NOSOTROS LOS POTTER
El número 12 de Grimmauld Place estaba en silencio, Ginny miraba el techo de su habitación mientras Harry dormía a su lado. valoraba los pocos instantes en que su casa estaba como en ese momento, completamente en silencio. Sabía que la paz duraría poco. El moreno a su lado se movió y abrió los ojos con dificultad, la pelirroja lo observaba. A sus 45 años, su rostro maduro estaba en plenitud, unas finas patas de gallo surcaban su rostro curtido y una barba incipiente rodeaba su mandíbula, el cabello negro estaba salpicado de canas y hacía mucho tiempo que había dejado de ser tan flacucho.
- ¿Cuándo te pusiste tan guapo, Potter? - Ginevra sonrió y besó los labios de su esposo, él le respondió flojamente cuando oyeron un estruendo en la sala. Interrumpidos, Harry protestó y ella, renuente, se levantó al grito de "¡abuelitaaaaaaa!"
Ginny se levantó y bajó a la sala envuelta en una bata, un torpedo pelinegro casi la hizo caer de espaldas.
- ¡Merlín, que fuerte estás, Dany! - unos ojos verdes la miraron brillantes, semi escondidos entre una melena lacia y negra que le cubría la mitad de la cara. Danielle Potter era la hija mayor de Albus y Megara, tenía seis años y era la viva imagen de Harry y Albus en femenino, pero con el carácter de su madre. Ginny se agachó y besó la carita de su nieta cuando vio entrar a su hijo cargando a Blaine, uno de los gemelos Potter. Blaine y Owen Potter eran los gemelos de tres años que seguían de Danielle, de ojos verdes y piel ligeramente oscura, tenían el aire altivo de los Zabini. Albus entró y Megara detrás con el pequeño Owen de la mano, ella estaba en el séptimo mes de gestación y otra vez eran gemelos. A Ginny siempre le dio curiosidad como es que había tantos gemelos en la familia, pero estaba feliz, aunque era difícil para ellos como padres, ella como abuela, estaba encantada. Harry bajó las escaleras y fue interceptado por su nieta, la levantó y besó su carita.
—¿Como está mi niña favorita en el mundo?
—Que Lily no te oiga o tendrás problemas, papá— bromeó Albus mientras dejaba a Blaine en el suelo. Le gustaba volver a casa y sus hijos adoraban a sus abuelos. Megara se sentó en la sala, cansada.
—Esto de tener tantos hijos es cosa de Weasleys y tú eres Potter— refunfuñó— exijo un reembolso.
—Vamos a desayunar, se hará tarde— Ginny observó la hora y fue a la cocina.
—Ya desayunamos mamá, solo nos vamos a cambiar— respondió Albus, se acercó a Megara— Amor, soy mitad Weasley, eso lo sabías— dijo riendo.
—Quiero mi dinero de vuelta, Potter— Megara lo miró ácidamente, se levantó y fue por su hija para ponerse los vestidos elegantes.
Harry sonrió. Entregó la niña a su madre y se volvió a su hijo. Los tres juntos eran un retrato casi idéntico. Albus era el más alto de sus hijos y un exitoso sanador, le sonrió y lo abrazó.
-Hijo, llegaron temprano.
-Quisimos llegar antes que James porque…- no terminó la frase, la voz atronadora de James llegó hasta ellos fuerte y clara acompañada de un chillido- James, deja a mis hijos -suspiró Albus. Siempre era lo mismo, mientras el instinto maternal de Lily se mantenía oculto, las ganas de James por ser papá salían a la luz cada vez que veía a sus sobrinos. Los gemelos y Danielle lo adoraban, era su héroe, siempre con algún bicho raro en la mano, historias fantásticas de animales legendarios y su característica sonrisa, los embobaba por horas. Megara lo amaba. Harry rio al ver a James cargar a Owen y arrancarle chillidos que no estaba seguro si eran de placer o miedo mientras Blaine le extendía las manitas y pedía la misma atención que su hermano.
-Albus, ven, mira, ¡El monstruo come-gemelos! - James le hizo una mueca rara a su hermano, quien entornó los ojos – Anda, juega con nosotros, amargado. El alto joven conservaba su aire bromista, sus ojos cafés tenían una chispa inteligente y su sonrisa era amplia y franca. Ginny salió de la cocina y su primogénito corrió hacia ella con un gemelo en un brazo y el otro a la espalda.
- ¡Madre! ¡sálvame! ¡ESTOS NIÑOS ME ATACAN! - fingió caerse ante Ginny, quien no sabía si reír o regañarlo. Albus rio, siempre era un caos la llegada de James. Se preguntaba cuando sería padre, cuando sería valiente y afrontaría la realidad de las cosas, pero no le preguntaba nada, era difícil de entender y él respetaba a su hermano mayor, aunque muchas veces se preguntó si hacía lo correcto. Harry y Ginny saludaron a James y le quitaron a los niños de encima para darles algo de desayunar, de pronto, su hermano se acicalaba el esmoquin y conservaba el fantasma de las risas pasadas.
- ¿Cómo te va, hermanito? - James Sirius Potter lo abrazó con fuerza - ¿Qué tal San Mungo? ¿Nuevos doctores?
Albus entornó los ojos y sonrió.
- ¿Por qué no preguntas lo que quieres saber en realidad?
-Ya lo hice.
-Mejor pregúntame como está Molly y si está saliendo con alguien.
-No sé de qué me hablas.
-No James, sigue en ER y no sale con nadie. ¿Más tranquilo?
Su hermano respiró aliviado, no dijo nada, solo un "gracias" apenas audible. Albus sonrió y lo dejó solo. James lo vio entrar a la cocina y hablar con sus padres, él se mantuvo estático, pensando en el pasado. Ocho años habían pasado desde esa boda donde pasó todo entre Molly y él. Le había confesado su amor después de una gran pelea acallada por la música y el escándalo del destape de la relación entre Rose y Scorpius, ella lo había abofeteado y él la besó, fue ahí cuando supo que era suya, tan suya como él de ella, pero, había cosas que no podían ser, solo ellos eran dueños de su historia, una historia que no tenía principio, porque la escribieron desde que se conocieron pero ninguno había aceptado el viaje, no se arrepentía de amarla, ni un solo momento, pero así como se amaron se destruyeron. Él no asimilaba aún el resultado de esa fatídica noche donde todo acabó. Lo que vivieron había sido tan intenso, tan sincero, tan real y por lo mismo era doloroso. La amó con toda el alma, "Aún lo hago" pensó. Después de un largo rato, sacudió la cabeza y fue a la cocina, donde hizo una entrada triunfal.
- ¿Y la panzona? - preguntó refiriéndose a Megara- Necesito sus maravillosos comentarios para poner orden en mi vida.
-Aquí estoy James, ¿Me extrañabas? ¿No te son suficientes tus chicas con cabeza de zanahoria? - la morena sonrió radiante.
-Tu veneno triplicado es música para mis oídos- James rio y besó a su cuñada.
Megara sonrió ampliamente. La vida era caprichosa y a veces se preguntaba como ella había acabado siendo una Potter, como había triunfado el amor que sentía por Albus, como desalojó cada rincón de su vida y los llenó con ese hombre de ojos verdes y voz tranquila. Él era su alegría, su valor, su fuerza, él lograba que el miedo se esfumara y le había regalado algo que jamás supo que quería hasta que lo tuvo. Una familia. Esa guerra le había dado el mayor regalo de todos. Había encontrado su destino, como si la magia la hubiera estado reservando para ese momento. Su boda con Albus había sido un derroche de magia y amor, un triunfo ante todos los obstáculos que enfrentaron, entre ellos la misma familia Weasley; cerró los ojos al recordar al castaño, los pleitos, la difícil decisión, los rincones oscuros donde hablaba con él a escondidas del mundo, como Hugo estuvo dispuesto a enfrentar a todos por ella, como ella estuvo a punto de elegirlo. De pronto, los labios de su esposo en su cuello la hicieron volver a la realidad, ella sonrió ante esa dulce mirada que amaba con locura. Todos estaban listos, Ginny sostenía a Danielle, James a Owen y su suegro a Blaine, sonriendo. Con cuidado, los Potter se aparecieron en el jardín de La Madriguera.
NOSOTROS, LOS NOTT
"-Alexander Theodore Nott, ¿Aceptas por esposa a Lucinda Audrey Weasley?
-Sí, acepto…"
"Alex…-el dulce rostro de Lucy, bañado en lágrimas bajo la lluvia, lucía deformado por el dolor-Fui una estúpida por creer que alguien como tú me amaría, perdóname…"
"-Lucy, perdóname, te lo suplico…
-No Alex, no mientas, no me tengas lástima, no necesito que me protejas…"
"Alex… ¿Por qué nunca me dijiste que mi padre te había pedido que me dejaras? ¿Por qué lo hiciste? - Lucy lloraba en plena calle sin importarle que todos la miraran - ¿Por qué me dejaste sufrir tres años? ¡Nunca te lo perdonaré Alexander! - Lucy golpeaba su pecho en un débil arranque de furia, las lágrimas la vencían y eso la enfurecía más.
-Lucy, te amo…
-Yo también tonto, como el primer día…"
Alexander no quería abrir los ojos, los recuerdos llenaban su mente. Afuera, la nieve caía y por milésima vez, sintió que no podía más, quiso rendirse, no comprendía como el mundo seguía funcionando y él seguía perdido. Se levantó al baño y se miró al espejo sin saber que buscaba. O si lo sabía, pero no lo tendría jamás. Se mojó la cara y salió, se topó con una sonrisa dulce que brillaba como un millón de luces, la única que quitaba el frío extremo que sentía en su corazón. Una carita pecosa se asomó a través de una melena anaranjada.
-Danae…
-Papá, ¿Iremos a ver a mami? - la pequeña de dos años tenía los ojos verdes como él, pero las pecas y el color de su cabello eran los de su madre, al igual que la boca pequeña en forma de corazón. Alexander se hincó ante la niña y le sonrió con amor genuino. Besó su frente, ella era el amor de su corazón, era quien iluminaba sus noches y días, no sabía cómo pagar el enorme regalo que había recibido con Danae, sabía que la vida no le alcanzaría para saldar esa deuda; cuidarla y hacerla sonreír el resto de su vida no sería suficiente.
-Buenos días Sunshine – quitó los mechones naranjas de su cara- ¿Quieres desayunar?
La pequeña negó y se colgó de su cuello de un salto, Alexander perdió el equilibrio y cayó de espaldas con la niña sostenida fuertemente en el pecho, ella reía y le pareció la mejor melodía del mundo. Estaba dispuesto a todo por hacer feliz a esa pequeña, le sonrió a su bebé y se levantó.
-Hoy iremos a la boda de Tía Roxanne, pero primero iremos a casa de tu abuelita Molly, verás a tu abuela Audrey, te hizo un vestido hermoso para la fiesta- el castaño buscaba ropa abrigadora para la niña mientras la sostenía con una mano- verás también a tu abuelo Percy y a tu tía Molly.
-Remy, quiero ver a Remy- dijo la niña riendo- ¡Caeli! ¡Quiero jugar con Caeli! Llévame a su casa- pidió la pequeña- Quiero ver a mami, vamos a ver a mami.
Alexander Nott bajó a su única hija. A sus 25 años, lucía más maduro e interesante que cualquiera. Le había tocado un destino retorcido desde su nacimiento, pero nada importaba si al final, estaban ellas al final del camino.
"Lucy, mi Lucy… ¿Dónde estás?"
Después de asearse y jugar en la bañera, Alexander jugó con su hija mientras la peinaba y le secaba el cabello. Su lacio cabello naranja caía en mechones sobre su cara pecosa, al finalizar, una trenza anaranjada caía sobre su hombro derecho. La niña se miraba al espejo.
-Papi, ¿me veo bonita?
-Te ves hermosa- Alex rio fuerte y la levantó, dándole varias vueltas- la más hermosa del planeta.
Danae tenía casi tres años. Había nacido una fresca noche de verano, la primera del año. Alexander lo recordaba como si hubiera sido ayer. Ese día el mundo cambió de color para el slytherin, el llanto de la niña se metió muy dentro de su corazón y supo que el amor a primera vista si existía, ella cayó del cielo como el regalo más bonito del mundo. Lucy lloró de emoción al oírla llorar fuerte, toda una guerrera, anunciando al mundo su llegada.
-Vámonos pequeña, es hora de ir a ver a mamá.
"Lucy había pasado varias horas en labor de parto, Molly vigilaba los signos vitales de su hermana y se mostraba optimista, Albus iba y venía entre sus pacientes, mientras los Weasley se apiñaban en la sala de espera de San Mungo. Alexander caminaba nervioso, había salido al baño, Scorpius y Megara se acercaron a él.
-Tranquilo, todo saldrá bien- dijo la morena mientras vigilaba su ejército de hijos, que estaban en brazos de algunos de sus tíos- ya pasé por ahí y parece un infierno y Merlín sabe que lo es, pero es momentáneo.
-Dile adiós a la vida tranquila, nunca volverás a dormir igual- dijo Scorpius en voz baja- creí que era una exageración más de la gente, pero no lo es, créeme, no lo es.
Alexander sonrió. Sus amigos ya eran padres y solían bromear con que Megara había roto el trato de un hijo por cabeza. Agradeció su compañía, iba a responder cuando la voz de Molly llenó el recinto.
-Alexander, ¡Ven acá! ¡Ya viene!
La medimaga entró a la habitación y Alexander quedó paralizado, Scorpius lo sacó de su estupor y corrió a la habitación, Audrey y él estaban ahí, el rostro de Lucy estaba deformado por el dolor, pero al verlo le sonrió con dulzura.
-Alex- musitó suavemente y le extendió la mano. El castaño la tomó y la apretó sin saber qué hacer, tomó el trapo que le dio Molly y secó el sudor de la frente de la pelinaranja.
-Tranquila corazón, todo estará bien, aquí estoy contigo- sonrió y besó dulcemente sus labios pálidos.
Molly y las enfermeras se movían frenéticamente, se sentía completamente inútil, se concentró en su esposa, en darle ánimos, Lucy sufría, pero daba todo de si para que su hijo llegara al mundo. Sus palabras atravesaban la habitación, que parecía derrumbarse ante los gritos de Lucy. ¿Por qué sufría tanto? ¡Haz algo Molly! ¿Albus?, la mano de su mujer apretaba la suya al grado que ya no la sentía, pero no importaba, el castaño observaba a su alrededor con una mezcla de confusión y resolución.
-Vamos Lu, es la última, ya casi, tú puedes…
Lucy apretó su mano y gritó, podía jurar que la habían oído del otro lado del mundo, de pronto, el mundo se detuvo ante el silencio que duró una milésima de segundo y luego un potente llanto llenó la sala, el primer Nott Weasley anunciaba su llegada al mundo. Alexander se quedó mudo ante el sonido más bello del universo, no podía creerlo. Un bulto ensangrentado cayó en manos de Molly, que sonreía enormemente.
- ¡Es una niña! ¡Lu, eres mamá de una hermosa niña!
Alex miró a la criatura revolverse en manos de su tía, quien la miraba feliz, sus ojos verdes se posaron en Lucy, su rostro perlado de sudor denotaba cansancio y felicidad.
-Dámela, quiero verla…-pidió débilmente, estaba agotada.
Molly puso el pequeño bulto sobre el pecho de su hermana, la miró, la nena guardo silencio al estar en brazos de su madre, pude observarla, la naricita dulce, su piel de alabastro, la misma boca en forma de corazón que su madre y una fila pelusa naranja en la cabeza.
-Danae- dijo en un susurro apenas audible- Danae Nott
Ella me miró y sus labios formaron la palabra "Te amo" sin que su voz saliera de su pecho cansado.
-Te amo Lu…"
Alex conducía al estilo muggle. Desde aquella última guerra, las cosas habían cambiado y era más fácil vivir mezclado entre los muggles, Danae iba en su asiento en la parte de atrás, feliz porque vería a su madre. Entré al recinto donde Lu nos esperaba como cada domingo, el cielo se había despejado un poco y la nieve había dejado de caer un momento. Llegaron y Alexander se estacionó bajo el árbol favorito de su hija, la niña espero quieta que su papá la llevara ante su madre. Padre e hija caminaron en silencio hasta donde Lucy Weasley Nott los esperaba.
-Hola Lu…Hola mi amor.
"Albus se llevó a la pequeña, Molly salió a darle la noticia a la familia junto con su madre. Lucy descansaba en los brazos de Alexander, su piel se sentía fría, el castaño lo notó.
-Lucy, mi amor…despierta…
La pelinaranja abrió los ojos con dificultad. Le sonrió con dulzura. Algo no andaba bien.
-Alexander, te amo, tu sonrisa es mi tesoro más grande, no la pierdas, enséñale a Danae a sonreír.
Sus ojos se cerraban.
-Lucy, ¡Lucy, despierta! - Alex gritó sin soltarla- ¡Molly, ALBUS! ¡LUCY, DESPIERTA!
El castaño besaba a Lucy, le suplicaba abrir los ojos, Molly entró rápidamente seguida de un equipo médico y lo separaron de su mujer, vio caer la mano de Lucy de la cama y lo supo, no sintió como Scorpius y Lorcan lo sacaron de la habitación, a esa que él debía volver, porque era una pesadilla, eso no estaba pasando, él entraría y Lucy estaría esperándolo con una sonrisa cargando a Danae, debían despertarlo, ¿Por qué Scorpius lo detenía y no lo despertaba? Alguien gritaba y sollozaba como animal herido y se dio cuenta de que era él. Su rubio amigo lo sostenía, él gritaba en medio del pasillo, sumido en el dolor. Se dejó caer y hundió la cara en el pecho de su mejor amigo. Le habían robado el sol, le habían quitado la vida entonces un llanto llegó a él, un llanto fuerte. Levantó la mirada, una enfermera traía a esa pequeña que era producto del amor entre su Lucy y él.
Se levantó y ante la mirada llorosa de la familia, tomó el bulto envuelto en una manta rosa.
-Hola Danae Lucinda Nott, hola, no llores, papá está aquí…"
Alex y la pequeña Danae colocaron flores amarillas en la lápida que visitaban cada domingo y era un altar a la vida que les había sido arrebatada. Estuvieron un rato y después salieron rumbo a La Madriguera, a seguir adelante, aunque a ambos les faltaba la mitad de su corazón.
Espero que este tercer capítulo sea de su agrado, no pensaba continuarlo, pero sus reviews y la insistencia de Brunella me hicieron aceptar el reto. Gracias por sus comentarios, y no me odien, por favor. Aún faltan muchas sorpresas y momentos cotidianos y divertidos que los harán amar a los personajes aún más. Gracias por todo y dejen reviews, así no me desanimaré en subir el siguiente capítulo.
