Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 23
Edward
Después de pasar un maravilloso fin de semana en compañía de Bella, fue dolorosamente difícil despedirme y dejarla sola en su casa. Por mí me hubiese quedado con ella toda la noche, pero mi compromiso con una visita inesperada me hacía volver al apartamento porque sabía que me esperaba.
Apenas entré y sonreí al verlo.
— Tío Eward… —Gritó Sam arrojándose a mis brazos cuando me vio en la estancia. Lo sostuve fuertemente conmigo y besé el tope de su cabeza.
— Oye, campeón, no es hora de estar despierto —le dije sabiendo que pasaban las veintitrés horas y él jugaba en la sala de estar vestido en su pijama de Batman.
— Te estaba esperando —musitó, escondiendo su rostro en mi cuello.
Emily salió de la habitación también vestida con un amplio pijama. Era un poco incómodo que estuviera vestida así cuando nuestra relación se había terminado, incluso era aún más extraño compartir casa.
— Le dijiste a Sam que volverías temprano —me reprochó y no me gustó su tono— es casi medianoche, Edward y el niño no ha querido dormir porque tú no estabas.
Ignorando su reclamo, pregunté:
— ¿Cómo sigue Carmen?
— Mal, pero no podía seguir quedándome en Forks. Mañana iré al trabajo y pediré un permiso para ausentarme algunas semanas, así podré cuidar de ella y el niño —se cruzó de brazos, mirándome de forma retadora— de todos modos, no creo que te importe el estado de salud de mi prima cuando lo primero que haces es largarte con tu amante seguramente para festejar que eres libre.
— Podríamos respetar la presencia de Sam y no gritar.
Puse al niño sobre sus pies para verlo correr hacia los juguetes que había en el piso, a unos cuantos metros de nosotros.
— Qué conveniente ¿no? ¡Pues no, Edward!, no me callaré cómo tantas veces lo hice con tal de no enfadarte. De ahora en adelante diré lo que me molesta, lo gritaré si es necesario.
— Jamás te pedí que callaras —repliqué— fue todo lo contrario, siempre te pedí que hablaras, que dijeras tu sentir, mas tú preferiste guardar silencio.
— ¿Vas a negarme que estuviste con tu amante?
— No tengo porque darte explicaciones. Tú y yo hemos terminado.
— ¡Me terminaste! No se te olvide que me dejaste por ella, sin importar nuestros años juntos ni todo el amor que nos profesamos, así como tampoco te interesaron los planes de boda.
— Sé que una disculpa no borra lo que te hice, pero créeme que fue lo mejor, Emily.
— ¿Lo mejor para quién? ¿Para ti? ¿Para tu amante? ¡Anda, responde!
Sam se estremeció al escuchar a Emily tan fuera de sí. Asustado corrió detrás del sofá donde solo asomaba una parte de su rostro.
— Deja de gritar que estás asustando al niño.
— ¡No me importa! ¡Te exijo una explicación! Quiero una respuesta.
La ignoré caminando al lado suyo y tomé al niño en mis brazos. Era tiempo de dormir y no de estar discutiendo, así que yendo a la habitación de invitados me refugié ahí.
Estar conviviendo juntos se estaba volviendo un infierno.
Bella
Resoplé.
Lo hice en cuanto vi a Stefan esperándome en la oficina. Apresuré mi paso.
— Pensé que no llegarías —articuló, apenas entré y empezó con su verborrea—: vienes muy bronceada, se nota que tuviste un buen fin de semana, ¿no? —siendo todo un patán alargó sus piernas poniendo los zapatos sobre el escritorio y soltó una estúpida risa— ahora entiendo porque Cullen está a cargo de una campaña tan importante, se ganó un lugar a base de sudor y…
Lo miré amenazante. Stefan levantó sus palmas manteniendo su maldita risa burlona. No me sentía bien, la gastritis me había robado el sueño gran parte de la noche y escuchar sus estúpidas suposiciones me hacían enfadar más.
— No cabe duda que eres estúpida. Ese tipo está comprometido y ¿te conformas con ser la otra, Isabella? Creí que los cuchicheos que dicen de ti eran mentiras, pero ya veo que hay mucha verdad en cada uno. No entiendo por qué Liam te soporta.
— Lo que tú opines o no, es irrelevante para mí —objeté—. Así que mueve tu maldito trasero si es que tienes pensado asistir a las grabaciones y lárgate de una vez.
Se incorporó sin quitar la sonrisa de sus labios.
— Te llevo —ofreció.
Lo miré extrañada. ¿Qué demonios pasaba con él?
— Me iré con Edward.
— Cullen está en la hacienda —fue lo primero que dijo Liam cuando entró en la oficina, venía con su móvil en mano y sin prestarnos atención, continuó—: me envió un mensaje haciéndome saber que estaba allá.
¡¿Qué?!, ¿por qué Edward no vino por mí como quedamos?
Enojada marqué su número y la llamada entró al buzón. Exhalé, molesta como me sentía salí de la agencia sin despedirme ni saludar a nadie a mi paso, caminé al estacionamiento y Stefan me detuvo del brazo.
— No te dejaré conducir —sentenció—. Cuando te enojas hasta el maldito diablo te teme, así que mejor vámonos juntos.
Estreché los ojos, mirándolo. Era un día bastante extraño a estas horas de la mañana. No discutí como siempre lo hacía, Stefan lanzó las llaves a Liam y le pidió que condujera mientras él me abrió la puerta de su camioneta y me ayudó a subir a la parte trasera. No repliqué, guardé silencio y cerré mis ojos soportando la maldita acidez.
.
Liam apenas alcanzó a estacionar cuando bajé rápidamente dejando un portazo que generó tanto ruido que me hizo ganar algunas miradas. Recorrí el lugar con evidente molestia y mi sorpresa fue aún mayor cuando vi a Edward con un pequeño niño en sus brazos.
Parecía que intentaba mantenerlo tranquilo y el niño solo se removía entre sus brazos dispuesto a salir corriendo en la primera oportunidad.
— Buenos días… —Mi voz fue más fuerte de lo normal. Edward dio media vuelta, mirándome con un semblante avergonzado— debiste avisarme que no pasarías por mí, así no hubiera estado esperándote como… —evité decir una mala palabra delante de un niño.
— Buenos días, nena —respondió educadamente—. Lamento no haberte avisado, no tenía quien cuidara de Sam y tuve que traerlo conmigo, será solo por una hora.
— Existen los mensajes de voz que no te quitan más de tres segundos de tu preciado tiempo.
— Por favor, Bella. Para mí también está siendo complicado.
— No parece.
El niño me miró con sus grandes ojos castaños y me dedicó una sonrisa amplia y llena de felicidad que no pude evitar no corresponder, sonreí también.
— ¿Quién es ella? —El pequeño preguntó con una voz sumamente dulce mientras me señalaba con su índice.
Edward se aclaró la garganta luego besó la cabeza del niño.
— Ella es Bella… —susurró mirándome— mi amiga especial.
Lo que sentí al escuchar llamarme amiga especial fue suficiente para que mi gastritis empeorara, fue una desilusión tipo amargura que se instaló en mi pecho y borró mi sonrisa de inmediato.
— Yo soy Sam —el niño se presentó sacudiendo su pequeña mano hacia mí.
— Hola, Sam —respondí con un intento de sonrisa que el niño correspondió—. Debo volver a mis pendientes —eso último lo susurré más para mí que para alguien más.
Me volví con la frente en alto y sin dedicarle ninguna mirada a Edward apresure mi paso entre los estrechos pasillos de la hacienda. Escuché que cruzó algunas palabras con alguien pero no me importó, no me detuve, no lo hice hasta que él mismo detuvo mi andar envolviendo sus brazos en mi cintura.
— Bella, déjame explicarte —susurró— no puedo decirle a Sam que eres mi novia, no, cuando él cree que soy el novio de su tía.
Cerré brevemente los párpados y exhalé conteniendo mi mal humor. Edward apretó su agarre en mi cintura y me elevó unos centímetros llevándome con él bajo unos frondosos árboles, por supuesto, escondidos en toda la vegetación de la que estábamos rodeados. Una vez ocultos de todos volvió a ponerme sobre el pasto, me alejé de él.
— No me hagas odiarte —espeté.
Se acercó con tres pasos y acunó mi rostro dispuesto a darme un beso, apreté mis labios y no le correspondí ni siquiera cerré mis ojos como él lo hizo.
Edward suspiró antes de apoyar su frente en la mía.
— Lo siento, nena. Te prometo que resolveré lo más pronto posible que somos novios.
— ¿Cuándo?
— Bella, no puedo exponerte ahora. Estoy tratando de que tu nombre no sea arrastrado a mentiras que puedan dañar tu reputación, ¿me entiendes?
— Mi reputación está en boca de todos desde hace años, ¿crees que eso me importa?
— Bella, yo...
— ¡Edward! —escuchamos a Jessica nombrarlo a lo lejos—. Edward, ¿dónde está la modelo?
Estreché mis ojos y decidí salir del escondite y preguntar lo que ocurría, pero una vez los brazos de Edward me rodearon de la cintura con la fuerza suficiente para inmovilizarme.
— Te propongo un trato —susurró en mi oreja antes de apresar el lóbulo con sus dientes, me estremecí— ¿por qué no eres mi modelo para el comercial?
— ¿¡Qué!?
Zafando mi cintura de su brazo me volteé a mirarlo.
— ¿Es una broma? —inquirí— el comercial está a punto de echarse a rodar y todo debe estar listo, incluyendo la modelo.
— Bueno… —me sonrió y realmente no entendí de qué se reía— solo hay un ligero inconveniente…
— ¿Estás diciendo que no tienes una modelo para el comercial? —Lo interrumpí.
— Mi modelo serás tú —encogió sus hombros— es la razón por la que no quise elegir a nadie más, ese comercial es tuyo, nena.
Me enfadé. Di media vuelta y salí de sus brazos mientras Edward me pedía que me detuviera ¿detenerme? ¿cómo podía hacerme esto? Nos estábamos jugando el prestigio de la agencia con esa campaña y…
— Bella —me hizo volver a él— el comercial será un éxito, ya lo visualice. No te preocupes.
— ¡Déjame! Necesito hablar con Liam o Jessica, debemos buscar una modelo para hoy mismo.
— Nena —acunó mi rostro— tranquilízate. Y confía en mí, sé lo que estoy haciendo.
— ¡No! No lo sabes. No tienes idea que las agencias de modelos se rigen bajo sus reglas y no podrán ayudarnos en estos momentos.
— No necesitamos a una modelo cuando la chica que necesito está frente a mí.
— Edward, entiende. Las modelos son chicas sumamente delgadas porque cumplen con estándares para aparecer en pantalla, yo jamás podría porque mi cuerpo es curvilíneo ¿sí entiendes? Se trata de armonía a cuadro.
— Vamos, Bella, dejemos de lado las estúpidas reglas que adoptaron para realzar la belleza de una mujer. Eres perfecta para el comercial y todo está listo para que seas tú, incluso el vestuario lo elegí pensando en ti.
— ¿¡Hiciste qué!?
— Ah… aquí están —Jessica musitó, tomando a Edward del brazo— todo está listo y no hay modelo, ¿a qué agencia pertenece? Necesitamos reportar su impuntualidad. Nos está haciendo perder tiempo y el tiempo es dinero, chico.
Jessica era la directora de arte de la agencia y si algo detestaba era la impuntualidad. Cuando había un retraso por equis motivo ella empezaba a perder la razón y sus fuertes chillidos se hacían presentes. Así que, con ese gracioso modo de contonearse sobre sus zapatillas de tacón de aguja y sin quitar la mano de su estrecha cintura, elevó la voz:
— ¡Responde, Cullen!, ¿dónde está la modelo?
— Bella es la modelo —dijo sin más.
Los ojos de Jessica casi se desorbitaron y el semblante de su rostro palideció.
— ¿De qué hablas? —preguntó intercambiando miradas entre Edward y yo—. El rodaje está por iniciar.
No podíamos seguir perdiendo el tiempo, debíamos evitar que Jessiica entrara en una crisis nerviosa y fuera a dar al hospital.
— Me haré cargo —expresé muy segura.
— Pero, pero —Jessica balbuceó sin poder pestañear, de pronto sacudió la cabeza y sujetó mi mano llevándome con ella— apúrate, una asistente te ayudará con el vestuario, ve por ahí, Isabella.
.
Inhalé y exhalé manteniendo mi serenidad.
Cuando salí al exterior, justo donde la escenografía estaba lista con la cascada de fondo y la vegetación por doquier, la chica asistente se acercó ayudándome a retirar el albornoz blanco que cubría mi cuerpo: el vestido adherido a mi figura era de tela demasiado transparente, aunque lo que importaba era la exquisita joyería que usaba en mi garganta.
Escuché los murmullos de los presentes y justamente mis ojos conectaron con los Stefan de quien no lograba descifrar su mirada. Tan solo se mantuvo a un costado apartado de todos, observando fijo y sin quitar sus manos de los bolsillos. James también estaba presente, me dio un guiño y lanzó un beso al aire cuando nos miramos, rápidamente dejé de prestarle atención para ver a Seth. Él estaba con la cámara fotográfica y su conciliadora sonrisa, me hizo sonreír. Liam estaba en su lugar cerca de Jessica y ambos parecían orgullosos al verme lo que me hizo sentir segura y luego mis ojos lo buscaron. Edward estaba sentado en su lugar de director viéndome fijamente con una hermosa sonrisa que me dejó sin aliento.
Todo estaba perfecto hasta que la divisé a ella.
Emily me miraba con suficiente odio mientras su amiga Jane cargaba al pequeño Sam. Ambas no podían ocultar el dolor de tripas que les causaba mi presencia.
Levanté mi mentón y les dediqué las más hipócritas de mis sonrisas.
En eso todo el lugar dio vueltas, intenté dar un paso y me sujeté fuertemente del brazo de Seth cuando se acercó a mí.
— ¿Estás bien?
No respondí, tan solo a lo lejos alcancé a escuchar mi nombre antes de que todo se volviera oscuridad.
No sé qué opinan del capítulo, chicas. ¿Les gustó?
Vania, gracias por hacerme notar ese posible error en el summary, y concuerdo contigo. Tal vez ese sea el motivo por el que somos muy pocas leyendo la historia. En cuanto tenga tiempo trataré de modificarlo.
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