Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 26

Bella

Sacudí la cabeza cuando los ojos de absolutamente todos estaban sobre mí.

Sonreí nerviosa.

La sensación que se producía en mi cuerpo era como si fuera lava ardiendo recorriendo mi sistema e hiciera cortocircuito; quería gritar, llorar, correr, me sentía exultante de felicidad.

— ¿Quieres ser mi novia? —Insistió él.

No tuve qué pensar, de hecho no pretendía siquiera hacerlo esperar, tan solo reaccioné poniéndome de pie y corriendo a sus brazos.

Cuando Edward me sostuvo y me envolvió con ternura supe que era mi lugar, quería quedarme con él y posiblemente envejecer. Mi cabeza me mostraba mil escenarios y, en todos y cada uno estaba él… solo él.

— No me has respondido —murmuró besando el tope de mi cabeza.

— Si, sí quiero.

Acunó mi rostro entre sus grandes manos y me hizo mirarlo.

— No escuché.

Reí al mismo tiempo que movía la cabeza de arriba y abajo.

— Sí quiero, Edward. Te quiero, te quiero tanto. Y quiero ser tu novia.

Se acercó, apenas un roce de sus labios en los míos demasiado corto y yo quería más. Tiré de su camisa logrando que su rostro se inclinara hacia el mío y lo besé fuertemente sin importar los murmullos que podía escuchar a nuestro alrededor. Lo besé con todo lo que tenía y estaba dispuesta a darle, aunque los silbidos y aplausos se escucharan tan fuerte que no me permitían concentrarme.

— Bravo —fue la voz de Witherdale que aplaudía, podía verlo por mi vista periférica y él sonreía—. Enhorabuena, bien por ustedes.

Edward me abrazó fuertemente y yo enterré mi rostro en su pecho llenando mis sentidos olfativos con su exquisita colonia amaderada floral.

— Gracias —murmuró hacia James—. Ahora si nos disculpas, necesito hablar con mi novia.

Con su brazo rodeando mi cintura me guío por el ancho pasillo lleno de vegetación y oscuridad, algunos compañeros se acercaron conforme caminábamos y nos felicitaban, Liam fue el primero.

— Estoy tan feliz por ti —susurró Liam en mi oído mientras me sostenía con fuerza entre sus brazos y me llenaba de besos la cabeza—. A ti más te vale que la cuides —se dirigió a Edward—, ella es mi chica favorita y merece toda la felicidad del mundo.

Edward sonrió ampliamente y le dio la mano a mi mejor amigo. Me emocioné demasiado al ver su apretón de mano, mis dos chicos al fin estaban llevándose mejor o al menos lo intentarían.

Luego llegó Seth y abrazó fuertemente a Edward dando sonoras palmadas en su espalda.

— No sé si llamarte jefa o hermana —bromeó Seth cuando tiró de mi mano para envolverme en sus brazos.

— Bella está bien —le dije.

— Para ti es Isabella —aclaró Edward sacándome de los brazos de su mejor amigo.

Seth solo sacudió la cabeza sin quitar la sonrisa de sus labios.

— ¡Yo lo sabía! —Exclamó Mike dándole la mano a Edward—. No podías ocultar que nuestra jefa te traía loco, ¿eh? Felicidades a ambos.

Le sonreí.

— También lo sospechaba —opinó Ángela con una gran sonrisa— sabía que esas miradas entre ustedes significaban algo y es emocionante.

— Sí, es muy emocionante —se entrometió Jessica con esa voz chillona y estresada, besó mis mejillas y también las de Edward—. Pero necesitamos organizarnos para la presentación del comercial, así que no perdamos el tiempo, chicos. Los quiero, sí, y también quiero que todo esté perfecto para ese día.

Señaló a Edward con el índice.

— No le quites mucho el tiempo —añadió haciéndonos reír—. Isabella es la experta en este negocio, Cullen.

— Pero —se acercó Leah, tenía sus ojos muy abiertos y aunque estaba algo ebria podía sostenerse por ella misma— ¿acaso tú y Liam…? —me señaló— no estoy entendiendo nada.

Rodé los ojos. No me pondría a dar explicaciones, sujeté la mano de mi chico y los dos empezamos a caminar sin detenernos con nadie más.

Cuando íbamos al pasillo de las habitaciones Edward tiró de mi mano llevándome hacia el lado opuesto.

Fruncí las cejas sin entender a dónde íbamos.

Aun así lo seguí caminando entre los árboles que asemejaban sombras tétricas en la oscuridad. Llegamos hasta el pequeño arroyo y me ayudó a sentarme junto a él encima de unas grandes rocas.

La luna estaba más brillante y grande que otros días. La noche parecía completamente tranquila y mi corazón aún palpitaba como loco por él.

Estaba enamorada y tenía tanto miedo de reconocerlo.

— Bella —su voz fue firme al tiempo que llevó mi dorso a sus labios dejando un beso— te quiero.

Suspiré y apoyé ligeramente mi cabeza en su antebrazo.

— ¿Qué esperas de mí? —preguntó.

— Solo que seas tú, sin caretas, ni apariencias. No tengo mucha experiencia en noviazgos —sonreí ante la palabra— supongo que solo seremos nosotros dos tratando de acoplarnos para saber que tanto tenemos en común y hacia dónde queremos ir.

De pronto volteó hacia mí. La luz de la luna me permitía apenas distinguir su rostro, acaricié su incipiente barba con mis dedos.

— Quiero todo contigo, Bella. Y si por mí fuera estaríamos en camino a Las Vegas para casarnos.

Abrí la boca. No tenía voz, no podía siquiera articular una palabra.

— No te asustes —murmuró quitando un mechón de mi rostro—. Sé que aún tenemos tiempo y que debemos ir despacio. Por supuesto que eso incluye a nuestros hijos, debemos esperar algunos años más antes de traerlos a este mundo. Tenemos mucho por conocer nosotros solos.

Carraspeé.

— ¿Quieres hijos?

— Por supuesto que los querré, pero no ahora —comentó— por el momento quiero disfrutar de nosotros y también estar preparado para lo que nos viene encima.

Asentí.

Comprendía perfectamente que los chismes estarían a la orden del día. Ya estaba preparando mi mente para la avalancha de críticas, señalamientos e injurias que se desataran en mi contra.

— Quiero protegerte, Bella. Reconozco que el inicio de nuestra relación no fue de la mejor forma, mas considero que nadie tiene derecho a intervenir, a juzgar sobre nosotros —exhaló— porque de mí pueden despotricar lo que quieran, pero sabes bien que se irán sobre ti y eso me enferma. No quiero escuchar a nadie hablar mal de ti, no podré soportarlo.

— Estoy acostumbrada —lo tranquilicé recorriendo nuevamente mis dedos en su mejilla— no te preocupes por mí.

— No puedes pedirme que no me preocupe, nena. Ahora eres mi todo —tiró de mí y me abrazó con fuerza— me siento totalmente responsable de ti.

Mis brazos rodearon su torso mientras escondía mi rostro en su pecho. Me sentía llena de gratitud por tenerlo conmigo y que él quisiera cuidar de mí, era absolutamente emocionante.

— También sé que debo hablar con Emily —continuó—, necesito que se entere por mí antes que por alguien más, creo que es lo justo, ¿no?

Asentí. Soportando los celos que sentía cuando sabía que aún vivía con ella.

— ¿Seguirán viviendo bajo el mismo techo?

Edward sonrió antes de dejar un beso en la punta de mi nariz.

— No. Solo iré por mis pertenencias.

— ¿Por qué no vives conmigo?

Su nariz acarició la mía con absoluta ternura.

— No sé, cariño. ¿No te gustaría esperar un poco más?

Sacudí la cabeza, negando.

— No. No quiero esperar, te quiero conmigo —fui yo quien sujeté su rostro y lo besé con necesidad.

Lo atraje hacia mí mientras me iba recostando sobre la fría roca, mordí su labio al tiempo que Edward siseaba.

— Bella… —gimió, besándome— aquí no, cariño.

— ¿Por qué no? —mis manos fueron a sus nalgas y sus caderas se presionaron contra mí.

— Porque… —logró articular sobre mis labios— no puedo exponerte, estamos en la intemperie y…

— Quiero ser tuya.

Me besó apasionadamente acallando mi voz con su boca fue que aprovechó para meter su lengua, jadeé al sentir que se presionaba deliciosamente en mí y empezaba a moverse creando una necesitada fricción.

Desabotoné su camisa, es momento lo aprovechó para apoyar su frente en la mía respirando de forma irregular.

— No puedo —exhaló entrecortadamente— no puedo tomarte aquí en la tierra, quiero… cuidarte más.

Sabía que se refería a que estábamos a la orilla de un arroyo entre tierra, rocas y maleza. A parte estábamos expuestos a cualquier insecto o animal peligroso, sin embargo, poco podía importarme, yo necesitaba ser de él y el lugar era lo de menos.

— Edward, te necesito —suspiré— no me hagas rogarte.

Apenas terminé de hablar y su boca se estrelló contra la mía con demasiado desenfreno.

— Montame —pidió, rodando sobre la gran roca y dejándome encima de su cuerpo.

No perdimos el tiempo. Mi vestido facilitó que sus dedos empezarán a urgar dentro de mi intimidad y al darse cuenta lo húmeda que estaba desabrochó su pantalón dispuesto a penetrarme.

Empuñé su pene y lo froté algunas veces antes de ser yo quien lo tomara por completo.

Gemí. Lo hice tan fuerte que imaginé que me escucharían.

— Mierda —gruñó Edward— nena, terminaré antes de tiempo.

Sujetó mis caderas impidiendo mis movimientos.

Le sonreí y no pude obedecer; mis caderas por si solas se movían en círculos mientras lo oía jadear y maldecir.

Empecé a montarlo duramente y en cada movimiento mis rodillas se raspaban contra la roca.

Edward quiso participar un poco deslizando los tirantes de mi vestido para amasar mis senos desnudos. Me conocía bien y sabía que era sensible a sus manos y últimamente estaba más sensible que nunca a sus caricias.

— Más… —pedí.

Edward se sentó y me abrazó a su cuerpo sudoroso buscando el punto de llegar más profundo en mí. Besó mi cuello y hombros al tiempo que sus caderas seguían empujándose contra las mías, arañé su espalda cuando sentí ese familiar escalofrío.

Era mi clímax.

— Bella, me vuelves loco —jadeó con un último empujón y derramándose por completo dentro de mí.

Sin fuerza, pero satisfecha me abracé a su cuello tratando de regular mi respiración.

Cerré mis ojos y en segundos sentí un beso en mi perlada frente.

— Ahora eres mi vida —lo escuché decir y sonreí—. Nena, no puedes dormirte.


Espero con mi corazón que el capítulo sea de su agrado y que quieran otro capítulo. ¿Opiniones?

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