La chica que tuvo que decir adiós
La luz de la luna bañaba de plata los terrenos de Hogwarts mientras una chica rubia miraba todo desde su escondite en el bosque. Sus ojos azules se perdieron entre las nubes y el horizonte pensando en cómo esa boda había derrumbado sueños, roto corazones y unido destinos de tal manera que nada volvería a ser igual. Después de ese baile donde Rose y Scorpius gritaron al mundo mágico su relación se armó un pandemónium en el hogar de su familia. Ella se había enterado al día siguiente. Lo sucedido con Aaron le había destruido la sonrisa, jamás se había sentido tan poca cosa, tan insignificante y sí, era sabido por todos que no era de una belleza inhumana como Victoire o elegante y deslumbrante como Louis, pero, era inteligente, divertida, empática y siempre era amable. ¿Acaso eso no valía? Dominique creía que el amor era algo poderoso y bueno, como un amuleto de la buena suerte, el amor era luz. ¿Cómo había empezado a ser esto? No solo dolía tan profundo que casi la ahogaba, sino que la había hecho conocer el odio, los celos ¡Con Rose! Eso fue algo que la hirió aun mas que el rechazo mismo de Aaron Gozenbagh. Su familia era todo para ella, su pilar, su mundo; esos sentimientos oscurecían su corazón.
Soltó un suspiro y se acomodó en el suelo. Tenía frío ¿Bajaría más la temperatura? Aún atada a aquel árbol supo que no se transformaría. La herida que le había hecho aquel licántropo solo le había dejado secuelas y características como a su padre y una horrible cicatriz en el abdomen pero ya se inventaría una historia genial cuando tuviera que dar una explicación al respecto, por el momento solo Aaron y ese grupo de hombres lobos sabían su secreto.
"Aaron"
Sus pensamientos la traicionaban. No quería odiar más, mucho menos a su prima que no tenía culpa de nada. O sea, no era culpable por enamorarse de Scorpius "Nunca sonrío" Malfoy, no podía culparla por sucumbir a esos ojos que parecían querer saber tus mas hondos secretos. Empezó a divagar y de pronto ya no estaba en el Bosque Prohibido, sino en un mundo que conocía vagamente y era incapaz de reconocer. Era un infierno de fuego, el calor abrasivo parecía derretir su piel. No encontraba la fuente del fuego, ella avanzaba con trabajo, las cosas salían volando en un espiral desordenado que solo volvía más peligroso el lugar. ¿Qué estaba haciendo ahí? ¿Cómo había llegado si estaba en el Bosque? Quiso avanzar, pero no podía, sus manos dolían como si hierros candentes la detuvieran. No podía huir, la marabunta la estaba alcanzando, pero sentía que debía avanzar, ayudar a quien gritaba en esa agonía. El fuego se acercaba, los gritos eran peores. Y la vio. Rose quemaba el mundo a su paso, era un ángel de fuego y la expresión de su rostro la asustó. Vio a Aaron y a Scorpius intentando detenerla, Rose no escuchaba, Dominique comenzó a repetir mientras sus muñecas ardían al rojo vivo:
"No los quemes, Rosie, no los quemes"
La desesperación era palpable, Rosie se acercaba y la muerte era inminente, el aire se entorpecía ¿Así se sentía morir?
-Dominique… Despierta Dominique…-la voz de Aaron la llamaba y de pronto ya no olía a muerte y fuego sino a pino y a aire fresco. La pequeña rubia abrió los ojos y observó al guardián que la miraba algo maltrecho y preocupado. Estaba amaneciendo y él le quitaba las ataduras con semblante preocupado.
- ¿Dónde estoy?
-En el bosque, debemos ir al Castillo antes de que salga el sol-el castaño la levantó con facilidad-. ¿Tuviste de nuevo esos sueños extraños?
-No, no sé-respondió algo atontada aún, sin saber siquiera donde era arriba o abajo, siguiendo al hombre trastabillando en la hojarasca-. Había fuego y…
-Mencionaste a Rose ¿Volviste a verla?
Dominique guardó silencio al escucharlo nombrar a su prima. Apartó la vista de él y lo siguió hasta llegar a los muros de la planta baja. Lo vio quitar hechizos para poder entrar y comenzaron a caminar a las escaleras rumbo al séptimo piso. Su espesa cabellera rizada y rubia cubierta de hojarasca y tierra flotaba salvaje entre los rayos de sol que empezaban a colarse por las ventanas. Aaron la miraba de reojo. No comprendía como la parlanchina Dominique se había vuelto una tumba de la noche a la mañana y aunque una parte de su ser agradecía el cambio, extrañaba de cierto modo la cháchara incesante de la Ravenclaw, se había acostumbrado al sonido de fondo, como estática, que era la voz de Dominique cada vez que estaban cerca. Siempre se había preguntado como las palabras bailaban en la garganta de la rubia y salían en una danza alocada sin ton ni son. Solía cerrar los oídos a su charla, manteniéndola como sonido ambiental y este silencio entre ellos era aplastante, le indicaba que algo no iba bien pero no tenía tiempo en ese instante de investigar los problemas de una adolescente que no fuera Rose. Carraspeó y volteó a verla de reojo
-No te convertiste ¿Verdad?
-No, no soy una "mujer loba" o una "hembra loba"-musitó y siguió hablando para ella misma-. ¿Cuál es la manera correcta? ¿Hay mujeres licántropas? Bueno, no soy una de ellas, pero pude serlo. Hubiera hecho un club de poder femenino lobuno "Chicas Lobas" o algún nombre más genial. "Hijas de la Luna" y usar chaquetas color plata con letras violetas para identificarnos, pero no lo soy, solo tengo una herida que cerró muy feo en mi panza, pero seguramente me volverá una chica interesante, ya no será Vic la única que cuente historias que pongan los pelos de punta, aunque no me lucirá bien si un día quiero usar un bikini, pero tal vez me haga ver ruda y …
-Dominique, ser un licántropo no es algo para enorgullecerse.
-Yo lo haría-dijo desafiante-. El mundo y sus ideas absurdas pueden cambiar si hay alguien que se atreva a abrazar su verdad sin miedo.
Aaron movió la cabeza en un gesto de negativa, arrepintiéndose de hablar al escucharla, pasó a un lado de la sala de menesteres donde Fiodor y Gania Abramovich hacían guardia. Los hermanos lo miraron en silencio, era evidente que sabían de donde venía y solo mantuvieron su posición. Los pasos del guardián y la adolescente resonaban en su camino al ala oeste donde estaba ubicada la Torre Ravenclaw. Dominique quería alejarse. No ser licántropa le había dado la excusa perfecta para mantenerse lejos del hombre y lo quería, en el fondo lo deseaba porque no soportaba sentirse miserable, necesitaba arrancarlo de su mente, de su alma. ¿Cómo era posible que se hubiera enamorado así? Recordó la vez en el bosque, como observó sus recuerdos en el árbol mágico y vio a ese niño de profundos ojos cafés y una tristeza que casi se podía palparse. Y quiso protegerlo, verlo sonreír, solo eso le importaba, sin un mañana o un después y él le había roto el corazón de tal manera que no se reconocía ella misma. Era ella quien debía verlo con su prima riendo, caminando, existiendo mientras trataba de mantener unido lo que quedaba de su corazón para seguir siendo ella misma sin morir en el intento.
-Ya no soy un problema para ti, puedes dejarme sola, no soy más tu responsabilidad, Aaron.
Aaron la miró y aguantó las ganas de poner los ojos en blanco.
- ¿Cuándo dije que eras un problema para mí?
Dominique exhaló con fuerza y no dijo nada hasta que estuvieron frente a la puerta de la sala común de las águilas.
-Porque es evidente. Y eres muy educado para decírmelo a la cara, pero ahora estamos como al comienzo y no hay nada que tengamos en común…
Aaron lo miraba extrañado, sin entender a donde iba la chica con su plática.
- ¿Y tu prima Rose? Siempre quieres saber donde está, si está bien, que hace en la competencia, si está segura.
Cada vez que la mencionaba era una daga en su pecho, una que no sabía como seguiría resistiendo si se mantenía así, guardando sus sentimientos por primera vez en su vida.
-Creo que es lo que menos deberíamos hablar-bajó la mirada con desanimo.
- ¿Y eso por qué? No sabía que había cosas de las que no te gustara hablar.
- ¿En serio no lo recuerdas?
El semblante de Aaron era una pared, normalmente impasible sin embargo en ese momento dejó traslucir un dejo de confusión que solo hirió más a la chiquilla.
-No sé de que hablas por lo que estoy un poco perdido en el tema.
-Me besaste y me dijiste "Rose" mientras lo hacías.
Dominique miró la punta de sus converse morados, incapaz de verlo a los ojos después de decirle sin tapujos la razón por la cual necesitaba alejarse. La escena se repetía en su mente.
"Hueles a metal y vainilla..."
Dominique sintió ese ardor en los ojos, ese calor ardiente en la garganta que la acompañaba desde esa noche que supo por primera vez lo que era el dolor. Levantó la mirada y observó los ojos negros y profundos del licántropo, esas sobras lavanda bajo los ojos debido a la noche y algunas cicatrices en las manos, señal inequívoca de su transformación.
Recordó ese maremoto en sus entrañas cuando Aaron la besó y no pudo evitar temblar al sentir de nuevo ese cálido vaho inundando sus sentidos cuando él, encima de ella, la olía y le decía que tenía los ojos más hermosos del mundo, cuando sus labios le dieron el mundo en ese beso que después se convirtió en el más amargo. Pudo sentir esa corriente en su columna vertebral, la vertiginosa sensación de esa boca golpeando la suya en un beso quemante, intenso, pleno de sentimientos encontrados para acabar sumida en el terremoto de tristeza que se convirtió lo que había sido la experiencia más alucinante de su vida.
Aaron la miraba sin saber que decir porque no entendía lo que la rubia intentaba decirle.
- ¿Cuándo? Dominique, no estoy para bromas.
- ¡No es una broma! Yo te salvé de Bianca y todas esas mujeres en la boda, bebiste tanto que no sabías nada y estuviste a punto de decirles que eras un licántropo, decías que tu olor las atraía. Yo me convertí en tu niñera, señor Refunfuñante, yo fui hacia el bosque donde esa mujer te besuqueaba y después de intentar llevarte a un lugar seguro caímos y tú caíste encima de mí… Me dijiste que huelo a vainilla y metal, que tengo los ojos más hermosos del mundo y después me llamaste Rose… ¿No lo recuerdas?
Aaron la observó y entonces ese sueño ridículo que vagamente recordaba cobró sentido. Recordaba los labios dulces y el olor a vainilla, recordaba su pronta respuesta al estimulo femenino. Era un hombre, un licántropo y sus apetitos sexuales se exacerbaban cuando estaba cerca la luna llena. Pero no recordaba el rostro de la misteriosa besadora ni recordaba a Rose cerca. Observó a la chiquilla y supo que la había lastimado, no de manera voluntaria, pero lo había hecho y para ser justos no sabía cómo sentirse.
-Fue un error Dominique. Estaba ebrio, no recordaba quien era la chica que me besó.
Escucharlo fue peor. Tal vez Dominique esperaba algo más, algo que calmara el dolor, esa desesperante sensación y no sabía aún como lo había incrementado. Se dio vuelta y tocó la aldaba en forma de águila de la puerta. Una voz melodiosa salió del ave exclamando:
-Sin la luz no existo, pero si me mira me muero ¿Quién soy?
Dominique miró a Aaron antes de responder, sentía que respiraba tristeza en lugar de aire. La respuesta brotó sencilla porque era algo que se había vuelto parte de ella.
-La oscuridad.
La puerta se abrió y ella se dispuso a entrar no sin mirar a Aaron antes, grabándose sus bellas facciones en la memoria antes de susurrar.
-Adiós Aaron Gozenbagh.
Y subió a su habitación sin mirar atrás.
La prueba que no se realizó
Rose y Scorpius habían tenido poco tiempo para disfrutar su romance. Después de la escena en la Madriguera donde Ron Weasley le leyó la cartilla y no solo a él, sino cargó de reproches a Rose, acusando a Scorpius de manipular a su hija hasta que ella le dejó claro que era algo mutuo. Harry y Ginny habían intervenido porque no solo Ron se oponía sino Percy azuzó las cosas diciendo que estaban dejando que la nueva generación de mortifagos invadiera la casa de sus padres con los hijos de Nott y Zabini por igual lo que causó que la señora Weasley impusiera su autoridad escandalizada por la actitud de sus hijos diciendo que estaba feliz de que un chico como Scorpius amara a su Rosie, un chico capaz de arriesgar su vida por la de ella y eso era suficiente para ser bien recibido en su casa las veces que quisiera y si ellos querían ser bien recibidos debían mostrar sus modales.
Una noche había sido la que habían disfrutado. Al llegar al colegio, Asban, Earlena y Rizieri los esperaban en la oficina de la directora McGonagall con aspecto sombrío. Los campeones entraron tomados de las manos. Asban miró esa unión como si quisiera deshacerla con la mirada, Earlena tenía una cabellera gris acero en ese momento y una línea recta en lo que se suponía era la boca, solo Rizieri sonreía como si el asunto fuera un juego de niños. Scorpius mantuvo la mano de Rose en la suya. Él no había mentido cuando le dijo a la pelirroja que amarse no era suficiente. Era asumir un compromiso y eso hizo él, aceptar que la amaba, que estaba perdido por la criatura más fascinante del planeta, la mujer más enigmática e interesante, un puzzle hecho carne, el contraste de una ternura indómita, una fuerza imparable, fuego. Los ojos color mercurio del rubio miraron firmes a los presentes, cuando pudo sentir un odio corrosivo que no venía de él.
La conexión de los anillos seguía firme, aunque no los portaran en ese momento y Rose pudo percibir la determinación de Scorpius, pero ese sentimiento se desdibujó cuando en sus ojos azules se reflejó la cara de Asban. Se tensó al recordar el campo donde estuvo, los muggles matando a los suyos, tantos gritos, dolor, desesperación mientras él estaba ahí frente a ella cuando había ordenado su captura. Tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para calmarse. Scorpius no sabía nada. Le había dado su voto de confianza. No sabía como contarle de lo que había hecho o si él tenía el amor suficiente para perdonarla. Sabía que el código moral de Scorpius era bastante estricto, el miedo y la negación de repetir la historia de su familia eran más fuerte que cualquier otra cosa, era de los pilares que sostenían su existencia y ella no podía resquebrajar esa parte de él. Hizo un esfuerzo sobrehumano para mantener su fachada, su máscara de ignorancia ante el monstruo que la miraba con temor y era lógico, Asban sabía que podía freírlo en ese momento sin que se le moviera un solo cabello de la cabeza. Ahora tenía la seguridad de que ella era peligrosa, pero como solía ocurrir, los villanos crean a sus propios enemigos.
Earlena les señaló los asientos indicándoles que se sentaran, pero ambos se negaron educadamente, quedaron de pie, tomados de la mano mandando el mensaje claro respecto a su relación. Rizieri sonrió y los encaró como lo haría con dos adolescentes que habían hecho una travesura.
-Ustedes si que saben seguir indicaciones. Me pregunto si no nos equivocamos al elegirlos para esto.
-La orden necesita magos comprometidos-terció Earlena-. Capaces de sacrificarse por el bien común.
- ¿Qué eso no era parte de la filosofía de Grindelwald y esta grabada en la prisión de Nurmengard?
Rose miró a la bruja con cierta altanería. Scorpius apretó su mano, invitándola a ser prudente.
-Estas confundiendo las cosas Rose-Asban habló con cierto resquemor, mirando a los presentes.
-Lo que Asban y Earlena quieren decir es que deben tener claros sus prioridades y al parecer nos dejaron claro cual es la suya. El mundo mágico esta por debajo de su relación de pareja y eso nos deja en desventaja ante todo lo que está pasando en el mundo.
Rose resopló furiosa ante la aseveración de Rizieri, pero fue Scorpius quien habló.
-Que yo ame a Rose y ella a mí no quiere decir que no tomemos en serio lo que hacemos y nuestro compromiso con la orden, al contrario, es igual de importante.
Los ojos del Slytherin eran fríos y estaban fijos en Asban, que no le sostuvo la mirada. En ese momento solo era un anciano vulnerable, no parecía el gran mago que había conocido cuando empezó la competencia. Fue Earlena quien se puso de pie, mostrando su irritación.
-Nuestro mundo está en riesgo. Exxus nos lleva ventaja y no vamos a perder el tiempo con romances juveniles y estúpidas lealtades personales. Tomamos una decisión, se nos permite en casos extraordinarios y este lo es.
Los campeones se quedaron inmóviles al escuchar a la bruja que los regañaba con ese tono severo más propio de la profesora McGonagall que de ella.
- ¿Qué estas tratando de decir? -preguntó Rose.
-En otras circunstancias hubiéramos realizado otra competencia, pero dadas las ultimas noticias…
Asban terminó la frase de Rizieri con voz cansada.
-Hicimos una elección. Nos llevaremos al Campeón elegido para comenzar un entrenamiento intensivo y planear la estrategia en conjunto con el Escuadrón Azul para descubrir quienes conforman Exxus y detenerlos.
-Aunque es demasiado tarde-acotó Rizieri como si hablara del clima-. Todo el mundo sabe de nuestro mundo y hay cacería de brujas en cada país del mundo. Masacres en Nigeria, Panamá, Beirut… Mientras ustedes se ponían de acuerdo en destapar lo suyo miles morían. Será imposible recuperarnos de este golpe. Estamos luchando contra la extinción.
Rose y Scorpius se miraron un momento antes de mirar a los tres magos que tenían enfrente. Rose iba a hablar, pero Earlena lo interrumpió.
-Scorpius, ve por tus cosas, irás con nosotros. Rose, lo sentimos, estás fuera de la competencia.
La pelirroja sintió como un zumbido se hacía presente en sus oídos, sus manos temblaron. Asban le estaba quitando lo que más amaba, iba a asesinarlo y ella no pensaba permitirlo. Por su parte, el rubio miró anonadado a la orden de Merlín.
-No pueden hacerlo-dijo por fin-. Hay reglas y no pueden tomar esas decisiones, debemos terminar las pruebas…
-No hijo, todo es legal-musitó Asban-. Estamos ante situaciones extraordinarias que requieren medidas igual de extraordinarias.
-Estamos en guerra, muchacho. Ve por tus cosas y despídete, es hora de irnos.
Rizieri miró a Rose con pena, como si no hubiera sido su decisión. La pelirroja se mantuvo en silencio, saliendo de ahí con Scorpius en completo silencio hasta la sala de menesteres donde Aaron, Fiodor y Gania los esperaban. Rose lo encaró como si estuvieran solos.
-No puedes irte Scorpius ¡Es una trampa! Asban… No puedes irte, no sin mí.
- ¿Irse a dónde? La prueba es en tres días.
Aaron se metió a la conversación sin darles tiempo a explicar, pero ninguno hizo caso, el rubio miró a Rose sin expresión.
-Debo hacerlo Weasley. Tú lo harías en mi lugar.
-No, tú no sabes lo que está pasando allá afuera-replicó Rose, tomándolo del brazo.
- ¿Y porque no me lo dices? -Scorpius estaba perdiendo la paciencia-. ¿Por qué no puedes confiar en mí?
- ¿Qué está pasando? -Aaron miró a ambos campeones confundido-. ¿A dónde va Scorpius sin ti?
Rose miraba al rubio con frustración. La lucha ya estaba en marcha y ella no estaría ahí para cuidar la espalda del chico que amaba. ¿Qué iba a hacerle Asban? Debía mantener la calma ante los hechos, debía hacerle saber a Asban que ella no se rendiría y si lo lastimaba lo mataría en persona. Volteó a ver a Aaron buscando respuestas también.
-Eligieron un campeón para ir a la guerra. Eligieron a Scorpius, él es el nuevo miembro de la Orden de Merlín.
Los tres guardianes se miraron con la confusión pintada en la cara y luego a los campeones; Aaron sabía lo que había pasado en realidad con Rose y comprendía el miedo que sentía por el chico Malfoy. Scorpius seguía mirando a la pelirroja increpándola.
- ¿No vas a decirme nada, Rose? ¿Me dejaras ir sin saber la verdad? -el tono de Scorpius era duro-. Me pregunto si es más importante tu secreto que darme armas para defenderme allá afuera.
Fue Aaron quien respondió en lugar de Rose.
-No necesitas más información que la que tienes, Scorpius. Y estar alerta. No debes confiar en Asban, debes mantenerte con los ojos abiertos todo el tiempo.
La mirada helada de Scorpius dejó a Rose para fijarse con desprecio en Gozenbagh un par de segundos antes de volver a Rose quien, incapaz de hablar, desvió la mirada al suelo, dando espacio a que él subiera a su habitación por sus cosas. Scorpius metió lo necesario en una mochila, sin saber realmente que llevar, no sabía a qué se enfrentaría, pero no tenía miedo, solo sentía esa aprehensión por Rose y su negativa a hablarle, a abrirse. Metió un poco de ropa y algunos pergaminos importantes mientras intentaba tranquilizarse, al menos ella estaría a salvo, era lo único que podía rescatar de eso. La puerta se abrió y Rose entró a la habitación. La distancia entre ellos era aplastante. ¿Cómo se había roto todo en menos de quince minutos? ¿Qué estaba mal entre ellos? La pelirroja suspiró sin saber que hacer. El miedo a perderlo, a que la considerara una asesina, a que se alejara completamente porque jamás le perdonaría lo que hizo en ese campo de concentración. Contempló la expresión de Scorpius, dura, fría. Cada vez era insostenible su secreto y ahora él iba a la boca del lobo sin más protección que sus ideales. ¿Estaba bien que quisiera protegerlo? Era como lanzar a volar a un pajarillo con las alas rotas de antemano, tal como ella lo vivió y no podía dejarlo irse así, así como tampoco podía decirle la verdad, no toda.
-Prométeme que te cuidarás las espaldas Scorpius.
-Rose…
-Promételo, promete que olvidarás lo que conoces como bueno y malo allá afuera y lucharás por tu vida. Es una guerra, Scorpius. Promete que no confiarás en Asban, promete que…
Scorpius la detuvo tomando su rostro con los dedos, levantando su barbilla.
- ¿Qué no me estás diciendo, Rose?
Rose suspiró y puso sus ojos azules en el suave gris de los de Scorpius.
-No sé a qué me enfrento.
-A la muerte, Scorpius. A gente despiadada que te matará sin compasión, que te encerrará y te dará a beber tu propia orina si les tienes compasión, gente que está dispuesta a matar a un recién nacido porque tiene magia-cerró los ojos. Las lágrimas cayeron por sus mejillas al recordar lo que vivió, el dolor de su gente, el suyo propio-. Olvida eso, Scorpius, sálvate. Busca ayudar a los inocentes y deshazte de los monstruos.
- ¿Me estas pidiendo que mate? ¿Qué me convierta en uno de ellos?
-Te estoy pidiendo que te mantengas vivo para arreglar nuestro mundo y estar juntos.
Scorpius la miró sin comprender del todo lo que ella decía.
-No voy a dejar de lado mis creencias para salir con vida. No me voy a convertir en un mortifago disfrazado de defensor.
Rose sintió desesperación ante la negativa del Slytherin. Scorpius limpió sus lagrimas con suavidad con los pulgares, dejando un beso en sus labios que le supo a paraíso. No sabía si volvería a verla.
-Prometo que volveré sin perderme a mí mismo, Rose, es lo único que puedo prometerte.
Ella se separó lentamente y fue a la mesita de noche de Scorpius, tomando algo que puso con cuidado en la palma del rubio. Scorpius abrió la mano y vio el anillo.
-Te veré en sueños Scorpius, no estarás solo.
El lazo que se rompió
- ¿Albus y Hugo pelearon por Megara? -la voz y la expresión de Lysander gritaban incredulidad.
Los gemelos Scamander estaban en la sala común de Slytherin con Alex y Megara platicando de los acontecimientos de la boda. Habían pasado un gran rato burlándose de la borrachera de Lysander y el ridículo que había hecho con Roxanne, pero poco a poco las experiencias de los Slytherin habían salido a flote. Alex no dijo nada respecto a lo que Percy Weasley había hablado con él. No había tomado una decisión y eso lo atormentaba. ¿Por qué justo cuando más feliz se sentía? Había conocido el amor en brazos de Lucy y no quería renunciar a su fuente de alegría, pero no podía ser un bastardo egoísta, no podía negarle su futuro.
"Pero, tú puedes darle ese futuro"
Se lo repetía a cada momento y la respuesta le escupía la cara. Lucy perdería a su familia y eso la destrozaría. Estaba buscando un millón de razones para dejarla, pero solo una lo mantenía firme y era el amor que sentía por ella, un amor firme, como jamás había sentido. Sus ojos verdes se perdieron un momento en sus pensamientos antes de volver al oír nuevamente a Lysander.
-Bueno, no es que Megara fuera a volver con Albus después de que Danielle estuvo allí. Fue muy raro.
-Lysander-el tono de advertencia de Lorcan fue suficiente para que el menor de los gemelos guardara silencio y guardara silencio-. ¿Y qué hiciste Meg?
La morena frunció los labios y se encogió de hombros.
- ¿Qué iba a hacer si no largarme? No tengo la mínima intención de volver a hablar con Albus y Hugo es un niño confundido.
Megara miró el fuego de la chimenea, recordando esa noche. Al ver los fuegos artificiales salió disparada en esa dirección antes de acabar llorando como estúpida ante la "madurez" de Albus. Siempre tan ecuánime, tan propio. Y ella era un cúmulo de emociones. Lo odiaba con cada átomo de su cuerpo, o eso se decía para ocultar lo sola que se sentía y que lo necesitaba, que había momentos en que sentía que perdería el control y era la furia lo que la mantenía fuerte para no ir a buscarlo y exigir explicaciones cada vez que él se cruzaba por su mente. Odiaba esos ojos verdes, odiaba sus labios, esos que extrañaba y se convencía que no necesitaba. ¿le iba bien su relación con su ex? Pues perfecto, que le aprovechara cada segundo de ella, porque no habría más Megara Zabini dispuesta a amar a Albus Potter. Ella pudo ver esa noche la molestia genuina en el rostro de Albus cuando encaró a Hugo y también notó la incredulidad de Hugo, el desconocimiento de sus sentimientos hacia ella y, sin embargo, estaban ahí. Megara posó lo oscuros ojos en los Scamander.
-Al menos no se golpearon, aunque admito que eso hubiera sido divertido de ver.
Lorcan sonrío perezoso y se retrepó en el sillón, acomodando su corbata.
-Nunca lo hubiera imaginado. Siempre han sido una familia unida.
-No podía ser de otra manera-dijo Alexander sin mirarlos-. Megara es la mejor chica del mundo.
Megara soltó una risa seca.
-Estoy de acuerdo. Mi problema es que tomo decisiones equivocadas y eso ocasiona que el mundo se derrumbe. Por cierto, Lorcan ¿Qué pasó con Lily?
- ¿Qué pasó de qué? -Lorcan se hizo el desentendido estirándose como gato cuando Lysander dijo lo que él evitaba.
- ¿Por qué tendría que pasar algo con Lily? Lorcan sale con Libby desde ayer.
Megara volteó tan rápido que Lorcan pensó que se dislocaría el cuello. Los ojos azules del rubio se desviaron de los de la morena. No quería un interrogatorio, uno que empezaría en 3,2,1…
- ¿Cómo que sales con "piernas flojas Dworkin"?
-Megara, estas hablando de mi novia.
-No es suficiente para ti-rezongó la morena.
- ¿Celosa?
- ¿De ustedes? Siempre.
Lorcan se rio y se limitó a decir.
-Me gusta, me hace reír, es divertida y es transparente, con ella no debo descifrar estupideces. Es justo lo que necesito y me hace sentir bien.
Lysander comenzó a quejarse que a ese paso se quedaría soltero y Megara comenzó a regañarlo, de que Roxanne no era suficiente para él y que se valorara. Lorcan se perdió en la charla, pensando en lo último que había hablado con Lily en la Madriguera y como la estaba evitando desde su vuelta a Hogwarts. No quería tenerla cerca. Lily Potter era su veneno, su talón de Aquiles y no quería mas problemas. Estaba consciente de su decisión y no se arrepentía. Si había algo de lo cual se arrepentía era haberle dado a Lilith el poder de dañarlo, de influir en sus pensamientos y sentimientos, pero estaba seguro de que podría superarlo. Lysander aventó a la chimenea un trozo de pergamino, chispas saltaron alrededor mientras los chicos observaban las llamas, cada uno perdido en sus propios pensamientos, preparándose, a su manera, para decir adiós.
¡Hey! Después de mucho volví, espero que les guste este capítulo. Y espero traerles más pronto, todo depende de ustedes. Prometo actualizar pronto y que les guste mi versión del final de nuestro amado fic.
