Capítulo 2. Un nuevo encuentro.
Amaia estaba reposando en su opulenta cama; hablando en todos los sentidos de la palabra. Se sentía muy cansada puesto que esa vez Dario/Gino le había metido más caña de lo habitual, e iba a tratar de dormirse, y finalmente lo consiguió, pero por pocas horas; porque después el sueño se había ido de su lado y a plena madrugada se levantó de su cama con total normalidad, fue directa al mail porque ya tenía su ordenador encendido, y vio otro correo de Andrea.
¡Buenas noticias, gatita! El entrenador Van Saal me ha aceptado como gerente y mánager del equipo catalán, y eso significa ¡no volver a Francia!
Amaia respondió el mail poniéndole un emoticono de un gatito sonriente por el hecho de que la hubiese llamado gatita, y también porque se alegraba de que la escribiera.
¡Cómo me alegro de que te hayan aceptado en Barcelona! A ver si me dan un breve descanso y voy para allá a verte; y además porque también quiero ver toda la luz que desprende. Y Francia también me gusta, pero muchas veces me da depresión; no más por lo apagada y gris que es. Y Roma es la verdadera ciudad del amor y la moda, y no París como dicen algunos. En Francia hay tiempo de lluvia y es triste, mientras que en Italia es soleado y alegre; no es por nada.
Ya me contarás más, Ratona.
Y hecho y dicho esto el sueño volvió a ella y como un muerto viviente a punto de salir de su tumba, se dirigió a su cama un poco desgarbada, y una vez que se tumbó, se acomodó las sábanas y sus párpados se cerraron de un suspiro.
'Joder, vaya envidia que le tengo a Amaia; está con el chico del que está enamorada, y para rematar, en Milán, donde siempre ha querido estar. Yo sin embargo ando más perdida en Barcelona que un cani en un concierto de Cannibal Corpse, no sé cómo me va a tratar la gente y encima le pienso a alguien que probablemente ande con otras mujeres; quizá en este momento' pensó, con una sonrisa triste en su cara.
Dio un puñetazo a la mesa por no ponerse a llorar, y como recordó que tenía trabajo que le había mandado el entrenador, salió de su correo electrónico y se dispuso a buscar información sobre los jugadores que integraban el equipo. Algunos jugadores le dieron curiosidad; y clickeó en la ficha de un tal Fernando Cosas Dutra; alias Rivaul, porque le había llamado la atención especialmente. Nativo brasileño que estaría entre los veinticinco y treinta años de edad; quizá algo menos. Delantero y mediocampista que portaba el número diez en la espalda. Se le conocía por ser no uno de los mejores jugadores del mundo; sino el mejor del mundo, según decían todos. También era conocido como el águila del Barcelona/Cataluña. Seguramente si Andrea le contaba a Oliver/Tsubasa que había descubierto al mejor jugador del mundo, y que encima estaba en el equipo al que iba a ingresar, se volvería loco de alegría e intentaría hacerse su amigo y jugar contra él. La muchacha sabía muy bien que su amigo japonés estaba no muy interesado, sino interesadísimo por los grandes jugadores, e iba a fliparlo en colorines cuando conociese al tal Rivaul, quien era un jugador de talla mundial y venía de uno de los países más desarrollados futbolísticamente a nivel mundial, Brasil. La fotografía mostraba a un hombre bastante joven; tenía el pelo no negro como Oliver/Tsubasa o Benji/Genzo, pero sí de un gris muy oscuro; bastante corto y con flequillo. Tenía los ojos grandes, rasgados y negros, con un brillo en la mirada que desprendía valentía y decisión. Su piel era bastante morena, pero tenía cierto subtono avainillado. Como la foto de perfil era desde cabeza hasta algo por la mitad del pecho, pudo ver que tenía una musculatura bastante desarrollada; cuello grueso, hombros anchos, torso definido y trabajado. El jugador era muy guapo y tenía muy buen porte; esto último lo dedujo ella, pero sabía que iba a acertar con lo que había pensado. Y muchísimas chicas decían que era muchísimo más guapo en persona. Andrea ya estaba en las nubes fantaseando con ser su novia, y que las demás chicas le tuviesen muchísima envidia. Ser novia de un guapo brasileño sería para ella la polla (como decían Amaia y ella, eran muy malhabladas y eso no lo iban a cambiar), porque le gustaban muchísimo los brasileños; morenos, guapos y bien formados; como a Amaia los italianos. Y si encima era conocido, y además a nivel mundial… ¡Eso la volvía loca! Podría fardar de él ante las demás chicas y que la tuvieran muchísima envidia. A lo mejor podría liarse con él.
¡Pobre ilusa! Se estaba formando tales ideas en la cabeza que no sabía si parar o no. Si le contara a Amaia todo el plan seguro que se descojonaría, pero bien de bien. Seguramente le diría que el amor surge solo y no forzadamente, y que a los hombres, tanto famosos y guapos como no, no les gustaban las interesadas. Y un ejemplo de ello era su amigo Karl-Heinz Schneider, que tenía admiradoras y acosadoras pero por doquier y en cualquier lado, pero le había confesado en una conversación telefónica que seguía enamorado de Amaia, a pesar de que cuando la tuvo no la hacía ni puto caso, cuando ésta ahora pasaba de su cara. Y también le habían dicho que estaba atraído por Benji/Genzo, pero que no estaba confirmado, ni por el alemán ni por el último mencionado. Y tampoco pensaba que Karl fuese gay (además, tenía tanto éxito con las chicas que no le hacía falta recurrir a un él); además que esa idea era absurda.
Decidió bajar de las nubes y ponerse a trabajar. Después de haber hecho eso bajó a comer. Todos los jugadores estaban en el comedor ya ocupados con la comida, cuando uno de ellos se dio cuenta de su presencia y empezó a halagarla.
- ¿Eres tú la gerente y mánager del equipo? – le preguntó éste, un guapo y alto muchacho rubio de ojos azules -. ¡Pues eres preciosa!
- Mu-muchas gracias – murmuró Andrea, poniéndose algo colorada.
Todos empezaron a darle la razón, lo cual provocó que la zagala se pusiese roja hasta las orejas y empezase a jugar con algún que otro mechón de su pelo, riendo nerviosamente. Sí, ella sabía que era una chica guapísima y tenía el ego muy subido, pero jamás la habían piropeado de tales formas; unos con alguna que otra palabra o frase bonita, y otros con referencias sexuales; desde decir que se excitaban de sólo verla hasta contar lo que la harían en la cama. Cada vez estaba más incómoda; se sentía como un objeto de deseo sexual, o como lo llamaba Amaia, una vagina con patas.
- Espero que disculpes a mis compañeros de equipo, están algunos especialmente salidos – dijo el chico que la había hablado antes -. Ah, y no me he presentado, soy Albert Potter, capitán de la Selección Nacional de Holanda. Encantado – le tendió la mano derecha.
- Igualmente, Albert – respondió Andrea, estrechándole la mano con su derecha -. Yo soy Andrea Rosier.
- Tienes un nombre muy bonito. ¿Eres española?
- No, no soy española. Soy inglesa; concretamente de Manchester, pero he vivido mucho tiempo en París, y ahora estoy aquí. Y una cosa, ¿el capitán de la Selección de Holanda no es Bryan Cruyfford?
- Sí, él es el capitán oficial del equipo. Pero no va a jugar el partido contra Japón que han organizado dentro de unas pocas semanas; tiene otros asuntos que atender.
- También es muy conocido un tal Willem Arminius, quien también aparte de jugar en la Selección de Holanda, juega en el Piamonte FC/Juventus FC. Y Mark Lenders/Kojiro Hyuga, un jugador japonés muy destacado en el Torneo de Francia, ha fichado por el mismo equipo – soltó una breve risita.
Albert también se contagió de aquella risa.
- ¿De qué te estás acordando, Andrea?
- De que tengo una amiga que está haciendo lo mismo que yo en un equipo italiano, Milán FC (sí, en donde Dario Belli/Gino Hernández es capitán, y también lo es de la Selección italiana), y se lleva fatal con Lenders/Hyuga, y estoy pensando en las peleas que van a tener las veces que el Milán FC y el Piamonte FC/Juventus FC cuando jueguen juntos. ¡Hasta le llama bestia, asesino, acémilo, bárbaro, mala persona, asqueroso, hijo de puta…!
- ¡Tu amiga sí que tiene insultos para ese tal Lenders/Hyuga! – Albert empezó a reírse más.
- Le odia tanto porque es muy agresivo jugando, y según ella no merece ser llamado jugador de fútbol. Lesionó la mano de Dario Belli/Gino Hernández (del que estaba enamorada y ahora está con él de novia), la dio un balonazo en el estómago que la tiró al suelo, la hizo llorar del dolor y vomitar cuando le dijo que era un mal jugador y que jugaba muy sucio, lesionó a su hermano en el partido de Alemania (su hermano jugó en la Selección Alemana, junto con Karl-Heinz Schneider, quien es mi amigo, y ella era gerente de tal equipo). Y luego porque Lenders/Hyuga la anda criticando por ahí.
- ¿Y qué hay de ti, Andrea? ¿Qué hiciste durante el Torneo de Francia?
- Fui gerente de la Selección Nacional de Francia.
- ¡Caray, conoces a un montón de gente! Elle Cid Pierre/Pierre Le Blanc era el capitán de la Selección francesa, ¿no?
La alegre y genuina expresión de Andrea se tornó a una mirada de odio reconcentrado que se disfrazó de indiferencia.
- Sí, él era, es y será el capitán de la Selección francesa. Yo con ese chico no me llevo bien; es un creído, un imbécil y un mujeriego. Qué digo, directamente ni me llevo – puso énfasis a las tres últimas palabras.
Pero bien que le quería y le pensaba. Su expresión de enfado se tornó a uno de disimulada tristeza. No estaba a tal grado como para echarse a llorar, pero sí que le traía recuerdos desagradables de él, cómo se comportó con ella. Pero decidió que no tenía que mostrar su pesar y esbozó una pequeña pero pícara sonrisa.
- ¡Pues Schneider también tiene fama de mujeriego, y se ha acostado con muchas más que Pierre, o eso me parece a mí! – comentó un jugador más mayor que el resto, el cual era considerablemente alto, tenía algo de barba y bigote, la piel pálida, ojos verdes, nariz con caballete y el pelo castaño, un poco largo y algo alborotado.
Todos se echaron a reír ante tal observación. Andrea estaba alucinando; pensaba que jamás podría llegar a entenderse del todo con los hombres.
- Por cierto, soy Clemente, defensa del equipo catalán – le tendió una mano grande y nervuda.
- Encantada, soy Andrea, gerente y mánager de este equipo – se la estrechó con su pequeña y bonita mano.
- ¿Y Schneider es tu amigo? – preguntó éste con curiosidad.
- Sí, es mi amigo. Le conocí en el Torneo de Francia. Y aunque es cierto que es un mujeriego, por favor, no lo digas a los cuatro vientos, que además me hace sentir muy incómoda; le estás criticando.
Clemente empezó a desternillarse de risa por el comentario de la chica. Se puso una mano en los ojos.
- ¡Pero qué cosas dices, chiquilla! ¡A las chicas todo os incomoda!
Se sintió ligeramente ofendida.
- ¡Y a los hombres os la suda todo! – replicó, alzando algo el tono de voz pero sin enfadarse.
- ¡Pero mujer, ríete, que estamos todos de broma! – Clemente le dio unas cuantas palmadas fuertes en la espalda.
Todos empezaron a reírse aún más. Y ella estaba muy incómoda con la situación, dudando de si hacerlo o no, pero eran tantas las risas y tan poderosas que acabó uniéndose a ellas, carcajeando como nunca lo había hecho. Tal risa le daba la situación que se le escaparon algunas lagrimillas y llegó a dolerle algo el estómago. Y sí, su mente decidió que Clemente le hacía gracia. Las risas duraron hasta que vino el entrenador Van Saal.
- ¡Se acabó el cachondeo! ¡A entrenar! – ordenó en un tono de voz bastante alto pero sin llegar a chillar. Se dirigió a Andrea -: Rosier, a seguir buscando información sobre los jugadores rivales.
Se marchó en silencio hacia su cuarto, y nada más pasar a él, se sentó enfrente a su portátil (no tuvo que encenderlo, puesto que lo había dejado en suspenso) y fue directa a su correo electrónico para escribir a Amaia.
Adivina lo que me ha pasado hoy. ¡Estoy súper incómoda! A todos les parezco una fuente de deseos sexuales. Bueno, a casi todos. ¡Hasta se han puesto a contarse entre ellos qué es lo que me harían en la cama, y algunas de esas fantasías son más bizarras…! ¡Si hasta uno quería atarme las manos y los pies y amordazarme y metérmela y sacármela hasta morirse! ¡Y hasta uno se ha planteado una vida juntos! Y luego también han empezado a hablar de Pierre y Schneider, de la fama de mujeriegos que tienen… por mí Karl puede acostarse con toda Alemania si lo desea, y si quiere, que se folle a toda Europa. Pero cuando han hablado de Pierre he estado a un tris de echarme a llorar. Y no sé por qué cojones en unos segundos hemos empezado a reírnos todos por el comentario que ha hecho uno sobre Schneider; hasta he llorado y me ha dolido el estómago de la puta risa. De verdad, nunca llegaré a comprender del todo a los hombres. El único decente que he visto es un jugador que es el capitán de la Selección holandesa, Albert Potter, que no se ha puesto a plantear una vida juntos ni quiere hacerme nada. Se ha presentado, hemos hablado y ya está.
¡Por favor, dame algún consejo para sobrevivir en una manada de sementales!
Andrea.
Y nada más terminar de escribir, se metió a Internet a buscar datos de equipos y jugadores rivales; con el próximo que jugarían sería con el Real Madrid FC.
Amaia empezó a partirse de risa con el mail que le había mandado Andrea. Pero aparte de parecerle el contenido especialmente gracioso, se sintió en parte identificada. Y más risa le dio aún el tener que reírse bajo porque la mayoría de los jugadores estaban dormidos y además porque se puso a recordar que al principio de venir al Milán FC, había vivido situaciones parecidas pero Dario/Gino siempre saltaba (y salta) cada vez que la decían algún piropo (según Dario/Gino, palabras que sólo él puede decirle), y siempre les regalaba alguna que otra mirada asesina. Escribía la contestación entre risas:
¡Ratón, a mí me ocurrieron cosas muy parecidas a las que te han ocurrido! Sí, a mí también me lanzaban piropos groseros. Sí, yo también fui objeto de deseos sexuales, pero bien de bien. Pero eso de querer atarte las manos y los pies, amordazarte y hacerte el mete-saca hasta morirse, ¡me parece un poco bestia! Bueno, aunque eso lo hice con Dario/Gino, pero sin amordazarme. Y sí, me folló hasta que se cansó (y bien fuerte, y durante mucho tiempo), y quedé muy satisfecha. Dario/Gino les dijo que ya me hacía todo eso y mucho más por ellos, que era su novia y que como alguno osase decirme algo o tocarme, que le echaría del equipo sin miramientos. Vamos, un día movidito.
¿Ya han empezado a hablar de Pierre y Karl? ¡Les tienen envidia porque ya desearían acostarse con tantas como lo hacen ellos dos! Siento lo de Pierre. Y yo a Karl le veo capaz de acostarse con toda Europa si se lo propone (eso sí, cuando sea más mayorcito tendrá problemas de erección, y hasta voy a rezar por la pobrecita que se enamore de él, vaya mujeriego).
Como tengo novio, pues nadie me dice ya nada. Y también ha sido el tiempo lo que lo ha apaciguado. Los primeros días venga a hablar sobre de que me meterían de todo menos miedo, pero ya cuando pasaron los días se les pasó esa obsesión por hacerme de todo. Algunos no me dirigen la palabra, y otros son mis amigos (con los que salgo por ahí). ¡Si hasta uno tenía novia, y un día ésta vino a reclamarme! Y por supuesto que rompió con él. A ti te dejarán en paz conforme pasen los días. Simplemente mantén las distancias con ellos y te irá todo de perlitas.
Un beso,
La gatita.
'Qué tarde es. Y luego me quejo de que tengo sueño durante el día…' pensó, maldiciéndose de haberse quedado hasta tarde un día más.
Era una chica que no se iba a dormir más pronto de la una de la mañana; bien estaba hablando con sus amigos, bien con su novio, bien saliendo con sus amigos italianos hasta el amanecer; ya fuera a discotecas famosas y exclusivas, a bares o garitos. Todas las noches hacía ejercicio, ya fuese teniendo sexo, saliendo a correr por los campos de fútbol de la residencia; y había noches en las que salía incluso fuera de ésta, yendo al gimnasio o simplemente al spa (ya tenía sabido que no iba a hacer ejercicio, sino sólo a relajarse, a sudar y a dejarse masajear todo el cuerpo; las partes que más le masajeaban eran las espaldas y los pies; y con estos últimos habían flipado las guapas dependientas; éstas decían que eran preciosos. No eran ni muy pequeños ni muy grandes; eran de una talla mediana. Eran delgados y tenían los dedos largos y rectos. No tenían ninguna imperfección. Prácticamente, eran perfectos.
Faltaban pocas horas para que Oliver/Tsubasa viniese a Barcelona. Por fin podría darle un abrazo, irse los dos por ahí a comer como si no hubiese mañana, de fiesta hasta el amanecer, a bailar y a ligar (total, si Pierre lo hacía, ella también lo haría pero mucho más), tirarse hablando de sus cosas y de mucho más hasta que se les quedase la lengua seca y se les agotasen los temas de conversación, hablar con Benji/Genzo sobre la gente que conocían (o sea, de Amaia, de Schneider, de Dario/Gino y demás peña). La muchacha estaba como unas castañuelas, pensaba en tales cosas estando tan abstraída que hasta se dio un golpe en la cabeza contra la pared. Se estaba colocando unos pantalones largos negros, los cuales le llegaban por la cadera, tenían agujeros de plata a partir de la pantorrilla y atravesaban por éstos unos gruesos lazos negros, atándolos en un mini lazo un poco por encima del tobillo. También se puso una camiseta con escote tipo barco de color rosa palo, la cual le llegaba por el ombligo. Se calzó unas chanclas blancas. Después de hacer su tarea correspondiente del día e informarle por correo electrónico a Benji/Genzo que Oliver/Tsubasa estaría en Barcelona en menos de unas horas, cogió su bolso junto con su monedero, porque pensaba pasárselas de compras para hacer tiempo, y por si a Oliver/Tsubasa le apetecía que se fueran a comer por ahí, para poder invitarle. Salió de su cuarto lo más rápido que pudo, saliendo a la calle. Sonó su teléfono.
- ¿Sí?
- ¡Andrea! – exclamó un muy sonriente Oliver/Tsubasa -. ¡Ya mi avión está aterrizando en el aeropuerto de Barcelona, para jugar al fútbol y para que tú y yo nos vayamos a comer por ahí unas buenas pizzas!
- ¡Qué bien, Oliver/Tsubasa! ¡Por fin podremos ponernos al día! ¡Y sí, tengo unas ganas increíbles de pizzas!
'Sobre todo para jugar al fútbol, Oliver/Tsubasa. Te casarías con él si pudieses', pensó, echando una pequeña risita. No le había contado que había descubierto al mejor jugador del mundo; eso era una sorpresa y Andrea quería decírselo después… o tal vez dejar que le conozca solito. Ella aún no había visto al mejor jugador del mundo en persona, sólo le había visto en fotos y había investigado acerca de él, porque le había interesado mucho. Caminaba muy tranquila por las calles de Barcelona, las cuales por el día lucían luminosas pero con moderación, como decía ella, porque no le gustaban las calles muy luminosas; le recordaban a esos días de verano en los que en cuanto que sales a la calle te conviertes en un charco con ojos. Ni tampoco con nada de luz porque le recordaban a algunas tristes y grises calles de París. Y al recordar París, se acordó de Pierre. Pensó en otra cosa para no entristecerse, y como le faltaba al menos una buena media hora andando para llegar al aeropuerto, se sacó su MP4 y puso las canciones de uno de sus artistas favoritos, Eros Ramazzotti. Cada vez que escuchaba cantar a Eros le daba un chute de alegría que hacía que Andrea anduviese más deprisa y con mucho mejor humor, incluso cantaba la canción que estuviese escuchando y daba saltitos. Si la gente la decía que estaba loca, eso no le importaba. Porque estaba realmente contenta. Contenta de ver nuevamente a su gran amigo del alma, como le llamaban ella y Amaia. Ya cuando hubo atravesado algunas calles y hubo llegado al aeropuerto, vio a Oliver/Tsubasa sentado en uno de los sillones del aeropuerto, con una gran sonrisa en la cara. Se levantó de su asiento para recibirla, y a continuación le quitó los auriculares de los oídos.
- ¡Andrea! ¿Ya estás otra vez con el tontófono? – le gritó en un reproche de coña -. Un amigo tuyo está esperándote para tomar pizzas y tú con el tontófono bailando y cantando canciones de Eros Ramazzotti. Te parecerá bonito, ¿no?
La aludida se echó a reír. ¡Amaia y ella se reprochaban de esa manera! Y también Amaia era muy fan de Eros Ramazzotti. Mientras todavía bailaba, apagó el MP4, se quitó los auriculares y se los metió a ambos en uno de los petados bolsillos de sus pantalones con mucho estilo. Oliver/Tsubasa se estaba riendo.
- Qué bien bailas, Andrea – dijo con un evidente sarcasmo.
- Sí, es que de mayor voy a ser bailarina – Andrea le seguía la broma -. Y bailo tan bien que le haré la competencia a Michael Jackson y me tendrá mucha envidia.
- Anda que no eres tú modesta ni nada.
- No tengo por qué ser modesta.
- Pues yo soy modesto.
- ¿Tú? – se echó a reír -. ¡No me hagas reír! Yo al menos admito que no soy modesta ni tengo por qué serlo.
- Deberías, mi queridísima Andrea, deberías.
- Y me lo dice el más modesto de todos.
- Te lo está diciendo uno que es muy modesto.
- Sí, sí, lo que tú digas, Oliver/Tsubasa.
Y estuvieron discutiendo de coña y entre risas durante todo el camino, hasta llegar a la pizzería deseada. Ésa era su actividad favorita. A Benji/Genzo y Amaia también les encantaba discutir de coña, y si hubiesen llegado a estar con Oliver/Tsubasa y Andrea, la gente se les hubiese quedado mirando de lo sarcásticos que eran los antes mencionados. Tal vez se hubiesen unidos los chicos por un bando y las chicas por otro para discutir, o tal vez Amaia hubiese estado de parte de Benji/Genzo y Andrea de la de Oliver/Tsubasa.
Cuando llegaron a la pizzería, pidieron el buffet de pizzas familiares; una de las dos primeras que pidieron fue de carbonara y la otra de pollo. Se fueron a sentar a la mesa mientras esperaban su pedido.
- ¿Sabías que Schneider sigue enamorado de Amaia? – le preguntó Andrea por romper nuevamente el hielo.
- Pues que se olvide de Amaia, que ya ella está muy bien servida con Dario/Gino, y además, Schneider se come todos los coños que quiere.
- Y pollas. Yo desde luego voy a rezar por la pobrecita que sea su novia, besarla con esa boca tan sucia.
- ¡Joder, Andrea, eres muy cruel! - empezó a reírse como un loco Oliver/Tsubasa -. ¡Dices que es tu amigo, y vas y le criticas aquí conmigo!
- ¿Y? Sí, él es mi amigo, pero no voy a decir de él que es un santo cuando no lo es. ¡Y además, mi amiga no va a dejar a alguien como Dario/Gino, alguien con quien se ama mutuamente (y además él es uno de los hombres más guapos que hayan podido ver mis ojos; quizá el más guapo) por un personaje como Schneider! Y además a Amaia le trae sin cuidado.
Oliver/Tsubasa se rió aún más por lo que acababa de decir su amiga.
- ¡Joder!, como te oiga… - añadió a continuación -. Qué cabrita eres.
- Lo sé. Y no pienso cambiar. Realmente cambiar es una tontería sin sentido. La gente no cambia realmente; sólo se atiene a las circunstancias en las que esté. Y además Schneider bien que ha ido diciendo cosas de mí.
- ¿Tan formal, Andrea? Si tan amiga suya eres, tendrías que llamarle por su nombre.
- Bueno, se llama Schneider y punto.
- Qué vaga.
- Lo sé. Y no pienso cambiar.
Otro rato más discutiendo hasta que llegaron las pizzas a la mesa; y fue cuando Andrea fue a por un trozo de cada pizza.
- ¡Ah! – emitió una queja de dolor.
Oliver/Tsubasa empezó a reírse.
- ¡Eso te pasa por ansiosa! – gritó carcajeándose.
Andrea le metió un gran mordisco a uno de sus trozos de pizza, sin importarle lo que dijera su amigo del alma, quien la estaba llamando ansiosa por momentos. También se quemó la lengua y la parte de arriba de la boca, soltando un chillido.
- Andrea, tranquila. Las pizzas no se las va a comer nadie más que nosotros.
- Eres capaz de dejarme sin pizza.
- Un gran amigo del alma no le hace eso a su gran amiga del alma. Y por eso espérate que la pizza se enfríe un poquito, o ve comiéndotela despacito.
Empezaron a comer los dos muy despacio, y como los dos tenían demasiada hambre, empezaron a comérselas más deprisa, y pronto se las terminaron; así que pidieron dos más, y así estuvieron sin dar tregua hasta que a Andrea le dio una punzadita en el estómago, diciéndole que parase de comer. Oliver/Tsubasa seguía comiendo tan tranquilo.
- Oliver/Tsubasa, eres como las vacas. ¿Tienes varios estómagos?
El aludido se empezó a reír nuevamente.
- ¡Joder, Andrea; estás hoy luciéndote!
Dicho esto, rieron nuevamente.
Pierre miraba los días pasar desde la ventana de su cuarto, sentado en su cama con una expresión triste en el rostro.
'La vida sigue, eso decían. Para mí sólo pasan los días', pensó. 'Sigo extrañando a una chica que ya no está ni siquiera en mi mismo país y de la que no tengo noticias; y probablemente me haya olvidado en Barcelona. Andrea, te quiero'.
Pero sus sentimientos eran contradictorios, o al menos eso era lo que diría Amaia. Porque si amas a una persona no te acuestas con mil para olvidarla. Él pensaba que acostándose con muchas chicas, olvidaría a Andrea; siempre había creído en el dicho de que un clavo no sacaría otro clavo, pero que doscientos tal vez. Siempre había sido muy mujeriego y pensaba que si Andrea volvía a su lado, él cambiaría a mejor. Pero Andrea pasaba de él. Totalmente. Pierre recordó los tiempos de cuando la situación era a la inversa, y le dolió en el alma. Tal vez el karma hubiese actuado en consecuencia.
'¿Se habrá echado novio en Barcelona? ¿Habrá conocido a alguien? ¿Andará mariposeando con otros? ¿Le dará igual el tema del amor?' Pierre se hizo una y mil preguntas sobre lo que estaría haciendo Andrea en estos momentos.
Pero lo que más le dolió fue pensar en la vez que la pilló en escena con Napoleón. No le había dado tiempo a decir nada, tal fue su shock que se había quedado paralizado, completamente mudo, como una estatua. Y lo peor es que siempre había creído a su amigo Napoleón muy sincero, y si había dicho en la vez que sacaron el tema que, si Andrea había disfrutado con él, es que había disfrutado con él de veras.
Alguien llamó a la puerta de su cuarto. Era Tom/Taro. Cuando Pierre le dio permiso para entrar, el japonés se sentó en una de las esquinas de la opulenta y voluminosa cama.
- ¿Estás mejor? – le preguntó con suavidad.
- Sí – respondió el francés en un tono quedo -. Gracias por tu consideración, Tom/Taro.
Los dos muchachos estuvieron sosteniendo un incómodo silencio durante unos minutos. Tom/Taro notaba a Pierre bastante frío, distante y triste. Sobre todo, triste. Muy triste. Le había visto llorar algunas veces, y mencionar el nombre de Andrea, hablando solo, como si estuviese loco. Después de meditar algunos instantes más, Tom/Taro decidió tomar la palabra.
- Pierre – comenzó a decir -. Quiero hacerte una pregunta de gran rigor.
Pierre asintió con la cabeza.
- Sigues enamorado de Andrea, ¿verdad?
- ¿Qué es lo que crees? – le preguntó el aludido, acariciándose la rubia melena. Pierre le miró unos instantes -. Sí, sigo enamorado de ella. No he parado de pensar en ella ni un día. Pienso en ella la mayor parte del tiempo, por no decir casi todo el tiempo.
- ¿Y por qué te acuestas con otras? – le preguntó su amigo, en voz muy alta y con tono de reproche. Tom/Taro le miraba muy duramente -. Dime, ¿por qué lo haces? ¿Es para tratar de olvidarla? ¡Una persona que realmente ama a otra no se acuesta con otras!
El aludido le miró petrificado. ¿Cómo el bueno de su amigo japonés podía soltarle semejante barbaridad? ¿Quién se había creído él para insultarle de esa manera? ¿Por qué le preguntaba el por qué se acostaba con otras estando enamorado de Andrea? ¡Él hacía lo que le daba la gana, estaba soltero, no le debía cuentas a nadie y además a Andrea se la sudaría con quien se acostase o se dejase de acostar!
- Mi querido amigo – dijo Pierre, conteniendo su furia -. Tú no eres quien para decirme lo que tengo que hacer o dejar de hacer.
- Ya, pero podrías intentar arreglar las cosas con ella.
Pierre empezó a perder la paciencia. Comenzó a apretar los puños por no pegarle o romper alguna cosa. Temblaba. De la furia. De la impotencia. Le castañeaban los dientes aunque no los mostrase. Odiaba sentirse así. Él quería arreglar las cosas, pero no sabía nada de ella. Quería volver a verla. Pero pensaba que era demasiado tarde. Y el que se lo recordasen le ponía furioso, porque sabía que no la volvería a ver.
- ¡Ya me gustaría arreglar las cosas con Andrea, pero es que no lo vamos a hacer, ni lo haremos nunca! Estamos lejos uno del otro, y yo no sé nada de ella – reclamó, casi gritando -. Además seguro que habrá encontrado a otro que la merezca mucho más que yo. Aparte de que no la he tratado muy bien y seguramente no querrá arreglar las cosas. Además, ¿qué le podría decir?
Tom/Taro se quedó pensativo otros instantes más. Decidió contarle lo que le había dicho Andrea acerca de su versión con Napoleón.
- Napoleón es tu amigo, ¿verdad?
- Sí, ¿por qué?
- Te contó que lo había hecho con Andrea, ¿no? – se quedó pensativo -. Y no sólo eso, también te dijo que le había quitado la virginidad, ¿no es cierto?
Pierre miraba al suelo con rabia, y el hecho de que Tom/Taro se lo estuviese recordando mediante una serie de preguntas le dolía. ¡Le hubiese gustado estar en el lugar de Napoleón! Pero no, tuvo que conformarse con ver tal escena; esa que hacía que le sangrasen los ojos.
- Sí, me lo contó.
- Pues no es así, querido amigo.
Al aludido se le encendió una luz de esperanza. Sabía que Tom/Taro siempre había sido muy sincero, pero creía que Napoleón también lo era. Si Napoleón le había dicho que sí lo había hecho con ella, y Tom/Taro decía que no (porque se lo había contado la propia Andrea, nada más y nada menos), uno de los dos mentía. Su expresión facial se tornó en una mezcla de confusión y sospecha. Napoleón siempre había sido su amigo de la infancia, y éste nunca le había mentido. Sus fans decían que Andrea era una libertina y una loca. Pero Tom/Taro también era franco; su mirada lo decía. Y no decía tales calumnias de ella; más siempre contaba cosas buenas.
- Como ya verás, me encontré a Andrea en el aeropuerto de París. Me dijo que se marchaba a Barcelona a hacer de mánager y gerente del equipo de fútbol oficial de allí.
- ¿Y cómo te contó a ti que no lo había hecho con Napoléon? – preguntó, dubitativo y sospechando ligeramente de que Tom le pudiera estar mintiendo.
- Porque se lo pregunté. A mí me lo contó un amigo suyo, que Napoleón lo había hecho con ella. Pero como sé que Napoleón es de verdad dudable, decidí preguntarle a Andrea, que había sido la víctima. Y ella me contó toda la verdad. Y no sólo no lo hicieron ni la quitó la virginidad, como va por ahí contando él, sino que intentó forzarla a hacerlo. La agarró fuertemente de sus partes nobles y de las tetas, y ella intentando zafarse de él y no pudiendo porque el tío era mucho más fuerte que ella, y estuvo a punto de violarla.
Pierre se quedó de piedra. ¿Cómo Napoleón podía hacerle tal cosa a una chica; forzarla a tener relaciones sexuales con él? Porque vale que no era un gran conquistador, sino más bien un payaso, como bien decía Andrea, pero siempre que había intentado que más de una cayera ante sus redes, ésta siempre le había mandado a la mierda con dignidad. Llegó a la conclusión él solito; Napoleón intentó forzarla, y como sabían de sobras que ella era muy inocente, y que encima estaban en los baños, y ella estaba recién salida de la ducha; lo cual la hacía más vulnerable. Napoleón se había intentado aprovechar de ella, y estaba a punto de conseguirlo, pero no sabía el por qué no llegaron a hacerlo.
- ¿Sabes por qué no llegaron al acto final? Porque tú les viste, Pierre.
El mencionado se quedó aún más petrificado. ¿Acaso le había mentido o qué?
- Y no, no lo hicieron después de que les pillaste; si lo contó así es que es un mentiroso de los pies a la cabeza.
- Pues pensaba que sí, que lo habría hecho con Napoleón aunque fuese por puro despecho.
Tom/Taro se estampó una mano a la frente, negando con la cabeza.
- No, no, no; te equivocas, Pierre, te equivocas. Ella odia a Napoleón con toda su alma, y no le quiere ver ni en pintura. No usa a la gente por despecho. Y jamás usaría a Napoleón sólo porque no te tenga a ti. Y jamás de los jamases hubiese tenido relaciones íntimas con él. Y es una chica muy sincera, no es como te la han pintado él ni tu gran séquito de admiradoras.
El francés estaba desconcertadísimo; tenía los ojos abiertos como platos. ¿Cómo podía decir Napoleón tales cosas; todo lo que había dicho, todo lo que le había contado, todo lo que había estado contando a la gente de Andrea? Tom/Taro pensaba que Andrea tenía tan mala fama en Francia por las mentiras que soltaba Napoleón y las admiradoras de Pierre. Llegó a la conclusión de que Napoleón contaba esas cosas de ella porque a lo mejor había querido algo con ella pero que ésta había pasado de él, o porque simplemente pensaba que molestaba en el equipo, porque era un machista. Y las admiradoras la tenían más envidia que otra cosa, y Tom/Taro dedujo que la criticaban porque 'esa chica es muy guapa, así que hará bastantes estragos con los chicos y será muy puta'.
- Él es un mentiroso. Siempre anda contando por ahí cosas que no son verdad – sentenció Tom/Taro con rabia.
Pierre miró hacia el suelo, apretando los puños de la rabia. ¿Cómo había creído en Napoleón todo este tiempo? ¿Cómo había podido ser tan tonto de creer esas mentiras y calumnias de Andrea? ¿Cómo había podido tratarla así? ¿Cómo había podido ser como era? Pero él la trataba mal desde que se conocieron, cuando aún no sabía la clase de comentarios que hacían sobre Andrea. La contestaba secamente con monosílabos, la ignoraba; hasta un día la gritó. Porque tuvieron una pelea. Recordaba las rebuscadas contestaciones de Andrea y lo que le gritaba llamándole imbécil, idiota y cosas mucho peores, pero al terminar la pelea vio desde lejos las lágrimas que le brotaban de sus ojos, no sintiéndose muy culpable; más le daba igual que esa chica llorase o dejase de llorar. Él sabía que estaba enamorada de él, y de eso Pierre sacaba jugo, aunque inconscientemente. El que sacaba tajada de la situación siendo consciente era Napoleón; siempre le hacía 'bromas' acerca de Pierre. La frase que más le decía era: 'Tú jamás podrás estar con Pierre, además hay chicas más guapas que tú y menos vulgares'. Con lo cual Andrea le respondió con una sonora patada en la pantorrilla y el dedo del medio levantado y le respondió que el que era poca cosa para ella era Pierre.
Ahora se arrepentía del comportamiento que había tenido con ella. ¿Por qué había sido tan patán? ¡Siempre había sido así! Quería cambiar de actitud, pero no podía si no estaba ella a su lado. Claro, era fácil decirlo, pero no servía de nada si a la hora de la verdad, aunque tuvieses a esa persona especial a tu lado, no cumplías. Hablar era fácil, pero mucho más difícil era demostrar.
Amaia se estaba mirando en el espejo. El espejo podía mostrar su cuerpo entero, desde la cabeza hasta los pies. No llevaba puesto más que el sujetador y el tanga. Pudo ver algunos cambios en su cuerpo; sus anchas y redondeadas caderas habían ensanchado algo más, haciendo su trasero una forma de corazón invertido; su culo se había puesto ya mucho más voluminoso y respingón de lo que ya era, su cintura se había afinado unos cuantos centímetros, su vientre estaba completamente plano y tonificado, sus piernas se habían puesto musculosas; tenía un buen gemelo pero su tobillo seguía igual de fino. Sus delgados brazos estaban más firmes y fibrados. Pero había algo que no se podía creer: le habían aumentado sus gigantescos pechos. Dos tallas. Se rió ante tal suceso.
'¡Dios mío, también me han crecido las tetas! Si ya eran enormes cuando tenía trece o catorce años, ¡ahora son gigantrónicas! ¡Y ya me dirán a mí en dónde me compro los sujetatetas!'.
Se oyeron unos pasos que iban en dirección a su cuarto, y abrieron la puerta. Era Dario/Gino, semivestido. Soltó unas risas bajas.
- Amaia, te han crecido aún más las tetas.
- Ya lo sé, Dario/Gino, ya lo sé – replicó ella, algo molesta por las risitas. A continuación sonrió pícaramente -. Pero, ¿a que te gustan, eh?
- Me encantan – afirmó él, con ese tono pervertido que tan cachonda ponía a Amaia -. ¿Qué tal si las usamos?
- Querrás decir que qué tal si las uso yo – soltó Amaia entre risas -. Porque tú no las llevas como si fueran parte de ti ni llevas sujetatetas…
- Pero tengo un pollón que lo llevo en mi día a día y tú no lo llevas, y bien que dices que la vas a usar, cuando en realidad yo soy quien la uso.
- Ya, pero yo también uso tu polla – dijo entre risas.
- No, no, no; quien usa mi polla soy yo – negó Dario/Gino, entre risas -. Que te la comas no significa que…
- ¿Qué tal si hacemos el combo perfecto? – sugirió Amaia, tocándole repentinamente con una mano en la entrepierna -. Fóllame hasta reventarme – le dijo en un tono más bajo, acercando sus carnosos labios a los del chico.
En respuesta, Dario/Gino comenzó a besarla apasionadamente, quitándole la poca ropa que llevaba encima, dejándola completamente en cueros, y a continuación la suya propia. En mitad de los besos la cogió en brazos llevándola en dirección a la cama. La tumbó y a continuación se puso encima de ella dándole aún más frenesí al asunto, tocando sus pechos con su esculpido y musculado pecho, rodeando con sus musculosos brazos la fina cintura de su amante. Empezó a recorrer todo su cuerpo con su boca; empezando desde su cuello, yendo hacia sus pechos a mordérselos, paseándose por su vientre para ir hasta sus piernas, separándole éstas y yendo a su monte de Venus y no tardó mucho en irse a la entrepierna, ella no tardó en correrse y tocar la entrepierna de él, intentando meterse el ya erecto pene de él en su vagina. Dario/Gino lo notó y enseguida la hizo suya. Le separó las bonitas y delgadas piernas, poniendo cada tobillo de la chica en cada uno de sus hombros. Le agarraba de las caderas mientras la penetraba fuertemente una y otra vez, haciéndola gemir cada vez más fuerte. Él no gemía como tal, sólo exhalaba.
- ¡Dario/Gino, Dario/Gino, Dario/Gino…! – empezó a gritar Amaia.
Él empezó a embestirla todavía más fuerte. La dio la vuelta y la colocó en posición de espaldas, medio tumbada pero con sus rodillas tocando la cama y antes de seguir, Amaia se colocó el pelo de forma que no se le viniese a la cara. Terminaron rápido de satisfacer sus necesidades corporales y nada más terminar, ella se quedó dormida, mientras que Dario/Gino se fue directo a la ducha.
Andrea iba por las ya oscuras calles de Barcelona, y por error o más bien por andar en las nubes tomó un camino no demasiado luminoso, y a medida que iba avanzando había menos luces. Era un barrio propio de la clase humilde, y no había nadie más que unos chavales sentados en círculo tomando pipas y charlando. A pesar de esto tal barrio daba muy mal rollo. Quería volver pronto porque estaba cansada, y además había terminado la última tarea del día que le había mandado el entrenador Van Saal.
'Joder… ¿Por qué siempre andaré en las nubes, y más cuando son momentos en los que tengo que andar en alerta?', pensó, lamentándose.
De todas formas, hizo el esfuerzo de andar más silenciosa de lo que ya andaba, y parecía que le estaba funcionando, hasta que terminó de salir por aquella calle. O eso parecía, porque notó que alguien la agarraba de su largo pelo.
- ¿A dónde vas tú tan solita a estas horas de la noche? – se dio la vuelta, y era un tipo enorme acompañado de otros tres igual de grandes o más -. Ven con nosotros.
Andrea se quedó totalmente paralizada. Sus ojos desprendían verdadero miedo, sus pupilas se iban dilatando cada vez más y su corazón se iba encogiendo cada vez más, a la vez que latía mucho más deprisa. Empezó a temblar y a ponerse pálida.
- Vamos – dijo otro de los tipos -. Agarrad a la chica por los brazos para que no pueda escapar.
Echó a correr lo más rápido que pudo, pero sus depredadores eran mucho más rápidos y la alcanzaron en pocos segundos.
- No pongas resistencia, puta – la volvieron a agarrar por los brazos pero más fuertemente para que no pudiese escapar. Andrea forcejaba e incluso intentaba mover sus brazos, aún moviendo fácilmente las piernas porque éstas estaban libres.
Comenzaba a sudar del esfuerzo.
- ¡Te he dicho que no pongas resistencia! – la gritó el individuo que la había agarrado primero.
Fue entonces cuando Andrea empezó a gritar, pero enseguida le taparon la boca con una mano, agarrándola entre todos.
- Joder, me encanta esta chica, tiene unas tetazas que no había visto en mi vida en ninguna otra tía…
- Y además tiene un culo que le daba toda la noche.
- Y encima está delgada y es muy guapa de cara, me pregunto cómo usará sus armas con los hombres…
- Seguro que tiene a un montón detrás suya, seguro que es una experta en cuanto a temas sexuales.
- ¡Que os calléis! – explotó Andrea, oyendo todas las salvajadas que decían de ella.
Los tipos comenzaron a reírse a carcajadas, y a continuación comenzaron a agarrarle mucho más fuerte, y comenzaron por quitarle la ropa. Para que nadie la oyese, le taparon la boca. Pero la situación llegó a tal grado que gritó tan fuerte que se oyeron unos pasos en medio de la oscura y estrecha calle.
- Dejad en paz a la chica – ordenó una voz masculina lo suficientemente alta para llenar el rincón donde estaban todos.
- ¡Pero de qué vas tú, tío! – chilló uno de los atacantes.
- ¡He dicho que dejéis en paz a la chica! – exigió, con un tono más alto y más duro.
Los aludidos acataron la orden de dejarla en paz, pero como respuesta fueron a por él como balas, enfrascándose cuatro contra uno en la pelea. Todos tenían igualadas sus fuerzas, pero se podía ver cómo su salvador acababa de pelear con uno iba a por otro, también le atacaban todos a la vez. Era una lucha bastante encarnizada, se daban tales puñetazos que o bien acababan sangrando por la nariz o al menos les dejaban marca. Sus cuatro depredadores luchaban de forma bruta, sin estilo; sólo dando puñetazos con todas sus fuerzas. Sin embargo, aquel que la situación decía que era su salvador luchaba con mucha más clase; en la pelea estaba demostrando que sabía de artes marciales; le hizo una llave de lucha a uno de sus rivales de tal forma que le dejó desmayado. En respuesta, los demás fueron a por él simultáneamente, dando como resultado que se cayese al suelo, pero que en un instante se volviese a levantar, como si no hubiese pasado nada, y le arrease otro puñetazo a uno de los que todavía quedaban conscientes. Viendo que era muy fuerte, los dos que estaban conscientes se echaron atrás y emprendieron retirada, y cada uno cogió el cuerpo de uno de los dos compinches que yacían inconscientes.
- ¡Nos vengaremos, te lo juro! ¡A la próxima no seremos tan indulgentes, cabrón! – vociferó uno de ellos, mientras que su colega y él echaban a correr.
- Que os jodan – gruñó el desconocido, una vez que habían corrido lo suficientemente lejos, levantando el dedo de en medio y alzando el brazo en la dirección en la que habían huido -. Cobardes…
En Andrea se había formado un torbellino de emociones; estaba asustada por el hecho de que había estado ante desconocidos y por la cruenta pelea, sorprendida porque pensaba que esos matones la violarían, la pegarían o la harían cosas peores y que nadie intervendría en su ayuda, y nerviosa por qué le diría el desconocido. Estaba paralizada, no movía un solo músculo, ni siquiera para articular palabra. Éste se acercó hacia la esquina en donde estaba ella, sentada de forma que sus rodillas tocaban el suelo pero de rodilla para abajo las piernas estaban separadas.
- ¿Estás bien? – le preguntó, con un tono de voz más bajado.
La aludida solamente asintió con la cabeza muy despacio. No podía hablar; tenía los labios cosidos del miedo y sus ojos irradiaban incertidumbre. Y se quedó flipando en colores cuando vio la cara de su salvador. ¡Era Rivaul! Empezó a ponerse roja como un tomate.
- ¡Pero tú estás tonta o qué! – la reprendió con voz vigorosa -. ¡Mira que andar por estas calles tan peligrosas, y además a estas horas de la noche y sola!
- Es que he venido a Barcelona desde hace pocos días, y no me la conozco casi nada – respondió muy cortada.
- ¿Y qué has venido a hacer en Barcelona exactamente?
- Esto… - se había cortado, pero ya había encontrado las palabras que iba a decirle -. Soy gerente y mánager en el equipo oficial de Barcelona. Venía de hacerle unos recados al entrenador…
- ¿En serio? No sabía yo que habían cogido una gerente en el equipo. Cuántas cosas ocurren cuando me voy unos días fuera. ¡Anda, qué tarde es! – exclamó alarmado. - ¿Puedes levantarte?
- Creo que no – en realidad sí que podía, pero no le apetecía caminar y quería ir cómoda.
Dicho así, la cogió en brazos sin esfuerzo.
- Dios, estás súper delgada… - comentó sorprendido.
'Las hay más delgadas que yo, pero muchísimas gracias por el comentario' pensó, sonriente y roja como un tomate.
No habían hablado durante todo el trayecto que hicieron desde que salieron de esa peligrosa e insegura calle llena de gente de lo peor hasta ir de camino al área residencial del Barcelona, en el cual a mitad de camino se iba quedando amodorrada. Tenía mucho sueño y mañana tendría que hacer más trabajo que le mandaría el entrenador.
Cuando ya por fin llegaron (más bien fue él quien llegó cargándola en brazos), y Andrea despertó (no más por la luz del recibidor), Rivaul la depuso gentilmente en el suelo, poniéndose de pie ella sola.
- Madre mía, no me ha costado nada llevarte en brazos – dijo Rivaul entre risas -. No comerás mucho, supongo.
- ¿Yo, comer? ¡Lo hago como una lima! Si hubieses visto la de cantidad de comida que me llevaba en el avión, se te habría caído el mito.
- ¡Joder, pues vaya metabolismo más maravilloso que tienes, comes y no engordas! – exclamó él entre risas -. Por cierto, se me había olvidado algo…. ¿Cómo te llamas? Porque supongo que me conocerás a mí, pero yo a ti nunca te había visto.
- Me llamo Andrea Rosier. – nada más contestarle, esbozó una sonrisita -. Y sí, te conocía desde antes, pero hace unos pocos días, cuando el entrenador me mandó trabajo. Ahí empecé a hurgar entre las fichas de los jugadores de este equipo y las de los jugadores rivales, y me encontré con la tuya, y decidí investigar acerca de ti. Dicen que eres el mejor jugador del mundo.
- La verdad es que eso dice de mí mucha gente. Sé que soy un excelente jugador, y el Cataluña no ha perdido ni un solo partido estando conmigo. Sé que soy uno de los mejores jugadores, pero no creo que el mejor del mundo. Sé que hay jugadores mejores que yo.
- La verdad es que juegas increíblemente bien. No te he visto en persona, pero sí por vídeos. – sonrió de nuevo -. Y la verdad es que eres mucho más guapo en persona, y mira que eres súper guapo en fotos.
- Muchas gracias, Andrea – respondió entre risas -. Yo también voy a tener la osadía de decirte que eres una chica guapísima.
- ¿Osadía? ¡Pero si no tienes que tener osadía para eso, hombre! – comentó entre risas -. Si además me encantan los halagos.
Andrea se tocaba uno de sus tirabuzones de su ondulado y larguísimo pelo y lo iba deshaciendo de manera cuidada. Y como estaba hablando con Rivaul empezó a perder la noción de lo que hacía. En parte estaba algo nerviosa porque estaba tratando con él y además ya se estaba empezando a pillar por él. Sus pequeñas y bonitas manos iban agarrando más pelo para ir haciéndose una trenza, pero nada más hacérsela empezó a deshacerla progresivamente pasando sus largas uñas en medio de la trenza suavemente, repitiendo este paso varias veces hasta que quedó completamente deshecha en unas ondas. A continuación comenzó a girar una de las ondas alrededor de su dedo índice progresivamente, mientras Rivaul le seguía narrando algunos partidos en los que había jugado él, y que era de Brasil, el país donde estaban los mejores jugadores del mundo. Por consiguiente, el país del fútbol.
- Y muchísimos extranjeros vienen a Brasil para probar suerte.
- Eso lo sé, porque un amigo mío que es japonés y fue el capitán de la Selección japonesa durante el Torneo de Francia me dijo que iba a ir a Brasil nada más terminar el Torneo. Me acuerdo que me contó por teléfono que había muchísimos chicos que venían de otros países, y algunos venían de muy lejos, simplemente para probar suerte allí.
- ¡Anda, no sabía que los japoneses supieran jugar al fútbol! – exclamó con cierto tono de mofa.
- ¡No te rías! Hay de todo en esta vida, hay tanto japoneses que saben jugar al fútbol como japoneses que no, y eso ocurre con brasileños, españoles, italianos, alemanes… Es como decir que todos los italianos son guapos; los habrá también que son feos.
Rivaul se echó a reír.
- ¡Qué graciosa eres, Andrea! Me parto contigo. Por cierto, me gustaría saber quién es ese chico japonés que se fue a Brasil para probar suerte.
- Ese chico por el que preguntas pasó las pruebas pero de sobra, e ingresó en Los Brancos FC, y ahora ha fichado por el Cataluña.
- Mmm… - dijo bastante curioso -. ¿Quién es? ¿Cómo se llama?
- Aaahhhh… - contestó mientras separaba sus manos -. Aún no te puedo decir el nombre. Pero te voy a dar otra pista que le caracteriza: es un eterno enamorado del fútbol, pero cuando te digo enamorado, es que es enamorado de verdad. Dice que se casaría con el fútbol si pudiera. Prácticamente anda detrás de la pelota todo el día.
La descripción que dio Andrea le hizo empezar a reírse de nuevo.
- Si hasta se sabe el número de pie que usan sus ídolos. Y se quedaría alucinando si supiera que en este equipo está el mejor jugador del mundo.
- ¿Pero aún no se lo has dicho?
- No – respondió sacando la lengua, con una expresión pícara -. Quiero que lo descubra él solito.
Andrea sabía que el jugador japonés era un gran aficionado al fútbol. Pero de esos tan aficionados que no prestaban atención a otras cosas que les rodeaban. Él tenía en su cabeza sólo el fútbol. Pensaba en él las veinticuatro horas del día. No pensaba en nada más. Andrea sabía que se había ido del lado de su familia, sus amigos; su vida prácticamente para dedicarse de pleno en el fútbol y llegar a ser el jugador número uno. Era cierto que les echaba de menos pero no se le notaba apenas. Pensó en aquella charla que tuvieron, en la cual Andrea escuchaba atentamente todas las pretensiones del chico. Le contó que quería irse a Brasil con su adorado mentor para aprender a jugar al fútbol de verdad, estar en un equipo de allí, fichar por un equipo profesional europeo y conquistar así el mundo del fútbol. También le contó el accidente que tuvo cuando era muy pequeño, cómo un balón le salvó la vida, cómo se dio cuenta de que quería dedicar su vida a él por ello, cómo su mentor hizo que le encantara el fútbol tal punto que no pensase en otra cosa. 'Mi amor por el fútbol es tan sumamente grande que no pienso en otra cosa, hasta a veces he llegado a pensar que mi familia y mis amigos me importaban menos. A veces siento que no quiero hacer nada más que jugar al fútbol. Y si por algún extraño casual no pudiese seguir jugando al fútbol, me querría morir, porque no sabría qué hacer con mi vida'.
- Andrea, ¿sigues ahí? – Rivaul la hizo aterrizar de sus pensamientos.
Si no hubiese sido por el toque de atención de Rivaul, probablemente su mente seguiría nadando en esa conversación. Pero el que anduviese en las nubes también se debía a que tenía mucho sueño, y eso Rivaul lo notó enseguida.
- Andrea, vete a dormir. Se te ve muy cansada. Y eso sin contar que ya son más allá de la una de la madrugada.
- Buenas noches, Rivaul – dijo bostezando y levantando los brazos en alto.
- Buenas noches, Andrea.
Pierre caminaba por las calles lujosas de París, allá donde estaban todas las grandes tiendas de diseñadores, abundando sobre todo las de ropa, cosméticos y complementos. Por donde estaban las calles más bonitas, las casas más lujosas, los restaurantes y hoteles de cuatro y cinco estrellas, los monumentos históricos y arquitectónicos de más importancia, la gente más bella y mejor arreglada (concretamente, las chicas más guapas), etc. Salir a la calle le había sentado bien al muchacho; su rostro se veía más calmado y sosegado y no estaba tan pálido como días antes. Su largo cabello, el cual tocaba por algo debajo de sus hombros, iba ondeando con su caminar. Iba ataviado con un carísimo conjunto de una camisa blanca un poco ajustada al cuerpo, combinado con una chaqueta desabotonada y unos pantalones chinos, ambos de un color azul marino brillante y unos zapatos italianos de charol negros.
Se había estado distrayendo un buen rato mirando escaparates, en los cuales las enormes fotografías exponían a las bellas modelos con la ropa y los complementos más exclusivos de la temporada puestos, y esa misma ropa y complementos en físico perfectamente colocados en los maniquíes. En el momento que se puso a observar detenidamente a cada una de las modelos de las fotografías, vio una que se parecía físicamente a Andrea. Cabello largo, ondulado y semi-rubio, grandes ojos del color del olivo, piel algo bronceada, contextura delgada pero sin las curvas que tenía Andrea. El corazón le empezó a latir a mil por hora y se ruborizó notablemente.
'¿Por qué demonios no haces más que pensar en ella?' le preguntó su mente gritando. '¡Simplemente ves a una chica que se asemeja físicamente a ella y ya te da un vuelco en el corazón! ¡O simplemente oyendo su nombre! ¡De verdad, eres incorregible!'.
'No puedo andar pensando en una persona que ya no siente nada por mí, y mucho menos cuando está en otro país haciendo una nueva vida. Estoy tratando de rehacer mi vida, y de repente, se me aparece esa chica en forma de modelo. ¡Es increíble!', pensó con cierto desagrado y pesar.
Pero la expresión triste enseguida se le tornó a una alegre y picantona. A consecuencia de eso, se le subió la libido, lo cual hizo que rápidamente se fuese a buscar un burdel donde saciar sus necesidades corporales, y tras recorrerse parte de las calles de París encontró, bastante escondido de los muchísimos edificios, un local algo pequeño pero el cual tenía muchísimas luces de colores en forma de figuras femeninas y elementos relacionados con la playa, dando a entender la vida alegre que se traían allí. A medida que se iba acercando, podía oír una leve música de fondo, sin estar alta, y sin preámbulos, cuando llegó hacia la puerta, tiró de ella. Se podía ver que era bastante lujoso.
- Buenos días, caballero, ¿en qué puedo ayudarle? – le preguntó la que debía de ser la dueña, la cual rondaría los cuarenta años de edad.
- Necesito una chica joven que sea bonita.
Y en pocos minutos apareció bajando las escaleras una preciosa chica de cabello largo, ondulado y rubio, ojos azules y piel ligeramente bronceada. Hablando de su cuerpo, era de estatura mediana y de complexión delgada, aunque tenía un trasero abultado pero firme, en el cual llevaba un tanga de encaje de color negro, junto con un corsé del mismo color que afinaba su cintura y realzaba sus pechos. Se la veía contenta.
- Eres muy guapo – comentó la prostituta con agrado, mirándole fijamente a los ojos. A continuación le guiñó un ojo seductoramente -. ¿Vamos?
El asintió y le dio su brazo para que se apoyara en él, y fueron caminando por todo el vestíbulo hasta marcharse muy lejos, a otro lugar recóndito del burdel…
FIN.
NOTAS:
- Se ha puesto en la trama que Rivaul estuviese fuera unos días antes de conocer a Andrea, así su primer encuentro en medio de la noche. Se suponía que en esa misma noche había regresado a Barcelona, en la cual había presenciado una escena de acoso de tres hombres a una chica, y en la cual interviene y salva a la chica.
- Tal situación se da sobre todo en ambientes de noche, y más proclives a altas horas de la noche, en las cuales se repite habitualmente el patrón de La Manada. Siempre se han dado este tipo de situaciones, pero se ha hecho aún más presente en los últimos años hasta entonces.
- Se ha incluido a una modelo francesa muy parecida físicamente a Andrea con el fin de que Pierre pensase que estaba volviéndose loco de verdad.
