Hola mis querubines! Feliz Navidad atrasada! :3
Elena: Muy atrasada, fijate
Denle la bienvenida a nuestro invitado del día
redoble de tambores*
¡AMAIMÓN!¡De Ao no Exorcist!
Amaimón: Hola a todos~, hoy narraré la primera página de este capítulo
Bueno, este es nuestro especial de navidad, espero que lo disfruten
Ahora sin más, comencemos
Especial Navidad: Esa noble, de fiesta
~Relatos de un sensual Hamster Verde~
-Eres la chica más hermosa que hemos visto- decía Haruka de Free!, el muy aprovechado la tenía tomada de la cintura, tch, que fastidio.
-Pero es muy preciosa para compartirla- masculló un molesto Levi de SNK, al parecer no soy el único.
-Cierto, aunque tendríamos que competir- sentenció el "acosador" de Usui, ¡vete con tu kaichou-maid!¡aquí nadie te quiere!.
-Entonces nosotros ganaremos, ¿cierto Nii-san?- preguntó el presumido de Yukio a su gemelo.
-Sip, ¡ella se irá al clan Okumura!- sí~, sigue soñando, Rin, ella pertenece al clan Pheles...¿Pheles?, que sepa no tengo apellido
-Tendremos que esperar a que ella decida- habló Mephisto, mi hermano mayor. A él se le ocurrió la idea de formar esto, maldito otaku, le dije que era mala idea...aunque cambié de opinión al verla a ella.
-Después de todo, es nuestra prisionera del amor- dije yo.
-Más que nuestra prisionera, es nuestra poseedora, srita. Michelle- le llamó Sebastián, el mayordomo que supuestamente MI chica detestaba, en serio, ¿qué carajos hace aquí?¿no le basta con aparecer en los sueños de su amo shota?, maldito loliconero.
-Etto...yo...son todos maravillosos- gesticuló ella apenas, algo nerviosa y sonrojada, se ve tan tierna y sumisa... demasiado apetecible, me encanta. (Osea, le encorazona, le llega a su arteria pulmonar :v)
Todos nos arrodillamos ante ella, para terminar esta estupidez de una vez por todas, ¿cómo creen todos estos que se la merecen?.
-¡Elige a tu chico favorito, princesa!
Con su rostro hecho un tomate y al borde del derrame nasal, estuvo a punto de escoger, ¿será a mí?...espera, ¡se está acercando a mí!...¡¿PERO QUE?!
~o~
La muchacha se despertó de golpe al sentir tres bultos gigantes en su abdomen, dejándola casi sin aire, lo que faltaba era que los idiotas interrumpieran su hermoso, sexy, otaku, satisfactorio y muy mojado sueño. (Quién no a soñado con su harem de chicos sexys?)
-¡¿Pero qué carajos les pasa a ustedes?!- gritó furiosa.
-¡Feliz Navidad, Chelle-chan~!- canturrearon los tres shinigamis, uno con mala gana, supongo que saben quién.
-¿Ya es Navidad?- preguntó aún con fastidio.- Aish, váyanse, déjenme dormir- masculló, envolviéndose nuevamente con las sábanas.
-¡Oh vamos!¡Te tenemos un regalo!- reclamó Grell.- ¡Gastamos la mitad de nuestro sueldo en ello!
-El regalo más hermoso que me pueden dar es una Navidad de ocio y sueño- habló el bulto de frazadas.
-Quinny...¡Nos invitaron a una fiesta!- puchereó Ronald.
La noble se sentó enseguida al oír la palabra "fiesta", es una fanática de las reuniones sociales.
-Léanla
-Vale, tranquila- dijo el pelirrojo, abriendo la carta.- "Se les invita a Uds. cordialmente a la Gran Fiesta de Navidad de la Mansión Phantomhive, en honor al cumpleaños del Conde, Atte : Ciel Phantomhive, jefe de familia"
-¿Phantomhive?...Nah, no quiero ir- se arrepintió la joven, con desgano.
-¡¿QUE?!¡Vamos, anímate Chelle-chan!- reclamaron ambos shinigamis.
-No tengo ganas de ver a ese mocoso- bufó, cruzada de brazos.
-Vamos a tener que ir, un invitado está en la lista de muerte- habló William.
-¿En serio tenemos trabajo en Navidad?
-Era un encargo especial, no tuve otra que aceptarlo- explicó, luego sacó de quién sabe dónde, un par de vestidos y un traje, dejándolos sobre la cama.- Consideren estos y la fiesta como regalo de MI parte- sentenció, dejando en claro a los otros dos que no se aprovechen.
-Eemm... gracias William- se rindió finalmente.- Pero tendrán que salir
-¿Por qué?- preguntó inocentemente el rubio.
-Por que ustedes son hombres, así que ¡shoo!- los echaba el pelirrojo, haciendo un ademán con la mano.
-Tú también, nii-san
-¡¿QUE?!¡CLARO QUE NO!¡Yo soy una dama, tengo derechos!- increpó este.
-Serás muy dama por dentro, pero por fuera no, así que ¡váyanse!- ordenó la menor.
-¡Eso no es justo!¡Ayúdame Wiru~!
El castaño miró al otro shinigami con una ceja levantada, luego lo pensó un poco si hacer lo correcto o siquiera tomar en cuenta la estupidez...esta vez decidió irse al lado oscuro.
-La intención es lo que cuenta,¿no?- dijo el superior.
-Espera, ¡¿que?!- se sobresaltó la otra.
-Knox y yo podemos salir, pero no es justo que eches a tu COMPAÑERA de cuarto, es muy discriminativo lo que estás haciendo- explicó con la expresión más calmada posible, aunque por dentro se moría de la risa, mientras que el resto le miraba con una cara de confusión tremenda.
-No estás hablando en serio, ¿o sí?- rió la ojiazul en una escena chibi, esperando que fuera una broma.
-Grell es tu compañera, más encima es su casa, ELLA te debería estar echando, no tú
-Oh Wiru~- chilló la parca roja, abalanzándose sobre el superior.
La pobre condesa quedó en shock, no creía que William, el más correcto de todos, haya apoyado una de las ideas locas de Grell, "¿Por qué ahora?, justo cuando lo necesito y se pone del lado de ese idiota", pensaba fastidiada.
Mientras tanto, los varones se sentaban en el sofá y el pelirrojo iba en puntillas al baño para darse una ducha, antes de que ella reaccionara y lo golpeara. Luego de que cerró la puerta, la castaña se dirigió con una aura asesina, al dormitorio de su sempai.
-¡ESPERO QUE TE MUERAS, WILLIAM T. SPEARS!- gritó furiosa, y tan fuerte que las lámparas, vasos, entre otras cosas, comenzaron a temblar. Ronald se asustó un poco, pero el otro no prestó atención, en vez de eso se puso a leer.
~o~
Ambas "damas" estaban en la habitación, una cepillaba su cabello, la otra estaba sentada sobre la cama, envuelta en una toalla.
Michelle aún no tiene habitación propia, y duerme en la sala, aunque por lo menos tiene cama. Se cambia en su cama casi siempre,pero a veces se cambia en la habitación del pelirrojo, claro, cuando él no está ahí, así que si los hubiera echado, estarían fuera del departamento.
-Oye, llevas veinte minutos así- le dijo el mayor preocupado.
-No me desvestiré frente a ti- contestó la chica con recelo.
-Te vas a enfermar~- canturreó, este vestía una camisa y unos pantalones, los usaba en sus días de ocio.
-No soy enfermiza, me vestiré sólo si sales
-Es MI habitación, no voy a salir de aquí- le increpó con una mano en la cadera.
-Entonces no me desvisto- masculló, abrazando sus piernas con obstinación, ni siquiera se había quitado la toalla del cabello.
Pasaron otros largos, fríos e infernales quince minutos, Michelle ya estaba temblando, pero no se rendiría, el muy idiota siempre consigue lo que él quiere, la manipuló para traerla de un principio, esta vez no cederá.
-Oi, enserio te vas a enfermar, ponte algo siquiera
-Estoy perfectamente bien, gracias- sentenció ella, pero su cuerpo la traicionó, dándole la bienvenida al estornudo.
-Eres muy testaruda, ¿eh, imouto?- se burló la parca.- Vaale, iré al baño, pero más te vale que cuando salga tengas algo puesto- le ordenó.
-Sí, mamá~- rió ella, luego el pelirrojo entró al baño y enseguida se paró a buscar su ropa.
Al rato el shinigami salió, la castaña tenía puesto una camisa y unas medias rayadas, azules y negras.
-¿Y a qué hora es la fiesta?- preguntó esta.
-Es a las ocho
-Quedan tres horas
-Tendriamos más tiempo si te hubieras levantado temprano y no te hubieras quedado en toalla
-Tch, quien habla, el que siempre es puntual con su trabajo- bufó sarcásticamente.- Mejor alégrate que me puse algo
-Bueno, es la hora de...¡ponerse el corset!- chilló Grell, que sacó un pequeño corset para su imouto.
-¡Ah no!¡Ni se te ocurra!- gritó la otra, parándose sobre la cama.
-¡Ven aquí!¡Una dama no va a una fiesta sin un corset!- este se acercaba lentamente con el corset en la mano.
-Grell...¡si me quieres, no lo harás!¡No le hagas esto a tu imouto!- ella retrocedía, sacudiendo las manos, así intentar detenerlo.
-¡Si te lo pones no le diré a Ronald que sueñas con harems de chicos sexys!
-¡Si lo haces le diré a Will que te mojas por él!
-¡Si tú haces eso le diré que tú cambiaste su leche descremada por leche con lactosa!
-¡Y tú que le cambiaste el azúcar por la sal!
-¡Para de jugar, mocosa de mierda!¡Ponte el maldito corset!
-¡¿A quién le llamaste mocosa de mierda?!- la ojiazul tomó la motosierra y la encendió, apuntando al pelirrojo.
-¡Ah no!¡¿A quién le apuntas con mi motosierra?!- de quién sabe dónde, el otro sacó la guadaña de William.
-¡Pues aquí tengo dos!- ella sacó sus tijeras y comenzó a desprender un aura negra y asesina que inundaba toda la habitación. La parca se puso algo nerviosa, juraba que veía pequeñas caras con sonrisas diabólicas.
-Etto...¡Michelle, baja el arma!- chilló con la intención de calmarla.
-¡Baja el maldito corset y bajaré el arma, transexual!- contraatacó esta.
Desde afuera se escuchaban estruendos, sonidos de motosierra, gritos furiosos, gritos masoquistas, cortadas, choques de arma, muros rotos, tanta conmoción empezó a extrañar a Ronald.
-Oye...¿qué estarán haciendo?¿Se encontrarán bien?- preguntó.
-No lo sé y no me importa- contestó Spears mientras leía una revista. Miró hacia donde supuestamente estaba su herramienta de trabajo.- ¿Y mi guadaña?- preguntó, el rubio sólo se encogió de hombros.
Volviendo a la habitación, esta ya estaba hecha un desastre. Los shinigamis estaban muy agitados, tomaban aire como si de un ataque de asma se tratase.
-Vale...mejor hagamos las paces- dijo Grell, estirando su manos.
-Sí...mejor- masculló y correspondió el gesto, pero en un movimiento rápido, el pelirrojo la volteó, subió su camisa, le colocó el corset y se lo apretó con todas sus fuerzas, dejándola en el piso.
-¡Ya está! , en serio no sé cómo haces tanto problema por un corset- musitó con la manos en las caderas.
-¡Maldito hijo de fruta!- le gritó apenas, ya que casi no tenía aire.
~o~
El carruaje iba a la mansión, pues curiosamente, el conde mandó un transporte a recogerlos, aunque la noble no estaba muy entusiasmada que digamos, sólo tenía la vista perdida en la ventana.
-¡Anímate Chelle-chan!¡Te encantan las fiestas!- animaba Ronald.
-¡Sí!, además te ves preciosa- complementó Grell muy emocionado, por razones de la vida, Will lo dejó ir con vestido.
El de Grell era negro con olanes rojos y un gran prendedor en la cadera del mismo color, guantes largos rojos, peinado con un tomate alto, uno que otro mechón suelto, hasta se había puesto relleno para ser "la dama más bella y ardiente de la fiesta". Michelle vestía uno azul rey de tirantes, con olanes negros también, en la cintura estaba rayada con negro y azul más oscuro, un broche de rosa en el pecho, su característico sombrero de copa, guantes negros largos, sus medias rayadas, tacones negros y su infaltable sortija.
-No lo sé...tengo que ver a mi hermano- bufó la castaña, con desagrado ante la palabra.
-Si lo deseas, intentaremos verlo lo menos posible- dijo Spears.
-Aún no entiendo...¿por qué nos invitaron?
-Es una buena pregunta
-Dame la carta- el superior le entregó la invitación, ella la leyó y la examinó con detalle, al derecho y al revés, hasta que se percató de un error.- Creo que esta carta es falsa
-¿Que?- se alarmó el resto.
-Sí, miren, el sello es falso- musitó, mostrándoles el sobre.- Este no es el sello de los Phantomhive
-¿Qué significa esto?- preguntó "la pelirroja".
-No lo sé, pero si no entramos, no lo averiguaremos- comentó el castaño.
Justo en ese momento el carruaje se detuvo, dando aviso a que llegaron a su destino, bajaron y fueron recibidos por los dos mayordomos: Sebastián Michaelis y Snake.
-Bienvenidos a la mansión Phantomhive, dice Goethe- saludó el chico serpiente.
-Es bueno verlos, señores- saludó también Sebastián, con la sonrisa más cínica del mundo, claro, para todos menos la joven Trancy, para ella fue una sonrisa coqueta.- Se ven muy bien esta noche, señoritas, incluso usted, Srita. Suttcliff
-Ara~, tú también estás guapo, Sebas-chan- le coqueteaba la parca, iba a tomar el brazo del mayordomo, pero alguien la agarró bruscamente de la muñeca y la apegó a sí: William T. Spears.
-Ella viene CONMIGO- habló a la defensiva el superior, clavándole una mirada amenazante al demonio, este sólo sonrió y dio una reverencia, en forma de disculpa.
-Will...- masculló la shinigami, con un ligero rubor en las mejillas. Luego se encaminaron a la entrada.
Los otros dos se miraron con una sonrisa cómplice, tenían un plan, bueno, uno de los tantos que involucraban a sus sempais, pero fueron interrumpidos por el mensajero.
-Disculpe, ¿le ayudo, señorita?, dice Wilde- habló el peli-plateado.
La muchacha, con el rostro colorado, estuvo apunto de aceptar, o más bien de lanzarse a sus brazos. Tiene una gran atracción por los furros, bueno, atracción es poco, es más bien su fetiche. Ronald sintió algo de celos, la tomó por la cintura y la apegó a sí, sólo que más sutil.
-No es necesario, gracias- musitó este y ambos caminaron a la entrada.
-¡Que disfruten la fiesta!, dice Emily
Dentro de la mansión estaba muy bien decorado, impecablemente ordenado, con bellos adornos florales, los salones arreglados a la perfección, el piso excelentemente encerado, la platería resplandecía, seguro todo fue obra de Sebastián. Había bastante gente, las damas con hermosos vestidos, los caballeros elegantes, los sirvientes venían con aperitivos deliciosos, todo era magnífico.
Claro, los recién llegados no pasaron desapercibidos, varios se aproximaron, entre ellos Elizabeth, que buscaba vestidos bonitos por doquier. Se acercó con su actitud brillante y rosa de siempre, aunque su presencia no le agradaba mucho a la condesa, mejor dicho, nunca le agradó.
-¡Oh~!¡qué vestido más monooo~!- chilló la rubia, a punto de romper la compostura y asfixiarla.
-Eemm...gracias- rió nerviosamente la castaña.
-Mmm...¿no nos hemos visto en otra parte?- preguntó, tratando de hacer memoria.
-No lo creo... quizás en alguna fiesta- mintió la mayor, realmente quería esfumarse de ahí.
-Sí, seguro que en alguna fiesta- sonrió Lizzy, pero luego el vestido de otra señorita captó su atención y corrió enseguida hacia ella. Michelle suspiró aliviada, primero porque casi la descubren, y segundo porque no tiene que aguantar más el sofocante ambiente a flores.
Recorrió un poco más la mansión, echándole un vistazo a cada salón, después de todo, hace años que no estaba ahí. En cada cuarto había un buen séquito de gente, realmente era una gran reunión social, los cambios eran pocos, el más notorio era que el cuadro familiar no estaba, pero, conociendo a Ciel, no le extrañaba mucho.
Salió al jardín y se encontró con el trío dinámico, el séquito de personas era menor que adentro. Lo que más destacaban de ahí eran las rosas blancas recién florecidas y los ramos de camelias azules.
-Ahora que estamos todos, aquí está el informe- habló William mientras les entregaba una carpeta con la lista de la muerte.- Ahí están todos los datos del hombre
-"Muere desangrado y con una lesión craneal por impacto de candelabro", que muerte más inteligente- comentó sarcásticamente la menor de los tres.
-A las doce, treinta y cuatro de la noche, sí, tenemos tiempo- masculló Ronald.
-Bueno, ¡ahora a disfrutar!- celebró Grell en una escena chibi, mientras que los jóvenes le seguían a coro.
-Procuren no ser descubiertos, sobre todo tú Michelle, la mayoría piensa que estás bajo tierra- explicó el castaño.
-Lo dice el Sr. Discreto- se burló ella.- Tranquilo, nos preocuparemos de eso
-Más les vale
De la nada el público comenzó a entrar en masa, por lo que fueron arrastrados por la multitud. Se detuvieron en la sala principal, el conde Phantomhive hacía su aparición, bajando la escalera.
-¡Bienvenidos sean todos a la mansión Phantomhive!- comenzó Ciel.- Espero que hayan disfrutado de nuestra hospitalidad, y que la sigan disfrutando hasta el final de la noche
Todos aplaudieron a tal bienvenida, todos menos los shinigamis, que observaban sin mucho interés. El conde tenía una expresión calmada, identificando rostros conocidos, aún así, nada captaba su atención...
Cosa que se desfiguró completamente al ver a su "hermana mayor".
"¡¿Qué diablos hace ella así?!", pensó, con una expresión más exagerada que cuando tuvo que dejarse tocar por el Vizconde Druitt. La chica también tenía la misma expresión al cruzar miradas con el peliazul.
"¡Mierda!¡Me ha visto!"
Comenzó a sentirse un poco de tensión entre ambos, querían que la tierra se los tragara, pero algo, o más bien, los tenía pegados a la superficie.
El chico decidió romper esa tensión de una vez por todas y llamó a su mayordomo que estaba cerca de él, sospechaba que este le estaba jugando una de sus típicas bromas de mal gusto.
-¿Qué significa esto, Sebastián?- le ´preguntó molesto.
-¿Sobre qué, Bocchan?- habló el azabache sin saber bien a qué se refería.
-Sabías que vendría y no me informaste- sentenció el niño bastante fastidiado. El otro sonrió al entender de quién se trataba.
-Juro que yo no sabía, pero usted conoce a la srita. Trancy, ella es una fanática de las reuniones sociales- explicó él con algo de inocencia.
-Vinieron los otros shinigamis, ¿cómo explicas esto entonces?
-Mmm...no podría explicarlo, pero era de esperarse, después de todo viene la Reina
-Su Majestad no puede enterarse de su presencia, todos piensan que Michelle está muerta, nosotros somos los únicos que saben que es shinigami
-Cierto, sería una catástrofe para la familia Phantomhive
-Asegúrate que su Majestad no los vean y averigua sus propósitos- ordenó Ciel.
-Yes, my lord
Volviendo al Cuarteto Dinámico, o mejor dicho, a la pareja de tórtolos más joven, Ronald miraba con entusiasmo el salón, era una perfecta pista de baile, de hecho esperaba muy impacientemente el momento para bailar con Michelle, pero ella no tenía ganas de divertirse, estaba muriéndose de hambre, juraría que sería capaz de violar las leyes shinigami y matar a alguien por un aperitivo, más encima la cruzada de miradas con su "hermano" la desanimó casi por completo. Lo único bueno fue que confirmó que la invitación era falsa, ya que el conde tenía una cara de espanto tremenda, definitivamente no sabía que iba a venir.
-Agh...ojalá organizen la pista de baile- pensaba el rubio en voz alta.
-¿Qué dijiste, Ron?- preguntó la otra, qur alcanzó a oír algo.
-¡Eh!¡Nada!¡Nada!- negó enseguida, sonrojado porque la chica lo escuchó.
De repente el estómago de la menor comenzó a gruñir, ya no aguantaba más el hambre.
-Eeh...lo siento- se disculpó muy avergonzada también. El otro sonrió por su reacción, adoraba esa expresión suya, su rostro del color de una cereza. La verdad, le encantaba todo de ella.
-Nee~tienes hambre, vamos a buscar algo para comer- le ofreció en tono meloso, y tomó su brazo, pero esta lo apartó de inmediato.
-Yo no soy una niña pequeña para que me andes buscando comida, puedo hacerlo sola
-Mo~, yo sólo te quería ayudar, Chelle-chan- puchereó el rubio bicolor.
-¿Le ofrezco un aperitivo, srita?- preguntó una voz conocida.
La joven se iba a negar, pero su estómago rugió de nuevo, así que aceptó con algo de recelo, sacó de la bandeja uno de los famosos panes de curry de la compañía.
-G-gra...grac-ci...gracias, Sebastián- agradeció con dificultad mientras le daba una mordida al pan.
-Sí, gracias Sr. Mayordomo- agradeció también el chico sacando algo.
-Bueno, nos impresionó que estuvieran aquí, pero al joven amo y a mí nos alegra verla, srita Trancy- dijo con una sonrisa.
-No es necesario que sigas fingiendo, demonio- sentenció a lo lejos William, que se aproximaba junto a Grell.
-Tampoco es necesario ser tan rudo, Sr. Spears
-Lo hago si te acercas a mis colegas
-¿Qué acaso no puedes ser más cínico, Sebas-chan~?- comentó la pelirroja.- Bueno, aún así me encantan los hombres crueles~
-Tch, mejor cállate, Suttcliff
-Sospechaba que no te acercabas por cortesía, y que la invitación era falsa- musitó la castaña.- ¿Acaso fuiste tú?
-Para nada, yo no estaba enterado de su presencia hasta que bajaron del carruaje
-Ve al grano, ¿de se trata esto, mayordomo?- preguntó el joven Knox a la defensiva.
-Pues, trato de averiguar sus propósitos, como ordenó mi Bocchan
-La razón es bastante simple, trabajo- respondió la muchacha.
-Uno de sus invitados está en la lista de muerte- aclaró Spears.
-Ah~era eso, bueno, pues debo pedirle algo, srita- dijo Michaelis con una expresión de alivio.- La Reina será nuestra invitada especial, pero no sabe que usted es shinigami, más bien, sólo lo sabemos nosotros, así que le pido que se mantenga lo más oculta posible
-Puedes despreocuparte por eso, no teníamos planeado destacar tampoco- musitó ella.
-Sobre la invitación, averiguaré de qué se trata
-Bien, gracias Sebastián- el mayordomo le sonrió y se retiró a hacer lo que debía.
Luego de unos minutos, se anunció la llegada de la Reina, pero los shinigamis se alejaron, tal como pidió Sebastián. Se dirigieron al jardín, que estando vacío se veía más precioso aún, las camelias resaltaban bastante, dando un aire nostálgico, sobre todo las que estaban junto a una banca-mecedora, el viento mecía las flores, junto con él bailaban los pétalos de estas.
-Es hermoso- decía la ojiazul.- Hace tiempo que no veía algo así
-Debo admitir que se lucieron esta vez- comentó Grell, pero luego se giró al superior.- Nee~, Wiru, debo hablarte de algo
-¿Qué quieres ahora?- le preguntó el otro de mala gana.
Los dos jóvenes se miraron y se alejaron disimuladamente, así dejarlos solos. Se escondieron rápidamente entre los arbustos, espiándolos a la distancia.
-¿Tú crees que es buena idea?- preguntó el rubio.
-¡Claro que sí!, conozco a Grell, seguro intentará algo
-¿Y si no funciona?
-Tiene que funcionar, sino los hostigaré toda la noche para que pase algo- sentenció la chiquilla, decidida.
-¿No crees que vas muy lejos?
-Admite que tú también quieres Grelliam, Ron- le dijo con una sonrisa pícara.
-Heh, vale, me atrapaste- rió el otro.
Mientras tanto, Grell estaba algo nerviosa, no sabía cómo comenzar, William la miraba fijamente, como esperando la pregunta.
-L-lo que tú hiciste...en la entrada...¿por qué lo hiciste?- los chicos atrás se sorprendieron por la actitud de su sempai, no conocían a la Grell tímida. "¡Vamos, no balbucee, sempai!""¡¿Qué diablos haces?!¡Tírate sobre él!"
-¿Qué hice a la entrada?- cuestionó el otro, haciendo el loco.
-Ya sabes...cuando me abrazaste para alejarme...de Sebas-chan- masculló con un gran sonrojo en las mejillas, y cierta esperanza de que haya significado algo.
-Ah, eso, sólo fue porque no te quiero cerca de esa alimaña- habló, ajustándose los lentes.
-¡Osea que...!- se emocionó.
-Me parece inapropiado que un shinigami esté persiguiendo a una bestia como esa, y lo hubiera hecho con cualquiera, no sólo contigo- claro, el superior Spears siempre tiene una excusa para todo. La condesa estuvo a punto de gritarle groserías y tirarle algo por la cabeza, suerte que el rubio estaba ahí para agarrarla y taparle la boca.
-Ah...era eso- se decepcionó la pelirroja, en una escena chibi.
Empezó a correr un viento frío, ella no pudo evitar encogerse.
-Mejor entremos, se está frío aquí afuera
-¿Y qué hay de los chicos?
-Déjalos que se resfríen- masculló el castaño, quitándose su saco y colocándolo sobre los hombros de la shinigami, luego se dio media vuelta y se encaminó adentro.
La otra se le quedó mirando con algo de melancolía, últimamente su William actuaba raro, primera le hacía preguntas incómodas y actuaba sobreprotector, luego le daba alguna excusa, se volvía frío y lo ignoraba, es como una puerta que se abre, pero después se vuelve a cerrar.
-Como no...si eres tan frío- sonrió.
~o~
Todos volvieron al salón, aunque la noble casi a patadas y gritos, realmente se había enojado. Ronald la tenía agarrada de todos lados, estaba tan incontrolable que estuvo a punto de ponerle una camisa de fuerza.
-Ese maldito Will, ¡juro que lo mato!¡nadie le hace eso a mi Nee-san!- chilló muy enojada.
-¿Nee-san?¿No era Nii-san?- preguntó el joven Knox, confundido.
-Por esta noche es Nee-san- se cruzó de brazos.
-Bueno sí, tú sabes cómo es Will-sempai, seguro que Grell-sempai quedó devastada
-¡Eso es lo peor de todo!¡Sólo se preocupa de sí mismo!
-No te gastes, Chelle-chan, es William-cubo de hielo- Spears después de todo- se acercó Grell.- Es mi culpa también, por elegir al hombre que amo en vez de uno que me ame
-Nee-san, no digas eso...¡Nosotros te vamos te vamos a ayudar!- le abrazó muy entusiasta.
-¡Sí, le ayudaremos Grell-sempai!- le animó el chico también.
-Gracias chicos, pero no creo que puedan hacer mucho por el refrigerador andante
-Ara~, mira que belleza tenemos aquí, una belleza joven y alocada- se escuchó una voz conocida y algo desagradable para los chicos.
-Charles Grey...¿no deberías estar con la Reina?- preguntó la condesa, algo molesta por su presencia.
-Su Majestad nos deja divertirnos, aunque no lo creas, Chelle-chan~- este le guiñó de forma coqueta, cosa que hizo que los instintos de marido celoso de Ronald salieran a la luz.
-Tú no tienes derecho a llamarme así, sólo los conocidos
-¿Y yo no soy un conocido?, ow~, que mala eres- hizo un puchero haciéndose el ofendido.- Bueno, no es necesario enojarse, srita Trancy- dijo besando el dorso de su mano.
-Muérete- susurró el rubio bicolor, en una escena chibi. La pelirroja se dio cuenta y enarcó una ceja.
En ese momento comenzó a sonar la música, era la hora del baile, el momento que tanto esperaba nuestro joven Knox, y ningún mayordomo,ni guardián de tercera se lo iba a arruinar...o eso pensó.
Cuando se dió cuenta, ella ya estaba en la pista con el Conde Grey, se le había adelantado.
-¡¿QUE?!¡NO!¡Grell-sempai, ayu...!- se giró a la parca roja, pero esta también se había esfumado.- ¡¿ES ENSERIO?!
En otra parte de la pista, Grell buscaba a su pareja de baile, ya sea William, o Sebastián, o en realidad cualquier tipo guapo que se encuentre, de más había uno soltero, ¿no?.
-Ara~, srita Suttcliff, ¿le gustaría bailar?- oyó a un hombre atrás suyo, al darse la vuelta, su mirada se encontró con los ojos de Sebastián.
-¡Ah!¡Sebas-chan!, verás, yo...-vaciló ella.
-No es necesario, bailará conmigo- se percató de la voz de William al rescate. Este la tomó del brazo y se la llevó a la pista.
-Te dije que no te quería cerca de ese inmundo demonio- le increpó bastante molesto.
-¡No es mi culpa!¡Él se acercó a mí y...!
-Cállate, ¿no querías tanto bailar?
-Wiru...- masculló, nuevamente se le subió la sangre a las mejillas, con el corazón a mil por hora. Se sentía muy confundida, aún no entendía que estaba intentando el superior, ¿por qué no la deja acercarse a Sebastián?¿acaso estaba celoso?.
"Y esto, ¿lo harías por cualquiera de tus colegas, Will?"
~o~
La pista terminó y Ronald fue enseguida a buscar a Michelle, era obvio que ella no aceptaría otra pieza con Grey...¿o tal vez sí?, pues debía asegurarse como sea, con un baile sería feliz. Tenía unas ganas tremendas de matar a ese tipo, cuando los celos lo atacan, no hay nadie que los detenga, sólo su princesa.
No encontró a la castaña en la pista, ni tampoco en los salones del primer piso, comenzaba a preocuparse, encima había empezado otra pieza. Cuando llegó al comedor, vio al Conde Grey con una docena de panes en los brazos, no quería, pero decidió ir a preguntarle por la chica.
-¿Dónde está?- comenzó, a la defensiva.
-¿Michelle?, salió corriendo apenas terminó la primera canción.- contestó el peli-plateado.
-¿Y hacia dónde?
-Creo que al segundo piso, es una pena, al parecer también es algo tímida
-No es tímida, es que no está interesada en alguien como tú- se molestó.
-¿Y acaso tú sí?- sonrió él divertido, había conseguido su propósito.- ¿Crees que no me di cuenta antes de que la invitara a bailar?
-No sé de qué hablas- mintió.
-Heh, al parecer no soy el único que anda tras ella, y tampoco soy el único rival que tienes
-¡Tú ni siquiera la conoces!- le gritó, ya muy fastidiado.
-Ah~, claro, como tú sí la conoces taaan bien, dime, ¿sabes algo de su pasado?¿sabes en qué trabajaba antes de...esfumarse?, ¿por qué, en vez de reclamar su fortuna como heredera de los Bloodwolf, prefirió una vida clandestina en la mansión Trancy?
Era cierto, de ella no sabía mucho, siempre se preguntaba por qué su princesa llegó aquí, que había hecho, si sus pecados habían sido tan graves, él no lo sabía, no conocía nada de su pasado. La verdad nunca quiso preguntar, sentía que no le incumbe, además no le gustaba verla deprimida, pero ahora le correspondía, a pesar de que nunca le entregó toda la confianza.
Además, William sabía toda su vida, él fue el que revisó su Registro Cinematográfico.
Podría preguntarle a él, pero no era correcto hacerlo a las espaldas de la ojiazul, era injusto además.
Es mejor preguntárselo a ella misma.
Salió del salón y subió al segundo piso, entró en cada habitación sin éxito, hasta que la encontró en la biblioteca, claro, era la única persona ahí, ¿cómo no se le ocurrió antes?. Se acercó silenciosamente a ella, y cuando estuvo atrás suyo, le tapó los ojos.
-¿Quién soy?- dijo fingiendo una voz.
-Grell, deja de jugar- rió ella.
-Nop, no soy él- negó, ahora hablando normal.
-¿Ronnie?
-¡Correcto!- le quitó las manos de la cara y la abrazó por la cintura, algo que no ella no hubiera permitido en la escuela.- ¡Te estuve buscando por todas partes!
-¿Y por qué me estabas buscando?
-¡Ah!, emm...bueno, yo...- se sonrojó.- Yo...quería bailar contigo
-Pudiste habérmelo dicho desde el principio- comentó, separando el abrazo y girándose a él.
-¡Es que el tipo de blanco se me adelantó!- reclamó.
-La verdad es que si no lo hacía, no me dejaría tranquila- rió por lo bajo. En ese momento una nueva pieza empezó a sonar.
-Esto...mejor bajemos, no quiero perderme otro baile- masculló el muchacho, impaciente.
Ambos bajaron rápidamente y se mezclaron entre la multitud, pero justo la canción se detuvo, para dar paso a una melodía de violín tocada por Sebastián, que sonreía muy ampliamente.
Ronald no pudo evitar que se le encendieran las mejillas, miró a la castaña a los ojos, también esperaba con ansias la invitación.
-Srita Trancy, ¿le gustaría bailar esta pieza conmigo?- ofreció.
-Encantada- sonrió dulcemente, con un gran brillo en sus ojos.
Comenzaron a bailar un vals al son del violín, aunque al principio eran pasos tímidos, era la primera vez que bailaban juntos, de hecho, a Ronald le costaba tomarle de la cintura sin incomodarse. Luego fueron agarrando confianza, a pesar de que ambos se morían de vergüenza, el corazón les daba mil vuelcos con sólo verse, pero el gran brillo en los ojos de la muchacha, era algo que el rubio de dos tonos no quería olvidar.
Aún así, tenía un sentimiento de disconformidad respecto a lo dicho por el Conde Grey, a pesar de todo el tiempo que han sido compañeros, incluso amigos, desconocía su pasado.
Ya era hora de armarse de valor y preguntárselo de frente.
-Oye...Chelle-chan...-comenzó algo dudoso, pero luego se decidió.- Voy a ser directo, mira, no sé mucho de ti y...
La condesa lo miró, entendiendo que la pregunta era seria, al mismo tiempo, temiendo sobre qué se trataría.
-Ve al grano- dijo sin vacilar.
-¿Qué hiciste para llegar aquí?...me refiero...¿Qué hiciste para ser shinigami?- pregunto, con los ojos puestos en los de ella. Su amada tragó saliva antes de hablar.
-Mira...es una serie de eventos...no sé si te van a agradar...
-Ten confianza, no te juzgaré
-Yo...antes de ser la prometida de Alois...era su asesina personal
CHAN CHAN CHAN!Eso fue todo por hoy! espero que lo hayan disfrutado!
Elena: La muy estúpida tenía que publicarlo el 25, ¡y ahora estamos a 29!
Lo sé, me tarde demasiado, pero el 25 no tenía ideas, después me tardé tres días en escribir, es que no he salido de vacaciones aún T-T, época de pruebas, fin de año, mis papás retándome porque baje el promedio, etc, etc
Pero bueno, ¡ya lo subí!¡estoy viva!¡tirenme los tomates que quieran por impuntual!
Como es un especial, aquí no influye mucho la trama, pero si lo ubicamos en la línea de tiempo, sería después de Book of Murder y toooda esta historia, o no sé, tómenlo como quieran. Ahora los estados de los fanfics están en mi perfil, para que pasen por ahí. Créditos a la Ninitu salvaje, amiga del colegio.
Elena: Bueno, sigan la historia, favoriteen...
Dejen sus reviews y hasta la siguiente, mis querubines ;3
