Capítulo 7. Inauguración de carrera futbolística.

Una fresca mañana en París albergaba a un famoso jugador francés entrenando en la cancha de fútbol personalizada que tenía en los extensos jardines de su opulenta mansión. Su larga melena, la cual le llegaba por la altura de algo más allá de los omóplatos, ondeaba con el viento de la mañana y con el que hacía su rápido movimiento alrededor del campo. Su cuerpo era ligeramente musculado, pero se le podía ver su delgadez.

Obviamente había tenido que pagar una gran suma de dinero por un muro y unos guardias para que las locas acérrimas de sus seguidoras no viniesen a verle, y mucho menos a tocarle. Antes se tenía que andar con mil ojos para asegurarse de que no le hicieran propuestas indecentes ni se subiesen las camisetas para enseñarle los senos. Ahora simplemente se enfocaba en eso porque sabía que tales cosas no ocurrían (y esperaba que no ocurriesen) gracias a la férrea protección que había puesto. Y no sólo había desencadenado las protestas de sus seguidoras, sino que también había llenado muchísimas bocas, las cuales no paraban de comentar lo decidido por el heredero Elle Cid/Le Blanc.

Tom/Taro lo lamentaba en parte porque echaba de menos echarse unas risas mientras veía a su amigo gabacho meterse a toda prisa por la puerta de la mansión y echar la llave profundamente mientras éstas se levantaban las camisetas con su nombre mientras enseñaban sus pechos y chillaban su nombre. Y cada vez que oía a Tom/Taro reírse, se lo reprochaba.

- ¡Joder, Tom/Taro, ponte en mi lugar!, ¿quieres? – le reprochaba éste cuando las protecciones pagadas no estaban aún en su casa -. ¡No me hace ninguna gracia!

Tom/Taro tenía que hacer un esfuerzo sobrehumano para permanecer serio y no salir rodando por el suelo de la risa. No es que le alegrase que persiguiesen a Pierre, pero sí que le causaba muchísimo jolgorio la situación. Lo veía típico de una novela ridícula en las que las protagonistas pertinentes se peleaban por el galán en cuestión para ver a quién elegía éste, o en la que el galán huía de las chicas que lo pretendían porque no quería estar con ninguna.

Pero sabía perfectamente que Pierre era un chico de gustos muy concretos. Y por muy mujeriego que fuera, no se acostaba con cualquiera. Siempre salía y se traía a casa u hoteles de lujo a chicas de gran belleza física. Chicas dignas de pasarela. Chicas que podrían perfectamente ser modelos de Victoria's Secret. Eran tanto bellas de cara como de cuerpo. No admitía cualquier otra cosa que fuese de calidad inferior, como lo denominaba él. Tom/Taro se acordó de aquella vez en la que rechazó con desdén a una chica que tenía uno de los cuerpos más bonitos que había visto jamás pero la cual no era precisamente agraciada. Todos sus ligues eran conocidas modelos, cantantes, actrices, y si la chica en cuestión no era conocida, superaba con diferencia en belleza a todas esas famosas para compensar esa 'desventaja'. Aunque pareciese que no, Pierre era muy rígido con todos los temas, sobre todo con el de la fama y le gustaba mantener las apariencias.

Muchísimos ojos femeninos se habían posado también en Tom/Taro desde que éste ganó varios importantes premios e hizo una fortuna considerable. Muchísimos de los ligues de Pierre intentaban tener algo con él, pero jamás les daba tregua, porque sabía perfectamente que lo único que querían de él era su dinero, aunque muchas comentasen que le encontraban mono o guapo. Siempre recordaba sus orígenes, y sabía que no lo había tenido tan fácil como Pierre, y por lo tanto, era muy reacio a gastarse una cantidad considerable de dinero en una desconocida, por muy guapa que éste fuese. De hecho, venía de una familia humilde (gracias a la cual cuidaba su dinero y hacía uso moderado de él), pero gracias a su talento consiguió ingresar en el Paris Saint Germain, equipo que compartía con su amigo.

Le había cogido muchísimo cariño y apego a París desde que llegó allí con su padre, quien trabajaba ya como restaurador del Louvre, uno de los museos más importantes de París y del mundo entero. Le había cogido el tranquillo a la lengua francesa desde hace un buen tiempo, y lo hablaba tanto y tan bien, que ya contestaba en francés a las llamadas de cualquiera de sus amigos japoneses, lo cual hacía que éstos se echaran a reír y bromearan con que era francés. No obstante, alguna que otra vez había cometido un error gramatical con alguna palabra que se le quedaba atascada en la garganta, lo cual provocaba que sus amigos se riesen todavía más.

No se había enamorado en su vida, razón por la cual no entendía mucho a Pierre, quien decía estar enamorado, pero no lo parecía; que era sólo pura fachada. Le parecía de absoluta despreocupación por todo acostarse con un montón de chicas para vanagloriarse; le parecía algo inmoral y asqueroso, y era algo que no le gustaba nada de su amigo. No negaba que había tenido unos cuantos encuentros, pero no andaba ofreciéndose de ninguna manera a ninguna famosa o chica guapa simplemente, simplemente por el hecho de que no tenía ese característico vacío en el corazón del que tanto le habían hablado.

En medio de sus pensamientos, recibió una llamada de Pierre. Tardó unos cuantos segundos en contestar porque no tenía ganas de hablar con nadie. Al ver que la llamada seguía estando ahí, decidió cogerla.

Tom/Taro, han empezado las hordas de seguidoras de nuevo. Tengo miedo… - su voz se oía asustada -. Dile a Bautista que venga a recogerme, porque son capaces de seguirme hasta mi casa. Están enfermas… Date prisa.

- ¿En dónde estás? – quiso saber Tom/Taro.

- Estoy en la Torre Eiffel. ¡Por favor, date prisa o moriré! – rogó Pierre, desesperado.

- En un momento viene a recogerte – contestó Tom/Taro haciendo todo lo posible para adoptar un tono de voz serio, forzándose a pensar en cosas tristes para no echar a rodar de nuevo.

No obstante, se dio prisa. Llamó a Bautista, el chófer de la mansión de los Elle Cid/Le Blanc. Le contó la situación y éste fue a por la limusina a la velocidad de la luz, la cual por fortuna se hallaba en las enormes vallas de la mansión. Éstas fueron abiertas por los guardias, quienes tenían a Bautista dándoles las instrucciones pertinentes. En cuanto éste terminó de darlas, le dijo a Tom/Taro que se fuese subiendo al coche a toda velocidad, orden la cual éste acató de la forma más eficiente y rápida que pudo.

Una vez que Tom/Taro se hubo subido situándose en la parte de detrás, teniendo a Bautista delante suya, el chófer arrancó el coche a toda velocidad, encendiendo a su vez el GPS velozmente. Normalmente el chófer de los Elle Cid/Le Blanc conducía por las carreteras y las calles de manera elegante y relajada, pero esa vez era tan urgente la desesperación de su heredero que Bautista terminó por conducir de manera maleducada, como decía él. A toda prisa y sin mirar a los demás conductores. Uno de ellos le sacó el dedo del medio por la ventana gritando una serie de obscenidades que dañarían los oídos de la realeza. Una vez que hubo visto Bautista la Torre Eiffel a lo lejos, pudo ver cómo una figura masculina de larga melena rubia con un largo abrigo rojo corría en dirección al coche. Bautista decidió arrancar el motor, yendo esta vez mucho más despacio para poder alcanzar a su señorito y facilitarle el que se metiera dentro del coche lo más pronto posible, dando lugar a que éste rozase levemente su cara, pudiendo así alcanzar el mango de abertura del coche, subiéndose a toda prisa.

- ¡Están locas! ¡Están locas! ¡Están locas! ¡ESTÁN LOCAS, JODER! – repitió vociferando intensamente un muy histérico y aterrado Pierre, al cual le brotaban las lágrimas en los ojos -. ¿Es que uno no puede salir a la calle tranquilamente? ¡Ya a uno lo tienen que estar acosando! ¡Vamos, Bautista, arranque antes de que nos rodeen y podamos matar a alguien!

Éste acató la orden arrancando el coche a una velocidad suficiente para ir rápido pero sin la probabilidad de tener algún accidente o simplemente provocarlo, ya fuese a alguna fanática del vasto séquito o a cualquier persona que anduviese o condujese por las calles de París que llevaban en dirección a la mansión de los Elle Cid/Le Blanc.

De la histeria, los nervios y el pavor que llevaba encima, Tom/Taro y Bautista tuvieron que ayudarle a bajar del coche, cogiéndole cada uno por un brazo. A Pierre se le saltaba alguna que otra lágrima.

- ¡Me han intentado violar! ¡Me han intentado violar! ¡Me han intentado violar! – repetía cada vez más nervioso y parecía que podía perder la cordura de un momento a otro -. ¡Me han intentado violar! ¡Me han intentado violar! ¡Me han int…!

- Calma, Pierre – Tom/Taro puso cada mano suya en cada hombro de Pierre para tranquilizarle -. Vamos.

Miró a Bautista y a Sebastián, el mayordomo de la mansión de los Elle Cid/Le Blanc.

- Me le llevo al cuarto. Está muy mal – les comunicó a ambos dándoselo a entender con su mirada.

- No, si habrá también que tomar medidas legales con respecto a esas locas que lo andan persiguiendo – suspiró Sebastián, poniéndose una mano en la frente -. El pobre señorito está perdiendo la salud por culpa de sus fanáticas.

'Y por muchas más cosas también, mi estimado Sebastián', pensó Tom/Taro para sus adentros, notoriamente preocupado.

Colocó uno de sus brazos para coger uno de los de Pierre para llevarle al cuarto, mientras oía protestar a Sebastián sobre los inconvenientes de ser como Pierre. Casi todas las chicas querían salir con él o al menos pasar la noche con él porque era de extraordinaria belleza física, eso para empezar. Él tenía la cara tan perfecta que había sido material de gran valor para varios anuncios exclusivos. Algunas personas afirmaban que era andrógino, porque no sabían si era hombre o mujer. Sus rasgos faciales eran finísimos y varoniles a la vez. Pero claramente Tom/Taro le veía como un hombre; no sabía de dónde se sacaban tantos las ideas de que era andrógino.

'Pero seguramente lo que más les guste a todas esas interesadas es que sea un jugador famoso en todo el mundo y sea el heredero de la fortuna de la casa de los Elle Cid/Le Blanc. Qué asco', pensó Tom/Taro con profundo rechazo.


Patty/Sanae y Andrea hablaban de sus ideas previstas para realizar en el futuro tanto a corto plazo como a largo mientras degustaban unos mantequillosos helados de chocolate, sentadas en sus respectivas toallas. Patty/Sanae le contaba emocionada sus planes de acabar la carrera de Medicina, especializarse en Medicina Deportiva y ser una gran gerente y doctora. Patty/Sanae tenía tan solo veintiún años (contaba con un año más que Andrea) y ya estaba cursando un curso más que los demás de su edad. También le contó que tenía un perfecto nivel de inglés (el idioma en el que ambas estaban charlando) y uno intermedio de alemán, el cual pensaba mejorar más y más.

- La verdad es que haces bien eligiendo esa salida; con eso ganas una pasta gansa – consideró Andrea, muy orgullosa -. Y más sabiendo un idioma como el inglés. E ir a por el alemán también dice mucho de ti.

- No me importa el dinero a ganar – contestó Patty/Sanae distraídamente mientras chuperreteaba una de las bolas de su cono de helado. Se puso roja como un tomate -. Simplemente sé que me apasiona el fútbol a más no poder y deseo ayudar en todo lo posible a los jugadores.

'A Oliver/Tsubasa, sobre todo', pensó Andrea. 'Ella por lo menos tiene esperanzas de que va a acabar con quien siempre ha querido. Lo mío con él ya es imposible'. Al pensar en eso, su rostro tornó a un gesto triste.

- Y dime, ¿qué piensas hacer en el futuro? – inquirió Patty/Sanae, curiosa; sacando así de sus pensamientos a su acompañante. Había visto su rostro triste.

- La verdad es que no lo sé. Sé que me gustaría hacer algo relacionado con la música, aunque sea editar la propia música.

- ¡Ah!, entonces sí sabes lo que quieres, Andreíta – comentó Patty/Sanae con expresión pícara.

- ¡Oh, no me llames así! – protestó Andrea estando medio en broma, medio en serio.

- ¿Tocas algún instrumento? ¿Cantas? ¿Tienes una banda en la que haces algo de eso?

- Oh, toco el piano y canto a escondidas – comentó, en un tono ligeramente triste.

Patty/Sanae se la quedó mirando, muy preocupada.

- ¿Qué problema tienes con eso? – quiso saber Patty/Sanae.

- Pues que mi adineradísimo y galardonadísimo padre no quiere que me dedique a la música de ninguna manera. Quiere que estudie Finanzas para que yo sea una de los dirigentes más importantes del banco en el cual trabaja. Dice que con la música no voy a llegar a ningún lado – empezaron a brotarle las lágrimas por sus ojos, atravesando sus mejillas de tal manera que daban el efecto de varios ríos que iban a su cauce -. Y es verdad.

- ¿Pero por qué dices eso? – inquirió una muy preocupada Patty/Sanae con un tono de voz bastante alarmado al oír la última frase que había emanado de la boca de Andrea.

Andrea se quedó callada durante unos cuantos largos segundos, dando un incómodo silencio entre las dos, hasta que pensó en algo lo suficientemente coherente para contestar.

- En lo que se dice a mí, en tocar el piano y en cantar tengo niveles bastante diferentes – comenzó a explicar -. Pienso que tengo un nivel de canto más que aceptable, pero ni de coña llego a ser profesional. Y de piano tengo un nivel medio – esta última frase la dijo con el tono más lánguido que hubiera podido emitir -. He intentado subir mi nivel, pero de verdad no tengo tanta cabeza para memorizar. Y con mi edad ya es difícil memorizar tantas cosas, y añadiéndole que empecé con once años por insistencia mía de aprender…

Ambas rompieron a reír.

- ¡Andrea, ni que fueras una vieja! ¡Por el amor de Dios!

La aludida alzó los brazos hacia arriba, en señal de no saber.

- Es verdad. Cuanto más mayor eres, más te cuesta memorizar y concentrarte.

- A mí no me pasa eso – comentó Patty/Sanae a modo de halago a sí misma -. Es cuando más retengo y tal.

- Ya, ya, ya – contestó Andrea ligeramente incómoda, como si tal comentario tuviese que ver con ella -. Algunos tenéis el cerebro privilegiado, pero ya te digo que cuando somos apenas unos críos nuestro cerebro es más receptivo a nueva información. ¡Yo no podría sacar esas notas tan altas en Medicina!

- Es una cuestión de estudiar, estudiar, estudiar y más estudiar – arguyó Patty/Sanae -. Y a eso añadirle tener que trabajar unas horas en la heladería de mis padres.

- Madre mía, qué trabajazo te pegas cada día… esto debe ser puro relax para ti, ¿no?

- ¡Oh, por supuesto! ¡No sabes qué alivio es tener solamente que estudiar, y además que eso sea observar a un jugador progresar y tomar notas al respecto!

- ¿Y la carrera de Medicina es muy difícil?

- Eso depende para quien – comenzó a explicar Patty/Sanae, entusiasmada -. Medicina tiene una nota de corte muy alto, y por lo tanto, has de tener suerte para poder estudiarla, o al menos es así en la universidad pública. Yo tengo una beca en una prestigiosa privada.

- ¡Vaya! ¡Eso es todo un logro! – admiró Andrea -. Pero también tendrás que trabajar para pagártela, ¿no?

- ¡Oh, sí! Yo pago mis estudios echándole muchísimas horas durante las vacaciones, festivos y fines de semana en la heladería para llegar al dinero suficiente. Y Arthur/Manabu se la paga siendo ayudante del doctor Ariga… - relató Patty/Sanae -. Supongo que ni tú ni Amaia llegaréis a entender eso porque venís de familias pudientes.

La europea la miró de soslayo, dándole a entender que había hecho un comentario fuera de lugar.

- Amaia no es ni de orígenes humildes ni viene de una familia de multimillonarios. Está en un término medio – explicó Andrea -. Es providente de una familia de clase media. Su padre es jefe de cirujanos en el hospital de Oxford, y su madre es profesora de Química en la Universidad de Oxford.

- Esa chica está en Milán, ¿no?

- Estaba en Milán. Pero el gilipollas de Gattuso la ha echado del Inter de Milán y ahora vive en el área residencial del club de fútbol del Piamonte/Juventus. O sea, se ha tenido que pirar a Turín – relató Andrea -. Y tiene que pegarse la paliza de ir en tren de Turín a Milán y viceversa todos los días para ir al módulo.

- Está con Dario Belli/Gino Hernández, ¿verdad?

- Como una catedral.

- Y tú… ¿Estás enamorada de alguien? – preguntó Patty/Sanae, intrigada por saber si Andrea lo estaba o no, porque ésta le había dado bastantes indicios de que sí estaba enamorada, pero a mal. Simplemente quería saber por qué.

Pegó un respiro acompañado de un salto de su asiento. Esa pregunta le había pillado ipso facto. La había dejado en shock. Pasaron un montón de imágenes de Pierre y Rivaul por su cabeza mientras se andaba haciendo trenzas con un mechón de su pelo, en señal de distracción y nerviosismo por aquella incómoda pregunta formulada por boca ajena. Pensando así en su respuesta, su cabeza se volvió cabizbaja y sus ojos soltaron apenas un par de lágrimas.

- Por desgracia, así es – contestó con un deje de voz muy abatido y apagado -. Pero él no me corresponde ni me corresponderá. ¿Y sabes por qué? ¡Porque es demasiado guapo para mí, y para cualquiera! – hizo una breve pausa para relajarse -. Bueno, no – corrigió -. Para las famosas con las que sale, es equivalente.

La expresión curiosa de Patty/Sanae pasó a ser una extrañada, porque Andrea le parecía la chica más guapa que había visto y verá y conocido y conocerá en su vida. Le parecía que tenía muchísimo parecido físico con una bella actriz francesa que había visto en una película de cine francés.

- ¿Es un jugador famoso?

- Famosísimo.

- ¿Le conozco?

- Ha jugado contra Oliver/Tsubasa en el Torneo de Francia.

- ¿De dónde viene?

- De la capital de Francia.

- ¿Es el capitán de la Selección Nacional de Francia?

- Sí.

- ¿Elle Cid Pierre/Pierre Le Blanc?

- El mismo.

'El mismo imbécil', pensó con el más profundo de sus desprecios en sus más profundos pensamientos.

Patty/Sanae estuvo a punto de pegar un salto a pesar de que estuviese sentada en el suelo.

- ¿En serio?

- En serio.

- ¿Y alguna vez llegaste a cruzar alguna palabra con él?

- Sí, pero muy pocas veces. Y todo a base de monosílabos por parte de él. Y nos llevábamos mal. Y le conocí porque fui gerente de la Selección Nacional de Francia.

- ¿Qué narices pasaba?

- Napoleón, metiches varios y fanáticas estúpidas – contestó secamente. No era por Patty/Sanae, sino porque le daba dolor de estómago recordarlo -. No es por ti; no estoy enfadada contigo. Simplemente viví ahí una de las peores etapas de mi vida y no quiero volver a pasar por eso.

- ¿Y cómo es que llegaste a ser gerente de la Selección Nacional de Francia? – preguntó Patty/Sanae -. Yo pensaba que eras francesa.

Su receptora comenzó a relatarle la historia sobre cómo aterrizó en París por asuntos del trabajo de su padre. Le relató el cómo conoció a Tom Baker/Taro Misaki en París, concretamente en el Museo del Louvre, donde trabajaba el padre de éste. Ella, por casualidad, estaba admirando algunas de las obras de las cuales estaba restaurando su padre, cuando Tom/Taro decidió darle conversación.

Le habló sobre cómo conoció a Pierre en una fiesta, y no en los entrenamientos de la Selección Nacional de Francia como Patty/Sanae pensaba. A Pierre y ella les presentaron en la fiesta (a ella le presentaron como gerente de la Selección). Él simplemente la saludó y no le volvió a ver en toda la fiesta. Le contó también que en esa fiesta acudieron todos los miembros de los equipos a los que había convocado el Torneo. Karl-Heinz Schneider, Dario Belli/Gino Hernández, Juan Díaz, el mismo Pierre, etc.

- ¿Y cómo conociste a Oliver/Tsubasa y a todos los demás?

- Tom/Taro había decidido presentármelo en dicha fiesta – contestó la preguntada con más ganas de contarlo -. Me acuerdo de que había muchísimas chicas que comentaban que era muy guapo, pero que era tan distraído que no se daba cuenta de lo que pasaba a su alrededor. ¡Si una vez una se subió la camiseta para enseñarle unas señoras domingas, y el pobre se quedó con una cara…! - añadió, desternillándose de risa.

Patty/Sanae miró al suelo, avergonzada, celosa y roja como un tomate, mientras se retorcía uno de los mechones de su ya larga media melena.

- ¡Tranquila, que no hizo nada con la tía ésa!

- ¿Te ha contado algo de sus intimidades? – inquirió una curiosa Patty/Sanae.

- ¡Qué va!; si es más soso que un yogur de agua.

Ambas se echaron a reír nuevamente.


Mark Lenders/Kojiro Hyuga se encontraba muy nervioso porque estaba yendo justo donde le había citado el entrenador Mazzantini a su representante, Daisy Gould/Kaori Matsumoto. Ésta y Mazzantini habían mantenido una charla bastante intensa con respecto a las capacidades del jugador japonés, y parecía ser que Lenders/Hyuga lo había oído todo, lo cual tendría que aportarle más tranquilidad, pero sucedía al contrario. Estaba mucho más nervioso y una tormenta de pensamientos negativos invadió su cabeza mientras su representante caminaba a su lado, siguiendo a uno de los entrenadores, el cual se disponía a abrir la ventana.

- Ahora te voy a enseñar nuestra sala de entrenamiento especial – dijo éste.

Cuando bajó el pomo, pudo ver cómo deslizaba la puerta enseñando una de las salas de entrenamiento especial más grandes del mundo, haciendo exclamar al sorprendido chico un notorio '¡Oh, madre mía!'. Aparte de disponer un espacio bastante extenso, había bastante cantidad de máquinas y cacharros que no sabía exactamente para lo que servían, pero se moría de ganas de usar uno de ellos.

- Venga, pasa.

Y no sólo el jugador había flipado con las lujosas instalaciones. La señorita Gould/Matsumoto comentaba todo el rato lo buenísimas y excelentes que eran tales instalaciones, y andaba comparándolas con las de otros clubes europeos todo el rato. El entrenador se dispuso a explicarles que cada jugador tenía sus propios aparatos, y que según los datos de éstos, se establecían menús específicos de entrenamiento para cada uno. Había un ordenador por jugador, y cada ordenador iba recopilando y almacenando datos del susodicho jugador, y que iba actualizándolos por cada progreso que hacía el jugador en cuestión.

- Lenders/Hyuga, ahora tenemos que organizar tu programa. Vengan conmigo – con la última frase también se dirigió a la señorita Gould/Matsumoto.

Les hizo una seña con la mano de que viniesen con él y éste abrió una puerta. Se pudo encontrar a dos sujetos allí; uno de ellos manejando el ordenador y la otra tomando apuntes en un ordenador chiquitito, ambos sentados en confortables sillas. El primer individuo era alto, ancho de espaldas, de constitución atlética, pálido, el pelo rubio peinado hacia atrás y los ojos de un azul muy pálido. A Lenders/Hyuga le dio la impresión de que el hombre era serio y algo hostil. La segunda sujeta era alta, delgada, voluptuosa, notablemente pálida, de larguísimo y liso cabello castaño muy oscuro y ojos de color aguamarina mezclado con una tonalidad muy pálida de gris. A ella la reconoció enseguida, y pensaba que ésta no le reconocería, pero se equivocó notablemente: ésta le lanzó una mirada furtiva, la cual le impactó muchísimo por la gama cromática que manejaba. Le dio la sensación de que le miraba un muerto, porque el color de sus ojos era muy claro, y más lo acentuaban sus dispersas ojeras transitorias, las cuales eran de un color entre grisáceo y amarronado. El entrenador giró sobre su silla.

- ¿Es usted Mark Lenders/Kojiro Hyuga?

- Sí – respondió el muchacho.

- Él es quien lleva todo esto – explicó Bianchi, quien les había acompañado hasta donde estaban.

- Es el preparador físico del primer equipo – declaró Daisy/Kaori -. El señor Mazzantini.

Mazzantini se le quedó mirando fijamente, y Lenders/Hyuga decidió devolvérsela por educación y gratitud.

- Mucho gusto en conocerle – añadió con una ligera sonrisa.

Su interlocutor entornó los ojos, así juntando sus cejas y acentuando sus patillas de gallo y sus bolsas de debajo de aquellos. Le miró fijamente durante unos cuantos segundos hasta que decidió articular palabra.

- Bueno, ahora tengo que revisarte a fondo – recordó con un ligerísimo desdén y mucho cansancio en su voz.

Lenders/Hyuga interpretó ese tono de voz como que estaba muy cansado, pero no le había terminado de gustar del todo. A continuación la voz del entrenador se dirigió hacia su ayudante:

- Amaia, ayúdame a colocar los artefactos necesarios para hacer el análisis corporal.

Ella preparó las máquinas en absoluto silencio, sabiendo lo que su jefe pensaba.


Después de ver por el ordenador la estructura muscular del jugador analizado, pudo ver los posibles resultados y desempeño de éste a través de una amplia tabla de números de cinco dígitos, los cuales se movían continuamente de arriba abajo y hacia los lados y cambiaban muy rápidamente entre unos y otros. Mazzantini pudo apreciar en el gráfico de la figura humana una parte roja, la cual le daba muy mala espina, y decidió ampliarla para ver qué era. Su mirada era de angustia. Puso una serie de datos en el ordenador y los guardó, llegando a su conclusión final.

- Justo lo que me pensaba – sentenció. Caviló por unos cuantos segundos, mirando tanto a Daisy/Kaori como a Bianchi -. ¡No me puedo creer que hayamos firmado un contrato con este muchachito!

Ese 'muchachito' escoció a los oídos de los cuatro presentes restantes.

'¿Muchachito?', consideró Amaia, colocándose sus gafas negras de Ray-Ban de pasta, cuya montura tenía ambos extremos de arriba más afilados, simulando el ojo de un gato. A continuación dejó escapar una ligera risa desdeñosa apenas audible.

- ¡Señor Mazzantini! – exclamó Daisy/Kaori en tono de reproche.

El aludido volvió a girar su silla hacia el despreciado una vez que hubo terminado de reunir los suficientes datos como para hacer un análisis del chico. Amaia simplemente volvió a su tarea, viendo el correo que le había mandado su jefe para completar su recolección de datos, el cual contenía todos los datos, tanto escritos como gráficos. Abrió los distintos archivos y empezó a hacer una investigación sobre cómo hacerle un posible entrenamiento individualizado, si es que había posibilidad de ello. Compartía con Mazzantini su opinión de que no tenía el cuerpo suficiente como para pertenecer al equipo torino.

- ¡Querido Mark Lenders/Kojiro Hyuga, no puedes jugar en la Liga Italiana con tales características corporales!

El mencionado se sintió muy mal con esas palabras que había articulado el entrenador Mazzantini, y además cada vez le gustaba menos su tono de voz.

- ¿Cómo? – exclamó, indignado -. ¿Qué quiere decir con eso?

- Te lo demostraré – buscó las pruebas gráficas -. ¿Ves? – evidenció, señalando éstas con la mirada -. Tu pierna derecha está excesivamente desarrollada en comparación con la izquierda – dio un largo suspiro después de dar ese ejemplo como breve explicación -. Esto no me gusta nada. Tienes el peor equilibrio que jamás he visto. ¡No puedo creer que hayas jugado partidos internacionales!

Lenders/Hyuga estaba completamente atónito, sacado de lugar. Él había jugado partidos internacionales, lo cual decía mucho de él. Y consideraba en su medida que era un buen jugador, y que valdría de sobra para entrar en el primer equipo. ¿Y se tenía que encontrar con esto? Sus ilusiones se vieron destrozadas en cuestión de segundos, alternando su mirada entre Mazzantini y los gráficos mostrados por él.

- Señorita Gould/Matsumoto, ¿cómo demonios nos ha traído un jugador así? – gritó el hombre, histérico.

- Señor Mazzantini… - musitó ella con una mano en el corazón.

- ¡Ella no tiene nada que ver en esto! – vociferó Lenders/Hyuga, haciendo de barrera protectora entre su mánager y el entrenador -. ¿Qué tiene de malo mi cuerpo? ¡Venga, dígamelo!

El italiano se levantó de su asiento girando sus talones hacia su receptor, soltando un bufido nada disimulado. No le había gustado nada el tono con que se lo había dicho.

- Creo que todo – concluyó, haciendo una visión general sobre el asunto -. Tienes un problema muy serio – se acercó hacia él unos cuantos pasos, y empezó a señalarle con el dedo -. Mark Lenders/Kojiro Hyuga, tu cuerpo no es apto para un futbolista, ¡y no vale ni para descargar camiones! – hizo énfasis en la última frase.

La última frase le había llegado al alma de Mark Lenders/Kojiro Hyuga. Se quedó completamente en blanco por unos cuantos segundos, para después llegar a la ira. Miraba al entrenador con el mayor odio posible mientras mantenía la compostura digna de un tigre al acecho de su presa, tal y como le había enseñado su estimado entrenador Jeff Turner/Kira Kozo.

- ¿Cómo se atreve a decirme eso? ¡Sinvergüenza!

- Mira, niñito de papá – comentó Mazzantini con evidenciada burla y sarcasmo, manteniendo su índice en alto e inclinando su cabeza hacia Lenders/Hyuga para evidenciar que él tenía la razón -. No sé cómo has estado entrenándote, ¡pero se nota lo atrasado que está el fútbol japonés!

A Mark/Kojiro se le pusieron los ojos como platos de la indignación y la sorpresa, y su boca se torció en un simple gesto brusco.

- ¡Quien quiera que sea, no tiene derecho a juzgarme antes de verme jugar! – dicho esto, le agarró por el cuello del polo para hacerle ver quién mandaba -. ¡Es usted un impresentable!

- ¡Basta, Lenders/Hyuga, no pierdas el control! – le gritó, asustada.

Amaia estuvo tentada de decirle algo, y estaba a poco de soltárselo, pero no lo hizo. Los análisis habían hablado claramente. Lenders/Hyuga no tenía el cuerpo adecuado para ser un futbolista de alto rendimiento, y probablemente jamás lo sería. Y además el comportamiento que estaba teniendo ahora no le ayudaba precisamente a subir puntos para estar en el equipo. Asimismo, era lo que quería. Que le echasen pronto del equipo para no tener que volver a verle la cara. Torció su gesto bucal en una mueca y entornó los ojos, porque había oído decir que tenía muchísima suerte a pesar de tener el comportamiento que tenía, y eso era algo que la sacaba de quicio.

Lenders/Hyuga, ajeno a su alrededor, seguía sujetando a su oponente por el polo, empeñado con la idea de hacerle saber al tal Mazzantini que no tenía derecho a humillarle de la forma en la que lo estaba haciendo, y que tendría que saber lo que es bueno. Seguía sosteniéndole por el centro del polo, logrando levantarle tenuemente del suelo, rozando las puntas de sus deportivas con el suelo.

Pero la expresión de Mazzantini no cambió en lo más mínimo. Se mantenía impávido. Se mantenía firme. No pensaba cambiar de idea nunca, en lo que él pensaba.

- Para que lo sepa, no me importa en absoluto que me critique a mí. ¡Pero no permitiré que critique de mala manera el fútbol japonés!

- Cállate, listo – le respondió el mentado, quien se esforzaba en contener su furia, dado que estaba en un puesto de responsabilidad -. ¡No te saldrás con la tuya esta vez!

- ¡Mark/Kojiro, por favor! – rogó Daisy/Kaori, desesperada y pavorosa a partes iguales -. ¡No sigas ese camino!

El tira y no afloja de Lenders/Hyuga y Mazzantini no cesó hasta que se oyó el ruido del pomo abriendo la puerta, provocando que quien había acabado de entrar viese todo el panorama, el cual se apresuró a desmontarse. Lenders/Hyuga soltó a Mazzantini del impacto, y éste se colocó el polo. Aunque no se notase, estaba bastante atemorizado con la reacción del chaval y sudaba la gota gorda.

'¡Joder, qué miedo me da este chaval!', pensó, quedándosele mirando con los ojos ligeramente desorbitados.

- A ver, ¿qué sucede aquí? – preguntó el sujeto recién entrado. Se había enterado de toda la escena pero quería oír la versión de cada uno de los presentes. A lo mejor él se equivocaba y era otra cosa la que estaba sucediendo, pero su intuición estaba muy cerca de lo que estaba pasando en plano real -. ¡Lenders/Hyuga, Mazzantini, decidme qué está pasando aquí!

Mazzantini simplemente intercambió una mirada con el entrenador principal. Dio un par de pasos hacia atrás, un par a la derecha, el lado contrario con respecto a su agresor, se hizo a un lado con respecto a él haciéndole un gesto con la mano que decía que ya se encargaría de explicarle todo el marrón, porque sabía lo furioso que estaba y que no estaba en condiciones de explicar nada. No tenía ninguna intención de fastidiar de algún modo al chico por lo que le acababa de hacer, sino que tenía otras intenciones en mente. Se acercó al entrenador y entre ellos hablaron unas cosas que Lenders/Hyuga no podía oír, pero que éste sabía perfectamente que eran relacionadas con él.

Tras un lamento de Daisy/Kaori, unas miradas permutadas entre Lenders/Hyuga, Mazzantini y el superior, unos cuantos suspiros de la anterior mencionada acompañados de un ligero y nervioso pero lento taconeo, otra tanda de miradas entre Lenders/Hyuga y el superior hasta que el último decidió tomar la palabra tras casi dos minutos de incómodo silencio. Antes de eso, le dio media espalda a Mazzantini para aclarar que lo había entendido y que se encargaría de aquello.

- Lenders/Hyuga, tengo que hablar contigo en privado – anunció, mirándole directamente.

- Sí, señor – aseguró éste, dando unos pasos hacia adelante encaminándose al entrenador.

La mueca despectiva que torcía la boca de Amaia se había convertido en una sonrisa triunfal.

'¡Qué bien! ¡Por fin le echarán y así no podrá hacer de las suyas! Bien, porque así tampoco tendré que verle', pensó, muy contenta.

Pero su feroz sonrisa, la cual mostraba levemente los dientes, fue sustituida de inmediato por una mueca de tristeza. Su mente se iba todo el rato a los pensamientos relacionados con Dario/Gino. Era cierto que estaba lejos de él y que no podía verle cada día, y eso le pesaba aún más con la carga de que estaban pasando por una situación complicada debido a todas las peleas que habían tenido anteriormente. Recordaba que se ponía bastante violento tanto física como verbalmente, muchas veces venía bebido y que a causa de que había hecho lo imposible por ayudarle y quitarle la bebida de en medio si estaba en un lugar cercano donde la pudiese ver, habían tenido varias peleas importantes. Se acordaba de todas las escenas en las que él la gritaba, la reprochaba que no le ayudaba lo suficiente, la agarraba de las manos o simplemente la hacía llorar. Y ya habían pasado algo más de tres semanas desde que fue echada por Gattuso del Inter de Milán y la contactó Mazzantini, quien se la recomendó a su vez a Carlo Monetti. En parte se sentía mucho más tranquila porque ya no tendría que aguantar las burlas, desprecios y comentarios machistas e hirientes de Gattuso, y además porque no se llevaba nada bien con algunos miembros de la plantilla del Inter de Milán A, el equipo en el cual hacía sus funciones y estaba Dario/Gino de capitán. Y una de las razones por las que estaba más aliviada la hacía sentirse a su vez más triste era él. Estaba aliviada de tenerle lejos después de la trifulca que tuvieron, pero le echaba muchísimo de menos.

Se le escaparon varias lagrimillas por los ojos. Aprovechando que todos se habían marchado, salió por la puerta y tomó el pasillo más corto para salir afuera. Una vez se hubo aposentado de pie en una de las paredes, sacó primeramente una diminuta botella de ron, a la cual le dio un trago. A la vez que la guardaba cuando le dio el trago pertinente, sacó un mechero y un paquete de cigarrillos, el cual abrió, extrajo un largo cigarrillo de él, lo cerró y lo metió nuevamente a su bolsillo. Una vez que encendió el mechero y lo acercó a la columna del cigarrillo, lo guardó y se puso el cigarrillo en la boca.

Unos minutos después de que se sumergiese por completo en sus pensamientos, o eso al menos creía ella, porque oyó unos pasos muy familiares acercarse a ella. Desprendía un aroma a un famosísimo y carísimo perfume de alta gama, pero lo percibió como algo agradable porque venía en cantidades muy dispersas y muy dosificadas. Sabía la auténtica esencia de alguien de buena familia, y le fastidiaba que muchísimos chavales se creyesen de dinero cuando en realidad no lo eran.

- ¡Salvatore! ¿Qu-qué haces aquí? – soltó una pasmada Amaia, a la cual estuvo a punto de caérsele el cigarrillo de la boca.

- Simplemente quería saber cómo estabas – contestó él, viendo sus ojos, los cuales habían llorado recientemente. Le puso una mano en uno de sus hombros -. ¿Cómo van las cosas?

- Van bastante bien para mí. No tengo que aguantar las gilipolleces de Gattuso, tengo una vida de compaginación entre módulo y trabajo de ayudante que llevo a veces como puedo y veces como quiero, estoy tranquila… - explicó Amaia dándole otra calada a su cigarrillo.

- Me refiero a cómo van con Dario/Gino – insistió Salvatore.

Como primera respuesta, a ella se le cayó el cigarrillo de la mano, el cual por su fortuna, estaba por menos de la mitad. Se le escapó una lágrima que enseguida intentó secar con la mano con la que había sostenido aquel cigarrillo, pero a causa de que ésta estaba algo llena de polvo, se le transfirió a los ojos y se los frotaba. Cuando hubo terminado de quitarse el picor que había en sus ojos, los cuales se habían quedado enrojecidos y ligeramente hinchados, le dirigió a Salvatore una mirada de odio. Él, por su parte, pisoteó el cigarrillo que estaba en el suelo para disimular.

- ¿Por qué me has tenido que hacer esa pregunta, Salvatore? – espetó Amaia, conteniendo su furia y sus ganas de llorar -. ¿Por qué me has tenido que hacer esa pregunta?

Ella le hizo mirarla fijamente a los ojos por unos cuantos segundos, hasta que ésta decidió seguir hablando, algo más calmada:

- Sabes que las cosas entre Dario/Gino y yo no van muy bien – carraspeó por unos segundos -. Corrección, nada bien – hizo énfasis en las dos últimas palabras.

- Dario/Gino me lo contó todo – le informó Salvatore.

- ¿Y entonces por qué has venido a mí? – inquirió, desconcertada.

- Simplemente quería darte mi apoyo.

- Muchas gracias, Salvatore – contestó ella, agradecida.

Salvatore sabía que por la expresión que estaba adoptando su amiga, decidió abrazarla levemente. Ésta lo aceptó.


- Muchas gracias por darme esta oportunidad, entrenador Monetti – agradecía Mark/Kojiro.

- No me importa que tengas una parte del cuerpo más desarrollada que otra, Mark/Kojiro. Simplemente quiero que marques goles; eso es todo. Puedes retirarte en paz.

Se había detenido a escuchar cerca de la puerta cuando estaba por subir a uno de los despachos para ponerse a hacer tarea pendiente y estudiar, una vez que hubo terminado de modificar las fichas de todos los jugadores del Piamonte/Juventus, tanto titulares, suplentes como recién llegados. Quería comprobar por su cuenta si era cierto lo que decían de Lenders/Hyuga.

Oyó los pasos de Lenders/Hyuga dirigirse a la puerta con el fin de salir. ¡No se podía creer lo que había oído! ¡Era cierto! Los ojos de Amaia se enchisparon con mucha fuerza; parecía que echaba rayos fulminantes por ellos.

'¡No me lo puedo creer!', pensó, con profunda rabia. '¡Al final se queda en el equipo!'.

Se posó en una de las paredes, en la cual intuyó que iba a estar más cerca de Lenders/Hyuga. Sus cejas descendieron hacia abajo juntándose con sus encolerizados ojos, y su boca se convirtió en una mueca furiosa, la cual enseñaba todos los dientes. Sus manos se convirtieron en puños cerrados y fuertes, los cuales empezaron a temblar al son de su boca y su cuerpo. Para su fortuna llevaba su portátil en una bandolera, cuyo asa se sujetaba de uno de los lados de su cuello, el cual garantizaba que de ninguna manera se caería el portátil.

Cuando vio las piernas de Lenders/Hyuga asomar por la puerta del despacho de Carlo Monetti, hizo notar su presencia poniéndose en una de paredes que daban dirección al frente de la oficina de éste. Por su suerte, éste se dio cuenta y Amaia le pudo decir lo siguiente con un tono mordaz:

- I see you're lucky despite what you have done to Mazzantini (Vaya, veo que tienes suerte a pesar de lo que le has hecho a Mazzantini).

Aunque pareciera que no sabía nada de intuición, él sí lo notó.

- I can't believe they accepted you in the club with the ways you have (No me puedo creer que te hayan aceptado en el equipo con las maneras que tienes).

No obstante, pensaba que ella tenía razón, pero no consideraba el permitir que ésta lo vejase así.

- Ey, if you have a problem with me, isn't my guilty! (¡Oye, si tienes un problema conmigo, no es culpa mía!) – espetó Lenders/Hyuga, furioso.

- I think the one with a problem with you are you, smart guy (Me parece que el que tiene un problema contigo eres tú, listillo) – soltó Amaia áspera a la vez que resentidamente -. And also with those around you, from what I see (Y también con los de tu alrededor, por lo que veo).

- Do you see how the one with a problem with me are you, Stewart? (¿Ves como la que tiene un problema conmigo eres tú, Stewart?) – atravesó él satíricamente, mirándola de arriba abajo.

Peor para él. La había llamado por su apellido, lo que había ocasionado que Amaia le mirase aún peor, dando unos cuantos respingos airados. ¿Cómo se atrevía a burlarse de ella de esa manera? ¡Pues sí que tenía un problema con él! Y eso empezaba por llamarla por su apellido sin ser un entrenador o un superior, y además usarlo como una especie de despectivo que ella conocía pero a la vez desconocía.

- Look, I don't know that kind of tare you'll have, but it's clear that apart from being someone violent, you have a high problem of ego! (¡Mira, yo no sé qué clase de tara tendrás tú, pero está claro que aparte de ser alguien violento, tienes un alto problema de ego!) – gritó, completamente fuera de sí.

- You don't know me, so you can't say if I'm violent or egocentric! (No me conoces, ¡así que no puedes decir si soy violento o egocéntrico!) – vociferó el otro, arrebatado.

- Oh, of course I can say you're violent and self-centered, nothing more and nothing less because I have seen and felt it! (¡Oh, claro que puedo decir que eres violento y egocéntrico, nada más y nada menos porque lo he visto y sentido!).

- And why am I violent and egocentric, according to you? (¿Y por qué soy yo violento y egocéntrico, según tú?) – preguntó Mark/Kojiro, desafiante.

Amaia le miró con odio.

- Ha, do you want me to tell you why? (Ah, ¿quieres que te diga por qué?) – contestó ella en forma de pregunta, furiosa y arrogantemente -. You're violent because you physically assaulted fitness coach and self-centered because you think I have a problem with you (Eres violento porque has agredido físicamente al entrenador físico y egocéntrico porque te piensas que tengo un problema contigo).

Mark/Kojiro la miró con vergüenza. Sabía perfectamente que había sido un chico muy violento y que todos sus problemas con la gente que le hacía daño los solucionaba castigándolos físicamente, y sabía de sobremanera que tenía que mejorar sus formas, pero el que se lo recordase esa semi desconocida no le gustaba nada, y menos en las burdas maneras en las cuales lo estaba haciendo. ¿Quién era ella para tratarle y juzgarle de aquella manera?

- De verdad, eres de lo peor – resolló Amaia -. Eres de la peor calaña. Puede que Mazzantini se haya pasado con sus comentarios, pero tú has sido la gota que ha colmado el vaso. Que yo haya visto, no he visto a absolutamente ningún jugador comportarse como lo has hecho tú.

- Hablas como si llevaras trabajando años aquí, cuando en realidad eres una cría que ha estado aquí por unas pocas semanas – calificó Lenders/Hyuga a modo de burla.

- ¿Y tú qué sabes si he estado trabajando aquí por días, semanas o años, eh? ¿Y qué sabes tú si soy una cría o dejo de serlo? – estalló Amaia con la voz ahogada por la furia, enseñando los dientes -. ¿Sabes la edad que tengo, mis circunstancias, mi vida en general, eh?

- Ni falta que me hace – contestó él con toda la tranquilidad del mundo, intentado ser indiferente a los gritos de su receptora.

Amaia se había quedado muda ante la última frase. Se le había quedado mirando fijamente cuando había formulado tales palabras.

- Ah, el mismo que dice que no le gusta que le juzguen sin conocerle, va y hace lo mismo – comentó Amaia, indignadísima -. Es el colmo.

- Deja de hacerte la indignada, Stewart – advirtió Mark/Kojiro con tono de advertencia, alzando un dedo -, porque tú lo has hecho primero.

La aludida inclinó ligeramente la cabeza hacia un lado mientras le miraba con el ceño fruncido, mirándole de arriba abajo. Se llevó una mano a la cintura, apoyando la muñeca, dejando la mano y los dedos sueltos, situados ligeramente por detrás de la espalda.

- Mira que no lo he llegado a pensar nunca – empezó a decir de manera irónica -, pero casualmente mis primeras opiniones preconcebidas sobre una persona siempre aciertan.

Esta vez Lenders/Hyuga no tuvo ninguna palabra para contraatacarla.

- Deberías pensar en comportarte mejor – fue aconsejando Amaia de manera áspera -, porque vas a estar en uno de los clubes europeos de élite más importantes del mundo; si es que estás – ese 'si es que estás' lo había dado a evidenciar con un tono burdo e irónico, dejando un espacio de unos cuantos segundos entre la frase anterior antes de formularlo.

Lenders/Hyuga no daba crédito a lo que oía. Esas cuatro últimas palabras le habían dado rabia, y se la daban todavía más cuando se trataba de alguien que le tuviera atravesado por lo que fuera, como era el caso de Amaia, quien creía que no le conocía bien, pero sabía colmadamente cómo era él. Éste apretó los puños con toda su vasta vigorosidad. Le habían llegado al alma como dardos envenenados. Pero no sabía por qué se enfadaba, si el mismo Carlo Monetti le había acabado de decir que formaría parte del equipo, que necesitaban a un delantero que metiese goles.

- Con esa actitud, te echarán de aquí en menos de una semana – señaló Amaia tras observar la expresión corporal de su enemigo -. Hay candidatos que te dan mil vueltas y ni siquiera han reparado en su existencia por falta de contactos. De no ser por Gould/Matsumoto, tampoco habrían reparado en la tuya aunque hayas participado en el Torneo de Francia hace al menos cinco años.

- Ya estoy harto de ti y de tu mierda – concluyó Lenders/Hyuga así cortándola, colocando sus piernas y su tronco en dirección al pasillo, dando unos lentos pero firmes pasos -. Me voy. Adiós.

Dejando a Amaia con la palabra en la boca, se fue lo más lejos de ella que pudo dando pasos grandes y rápidos. Como reacción a eso, ella empezó a maldecir, a gritar y a dar pisadas al suelo, como una niña. Viendo que el otro ya se había ido por completo, y que no le había cundido la retahíla de insultos, maldiciones, amenazas, advertencias y gritos, decidió tranquilizarse. Su gran enfado había ocasionado que sudase muchísimo, estuviese nerviosa, temblorosa y más roja que un tomate. Ella, después de congelada y furiosa varios minutos, también emprendió su marcha por el lado contrario por el que Lenders/Hyuga se había largado. Ni siquiera quería tomar el mismo camino que él había tomado. Pero su decisión le hizo tener que recorrerse el piso entero y parte del que estaba por encima para ir al despacho que había tomado como suyo.

Una vez hubo entrado al despacho, se sentó en el sillón móvil, refunfuñó por lo bajo unas cuantas palabrotas en italiano y abrió el portátil. Y de ahí fue a abrir el correo electrónico, el cual contenía un mensaje de Andrea, que rezaba así:

Para: Amaia Leire Stewart.

De: Andrea Genoveva Rosier.

Ya hace unos días que regresé de Hawái; casi dos semanas que han pasado. Oliver/Tsubasa tiene todas las papeletas de conseguir un puesto de titular en el Barcelona/Cataluña, lo cual me alegra mucho porque el esfuerzo paradisíaco que me ha supuesto irme a Hawái para ayudarle junto con el doctor Ariga han dado resultados, y además muy buenos. Y lo más mágico y mítico de todo es que cuando tuvo un desmayo, apenas tardó dos horas en recuperarse y fue a entrenar nuevamente, lo cual dice mucho de él. Está hecho del material necesario para ser un auténtico jugador de élite.

Cuando el partido finalizó, el entrenador se decantó por colocarle en un partido oficial, con el primer equipo, como titular. Un celoso ha comentado que Oliver/Tsubasa parece El Elegido, y que solamente le faltaba tener una puta cicatriz en la frente. Rivaul le ha puesto en su lugar pero bien rapidito. Me gusta cada vez más.

Por cierto, ¿qué tal en el Piamonte/Juventus? ¿Y qué tal llevas lo de Dario/Gino?

Hasta donde leyó, Amaia se mostró especialmente molesta porque a su amiga parecía que le iba bien en la vida y a ella le trataba a palos. Le gustaría tener algo agradable que contar, pero pensó en que la única manera de desahogarse que tenía era hablando de los días de mierda que había tenido últimamente.

Antes de contestarle nada a Andrea, se levantó del sillón para dirigirse la ventana, la cual le pillaba muy cerca del sillón, de la mesa y del portátil. La abrió de par en par, ambas al mismo tiempo. A pesar de que hacía fresco en el propio despacho, su cuerpo le insistió en que entrara al mismo despacho el frescor del aire de fuera porque todavía estaba el calor de la cólera en él. Se desató la bata y dejó que el aire entrara por su pronunciado escote, y le dio especial satisfacción cuando el aire penetró en el canalillo ligeramente sudoroso que formaban sus vastos pechos. Tuvo ánimos de quitarse también la negra y entallada camisa que portaba pero se contuvo quitándose solamente los botones de arriba, terminando de mostrar el pecho. En el Piamonte/Juventus no tenía tanta libertad corporal ni tanta intimidad como lo tenía en su anterior equipo. Un punto menos con respecto al Inter de Milán.

Cuando terminó de beneficiarse del viento expuesta en frente a la ventana abierta, decidió tomar de nuevo su asiento y pensar en qué respuesta darle a su amiga. Le dio muchísima risa la comparación que habían hecho con Harry Potter. La respuesta que estaba escribiendo era bastante distinta a la que pensaba escribir antes:

Para: Andrea Genoveva Rosier.

De: Amaia Leire Stewart.

¿En serio han comparado a Oliver/Tsubasa con Harry Potter? ¡Qué original e ingenioso quien lo haya dicho! Tía, en serio, me he muerto de risa con esa comparación. Y de hecho, me voy a animar a hacer otra comparación de Oliver/Tsubasa: es como Dios, porque milagrosamente tras un grave desmayo de casi dos horas volvió a entrenar como si nada.

Debo admitir que estoy bien en el Piamonte/Juventus. Bueno, estaba, porque Lenders/Hyuga ha sido admitido en el equipo a pesar de que ha agredido físicamente al entrenador físico. Y cuando he ido a decirle sus cuatro cosas, se ha puesto farruco y se ha largado a tomar por culo, sin escucharme siquiera. ¡Ese chico es de lo peor! Ni siquiera Willem Arminius se comporta de las maneras en las cuales lo hace El Elegido de la señorita Gould/Matsumoto, y mira que es bastante imbécil.

Y Dario/Gino y yo no hemos hablado desde hace dos semanas… él está con sus asuntos de capitán del Inter de Milán y yo con los míos de gerente del Piamonte/Juventus.

¿Sabías que Benji/Genzo ha comenzado ya a debutar en la Bundesliga?


Se inauguraba la Liga Alemana con el debut del partido entre el Roland FC y el Grunwald FC/Hamburgo FC, en el estadio del Roland. La primera parte del partido se había quedado en empate, y ninguno de ellos tenía un solo gol. La gente aclamaba a Benji Price/Genzo Wakabayashi, quien había hecho un gran trabajo deteniendo todos los tiros a puerta de la estrella del Roland, Schuster, quien era antiguo miembro del equipo contrario.

Tal partido se retransmitía a todo el mundo, e influenciaba tanto a las masas que había llegado el punto de que las tiendas de comida habían dejado de atender a la clientela. Un claro ejemplo era una chica rubia que atendía una hamburguesería, quien estaba apoyando los codos en la barra. La vieja televisión estaba pegada y colocada en una de las paredes laterales, dando lugar a que la dependienta estuviese ligeramente inclinada hacia arriba.

El segundo tiempo estaba a punto de comenzar. El Roland quería ganar el partido a costa del duro enemigo del Grunwald FC/Hamburgo FC, y así coger el ritmo para toda la temporada. El partido había trascurrido entre vítores y abucheos de parte de los hinchas de ambos equipos, las miradas lujuriosas de las fans de Benji/Genzo, las patadas al balón y los chuts a puerta de Schuster, las magníficas paradas de Benji/Genzo, unas cuantas fanáticas del atractivo Schuster enseñando los pechos a través de las camisetas y una pelea de dos grupitos, cada uno de uno de los dos equipos que jugaba.

El segundo tiempo del partido estaba tocando a su fin. Frank Schuster, el capitán del Roland, avanzaba con la pelota en el centro del campo, con una mirada nerviosa y decidida a la vez para marcar el gol que le daría la victoria al Roland. Le rodeaban el delantero Manfred Margus, quien le acompañaba en la banda izquierda, y el recién ingresado miembro, quien venía de Uruguay, Ramón Victorino, quien lo hacía por la izquierda. Éste último era apodado como El Guepardo Negro de Sudamérica. Los tres jugadores mencionados eran los jugadores estrella del Roland, y la gente comentaba muy a menudo que éstos hacían una feroz ofensiva con la que habían salido ganadores en sus anteriores partidos.

Schuster empujó con la punta de los dedos de uno de sus pies la pelota con la intención de querer hacer un tiro en el aire, o eso era al menos lo que quería que pareciese, porque no tiró a puerta, sino que esperó a descender con el balón y darle a pelo contra la portería contraria. Pero para su desgracia, el chut fue demasiado lento y la defensa del Grunwald/Hamburgo estaba muy atenta. Ramón Victorino, aprovechando que el balón estaba en el aire, y aún no tan cerca de la portería de su enemigo, fue corriendo a darle un chut rápido y fuerte, el cual encauzó a la portería de Benji Price/Genzo Wakabayashi, quien lo detuvo con relativa facilidad. De no haber sido por el ligero error de cálculo que cometió Victorino al tirar a puerta, hubiera anotado gol.

Schuster, apresurado y nervioso a partes iguales, apartó a un defensa con la mano tirándole hacia atrás, así llevándose el balón. Hizo un pase rápido mandándosela a Manfred Margus, quien tiró a puerta, sin éxito. Éste alabó a Benji Price/Genzo Wakabayashi.

Por su parte, Benji/Genzo consideró que todos jugaban al ataque justamente como él esperaba.

'Es el partido inaugural. ¡Voy a demostrar lo que valgo!'.

Tiró de una patada hacia arriba el balón mandándoselo por accidente a uno de los defensas de su equipo, el cual estaba rodeado de un enorme jugador del Roland, pero para su fortuna el defensor del Grunwald/Hamburgo atinó con la cabeza y le mandó la pelota al capitán Bausler, quien empezó a correr con ella en dirección a la portería del Roland.

- ¡Y marca! – anunció el locutor que narraba dicho encuentro -. ¡Bausler marca el primer gol del partido a favor del Geunwald/Hamburgo! ¡Qué gran contraataque! – halagó -. ¡No sé si podrá reaccionar el Roland!

Bausler corrió enérgicamente levantando los brazos por todo el campo, interactuando brevemente de manera gestual con sus aficionados. Quería celebrar el gol que había metido.

Se encontraban en tiempo de descuento, y los fanáticos aullaban más que nunca. Schuster iba corriendo desesperadamente tras la pelota con la esperanza de marcar por lo menos el gol que les diese el empate, porque veía bien claro que no podían marcar más de uno, y con suerte. Ya había comprobado la magistral calidad de Benji Price/Genzo Wakabayashi como portero, y tendría muchísima suerte si lograba endosarle un gol. Todos los jugadores del Roland sabían que no podían permitirse perder su partido de casa, y por eso apuraban todos y cada uno de sus movimientos a su favor. Manfred Margus y Ramón Victorino rodeaban a dos jugadores del Grunwald/Hamburgo para hacerles marcaje y no pudiesen pasar la pelota a ningún lado. Pero el partido podría terminar en cualquier momento, por lo que podría ser la última ofensiva que haría el Roland, y por lo tanto, su última oportunidad de marcar gol. Schuster hizo un juego de pies para terminar de quitarle el balón a uno de sus oponentes y corrió con todas sus fuerzas hacia Benji/Genzo.

El partido se desarrollaba con una gran fuerza por parte de ambos equipos. El marcaje que uno de los hamburgueses recibía por parte de Victorino era muy estrecho, pero éste aprovechaba cada oportunidad para marcar a quien fuera. Los jugadores del Grunwald/Hamburgo no veían la hora de que tocase el silbato. Se les veía cansados tanto física como mentalmente, y una evidente prueba de ello eran sus caras rojas y sudorosas y sus cuerpos temblorosos y agotados, pero hicieron el esfuerzo de mantener a Schuster lejos de la portería. Otro juego de pies para penetrar en la defensa de Hamburgo, pero ésta retrocedió.

Benji/Genzo identificó el movimiento de Schuster como defensa ofensiva y salió corriendo de la portería para intentar atrapar el tiro en el momento. Éste sorteó con suma facilidad al defensa hamburgués y parecía que le había salido bien la jugada, pero perdió el equilibrio justo cuando iba a chutar, lo que le facilitó más el trabajo a Benji/Genzo, quien cogió la pelota sin esfuerzo. Schuster cayó al suelo de espaldas. Unos instantes después sonó el pitido final del partido.

- ¡Y se acabó! – comunicó el locutor -. ¡Uno a cero! ¡El Grunwald/Hamburgo gana el partido inaugural fuera de casa en el Roland Stadium!

Benji/Genzo apretó los puños y los alzó en señal de que había desempeñado bien el partido. Sin embargo, Schuster, Margus y Victorino estaban muy decepcionados, indignados y sorprendidos a partes iguales. El público reaccionaba de distintas maneras. Los hinchas del Grunwald estaban muy contentos, y lo celebraban bien cantando, emborrachándose o simplemente a levantar las banderas y las camisetas del equipo. Los del Roland estaban mucho más silenciosos, pero no faltaba alguno que otro que chillaba, insultaba o se emborrachaba. Victorino soltó una patada al césped junto con un par de palabrotas dichas en español.


Una bandada de palomas sobrepasó el despejado cielo de Cataluña, especialmente en uno de los campos de entrenamiento de su equipo.

Tras las verjas del campo del primer equipo había un número bastante reducido de periodistas para lo que solía verse. Todo el mundo comentaba y preguntaba acerca sobre Oliver/Tsubasa:

- Oliver/Tsubasa se las está ingeniando para que no le dejen fuera del equipo – comentó uno de los reporteros japoneses con una gran sonrisa dibujada en su rostro.

- Sí – reafirmó su compañero -. Ha estado jugando con los reservas pero lo está haciendo muy bien en los partidos de entrenamiento – tomó un respiro -. No será titular en el partido inaugural, pero tal vez se siente en el banquillo de los reservas.


El entrenador Van Saal observaba a sus jugadores ponerse los respectivos petos para jugar el partido de entrenamiento. Sus ojos se posaron en Oliver/Tsubasa.

- ¡Oliver/Tsubasa! – llamó Van Saal.

El mencionado dio la vuelta y caminó unos cuantos pasos como un soldado lo haría con su superior en el ejército, solo que sin llevarse la mano extendida a la frente.

- ¡Sí!

- Hoy jugarás en el centro del campo por la derecha con el equipo A.

Oliver/Tsubasa puso una mueca de sorpresa.


- ¡El entrenador quiere que Oliver/Tsubasa juegue con los titulares! – anunció el que parecía el cabecilla de los dos reporteros japoneses.

- ¡Esto sí que no me lo esperaba! – comentó otro, el cual era natal de España.


Todos los jugadores presentes también estaban muy sorprendidos, ya fuese en mayor o menor grado. También había alguno que otro que había adoptado una mueca de enfado o había hecho un comentario despectivo como síntoma de envidia, el cual Van Saal mandó retirar de inmediato.

Rivaul, quien estaba al lado de Oliver/Tsubasa, ni siquiera se inmutó ante las instrucciones dadas por el entrenador Van Saal. Simplemente le pasó su peto, el cual no se había puesto. Recibirlo del mismo Rivaul era para él algo increíble. Para él toda la acción pasó a cámara lenta y pasó a recuerdos repetitivos de ello en su mente. Miraba el peto amarillo y a Rivaul todo el rato.

- ¡Gracias, compañero! – agradeció Oliver/Tsubasa con una gran sonrisa en su cara.

Tras mirar otra vez a Rivaul, se dispuso a ponerse la camiseta. El resto de la plantilla del Barcelona/Cataluña continuó con sus comentarios y sus caras sorprendidas hasta que Van Saal les puso un alto y lanzó una pelota al azar, la cual recogió casualmente Oliver/Tsubasa, quien se adelantó con ella en el campo hasta la portería contraria, dando así lugar al partido de entrenamiento.

FIN.

NOTAS:

- Las escenas donde las fanáticas enseñan los pechos al jugador que les interesa lo he sacado de que vi un partido por la televisión en el cual las fanáticas enseñaban los pechos a un jugador famoso. Se ha usado con Elle Cid Pierre/Pierre Le Blanc y Franz Schuster. Se sabe que el primero de los mencionados es muy popular entre las chicas, pero se ha querido añadir uno más porque los famosos sufren a menudo este tipo de acoso, sobre todo los más atractivos.

- Cada 'Elegido' al que hace comparativa Amaia y uno de los jugadores del Barcelona FC/Cataluña FC se referían a Mark Lenders/Kojiro Hyuga y Oliver Atom/Tsubasa Ozora respectivamente, de forma despectiva. El denominativo 'El Elegido' es cómo fue conocido el protagonista de la saga Harry Potter, después de que todo el mundo mágico se enterase de que Voldemort estaba vivo en el año escolar 1996-1997.

- La conversación que han tenido Amaia y Mark Lenders/Hyuga ha sido en inglés, porque ambos hablan el inglés. Para comprobar que es verdad, se ha puesto la conversación original en letra cursiva y su traducción al español entre corchetes y en letra estándar.

- Gattuso es el apellido por el que se denomina al entrenador del Inter de Milán de la Serie A. Se ha basado en el nombre real Gennaro Gattuso, quien es un ex-futbolista y entrenador italiano.