Capítulo 5. Japón en apuros.

Estaba gratamente sorprendida por los resultados que iba adquiriendo el jugador japonés con sus entrenamientos especiales, porque éste progresaba muy rápido y siempre podía subir el nivel de dificultad.

- ¡Vamos, Oliver/Tsubasa, tú puedes! – le animaba la chica vigorosamente -. ¡Demuéstrale al Barcelona/Cataluña y al mundo entero que la élite eres tú!

Iba anotando los resultados en una libreta a bolígrafo en sucio, los cuales pasaba al ordenador de forma organizada, haciendo diversos diagramas y tablas para comparar sus resultados con los de los otros jugadores. Pensaba que Oliver/Tsubasa tenía nivel para estar en el Barcelona/Cataluña, pero claro, eso habría que hablarlo con calma con el entrenador Van Saal, quien no opinaba exactamente igual.

'Tengo serias dudas de si posee el nivel adecuado o no. A veces pienso que puede ser uno de los mejores jugadores del Barcelona/Cataluña, pero también tengo la sensación de que en un partido real no rendirá lo suficiente', declaró Van Saal en una charla.


'¡Oh, claro que puedo rendir en un partido real, y lo sé de sobras!', comentó Oliver/Tsubasa al comunicarle la noticia Andrea.


'Van Saal tiene razón. Rivaul le supera por mucho a Oliver/Tsubasa, le pese a quien le pese. Oliver/Tsubasa piensa que puede con todo, y no sé si eso es bueno o malo'.


'Es bueno, nena; es bueno. Lo que pasa es que le va a costar vida y media superar a Rivaul, porque es el mayor jugador de élite de la época. Y además es muy guapo. Por eso le quieres, ¿no? Pasando a hablar del astro brasileño, ¿qué tal fue la cita con él?'.

'No te puedo negar que ha ido muy bien, la verdad. Un restaurante del más alto lujo, gente exclusiva, charlas interesantes, una excelentísima comida… Lo que no me gustó es que una marabunta de locas me persiguiera por ahí nada más llegar al restaurante. No sé cómo narices se las ingenian para pasar a esos sitios tan exclusivos siendo unas simples mortales como tú y yo, ¡no me lo explico! ¡Y lo peor de todo es que me da risa de sólo pensar en todo el lío que pasó, cuando debería darme vergüenza! ¿Te imaginas la cara de Rivaul, cabreadísimo y acojonadísimo a partes iguales? ¡Si tuvimos que llamar a la policía y todo para que se las llevasen a patadas!'.

'¿En serio? ¡Cuéntame, que quiero reírme un poco!'.

'Nada más entrar al restaurante ya estaban paparazzis y locas a tutiplén, rodeando el restaurante. Algunas de las locas se abalanzaron hacia nosotros, inmovilizándonos, sólo que con la diferencia de que a Rivaul le intentaban besuquear y quitar la ropa. Llegaron los guardias y nos las quitaron de nuestros cuerpos. Los paparazzis sacándonos fotos a tutiplén y comentando las cantidades ingentes de dinero que sacarían con las fotos ésas (cosa que me cabrea muchísimo), ¡y Rivaul gritando a todo pulmón que sacasen a toda esa gente del restaurante, que quería cenar tranquilo y que no se podía, que si por él fuera no sería famoso y bla bla bla, súper cabreado! Se le acercaron más paparazzis y no sé cómo, ¡pero se transformó en una especie de ninja karateka, y empezó a mandar a todos a tomar por culo a base de patadas! ¡Fue algo… épico! Por supuesto, yo también hice mi parte ninja, y me deshice de todas esas locas. ¡Tendrías que haber visto el moratón que le dejé a una en la carota! Y después de que echasen a todos los intrusos, tuvimos una cena muy tranquila'.

'¡Ay, qué bueno; tía! ¡Me imagino a Rivaul metiendo patadas a todos y mandándolos a todos volando a otras partes!

¡Qué molestos han sido los paparazzis desde siempre! Esa profesión a la que se dedican debería estar prohibida; se debería penalizar con la cárcel durante unos cuantos años.

Yo me he encontrado con unos cuantos de ésos, y créeme, he puesto cartas y cartas de reclamación y aún siguen existiendo. Es un auténtico suplicio. Supongo que los verás todos los días.

¡Y tanto que los veo todos los días! ¡Y periodistas! Vale, no me molesta que saquen noticias de lo que ocurre en el mundo, ¡pero me reventó especialmente eso que sacaron de Oliver/Tsubasa!'.

'¿Qué ocurrió, cariño?'.

'Te conté que Oliver/Tsubasa entrena por lo menos dos horas antes que los demás, ¿no? Eran las ocho de la mañana cuando Oliver/Tsubasa estaba entrenando, justo cuando vino Rivaul y le propuso varias pachangas. Como vio que Oliver/Tsubasa podría llegar a ser mejor que él, se le ocurrió la idea de darle un codazo en la sien, dejándole medio inconsciente. ¡Y los periodistas, venga a sacar fotos y a inventar titulitos! ¡Qué ganas de pegarme un tiro tuve ese día!'

'Rivaul tiene mala leche, pero los periodistas aún más. Por cierto, ¿qué tal va Oliver/Tsubasa?'

'La verdad es que va bastante bien, y pienso que tiene todas las papeletas de tener un puesto en el equipo oficial, aunque Van Saal duda. Y Oli/Tsuby está muy confuso también'.

'Pues sí que debe de tener mala leche Van Saal, porque a Oliver/Tsubasa no le he visto dudar en la vida. Por cierto, ¿sabías que van a organizar un partido entre Japón y Holanda en unas semanas?'

'¡Hostia! ¿En serio?'.

'Sí. Adriano Fogartiny/Munemasa Katagiri, uno de los representantes federales de Japón, ha decidido organizar tal partido. Eso sí, ha de tener un cuidado inmenso porque Japón tiene todas las papeletas de perder el partido. Si empatan, que se dé con un canto en los dientes'.


- ¡Señor Fogartiny/Katagiri! – bramó su jefe -. ¿No se da cuenta de que es una auténtica locura?

- Para mí no es ninguna locura, jefe – contestó Fogartiny/Katagiri aparentando serenidad, pero estaba muy nervioso.

- ¡Claro que es una locura, Fogartiny/Katagiri! ¿No se da cuenta de que el fútbol de Holanda le da mil vueltas al de Japón? ¡Acabaríamos con una derrota muy significativa, y no nos lo podemos permitir!

Adriano/Munemasa juntó las manos y empezó a amontonar los dedos de forma continuada en señal de nerviosismo. En su mente, le daba gran parte de la razón a su jefe, pero pensaba que había que arriesgarse si querían que Japón fuese mucho más reconocido en el mundo del fútbol. El Torneo de Francia había significado un gran paso para los jugadores japoneses y Japón en general, pero eso se quedaba corto en comparación con un país rey del fútbol como Holanda. Un mundial no significaba nada. Nada. Japón nunca había sido un país futbolísticamente rico; nunca les llamaban para las mundiales. Y de hecho, a Adriano/Munemasa le costó muchísimo convencer a los organizadores de dicho mundial para que aceptasen a Japón.

El hecho de que Japón hubiese ganado el torneo hacía por lo menos cuatro años, le dejaba la duda. Por una parte, consideraba que no podían hacer nada contra Holanda, y además los mejores jugadores de la Selección japonesa no vendrían única y exclusivamente para jugar ese partido por el hecho de estar ocupados jugando en sus clubes profesionales, y el resto de la plantilla no es que fuera precisamente sobresaliente. De hecho, era bastante mediocre, y pensó en la comparativa que hacían a menudo con Benji Price/Genzo Wakabayashi y Ed Warner/Ken Wakashimazu. Los dos eran considerados excelentes porteros en Japón, pero había una diferencia muy notable de nivel entre ellos. Mientras que el primero estaba en un club alemán e iba a fichar por otro, el segundo sólo había logrado ser suplente.

Por otra parte, consideraba que eran los mejores jugadores que habían existido en la historia del país, y el hecho de que lograran ganar todos los partidos en el Torneo de Francia, y además ganar a la Alemania del joven Káiser, decía muchísimo de ellos, y al tener en cuenta este factor, pensaba que podrían dar más de sí.

- Jefe, opino que deberíamos organizar este partido.

- Le repito, Fogartiny/Katagiri, que ese partido no se va a dar. En caso de que se organizara, en el mejor de los casos, enviarían a suplentes a jugar el partido, y no a los jugadores titulares. Y aun así, nos vencerían con notoria diferencia.

- ¡Jefe, aunque perdiesen el partido, sería un gran paso para ellos, porque habrían jugado contra Holanda! ¡Y además los jugadores han mejorado muchísimo sus capacidades! – insistió Adriano/Munemasa con vehemencia.

- ¡Fogartiny/Katagiri, he dicho que no! ¿No se da cuenta que, aunque los jugadores hayan mejorado sus capacidades al más óptimo de sus estados, no podrán con Holanda ni de lejos? ¡Ni siquiera Oliver Atom/Tsubasa Ozora, nuestro mejor jugador, podría con ellos!

- ¡Pero…!

- ¡Ni pero ni pera! ¡Y este tema queda zanjado! ¡No se organizará ese partido y punto! – gritó el superior, harto del tema -. Puede retirarse.

Adriano/Munemasa estaba tan indignado que simplemente se giró, abriendo la puerta y cerrándola para salir, sin despedirse siquiera. A los pocos segundos de haber salido de allí, empezó a derramar lágrimas mezclando pensamientos recientes con otros pasados. Le daba rabia el hecho de no poder hacer nada para promocionar a Japón, y le vino a la cabeza el recuerdo de cuando perdió el partido definitivo para clasificarse en el Mundial, siendo mucho más joven de lo que era ahora.

'¡Dios mío! ¡No quiero que los chicos pasen por lo mismo que pasé yo!', pensó, abatido. '¡Si tengo que convencer a otros dirigentes, lo haré! Sea como sea, ¡tiene que darse ese partido!'.


- Simplemente considero que los jugadores de Japón no pueden vencer a mis jugadores, y por lo tanto, como entrenador de la Selección de Holanda, pienso que el amistoso no debe darse. No tengo nada más que decir – declaró Van Saal a la prensa nacional.

El rumor del amistoso entre Japón y Holanda se había expandido por todo el mundo. Parecía que el artículo que había escrito Fogartiny/Katagiri se había leído en todo el mundo. Todo el mundo estaba de acuerdo en que debería haber un amistoso entre ambos países. Pero había un problema, y se trataba de los rivales y su entrenador.


- ¡Venga ya!, ¿un partido contra Japón? – gritó Willem Arminius, burlón -. Yo desde luego, no me voy a tomar la molestia de jugar. Sería muy aburrido, ¡porque nos los comeríamos enseguida! ¡Já, un partido contra Japón, qué tontería! – dicha frase la había dicho varias veces, haciendo que entrase en bucle.

Empezó a reírse solo hasta que unos pasos furiosos y un golpe en una pierna le hicieron volver a la realidad.

- ¿Quién coño te crees que eres para soltar todas las paridas que estás soltando, gilipollas? – gritó Lenders/Hyuga, furioso -. ¡Eres un capullo integral, Willem! ¡Un capullo!

Willem se soltó de su puño e hizo amago de llorar.

- ¡Oh!, ¿vas a echarte a llorar, marica? – dijo en un tono condescendiente e infantil. – Si sabes que tu país tiene un fútbol de mierda. No sé por qué te empeñas en demostrar lo contrario. Japón está a años luz de ser como Holanda, Alemania o cualquier otro país desarrollado. ¡Eres un mierda, al igual que tu fútbol y el fútbol japonés en general!

- ¿Y cómo me explicas el hecho de que ganamos el Torneo de Francia, ganando a la Alemania del Káiser, eh? – respondió Lenders/Hyuga con chulería y cierta satisfacción al ver que su enemigo se iba enfadando poco a poco.

El aludido hizo un gesto de desdén.

- ¡Porque sois unos tramposos, por eso fue por lo que ganasteis el jodido torneo! – espetó completamente furioso y fuera de sí -. ¡Nosotros íbamos a participar en el mundial, pero nos eliminaron, y seguramente habría sido por vosotros!

- ¿Habría sido por nosotros? – preguntó el aludido, colérico y confuso a la vez -. ¿HABRÍA?

Se hizo un silencio entre ellos dos, mientras que Lenders/Hyuga miraba a Willem con rayos en los ojos, el aludido miraba al otro con cierta rabia y desdén.

- ¿Eres imbécil o qué? ¡Qué sabrás tú si Holanda fue eliminada de aquel torneo por nosotros o no! O a lo mejor Holanda no era tan buena como decían…

Esa frase dio en el talón de Aquiles de Willem.

- ¡Oh, claro que es muy buena!, ¿y sabes qué? Que no vais a tener ninguna oportunidad de ganar a Holanda, porque el Torneo de Francia fue vuestro primer paso al fútbol europeo, mientras que nosotros llevamos generaciones y generaciones en el mundo del fútbol, y además, somos uno de los países reyes de este deporte, junto a Alemania – explicó Willem. Tragó saliva -. Oh, ¡ganáis un mundial y ya os venís arriba! Patético.

De lo cabreado que estaba, a Lenders/Hyuga empezaban a salirle venas sobresalientes en las sienes, adoptando una expresión enfurecida. Entornó sus ojos lanzando una mirada de rabia y profundo desprecio, resaltándola con sus pobladas y largas cejas, las cuales se arquearon hacia abajo. Apretaba los dientes y los puños para no ir inmediatamente a la violencia. Si no tuviese las severísimas condiciones que tenía en el equipo torino, no hubiese tardado ni un segundo en ir a pegarle un puñetazo. Pensaba que si lo hacía, por fin le dejaría en paz, pero también pensaba en las nefastas consecuencias que tal acción le llevaría. Tales pensamientos le ponían aún más furioso. La expresión actual de Lenders/Hyuga hacía que Willem se regodeara de satisfacción, soltando una pequeña y murmurada carcajada.

- ¡Qué ridículo eres, Lenders/Hyuga! – espetó muy mordazmente -. ¿Me ibas a pegar o qué?

Lenders/Hyuga se quedó helado.

- ¿Me ibas a pegar o qué, eh? ¿Te piensas que soy como esos jugadorcillos con los que has tratado, o tus antiguos compañeros de clase, eh? ¡Venga ya! Ya no eres menor de edad. ¡Si te pones tonto, iré a denunciarte, y no podrás jugar en ningún equipo reconocido mundialmente! – tras decir tales palabras, tomó un respiro y dibujó una sonrisa desdeñosa en su cara -. Imbécil.

Le dio la espalda, caminó en dirección a la puerta, la abrió y la cerró de un ligero portazo, dejando a su rival con la palabra en la boca. Éste jadeaba de la rabia, apretando aún más los dientes y los puños, emitiendo pequeños gruñidos, y le dio un fuerte puñetazo a uno de los duros cambiadores para desahogarse como consecuencia de no haber podido arrearle uno a su mayor enemigo, la persona que más odiaba en ese momento. Por las circunstancias de su vida, se vio obligado a ser fuerte, y cogió el mecanismo de defensa de la violencia, empleándolo en todo aquel que le molestase de alguna manera. Y al no haber podido aplicar su ley contra el jugador holandés, ni podía hacerlo contra ninguna persona, se sentía completamente desprotegido. Descubierto. Como un libro abierto. Sentía que todos le vigilaban y que su libertad se iría reduciendo a medida que ascendiese puestos profesionalmente. Pero por otra parte, su mente se lo agradecía. Era cierto que nunca había dañado a las personas que en verdad quería, pero sí lo había hecho con compañeros o conocidos.

'¡Sea como sea, Japón tiene que ganar el amistoso! ¡Esto no va a quedar así de ninguna manera!'.


Amaia ya le había comunicado la noticia a sus dos mejores amigos, quienes se lo hicieron saber a más personas. Cuando Andrea respondió a la llamada de Benji Price/Genzo Wakabayashi, la cual estaba hecha desde Hamburgo hasta Barcelona, no tardó en comunicárselo a Oliver/Tsubasa, e inmediatamente le pasó con él al teléfono.

- ¿Un amistoso entre Japón y Holanda? – preguntó Oliver/Tsubasa, muy sorprendido.

- Sí. – le respondió Benji/Genzo -. Oliver/Tsubasa, lo tuyo es increíble – introdujo, echando una leve carcajada -. No te enteras de nada, ni siquiera cuando se trata de algo que te encanta, y eso que se trata de algo en lo que estás veinticuatro horas.

Oliver/Tsubasa empezó a rascarse ligeramente por encima de la cabeza, un tanto avergonzado. Era verdad lo que le decían.

- Esto… Hmmm… - no sabía qué decir, hasta que recordó lo que era exactamente -. ¿Dentro de cuánto tiempo se da?

- Nada más y nada menos que en un par de semanas, y si Fogartiny/Katagiri consigue más medios para hacerse oír, en una semana se hará el amistoso. ¡Así que ve haciendo las maletas y deja de estar en Babia, anda! – este último comentario lo hizo con intenciones de ser jocoso -. Bueno, ¡qué digo yo de maletas, si aún no he preparado nada!

- ¡Y luego me dices a mí lo de Babia; que anda que tú también…! – contrarrestó el aludido, poniéndole un registro de voz todavía más jocoso y con un deje de cachondeo.

- Bueno, me voy a hacer mis maletas, que luego no me da la vida. Hasta dentro de unos días, Oliver/Tsubasa.

Oliver/Tsubasa colgó el teléfono y encaminó sus pasos hacia el vestuario del primer equipo, donde se encontró con Albert Potter, quien simplemente le deseó mucha suerte en el amistoso y ya. Pensaba que estaba loco o es que el tiempo iba todavía más rápido cuando se trataba de una emergencia. Estaba muy nervioso, y en parte quería volver a su país natal para ver a sus amigos y compañeros de equipo, pero por otra parte quería quedarse en Cataluña: allí tenía a su amiga Andrea, quien era su principal apoyo, y además ya tenía expectativas de quedarse fijo en un puesto del primer equipo y de ir escalando en el mundo del fútbol.

'En serio, ¿un partido ahora?', pensó, muy confuso.

Después de quedarse fijo en el suelo unos cuantos minutos, caminó hacia su cuarto y fue preparando las maletas con ayuda de Andrea.


Unos días después, ésta le acompañó al aeropuerto. Sabiendo que no podía ir con él a apoyarle, le dio un fuerte abrazo después de decirle que les demostrara a los holandeses que jugaba mejor que ellos. Después de que el avión en donde estaba subido Oliver/Tsubasa despegase, sacó el móvil de su bolsillo y se encontró con un mensaje de Amaia.

'¡Qué rabia, tía; qué rabia! No puedo ir a Japón a ver el amistoso de Japón y Holanda, ¡qué mal! En cuanto Dario/Gino me ha pillado haciendo las maletas, me ha echado una bronca tremenda y se ha puesto a maldecir a Benji/Genzo. ¡Yo no sé qué coño le pasa! Últimamente está muy agresivo, chilla muchísimo y se enoja con suma facilidad. ¡De verdad, no sé qué hacer! ¡Estoy harta!'.

Andrea leyó el mensaje con cierto detenimiento y pudo deducir que una de las cosas por las que Dario/Gino estaba tan encabronado era porque Benji/Genzo no se lesionaba tanto como éste, y por lo tanto, podía desempeñar más partidos que él, provocando que la gente les comparase continuamente y en dichas comparativas saliese ganador Benji/Genzo la mayoría de las veces. Y también que el guardameta japonés y ella hablaban mucho, le hacía pensar que ésta estaba enamorada de él o algo.

'No te habrá hecho ningún morado, ¿verdad?', contestó, ciertamente preocupada.

Después de guardar el móvil en su bolsillo, salió del aeropuerto y empezó a caminar, con una expresión ligeramente triste por todo lo que estaba pasando.


Estaba muy ilusionada con la llegada de su amado. Se había acicalado especialmente simplemente para él, no por el evento en sí. La muchacha había cambiado muchísimo desde los últimos cuatro años, justo el número de años que llevaba sin verle. Estaba muy cerca de los veinte, pero no llegaba a ellos. Estaba dándole los últimos toques a los manjares que estaba haciendo, los cuales había aprendido a hacerlos trabajando sin parar en el restaurante de su familia, y por testificación de todos sus amigos, estaban riquísimos.

Se encontraba ayudando a preparar todo para la bienvenida de Oliver/Tsubasa junto a la señora Atom/Ozora, la madre de éste. Ella le había pedido ayuda, a lo cual había accedido gustosamente. Sabía que haría cualquier cosa por su amado y, para qué iba a negarlo, su futura suegra. O eso era lo que pensaba ella.

- Patty/Sanae, ¿está todo listo? – le preguntó la señora Atom/Ozora.

- Sí, señora – contestó dulcemente.

- Bien.

Se fue a uno de los baños a hacerse unos pequeños arreglos. Sacó una pequeña y sencilla barra labial de color, la cual era de un color coral muy suave, la abrió, puso el dedo encima de ésta y empezó a aplicársela a pequeños toques en sus labios, los cuales eran delgados pero estaban hinchados de la juventud. Una vez que hubo terminado de darle un poco más de arreglo a su cabello, guardó todas sus cosas en un diminuto neceser rosa palo y lo dejó ahí. Saliendo del cuarto del baño, cogió un enorme bol lleno de comida hecho por ella, lo cogió y lo colocó en la mesa, donde estaba el resto de la comida.

Sentía que él estaba llegando porque estaba oyendo unos característicos pasos, pero miró por la ventana para comprobar que sus pensamientos estaban en lo cierto. ¡Y tanto que estaba en lo cierto! Su corazón empezó a acelerar rápidamente, y dicha emoción la transmitió al exterior, sonriendo de oreja a oreja.

A las dos mujeres que estaban metidas en la casa les dio una inmensa alegría de que por fin volviese a casa, después de cuatro años fuera. A la más joven por volver a ver al chico del que estaba enamorada, y a la más mayor, por volver a ver a su hijo, al que tanto quería, porque le dejó marcharse para hacer su sueño realidad, a pesar de sentirse completamente sola.

Patty/Sanae se dirigió a la puerta, abriéndola, sintiendo que faltaban apenas pasos para verle cara a cara. Quería ver cuánto había cambiado él. Abrazarle. Besarle. Apenas estando ambos unos seis metros uno del otro.

- ¡Oliver/Tsubasa! – gritó, muy emocionada.

Éste, al verla, corrió hacia ella.

- ¡Patty/Sanae! – gritó él.

El sueño de ella de darse un abrazo emotivo como en las películas de Hollywood se había quedado en eso, en un sueño. Ambos simplemente se miraron con la misma postura estática.

- Todos tus amigos de la infancia quieren verte, Oli/Tsuby.

Ambos abandonaron la casa en donde estaban y se encaminaron hacia el campo donde él jugó por primera vez en el equipo del Nankatsu. En verdad hacía muy buen tiempo; la temperatura era en cierto modo estática, pero estaba acompañada de una agradable brisa, la cual movía la falda y la media melena de ella.


Amaia seguía haciendo las maletas en dirección a Japón porque había vuelto a tener una fuerte y encarnizada discusión con Dario/Gino, y tampoco es que las cosas fuesen muy bien, ni con los otros jugadores ni con el entrenador. Se sentía sola. Completamente sola. Y un montón de cosas turbias le estaban pasando. No tenía ganas de hacer nada, se sentía cansada todo el tiempo, muchas veces le entraban ganas de llorar y ni siquiera sabía por qué, le entraban jaquecas muchas veces, todo le molestaba de una manera u otra, algunas veces tenía insomnio, había ocasiones en las que se daba escandalosos atracones de comida y otras en las que podía llegar a comer un día sí y otro no. Pero sobre todo, se sentía fuera de lugar. Hacía los trabajos que le mandaba el entrenador, pero sin pasión ni gana alguna, y los terminaba enseguida por no estar más tiempo con el ordenador. Todos esos comportamientos derivaban de dos cosas. Lo que le había dicho Schneider la perturbó mucho, y probablemente éste volviese a insistir, y no estaba bien con Dario/Gino. Y éste se sospechaba algo, y no precisamente bueno. Ésta era una razón por la que estaba tan enfadado.

Como le contaba a Andrea vía mensaje por móvil, éste estaba últimamente muy agresivo. Chillaba muchísimo y se enojaba con suma facilidad. Y era por lo mal que estaba su cuerpo; se lesionaba continuamente. Por suerte eran lesiones cortas y contaba con un médico experto en el campo de la medicina deportiva y le hacía desaparecer la lesión enseguida, pero cada cierto tiempo se lesionaba, y era habitualmente de una mano. Ganaba todos los partidos, pero pensaba que pronto tendría que retirarse del mundo del fútbol porque no paraba de lesionarse, y eso a la larga le daría problemas a él y a su equipo. Alguna que otra vez tenía que estar desde el banquillo observando los partidos que hacían sus compañeros, y muchas veces el equipo no obtenía los resultados que él deseaba. Hasta Amaia había puesto de su parte con los conocimientos médico-deportivos que le habían enseñado, y funcionaba, pero sólo de manera temporal.

Estaba dudando de si quedarse a ayudarle y perder su salud psíquica, llegando incluso a hacerse daño, o irse por un tiempo y esperar a que los problemas desapareciesen. Se puso en pie y comenzó a dar vueltas por su cuarto, sintiéndose culpable de no poder ayudarle de ninguna manera más, y de pensar en irse a otro sitio por no sufrir más. Pensó en una idea. Y dicha idea consistió en coger su teléfono y marcar los números de sus mejores amigos, yendo primeramente a marcar el de Andrea para contarle todo lo que estaba pasando en Milán.

- ¿En serio, Amaia? – inquirió ésta, muy sorprendida -. ¡Qué fuerte!

- Sí, y lo peor de todo es que no sé cuánto tiempo va a seguir todo este pastelón así – se lamentó Amaia, en un tono muy triste -. Va a acabar con mi salud mental como empeore la situación, de verdad.

- Lo mejor que puedes hacer es irte un tiempo, porque si sigues en Milán, y más con el pastel que lleva Dario/Gino encima, tendrá consecuencias fatídicas en tu salud, y no sólo mental. – cogió unos cuantos segundos de silencio -. Mira, me fui de Francia porque no me sentía a gusto y mira dónde estoy, de puta madre.

- Ya, si yo también estaba medianamente a gusto en Milán, y quiero que Dario/Gino solucione su problema y deje ese humor tan perruno.

- No creo que Merlín el Encantador o Harry Potter vengan a repararle los brazos, así solucionando para siempre sus problemas.

- Ya, pero… - Amaia se toqueteaba el pelo de los nervios.

- Ni pero ni pera, tía – la cortó -. Tienes que irte a otro lado, a donde sea. No puedo acogerte porque Van Saal no quiere más gerentes ni managers. Lo siento mucho.

- No, si no pasa nada… - respondió la aludida, alegre y triste a la vez -. Muchas gracias.

- De nada. Venga, tía, tienes que irte de allí hasta que se pasen los cabreos y los malos aires. Tengo que colgar porque me van a llamar dentro de poco para hacer funciones.

- Ciao. – así colgó.

Miró las maletas y caviló unos instantes. En parte no quería dejar a Dario/Gino pasándolo mal completamente solo, pero tampoco quería que su malestar aumentara ni que tal cosa influyese negativamente en su vida. No se sentía bien. Se debatía entre la misma vida y la salida de ésta. Tenía miedo. Estaba enfadada. Estaba herida. Intentó tornar su boca hacia una sonrisa, pero apenas unos pocos segundos después le salían lágrimas por los ojos como fuentes. Tras llorar un rato tirada en la cama, cogió de nuevo el teléfono y marcó el número de Benji Price/Genzo Wakabayashi.


Estaba relajándose dentro de su enorme piscina térmica, la cual estaba por detrás de la enorme mansión. Estaba casi sumergido en su propio sueño hasta que sonó su móvil, el cual tenía un alto volumen de notificación para saber si tenía que hacer alguna cosa o era su padre. Poniendo una muy mala cara y cogiendo el teléfono con singular pereza, contestó muy secamente.

- Tío…, que no soy tu padre, joder… - replicó Amaia con la voz quebrada, la cual parecía que estaba a punto de llorar, desde la vía del otro móvil.

- ¿Amaia? – preguntó el aludido, con la voz sorprendida. Estaba especialmente estresado por el partido contra Holanda. Tomó unos cuantos respiros largos e intensos, tratando así de calmarse. Entonces se molestó en pensar qué podría estar pasando al otro lado del teléfono. Además había escuchado el tono casi lloroso de su amiga -: Amaia, ¿qué te pasa?

- Dario/Gino está especialmente cabreado porque no para de tener lesiones – explicó la chica, muy despacito -. Cuando está un tiempo sin lesionarse, se alegra especialmente. Pero el problema no son las lesiones en sí, es por cómo se está comportando últimamente. – tomó varios respiros porque estaba a un tris de echarse a llorar, pero no pudo -. Y el caso es que la está tomando con todo el mundo, ¡y especialmente conmigo! ¡Y la gota que ha colmado el vaso ha sido cuando ha visto mis maletas medio hechas, y ha empezado a gritarme y a reprocharme el hecho de que hiciese la maleta! ¡Ayyy! – empezó el llanto.

Benji/Genzo ya estaba harto de oír mencionar a Dario/Gino y sus lesiones, y lo que más le enfureció fue el que la tomara con Amaia. Estaba apenado por ella y cabreado por él. Empezó a cavilar en la idea de acogerla en su casa, pero prontamente se le fue de la cabeza porque suponía que ésta no querría marchar tan lejos. Pero le volvió al pensar en lo que le ocurría a su amiga y que lo mejor que podía hacer era marcharse a unos cuantos kilómetros de distancia de Italia.

- Amaia, ¿quieres venirte a mi casa por un tiempo? Tengo bastantes habitaciones libres – le propuso Benji/Genzo.

- ¡Oh, por supuesto! – contestó la chica con un tono de voz muy esperanzado y alegre.

- Te puedes venir hoy mismo, Amaia.

- ¡Vale! ¡Muchas gracias, Benji/Genzo!

- De nada. ¡Te espero en Tokio!

- Pero no sé si podré pagármelo…

- ¡Ay, tranquila, que ya te lo pago yo!

- Muchas gracias. Hasta dentro de unas horas – concluyó ella, colgando el teléfono.

- Adiós.

Benji/Genzo se echó a reír con todo el panorama que le habían contado.

- ¡Ay, Dios mío, esta situación parece una novela dramática de ésas del cine con las que las chicas lloran como una María Magdalena!


Terminó de prepararse sus maletas. Simplemente había metido dentro de ellas las cosas más importantes y parte de su ropa, porque sabía que no se iría a Japón indefinidamente, pero sí por cosa de unas pocas semanas, rozando el mes, más o menos.

Por su fortuna, eran las dos de la madrugada, y todos los jugadores estaban durmiendo, y Dario/Gino y el entrenador, en sus respectivas casas, y por lo tanto, no tendría ninguna molestia. Bajó las maletas una a una descalza por las escaleras para evitar que se despertase alguien y la dijera alguna cosa. Al terminar de bajarlas, subió nuevamente a por unas sandalias romanas y se las puso. Como no podía irse sin avisar, escribió una nota diciendo que no podía más y que se marchaba por un tiempo, y la depositó en la mesa del entrenador.

Ya preparada, salió con todas sus maletas y un bolso de Hermes de mediano tamaño, donde guardaba su billetero, su pasaporte, su dinero, su móvil, sus llaves y demás pertenencias privadas. Se fue a la zona más cercana donde paraban los taxis, y en cuanto que pilló uno, le dijo al conductor que le llevase al aeropuerto de Milán. En cuanto hubo llegado allí, tuvo la suerte de haber dispuesto del dinero suficiente para comprar por lo menos el billete de ida a Tokio. En más o menos una hora venía un avión dirección Tokio, según había mirado en la pantalla. Como había tiempo de sobra, aprovechó para ir al baño, lavarse la cara, ponerse un serum en la cara y parte del cuerpo para disimular su mal aspecto, peinarse el cabello y acicalarse un poco. Hacía frío, y como iba de tirantes, el cual enseñaba mucho pecho, decidió quitarse de la cintura la cazadora vaquera que llevaba amarrada en la cintura y se la puso, y no pudo sacar ninguna más abrigada, porque todas sus maletas estaban ya facturadas. Como tenía hambre, fue a por un enorme bocadillo de pollo y vegetales. Al oír la embarcación de los pasajeros de Tokio, corrió hacia allí, poniéndose en la cola para ir subiendo al avión. Le supo a auténtica gloria el sentarse en su asiento, poniéndose música para desconectar. Ya podría tener su merecido descanso.

- En unos minutos el avión despegará.

En cuanto pasaron esos minutos, el avión corrió unos cuantos metros a una velocidad rapidísima y despegó.


Se encontraba mejor que en Milán, y sus preocupaciones se habían atenuado, pero igualmente estaba cansada, y necesitaba llegar a casa de su amigo lo antes posible, porque corría el riesgo de desmayarse. Todas las personas que estaban por las calles de Tokio se la quedaban mirando. La grababan, la hacían fotos, la señalaban y hacían comentarios sobre ella, los cuales no entendía porque sencillamente no sabía ni una palabra de japonés.

'¡Joder, lo que faltaba!', pensó, con especial fastidio. '¡Una puta sesión de paparazzis!'.

Echó a correr para estar lo más lejos posible de toda esa gente, pero de lo que no se daba cuenta era de que la perseguían y que en cada metro que recorría había más gente haciéndole fotos. Seguía corriendo hasta que sufrió un jet-lag y todos comenzaron a sujetarla, no más por la diversión de hacerla fotos. Estaba empezando a ponerse muy nerviosa e intentaba zafarse de todos, pero éstos no la dejaban, y sudaba y jadeaba mares para sacar fuerzas. Y el acoso siguió hasta que apareció la limusina de los Price/Genzo Wakabayashi, en la cual iba Benji/Genzo. Él, al ver todo el panorama, se bajó rápidamente del coche y fue a poner orden allí.

- ¡Por el amor de Dios!, ¿qué está pasando aquí?

Todo el mundo se quedó en silencio. A continuación, la levantó en brazos y la depositó en el sitio de atrás del coche, dándole indicaciones al chófer de que cogiese sus maletas y que en cuanto las metiese en el maletero, saliese enseguida de ahí.


Pensaba que no se podía estar alegre y triste a la vez, porque pensaba que ambas emociones eran muy contradictorias, pero comprobó en su propia sangre que podían ser compatibles en ciertas situaciones. Se alegraba de verle, pero a la vez no quería. Estaba enamorada de Oliver/Tsubasa, pero el chico parecía ser que no, o eso era al menos lo que veía. A él ella simplemente le caía bien, simplemente la veía como una amiga. Soñaba una y otra vez con que él se le declarase, diciendo que si quería salir con él y ella le daba el sí, muy emocionada. Soñaba con cómo sería su noviazgo. Tardes de cine, noches de películas, salidas con los amigos de él y los de ella. Soñaba con su vestido de novia, con Tsubasa y ella poniéndose los anillos de casados en sus respectivos dedos anulares, con el beso que confirmaba que estaban casados y que se amarían para siempre. Con los hijos que tendrían. Con un buen trabajo, porque al fin y al cabo, era una mujer con sueños y metas, no quería simplemente vivir de él, a pesar de que fuese millonario.

Se daba esperanzas a sí misma con que eso ocurriría, hasta que uno de los mejores amigos de éste, Bruce Harper/Ryo Ishizaki, irrumpió un día sus sueños con esta frase:

- Me he enterado de que tiene novia. Y es europea. Y tiene unos señores pechotes que…

- ¡Basta, Bruce/Ryo! – gritó ella, con lágrimas en los ojos.

El aludido se quedó ipso facto. Opinaba que vale que la chica estuviese enamorada de su amigo, pero que tampoco hacía falta ponerse como una fiera sólo porque le enunciase la noticia. Oliver/Tsubasa tenía novia y punto final, no había más que decir.

Cuando el indiscreto de Bruce/Ryo la dejó sola, primeramente se puso a pensar. Era normal que a Oliver/Tsubasa le gustasen las chicas extranjeras y que quisiera experimentar, pero costase lo que costase, quería tenerle y tenía que tenerle, fuera por el precio que fuera. Caviló en todos los aspectos que había hecho el gran esfuerzo de mejorar, los cuales habían sido por él. Arreglarse, ponerse ropa más bonita y más acorde con su género humano, tener mejores modales, no gritar, no decir palabrotas, aprender a cocinar, esforzarse muchísimo para sacar las mejores notas. Y gracias a lo último ingresó en la Universidad de Tokio, estudiando la carrera de Medicina Deportiva. Desde el punto de vista de chicos completamente ajenos a su amado, era una chica bastante mona, y hasta la llegaban a considerar guapa. Era la envidia de muchas chicas, y querían ser como ella. Tenía un perfecto nivel de inglés, y un nivel medio de alemán, el cual trataba de perfeccionar asiduamente.

No iba a echarse a llorar como habituaba a hacer años atrás cuando las cosas no salían como quería, pero sí le frustraba muchísimo tal hecho. Como era una celosa de tres pares de narices, se puso a investigar. A sus finos oídos le llegó la noticia de que había llegado una europea a Tokio, y tal vez esa chica podría ser la novia de Oliver/Tsubasa que tan cansinamente le había estado mencionando Bruce/Ryo. Se lo olía, y salió de su casa para investigar. No supo cómo, pero acabó yendo a casa de Benji Price/Genzo Wakabayashi. Y de casualidad, detrás de la parte trasera de ésta, donde se podía ver salir de aquella enorme piscina a una guapísima y voluptuosísima chica de aspecto de chica del este de Europa.

'¡Joder!', pensó, alucinadísima. '¡Qué pedazo de pivón acaba de salir de la piscina de Benji Price/Wakabayashi! ¡No me lo puedo creer! ¡Es bellísima!'.

Vio, completamente embelesada, cómo aquella se metía nuevamente debajo del agua y hacía todo tipo de acrobacias, saliendo a flotar su kilométrica melena. Lo que más le llamó la atención fue el hecho de que fuese tan pálida, incluso más que las propias japonesas.

'¡Ya me gustaría a mí tener ese tono de piel!', comentó, llena de envidia, admiración y molestia. '¿Por qué narices tendré que tener la piel morena? ¡Y qué piernas más largas, caramba!'.

Empezó a acomplejarse haciendo la comparativa de la figura física de cada una de ellas. Ella siempre se había sentido hermosa, y no sabía por qué en ese momento no se sentía así. Tal vez era por él. Para no sufrir más, hizo un esfuerzo por dejar de mirarla y darse la media vuelta girando sobre sus talones, alejándose así de la mansión de los Price/Wakabayashi.


Estaba metida en la cómoda y bella cama de una de las habitaciones de invitados de su amigo. Llevaba unos cuantos días de estancia en Japón y parecía ser que se había olvidado de sus problemas personales. Le daba lo mismo que el entrenador estuviese protestando de que no hubiese gerente, plantease expulsarla o algo parecido. No estaba de ánimos para nada, y además iba a tener la oportunidad de ver en vivo y directo el partido amistoso entre Japón y Holanda.

El aire de la habitación era agradable y limpio ya de por sí, pero decidió poner en práctica el consejo de su amigo. Se levantó suavemente de la cama, poniéndose las zapatillas de estar por casa por higiene, dio unos pasos hasta llegar a las enormes ventanas, las cuales abrió de par en par, quedándose unos minutos a disfrutar de la fresca brisa que entraba por la mañana. El aire fresco le refrescó todo el cuerpo, le despejó los orificios nasales, le oxigenó el cerebro, haciendo que se le pasase el dolor de cabeza y pudiese pensar con claridad.

El ambiente de la casa de los Price/Wakabayashi le estaba gustando muchísimo. Era refinado, elegante, señorial, sencillo, cómodo y tranquilo. Las habitaciones y pasillos de la casa eran muy espaciados, pero no le daban esa sensación de incomodidad y horror vacui que se solía experimentar en las casas muy grandes con habitaciones muy espaciadas, las cuales apenas tenían muebles o adornos a su alrededor. Le gustaba el orden perfeccionista y milimetrado que había en la casa. Poniendo ella un ejemplo, la habitación de invitados que le había asignado Benji/Genzo tenía una espaciosa y cómoda cama, una pequeña mesilla de luz, un ropero pegado a la pared y una lámpara de cristal. A primera vista podría parecer una habitación bastante insulsa, pero viendo los materiales de la que estaba hecha, poniendo de ejemplo el suelo y el ropero, eran de madera de ébano, una madera muy exclusiva.

Benji/Genzo le había aconsejado no hablar con Dario/Gino durante unos cuantos días por el bien de su salud mental. No que le bloquease del teléfono, simplemente poner sus llamadas en silencio, haciendo que no le llegasen. Marcó el número de Andrea, contándole que llevaba en Japón aproximadamente una semana y media y que iba a ver el amistoso en persona.

- ¡Joder, tía, qué morro! ¡Y yo que quería ir a ver el partido y apoyar a Oliver/Tsubasa…! – lloriqueó Andrea.

Ante tal comentario, Amaia rompió a reír.

- ¡Andrea, tu comentario suena como si estuvieras enamorada de Oliver/Tsubasa!

- ¡Ay, calla, tonta! – replicó Andrea con una risa -. ¡No estoy enamorada de Oliver/Tsubasa ni mucho menos, pero simplemente quiero irme a Japón! ¡Qué suerte tienes tú! – hizo una pausa -. Al final van a enviar a los jugadores titulares al amistoso por insistencia de Fogartiny/Katagiri. Por cierto, ¿cuándo es el partido?

- Dentro de cinco días. Y Oli/Tsuby se lo está tomando muy en serio; cada vez que voy a ver a Benji/Genzo siempre le veo practicar sin parar… Si hasta le vi practicar una noche hasta las dos de la madrugada o algo así.

- ¡Ay…! ¿Cuántas veces le habré dicho que no entrene en medio de la noche?

- ¿Le controlas cuánto entrena? – Amaia soltó una carcajada involuntaria al oírlo.

- ¡Claro! – espetó Andrea, indignada -. ¡Ya bastante es que se ponga a entrenar a las ocho de la mañana, cuando el entrenamiento empieza a las diez…!

- Tía, déjale; que es muy feliz así. – respiró unos cuantos segundos para cambiar de tema -. Y no creo que Japón vaya a ganar contra el muro holandés. No tiene muchas estrellas a destacar, excepto Oliver/Tsubasa y Benji/Genzo. Y he oído que el portero de Holanda es un auténtico muro de hierro.

- ¿Van Len Fort? Como no le anoten gol entre varios, no marcarán. Ya lo verás.


- Señores, formalidad – ordenó Fogartiny/Katagiri con su habitual tranquilidad -. Les anunciaré a los miembros del equipo nacional de Japón para el partido amistoso.

Fogartiny/Katagiri estaba sentado en la mesa principal de dirigentes de Japón, intentando mantener la calma ante tantos periodistas que le preguntaban por Oliver Atom/Tsubasa Ozora y Benji Price/Genzo Wakabayashi.


Después de aterrizar el avión en el cual venían los jugadores titulares de la Selección de Holanda, éstos bajaron de las escaleras con una gran seriedad y cuando pasaron al aeropuerto Narita-Terminal 1, se encontraron con un montón de fotógrafos y periodistas. Todos los jugadores tenían una expresión seria y tranquila y caminaban con garbo, indiferentes de todo jaleo que pudiese haber y de toda persona que pudiese estar a su alrededor. Ninguno saludaba. Ninguno hablaba. Ninguno hacía ningún gesto con la mano. Ninguno les miraba. Ninguno interactuaba de ninguna manera con el público que les rodeaba.

- ¡Caray! ¡Willem Arminius y Robin Van Pyrrax! – exclamó admirado un fotógrafo joven -. ¡Han venido todas las estrellas holandesas!

- Sí, son uno de los mejores equipos del mundo – reafirmó un periodista más mayor -. Todavía no puedo creer que les hayan eliminado en la fase previa del campeonato del mundo.

En el fútbol no había nada definitivo. Eso significaba que cualquiera tenía la oportunidad de ganar, por mínimas que fueran sus posibilidades para ello. Era cierto que la Selección de Holanda era uno de los países reyes del fútbol y Japón nunca había sido mencionado en ese terreno. Pero en el Torneo de Francia, Holanda fue eliminada y Japón ganó el mundial. Y eso demostraba que cualquier hecho podía acontecer, por menos que se esperase. O eso fue una mera casualidad.


En el estadio más grande de Japón se estaba celebrando a lo grande tal encuentro. No hacían más que tirar petardos de los colores respectivos de las banderas de Japón y Holanda, todo el mundo iba con las entradas ya compradas, iban pasando muy deprisa porque no querían quedarse sin asiento en el estadio ni quedarse sin ver tal partido. Todo el mundo hablaba del gran amistoso que disputarían los dos países. Dentro del gran estadio, había una gran tienda en la cual vendían las dos versiones de la camiseta japonesa con los nombres de todos los jugadores, y había alguna que otra chica pegándose por quedarse con la camiseta que llevaba el nombre del capitán del equipo o la que portaba el número nueve. Balones, cromos, fotografías, bolsas, muñecos, pancartas de todos los tamaños, abanicos. Había un montón de equipo técnico de sonido, de imagen y de luces grabando todo lo que pasaba.

En el estadio se podían ver un montón de personas que portaban las camisetas de sus jugadores favoritos y las enormes pancartas, las cuales ponían Japón tanto en su lenguaje de signos como en el lenguaje occidental.

- ¡Venga, Japón, que esto sólo es el comienzo!

- No veo la hora de comprobar todo lo que ha madurado Oliver/Tsubasa en Brasil – dijo impaciente Arthur/Manabu -. ¡Estoy impaciente!

- Vamos a ver qué clase de técnica le ha enseñado Roberto – le animó la señora Atom/Ozora, con la intención de que el chico no perdiese los nervios.

'Han pasado cuatro años desde que vi a Oliver/Tsubasa jugar aquí en Japón. ¡Ánimo, Oliver/Tsubasa!'.


Por otra parte, Amaia había conseguido un asiento privilegiadísimo en primera fila gracias a que Benji/Genzo se lo había reservado. La muchacha estaba tratando de ocultar su nerviosismo comiéndose unas deliciosas galletas japonesas que le había preparado una de los sirvientes de la casa de los Price/Wakabayashi. Sabía que todo el mundo estaba mirándola, y eso la ponía nerviosa, pero se centró en comerse sus galletas y su helado, el cual tenía en la mano derecha. No entendía nada de lo que decían por los altavoces, así que optó por centrarse en lo que veía y pudiese ver.

El partido amistoso internacional de la Selección japonesa contra la holandesa estaba a punto de empezar. Dicho partido era muy importante para Japón, ya que éste podía calibrar su estado de forma jugando contra Holanda ante los partidos que jugará en un futuro en la Copa del Mundo. El partido se televisaba en directo para todo el mundo.

- Y ahora, las alineaciones – anunció una conocida voz femenina -. Con Holanda. Con el número uno, Van Len Fort. Con el número ocho, Willem Arminius. Con el número catorce, Albert Potter. Con el número diecinueve, Robin Van Pyrrax.

Así como iba nombrando a todos los jugadores holandeses, iba saliendo en la pantalla la imagen de cada uno de ellos. En el texto de Albert Potter, debajo de su respectiva imagen, ponía una C mayúscula entre paréntesis, dando a entender que él era el capitán del equipo. Éste y Van Len Fort le parecieron muy guapos a Amaia.

- Y ahora, la alineación de Japón – anunció la misma locutora -. Con el número uno, Benji Price/Wakabayashi Genzo.

- ¡Vamos, Benji/Genzo, tú eres el mejor! – gritó Amaia levantándose y poniéndose ambas manos extendidas alrededor de la boca a modo de megáfono.

Aparte de ella, todo el mundo empezó a aplaudir y a gritar su nombre sonoramente.

- Con el número 4, Bruce Harper/Ishizaki Ryo. Con el número siete, Ralph Peterson/Souda Makoto. Con el número cinco, Clifford Yuma/Jito Hiroshi. Con el número doce, Philipp Callahan/Matsuyama Hikaru. Con el número once, Tom Baker/Misaki Taro. Con el número diez, Oliver Atom/Ozora Tsubasa.

En el texto de Oliver/Tsubasa, debajo de su respectiva imagen, ponía una C mayúscula entre paréntesis, dando a entender que éste era el capitán del equipo japonés. Todo el mundo empezó a aplaudir muy efusivamente al oír su nombre, uniéndose Patty/Sanae a la multitud, tratando de gritar más fuerte que los demás.

- Con el número quince, Dani Mellow/Sawada Takeshi. Con el número trece, Ted Carter/Hajime Taki. Con el número dieciocho, Patrick Everett/Shun Nitta. Y con el número 9, Mark Lenders/Hyuga Kojiro.

Holanda había venido con su mejor plantilla profesional y Japón iba a jugar con los miembros del entonces equipo juvenil que fue campeón del mundo hace cuatro años. Se podía ver a todos los jugadores muy serios, pero cada uno de diferente forma. Los japoneses estaban muy nerviosos, sobre todo su capitán, quien pensaba que éste era su primer paso para ganar los partidos de la Copa del Mundo de Selecciones. Bruce/Ryo pudo apreciar que todos los jugadores holandeses eran muy altos y fuertes, especialmente uno, que sobrepasaba holgadamente los dos metros, calculando que todos medían aproximadamente entre un metro ochenta y cinco y metro noventa de altura. Gustav, el tipo que le llamó la atención por lo alto que era, se mostraba implacable y muy serio; parecía hasta hosco. El gesto burlón del número ocho holandés le hizo perder la calma unos segundos. Éste y Lenders/Hyuga intercambiaban miradas de desafío y desdén mutuo. Oliver/Tsubasa y Albert se estrecharon la mano.

Algo que había estado estudiando y observando durante un tiempo Julian Ross/Jun Misugi era que los jugadores de tanta categoría como los holandeses jugaban tanto de delanteros como de defensas, y que en un partido podían hacer las dos posiciones a la vez.


Edward Van Saal estaba rodeado de periodistas y fotógrafos, preguntándole acerca de su carrera como entrenador del Barcelona/Cataluña y de la Selección nacional de Holanda.

- Entrenador Van Saal, ¿ha hecho este viaje a Japón para ver a Oliver Atom/Tsubasa Ozora en acción?

- Holanda es mi país, y he venido a verles jugar contra Japón, la nación anfitriona de los partidos del mundo de selecciones. No tengo nada más que decir.

'No tengo nada más que decir', era su frase cuando quería dar por finalizado un tema, o directamente, la entrevista, ya no pudiese o no quisiese dar más información de dicho tema. El señor Van Saal no era un hombre que le gustase mucho extenderse por las ramas, tan sólo hablaba de lo justo y necesario para que la gente supiera lo que se iba a hacer.


Fue Japón quien empezó el juego en el esférico, con Oliver/Tsubasa teniendo la pelota bajo sus pies, quien se la pasó a Lenders/Hyuga, quien a su vez se la pasó a Patrick Everett/Shun Nitta, quien puso la pelota en dirección a Oliver/Tsubasa. Éste decidió pasar directamente al ataque antes de que los holandeses les pillasen in fraganti. Tenía a Tom/Taro siguiéndole por detrás. Estaba atrayendo la atención del equipo del rival para que Lenders/Hyuga se llevase la pelota. De momento Japón estaba jugando bien. Daba esquinazo con garbo a la defensa holandesa hasta que el balón fue a parar a los pies de Lenders/Hyuga, quien decidió darle un tremendo balonazo a Gustav, quien lo bloqueó con relativa facilidad. El balón fue a parar hacia Tom/Taro, haciendo que el número dos de Holanda le fuese detrás, quitándosela de un cinturazo en unos pocos segundos, y antes de que Oliver/Tsubasa se acercase a él, pegó una patada hacia arriba al balón, así efectuando un pase muy largo. Los roles se invirtieron; Holanda pasó al ataque y Japón, a la defensa. Willem era quien tenía la pelota en sus pies en ese momento, y avanzaba como una flecha. Clifford Yuma/Hiroshi Jito y Bruce Harper/Ryo Ishizaki trataron de detenerle, pero éste les dio un esquinazo tan rápido, que les fue imperceptible de ver. Pasándosela al número cuatro de su equipo, y éste dándole un pase, apartó a Tom/Taro de un empujón cuando éste fue a quitarle la pelota. Clifford/Hiroshi fue a detenerle, pero le dio esquinazo, no sin antes dedicarle una oleada de insultos antes. Con el balón entre sus pies, Albert Potter fue rápidamente a la portería japonesa, donde con un fuerte balonazo, no logró marcar. Benji/Genzo, tirándose hacia el lado donde tiraba el capitán holandés, logró detenerla con una facilidad asombrosa.

- ¡Muy bien, Benji/Genzo! – gritó Amaia, eufórica -. ¡Eres el mejor!

Éste dio un pase largo, el cual cumplió con su objetivo. Oliver/Tsubasa corría todo lo que podía en dirección a la portería, pero Willem le quitó la pelota de un empujón, gritándole a Japón que le había dejado bien claro que no volverían a tener otra oportunidad de marcar. Ted Carter/Taki Hajime, Patrick Everett/Shun Nita y Tom Baker le habían rodeado en un círculo con la intención de quitarle la pelota, pero fue muy rápido en interceptar el ataque japonés y tiró a puerta. La portería fue protegida con un puño rápido e improvisado por parte de Benji/Genzo, pero el despeje fue tan desafortunado que el número nueve de Holanda chutó nuevamente y marcó gol.

'¡No han pasado ni diez minutos!' pensó, realmente estupefacta. '¡Japón perderá inevitablemente!'.

Empezó a devorar rápidamente el resto de helado que le quedaba, intentando así calmar su ansiedad. Estaba flipando con los holandeses. Su estado emocional actual era una explosiva mezcla de sorpresa, nerviosismo, ansiedad y miedo. Le latía el corazón a una gran intensidad y su estómago iba balanceándose.


- No podrán con la naranja mecánica ni de coña. Es muy superior a Japón en todos los aspectos – sentenció Clemente, muy serio.

- Si Japón empata, que se den por contentos – consideró Aumilla -. Por mucho que tengan a Oliver Atom/Tsubasa Ozora y a Benji Price/Genzo Wakabayashi, no podrán ganar contra un equipo entero de auténticas estrellas.

Andrea tenía ganas de ir a vomitar por los nervios e impotencia que le estaban entrando, pero no podía porque quería ver cómo se desarrollaba el partido, con alguna esperanza de que Japón le diese la vuelta al marcador, pero el rápido gol de los holandeses le dijo que no tendrían oportunidad alguna, haciendo que su rostro adoptase una expresión triste.

'Japón no tiene nada que hacer. Todos los jugadores holandeses son estrellas que están en equipos de primerísima división. Lo siento por ti, Oliver/Tsubasa'.

Los miembros del primer equipo y Andrea estaban viendo el partido desde la enorme televisión de plasma, todos ellos cómodamente sentados en los mullidos sillones.

- Madre mía, Arminius les está metiendo caña a base de bien – comentó González.

- Albert y Oliver/Tsubasa están enfrentándose entre ellos, y ambos son capitanes de su equipo nacional. Ambos lo están haciendo muy bien - juzgó Clemente.


Japón había encajado un gol en tan sólo diez minutos de partido y desde ese momento tendría que luchar para poder empatar. Los laterales de Holanda estaban al ataque. Estaba usando su sistema ofensivo habitual de 2-4-4, y parecía que tenían intención de marcar muchos goles. El público gritaba, aplaudía, abucheaba, comentaba, susurraba y animaba. Pese a que la mayor parte de personas que ocupaban el estadio eran japoneses, gente de otros países y continentes habían venido a ver el partido. Un grupo muy grande de holandeses se reía de los japoneses, el cual estaba muy cerca de donde animaba Patty/Sanae. Ésta estaba evidentemente molesta, pero entró en acción cuando una mujer de ese grupo hizo un comentario descalificativo de Oliver/Tsubasa. Se levantó del asiento, caminó con paso rápido hacia ella y le pegó una sonora bofetada que le dejó toda la mejilla roja, llegando ambas a los golpes. La pelea se acabó enseguida con Patty/Sanae de ganadora, puesto que a ambas las separaron, y tal grupo de holandeses se fue a otro sitio.

- ¡Qué gente más maleducada! – protestó Patty/Sanae.

- ¡Patty/Sanae! – le gritó la señora Atom/Ozora con tono de reproche.

- ¡Señora, siento haber montado este jaleo, pero es que es su hijo!


Desde los estadios de arriba de lujo, Fogartiny/Katagiri y sus superiores y compañeros estaban mirando el partido.

- Fogartiny/Katagiri, me doy cuenta de que quizá nuestros jóvenes jugadores no tengan ninguna posibilidad de ganar a Holanda.

- ¡Eso es cierto! – añadió otro -. ¡Si Japón pierde por goleada, podríamos ser considerados los responsables! – de la ansiedad, se puso las manos en la cabeza -. ¡La prensa nos atacaría sin ninguna consideración! ¿Qué haría usted entonces, eh?

Pero Fogartiny/Katagiri seguía vigoroso y consecuente con la decisión que había tomado.

- ¡Yo he apostado por esos muchachos! Si nos hacen pasar vergüenza, estoy dispuesto a asumir toda la responsabilidad, ¡pero el partido acaba de comenzar! – hizo una pausa de unos largos segundos -. Hay que dar tiempo al tiempo, señores; tranquilícense.

Los jugadores japoneses seguían contrarrestando como podían a los holandeses, pero presentaban grandes dificultades. Sus rivales eran mucho más rápidos que ellos. Mucho más altos. Mucho más musculosos y corpulentos. Tenían muchos más años de práctica en el fútbol, y no sólo eso. Eran uno de los mejores equipos nacionales del mundo. Eso Fogartiny/Katagiri lo sabía perfectamente. Pero también sabía de lo que eran capaces sus muchachos. Que podrían superar esto fuera más tarde o más temprano y que llevaban mucho fútbol en sus venas, y que por lo tanto, tenían posibilidades de ganar el partido.

Claramente los holandeses hacían lo que querían con ellos, y eso Fogartiny/Katagiri podía verlo desde el palco. Les quitaban el esférico cuando a ellos les convenía. Cuando Japón tenía la pelota, cualquier jugador holandés se la quitaba en un visto y no visto. El número nueve le pasó la pelota a Potter, quien avanzó a la velocidad de la luz, rodeado de algunos de sus compañeros para que su rival no le pudiese quitar el balón de ninguna forma. Chutó a puerta y el arquero japonés lo detuvo sin problema. Nada más pasársela a Ralph Peterson/Makoto Souda, el número siete holandés se la quitó, pasándosela así al número 9, quien tiró a puerta, y Holanda hubiese conseguido el segundo gol de no haber sido por la actuación de defensa de Oliver/Tsubasa, quien había desviado la pelota con el pie. A causa de que la había sacado fuera del campo, le tocaba a Holanda hacer un córner. El número diez se la pasó al número cuatro, quien a su vez se la pasó a Willem, quien esquivó en cero coma a Bruce/Ryo, no sin antes llamarle bicho. Gol que efectuaba la delantera holandesa, gol que paraba Benji/Genzo con mayor o menor grado de dificultad. Éste decidió tragarse el orgullo y pasársela a Lenders/Hyuga, quien se encontró con Willem detrás de sus espaldas. Lenders/Hyuga emigró al otro campo con la pelota con la intención de dirigirse a la portería, pero su rival le quitó la pelota de una barrida.

- ¡No eres lo suficientemente bueno, Lenders/Hyuga! – gritó con tono burlón y chulesco.

En la cara del aludido se dibujó una expresión de cabreo y hastío. Willem, ni corto ni perezoso, enlazó una jugada con varios compañeros, creando así una táctica de flecha que impedía al rival poderse hacer con la pelota de ninguna manera. Cuando el número siete pasó la pelota, Oliver/Tsubasa la paró con el pie, cortando así el ataque holandés.

- Oliver/Tsubasa, si tenéis que jugar a la defensiva, no tendréis ninguna oportunidad – le advirtió Potter por detrás de sus espaldas.

Todos los miembros presentes de la Selección japonesa en el amistoso jugaba a la defensiva, dejando completamente solo a Lenders/Hyuga en el ataque. A cada debilidad que mostraba Japón, Holanda aprovechaba para resaltársela. Willem le pasó la pelota al número nueve de Holanda y éste dio un fuerte chut, y Oliver/Tsubasa salvó la situación poniéndose en medio de la portería, haciendo una acrobacia levantándose del suelo para enviar con el pie la pelota hacia el otro lado. Otro córner para Holanda, aprovechando así para hacer la verdadera tormenta de fuego holandesa. Gol tras otro que intentaban meter, gol tras otro que paraba Benji/Genzo. Quedaban cinco minutos para que acabase el primer tiempo y los hinchas japoneses estaban mostrando disgusto de diferentes formas.

'Jugaremos al ataque hasta el final, Fogartiny/Katagiri. Si Japón pierde y ello os avergüenza, eso significa que vuestro fútbol sólo es un juego de niños comparado con el nuestro', ésa era la frase de aviso que había escuchado el aludido.


En el banquillo, todos los suplentes estaban agonizando, pero el que más lo estaba era Rob Denton/Aoi Shingo.

- ¡Ayyy! – se lamentó -. ¡Esto es muy malo para mi corazón! – dirigió su mirada al entrenador -. ¡Entrenador, no puedo quedarme sentado viendo a Japón en apuros! ¡Tengo que salir y ayudar a mis compañeros!

- Anda, cállate. No habrá sustituciones en la primera parte – decidió el entrenador, tajante.

- Yo me siento igual, Rob/Aoi – añadió Julian Ross/Jun Misugi -. Por eso debemos observar a los jugadores holandeses y memorizar sus movimientos. Ésa es nuestra tarea ahora mismo, para poder salir al ataque en el segundo tiempo, y así poder ganar este partido.

Rob/Aoi se había quedado anodadado con la explicación que le acababa de dar Julian/Jun. ¡Tenía toda la razón! Le encontraba muy buen estratega y jugador, y se preguntaba el por qué estaba en el banquillo, si tanto podía hacer por Japón.

'Tiene que haber alguna manera para poder atacar'.


Oliver/Tsubasa recibió nuevamente la pelota en el esférico, pudiendo avanzar libremente con ella y esquivando a todos sus contrincantes, pero cuando perdió el equilibrio al chocar con Willem, decidió pasársela a Lenders/Hyuga con un rápido pase. Éste tenía intenciones de marcar un gol, pero tenía un gran problema, y ése era Gustav, quien le sacaba algo más de una cabeza. No se le ocurría cómo esquivarle, así que optó por hacer un chut con bucle y tirabuzón que sobrepasase su vasta altura. Iba con fuerza, pero era demasiada longitud hasta la portería, con lo cual el tiro fue perdiendo fuerza gradualmente, haciendo que el portero apenas se tuviese que mover para pararla. Japón había logrado sortear a Willem y a Gustav, pero no sabían que aún quedaba una última gran piedra en el camino del gol, y era el cancerbero Van Len Fort, quien portaba en su cara una expresión de la más absoluta arrogancia y desdén. El árbitro había pitado el final del primer tiempo y los jugadores japoneses estaban jadeando y sudando del grandísimo esfuerzo que habían hecho para evitar que les metiesen el segundo gol. Sus adversarios, por el contrario, parecía que no habían hecho ningún esfuerzo significativo.

'Ha sido bonito el intento de chutar por encima de Gustav, pero no ha sido suficiente como para meterme a mí un gol'.

Lenders/Hyuga tenía un gran cúmulo de sentimientos negativos al no poder marcar en la oportunidad de oro que se le había presentado. Estaba cansado, frustrado y rabioso. ¡No podía marcar de ninguna manera! O al menos no había sabido aprovechar bien la oportunidad.

- ¡Veamos si Japón es capaz de lanzarse al ataque en la segunda parte o si dejarán que Holanda continúe dominándoles! – anunció el locutor -. ¡Ánimo, Japón!

Oliver/Tsubasa se sentía muy desafortunado por no haber podido marcar ni un solo gol en todo el tiempo de la primera mitad. Ni él ni ninguno de sus compañeros. En toda su vida, ésta era la primera vez que sentía que estaba muy lejos del gol.

'¿Cómo podré penetrar en la defensa de Holanda?', se preguntaba, encontrando respuestas en sí mismo y en sus compañeros, mirándolos uno a uno. '¡Son un muro infranqueable!'.

Estaba completamente bloqueado. No se le ocurría qué estrategia emplear para burlar al equipo contrario, porque habían probado todas y a la mínima que hacían el más ligero movimiento, les pillaban. Le empezaba a doler la cabeza al pensar en la segura o posible derrota. Miraba a todas partes y a ninguna, como queriendo encontrar respuesta a algo que ya sabía, pero que esperaba cambiar. Y tenía esa posibilidad en el segundo tiempo, pero no sabía cómo. Se puso a hacer autocrítica de la situación en general. Prácticamente, cada equipo jugaba en una posición, y Japón se encontraba en la más desfavorecida. ¡Si hasta él mismo había tenido que intervenir como defensa para evitar los que habrían sido los siguientes goles para Holanda! Al final Albert Potter tendría razón, y perderían por goleada si siguiese haciendo de defensa.

Estaba más nervioso y asustado que nunca. No sabía qué iba a pasar.

FIN.

NOTAS:

- El amistoso de Japón y Holanda se ha narrado siguiendo los capítulos 39 y 40 de la serie Campeones Hacia El Mundial – Oliver y Benji, la penúltima versión de Captain Tsubasa. Claramente se ha omitido detalles prescindibles, sin los cuales la acción transcurre igualmente porque es muy evidente.

- La alusión de Harry Potter y Merlín el Encantador que ha hecho Andrea sobre las curas rápidas quiere decir que Dario Belli/Gino no se espere una cura milagrosa.

- La doble denominación europeo/japonés de Benji Price/Wakayahashi en una de las frases que ha hecho Patty Haydée/Sanae Nakazawa se ha escrito así porque aparte de porque en el doblaje europeo, para denominar a Benji Price/Genzo Wakabayashi, se usan el nombre y el apellido, mientras que en el doblaje japonés simplemente le llaman Wakabayashi.