Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 27

Edward

Mmm, cuanto misterio, hermano. ¿Puedes adelantarme un poco?

Sonreí. Kate estaba bastante curiosa.

— Lo haré en persona y será mejor que estén las dos, me gustaría que le dijeras a Irina que necesito compartir noticias con ambas.

Tiene qué ver con dos rosas y una nota amarilla donde se aprecia claramente tu caligrafía.

Fruncí las cejas al escuchar, no entendía de qué hablaba.

Es una historia del instagram de Isabella Swan, tu jefa. Hace unos minutos publicó esa imagen.

Abrí la boca y pasé la mano por mi pelo mirando hacia la puerta del baño. Bella estaba tomando una ducha.

— ¿Sigues a Bella en Instagram?

Escuché una risa sofocada en la bocina del celular.

Lo hago desde hace un par de semanas, es una chica muy activa en redes y me gusta su contenido. Pero dime: es ella ¿verdad?

Apoyé la espalda en el respaldo de la cama, no podía dejar de sonreír. Tenía la necesidad de que todos conocieran la verdadera razón de mi felicidad.

Exhalé y me mantuve callado sin quitar la sonrisa de mis labios.

Te escucho diferente, Edward. Tu voz tiene más alegría, más entusiasmo, incluso tu risa suena distinta y estoy consciente que existe una razón.

Asentí.

— Estoy feliz —admití.

Entonces se feliz, hermano. Y anda, ve con tu chica que ya habrá tiempo para que me cuentes detalles, incluyendo los morbosos, porque nadie me quita de la cabeza que Isabella es una mujer caliente.

Sus carcajadas fueron estruendosas, tanto, que alejé el móvil de mi oído.

Te quiero.

Fue lo último que dijo antes de finalizar la llamada. En ese momento la puerta del baño se abrió y Bella salió envuelta en una toalla color blanco, noté sus rodillas lastimadas y negué.

— Ven aquí —extendí mi mano hacia ella— conseguí un ungüento de árnica para esos raspones.

Se sentó en medio de la cama y pude ver que había sangre supurando entre las pequeñas grietas de su piel.

Hizo un gesto cuando deslicé la crema sobre ellas.

— No negarás que fue divertido y muy caliente.

Reí. Mi Bella no tenía remedio.

— ¿Publicaste las rosas que te di?

Ella mordió su labio mirándome tan sensual que podía hechizarme.

— Quería publicar una foto nuestra —se sinceró— solo que opté por esas flores.

Tiró de mi cuello obligándome a acercarme.

—Hazme el amor —me pidió— despacio, como tú sabes enloquecerme.

Apenas mis labios tocaron los suyos y supe que sería una noche larga, muy larga.

.

.

Bella

Cerré los párpados sosteniéndome de la encimera cuando un mareo amenazó con hacerme caer.

Inhalé y exhalé tratando de mantener mi serenidad y que el malestar pasara.

¿Qué demonios me pasaba últimamente?

Edward y yo llevábamos tres días encerrados en el penthouse y eran los mismos días que cada mañana me sentía pésima.

— Mmm, huele exquisito —comentó Edward al entrar en la cocina, tenía el torso desnudo y vestía solo pantalón de chándal—. Te he dicho que me encanta verte con mi ropa puesta, mis camisetas lucen mejor en ti que en mí.

Miré disimuladamente mis piernas desnudas, su camiseta me llegaba a mitad de los muslos.

— Sí, definitivamente me lucen mejor —bromeé.

Edward se acercó por detrás rodeando mi cintura con sus fuertes brazos, empezó a besar mi cuello.

— Todo es mejor contigo, nena —murmuró entretenido en mi cuello—. Sabes, quiero llevarte a conocer a mis hermanas —me hizo volver hacía él— sé que no te gustan las presentaciones, pero para mí es importante, Bella. ¿Qué dices? ¿Te gusta la idea?

— No acostumbro a llevarme bien con las personas, pero haré un esfuerzo —besé sus labios— te quiero y estaré feliz de conocerlas.

— Gracias.

El timbre sonó y Edward miró hacia la puerta.

— Debe ser Liam —le dije— será mejor que abras la puerta o terminará por descomponer ese timbre.

Escuché a Edward reír, yo había vuelto a concentrarme en las tostadas de tocino con huevo.

— Así que era verdad.

Volteé de inmediato al escuchar la voz de mi padre.

— ¡Eres la amante de este hombre! —espetó sin dejar de mirarme con absoluto desprecio.

Edward se puso al lado mío y me rodeó con su brazo y justo en el momento que estaba por hablar, me quitó la palabra de la boca.

— Bella no es mi amante —aseguró— ella es mi novia, señor Swan.

Mi padre rio burlonamente y eso fue suficiente para que mi mal humor fluyera.

— Te recuerdo que tu hijo favorito vive en el piso de arriba —le dije caminando hacia la puerta—. Que tengas buen día —señalé que se fuera, pero él cerró la puerta quedándose dentro.

— Llevas tres malditos días desaparecida. Estamos atrasados en la campaña y te encuentro aquí disfrutando con tu amigo en lugar de avanzar con la producción. ¿Qué esperas para hacer la presentación, Isabella?

Sacudí la cabeza. Era increíble que yo le importara tan poco y que su única preocupación fuera el maldito trabajo.

— Edward es mi novio —corregí—. Y no, no he estado perdiendo el tiempo como piensas, hemos trabajado para la presentación de esta noche.

El semblante de mi padre cambió por una leve sonrisa. No podía ocultar que le agradaba saber que la agencia se adjudicaba otro gran triunfo y que eso le otorgaría más prestigio por trabajar para Witherdale.

— ¿Por qué nadie me avisó que es esta noche? —Cuestionó enfocando sus ojos en Edward—. Eres tú el encargado de la campaña, ¿no? Debiste avisarme con anticipación que la presentación sería hoy.

— No sabía que le tenía que dar explicaciones.

La espontaneidad de Edward me hizo sonreír.

— ¿Cómo dices? —Inquirió Charlie—. ¿Sabes quién soy? Tienes una idea de…

— Edward sabe que soy la encargada de las agencias —lo interrumpí—. No tienes porque exagerar que todo está bajo control.

— Necesito que hablemos —dijo Charlie—, a solas.

Sostuve la mano de Edward y entrelacé nuestros dedos. Dándole a entender que se podía ir al mismísimo demonio porque yo nomqueria hablar con él.

— No voy a quedar mal en la campaña, papá. Digo, por si esa es tu preocupación.

Charlie resopló.

— Nos vemos esta noche —comentó antes de dar media vuelta y marcharse.

— ¿Qué le pasa?

Me volví hacia Edward llevando mis manos a sus hombros.

— A Charlie solo le importa la agencia —encogí mis hombros— nada nuevo. Por cierto, ¿no lograste comunicarte con Emily?

— No. Realmente es muy extraño, sus pertenencias siguen en el apartamento pero ella no está ahí ni responde el móvil. Tal vez, deba ir a Forks, pudo haberle pasado algo a Carmen.

— ¿Cuándo te Irás?

— Posiblemente mañana por la noche.

Asentí.

— ¿Estás nervioso por la presentación de esta noche? —Quise saber.

La sonrisa en sus labios fue bastante corta. Era obvio que lo estaba.

— Lo estoy —admitió— sin embargo, estoy feliz de compartir esta noche contigo y que todos sepan que eres mía.

Sentí como si mi pecho quisiera explotar de felicidad.

— ¿Seguimos repasando las líneas que dirás esta noche? —pregunté.

— Creo que no es necesario. Prefiero otra cosa para calmar mis nervios —me sujetó a su altura y fue fácil para mí envolver sus caderas con mis piernas.

— ¿Qué cosa? —Fingí inocencia mientras me llevaba a la habitación.

— Ya lo averiguarás —sonrió cuando lanzó fuera de la cama a mi peluche de elefante. Le hice un puchero y él solo rio al tiempo que me recostaba con mucho cuidado en la cama acomodándose entre mis piernas, su dedo acarició mi rostro sin quitar su mirada de mis ojos—. Te quiero.

— También te quiero.

Su boca cubrió la mía mientras mis piernas se abrían y lo recibían felizmente.

.

Cuando las diapositivas terminaron de proyectarse todos los presentes irrumpieron en aplausos.

No podía sentirme más orgullosa de Edward que seguía en el escenario después de realizar la presentación, le aplaudí con mis manos en alto y no pude dejar de sonreír al ver su rostro enrojecido.

Se veía demasiado guapo vestido de negro, había decidido no usar traje y sentirse más él con solo ropa de vestir.

— La proyección fue excelente —susurró James—. Deberías dedicarte al modelaje, Isabella. ¿Lo has pensado?

Lo miré de soslayo. Él era siempre elegante y formal, suponía que era debía a su edad.

— No me visualizo haciendo otra cosa que no sea dirigir las agencias de mi padre.

James me ofreció una copa de champán llevando su mano a mi cintura para guiarme lejos de los presentes. La actitud de muchos invitados era un tanto esquiva hacia mí, mientras otros tantos solo me miraban, imaginaba que los rumores sobre mi relación con Edward había empezado a expandirse.

Seguimos caminando hasta el final del salón situándonos frente a una hermosa fuente que estaba en la entrada principal.

— Te ves radiante —dijo— no puedes ocultarlo.

— Es que no estoy tratando de ocultar nada, me siento realmente feliz.

Bebió de su copa para después mostrar una auténtica sonrisa.

— Me gusta saberlo porque así tendrás más energía para hacer nuevos proyectos.

Estreché mis ojos al tiempo que humedecía mis labios con el líquido espumoso.

— Quieres hablar de negocios.

James asintió.

— Por supuesto que quiero, solo que esta vez no se trata de mí, sino de un viejo conocido. Hace poco tiempo nos volvimos a ver después de años y desde entonces he tenido algunas conversaciones con él. Le conté que trabajaba contigo, le invité a la presentación, sin embargo no pudo asistir. ¿Te parece cenar con nosotros una de estas noches? Así te lo presento.

— Claro, ¿por qué no?

— ¡Isabella! —mi padre elevó la voz, al llegar a nosotros sujetó mi brazo con suficiente fuerza—. Necesitamos hablar.

James se aclaró la garganta mientras Charlie tiraba de mí.

— Isabella es una dama y no estoy de acuerdo en que se use la fuerza contra una mujer.

Mi padre lo miró amenazante.

— ¿Qué demonios te pasa? —Lo increpé con suficiente coraje para zafarme de su agarre.

Si algo sabía Charlie de mí era que jamás se me debía subestimar. No había nacido para quedarme callada.

— Déjame a solas con ella —se dirigió a James con esa soberbia— sé cómo tratarla.

James sujetó mi mano. Ese pequeño gesto hizo que mirase sus ojos azules y comprendí que estaba dejándome decidir a mí. Asentí y él se alejó con su andar elegante, no sin antes devolverle la mirada retadora a mi padre.

— ¡No vuelvas a tocarme! —le advertí con mi índice.

— ¡Y tú no juegues a ser la novia decente de nadie! —Exclamó. Su mirada era fría y su gesto retador dejaba al descubierto su coraje contra mí.

— ¡Eso a ti que te importa!

— Eres mi hija.

Reí.

— Tengo veintiséis años, no necesito un padre ahora.

— Escúchame —se acercó a mí sujetándome el rostro— te he confiado nuestro patrimonio porque sabía qué eras la única con suficiente inteligencia para sacar adelante las agencias.

— Ahí tienes a Stefan. Tu hijo predilecto.

— ¿Acaso crees qué soy capaz de confiar en tu hermano? Stefan es un mediocre que está más interesado en cuidar de su apariencia que en dialogar un maldito contrato. No tiene agallas para dirigir y mucho menos visión empresarial.

No podía dejar de mirarlo con incredulidad. ¿Era este tipo ruin mi padre? El hombre quien nunca me dedicó tiempo y solo se volcó hacia mi único hermano. ¿Era el mismo hombre que hoy estaba diciendo sandeces?

— Nena, no quiero que distraigas tu mente de lo que amas, sé perfectamente bien que es tu vida dirigir las agencias. ¿Entiendes? No puedes perder el tiempo y jugar a ser la novia de un mediocre como Cullen.

— ¡Edward no es ningún mediocre! —Espeté.

— ¿Pasa algo? —Edward llegó rodeando mi cintura—. Su discusión está llamando la atención de algunos presentes.

Mi padre lo miró fijamente.

— Ahora que hay oportunidad, me gustaría que supiera que estoy en una relación formal con su hija —añadió Edward.

— Veremos cuánto dura su relación formal —musitó Charlie antes de alejarse.

Sin embargo yo no sabía callar y me escuché diciendo:

— No te preocupes, seguro durará más. Mucho más que el tiempo que Renée te soportó.

Mi padre se detuvo algunos segundos, mas no volvió y siguió su camino.

— ¿Nunca has intentado llevar una buena relación con tu padre?

Suspiré.

— Entre nosotros no existe comunicación.

— Es tan extraño, entonces ¿por qué te eligió a ti para dirigir las agencias?

Me volví hacia Edward, yo tenía la misma duda.

— Sabes, hasta hace minutos pensaba que Stefan era su hijo favorito —expliqué— me doy cuenta que no es así. Charlie Swan no quiere a nadie, solo respira para saber que sus estúpidas agencias siguen triunfando.

Pero había más de esa hipótesis y yo quería averiguarlo.

— Volvamos al evento —me tendió su mano— necesito presumir a mi chica.

Rodé los ojos.

Era la noche de Edward y no la amargaría con mis estúpidas teorías.


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