Hola mis querubines, aquí otro cap de este fic :3
Elena-chan se me enojó por lo de la última vez, así que hoy ¡tenemos nuevo comentarista!
*redoble de tambores*
Y ese es:
¡METATTON! *suena It's Showtime!*
Mtt:¡Buenas noches, mis bellezas!
No debí meter Undertale en esto, pero no conseguimos a otro animador que cobre barato
Mtt:¡Oye!¡Yo no soy un animador barato!
Perdón, pero enserio no teníamos presupuesto ;-;
Ahora sin más...
Mtt: ¡Comencemos con el fic, bellezas!
Capítulo 4, Especial: Esa noble, el comienzo
Michelle Trancy.
No, Michelle Bloodwolf.
Tampoco, comenzemos del principio, más atrás aún.
Michelle Phantomhive.
Nació el 12 de Febrero de 1874, hija de Vicent y Rachel Phantomhive, murió dos días después de nacer.
O eso pensaron los condes.
En realidad, una enfermera la secuestró y la vendió a la mansión Bloodwolf, claro, era una recién nacida, ¿de qué les iba a servir?. La verdad les sirvió mucho a los nobles de la mansión, se encariñaron con ella al instante, ya que la mujer era infértil, razón por la cual la pareja discutía a menudo. Tiempo después la adoptaron, o más bien, la inscribieron como hija suya.
No se enteró de esto hasta tres días antes del suicidio.
~o~
A pesar de lo tanto que la querían, sus padres adoptivos nunca pasaban tiempo con ella, en su lugar estaba su querido abuelo, Simon Bloodwolf. Una de las personas que más quería la muchacha en este mundo, le enseñó de todo, desde áreas como la matemática y la historia, hasta la área artística, la técnica con el pincel, tocar varios instrumentos, incluso le enseñó esgrima, entre otras armas, era una buena luchadora a su edad. Todas las tardes, a la hora del té, ya sea en el balcón o en el jardín, comían frutillas con crema, su postre favorito. Tenía una buena vida, se le cumplía cada capricho, aunque no es como si pidiera muchos.
Era una nena felíz, pura, inocente, con valores, radiante... hasta ese día.
Poco después de su noveno cumpleaños, asaltaron la mansión y atentaron contra su familia. Asesinaron todos sin excepción, a sus padres y a su amado abuelo, bombardearon el lugar, quedó completamente incendiada. Ella intentó escapar con lo puesto al ser la única con vida, lo único que pudo rescatar fue el sombrero de copa que le regaló su abuelo, pero la atraparon y se la llevaron, a las semanas la vendieron a la mansión Trancy, como esclava.
No, aún peor que eso, sólo sería el objeto sexual de un viejo repugnante.
Llegó en carreta a la mansión y el conde comenzó a examinar la "mercancía". Como tenía nueve años, aún no estaba desarrollada y pudo confundirse fácilmente con un chico. El hombre quedó encantado con, en ese entonces, "él".
Primera noche, la prepararon a ella, con un kimono azul floreado y una que otra rosa roja. Claro, el viejo no tardó en darse cuenta que era una chica... pero, aún así, seguía regocijado.
Y la castaña no tardó en convertirse en la favorita de Conde Trancy. Aunque había una diferencia entre ella y el resto de los críos.
Nunca dejó que la tocase.
Ni un solo pelo.
Al principio fingió ser una chica tímida y asustadiza, siempre con el discurso de "temer a que le dañe", todo para ganarse su confianza. El viejo le dió una alcoba propia, ropa cara y todas las comodidades posibles, incluso la nombró Michael para que no tuviera problemas con los niños, se ganó el respeto de ellos... o más bien el miedo. Todo eso con la condición de que la prepararan vestida de mujer e hiciera lo que el conde quisiese.
Pero ni siquiera con eso lograba algo con ella, pasaban las semanas y todavía "estaba asustada".
Meses después, todo iba bien para ella, el viejo llegó al extremo de regalarle chucherías* para siquiera tocarla, pero no lo dejaba. Se preguntarán cómo lo hacía con el resto de los críos, pues usaba el nombre de Michael y se vestía de hombre; camisa, chaleco marrón claro, un chaquetón azul con cintas negras (parecido al de Ciel, pero más femenino), shorts negros, medias azul marino y zapatos de tacón negro.
Un día llegó un nuevo cargamento de niños a la mansión, junto con una misteriosa criada.
El conde revisaba el cargamento sentado en un sillón, la ojiazul en su regazo. Tocó el turno de un chico rubio con ojos azul cielo, estaban llenos de odio, el hombre dijo que era impuro y sucio, lo golpeó con su bastón hasta dejarlo en el suelo. Pero esos ojos crueles, impuros y sucios fueron los que hizo que el bichito de la curiosidad le picara a la castaña.
A los días después, la famosa criada descubrió su "secretito".
Estaba desvistiéndose, pues prefería vestirse sola, hasta que la sirvienta entró sin tocar y la vio en ropa interior.
-¡¿Qué haces aquí?!¡No puedes entrar sin tocar!- chilló la joven.
-¡L-lo siento!...no volverá a ocurrir señor...señorita- se disculpó la albina, observaba la delicada figura de la pequeña.- Ya era sospechoso ese "asunto" suyo
-¡Cállate!- ordenó esta mientras se cubría con las sábanas.- ¡No digas nada!...por favor
-Lo haré con una condición
-Ve al grano
-Hay un chico que estoy vigilando, se llama Jim Macken, es el rubio que has estado observando
-Yo no lo observo...- se justificó la chica, avergonzada.- Sólo me llama la atención...
-Bueno, si lo cuidas, prometo guardar el secreto
-Ok, pero tienes que servirme
-Yes, my lady- le dijo la mujer, dando una reverencia.
-Por cierto...¿Quién y qué eres tú?
-Soy Hannah Analfeloz y soy un demonio.
Seguro piensan que hizo un contrato con el demonio, pero no, sólo fue un trato.
La joven comenzó a vigilar al chico de lejos, cada vez le daba más curiosidad, quería hablarle pero no sabía cómo, de hecho, no sabía nada de él, sólo conocía su nombre. Para sus suerte, un martes por la mañana, el rubio se involucró en una pelea y ella se interpuso a su favor.
-¡Vamos!¡A ver si eres tan hombre ahora!- le gritaba un chico de cabello negro, le tiraba piedras al rubio, que estaba en el suelo. La ojiazul llegó en ese momento y se interpuso en el medio.
-¡Basta!¡¿Qué es lo que ocurre aquí?!- habló la muchacha.
-Nada que te importe- dijo otro niño de cabello anaranjado.
-No fue una petición, Tom, diganme qué es lo que ocurre aquí- ordenó ella, con una mirada amenazante.
-Anda Michael, no vas a defender a este debilucho, ¿o sí?- se rió el azabache.
-Yo defiendo a quién se me da la gana, así que no vuelvan a meterse con él, ¡ahora fuera de aquí!- sentenció . El rubio aún seguía en el suelo, le miraba estupefacto.
-Tch, vámonos, no merece la pena, se cree importante porque es el favorito- emitió el abusivo y se fue junto a su compañero.
-Odio a la gente así- masculló la castaña.-¿Estás bien?- le estiró amablemente la mano al chico para levantarlo.
-Estoy bien...gracias- dijo este al recibirla.- Michael, ¿cierto?
-Sí, y tú eres Jim Macken
-Sí, así que eres el favorito
-Bueno, ¿tú qué crees?- rió dulcemente la joven, pero fueron interrumpidos por un par de mayordomos.
-Disculpe señor, pero el conde lo quiere ver para esta tarde.
-Vale, llevenme con Hannah- la chica le sonrió cálidamente al ojiceleste.- Nos vemos, Jim
Desde ese día pasaban más tiempo juntos, la castaña cada vez estaba más curiosa por el rubio, y supo muchas cosas sobre él, como que tenía un año más que ella, de dónde venía, sobre su hermanito Luka, aún así, Jim nunca le preguntó nada sobre ella, tal vez para respetar su privacidad. Las tarde de los jueves, la joven robaba un tarro de crema, él una canasta con frutillas, y comían juntos en el bosque, a escondidas. A veces hacían una que otra locura y conversaban ciertos temas. Un jueves cualquiera, hablaron de técnicas para seducir al viejo, un tema normal para niños de diez años.
-Así que te haces el asustado- comenzó Jim.
-Sí, pero el viejo ahora está más exigente, ha comenzado a sospechar- decía ella con tranquilidad, recostada en la hierba.
-Ah, ¿y por qué impides que te toque?
-No dejaré que un viejo asqueroso como él me toque un pelo, JAMÁS- musitó con un semblante serio, se podría decir que hasta amenazante, tanto que el rubio se asustó por su reacción, ella se percató de aquello.- Bueno, pero no me ha hecho nada, así que no me quejo- dijo volviendo a su actitud tranquila.
-Ah, ya veo, creo que deberías ser un poco más dominante, o caprichoso
-¿A qué te refieres?
-Que deberías hacer que el viejo se arrodille ante ti
-Mmh, no lo había pensado- titubeó la chica mientras se arreglaba el sombrero de copa que su abuelo le regaló hace tanto.
-Ahora abre la boca~-canturreó el ojiceleste, con una frutilla bañada en crema en la mano.
-No, puedo hacerlo yo
-Oh, vamos, hazlo por tu amigo Jim- este acercaba la fruta a su boca.
-Noo~- refunfuñó la castaña.
Por obra del destino, y de un viento fuerte, Jim perdió el equilibrio y cayó sobre la muchacha, se enderezó un poco, sólo para darse cuenta de la situación incómoda. Ambos rostros a centímetros de distancia, sonrojados a no más poder, el rubio observaba cada detalle de ese bello rostro, sus ojos azules y grandes, con unas largas pestañas. "¿Cómo es que puede ser hombre?¡Imposible!", pensaba este.
-Te dije que abrieras la boca- le habló divertido.
-Cállate, chistoso, ahora quítate de encima- le ordenó muy, pero muy avergonzada.
-No hasta que te comas esa frutilla- rió el muy descarado.
-Aish...vale- se rindió, el chico sacó otra fresa y se la dio en la boca, con una sonrisa triunfante, luego se quitó de encima, la chica se sentó. Claro que cuando se sentó el chico la atrapó y la puso sobre él.
-¡¿Qué crees que estás haciendo?!- chilló la castaña, con el rostro convertido en un tomate.
-¿Estás seguro que eres hombre?
-¡Claro que sí!¡¿A qué esa pregunta, mocoso?!- mintió.
-Eres muy guapo para ser un chico- le dijo con una sonrisa pícara, la chica no sabía si le estaba coqueteándole o se estaba burlando de ella.
-Señor- habló una voz femenina, los jóvenes se separaron al instante.- El conde dice que se prepare
-E-eh, entendido Hannah- dijo esta muy avergonzada y se levantó- Maldito descarado- se "despidió" y se fue con la criada.
-Adiós- se despidió el otro.
Esa noche debía usar un vestido rosa, que si no fuera por las cintas y adornos, parecería camisón, odiaba el color, pero no podía negarse. Hannah la ayudaba a vestirse mientras charlaban.
-¿Y qué te ha parecido Jim?- comenzó la albina.
-Agradable, pero a veces es un pervertido
-Qué bien, hacen una bonita pareja
-¡EEH!- se sonrojó la ojiazul, optó por cambiar el tema drásticamente.- Como sea, ¿hiciste un contrato con él o algo así?
-No, pero con su hermano sí
-¿Luka?
-Sí, me invocó para cumplir el deseo de su onii-san
-¿Su deseo?¿Y por qué lo vigilas entonces
-Era parte del contrato
La charla terminó ahí, la criada cepillaba la melena castaña de Michelle, eso la relajaba, juraba que podía quedarse dormida, pero unos golpes en la puerta interrumpieron su grato relajo. Un mayordomo abrió la puerta, anunciando que debe partir ya, la castaña sólo dio un suspiro pesado, asintiendo.
-Deseame suerte
-Lo haré, señorita
Partió a la habitación del conde, acompañada de dos sirvientes, tal vez deba hacerle caso a ese rubio pervertido, ser algo más caprichosa, aunque se debatía mentalmente, por algo no hay que hacerle caso a los aficionados, pero tal vez no lo era, ¿y si no le ha contado todo?¿y si el chico ya a hecho estas cosas antes?, por algo era un pervertido, ¿no?. No, eso no es posible, aunque...por algo dijeron que era impuro y sucio, pero ese era un viejo enfermo que criticaba a los demás sin verse a sí mismo. La castaña se regañaba por estar pensando como colegiala enamorada, no debía pensar en esas cosas...pero, a sus diez años era normal, ¿por qué no?, acaso tal vez, sólo tal vez, ¿estaría enamorada de ese rubio?.
Ya no podía pensar en ello ahora, estaba dentro de la habitación.
-¡Michelle!¡Mi niña favorita!- se regocijaba el conde con los brazos abiertos, sentado en un sofá de terciopelo blanco.- Ven, siéntate- le señaló y la muchacha se sentó sobre sus piernas.- Mira, nos invitaron a una fiesta, tú vendrás conmigo, como mi sobrina.-musitó con una invitación y un abrecartas en mano.
-¿Tengo que vestirme de hombre?- preguntó la castaña sin mucho interés.
-Bueno...sí- el hombre dejó el abrecartas sobre el sillón.
-No importa
-Bien, han pasado meses ya desde que llegaste, creo que ya tienes más confianza, ¿no?- la chica adivinó de inmediato sus intenciones.
-Es que...no estoy segura, aún tengo un poco de miedo, usted sabe que soy tímida para estas cosas, conde- actuó como una niña asustadiza. El conde la apartó de su regazo y se arrodilló ante ella, acariciando sus delgadas y delicadas piernas, suplicando.
-Por favor, será la primera y última vez, mi Michelle, mi pequeño ángel...- la favorita lo miraba con algo de asco, pero no era lo más humillante que el viejo había hecho.
-No lo sé...supongo que con algo a cambio- siguió los consejos de Jim, ahora tomó una actitud caprichosa, esto molestó un poco al conde.
-Tienes un montón de lujos, ropas elegantes, una sirvienta, chucherías, la protección de mis mayordomos, libertad casi absoluta, te llevaré a la fiesta,¡¿qué más quieres?!
-Conde, contrólese- le ordenó en un tono represivo, era increíble como una niña de diez años dominaba casi por completo a un viejo.
-Sólo una vez- el viejo besó sus pies, dicha acción asqueó a la ojiazul por completo, aún no cree que ese hombre haya llegado a tal extremo.
-No quiero- sentenció finalmente. El conde enfureció.
-¡Ya he perdido la paciencia, niñata!- se abalanzó sobre ella, la chica intentó forcejear en lo posible, por fortuna el abrecartas estaba a su alcance, lo tomó y apuñaló al hombre en el abdomen, escapó del agarre de este. El piso, el sofá, el vestido, entre otras cosas, manchadas con sangre.
-¡No vuelvas a tocarme, viejo asqueroso!- le gritó eufórica y salió corriendo con el abrecartas en mano.
-¡Vuelve aquí, mocosa!- llamó el hombre, pero ella estaba lejos.
Corrió al bosque con lágrimas en sus ojos, se escuchaban los llamados de los sirvientes, que seguro estaban buscándola. Se aseguró de estar lo suficientemente lejos de la mansión y se sentó en un gran árbol, lloraba desconsoladamente, lo más probable es que la echen y termine en la calle, estaba sola, entre árboles y telarañas, pero no por algo dicen que los matorrales hablan.
-Vaya, vaya, eres muy linda para estar llorando- se escuchó una voz desde lo profundo, la castaña se asustó un poco. Esperó a que el dueño de la voz se presentara, o que fuera una alucinación, luego apareció un hombre muy guapo, de ojos rojos y seductores.
-¿Q-quién eres?- preguntó la joven asustada, de hecho temblaba.
-¿Yo?, sólo soy un simple mayordomo- dijo este con una sonrisa burlesca.
-D-dí tu nombre- él se estaba acercando, la pequeña intentaba alejarse, pero se topó con el gran árbol, sostuvo firme el abrecartas por si acaso.
-Soy Sebastián Michaelis, mayordomo de la mansión Phantomhive- se presentó por fin.
-Te he visto y tienes habilidades, viendo que estás sola...¿quieres trabajar?
-¿Trabajar?- no entendía a qué se refería el mayordomo.
-Serías criada de la mansión, tendrás comida, alojo y una buena paga- Sebastián se agachó frente a ella y con un pañuelo le secó las lágrimas, luego la tomó del mentón, acercando su rostro- No debes temerme, pequeña- le hablaba con un tono seductor, la chica temblaba, no era capaz de gesticular palabra.
-¡Señorita!- ambos se alertaron al escuchar la voz, era Hannah, venía corriendo al rescate.- ¡No se acerque a él!- el mayordomo se levantó y se alejó un poco al ver a la criada aproximándose.
-Bueno, si cambias de opinión, sabes donde encontrarme- y desapareció tal como vino, entre los árboles.
-Señorita...- le habló con un rostro preocupado al ver las manchas de sangre y el arma, su ama temblaba y sollozaba, enseguida se acercó y la abrazó, consolándola, dándole caricias, la arrullaba.
-Hannah...quiero irme de aquí...-susurró apenas la muchacha mientras se agarraba fuerte de la criada.- No te pido que vengas conmigo, pues tú tienes que vigilar a ese chico, pero...ayúdame a escapar...por favor...el viejo me quiere ver muerta...- se había calmado un poco, pero tenía miedo.
-No se preocupe, my lady, mientras esté a su lado, la protegeré
-Tú...eres una chica...- se oyó otra voz cerca, Jim Macken, él lo vio todo, había descubierto su secreto.
La ojiazul chilló del susto, ahora sí, estaba arruinada. Nadie dijo nada por unos minutos.
-¡¿Qué haces aquí?!- le gritó ella.
-Paseaba...- mintió el rubio.
-Debes volver...
-Eres una chica...
-¿Y ahora te das cuenta?- sabía que se había dado cuenta, de hecho hasta se lo preguntó. Hannah miraba expectante, la joven ya se había soltado de sus brazos. A los segundos el chico se dio cuenta de la sangre en el vestido.
-¡¿Mataste al viejo?!
-No lo maté, lo herí...fue en defensa propia...-nuevamente, un breve silencio.
-No le diré a nadie- masculló Jim.
-¿En serio?
-Con dos condiciones
-Ve al punto
-Primero dime tu nombre real- ordenó serio.
-Michelle Bloodwolf- obedeció esta- ¿Cuál es la segunda?
-Que no te apartes de mi lado- dijo con la cabeza gacha.
-¿Qué?
-Eres la única amiga que tengo, todos los demás se burlan de mí...por eso...quiero que estemos juntos...como amigos, claro- la chica estaba confundida, una petición algo ridícula, pero era lo único que la podía resguardar por unos días.
-Ok- aceptó finalmente.
El ojiceleste sonrió, finalmente lo había conseguido. Hace tiempo se sentía atraído por la castaña, de hecho, sospechaba que había algo raro en él, esta mañana se dió cuenta, tenía unos rasgos muy finos, una actitud serena y unos ojos muy bellos para ser un hombre, además su comportamiento la delató completamente. Ahora que confirmó que era una fémina, tenía una oportunidad.
-Señorita, debemos volver, es medianoche- le pidió Hannah, la chica asintió, algo temerosa, pero mientras la criada estuviera a su lado, no le iba a pasar nada. Se fue sin siquiera despedirse, pero al rubio no le importó, pues él también se fue por su camino
-Hoheo taralna Rondero tarel
Entraron a la habitación por la ventana, así no tener más problemas, luego la albina le preparó un baño y metió la chica al agua. Sonreía para sus adentros, pensaba que aquellos jóvenes se veían lindos juntos.
En el tiempo que ha pasado, Hannah ha aprendido a querer a la muchacha, al principio era para vigilar a Jim, pero ahora le empezaba a tener cariño a su ama, pues la trataba bien y atendía a sus sugerencias. Cuidaba de sus tres retoños. Un acto de amor o cariño fuera de un contrato, sería algo humillante para un demonio, por eso Hannah prefiere mantenerlo en secreto, de hecho, se juró a sí misma que si hacía alguna vez un contrato con su ama, no devoraría su alma, o al menos guardaría su esencia dentro de ella, por más hambrienta que estuviera. Le ofrecía todos los cuidados de una madre, la madre que la pequeña nunca tuvo.
Nada que un baño de burbujas no pueda remediar.
La castaña se relajaba en la tina, sentía que todas sus preocupaciones se las llevaba el agua, todos los malos pensamientos, su mente en blanco, es bueno tener la mente en blanco a veces. Hannah vaciaba la botella de shampoo en su cabeza y la masajeaba, juraría que estaba en el paraíso.
Pero la sensación no dura para siempre.
-¿Quién es Sebastián Michaelis?- preguntó la chica, seria.
-Él es un demonio, es conocido por ser un seductor para mujeres, no debe acercarse a él
-Dijo que era mayordomo en la mansión Phantomhive y me ofreció trabajo- a la criada no le pareció grata la sorpresa.
-Así que el cuervo tiene correa- esto lo dijo más para sí misma que para su ama.
Pasaron tres días, que para Michelle fueron un infierno, no salía de su habitación y apenas comía de los nervios, Hannah hacía lo posible para calmarla, pero ya se imaginaba que venía un sirviente diciendo:"Señor, haga sus maletas, se va de la mansión" o "Lamentablemente tendrá que ser ejecutado", claro que si harían lo último, ni siquiera le avisarían. Además no recibía visitas de Jim, no sabía nada de él, supo que a los críos les había llegado la peste y esto la tenía muy preocupada, todo en tres días desastrosos.
En la mañana, llamaron a la puerta.
-Señor Michael, el conde lo llama- le dijo un mayordomo.
-Ah...sí, Hannah prepa- fue interrumpida por el moro.
-El conde dice que no se prepare, lo espera en su despacho- a la pobre se le erizaron los pelos, era hora de armar sus maletas. Obedeció, fue con Hannah para que la protegiera en el caso que la atacaran, estaba muy nerviosa, sudaba frío, sentía una corriente pasando muy lenta y tortuosamente por su columna, cada paso que daba por el pasillo era más desgarrador que el anterior. Finalmente, llegó al despacho y tocó la puerta, entró al escuchar un "Adelante".
-¿Me llamaba, conde?- decía algo temerosa, el viejo estaba sentado en su escritorio, Hannah miraba expectante detrás suya.
-Sí, te llamé para informarte que, por tu comportamiento del otro día, ya no serás más la favorita- habló tranquilo.
"Perfecto, me echará de aquí", fue lo que pasó por su mente.
-Sin embargo, gracias a mi hijo, seguirás viviendo aquí y tendrás tus privilegios, siempre cuando tú seas su dama de compañía
¿Hijo?¿Dama de compañía?¿Para qué diablos quiere una?, la castaña estaba confundida, miró a Hannah para obtener una respuesta, pero ella estaba igual de sorprendida.
-¿Tengo que seguir...?
-¿Vistiéndote como hombre?, eso lo decidirá él, ahora retírate- le ordenó y ella obedeció.
Ambas doncellas paseaban por el jardín, o más bien Michelle caminaba en círculos mientras que la otra observaba, aliviadas y confundidas a la vez, ¿quién era ese famoso hijo?¿debía trabajar para él ahora?. Bueno, sus dudas fueron contestadas cuando vieron a Jim con ropas extravagantes, demasiado para su gusto, venía acompañado de un misterioso mayordomo con lentes.
-¿Jim?¿Qué haces aquí?
-Yo ya no soy Jim, ¡soy Alois Trancy!- le dijo con una grata sonrisa.
-¡¿Que?!¡Imposible!¡¿Tú eres el hijo del viejo?!- no lo podía creer, ¿cómo pudo pasar esto en tres días?.
-Oye, deberías agradecerme porque el viejo no te va a echar, además no tendrás que aguantarlo más- el rubio lo había hecho, la había apuñalado por la espalda, todas la veces que se dijeron que eran amigos, esas tardes de charla, todoas las fresas compartidas, lo ocurrido ese jueves, todo era partes de su plan, por eso no vino a verla en esos tres días. Su imperio se fue por la borda, fue chantajeada, ahora tenía que servirle a ese mocoso.-Y te recomiendo que sigas vistiéndote como chico, no será por mucho, sólo hasta que ese viejo desaparezca de una vez por todas, ¿cierto Claude?
-Sí- asintió el moro mientras arreglaba sus lentes.
-¿Ves?, no debes preocuparte- el muchacho le guiñó un ojo, la joven se sonrojó por el gesto y luego se fue sin decir nada, indignada. Le entregó toda su confianza al crío y él no hizo más que manipularla, ahora es su supuesta dama de compañía, nunca debió pasar tiempo con él, no, nunca debió defenderlo esa vez, la había traicionado, pero se lo devolvería multiplicado por tres. Aún así tenía una duda, ¿a qué se refería con hacer desaparecer al viejo?.
Bueno, eso lo descubrió a la semana después, el viejo había muerto por una "extraña causa", y seguro que esa causa era Alois. Asistió al funeral, lo menos que podía hacer, en la iglesia el rubio se las gritó y lloró todas, "que no lo quería dejar ir", para ella fue la actuación más patética que había visto, y lo peor es que el público se lo tragó, dándole lástima y su más grande pésame. La ojiazul tenía unas ganas tremendas de golpear al chico y gritarles a todos que era una sucia mentira.
A la tarde fue el entierro, después de la ceremonia se enteró que liberaron a los niños, quería encarar a su rival, pero él se le adelantó, se acercó a ella junto a su mayordomo y un ramo de rosas.
-Te lo dije, yo cumplo mis promesas- habló con una sonrisa burlesca.
-Nunca lo quisiste, fue todo una mentira- atacó con un semblante amenazante.
-Sí, la mayoría se lo tragó- musitó sin interés, luego avanzó hacia ella.- Tú tampoco lo querías, lo odiabas también
-Maldito mocoso- le insultó ella, pero al parecer no le molestó en lo absoluto.
-Te recuerdo que soy mayor que tú, así que tú eres la mocosa, además no es mi culpa que no hayas manipulado bien al viejo- el rubio puso una mano en su cadera y con la otra le hacía señas de burla, cosa que le sacó de quicio a la muchacha.
-Te acostaste con él- masculló irritada.
-Yo te dije la manera de hacerlo sin terminar en su cama, tú no la seguiste bien- tomó delicadamente su mano y besó el dorso.- Te prometo que todos los que nos hicieron sufrir recibirán un dolor peor que la muerte- la joven se le quedó viendo, ¿qué estaba intentando?, no sabía si trataba de seducirla o de reírse de ella, de nuevo, pero con cualquiera de los dos lograba su objetivo. Luego apartó bruscamente su mano, avergonzada.
El siguiente movimiento fue apartar unos mechones de su rostro y colocarle una rosa, lo que hizo que la castaña se avergonzara más.
-¡No te pases!¡No soy tu prometida!- él se rió por la reacción de la muchacha, le parecía tierna cuando se molestaba de esa forma. De hecho, esperaba el día en que se cumplieran esas palabras, el día en que fuera su prometida.
-Hoheo taralda Rondero tarel
-¿Que?
-Nada, sólo una canción, dulzura
-¡Que pares!
~o~
-¡Eh!¡Chelle-chan!¿Estás bien?- el rubio de dos tonos le golpeaba levemente la cabeza con su dedo índice.
-Eemm...¡Tierra a Michelle!- le hablaba Grell, golpeándola suavemente en la nariz, recién ahí la pequeña reaccionó.
-¡Ah!...lo siento, sólo pensaba...- se disculpaba ella dando un sorbo de su café.- Está frío
-Pediré otro si quieres- musitó William, la castaña le iba a negar el café pero el moro ya se levantó a pedir.
.Pues parece que te quedaste muy ensimismada, ¿segura que estás bien?- le preguntó el pelirrojo preocupado, debía admitirlo, le tenía cariño a pesar de todo.
-Sí, estoy bien- esta le esbozó una sonrisa.
-Chelle-chan es así, a veces se distrae en las clases- se burló Ronald en forma amistosa. Logró que ella frunciera el seño.
-Eso no está bien, debes estar más concentrada- le habló Will, que venía con el café en la mano. Él los había invitado a todos a la cafetería después de una cansada jornada de trabajo y estudio, aunque en realidad fue idea de Grell, sino habría ido directo a su departamento.
-Lo sé, pero me va bien- se defendió ella.
-Eso es cierto, los profesores dicen que va a salir primera en el ranking semanal- reforzó la defensa el chico.- ¡Ya veo que mi Chelle-chan entra en el cuadro de honor a fin de año!- la elogiaba en tono meloso mientras le desordenaba el cabello. Juraría que le salían corazones como si fuera cierto shinigami rojo.
-No soy TU Chelle-chan- le increpó algo molesta.
-Ah~ ustedes hacen una linda pareja- sonrió la parca roja.
-¡¿QUE?!- ahora ambos jóvenes podían confundirse fácilmente con un tomate.
-¡Claro que no!¡Yo soy una mujer casada!- le gritó eufórica a su sempai, prácticamente le restregaba su sortija en la cara.
-Técnicamente el juramento dice "hasta que la muerte los separe"- salió con su sarcasmo Spears.
-Tch...ese juramento es falso hoy en día- reclamó la pequeña, fastidiada.
El rubio de dos tonos no sabía si decepcionarse o aliviarse por los comentario de su Chellle-chan, sí, escucharon bien, SU Chelle-chan. Aún no cree que se haya flechado en tres días, bueno, le pasa a menudo con cada chica bonita, pero era diferente con la castaña, con ella no tenía que fingir, no tenía que coquetear con ella, no tenía que engañarla con frases bonitas y falsos proyectos, al contrario, la pequeña era lo que hacía que su corazón diera vuelcos.
El problema es que cada vez que se le ofrecía una oportunidad, la arruinaba o ella cerraba la ventana, además de que tiene una apariencia y una personalidad atrae hormonas masculinas. Aún estaba en duelo, lo en entendía pero al mismo tiempo le lastimaba.
Pero no la dejaría sola, además tenía a sus sempais para ayudarlos a ambos...o uno, por no decir que Spears lo encontraría ridículo.
Al rato salieron de la cafetería para volver a sus hogares, William se fue solo, no quería más guerra, Ronald quiso acompañar a los otros dos y ellos aceptaron, hablaron de cosas poco relevantes en el camino, también una que otra discusión. Finalmente llegaron al destino, ambos estudiantes se quedaron afuera, uno en el pasillo, la ora recargada en el marco de la puerta.
-No debiste acompañarnos, te van a regañar en la academia- le increpó la chica.
-Tengo tiempo de sobra, además alguien debe escoltar a la Queen- el otro le guiñó.
-Debes dejar de ponerme tantos apodos, me confundes- musitó.
-Ah~¿por qué?, tú eres mi condesa favorita- le respondió este con un puchero meloso.
-Heh, a veces eres algo idiota, Ronnie- la condesa reía dulcemente. En esos segundos al rubio se le subió la sangre a las mejillas, se veía preciosa riendo de esa manera, el mundo se le movía en cámara lenta, quería abrazarla, pero no de las típicas en las que la asfixia, deseaba sentir su calor, que le correspondiera el sentimiento, después de todo, eso era estar enamorado.
Se contuvo las ganas, pero lo hizo después de todo, la muchacha abrió grandes los ojos, aunque le correspondió el abrazo. Podía sentir su calor, su dulce olor, una conexión entre ambos, juraba que su corazón escaparía por su garganta, que era el hombre más feliz del mundo...
-Gracias...- dijo casi inaudible, su Quinny, pero no entendía por qué le agradecía.
-¿A qué viene eso?
-Te quiero agradecer por estar conmigo todo este tiempo...por apoyarme...por ser mi amigo...- y así, Ronald perdió de nuevo su oportunidad, su pequeña le había cerrado nuevamente la ventana. Sintió que le caía un balde de agua fría encima.
-No tienes que agradecer...- fue lo que pudo gesticular sin que se notara el peso con el que le llegaron esas palabras.
El abrazó de rompió, casi igual que el corazón del rubio, sólo que este aún llevaba una esperanza.
-Bueno, nos vemos luego, Chelle-chan- se despidió algo desanimado, pero la ojiazul no se dió cuenta, no suele hacerlo.
-Igual, Ronnie- el mencionado se dispuso a caminar a la salida, cuando desapareció de la vista de la chica, esta cerró la puerta.
Al darse la vuelta se encontró con el pelirrojo, que miraba expectante y muy divertido, con su gran y socarrona sonrisa de tiburón.
-Cállate- le ordenó, viendo que iba a abrir la boca para burlarse.
-Ara~, así que añadiste a Ronald a la lista de pretendientes
-¡Él es sólo un amigo!¡Cállate!- chilló muy avergonzada.
-Claaro~, lo mismo que con ese chico Miller
-A él apenas lo conozco
-¡A mí me conoces desde hace tiempo y ni siquiera me tienes en la lista!- le reclamó el mayor.
-¿Te lo dijo Ronald?
-Hablamos mientras tus neuronas no funcionaban- este le empujaba levemente la cabeza con el dedo índice.
-Estaba pensativa...aish, por qué a mí...- se lamentaba y masajeaba sus sienes.- Estoy cansada, me voy a la cama- caminó...o arrastró los pies, hacia la cama y se tiró sobre esta, refunfuñando y dando suspiros pesados, ahogados en la almohada. El carmín la observó por unos segundos y se le ocurrió una idea.
-Ven aquí- le llamó.
-¿Qué quieres?- le preguntó la castaña sin quitar la cabeza de la almohada.
-Te espero en mi habitación- y ahí se dirigió el shinigami.
-¿Acaso me vas a violar?- dijo la noble en broma.
-¿Vas a venir o no?- se escuchó de lejos, ella seguía tirada sobre la cama, lo pensó un poco, prefirió seguirlo.
Al rato estaban recostados en la cama del mayor, este le hacía la manicura, logró relajarla un poco.
-Hace tiempo que no hacía esto. emitió la condesa.
-Se nota, tienes varias uñas rotas
-Es que...últimamente no me he preocupado de cosas como esta
-Deberías, una chica siempre debe estar bonita- le decía el pelirrojo, que le limaba las uñas.
-Pero...¿para qué verse bonita si no hay nadie a quién mostrárselo?- sentenció con melancolía, esperando una posible respuesta, la cual nunca llegó, en vez de eso hubo un silencio. El mayor suspiró y la apegó a él, rodeándola con los brazos.
-Yo creo que pronto lo encontrarás
-¿Tú crees?
-Claro, eres una chica guapa, tienes a varios detrás tuyo, como Ronald
-Ya te dije que somos amigos
-Mo~, pues se lo dejaste bien en claro, eres muy cruel respecto a eso, Chelle-chan
-¿Hice algo malo acaso?- preguntó ella, sin entender a qué se refería.
-Aún lo esperas, ¿verdad?- le mencionó serio. La ojiazul cambió su expresión, es cierto, ella sólo amaba a una persona, y la estaba esperando.
-Bueno...tal vez podría volver...
-Sabes que eso no es posible
-En otra vida quizá...- el shinigami debía decirle pero no quería, no tomaría esa costumbre de William, además odiaba verla llorar. Prefirió no decir nada y cambiar el tema.
-¿Qué color quieres?- ahora era el turno del esmalte.
-Azul- respondió ella.- Oye, sigo preguntándome si eres hombre o mujer
-Y yo ya te he dicho mil veces que soy UNA DAMA
-Vale, vale, ¿y te gustan los hombres o las mujeres?- la charla se transformó en un test de preguntas.
-Los hombres, obvio
-¿Y por qué estabas con Madame Red?
-Porque mataba prostitutas
-¿Sólo eso?
-Sí
-Eres un loco desalmado
-¡Yo no soy un loco desalmado!- se molestó la parca.
-Heh...lo que tú digas- se carcajeó la muchacha.- ¿Sebastián o William?
-Mo~, esa está difícil...supongo que...William
-Mmh, interesante
-Yo tengo una pregunta para ti, ¿qué relación tenemos nosotros?
-¿Eh?- la noble quedó confundida.
-Digo, somos más que compañeros o amigos, pero no tanto para gustarnos- explica tranquilamente el mayor.
-Pues...¿mejores amigos?...no, sólo llevamos tres días- titubeó.
-¿Y antes de que te murieras qué?
-Bueno...¿la friendzone?
-Ahí tienes a Ronald
-¿En serio eres tan descarado para saber cosas como esta?- se molestó ella por el comentario.
-Pues...yo siempre quise tener una hermanita menor- le decía en un tono algo sugerente, pero no en el mal sentido.
-Ni se te ocu...
-¡De ahora en adelante seré tu Nii-san!- exclamó emocionado.
-Joder...lo que faltaba- masculló fastidiada.
Después de una hora de manicura y discusiones estúpidas, Michelle se durmió nuevamente en los brazos de Grell, al parecer se relajó demasiado, o tal vez se cansó de tanto discutir, al otro no le quedó otra más que dormir con él, de nuevo. Le quitó los zapatos y removió las sábanas para después taparla, claro, todo esto mientras la tenía encima.
-Descansa, Chelle-chan
"El demonio devoró su alma, lo más probable es que no vuelva ni siquiera en otra vida"
Y eso fue todo por hoy
Mtt:Esperamos que les haya gustado, dulzuras ;)
*De la nada se escucha una puerta abriéndose de golpe*
Elena:¡NINGÚN ROBOT TRAVESTI TIENE DERECHO A SUPLANTARME!
Mtt:¡YO NO SOY UN TRAVESTI, SOY UNA ESTRELLA!
*Una pelea Death by Glamour después*
Bueno...al parecer Elena volvió, y por echar a Metatton, se fue castigada al rincón -.-U
Elena: Agradece que no maté a ese ladrón ¬¬
Por lo menos le pudimos pagar -.-/...
¡Primer especial del fic!, la verdad costó mucho, estuve cinco días escribiéndola, además llegué como a las 6k de palabras. Como pueden ver, los especiales tratan principalmente del pasado de Michelle, y una que otra cosa de el tiempo actual.
Se preguntan cómo pude escribir algo tan enfermo y confuso como esto, la verdad es que ni yo lo sé TwT, pero bueeh, trama es trama, y el shippeo es el shippeo.
¿Que opinan del Michelle x Ronald?, en realidad no lo tenía planeado, pero simplemente salió.
Quiero dar gracias a Karenka Sutcliff y a Serafina por sus reviews ;)
Bueno, favoriteen, sigan la historia, dejen sus reviews y hasta la siguiente mis querubines ;3
