés y entonces vio a Christian acercándose a ambas. Rápidamente la joven reina camino hasta su novio y lo tomó del brazo llevándolo a la dirección contraria mientras observaba a lo lejos a su amiga patear todas las velas para esconderlas.
Tampoco es que tuvieran algo que esconder, pero tener tantas velas allí podría resultar extraño para alguien y no había excusa que valga la pena para usarla.
– Entonces, ¿dónde está Adrián? – Preguntó con interés ella.
Christian se encogió de hombros despreocupado – No lo sé, no me importa tampoco. Estaba pensando en que podríamos hacer algo juntos –
– Oh, sí – Miro por el hombro del chico y se sintió aliviada cuando vio a Rose dejarse caer contra el árbol cuando las velas ya no estaban – Pero quiero seguir la lectura. Quiero saber más sobre esta supuesta cura para la oscuridad… y creo que Rose necesita respuestas
– ¿Respuestas? –
– En serio no te has preguntado cómo fueron a dar sus pensamientos a ese libro – Ella alzó una ceja sorprendida – Me tiene intrigada. Siento que hay algo que no estoy viendo en ese libro
– ¿Algo cómo qué? –
– No lo sé, simplemente algo – Ella se encogió de hombros.
– Está bien – Asintió él mostrando poco interés – Será luego una cita
– Por supuesto – Ella asintió con una sonrisa antes de besarlo en la mejilla. Le pidió de favor al muchacho que reuniera a todos y cuando él se alejó, ella regreso hacia su amiga. Señaló las velas pisoteadas y con indignación las apuntó mientras la miraba a ella – Esas eran velas importantes
– Estoy segura de que Christian y tú pueden aguantar un par de noches sin gestos románticos – Dijo Rose con calma mientras agachaba la cabeza.
– ¿Te encuentras bien? Ese fue el insulto más débil que te he oído decir – Rió entre dientes – y Dios sabe que he oído muchos provenir de ti
– Sí, solo… algo mareada –
– ¿De nuevo? ¿No habías tenido este problema antes? –
– ¿Lo tuve? – Le frunció el ceño vagamente – Ah, cierto, cuando pensabas que estaba embarazada – Se rió suavemente – Que locura más grande
– Como ahora – Lissa hizo una mueca y luego miró las velas – Tal vez sea por mi magia
– Lo sé, lo sé. Pensé lo mismo – Rose asintió – Pero nunca me he sentido así antes
– Estoy intentando usar dos elementos al mismo tiempo, el espíritu y otro más, a eso sumémosle que estoy intentando que funcione con los cuatro. ¿Cómo lo llamaste, quemarnos en magia? Estoy pensando que se trata de eso – Lissa se inclinó ligeramente. Acarició la sien de la muchacha y permitió que su magia hiciera su trabajo, esperando que el rostro de ella ganara algo de color nuevamente.
– Estoy segura de que sanar un problema de magia con magia solo lo empeorará – Se burló Rose suavemente – Gracias
– Tranquila. Ambas sabíamos que estos problemas llegarían tarde o temprano. En lo que me respecta, me sorprende que sea más tarde que temprano – Admitió ella.
– ¿Dónde está el anillo que te di? – Preguntó ella.
– En mi bolsillo. Estoy segura de que un anillo en mi dedo solo causaría sospechas – Rose dijo con calma – Sobre todo si es de plata y Adrian puede sentir la magia
– ¿Él lo sabe? –
– Por supuesto que lo sabe, no es estúpido – Rose dijo con calma – Creo que está esperando para decirlo o tal vez piense que es el típico acto de magia para evitar que yo ataque los libros con mis propias manos
Lissa se rió – Tienes razón. Creo que no estamos siendo tan precavidas como pensábamos –
– Estoy bien – Dijo la morena mientras se ponía en pie – Seguiremos con lo que estábamos y luego ya veremos qué hacer
– Hay que tener cuidado – Rose asintió preocupada mientras seguía a la muchacha hacia el interior de la casa – Si alguien más se entera de esto entonces nosotras estaremos en graves problemas
– O podrías hacer abuso de tu poder para que nadie meta las narices. No me refiero al espíritu sino al puesto de reina – Bromeo Rose ganándose una mala mirada de la muchacha.
– Buen intentó – Lissa asintió.
Dentro de la casa, la muchacha morena frunció el ceño cuando vio a todos reunidos. Alzó un dedo mientras retrocedía hacía en jardín.
– Creo que prefiero volver a lo que estábamos haciendo antes – Sintió la mano en su hombro.
– No lo creo. Tenías interés en la nota, ¿no? Entonces resolveremos esto rápidamente – Dijo Lissa sonriendo.
– ¿Qué quieres decir? – La miro con desconfianza.
– Maratón de lectura – Respondió como si fuese obvio. Arrastró a la muchacha hacia los asientos vacíos y luego asintió a quien tuviera el libro en sus manos, que residía en el regazo de Jill.
– ¿Una maratón? Por favor, por qué no solo me encierras sin agua y sin comida, ese es mejor castigo y tortura – Rose gimió.
– ¿Quién iba a pensar esto era lo único que necesitaban para hacerle daño? – Se rió Adrián.
– Jill, adelante – Lissa dijo con una sonrisa.
– Capítulo once – Dijo ella con calma.
Me quedé mirando a Mark durante varios segundos. Después conseguí preguntar estúpidamente:
"¿Has dicho… curar?"
– Es verdad, nos quedamos allí – Dijo Adrian con interés.
Mark me devolvió la mirada con idéntica sorpresa.
"Sí, claro. Ella puede curar otras cosas, ¿no? ¿Por qué no curar eso también?"
– Entonces se puede – La moroi volteó a mirar hacia su amiga sorprendida.
"Porque…" dije con el ceño fruncido. "No tiene sentido. La oscuridad… todos los efectos negativos… Vienen de Lissa. Si ella pudiera curarlos, ¿por qué no se los cura a sí misma?"
– Buena pregunta – Mia asintió – y bastante valida
"Porque en ella están demasiados arraigados, demasiado unidos a su ser. No puede curarlos igual que otras cosas. Pero una vez que tú lo has extraído de tu vínculo, es como si fuera una enfermedad más."
– Yo estaba casi en shock – Rose asintió.
– No me dijiste sobre esto – Lissa dijo ocultando la mueca de dolor.
– Creo que sí lo hice – Rose asintió.
– Creo que yo recordaría algo así – La joven asintió hacia el libro.
El corazón me latía con fuerza en el pecho. Lo que sugería era tan ridículamente fácil… No, era ridículo y punto. No podía ser que, después de todo lo que habíamos pasado, Lissa pudiera curar toda mi rabia y mi depresión igual que un resfriado o una pierna rota.
– Suena tan fácil – Dijo Adrian con calma.
Victor Dashkov, a pesar de sus intenciones malvadas, sabía muchísimas cosas sobre el espíritu y nos la había explicado; los otros cuatro elementos eran de una naturaleza más física, pero el espíritu venía de la mente y el alma. Utilizar toda esa energía mental para lograr cosas tan poderosas no podría hacerse sin sufrir efectos secundarios devastadores. Nosotras habíamos estado luchando con esos efectos desde el principio, primero Lissa y después de yo. No podían desaparecer así como así.
– ¿Por qué no? – Christian preguntó con calma y despreocupado.
– Esto es a lo que yo llamo Regalos de la vida – Adrián asintió.
– Solo estabas frustrada porque no lo sabías de antes – Asintió también Lissa, con completo interés en ello.
"Si eso fuera posible." Dije en voz baja. "Entonces todo el mundo lo haría. La señora Karp no habría perdido la cabeza. Anna no se habría suicidado. Lo que dices es demasiado fácil." Mark no sabía de quién estaba hablando, pero eso no era relevante para lo que quería transmitirme.
"Tienes razón. Y no es nada fácil. Requiere un cuidadoso equilibrio, un círculo de confianza y fuerza entre dos personas. A Oksana y a mí nos llevó mucho tiempo aprender… muchos años difíciles…"
Su expresión se oscureció. Solo podía alcanzar a imaginarme cómo habían sido esos años. El breve tiempo con Lissa había sido bastante duro. Ellos habían tenido que vivir con eso mucho más tiempo que nosotras. Seguro que había sido insoportable en algunos momentos. Lentamente, todavía sorprendida, me atreví a creer en sus palabras.
– Cómo es que no recordabas esto – Preguntó Abe con interés.
Rose inclinó la cabeza mirando hacia el suelo unos segundos, luego habló a Abe sin despegar la mirada de un punto x en el suelo – Estoy casi segura de qué nada de esto es lo que imaginan – Podía sentir el ardor de la plata en su bolsillo.
– ¿Qué quieres decir? – Lissa preguntó.
– Creo que lo sabes bien – Rose asintió con calma.
"¿Pero ahora estáis bien?"
– Creo que eso es mucho pedir – Alguien dijo con calma.
"Hum…" Vi el destello de una sonrisa triste en sus labios. "Yo no diría que estamos perfectamente. Ella solo puede hacer lo que está en su mano, pero eso hace que la vida sea más soportable. Va espaciando las curaciones todo lo que puede mientras podemos soportarlo, porque se entrega demasiado. Son agotadoras y limitan sus poderes totales."
– Eso apesta – Lissa hizo una mueca de dolor imaginario quemando dentro de sí.
"¿Qué quieres decir?"
Él se encogió de hombros.
"Todavía puede hacer las otras cosas… las curaciones… la coerción… pero no al nivel que las haría si no estuviese siempre curándome a mí."
Mis esperanzas comenzaron a desvanecerse.
"Ah. Entonces… No podría. Yo no podría hacerle eso a Lissa."
– Siempre pensando en los demás, eh – Adrian dijo con calma mientras observaba a Rose y a Lissa. Ninguna de las dos chicas lo miró o dijo algo, ambas tenían a mirada en el vacío como si estuvieran hablando entre sí, pero por lo que él sabía les era imposible. Lo que fuera en lo que estaban concentradas, eran pensamientos apartes para cada una, pero seguro que iban en la misma dirección.
"¿En comparación con lo que ella e está haciendo a ti? Rose, tengo la sensación de que ella diría que es un trato justo."
– A mí me lo suena – Asintió Christian, sorprendentemente.
Rose hizo una mueca. Lissa sabía que era un trato justo, pero podía ver la mirada de Rose y ella sabía sin preguntarlo que la morena seguía de pie con lo que había dicho y seguiría de pie con ello. Por otro lado, las pocas veces que Lissa había tenido que darle algo de plata con espíritu incrustado –como ahora el anillo– había sido obligándola y siempre aceptaba a regañadientes.
Volví a pensar en nuestro último encuentro. Recordé cómo la había abandonado a pesar de sus súplicas. Pensé en lo mal que lo estaba pasando por mi ausencia, en cómo se había negado a curar a Dimitri cuando yo creía que aún había esperanzas para él. Ambas nos habíamos portado mal la una con la otra.
– Es una forma suave de decir – Dijo Abe con calma.
Negué con la cabeza.
"No lo sé." Dije con un hilo de voz. "No sé si pensaría eso."
Mark me miró largamente, pero no insistió. Levantó la vista hacia el sol, casi como si al verlo pudiese adivinar qué hora era. Seguramente podía. Al mirarlo, pensé que sería capaz de sobrevivir en plena naturaleza.
"Los otros se estarán preguntando qué nos habrá pasado. Antes de irnos…" Metió la mano en el bolsillo y sacó un anillo de plata pequeño y sencillo. "Aprender a curar lleva su tiempo. Lo que me preocupa ahora mismo es ese rollo justiciero que te traes. La oscuridad no hará más que empeorarlo todo. Toma esto."
– ¡Si se puede! – Lissa dijo de golpe – Pensé que hablabas de la plata encantada, pero no es así. Son dos cosas apartes
– ¿De verdad? – Rose hizo una mueca mientras desviaba la mirada.
– Y lo sabías, pero no ibas a decírmelo –
– No, no. Claro que lo haría – Dijo Rose con una mueca – Quizá lo olvide
– ¿En serio? – Se burló Lissa con una mueca.
– Lo siento, aunque estoy casi segura de que sí te lo dije y esta conversación se repetirá cuando pida mi disculpas – Aseguró la morena.
– Ya lo veremos – Declaró la muchacha.
Rose sonrió ligeramente.
Me tendió el anillo. Vacilé, pero al final lo tomé en mis manos.
"¿Qué es?"
– Creo que se trata de un anillo. Verás, son adornos que se usan en los dedos o a veces en cadenas. Algunos son de propuesta de matrimonio y los que parecen argollas en su mayoría son para simbolizar un matrimonio – Explicó Adrian con calma.
– Creo que ella no se refería a eso – Mia sacudiendo la cabeza.
– Tratándose de Rose… nunca se sabe – Christian se burló.
– No necesito enemigos si tengo amigos como ustedes – Rose murmuró de mala gana.
"Oksana lo ha infundido con el espíritu. Es un amuleto con un hechizo curativo."
Una vez más me quedé sombrada. Los moroi hechizaban objetos con los elementos constantemente. Las estacas estaban hechizadas con los cuatro elementos físicos, y eso las hacía letales para los strigoi. Victor había hechizado un collar con la magia de la tierra, utilizando la naturaleza básica de la tierra para convertir el collar en un hechizo de lujuria. Hasta el tatuaje de Sydney era un tipo de hechizo. Supuse que no había razón para que el espíritu no pudiera hechizar objetos también, pero nunca se me había ocurrido, probablemente porque los poderes de Lissa eran todavía demasiado nuevos y extraños.
– Los objetos de plata – Dijo Christian asintiendo.
Hubo varias cabezas asintiendo, pero fue Lissa quien dio un salto sorprendida mientras miraba a Rose.
– ¡Eso es! – Ella dijo con vehemencia – Eso es lo que no encaja
– ¿De qué hablas? – Christian dijo confundido.
– Te lo dije, había algo en estos libros que no encajaba bien. Es como si lo tuviera delante de mis narices pero aun así no puedo verlo y eso es – Lissa señaló a los libros acumulados.
– ¿Un libro? –
– No, Rose, los libros. Están encantados con magia, ¿recuerdas? Espíritu, pero no son de plata – Ella dijo rápidamente – No tienen nada de palta y si la tuviera oculta eso no es suficiente. Estos libros son mágicos, ¿recuerdas que las letras solo aparecen cuando se termina la lectura de uno? Eso es por la magia que tienen dentro, pero jamás me di cuenta de que no incluían plata – Lissa hizo una mueca – Algo está mal aquí
– Entiendo lo que quieres decir – Rose asintió intrigada – Está bien. Ya lo descubriste, ¿qué sigue ahora?
– No tengo ni idea – Lissa hizo una mueca.
– Podríamos continuar con el libro… – Jill dijo con timidez mientras alzaba los libros.
Las dos chicas la miraron como si les hubieran reventado una burbuja en la que solo ambas se encontraban. De pronto, Lissa fue consciente que aquello lo había dicho en voz alta y no en la cabeza de Rose o incluso en privado para ambas.
Se sonrojo un poco por dejarse llevar y luego vio a su mejor amiga sonreírle para dejar el tema por un rato.
"¿Qué hace? Quiero decir, ¿para qué tipo de curación sirve?"
"Te ayudará con tus cambios de humor. No puede librarte de ellos, pero los mejorará… Te ayudará a pensar con más claridad. Puede que incluso evite que te metas en líos. Oksana hace estas cosas para mí, para ayudare entre una curación y la siguiente." Empecé a ponérmelo en el dedo, pero él negó con la cabeza. "Guárdalo para cuando estés totalmente fuera de control. La magia no dura para siempre. Va desapareciendo poco a poco, como cualquier otro hechizo."
Clavé la vista en el anillo y mentalmente empecé a abrirme a toda clase de nuevas posibilidades. Después me lo guardé en el bolsillo del abrigo.
Paul sacó la cabeza por la puerta trasera.
"La abuela quiere irse ya." Dijo. "Quiere saber por qué tardas tanto y dice que te pregunte por qué haces esperar a una persona tan anciana como ella que sufre de la espalda."
Las risas no se hicieron esperar.
Recordé la rapidez con la que caminaba Yeva mientras yo sufría con la carga. En ese momento no me pareció que tuviera mal la espalda… Pero de nuevo recordé que Paul solo era el mensajero, así que me guardé mi comentario.
– En mi vida lo imagine, tú callada en lugar de protestar – Dijo Christian sacudiendo la cabeza.
"Vale. Ahora mismo voy." Cuando se fue, negué con la cabeza. "Es difícil estar a la altura." Me encaminé a la puerta, pero me volví para mirar a Mark cuando algo se me pasó por la cabeza. "Me estás diciendo que ir por tu cuenta es malo… pero tú tampoco eres un guardián."
Volvió a sonreír con una de esas tristes e irónicas sonrisas.
"Lo era. Pero Oksana me salvó la vida. Quedamos unidos por el vínculo y con el tiempo nos enamoramos. Después de eso no podía soportar estar separado de ella y los guardianes me habrían asignado a alguna otra parte. Tuve que dejarlo."
"¿Fue difícil?"
– Creo que estabas haciendo preguntas de más – Dijo Eddie con una mueca.
– Creo que tenía curiosidad – Rose dijo con calma.
"Mucho. Y nuestra diferencia de edad lo hizo todavía más escandaloso."
– Eso hace el espíritu – Lissa dijo mirando a su mejor amiga.
– Es verdaderamente malo estar separados – Dijo Rose con una mueca.
Un extraño escalofrío me recorrió el cuerpo. Mark y Oksana eran la personificación de las dos mitades de mi vida: luchaban contra un vínculo bendecido por las sombra como Lissa y yo y también se enfrentaban, al igual que Dimitri y yo, a la condena publica por su relación.
"Pero" Prosiguió Mark "a veces tenemos que escuchar a nuestros corazones. Y aunque lo dejé, no voy por ahí persiguiendo strigoi incansablemente. Soy un viejo que vive con la mujer a la que quiere y se ocupa de su jardín. Hay una diferencia; no lo olvides."
– Me pareció a un sermón – Dijo Rose algo molesta.
– Así es cómo piensas tú.
La cabeza no dejó de darme vueltas durante el camino de regreso a casa de los Belikov. Sin ladrillos, el camino era mucho más fácil y me dio tiempo de pensar en las palabras de Mark. Sentía que me había proporcionado la información de toda una vida en una hora de conversación.
Olena estaba en casa e iba de un lado a otro haciendo las tareas normales del hogar. Aunque a mí personalmente no me gustaría pasarme la vida cocinando y limpiando, tuve que reconocer que había algo tranquilizador en tener siempre a una persona dedicada a ocuparse de las cosas cotidianas. Sabía que era algo egoísta por mi parte, igual que sabía que mi madre estaba haciendo cosas importantes con su vida y por eso no debía juzgarla. Aun así, tener a Olena tratándome como a una hija cuando apenas me conocía me hacía sentir querida y cuidada.
"¿Tienes hambre?" Me preguntó automáticamente. Creo que uno de los mayores miedos de su vida era que hubiera en su casa alguien pasando hambre.
– Oh, suerte que contigo tendría una boca que alimentar todo el día y todos los días – Se burló Christian.
– Tengo un apetito diferente al suyo, nada más que eso. – Rose se encogió de hombros con una mano en el estómago.
La perpetua falta de apetito de Sydney era una preocupación constante para Olena.
Sydney hizo una mueca sacudiendo la cabeza.
Oculté una sonrisa.
"No, hemos comido en casa de Mark y Oksana."
"Ah, ¿es ahí adonde fuisteis? Son buena gente."
– Ella no sabía a dónde te llevaban, si Yeva querría matarte ese hubiera sido el momento perfecto. – Dijo Eddie señalando el libro.
– Olena confía en Yeva… yo por otro lado… –
"¿Dónde está todo el mundo?" Pregunté. La casa se hallaba extrañamente silenciosa.
"Sonya y Karolina están trabajando. Viktoria ha ido a casa de una amiga, pero se alegrará de que hayas vuelto."
"¿Y Sydney?"
"Se ha marchado hace un rato. Me ha dicho que volvía a San Petersburgo."
– Te han abandonado a tu suerte – Se burló Christian.
– Así parece. – Rose bufó.
"¿Cómo?" Exclamé. "¿Se ha marchado? ¿Así, sin más?" Sydney tenía una naturaleza impulsiva, pero aquello era inesperado incluso para mí.
Todas las miradas cayeron sobre Rose que parpadeó confundida. Miradas de ojos caídos, cejas levantas, una línea fina en los labios, alguns aguantando risas, pero todas parecían decir lo mismo.
– ¿Qué?
– Dios, si Sydney es de naturaleza impulsiva, ¿qué rayos eres tú? – Adrián dijo con una mueca.
Rose torció los labios – Yo soy yo –
– Ella no es impulsiva, ella es salvaje – Eddie se rió.
"Los alquimistas…. Siempre están en movimiento." Olena me tendió un trozo de papel. "Te ha dejado esto."
Tomé la nota y la abrí inmediatamente. La letra de Sydney era clara y precisa. No sé por qué, pero no me sorprendió.
– Ella es así, es su naturaleza – Adrian se encogió de hombros.
Rose:
Siento haber tenido que irme tan rápido, pero cuando los alquimistas me dicen que salte… pues salto.
– Eso no es nada bueno – Eddie sacudió la cabeza.
He hecho autoestop hasta aquel pueblo de grajeros en el que quedamos para recoger el Huracán Rojo y después me voy para San Petersburgo.
– ¿Huracán Rojo? – Adrián alzó la ceja.
– Era un auto muy bueno – Sydney respondió despreocupada.
Parece que ahora que ya te he llevado hasta Baia, no necesitan que me quede allí más tiempo.
– ¿Hablas de Abe? – Preguntó confundido Christian.
– De quién más sino. –
Ojalá pudiera contarte más cosas sobre Abe y sobre lo que quiere de ti.
– Ósea que lo sabías – Rose la miro sorprendida. Aquella aventura ya había quedado olvidada en la parte trasera de su memoria así que era normal que no fuese capaz de recordar mucho. Sydney se encogió de hombros despreocupada.
Aunque me lo permitieran, tampoco hay mucho que decir.
– ¿Realmente es de la mafia? – Lissa murmuró a Rose, que se encogía de hombros.
– Creo que sí –
En algunos aspectos me resulta tan misterioso como a ti. Como ya te dije, buena parte de sus negocios son ilegales, tanto para los humanos para los moroi.
– Me preguntó si todo eso se heredara – Rose hizo una mueca.
Solo tiene relación directa con la gente por asuntos de negocios (o en casos muy, muy especiales).
– Definitivamente su hija es un caso especial – Adrian se rió antes de recibir un ligero golpe por parte de Rose.
Ceo que tú eres uno de esos casos y, aunque no pienso que vaya a hacerte daño, puede que quiera utilizarte para sus propósitos particulares.
– Hasta Sydney piensa que eres un caso especial – Christian se rió.
– No creo que se refiera a ese tipo de caso especial – Rose sacudió la cabeza antes de mirarla a ella – ¿Verdad?
– No lo sé – Se encogió de hombros – Todavía tengo problemas para entender qué está sucediendo.
Es posible que sea algo tan sencillo como que quiera contratarte como guardaespaldas, porque sabe que vas por libre. Tal vez quiera utilizarte para llegar a otros. O que todo esto sea parte del plan de otro, de alguien que es aún más misteriosos que él.
– No te culpo por pensar todo eso – Rose se encogió de hombros – El hombre me daba escalofríos hasta mí
Abe carraspeó.
Quizá le está haciendo un favor a alguien. Zmey puede ser peligroso o indulgente, todo depende de lo que necesite conseguir.
– De eso no tengo dudas – Rose dijo con calma.
– ¿Qué quieres decir? – Abe frunció el ceño.
– Que es verdad –
Nunca creí que un dhampir me iba a importar tanto como para llegar a decirle esto, pero ten cuidado.
– Wow, las mejores palabras que haya escuchado en mi vida – Eddie se burló.
Sydney resopló.
– No te molestes, causo sensaciones en la gente – Rose se encogió de hombros con egocentrismo.
No sé cuáles son tus planes ahora, pero tengo la sensación de que los problemas te persiguen.
– Nunca había estado más en lo cierto como en ese momento – Sydney dijo asintiendo con la cabeza.
Llámame si necesitas ayuda, pero si vuelves a las grandes ciudades a cazar strigoi, ¡no dejes más cadáveres por ahí tirados!
Las risas estallaron.
Te deseo lo mejor, Sydney.
– Oh, la carta más tierna que he leído en años – Rose dijo con sarcasmo y una sonrisa.
– No la leíste tú – Christian frunció el ceño.
– La leí en su momento, eso cuenta –
PD: «Huracán Rojo» es el nombre que le he puesto al coche.
PD2: Aunque ahora me caigas bien, no he dejado de pensar que eres una criatura demoníaca de la noche. Es lo que eres.
– Así es cómo matas mi amistad – Se burló Rose.
– Es la verdad – Se encogió de hombros despreocupada ella.
Había escrito el número de su teléfono móvil a final y no pude evitar sonreír. Cuando llegamos a Baia en coche con Abe y sus guardianes, Sydney tuvo que dejar atrás el suyo, algo que la traumatizó casi tanto como los strigoi. Esperaba que los alquimistas le permitiesen quedárselo. Negué con la cabeza porque me parecía divertido, a pesar de sus advertencias sobre Abe. El Huracán Rojo…
– ¿Divertido? Solo tú puedes encontrar lo divertido en algo que asusta a todos los demás – Lissa sacudió la cabeza.
Cuando me dispuse a subir las escaleras hacia mi habitación, la sonrisa desapareció a pesar de su actitud brusca, iba a echar de menos a Sydney. Puede que no fuera exactamente una amiga (¿o sí?), pero en ese breve tiempo había empezado a considerarla una parte constante en mi vida.
– Solo estuvimos juntas unos días – Sydney hizo una mueca.
Rose se encogió de hombros.
Y ya no me quedaban muchas de esas.
– ¿Amigas o una vida? – Cuestionó Christian.
– Ambas… –
Me sentía a la deriva, sin saber qué hacer. Había llegado hasta allí para darle paz a Dimitri y lo único que había conseguido era provocarle dolor a su familia. Y si lo que todos decían era cierto, no iba a encontrar muchos strigoi en Baia. No podía imaginarme a Dimitri vagando por las carreteras y entre las granjas en busca de una presa ocasional. Incluso como strigoi –y me mataba solo el hecho de pensar esas palabras– Dimitri tendría un propósito. Si no había vuelto a los paisajes familiares de su ciudad natal, entonces estaría haciendo alguna otra cosa coherente –todo lo coherente que pudiera, teniendo en cuenta que era un strigoi–. Lo que Sdyney decía en la nota confirmaba lo que no hacía más que oír una y otra vez: los strigoi estaban en las ciudades. Pero, ¿en cuáles? ¿Adónde iría Dimitri?
Ahora era yo la que no tenía un propósito. No podía dejar de oír las palabras de Mark en mi cabeza. ¿Realmente me había embarcado en una descabellada misión de justiciera? ¿Estaba corriendo hacia la muerte como una estúpida?
– Bueno, es normal en ti así que no hay mucha diferencia – Dijo Adrian despreocupado.
¿O estaba corriendo como una estúpida… hacía nada? ¿Estaba condenada a pasar el resto de mis días vagando? ¿Sola?
– Ella es dramática por naturaleza – Eddie señaló.
Senada en la cama sentí que mi estado de ánimo caía en picado y supe que tenía que distraerme. Ya estaría demasiado susceptible ante las emociones oscuras mientras Lissa utilizase el espíritu; no hacía falta que yo contribuyese a empeorarlo. Me puse el anillo que Mark me había dado con la esperanza de que me trajese un poco de claridad y de calma. Pero no noté ninguna diferencia y decidí buscar la paz en el mismo sitio donde lo hacía siempre: en la mente de Lissa.
– Ahora soy yo la que se siente violada mentalmente – Lissa se estremeció.
– Tus pensamientos son más agradables que los míos, eso es seguro – Rose dijo con calma.
Estaba con Adrian. Practicaban con el espíritu de nuevo. Después de unos cuantos baches iniciales, Adrian aprendía rápido el arte de la curación. Ese había sido el primer poder en manifestarse en Lissa y siempre le irritaba ver que él avanzaba más en lo que ella le enseñaba que al revés.
– Qué puedo decir, soy asombroso – Adrian se encogió de hombros.
"Me estoy quedando sin cosas que curar." Le dijo mi amiga colocando sobre la mesa unas plantitas en maceta. "A menos que empecemos a arrancar extremidades o algo así."
Adrian sonrió.
"Antes le tomaba el pelo a Rose con eso; le decía que la iba a impresionar curando amputados o alguna cosa así de absurda."
"Seguro que tenía una de sus respuestas de sabelotodo."
– ¿Eso… es un insulto? –
– Bueno… Jill, sigue leyendo. –
"Sí, sí, claro." Tenía una expresión de cariño al recordar.
Siempre sentía una curiosidad insana cuando les oía hablar de mí… y a la vez me sentía mal por el dolor que parecía invocar mi nombre.
Lissa gruñó y se estiró sobre el suelo enmoquetado. Estaban en un salón de los dormitorios y el toque de queda se acercaba.
"Quiero hablar con ella, Adrian."
"No puedes." Le dijo él. Había una seriedad inusual en su voz. "Sé que de vez en cuando conecta con tu mente para comprobar que todo va bien. Eso es lo más cerca que puedes estar de hablar con ella. Y bueno… así está bien. Puedes decirle cómo te sientes."
– No es lo mismo – Lissa resopló.
– No, la verdad es que no – Ella torció los labios – Casi me siento como conejillo de indias con ustedes dos
"Sí, pero quiero oír su respuesta, como tú cuando caminas por sus sueños."
Eso le hizo sonreír de nuevo.
"Sí que me da muchas contestaciones…"
Lissa se incorporó.
"Hazlo ahora."
"¿Qué haga qué?"
"Caminar por sus sueños. Siempre intentas explicármelo, pero nunca te he visto hacerlo. Déjame observar."
Él se la quedó mirando fijamente, sin palabras.
"En plan mirona."
"¡Adrián! Quiero aprenderlo y ya hemos intentado todo lo demás. A veces cuando estoy cerca de ti puedo sentir tu magia. Hazlo, ¿vale?"
– No funcionara, ¿verdad? – Christian hizo una mueca.
– Claro que no, yo estoy despierta. –
Estuvo a punto de protestar de nuevo, pero se tragó su comentario después de estudiar su cara un momento. Sus palabras habían sido duras y exigentes, muy poco propias de ella.
"Está bien, lo intentaré."
– Cuando ella habla, los demás saltan – Adrian dijo riendo.
– Soy la reina – La chica sonrió.
– Mandona – Christian le sonrió despreocupado.
La sola idea de que Adrian intentase entrar en mi cabeza mientras yo le estaba viendo a través de la cabeza de Lissa era, como mínimo, surrealista. No sabía qué esperar de él. Siempre me había preguntado si tenía que estar dormido, o al menos con los ojos cerrados. Aparentemente no. Simplemente se quedó contemplando la nada, con la mirada vacía, mientras su mente abandonaba el mundo que le rodeaba. A través de los ojos de Lissa pude ver parte de la magia que irradiaba y de su aura, y a ella intentando analizar cada partícula. Entonces, sin previo aviso, toda la magia desapareció. Él parpadeó y negó con la cabeza.
– Eso da miedo – Jill hizo una mientras alzaba la mirada del libro.
– Es asombroso. – Adrian dijo con una sonrisa amplia en su rostro.
"Lo siento. No puedo."
"¿Por qué no?"
– Es evidente por qué – Eddie se encogió de hombros.
– ¿Cómo iba a saberlo si recién estamos leyendo? – Adrián frunció el ceño – Si hubiera sabido que ella estaba mirando no lo habría intentado. Eso resulta raro, muy raro y eso es mucho para decir
– Es lo que hay – Lissa se encogió de hombros con una mueca.
"Seguramente porque estará despierta. ¿Has aprendido algo mirándome?"
"Algo. Probablemente me habría sido más útil si hubieras establecido la conexión" Lissa volvía a tener un tono impertinente.
– No sé qué puedes aprender de Adrián, pero seguramente no es nada bueno – Christian sacudió la cabeza.
– Qué dices. Yo soy asombroso, un modelo a seguir –
– En tus sueños, Ivashkov – Rose se rió.
"Podría estar en cualquier parte del mundo, en cualquier franja horaria." Sus palabras quedaron ahogadas por un bostezo. "Podemos probar en diferentes momentos del día. Otras veces he conectado con ella… Bueno, más o menos a esta hora. Pero a veces la encuentro muy pronto por la mañana."
– Nunca se sabe cuándo va a dormir – Adrián sacudió la cabeza – Es más impredecible de lo que parece. Casi comenzaba a creer que lo hacía a posta
"Entonces puede que esté cerca" dijo Lissa.
"O en un horario diurno humano en alguna otra parte del mundo."
El entusiasmo de Lissa se desvaneció.
"Claro. Eso también."
– Bien hecho, tonto. Le has matado las esperanzas – Dijo Christian con una mueca.
Adrián sonrió – Lo siento, pero el insensible sigues siendo tú.
"¿Cómo es que nunca parece que estéis trabajando?"
Christian entró en la habitación mirando divertido a Lissa sentada en el suelo y a Adrian tirado en el sofá. Detrás de Christian estaba alguien a quien no esperaba ver tan pronto. Adrian, que podía detectar a las mujeres a un kilómetro a la redonda, notó inmediatamente la presencia de la recién llegada.
"¿De dónde has sacado a esa niñita?" preguntó.
– ¿Niñita? – Jill hizo una mueca.
– De nuevo, es lo que hay – Adrián se encogió de hombros – Y no te ofendas por eso, paso hace tiempo. Ya ni lo recordaba
Christian le lanzó una mirada de advertencia a Adrian.
"Esta es Jill" Jill Mastrano dio un paso adelante con los ojos verde claro abiertos más allá de lo posible. "Jill, estos son Lissa y Adrian."
– Es increíble que conociéramos a Jill mucho después de Rose – Lissa hizo una mueca – Y todo lo que ha pasado…
– Obras del destino – Dijo Eddie con una sonrisa.
Jill era una de las últimas personas que esperaba ver allí. Yo la había conocido poco más de un mes antes. Estaba en noveno grado, así que pasaría al campus superior en otoño. Tenía la constitución delgadísima de la mayoría de los moroi, pero iba unida a una estatura llamativa incluso para los estándares vampíricos. Eso la hacía parecer aún más delgada. El pelo, castaño claro, le caía en ondas hasta la mitad de la espalda y podría haber llegado a ser precioso si hubiese aprendido a peinárselo bien. Ahora parecía descuidado y, aunque ella era mona, la impresión general que daba era un poco rara.
"Ho… hola" dijo mirando alternativamente sus caras. Para ella, los que tenía delante eran celebridades moroi de primer nivel. Estuvo a punto de desmayarse al conocernos a Dimitri y a mí, debido a nuestras reputaciones. Por su expresión, debía de encontrarse en un estado similar ahora mismo.
– Tienes que ser más segura – Dijo Adrián con calma – Ya sé que soy una celebridad, pero yo prefiero a la gente segura
– ¡Estaba nerviosa! – Ella suspiró – Y no solo eras tú, ¿recuerdas?
– A mí se me hace que te das muchos humos – Dijo Christian.
"Jill quiere aprender a utilizar su poder para el bien y no para el mal" dijo Christian con un guiño exagerado. Era su manera de decir con rodeos que Jill quería aprender a luchar con su magia. Ya me había hablado de su interés y yo le había dicho que recurriese a Christian. Me alegró que hubiera tenido la valentía de seguir mi consejo. Christian era famoso en el campus también, aunque su fama no era buena.
"¿Otra recluta?" preguntó Lissa, negando con la cabeza. "¿Crees que esta se quedará?"
– Oh, claro que se quedó – Rose señaló hacia Jill que estaba leyendo – Admítelo, Jill, te gusta pasar tiempo con nosotros y nuestras locuras
– Pues… – Hizo una mueca.
– Tampoco es que hagamos muchas cosas, estamos en la nada leyendo un par de libros aburridos – Dijo Adrián con aires despreocupados.
– ¡Libros sobre mi vida que me obligan a leer y a escuchar! –
Jill miró a Christian sorprendida.
"¿Qué quiere decir con eso?"
"Después del ataque, mucha gente dijo que quería aprender a luchar con la magia" explicó Christian. "Me buscaron y trabajamos juntos… una vez o dos. Después todos desaparecieron cuando las cosas se pusieron difíciles y se dieron cuenta de que era necesario practicar mucho."
– Aburridos – Bufó Rose.
"Tampoco ayudó mucho que tú fueras un profesor tan desagradable" señaló Lissa.
– Eso es verdad – Dijo Adrián asintiendo con la cabeza – Si fueras más agradable seguramente tendrías más alumnos
"Y por eso ahora buscas entre los niños…" Añadió Adrian.
"Oye" Exclamó Jill indignada. "que tengo catorce años" se ruborizó por haberle hablado tan bruscamente. A él eso le pareció divertido, como tantas otras cosas.
– Mi error – Adrián asintió – Ahora buscaba entre niños de catorce años como si fuese un pedófilo
– ¿En serio? – Adrián alzó una ceja y enseguida la ropa de Adrian se prendió en llamas. El muchacho alzó ambas cejas sorprendido y se puso en pie golpeándose la ropa con las palmas de la mano. Rose soltó una carcajada y Lissa miró a Christian molesta. – Está la pagarás. Era ropa de calidad
– Ni que tuviera una quemadura seria – Christian se encogió despreocupada.
"Perdón" dijo. "¿Cuál es tu elemento?"
"El agua."
"El fuego y el agua, ¿eh?" Adrian metió la mano en el bolsillo, sacó un billete de cien dólares y lo estiró. "Mira, guapa, vamos a hacer un trato. Si puedes hacer que aparezca un cubo de agua y caiga sobre la cabeza de Christian, te doy el billete."
"Y yo te daré otros diez" rio Lissa.
– A mí me parece que intentaban comprar un acto de magia – Rose hizo una mueca.
Jill los miró asombrada, pero sospeché que era porque Adrian la había llamado «guapa». Nunca le prestaba atención a Adrian, por eso siempre me olvidaba de que, de hecho, estaba bastante bueno.
Adrián sonrió con superioridad.
Christian tiró de Jill hacia la puerta.
"Tú ni caso. Solo están celosos porque los que son capaces de utilizar el espíritu no pueden ir a la batalla como nosotros" se arrodilló junto a Lissa en el suelo y le dio un beso breve. "Hemos estado practicando en el salón de arriba, pero ahora tengo que acompañarla de vuelta. Te veré mañana.
– Por favor, si tuviera un poco más de fuerza de voluntad para soportar la locura, el espíritu haría que tu fuego se apagara del miedo – Adrián dijo con una sonrisa en los labios.
– Por desgracia para ti, no puedes. – Se burló Christian.
– Hay que estar demente si planeas usar el espíritu de esa forma. No me sorprende que se haya zafado el tornillo tan pronto – Eddie se encogió de hombros.
– Pude haberlo logrado, pero alguien interrumpió – Adrián miro a sus amigas.
Lissa parpadeó un par de veces, tensa mientras Rose rodaba los ojos y bufaba al mismo tiempo.
– Perdona que hayamos salvado tu cordura –
– No te perdono – Le sacó la lengua el chico.
"No hace falta" dijo Jill. "Puedo volver sola. No quiero ser una molestia."
– Eso es ser un amor – Rose señaló a la muchacha.
– No como otros, que pagan por ver que me caiga agua – Christian observó a su novia y al chico Ivashkov ceñudo.
Adrian se levantó.
"No lo eres. Y si alguien va a dar un paso adelante y convertirse en un caballero andante, mejor que sea yo. Te acompaño y así dejamos a los tortolitos con sus cosas" le hizo una profunda reverencia a Jill "¿Vamos?"
"Adrian…" dijo Lissa con un tono amenazante en la voz.
"Oh, vamos" respondió él poniendo los ojos en blanco. "Yo tengo que volver de todas formas. Vosotros no me servís de nada después del toque de queda. Y, por favor, tened un poco de confianza en mí. Hasta yo tengo mis límites."
– El hecho de que te hayas dado cuenta de lo que quería decir es lo suficiente para preocuparme – Lissa dijo con calma.
Le lanzó a Lissa una mirada intensa que decía claramente que era una idiota por pensar que iba a intentar ligar con Jill. Lissa le sostuvo la mirada unos momentos y se dio cuenta de que tenía razón. Adrian era un sinvergüenza a veces y nunca se había molestado en ocultar su interés por mí, pero acompañar a Jill seguro que no era parte de un gran plan de seducción. Solo estaba siendo amable.
"Está bien" concedió Lissa "Te veré después. Encantada de conocerte, Jill."
– Y así fue el primer encuentro de las hermanas Dragomir – Adrián sonrió.
– No lo menciones – Lissa suspiro sacudiendo la cabeza.
"Igualmente" contestó Jill. Y se atrevió a sonreírle a Christian. "Gracias otra vez."
"Será mejor que aparezcas para la siguiente práctica." le advirtió él.
Adrián sacudió la cabeza – ¿Te sentías solo con tus prácticas?
– Cállate –
Adrian y Jill estaban saliendo justo cuando apareció Avery en el umbral.
"Hola, Adrian" Avery miró a Jill de arriba abajo "¿Quién es esta niñita?"
– ¿Es en serio? – Jill frunció el ceño.
"¿Os importaría dejar de llamarme así?" exclamó Jill.
– Está enojada – Dijo riendo Rose.
– Era molesto – Jill se sonrojo ligeramente.
Adrian señaló a Avery como si fuera a reprenderla.
"Calla. Ya hablaré contigo luego, Lazar."
"Eso espero" dijo ella con voz cantarina. "Dejaré mi puerta abierta."
– Dios, ni siquiera tenía intenciones de escuchar ese comentario – Gruñó Christian.
Jill y Adrian se fueron y Avery se sentó junto a Lissa. Parecía lo bastante animada como para estar borracha, pero Lissa no olió el alcohol. Estaba aprendiendo que había una parte de Avery que siempre era vivaz y despreocupada, tanto si estaba borracha como si no.
"¿Acabas de invitar a Adrian a tu habitación?" le preguntó Lissa. Parecía que lo decía en broma, pero secretamente se estaba preguntando si había algo entre ellos.
– ¿Celosa? –
– En tus sueños –
– ¿Ves Syd? Con amigos como estos para qué quiero enemigos –
– ¿Tienes enemigos? –
– Evidentemente, son ellos –
– Pensé que éramos amigos –
– Criaturas de la noche también funciona – Sydney asintió con la cabeza.
Bueno, ya éramos dos las que nos lo preguntábamos.
– Ella sí estaba celosa – Lissa asintió.
– No – Rose sacudió la cabeza – Solo tenía interés
Avery se encogió de hombros.
"No lo sé. Tal vez. A veces nos vamos por ahí cuando vosotros estáis durmiendo. No os vais a poner celosos, ¿verdad?"
"No" rio Lissa. "Solo tenía curiosidad. Adrian es un buen tío."
"¿Ah, sí?" preguntó Christian. "Define «buen»"
– Que soy lo mejor de lo mejor de este mundo. Una de las siete maravillas del universo –
– Dios, tu ego es más grande que tu cabeza – Christian dijo sacudiendo su cabeza.
Avery levantó una mano y empezó a bajar dedos mientras enumeraba.
"Es tremendamente guapo, divertido, rico, es pariente de la reina…"
– Superficial – Sydney dijo en un murmullo.
"¿Ya has escogido tu vestido de novia?" le preguntó Lissa sin dejar de reír.
– ¿Casarme, yo? – Adrián bufó.
"Todavía no" respondió Avery "Estoy probando el terreno. Supongo que podría ser otra muesca en el cinturón de Avery Lazar, pero Adrian es un poco difícil de interpretar."
"No quiero oírlo" dijo Christian.
– Por favor, yo tampoco – Rose gimió – Ya he tenido suficiente con todos ustedes
– Y pensar que nosotros tenemos suficiente con tu alma de poeta – Lissa se burló.
"A veces actúa como esos tíos de «quiéreme y déjame», pero otras veces se descuelga y parece un romántico con el corazón roto" Lissa intercambió una mirada cómplice con Christian que Avery no detectó porque seguía hablando. "De todas formas, no he venido aquí para hablar de él. He venido para hablar de nosotros largándonos de aquí" Avery rodeó con un brazo a Lissa, que estuvo a punto de caerse.
"¿Largarnos de aquí? ¿Del dormitorio?"
"No. De la academia. Nos vamos a pasar un fin de semana loco a la Corte Real."
– Que alguien defina loco – Eddie hizo una mueca.
– No, no quieres saber que significa ese loco – Rose sacudió la cabeza.
"¿Cuándo? ¿Este fin de semana?" Lissa se sentía como si fuese tres pasos por detrás, y yo la comprendía. "¿Por qué?"
"Porque es Pascua. Y Su Majestad cree que sería «ideal» que pasaras las vacaciones con ella" el tono de Avery era grandilocuente y agudo. "Y como yo he pasado un tiempo contigo, mi padre ha decidido que ahora me estoy portando bien…"
"Pobre desgraciado ignorante" murmuró Christian.
– Concuerdo contigo – Rose chocó los puños con Christian.
"Y por eso me ha dado permiso para ir contigo" Avery miró a Christian. "Supongo que tú también puedes venir. La reina ha dicho que Lissa podía traer un invitado. Aparte de mí, claro."
– Hay que estar demente para aceptar ir – Christian dijo con una mueca de desagrado.
– No sé en qué estaba pensando – Lissa sacudió la cabeza.
Lissa miró la cara radiante de Avery, pero ella no compartía su entusiasmo.
"No me gusta ir a la Corte. Tatiana no para de hablar y de darme consejos que cree que son útiles para mí. Allí siempre estoy aburrida y triste" Lissa no añadió que hubo una época en que la Corte le parecía divertida: cuando yo iba con ella.
– Oh, qué pena la vida de una princesa – Se bufó Adrián.
"Eso es porque no has ido conmigo todavía. ¡Va a ser un bombazo! Yo sé dónde está todo lo bueno. Y estoy segura de que Adrian también vendrá. Seguro que a él le abren las puertas de todos los sitios. ¡Qué bien, será como una cita doble!"
Lissa empezó a convencerse poco a poco de que podía ser divertido. Ella y yo habíamos sido capaces de encontrar algo de lo «bueno» que se escondía bajo la superficie brillante de la vida de la Corte. Todas las visitas desde entonces habían sido como ella había descrito: todo muy serio y estirado. Pero esta vez, yendo con Christian y la salvaje y espontánea Avery… tenía potencial.
– De nuevo, no sé en qué estaba pensando –
Hasta que Christian lo estropeó todo.
– Como siempre – Adrián sacudió la cabeza.
"No contéis conmigo" dijo. "Si solo puedes llevar a una persona, llévate a Jill."
"¿A quién?" preguntó Avery.
"A la niñita" explicó Lissa. Miró a Christian asombrada. "¿Por qué demonios iba a llevar a Jill? ¡Pero si acabo de conocerla!"
"Porque va en serio con lo de aprender a defenderse. Deberías presentársela a Mia. Ambas usan el agua."
– Como consejo, nunca les hablen cuando estén de espaldas a ti concentradas en el agua de la piscina… podrías a estar a punto de ahogarte – Eddie hizo una mueca mientras Mia y Jill aguantaban una risa.
– Es tu culpa, ¿cómo pensaste que intentar sorprendernos mientras usamos la magia es algo bueno? – Jill cuestiono.
– Pasa demasiado tiempo con Rose, eso es lo que sucedió – Mia rió.
– ¿Qué dices? Incluso yo sé que nunca tienes que sorprender a alguien usando magia – Rose bufó.
"Vale" dijo Lissa, suspicaz "¿Y el hecho de que tú odies la Corte no tiene nada que ver?"
"Bueno…"
"¡Christian!" Lissa estaba empezando a enfadarse. "¿Por qué no puedes hacer esto por mí?"
– Uhg, su hubiera sido yo me habría obligado a ir – Rose dio un golpe en la mesa.
– Tomado por seguro – Lissa asintió.
"Porque odio la forma que tiene de mirarme la dichosa reina" contestó.
– Como todo el mundo – Rose murmuró.
A Lissa no le pareció convincente el argumento.
– Ustedes dos son tal para cual, siempre con argumentos vagos – Lissa se mofó de mala gana.
"Sí, pero cuando nos graduemos, yo voy a vivir allí. Entonces tendrás que ir."
"Bueno, pero antes de eso prefiero no tener que ir."
– Lo bueno, sin ofender, es que ella ya no está y Lissa es la reina – Christian se encogió de hombros – Eso hace las cosas un poco mejor
– ¿Un poco? –
– Sí, un poco. –
La irritación de Lissa creció.
"Oh, ya veo cómo va esto. Yo tengo que soportar tu mierda todo el tiempo, pero tú no puedes hacer nada que no te guste por mí."
Avery los miró y se levantó.
"Os voy a dejar para que habléis de esto a solas. No me importa si viene Christian o esa chiquilla, siempre que vengas tú" miró fijamente a Lissa. "Tú vas a ir, ¿no?"
"Sí, iré." Si la negativa de Christian había servido para algo, había sido para animar a Lissa.
– Eso explica todo lo demás… –
– ¿Demás? –
– Lo aprenderás luego – Rose se encogió de hombros hacia Sydney.
Avery sonrió.
"Genial. Me voy. Será mejor que vosotros os deis unos besitos y hagáis las paces cuando yo me haya ido."
Reed, el hermano de Avery, apareció de repente en el umbral.
"¿Estás lista?" le preguntó. Cada vez que hablaba, las palabras salían de su boca con un gruñido. Avery le lanzó a los demás una mirada triunfante.
"¿Veis? Mi galante hermano ha venido a acompañarme antes de que esas supervisoras de los dormitorios empiecen a gritarme que me vaya. Ahora Adrian tendrá que encontrar una forma nueva y emocionante de demostrar su caballerosidad."
Reed no parecía muy galante ni caballeroso, pero supongo que era un detalle por su parte acompañarla hasta su habitación. Y había elegido el momento perfecto para aparecer. Tal vez ella tenía razón y él no era tan malo como la gente siempre pensaba.
En cuanto Avery se fue, Lissa se volvió hacia Christian.
"¿Decías en serio eso de que me lleve a Jill en vez de a ti?"
"Sí." contestó él. Intentó tumbarse en el regazo de Lissa, pero ella lo apartó.
– Consejo, nunca traten con ella mientras está enojada – Christian dijo con calma.
– Yo lo he intentado… – Rose alzó la mirada hacia arriba con una mueca – nueve de cada diez veces resultan mal
Pero contaré los segundos hasta que vuelvas.
"No puedo creer que esto te parezca una broma."
"No me lo parece" dijo. "Mira, no quiero que te enfades, ¿vale? Pero, de verdad… es que no quiero tener que soportar todo ese ambiente de la Corte. Y será bueno para Jill" frunció el ceño. "No tienes nada contra ella, ¿verdad?"
"Si ni siquiera la conozco…" replicó Lissa. Aún estaba enfadada. Más de lo que yo habría esperado; qué raro…
– Oh, eso explica que haya querido matarme con la mirada luego – Jill detuvo la lectura con una expresión iluminada.
– ¿Qué hiciste? – Sydney abrió la boca.
– Nada malo, creo – Jill hizo una mueca – Ella solo…
– No vamos a hablar de eso ahora – Rose bufó.
– Oh, ¿tú lo sabes? – Jill alzó las cejas sorprendida.
Rose la miro con una sonrisa amplia – Yo lo sé todo –
Christian le tomó las manos con expresión seria. Esos ojos azules que tanto quería atenuaron un poco su enfado.
"De verdad que no quiero disgustarte. Si es tan importante…"
Al oírselo decir así, el enfado de Lissa se desvaneció. Era algo repentino, como si tuviera un interruptor.
"No, no. No me importa llevar a Jill. Pero no creo que sea bueno para ella ir por ahí con nosotros haciendo lo que sea que tiene Avery en la cabeza."
"Confíasela a Mia. Cuidará de ella durante el fin de semana."
– Este tonto estaba hablando por hablar – Mia hizo una mueca – ¿Tengo cara de niñera?
– Casi, más de (¿cómo lo llamaste, Rose? Ah, sí) muñeca. – Christian se encogió de hombros mientras Rose se reía.
Lissa asintió mientras se preguntaba por qué él estaba tan interesado en Jill.
"Está bien. Pero no estás haciendo esto porque no te cae bien Avery, ¿verdad?"
"No, Avery me cae bien. Hace que sonrías más."
"Tú también me haces sonreír."
– Solo cuando no está en plan gruñon – Lissa soltó un suspiró.
– Es decir nunca – Adrián dijo con calma.
"Por eso he añadido el «más»" Christian besó suavemente la mano de Lissa. "Has estado muy triste desde que se fue Rose. Me alegro de que te lleves bien con otra persona. Quiero decir, aparte de mí, que ya sabes que puedes pedirme todo lo que necesites…"
"Avery no es una sustituta de Rose" respondió Lissa rápidamente.
– Dios, igual lo sentí en el corazón – Rose sacudió la cabeza.
– Fuiste tú quien se fue –
…
Rose parpadeó y mientras desviaba la mirada apretando los dientes con una mueca en el rostro para no ver a Lissa y su expresión molesta. Rió entre dient4es mientras volteaba a mirar a Jill rápidamente rogándole para que continuara.
"Lo sé. Pero me recuerda a ella."
"¿Cómo? Pero si no tienen nada en común."
– Es increíble que pensaras eso – Rose lo miro molesta.
Christian se irguió para sentarse a su lado y apoyó la cara en el hombro de Lissa.
"Avery es como era Rose antes de que os fueseis."
– Una cosa no tiene que ver con la otra – Eddie hizo una mueca.
– ¡Exacto! – Rose señaló a Eddie.
Tanto Lissa como yo nos tomamos un momento para reflexionar sobre eso. ¿Tendría razón? Antes de que empezaran a manifestarse los poderes del espíritu de Lissa, la mayor parte del tiempo era yo la que tenía ideas descabelladas para pasárnoslo bien o meternos en líos. Pero, ¿realmente estaba tan pasada de rosca como parecía estar Avery a veces?
"Nunca habrá otra Rose" dijo Lissa tristemente.
– ¡Sí! No intente clonarme –
– Dios no lo permita. Dos Roses. Ya es bastante malo con una sola – Eddie sacudió la cabeza.
– ¡Oye! –
"No" contestó Christian, y le dio un beso breve y tierno en la boca. "Pero habrá otras amigas."
Sabía que él tenía razón, pero no pude evitar sentir una punzada de celos.
– ¿Qué? Es la verdad –
Ni preocuparme un poco. El breve momento de irritación de Lissa había surgido de la nada. Comprendía que quisiera que Christian fuera con ella, pero su actitud había sido un poco dura. Y esa preocupación casi celosa por Jill tampoco era muy normal. Lissa no tenía razones para dudar de los sentimientos de Christian, y sobre todo no por alguien como Jill.
– Era una niñita – Adrián dijo.
– ¿Otra vez con lo mismo? – Jill le frunció el ceño. Adrián alzó las manos.
El mal humor de Lissa me recordó mucho a mí en los viejos tiempos.
– Ni que fueras una anciana, ¿cuánto había pasado? ¿Unos meses? – Eddie hizo una mueca.
Seguramente solo estaba cansada, pero una especie de instinto —tal vez una parte del vínculo— me decía que algo iba mal. Fue una sensación fugaz, algo que no acabé de captar del todo, como agua que se me escurriera entre los dedos. Pero como mis instintos habían acertado hasta el momento, decidí que comprobaría más a menudo cómo estaba Lissa.
– Y ese es el final del libro. ¿Quién sigue? – Pregunto Jil alzando el libro con una sonrisa.
– Rose no ha leído nada – Mia dijo con una sonrisa burlona.
La muchacha aludida alzó la mirada con una expresión molesta en su rostro mientras la chica rubia se reía.
– Mia, te diré esto de la mejor manera posible: si no quieres tener otra vez la nariz rota, silencio –
– ¿Cómo es eso de la mejor manera posible? – Ella frunció el ceño.
– ¡Da igual! –
– Yo lo haré, si fuera por Rose estaríamos aquí toda la tarde retrasándolo – Sydney dijo mientras tomaba el libro en sus manos.
– Ella me conoce bien – Rose asintió.
– Eso no te salva de leer. Tarde o temprano lo tendrás que hacer – Lissa hizo una mueca – No es justo
– ¿En serio, Lis, quieres hablar de justicia? – Rose hizo una mueca mirando el libro con interés.
– No es culpa nuestra que el libro contenga tus pensamientos más íntimos – Lissa se encogió de hombros.
– Seguramente hiciste enojar a alguien, lo que no sería raro en ti – Adrián dijo con calma.
– ¿Sabes qué? Tienes razón, con amigos como ustedes quién necesita enemigos – Rose se cruzó de brazos – y yo sí que tengo enemigos. Vamos, Sydney. Comencemos con la tortura para terminar más rápido.
Continuará…
N/A: La siguiente semana no habrá capítulo porque he llegado al limite, y francamente no he escrito más capítulos, la subsiguiente no sé si habrá capítulo y no tengo una forma de avisarles por desgracia así que tendrán que estar al tanto sobre ello en mi página.
Dejen Reviews.
Se despide Lira12.
