Capítulo 4. Deslices.

Mark Lenders/Kojiro Hyuga no se sentía todavía integrado en el equipo, y dicho problema se lo contó a quien es su gerente, la señorita Daisy Gould/Kaori Matsumoto. Ésta le había dicho que era normal no sentirse parte de un equipo habiendo ingresado hace apenas un par de semanas, pero que pronto tendría que hacerse a la idea y que no podía darse por vencido porque no lograba adaptarse tan rápidamente al estilo de juego torino como sus demás compañeros. A resultado de esto, sus compañeros hacían como si él no existiese, pasando de pasarle la pelota, dándose cuenta que sólo podía obtener el balón corriendo rápidamente hacia él, y no todas las veces lo lograba, cabreándose así. Era muy torpe en los entrenamientos, lo cual causó que sus compañeros hiciesen comentarios sobre lo mal que jugaban los japoneses al fútbol y que qué narices hacía uno en un equipo de élite de Italia, y a raíz de ello, no le tomaban en serio. Unos le insultaban, y otros simplemente se limitaban a ignorarle. Y Willem Arminius era un claro ejemplo de los primeros mencionados. Sus frases hacia él eran: 'Eres un mierda', 'Vaya juego de mierda', 'Eres un sebo', 'Eres un nenazas', 'Eres un mariconazo', 'Yo no sé cómo te han admitido en este equipo', 'No creo que dures mucho en el equipo', etc. Toda esa retahíla de insultos y frases desagradables e hirientes le habían encabronado bastante, y le gustaría pillarle en un callejón oscuro y darle la paliza de su vida. Mark/Kojiro estaba habituado a ser muy temido y muy respetado, y jamás en la vida le habían humillado como lo hacían en Italia y pensaba que de repente todo se había puesto en su contra. Él, quien estaba acostumbrado a que las cosas fuesen fáciles para él, sobre todo en temas futbolísticos, estaba flipando en colores al ver que sus rivales le barrían enseguida del campo, lo cual le hizo volver años atrás en su mente, cuando él mismo quitaba a sus rivales del campo en un visto y no visto, y no precisamente de una manera cortés. Le jodía bastante que hicieran exactamente lo mismo con él que hacía con los más débiles.

Pero enseguida empezó a darse cuenta de que su condición física era muy mala comparada con la de sus compañeros de equipo. El entrenador Mazzantini le había dicho tres cuartos de lo mismo, que tenía una condición física pésima que no serviría ni para descargar camiones, lo cual provocó que Mark/Kojiro perdiera el control levantándole del suelo agarrándole por la camiseta e insultándole. Él no entendía qué problema tenía hasta que los análisis de Mazzantini se lo dijeron. Su principal problema era el cómo había desarrollado su musculatura; por una parte estaba demasiado desarrollado y por otra no lo estaba tanto, lo cual haría que perdiese el equilibrio fácilmente. Él estaba habituado a marcar goles; decía que hacía única y exclusivamente eso. Pero eso no les bastó ni a Mazzantini ni a Carlo Monetti, e insistieron en ponerle entrenamientos especiales; planeaban hacerle uno específico para su situación.

- Lenders/Hyuga, no podrás rendir adecuadamente en el Calcio italiano con tu condición física – le había dicho Mazzantini después de que concluyese el partido una pierna demasiado desarrollada y otra que no lo está casi, lo cual crea un desequilibrio en tus músculos para nada bueno. Tienes que tener todos los músculos igualmente desarrollados. – Le echó una mirada de refilón -. Por cierto, los músculos de los brazos los tienes muy trabajados.

- Es que levantaba cajas de botellas de cerveza grandes. Ayudaba en un bar para ayudar a mi familia – respondió Mark/Kojiro.

- He pensado en tu situación. Lenders/Hyuga, estás mucho más atrasado que tus compañeros de equipo, y no puedes estar en esas condiciones en un equipo de la Liga italiana. Sé que la señorita Gould/Matsumoto te ha recomendado a este equipo porque sabe que puedes mejorar y ser un buen jugador. Por lo tanto, Carlo y yo hemos decidido que harás entrenamientos especiales en solitario. Yo mismo te supervisaré.

A Mark/Kojiro se le iluminó el rostro.

- Grazie mille, allenatore Mazzantini (Muchas gracias, entrenador Mazantini) – le contestó Mark/Kojiro en tono neutral, en un italiano algo ajaponesado.

- Prego, ragazzo (De nada, chico) – añadió Mazzantini -. Veo que estás aprendiendo italiano rápido, ¿no?

- La verdad es que me está costando muchísimo. Soy japonés y al escribir con signos y estar habituado a leer de derecha a izquierda, me cuesta muchísimo más de lo que le costaría a un español o un francés.

- Bueno, ya te habituarás. Si ves que dentro de un tiempo no has aprendido lo que consideras necesario, llamaremos a algún nativo para que te ayude. Y también considera aprender español, porque es muy parecido al italiano, y además te ayudará a entenderlo mejor.

Mark/Kojiro se echó a reír.

- ¡Pero entrenador, si ya me cuesta el italiano de por sí!, ¿cómo voy a aprender español también? ¡Son dos idiomas a la vez, me va a estallar la cabeza!

- ¿Quieres estar en este equipo o no? – le interrumpió Mazzantini muy enfadado, dando un puñetazo en la mesa -. ¡Chico, haz el favor de tomarte las cosas en serio!

- Sí, entrenador – contestó cortado el aludido, viendo que no podía poner ninguna réplica si quería seguir jugando al fútbol en Italia.

- Bene, puoi andare in pensione (Bien, puedes retirarte).

- Arrivederci, allenatore (Adiós, entrenador).

Se retiró de la silla y caminó en dirección a la puerta, cerrándola en silencio. Cuando caminó lo suficientemente lejos del despacho de Mazzantini, se puso a dar brincos y saltitos de alegría.

- ¡Me quedo aquí, me quedo aquí, ME QUEDO AQUÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ! – chillaba de emoción, haciendo que se hiciese eco por el largo y vasto pasillo.

- Vaya, eso será si subes tu nivel de juego y aprendes el italiano medianamente bien, Lenders/Hyuga – le dijo una grave, penetrante y melódica voz masculina detrás de él.

Salvatore Gentile estaba apoyado en la pared de frente, teniendo los brazos cruzados y una expresión chulesca acompañada de una sonrisilla arrogante en el rostro. Su semblante era soberbio y quizá un poco hosco.

- No creo que puedas seguir en este equipo si sigues jugando de la forma en la que juegas – sentenció el italiano, muy serio. A continuación, dirigió su mirada hacia los brazos de Mark/Kojiro -: Vaya; qué musculitos tienes, japonesito.

Mark/Kojiro no dijo nada; simplemente se limitó a girar levemente su cabeza hacia abajo y clavar su mirada en el suelo.

- Cuidado; no digo que juegues mal, pero te falta mucho para llegar a ser un buen profesional en este equipo. Supongo que Daisy Gould/Kaori Matsumoto te habrá recomendado por algo.

- ¡Claro que me ha recomendado! – bramó Mark/Kojiro -. ¡Ella me recomendó, es mi mánager! ¡Además, por muchas dificultades que se me planten en el camino, no pienso rendirme! ¡Y pienso luchar por mi sueño hasta el final! ¡Puedo ser un buen profesional, y así será!

- Vaya, vaya, ¡esa es la actitud que me gusta! – aplaudió Salvatore con un tono jovial. A continuación, su rostro y su timbre de voz tornaron a serios -. Y por cierto, no hagas caso a Willem; está como un cencerro el pobre.

- Y tanto – añadió Mark/Kojiro con rabia -. ¡Yo no sé qué coño le pasa conmigo, que le da por tocarme los cojones a dos manos, hostia!

Salvatore soltó una pequeña carcajada.

- Willem tiene una mente muy cerrada, porque su pensamiento es el mismo que el de casi todos los futbolistas profesionales. Además es muy normal que piensen eso ya que Japón nunca ha sido un país pilar del fútbol, pero ya Dario Belli/Gino Hernández me contó que ganasteis el Mundial. Pero mi compañero está de muy mala leche porque Holanda no pudo ir a ese mundial por perder varios partidos previos y piensa que Japón hizo trampa para pasar los partidos.

El receptor se enfureció de oír otra vez la retahíla de que los japoneses no podían jugar bien al fútbol. No soportaba que le menospreciasen de esa forma, y mucho menos cuando Japón había sido campeón mundial en el Torneo de Francia, y eso era un gran paso hacia adelante. Habían derrotado a grandes equipos como Italia, Argentina, Francia y Alemania. Él había contribuido a mejorar el fútbol japonés y además de manera notable, y no pensaba permitir que ningún idiota prepotente como Willem Arminius echase por tierra ese gran esfuerzo ninguneándole siempre en los entrenamientos, y que además acusase a Japón de tramposo, y todo porque Holanda había perdido los partidos previos al Torneo de Francia.

- ¡Ya, pero no la tiene por qué pagar conmigo, joder! ¡Está todos los putos entrenamientos dale que te pego! Ya vale, ¿no?

- Los dos sois igualitos, por eso no os lleváis bien – respondió Salvatore con una pequeña carcajada -. Tranquilo, ya se le bajarán los humos. Pero cuidado con que se te crucen los cables a la primera que te diga algo ofensivo, porque entonces tendrás que irte del equipo, y no podrás estar en ningún equipo de Italia, y quizá en ninguno europeo. Siempre ha estado tocando las narices, pero no día tras día.

- ¡No, a mí no me compares con semejante capullo! ¡Yo seré agresivo y todo lo que tú quieras, pero es que NO voy tocando los cojones a nadie ni soltando mierda por una bocaza! ¡Yo no discrimino! – gritó Mark/Kojiro enfurecido.

El italiano decidió no decir nada más sobre Willem, pero les encontraba muchísimas similitudes, pero no sabía muy bien por qué… quizá los dos hubiesen vivido de manera similar, o eso era lo que le decía su cabeza.

- Ey, Gentile! Che fai con il sego? (¡Ey, Gentile! ¿Qué haces con el sebo?) – había gritado Willem Arminius en italiano desde unos cuantos metros de distancia, caminando hacia Salvatore.

Mark/Kojiro había puesto sus ojos en blanco. 'Dios mío, seguro que soltará otra bala de veneno de las suyas', pensó, harto.

- Dario Belli/Gino Hernandez è venuto con una bellissima ragazza a vederti (Ha venido Dario Belli/Gino Hernandez con una tía buenísima a verte) – informó Willem a su receptor, ignorando a Mark/Kojiro. A continuación ladeó la cabeza hacia la cancha -. Andiamo (Vamos).

Salvatore se despidió de Mark/Kojiro levantando la mano hacia arriba y moviéndola de izquierda a derecha, nada más porque Willem estaba empezando a meterle prisa. Tuvo pensamientos de patearle la cabeza como lo hacía con esos balones negros tan pesados que le daba su entrenador Jeff Turner/Kira Kozo y que a día de hoy seguía usando. No sabía qué le sentaba peor; el hecho de que le tocase intensamente las narices en todos los entrenamientos llamándole de todo menos guapo o el que le hubiese ignorado hace unos segundos. Pensó que era un tocahuevos sin solución y caminó dirección hacia uno de los gimnasios del club, donde Mazzantini le había citado para ayudarle a hacer dichos entrenamientos especiales.


Por mucho que hiciese cosas para olvidar lo ocurrido con él, no se lo podía sacar de la cabeza. Cuando estaba haciendo la tarea que le mandaba el entrenador Van Saal, él siempre venía a su mente y no salía de ahí, sino que se dedicaba a deambular como cual espectro por ella, desordenando y apartando sus demás pensamientos para gobernar. No podía sacarse de su cabeza esos ojos grises acompañados de esa mirada tan penetrante, ni su voz profunda como una medianoche sin luna.

Se alivió al pensar que no llegaron al clímax, porque pensaba muchísimo en lo que le dijo Amaia sobre el mundo del fútbol y sus jugadores. Tal mundo era machista hasta llegar a extremos, y como alguna tuviese algún mal desliz con algún jugador famoso, podría acabar muy pero que muy mal.

'Tía, he visto verdaderos apadrinados de Mordor acompañados de auténticos pivones, ¿y sabes por qué es? Por la pasta que los individuos en cuestión tienen. Y no sólo futbolistas de élite, sino también empresarios o simplemente hijos de papá, y cualquiera que gane una pasta', le había declarado Amaia. 'Hay mucha lagarta por ahí suelta que en cuanto ve la oportunidad de vivir como una auténtica reina sin dar un palo al agua, se aprovecha y saca todo lo que puede, aunque tenga que hacerlo a través de un tío más feo que pegarle a un padre'.

'Y aún así, como el tipo es tan poderoso económicamente, se puede permitir a todas las chicas que quiera (o pueda, porque por muy millonario que sea el dinero siempre se acaba yendo por la ventana si se pasa de la raya). En cuanto consiga a una mejor, la otra se quedará con una mano delante y la otra detrás. Vamos, que se puede comportar como el guaperas del instituto, pero siempre que pague'.

Y tenía miedo de acabar así con Rivaul, si es que conseguía liarse con él. Y no sabía por qué, pero pensaba que empezaba a enamorarse de él o algo parecido. Caviló unos segundos tal idea, y pensaba que no podría enamorarse de alguien a quien apenas conocía y con quien no volvería a tener contacto físico más. Pero su amiga afirmaba que sí se podía enamorar de alguien a primera vista, sin conocerle apenas.

Pensaba que lo que decía la última era cierto, porque Andrea se enamoró de Pierre a primera vista por lo bello que era. Nunca había visto un chico más guapo que él. Y eso que había visto muchos chicos guapos, pero jamás uno del calibre de Pierre, ni del de Rivaul, ni Dario/Gino, ni Schneider. Ya se podía ver cómo los demás miembros de la Selección francesa pasaban desapercibidos cuando su capitán estaba presente. Cuando portaba la bandera de Francia, cuando hablaba, cuando hacía sus míticas jugadas; hasta con mencionar su nombre. Básicamente, cuando hacía cualquier cosa. Las chicas siempre se ponían su camiseta, siempre le animaban a él, siempre celebraban sus goles, siempre corrían a pedirle autógrafos, y a pesar de que él las trataba con desdén y a veces con un poco de indiferencia, siempre iban como perras a pedirle autógrafos, y justificaban su comportamiento con excusas tales como 'es que el pobre está tan estresado', 'es que él ha tenido una vida difícil', 'es que tiene un carácter fuerte', 'él simplemente es difícil de tratar', 'todos nos cansamos a veces', y un sinfín más de excusas que a ella le daban cáncer de oído. Sabía perfectamente que era un egocéntrico de mierda al que todo le importaba un carajo y que se permitía ser como era por ser guapo y rico, según palabras de Amaia.

No intentaba buscar ninguna excusa para justificarle e intentaba mantener sus pensamientos hacia él a raya, y lo estaba haciendo bastante bien, porque sentía que ya no pensaba todo el tiempo en Pierre. Alguna que otra vez le dedicaba un pensamiento tonto, pero no andaba tan obsesionada con él. Estaba tan hasta el cuello de trabajo que le mandaban que llegaba la noche y no quería pensar en nada; pero sin embargo la imagen del jugador estrella del equipo le venía a la cabeza enseguida. No se explicaba el cómo podía estar pillándose por él, porque de ninguna forma tendría posibilidades con él. Pensaba que de todas formas, apuntaba muy alto en cuanto se refería a lo que tenía que tener un chico para que le gustase y por consiguiente, considerarlo como un posible novio: tenía que ser un chico de un calibre superior a los demás en todos los sentidos; tanto física, psíquica como económicamente, hablando. Y especialmente esta vez: un tío de unos veinticinco años, muy guapo, con muy buena planta y con una profesión millonaria. Nada más y nada menos que un archifamosísimo jugador de primera división, perteneciente a uno de los equipos de élite más famosos del mundo. No le podría tener ni con la mejor suerte del mundo, porque Rivaul tenía a muchísimas chicas detrás de él, y además muchísimo mejores que ella; algunas tan guapas y llenas de virtudes que se quedaba corta, muy corta. No hacía más que pensar en todas esas cantantes, actrices y mujeres de éxito y compararse con ellas, empezando a sentirse muy mal.

'Si no he podido tener a Pierre, ¿cómo cojones tendré a Rivaul, si es de un calibre superior?', pensó con un deje de frustración. '¡Sólo me gustan los chicos que quieren tener todas! ¡Qué mierda!'

Se sentía muy inferior, y creía que si quería tener algo con alguien, tendría que bajar el listón. No había tenido ni novio, ni nada parecido. Y seguía virgen porque Oliver/Tsubasa irrumpió en los baños cuando estaba en plena faena con Rivaul. Le daba vueltas y vueltas en lo que hubiese ocurrido si Oliver/Tsubasa no hubiese entrado en los baños para ducharse. Además pensaba continuamente en que Rivaul no querría intercambiar nuevamente palabra con ella después de lo ocurrido, y le daba vergüenza, pesadez y dolor asumir asumirlo.

'Tía, por nada del mundo bajes el listón. Vales demasiado', le había dicho su mejor amiga una vez cuando dijo que no obtenía al tipo de hombres que ella quería y que a lo mejor tendría que dejar de exigir tanto lo que quería. '¿Y si la gente se tira por un puente tú también? Si el resto de chicas se conforman con lo que les caiga, pues que lo hagan, porque al fin y al cabo son tontas y nosotras no. Por ejemplo, las tontas seguidoras de tu amado sí que tienen que tirar por lo bajo, porque son chicas muy normales. Tía, eres muchísimo más guapa que la media de chicas y por eso las idiotas que te dicen las cosas que te dicen están tan envidiosas, porque saben que puedes tener lo que quieras y ellas no. Lo que ocurre es que eres demasiado tímida, y no te atreves a dar el primer paso'.

Creía que su amiga estaba exagerando, y que tal vez le decía todas esas cosas tan bonitas para que no se amargase todo el rato pensando que jamás sería novia de Pierre. O se lo decía de verdad; no sabía. Lo que sí sabía con certeza era en que no tenía ninguna gana de tener nada con nadie, porque le daba bastante pereza eso de tener que lidiar con las idioteces de un ser humano y en segundo lugar, una engañifa de cualquier clase le haría muchísimo daño. Pero a la vez quería sentir la magia de la pasión desenfrenada del amor y la sexualidad; quería verse de nuevo con Rivaul en una situación así de comprometida, donde ambos estaban completamente desnudos, él la agarraba con todas sus ganas y la hacía gemir como una maldita condenada en el paso final (el cual no logró por culpa de Oliver/Tsubasa, según ella). Empezó a mirarse el canalillo que hacían sus gigantescos pechos y metió su dedo índice derecho por el vasto pero apretado agujero, distrayéndose así de todos sus malos pensamientos.


- ¿En serio Lenders/Hyuga ha sido admitido en el Piamonte/Juventus? – había dicho una voz femenina aguda en tono sorprendido y destemplado. Miró a todos los presentes fijamente -. ¿En serio? – repitió con un acentuado énfasis en las dos palabras mencionadas, alzando el tono de voz y dando un sonoro puñetazo a la mesa que la hizo temblar.

- Sí, querida -. Willem fingió poner cara de pena -. Sí, ha sido admitido, y parece ser que jugará de titular. Yo pensaba que le echarían enseguida por tener un cuerpo subdesarrollado, y además hay más candidatos mejores en espera - moduló su tono de voz como quien pronunciaba un discurso funerario -. Y van y le dan el puesto a él, hay que joderse…

- Willem, no pongas esa cara – le reprochó Salvatore -. Es un buen jugador y sé que dará todo su potencial.

Ella saltó de la silla de la indignación al oír la última frase, haciendo que el leve viento le echase sus largos pelos en su cara, roja de la furia y la indignación.

- ¿Él, buen jugador? – cuestionó irritada -. ¿Él? ¡Lo que sabe hacer es meter unas patadas que dejan medio tonto a más de uno! ¡Es un asesino en serie, no un jugador!

- ¡Amaia! – le reprochó Dario/Gino en un tono ligeramente irritado -. ¡No juntes cosas que no tienen nada que ver, por el amor de Dios! ¡Y no sueltes que es un asesino porque no lo es!

La expresión facial de la aludida se endureció, arqueando sus cejas hacia abajo, haciendo que su color de ojos mostrase evidentemente la pupila dilatada.

- ¡Si te digo que es un asesino, es que es un asesino, Dario/Gino! – replicó, cabreada -. ¡Y estar a punto de matar a un jugador rival en pleno clímax del partido teniendo solamente quince años es sencillamente atroz!

- Chi ti l'ha detto quello, amore? (¿Quién te ha contado eso, cariño?) – le preguntó el capitán de la Selección italiana a su novia, curioso.

- Benji Price/Genzo Wakabayashi.

- ¡Benji Price/Genzo Wakabayashi siempre exagerándolo todo! – espetó él, furioso -. ¡Como si supiese la verdad absoluta sobre todo! Seguro que Lenders/Hyuga y él se llevan fatal, por eso suelta las perlitas que suelta de él.

- Perdona, Dario/Gino, pero mi amigo japonés conoce a ese bestia desde que tenían doce años; ¡como si no fuera tiempo suficiente para conocer a una persona desde ahí hasta ahora! Y Benji/Genzo jamás habla mal de él (de hecho, nunca habla de él), sólo dice verdades objetivas de él. Y sí, se puede matar a alguien de un balonazo muy bestia.

El italiano rompió a reír.

- ¡Amaia, por el amor de Dios, nadie puede matar a alguien dándole ni el más fuerte de los balonazos! ¡Si fuese así, ya lo hubiesen hecho saber!

- ¿Ah, no? ¿Y qué me dices de que estuvo a punto de matar a un jugador con problemas cardíacos, eh? ¡Son mucho más frágiles que un jugador sin ninguna enfermedad ni ningún impedimento físico! – la chica se quedó en silencio por unos segundos con una expresión de circunstancias -. ¿Y qué me dices de aquel partido donde acabó lesionándote la mano, dejándotela prácticamente inútil y no pudiendo jugar el resto del Mundial de Francia, eh?

Salvatore empezó a reírse de la escena que se estaba montando en ese momento.

- De todas formas, Dario/Gino es un poco delicado; el pobre tiene que estar con tratamientos médicos a cada rato para poder jugar los partidos desahogado.

- ¡Ya, pero eso no quita una cosa de la otra! – le replicó Amaia, harta -. ¡Lenders/Hyuga es como un animal salvaje, y podría ocasionarle muchísimos problemas a la Liga italiana! ¿Qué coño se habrá fumado esa Gould/Matsumoto, que ha cogido y le ha colocado en uno de los equipos de prestigio del Calcio?

Willem puso cara de circunstancias, acompañada de unos cuantos aspavientos.

- Pues que se la habrá metido, y seguramente a la señora le habrá gustado tanto que ha cogido y le ha enchufado en mi equipo. Si vino muy contentita cuando le trajo, no hacía más que hablar maravillas de él…

- ¡Tío, qué bestia eres! – dijo Salvatore entre unas escandalosas risas -. ¡Vaya cosas que dices!

- ¡Oh, qué bonita es una follada como Dios manda! – dijo Willem imitando la voz de una chica -. Todas las chicas que han estado en mi cama lo han gozao, y no he recibido queja alguna. Si hasta me llaman ellas pa que se la meta ahí bien metida. De verdad, qué goce es esto de ser un jugador de élite y encima tener cuerpazo y paquetón, porque quedas cuando quieres tú; y además puedes ser todo lo hijo de puta que quieras, que vendrán igual. Qué pena me dan los tíos que se tienen que arrastrar como perros para conseguir un mísero polvo mal hecho de Pascuas a Ramos, de verdad… Y ante tías que no valen nada.

Amaia se había quedado helada ante tales declaraciones. ¿Cómo podía decir cosas tan machistas y otras tan hirientes, y además quedarse tan tranquilo? Tales frases no se las había oído decir nunca en su vida a ningún varón que hubiese conocido, pero nunca. Automáticamente su mente desconectó de aquel monólogo idiota y sexista pensando en cómo tratar el tema de Schneider con Benji/Genzo con respecto a la oferta al último del traslado al Rötburg/Bayern, por parte del primero. No es que odiase al Grunwald/Hamburgo, pero opinaba que era un equipo muy mediocre, dirigido por alguien igual de mediocre que consideraba que una octava posición en la Bundesliga era una buena posición, cuando los demás equipos se mataban por estar entre los primeros. Además algo en su mente le decía que Benji/Genzo no era feliz jugando allí…

En medio de sus pensamientos totalmente ajenos a la conversación que sostenían los tres jugadores que estaban con ella, su teléfono empezó a sonar, el cual mostraba el número de Schneider. No le cogió al instante, puesto que en primer lugar estaba empanada y no tenía ganas de levantarse a ningún sitio a que éste le diese la tabarra con Benji/Genzo, y en segundo, porque le daba pereza tener que abrir la boca. Pasaron unos cuantos minutos y unas cuantas llamadas perdidas del Káiser hasta que decidió levantarse de la silla y largarse a una de las esquinas, no muy cerca de sus acompañantes pero que éstos pudiesen ver. Pasó de avisar porque total, estaban tan enfrascados en la conversación que ni siquiera giraron la cabeza. Cuando estuvo en la esquina correspondiente, lejos de todos los presentes, le cogió la llamada sin fijar su vista en el móvil.

- ¿Qué quieres ahora, Karl? – le preguntó con un deje de cansancio -. ¡Si ya te he dicho que Benji/Genzo iba a pensar en tu oferta!

- Perdona, morena, pero a mí no me dijiste nada de que iba a pensar en mi oferta; sólo me contaste que seguía con sus idioteces de lealtad de equipo.

- Le he persuadido para que deje al Grunwald/Hamburgo, y no sé si será porque soy yo o no, pero me ha dicho que en breve lo dejará atrás.

- ¡Al fin el terco ha entrado en razón; qué bien! ¡Por fin se ha dado cuen…!

- ¡Eh, tú!, un momento, ¡para el carro! – le cortó Amaia -. Estará en tu equipo, pero me ha dicho que jugará contra ti y tu legión de jugadores estrella por última vez, porque quiere demostrar que te derrotará.

Su interlocutor soltó una sonora carcajada burlona.

- ¡Dios mío, este Benji/Genzo! ¡Decir que me va a derrotar a mí y a todas las estrellas que componen el Rotburg/Bayern él solo! ¡Eso es apuntar muy alto por muy buen portero que sea, y más estando en un equipo tan anodino en el que está!

Amaia, cansada del asunto, terminó la llamada colgándole.

'¿Se puede ser más pesado y egocéntrico que el Káiser de Alemania?' pensó hastiada, girando las cuencas de los ojos hasta dejarlos en blanco.

Guardó su móvil en uno de los bolsillos de sus ajustados pantalones y caminó dirección a la calle dando vueltas en el mismo sitio en forma de pequeño círculo, soltando por lo bajo un 'imbécil' lleno de desdén. Básicamente el día que estaba teniendo entonces le resultaba un coñazo. Un auténtico coñazo. Estaba harta de todos los futbolistas de élite que existían en el planeta. Primero oír al grupito de gilipollas que había en el Milán, quienes decían que si ella no estuviese con el capitán del equipo que no estaría donde estaba ahora. A continuación escuchar al molesto holandés contar sus proezas sexuales con las chicas con las que se acostaba y decir que podía ser como le daba la gana, que él era un jugador profesional famoso y bla bla bla. Y la gota que colmaba el vaso: el creído y petulante de Schneider. El mismo tío que pasó de ella cuando empezaron los problemas graves entre ellos y cortó con ella unos días después de que finalizara el Torneo de Francia, y ahora venía a darle la tabarra con Benji Price/Genzo Wakabayashi, el Grunwald/Hamburgo, el Rötburg/Bayern y demás idioteces. Su expresión molesta pasó a una de enfado y la acompañó de un par de puños apretados temblando y una boca abierta enseñando todos los dientes. Como no quería que sus acompañantes la viesen así, echó a correr lo más lejos de la cafetería que podía buscando un espacio aislado entre las esquinas de las limpias y lujosas calles de Milán. Ya cuando por fin logró encontrar un espacio más o menos solitario, sudando la gota gorda y con las piernas algo temblequeantes, se incorporó nuevamente de pie irguiendo la espalda. Inhaló y exhaló un poco de aire y dio una inhalada completa.

- ¡ME CAGO EN LA GRAN PUTA, HOSTIA!

Gritó con todas sus fuerzas. La última palabra hacía un eco grave por donde estaba ella más cerca. Pensó en toda la gente que la pudiese haber oído poniéndose roja como un tomate y tapándose la cara con una mano, pero un segundo después consideró que podía hacer lo que quisiera y que si alguien la había oído berrear, que la importaba un bledo y que al fin y al cabo, se habían visto y oído cosas peores que gritar palabrotas en la calle, y además, todo el mundo hacía lo que le daba la gana.

Recordó que tenía que volver hacia donde estaba y no sabía exactamente cómo volver. Hizo memoria del recorrido que tomó al azar corriendo y al darle vueltas al asunto tratando de hacer memoria y no lograr obtener de su cabeza una información concreta, sacó el móvil de su bolsillo, buscó en Google Maps y puso el nombre de la cafetería. Se puso la mano en el corazón y dejó escapar aire, cerrando los ojos en señal de alivio. ¡No se había ido al otro lado de Milán! Simplemente le quedaba a unos diez minutos caminando, pero corrió todo lo que pudo porque la estarían echando de menos. Cuando llegó a la cafetería sudando la gota gorda, los tres jugadores se giraron hacia ella.

- ¿De dónde vienes, Amaia? – preguntó Dario/Gino chillando levemente, preocupado, al verla sudando y con la lengua fuera -. ¿A dónde te has ido?

- ¡Anda, ni me había dado cuenta de que se había ido! – comentó riendo Salvatore -. ¡Amaia es como los fantasmas, se va sin darse cuenta uno!

- Es que en realidad soy un fantasma – comenzó a inventar Amaia, con intención de vacilar a los presentes y desviarle el tema a Dario/Gino -. Estoy muerta desde hace unos cuantos miles de años. Y atravieso las paredes.

Willem rompió a reír con la historia inventada de Amaia.

- ¡Joder, tía! ¡Qué dices! – empezó a partirse de risa él solo -. ¡Hostia, qué bueno! ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Me imagino a la tía atravesando las paredes y ahuyentando a todo aquel que no quiere cerca suyo, en plan La Llorona!

- A mí no me ahuyentes, ¿vale? – añadió Salvatore haciendo un gesto de levantar las manos hacia arriba, igual de muerto de risa -. Que yo te quiero un montón.

- Cariño, ¿cómo es que eres un fantasma al que puedo tocar? – preguntó Dario/Gino con alguna lagrimilla en el ojo.

Ella, con una sonrisa pícara en los labios, pensó la respuesta rápidamente volviendo a cambiar parte de la historia.

- Pues porque en realidad soy un zombi, ¡y os voy a comer a todos por vaciletas! – vaciló la aludida en modo de respuesta, haciendo énfasis en la última frase tomando un registro de voz grave y ronca, queriendo hacer una propia de un zombi.

Willem soltó una risotada más escandalosa acompañado de una lagrimilla en el ojo izquierdo que fue descendiendo a la mejilla.

- ¡Ay, por favor! ¡Ja, ja, ja! ¡Esta tía es muy graciosa! ¡Ja, ja, ja, ja!

Salvatore hizo amago de levantar los brazos hacia arriba, con las palmas de las manos mirando hacia arriba acompañado de una cara de no saber qué estaba ocurriendo. Dario/Gino miró al holandés como si éste estuviera loco y le lanzó una mirada de refilón a su compatriota.

- ¡Ay! ¡Ja, ja, ja! ¡Me meo con esta peña! ¡Ja, ja, ja! – Willem daba puñetazos y palmadas en la mesa e iba ocultando su rostro con sus brazos y manos, y su risa era cada vez más escandalosa -. ¡Ja, ja, ja!


Todos comentaban asombradísimos el hecho de que Oliver/Tsubasa siguiese entrenando más allá de las horas establecidas, y más sorprendente y chocante aún, que lo hiciese con más ganas y ahínco. Rivaul, quien estaba situado en una esquina escondida de la cancha más grande de la residencia, le observaba practicar. Le observaba dar pases, tirar a puerta, hacer chilenas, meter gol desde el campo contrario a la portería, ejecutar una jugada dando un salto en el aire y encajar el gol dentro de la portería en el aire, manteniéndose ahí. Ponía atención a todos y cada uno de los movimientos que ejecutaba Oliver/Tsubasa.

'Vaya con este chaval, ¡es imparable! ¡Y cada movimiento lo hace mejor!', pensaba muy impresionado.

Siguió observando a Oliver/Tsubasa y uno de los movimientos que éste realizó le recordó a un conocido suyo, un jugador y persona muy particulares.

'¡El giro de Santana!'.

'¿Habrá estado jugando en Brasil? Ese movimiento es muy particular y no he visto a ningún jugador famoso hacerlo; sin embargo, Oliver/Tsubasa lo imita prácticamente a la perfección. Yo no sé cómo se habría tomado esto Santana'.

Un ligero andar interrumpió su cadena de pensamientos. Se podía ver la sombra de Andrea, cuya melena se iba hacia la brisa del viento, dispersándolo por todas partes. En cuanto la silueta se hubo girado un poco para entrar en la cancha, se pudo ver su faz, completamente blanca como cual fantasma. Su cara no denotaba expresión alguna, simplemente se limitaba a mostrar una neutral expresión. Cuando le vio, simplemente le lanzó una breve mirada y continuó su camino hasta llegar a la cancha, dirigiéndose a Oliver/Tsubasa, con amago de ir a decirle algo.

- Oliver/Tsubasa, es muy tarde ya para andar entrenando. Recoge las pelotas esparcidas por el suelo y venga, a dormir, que si no, no rendirás mañana.

El chico simplemente se limitó a obedecer las indicaciones recibidas y se fue con ella, en silencio.

Rivaul, al ver que no habría más juego, caminó dirección hacia la salida de la residencia, porque sentía el impetuoso frío de la noche. La atmósfera estaba en completo silencio, la cual se veía alterada por el ruido del viento, el cual tocaba su cuello. Dicha sensación le molestó e intentó apañárselas como pudo con su chaqueta para intentar cubrir su cuello y el resto de su espalda poniéndosela a modo de capa. Como tal truco no le sirvió de mucho, aceleró el paso, continuando su paso hasta que llegó a su casa, abrió la puerta y se metió adentro, cerrándola de un brusco golpe.


El despertador había sonado en un volumen relativamente alto en el móvil, marcando las nueve de la mañana. Abrió los ojos con menos parsimonia que otros días, porque no se había ido a dormir tan tarde como acostumbraba a hacer. Emitió un pequeño bostezo y cogió el móvil con una mano sin mirar, todavía tumbada. Tardó unos cuantos minutos largos despertarse, y fue cuando se dio cuenta de que había recibido muchísimas llamadas perdidas de un mismo número en altas horas de la mañana. Se puso a investigar en su teléfono todas esas llamadas y muy encrespada, decidió devolverle la llamada a aquel número. Tardó unos cuantos segundos en recibir contestación, hasta que oyó descolgar dando lugar a una voz que ella conocía muy bien. Demasiado bien.

- Hola, Amaia – saludó la voz -. Veo que ya por fin te has dignado a contestar. Llevaba toda la noche llamándote, por si estabas despierta. Como eres tan noctámbula…

La aludida se quedó totalmente helada y con la mente en blanco durante unos segundos, hasta que se dio cuenta de la situación. Con esto llegó a terminar de despabilar, tornándose su expresión medio dormida y aturdida en una completamente colérica, poniéndose roja como un volcán.

- ¡¿PERO SE PUEDE SABER QUÉ COÑO TE PASA, KARL!? – fueron las primeras palabras emitidas, dichas con la voz mucho más aguda de lo habitual. Se quedó silenciosa durante unos segundos más -. ¡57 LLAMADAS PERDIDAS, KARL! ¡57 PUTAS LLAMADAS PERDIDAS! – esta última frase la había dicho con el tono de voz más alto que pudo, agudizándose por completo y con cada palabra dicha muy espaciadamente, para dar a entender su enfado. Respiraba muy deprisa y de manera continuada.

- Te recomiendo no chillar así, porque no es propio de una dama – le respondió Karl sin inmutarse -. Además quiero hablar contigo.

A Amaia le dio un pequeño respingo como ataque de ansiedad al mencionar dicho tema. ¡Le había insistido tantas veces…! ¿Por qué tenía que sacar el puñetero tema cada vez que la llamaba?

- Si vamos a hablar sobre Benji Price/Genzo Wakabayashi, el Grunwald/Hamburgo y demás gilipolleces, ¡paso! ¡Porque desde luego que si sigu…!

- No, morena, no – la interrumpió Schneider -. No vamos a hablar más de eso. Lo que quiero hablar contigo es algo que tiene que ver con nosotros dos.

Ella se quedó pensativa unos instantes. ¿Algo relacionado con Schneider y ella? No sabía a qué se refería el Káiser. No sabía qué cuernos querría de ella. Nerviosa, cogió una parte de su pelo y empezó a trenzársela, sin saber a qué responder a eso. Suspiró unos instantes intentando pensar en una respuesta qué darle.

- ¿Qué es eso que tiene que ver conmigo?

- Morena, parece que se te ha olvidado. Tú y yo mantuvimos una relación hace unos pocos años, ¿lo recuerdas?

La muchacha levantó una ceja hacia arriba, en señal de sorpresa e ineptitud. ¿Qué estaba pasando? Ni ella misma se explicaba por qué se encontraba hablando con el Káiser por teléfono. Resopló levemente.

- ¿Qué? – preguntó extrañada.

- Ejem, ejem – carraspeó -. Te refrescaré la memoria. Tú y yo hace tiempo mantuvimos una relación amorosa, en el Torneo de Francia, cuando todos éramos amigos y Kaltz no me quería matar.

Empezó a hacer memoria de todos y cada uno de los acontecimientos del Torneo de Francia por la mención a Kaltz, empezando a reírse en voz baja, porque algunos momentos que vivió ahí no le interesaban precisamente mucho.

- Sí… - afirmó en voz baja y cohibida -. Sé que tuvimos una relación, ¿pero por qué narices te pones a recordar ahora, pasados cuatro o cinco años desde que me dejaste, y sin decir nada? – replicó, empleando un tono de reproche bastante acusado en la pregunta.

- Amaia, me interesaría que volviésemos a ser pareja.

El dardo directamente lanzado, sin dar explicación a la pregunta que había formulado, obviándola. La receptora se cayó de la cama al suelo de la sorpresa, poniendo los ojos en blanco. Antes de contestar en la más absoluta cólera, como solía hacer ella, se puso a pensar en cómo fue su relación, en cómo la trató y la relación que tenían ahora. No pudo no enfadarse porque recordó todos los motivos por los que prácticamente le trataba con pinzas y además de recibir esa propuesta, como si no hubiese pasado nada. Se puso en pie en cero coma por el impulso del enfado.

- ¡¿Pero cómo puedes tener tanto morro, capullo!?

- Ay, Amaia, Amaia, cómo eres – respondió el susodicho con condescendencia, tratándola como una niña -. Si han pasado por lo menos cuatro años desde aquello, y ya no soy el mismo. En serio, deja a Dario/Gino y vayám…

- ¡Ah, no, Karl-Heinz Schneider, no! ¡No vamos a volver de ninguna manera ni queriéndolo yo, porque de hecho no quiero volver contigo para nada! ¡Además, como ya sabes muy bien, estoy con Dario/Gino!

- Oh, no me digas – comentó en un tono bastante burlesco -. Igualita a Benji/Genzo, con tus tonterías de lealtad. Se nota que chateáis cada día porque se os han pegado las mismas ideas tontas.

Amaia hizo de tripas corazón para no darle una mala contestación.

- Joder, Karl, que ya te lo he dicho – manifestó con cansancio en el tono de voz, empezando a estar harta de dicho tema -. Que se irá a tu equipo porque es el mejor de todos. No le des más vueltas, anda. ¡Pero eso no significa que vaya a volver contigo porque estés en el Rötburg/Bayern Múnich ni te persigan todas las chicas del mundo mundial, petardo!

- ¡Já! ¡Eso lo dirás ahora! – le contradijo el aludido -. Y además también podrás ingresar en mi equipo como gerente y mánager, y podrás estar con tu amiguito si tanto lo deseas. No te preocupes, podrás ir cuando Benji/Genzo se vaya de ese equipo de segunda, cuando nos haya vencido. – Echó una risa denigrante después de enfatizar en las tres últimas palabras -. Tienes tiempo de hablar con Dario/Gino y pensar en esta maravillosa oportunidad que te he ofrecido.

Le quedaba cada vez menos paciencia con el alemán. Su rostro se personificó en una furia contenida, poniéndose roja como un tomate. ¿Qué dejase a Dario/Gino y al Milán FC por estar con el alemán? Y no sólo la idea de obligarla a dejar al italiano e irse a Alemania la había puesto completamente de los nervios, sino por sacar el tema de su amigo y los tonos de voz que había usado con ella al negarse a volver con él. Soltó una lágrima por un ojo, la cual se fue directa a la barbilla, pasando por su pómulo y mejilla.

- ¿Alguna vez piensas en los demás, Schneider? – había usado una pregunta retórica para enfatizar lo egoísta que era su interlocutor. - ¿Alguna vez has pensado en alguien que no sea tu persona, eh? ¡Tú no eres alguien normal, Karl! ¡Haces bien queriendo sacar a Benji/Genzo de la mediocridad del equipo en donde está queriendo llevártelo al tuyo, pero otra cosa es pedirme que deje a Dario/Gino para irme contigo, siendo un completo idiota! ¡Y no me extraña que Kaltz directamente pase de ti, puto ególatra! – a cada frase que iba diciendo, se le iban saltando las lágrimas e iba aumentando y agudizándose su tono de voz.

- ¡Já! – Schneider emitió una pequeña risa como respuesta -. ¡Qué tonta eres! ¡El mismísimo Káiser de Alemania te propone ser su novia, y vas y le rechazas así! ¡Tú sigue así, que no te va a ir bien en la vida; ya lo verás! Adiós.

Colgando a Amaia ante sus propias narices, la dejó con la palabra en la boca. Sus lágrimas salían como una fuente de sus ojos. Inhalaba y exhalaba a cada vez que lo hacía más rápido, hasta que tuvo que calmar sus respiros airados porque los agujeros de la nariz se le habían quedado secos. Las lágrimas que estaba derramando estaban dejando sus ojos rojos, deshidratados y con los párpados muy pesados, tan pesados que la chica hacía esfuerzos por levantarlos pero al instante volvían a entornarse.

Después de haber logrado calmarse medianamente, se levantó de la cama, cogió el móvil y marcó el número de Andrea.

- Tía, que Schneider me ha llamado. – fue por donde se le ocurrió empezar a contar la historia -. ¡El tío tiene mucha cara! – exclamó, haciendo un esfuerzo por no echarse a llorar completamente.

- ¿Qué es lo que te ha dicho? – inquirió Andrea, ansiosa por saber más.

- Primero me he encontrado con cincuenta y siete llamadas perdidas suyas nada más levantarme, ¡y todas marcadas entre las doce de la noche y las seis de la mañana! – contestó completamente histérica con un deje de llanto en su voz -. Y va y me suelta que me llamaba a esas horas porque tengo por costumbre ser muy noctámbula – enfatizó muy airada. De repente soltó una pequeña risa -. ¡Y lo más triste de todo, es que a esas horas ni he mirado el móvil; estaba dormida!

Amaia tomó una bocanada de aire para continuar mientras se secaba con una mano una lagrimilla que estaba a punto de caérsele de un ojo.

- Y eso no es lo peor de todo, ¡sino que coge y me dice que volvamos a ser pareja, sabiendo que estoy en una relación! Yo por supuesto le he dicho que no, pero ha insistido. Me ha dicho que deje a Dario/Gino y que me vaya con él a Alemania. Y me ha colgado en las narices al decirle todo lo que pensaba de él y seguir negándome. ¿Te lo puedes creer?

- ¡Qué morro tiene el hijo de puta! – soltó Andrea, indignada -. ¡Se cree que por ser futbolista de élite piensa que puede hacer lo que le dé la gana con todo el mundo! ¡Y pretende pasar por encima de Dario/Gino!


- ¡Igual que Pierre es ese chico, igualito! – recalcaba Andrea muy enfadada, haciendo énfasis en última palabra, mientras golpeaba el suelo suave y pausadamente el suelo con un pie -. Schneider también pertenecía a una buena familia, ¿no?

- Sí, pero no tenía una puta mansión adoselada como tu amado, ni andaba por ahí en caballo creyéndose un príncipe de la Edad Moderna. ¡Mira que irme con atuendos de conde mientras le hablaba al caballo…! – recordó Amaia carcajeando.

- Tía, ¿en serio? ¡Sería todo un espectáculo verle en la calle!

- ¡Y tanto! ¡Esa vez que lo vi en esa pose por poco me tenían que llevar al hospital de la risa que me dio, porque no podía tenerme en pie! – recordó Amaia con lágrimas en los ojos provocadas por la risa -. ¡Y lo más gracioso de todo es que la gente y los trastos que conducían le dejaban pasar, haciendo el espacio que hacen para los reyes…! ¡Ja, ja, ja…!

- ¡Y les lanzó una rosa a las babosas ésas antes del partido de Francia y Japón, y las muy bobas creyéndose que tendrían una historia de amor con él, cuando lo que hace es pedorrear por ahí!

- ¡Y veías a Oliver Atom/Tsubasa Ozora con un pedazo de cara de asco en ese partido…! Pero no por el partido en sí, ¡sino por las tontas que se ponían a insultarle cuando simplemente le rozó para quitarle la pelota y se cayó sin más! – recordó Amaia, muy divertida -. A mí me parece que sigue escociéndote que les lanzara una rosa, ¿no?

- ¡A mí me parece que Francia ganaba los partidos por el puto árbitro ése! ¡Y de hecho, me da igual esa rosa!

- ¡A mí Pierre me parece un tramposo! – añadió Amaia con rabia -. Seguro que el tío ese pagaba al árbitro para que las cosas fuesen en su favor. ¡Si Japón marcó un gol válido y lo obvió! Viendo las cosas como son, ¡Francia habría perdido por dos goles!

- Claaaaaaro, pero como era la anfitrioooooona, no podían perder, y además el presidente de Fraaaaaaaancia le habííííííííííía veniiiiiiido a veeeeeeeeeer… - replicó Andrea, emitiendo una descarada burla alargando las vocales con un tono de voz muy desdeñoso.


Tom/Taro ya estaba empezando a hartarse de la actitud que había tomado Pierre desde que se había ido Andrea. Estaba cansado. Estaba cansado de que su amigo estuviese insoportable durante todo el día, yendo por toda la casa como si fuese un alma en pena. Que si Andrea esto, que si Andrea lo otro, que si Andrea lo de más allá… Y no sólo se dedicaba a hablar de Andrea, sino que también se dedicaba a criticar a los demás. Que si Amaia era una loca, una perniciosa y una buscona que estaba con Dario Belli/Gino Hernandez por su físico y dinero, que si el capitán italiano era tonto por dejarse engatusar por la anterior, que si Schneider era un majadero y una mala influencia, que si Oliver Atom/Tsubasa Ozora era un asqueroso que se regodeaba de ver perder al enemigo. Tom/Taro, al oír malas palabras contra el último, el cual era uno de sus mejores amigos, por no decir, el mejor, se puso tan nervioso que perdió la paciencia y le gritó, hastiado.

- ¡Eres un estúpido arrogante, Pierre! ¡Me tienes harto con tus críticas hacia Andrea, su amiga, Schneider, Belli/Hernandez y compañía! ¡Y lo de Oliver/Tsubasa ha sido el colmo de los colmos! – tomó una respiración de lo agitado que estaba -. ¡Y no sólo por el tema de que critiques constantemente a la gente, sino que estás teniendo una actitud de mierda en general! ¡Y no te extrañes si Andrea pasa de ti, loco de mierda!

Pierre tembló ligeramente de la indignación. ¿Cómo se atrevía a decirle tales cosas? Él estaba habituado a decir y hacer todo lo que le venía en gana, y eso a Tom/Taro no le gustaba nada. Sabía que llevaba días yendo como un alma en pena, pero no le gustaba que se lo dijesen otras personas. Simplemente, no le gustaba recordarlo. De la indignación pasó a una ligera vergüenza, y de ahí, a la furia. Una furia silenciosa. Se dirigió al sofá de corte francés para sentarse. Una vez acomodado, miró al techo, soltó un respiro y tomó aire.

- ¿Y qué quieres que le haga si estoy así, Tom/Taro? – replicó entre dientes -. ¡Estoy harto de seguir con este lío! ¡Quiero irme a por ella a Barcelona y traerla aquí! ¡Y tener juntos esa historia de amor que tanto deseamos ella y yo! ¡Y que jamás nos separemos!

Tom/Taro miró al techo pensativo. No sabía qué pensar de tal situación. Por una parte, quería que su amigo estuviese feliz y no diese la tabarra pero por otra no podía ni quería reclamar ni convencer a Andrea de volver a Francia, porque ésta afirmó que París era triste y gris, y que quería irse a Barcelona a probar suerte y olvidar todo lo pasado en París. Y viendo pasar los días, él también pensaba que era así. En las calles no paraba de llover y a la gente que veía la veía desanimada, apagada y triste.

'París no es precisamente la mejor cura contra la depresión', le comentó Andrea con cierto cachondeo.

Rió levemente al recordar eso pero en un casi absoluto silencio para que Pierre no le oyera ni tuviera que darle explicaciones de por qué se reía, y además se enfadaría muchísimo por tal contestación, dado que amaba la ciudad en la que nació, creció y pensaba en tener un futuro allí.

- La he oído decir alguna que otra vez que París es triste y depresivo, y eso es porque nunca fue feliz allí – comentó en un tono un tanto melancólico. No tenía la mirada perdida, pero sí un tanto dispersa -. La oía comentar cuánto echaba de menos a su mejor amiga, y sé que ella y Amaia provienen de países de Europa Oriental por parte de sus madres; creo recordar que es mitad lituana y la otra, rusa o serbia; no lo sé muy bien.

- Yo me confundo con tanta nacionalidad, amigo – anotó Tom/Taro echándose a reír -. En Japón tenemos la costumbre de no mezclarnos con extranjeros. Yo no sé qué tiene la gente, que quiere buscar pareja en el extranjero, si se puede encontrar perfectamente en tu país, y si me apuras, en tu localidad natal…

- Pues se estila la moda de los amores de distintas nacionalidades. A mí no me importaría que mi compañera fuese extranjera, pero tampoco pondría peros a una nacional. Pero me tira más una extranjera, porque ya lo de mi país me lo tengo más que sabido. Y además tengo curiosidad por otras culturas.

- A mí nunca me han llamado la atención las extranjeras, No me atraen especialmente las chicas con un largo exagerado de pelo, de ojos claros, muy voluptuosas o altas. Me gustan más como yo.

- ¿Qué es lo que te gusta en una chica?

Tom/Taro se quedó pensativo ante la pregunta. Para él contestar a eso era más complejo que para cualquier chico que conocía. Cualquier chico hablaría del físico de una chica; del color y la forma de su melena, de sus ojos, su cuerpo. Pero no se pararía a pensar en la personalidad, o si se parara en ese aspecto, sólo mencionaría cosas superficiales, sin pensarlo mucho. Es cierto que cualquier ser humano ve el aspecto de otro y tiene una opinión u otra.

- Más que físico, lo que me importa es la persona, algo que muchísimas personas no valoran, y todo por culpa de una sociedad superficial que considera que el físico y el dinero son los factores principales de una persona, y anula cualquier aspecto personal. Por ejemplo, Amaia me parece una completa superficial, con perdón de Andrea. Y además parece muy fría y muy calculadora.

- Porque ha entrado en un mundo muy elitista, y además conoció a Dario Belli/Gino Hernandez, quien pertenece a una de las familias más ricas de Italia y es muy ostentoso, y por lo tanto, a ella le ha inculcado ese aspecto de su personalidad. Ahora la veo presumiendo de marcas de alto lujo, y veo que le va muy bien.

- No sé si pertenecerá a una clase media o media-alta, pero no es una chica precisamente vulgar – intuyó Tom/Taro -. Desde luego pobre no es, porque ha viajado a diversos países europeos, y tiene cultura, estudios, medios y unos gustos muy acusados, y su tiempo libre lo dedica a dibujar y pintar.

- Por lo que tengo oído, su padre es jefe de cirugía en un hospital privado, y su madre, profesora de la universidad de Oxford – citó Pierre acariciando uno de los brazos del sofá donde estaba sentado -. La madre es eslava, y parece ser que conoció al padre en un Erasmus o algo de esa índole.

- Tenía un hermano mayor, ¿no? – preguntó Tom/Taro con curiosidad. Le sonaba de algo su cara, pero no recordaba su nombre.

A Pierre se le encendió una bombilla en su mente.

- ¡Ah! ¡Robert! – recordó, ligeramente contento por acertar -. Era jugador del Grunwald/Hamburgo, y era un gran amigo de Schneider y Benji Price/Genzo Wakabayashi. Le llamaban El Sir del Campo.

- Ha entrado recientemente en las filas del Rötburg/Bayern – añadió Tom/Taro -. Me lo contó Andrea.

Ante tal comentario, Pierre se echó a reír, tapándose la boca con una mano.

- ¡Jolín, la verdad es que Andrea sí que sabe cosas, y especialmente cuando se trata de la gente! ¡Parece la vieja de la visilla del pueblo! – comentó -. Y su amiga tuvo una relación con Schneider.

Tom/Taro tornó a una expresión neutra y alzó los hombros y las manos, dando a entender que de Amaia él no sabía nada.

- Yo de esa chica no sé casi nada, o en su defecto, nada – contestó Tom/Taro. A continuación se echó a reír -: Tú acusando a Andrea de cotilla pero eres igual. También sabes todo sobre la vida de los demás.

- ¿Y? Soy rico, y por lo tanto, no trabajo. Puedo permitirme estar al día de todo sin otros quehaceres de por medio – le rebató su interlocutor con un deje de cachondeo -. ¿Y sabes qué? Me encanta.

- ¿Sabes qué? Vamos a salir de casa para que te dé el aire y no te dé por hacer de Sálvame, que estás últimamente muy a la labor de meterte en vidas ajenas, vieja de pueblo – le comentó Tom/Taro simulando un reproche en respuesta, viendo que su amigo seguía cotilleando.

Pierre simplemente volvió a reír. Los dos fueron hacia la vasta entrada, y cogieron sus respectivos abrigos. Mientras que Pierre cogió uno de sus carísimos abrigos de marca, el cual era de un rojo fino y le llegaba un poco por encima de las rodillas, quedándole ceñido al cuerpo, tal y como le gustaba a él. Tom/Taro, al verle enfundado en su abrigo rojo, pensó en las muñecas Barbie. Y no sólo por el tema de que el abrigo resaltase su delgada y estilizada figura, sino por el largo y forma de su pelo y sus rasgos faciales algo afeminados. Pero no le tenía envidia. Sabía que la fama, la belleza y el dinero eran cosas efímeras y que la personalidad era lo único que permanecía para siempre en una persona. Era un chico de costumbres y gustos sencillos. Simplemente tomó su cazadora vaquera de una tienda de ropa de su país, la cual no era conocida más allá, y se la puso tranquilamente. Cuando Pierre terminó de admirarse a sí mismo en el espejo del vestíbulo, cogió las llaves de la casa, seleccionó una para abrir la puerta, dejando salir a Tom/Taro primero, y comprobando que todo estaba en orden, salió él, echando la llave, puesto que no había ningún mayordomo o sirviente disponible, porque eran horas muy tempranas.


Andrea tenía sueño, mucho sueño. Iba acumulando horas de sueño porque Van Saal le iba poniendo más y más tarea, y además tenía que planear los entrenamientos especiales de Oliver/Tsubasa para ayudar a éste a mantener su puesto en el primer equipo, porque todos los jugadores tenían un nivel tan alto que podrían borrarle del mapa en un momento. Además oía a algunos jugadores suplentes quejarse de ser más merecedores de un puesto en el primer equipo que Oliver/Tsubasa, simplemente por el hecho de ser japonés y que por ello lo relacionaban a no saber jugar al fútbol. El hastío de Oliver/Tsubasa por los comentarios hacia él era tan grande que un día pasó por el campo del segundo equipo y les soltó un dardo envenenado:

- No creo que Andrea se fije en ninguno de vosotros. ¡Bajad vuestras expectativas, anda! – dijo con cachondeo y burla.

- ¡Serás asqueroso! – le soltó como respuesta uno de ellos, completamente colérico.

'Estos imbéciles se piensan que pueden insultarme por ser japonés, y dar por sentado que no sé jugar por lo mismo. ¡Anda y que les jodan!', pensó, con rabia, mientras salía de la cancha del segundo equipo para dirigirse a la del primero, donde le esperaban los equipos que había formado el entrenador. Nada más entrar, vio que Rivaul le hacía una seña con la mano, ésta tirando sus dedos hacia dentro. Oliver/Tsubasa, nada más ver eso, se fue corriendo al lado de Rivaul, muy emocionado. Andrea, al ver que todos los jugadores estaban alineados en sus respectivos equipos, lanzó la pelota de una manera ligeramente fuerte en dirección a Oliver/Tsubasa con una mano, aunque los demás vieron que había lanzado el balón hacia el centro del campo.

'¡Qué vean de lo que eres capaz, Oliver/Tsubasa!'.

Oliver/Tsubasa alcanzó el balón lanzado por su amiga con un pase muy rápido. Teniendo ya el balón en sus pies, unos cuantos jugadores del equipo contrario fueron rodeándole con muchísimo vigor con intención de arrebatarle la pelota. Oliver/Tsubasa, viendo que no había prácticamente salida, se esperanzó de ver a Rivaul haciéndole una señal de que le pasase el balón, y ni corto ni perezoso, lanzó un fuerte pase hacia él. Viendo que esos mismos jugadores iban en dirección hacia Rivaul, decidió observar cómo saldría él de tal situación. Rivaul no se lo pensó ni dos segundos y saltó con toda la facilidad del mundo para deshacerse del círculo de jugadores que le rodeaban fuerte y pesadamente, haciendo un remate en dirección a Oliver/Tsubasa, quien interceptó la jugada de Rivaul rápidamente. Al ver que volvían a rodearle, hizo el llamado giro de Santana, técnica aprendida en Brasil de su rival Carlos Santana.

'¡Oliver/Tsubasa es realmente asombroso!' pensó Rivaul, muy admirado. '¡No cualquiera podría interceptar mis complicados pases, y sin embargo, él lo ha hecho rápidamente y parece entenderme! Se nota que este chico ha jugado en Brasil'.

Los demás jugadores se quedaron anonadados con el nuevo estilo de juego que acababa de crear Oliver/Tsubasa en unos pocos segundos.

'¡Dios mío, este chico será un peligro! ¡Puede inventar estilos de juego y estrategias nuevos en el mismo entrenamiento!' exclamó un alarmado Clemente desde sus pensamientos -. ¡Seguramente quitará a alguno de nosotros para quedarse fijo en este equipo!

El entrenador Van Saal tenía ojos única y exclusivamente para Oliver/Tsubasa. En verdad estaba impresionado por el rápido desarrollo de nuevo juego de Oliver/Tsubasa en pleno entrenamiento, y de lo que estaba viendo sacó una conclusión clave: que podría desarrollar grandes estrategias en cualquier momento de un partido oficial, y eso sumaba muchos puntos en un jugador de élite. Sacó un libro de apuntes y un bolígrafo de una conocida marca y se dispuso a apuntar todos los puntos fuertes y débiles del chico. Sacó muchos puntos a tomar en nota, y no sacó apenas puntos débiles en él, lo cual le pareció muy extraño.

'Vaya, es cierto lo que dicen. ¡Es muy bueno! Y parece interceptar bien los pases de Rivaul. De todas formas, le pondré a prueba para ver si puede entrar ahora en el primer equipo. Es bueno, pero le falta mucho camino que recorrer para llegar a ser un profesional de élite. Brasil le ha hecho muy bien.

'Ha recibido muchísimas ofertas de equipos italianos con una suma bastante importante de dinero, pero a pesar de todo, ha preferido venir a este equipo. ¿Por qué será?'.


- He elegido el Barcelona/Cataluña porque ahí están los mejores jugadores del mundo y puedo aprender muchísimo más de ellos que en cualquier equipo italiano. Admito que los equipos de la Liga italiana son muy buenos, pero en cualquiera de ellos mi aprendizaje se acabaría enseguida – había aclarado Oliver Atom/Tsubasa Ozora en una entrevista -. Sé que podría triunfar rápido, pero no alcanzaría mi objetivo de ser el mejor jugador del mundo. Con el Barcelona/Cataluña sí puedo alcanzar mi sueño, porque es uno de los mejores equipos del mundo, y me atrae el hecho de que jugadores buenos no hayan podido entrar porque quiere indicar un mayor nivel. Si consigo hacerme con un puesto en el primer equipo, habré triunfado.


Mark Lenders/Kojiro Hyuga no hubiese salido nuevamente de Japón porque no tenía los medios para ello, ni alguien que le enchufase en un equipo prestigioso de fútbol. Su familia, la cual la componían su madre, sus tres hermanos pequeños y él, estaban muy justos de dinero, incluso llegando a caer en las deudas, que él solventaba llevando periódicos a todas las casas o fregando platos y moviendo cajas de cerveza de un lugar a otro en un bar. No tenía muy buen humor porque ni él ni su madre podían pagarles a los menores de la casa unos colegios decentes. Le llegó la esperanza cuando Daisy Gould/Kaori Matsumoto, quien había renunciado a la dirección del Colegio Toho, le ofreció la oportunidad de jugar en un equipo de la Liga italiana. Estaba alegre porque así cumpliría su sueño, pero por otra estaba triste y preocupado por el hecho de dejar a su familia sin dinero. Sabía perfectamente que su madre trabajaba todo el día, y que a pesar de ello, no lograba llegar a fin de mes, pero por muy poca diferencia, y su hijo mayor la ayudaba trabajando, para poder pagar todos los gastos y tener unos ahorrillos por si surgía algún imprevisto. Pero también tenía miedo de perder una oportunidad de oro para triunfar en lo que más le gustaba y no volver a tocarlo de ninguna manera nunca más.

Su madre, sabiendo lo que a su hijo mayor le preocupaba, le dijo que no se preocupara por ellos y que aprovechase esa oportunidad haciendo lo que más le gustaba. Su tono era de reproche, pero en el más leve de todos los grados. Lo hizo con cariño, y ella no era una persona egoísta. Decidió hacer caso a su madre y le dio el sí defintivo a la ex directora del Toho, quien se había convertido en una famosa y reputada mánager. Hizo las maletas con las pocas cosas que tenía y ambos cogieron un avión que les llevaría hasta Turín.

'Gracias por brindarme esta oportunidad, señorita Gould/Matsumoto'.

'Ahora tengo la combinación perfecta para dedicarme a mi profesión por completo y ayudar a mi familia'.

Gracias a eso, la señora Lenders/Hyuga había dejado su empleo de cajera en ambos supermercados, porque se encontraba débil y no podía satisfacer todas las exigencias de sus explotadores jefes, y gracias a la jugosa suma de dinero que les enviaba Mark/Kojiro todos los meses, había invertido una parte de éste en un restaurante, e iba tirando hacia adelante poco a poco.


Rivaul le había pedido una cita a Andrea, y ésta había aceptado muy gustosamente. Se había ido de tiendas para mirar vestidos y escoger uno para la cita con el famoso jugador. Finalmente, con la ayuda de Amaia, la cual había recibido en su móvil las fotografías de distintos vestidos y zapatos que quería escoger, Andrea terminó por escoger un vestido de color burdeos apretado a todo el cuerpo, el cual era de manga larga y le llegaba hasta la mitad de los cuádriceps, pudiendo así enseñar sus bonitas, torneadas, delgadas y estilizadas piernas y su clavícula sin enseñar pecho, simplemente realzándolo con la forma del escote que tenía el vestido, el cual dejaba ver piel descubierta hasta el principio de los hombros.

Los zapatos que le recomendó Amaia fueron unas sandalias plateadas con reflejos de color azul hielo, las cuales eran de tacón alto, cuadrado y grueso, teniendo una tira fina que dejaban ver sus cinco dedos del pie y otra que rodeaba el tobillo, resaltando así su fino tobillo. Los complementos recomendados fueron unos sencillos pendientes de plata en forma de líneas terminando en una forma de lágrima, los cuales le llegaban hasta la mitad del cuello, y una sencilla gargantilla de plata, la cual hacía una forma redondeada suelta para hacer una combinación de movimiento con la forma del escote elegida. Cuando Andrea le preguntó por el peinado y el maquillaje, ésta le dijo que se dejara la melena suelta con algún pequeño recogido si le daba la gana, quizá acentuando un poco más las ondulaciones, y que por supuesto, nada de maquillaje, porque una cara como la suya no lo necesitaba. Ante esta última declaración se alegró, porque no tenía a mano y no tendría que salir a comprarlo.

Cuando terminó de arreglarse, se miró en el espejo y se preguntó si había quedado demasiado ostentosa o demasiado sencilla, porque lo más probable de todo es que Rivaul la llevase a un restaurante de lujo.

Y así fue, acertando con todas sus deducciones. Éste estaba esperándola con un traje de color negro, combinado con una camisa blanca, una corbata roja y unos zapatos de piel, apoyado en su coche negro de último modelo de alta gama, el cual era de una marca mundialmente conocida.

- ¿Qué, nos vamos? – la preguntó él, acercándose hacia donde estaba ella y mirándola con sus penetrantes ojos grises.

Le ofreció su brazo y ella lo tomó gustosamente. Ambos se dirigieron al coche con un andar elegante y característico de cada una. Mientras que él se dirigía a la parte izquierda del coche para preparar el volante, ella lo hizo hacia la derecha, abriendo la puerta para ponerse en la parte delantera, al lado del conductor. Rivaul arrancó el coche, en camino de dirigirse a un restaurante de cinco estrellas, alejándose ambos del lugar de quedada, el cual estaba un poco lejos del área residencial.

FIN.

NOTAS:

- Sálvame es un programa de televisión español dedicado a la prensa del corazón, el cual está producido por La Fábrica de la Tele y se emite en Telecinco desde el 27 de abril de 2009. Con esta comparación de dicho programa con Pierre hecha por Tom/Taro, quiere decir que está siendo muy cotillo.

- Las viejas de pueblo también suelen ser mujeres muy cotillas que viven del chisme ajeno. Tom/Taro ha hecho referencia a ese término llamándoselo a Pierre.

- La referencia de Amaia y Andrea del árbitro comprado está justificada puesto que Francia anulaba los goles de los equipos contrarios, y se puede ver claramente con Japón. De no ser por el árbitro, Japón habría ganado a Francia por una diferencia de dos goles. Y esta situación representa perfectamente al Mundial del año 1998, en el cual Francia compró al árbitro.

- Las frases puestas en letra cursiva son las que dicen los personajes cuando están hablando en otro idioma, y las que están puestas en español es la traducción de lo que dicen, y para diferenciar de lo dicho en el idioma original del traducido, se ha puesto la frase traducida entre paréntesis.

- Hay varias traducciones al europeo del nombre de Kaori Matsumoto. En Latinoamérica es Ruth Matsumoto, en España es Daisy y en Francia, Daisy Gould. Se ha elegido la última opción porque era la que más se adaptaba a la versión europea. Francia es un país perteneciente a la Unión Europea.