Capítulo 8. Cabos sueltos.

Ambos andaban tranquila y animadamente de la mano por las calles lujosas de Barcelona. Él fue el primero en coger la mano de la chica, a lo cual ella correspondió con delicada gratitud ofreciendo su muñeca entera para que se sumergiera en los largos y estilizados dedos de la gran mano de él, mientras se iba deleitando con las vistas que ofrecían algunos edificios lujosos de la calle. Su mejor amiga le había hablado de España un poco por encima haciendo énfasis en los barrios lujosos de Madrid, Barcelona y uno que había mencionado de Valencia. Había visto varios monumentos que le había recomendado, y algunos le parecían realmente sacados de cuentos de hadas, hechos por los más expertos arquitectos. Ya había paseado antes varias veces por la Basílica de la Sagrada Familia, monumento de estilo modernista hecho por el famoso arquitecto Antonio Gaudí, el cual le parecía el monumento mejor realizado de la historia. Le encandilaban sus formas dispares, las cuales dibujaban formas de todo tipo. De toda la composición, lo que más le gustaba era la entrada, hecha por columnas que se torcían hacia un lado y otro, las cuales estaban colocadas estratégicamente para que pareciese una corona. A ella le daba la ilusión de entrar en unas fauces o en alguna textura flexible que se estiraba.

La muchacha daba sus pasos cortos y ligeros haciendo un leve ruidito con las suelas de sus zapatos de tacón. Éstos contrastaban con los de su acompañante, quien los daba largos y raudos en forma de elegantes zapatos de piel, pero alguna que otra vez se detenían para esperar a la otra persona. Los pasos que daban ambos iban en dirección a AbaC, un reputado y lujoso restaurante de alta cocina, la cual era minimalista. Éste estaba asegurado y protegido previamente por personal de seguridad para que nadie viniese a molestarles (sobre todo, a Rivaul, quien era alguien mundialmente conocido y codiciado, y Andrea, quien era muy criticada por las fanáticas y algunos fanáticos del jugador estrella). Una vez que se hubieron situado en la mesa reservada, no sin antes acercarle Rivaul una de las estrambóticas sillas a ella para que se sentase, empezaron a mirar las cartas de los distintos menús. La muchacha pudo notar enseguida que Rivaul no miraba precisamente a la carta del menú que sostenía en su mano.

- ¿En qué piensas, Rivaul? – inquirió, curiosa.

Esas palabras que habían sonado de una voz relativamente aguda hicieron aterrizar en la realidad al aludido, quien volteó rápidamente la cabeza hacia ella.

- Ahhh… en nada importante, Andrea – contestó él distraídamente.

- Sé que piensas en Oliver/Tsubasa. – la contrarrespuesta fue dicha tan rápida y contundentemente que él no tuvo más remedio que darle la razón, porque al fin y al cabo ella tenía razón.

Él le dirigió una mirada de que había acertado. Ella le dirigió una sonrisa cómplice.

- Sí, pienso en él. Pienso en cómo podría quitarle fácilmente el puesto a un titular y dejarlo en el banquillo de por vida.

Andrea se echó a reír porque alguien de los titulares de había venido a la mente. Concretamente, una escena del mismo que presenció con tal divertimiento que le hubiese gustado grabarle y hacer un meme o una caricatura de él.

- Eumilla estaba que echaba pestes de él… - comentó Andrea, divertida -. 'Qué tontería' – simuló, imitando la voz y los gestos del mencionado con acusada burla, agravando la voz.

Rivaul puso una sonrisa por no perder la compostura riéndose a carcajadas, porque en verdad le había hecho gracia la imitación de Eumilla que había ejecutado Andrea.

- Eumilla no te cae muy bien, ¿verdad?

- Seguramente tenga envidia de Oliver/Tsubasa porque tiene pelo y él no – apuntó Andrea de manera mordaz, con una sonrisa malévola dibujada en sus labios.

Ahí Rivaul no pudo contener la risa, aunque la dejó escapar de una manera muy aplacada. Le hacía muchísima gracia cada grácil e ingeniosa pulla que soltaba su acompañante.

- Efectivamente, no te cae bien – concluyó él, jocoso, señalándola con el dedo de manera acusativa.

Andrea negó con la cabeza de una manera sutil, enfatizando la respuesta.

- Ojalá Van Saal le mande a los banquillos para siempre cuando Oliver/Tsubasa ingrese con los titulares – deseó, evidentemente molesta -. ¡No he visto en la vida semejante envidioso!

- Y no es sólo él – añadió Rivaul -. Algunos de los miembros del equipo B están hablando de Oliver/Tsubasa, y no precisamente muy bien. Clemente está alarmado por la posibilidad de que le manden de vuelta al banquillo, aunque no habla mal de Oliver/Tsubasa.

- Ah, sí – recordó Andrea, pensativa -. Clemente me contó que estuvo lesionado varios meses, y Van Saal le está metiendo más caña que nunca. Tiene muchas posibilidades de no pisar el campo si no se esmera o simplemente falla. Lo mismo que González y el envidioso.

- Yo conozco a Eumilla de hace varios años; incluso estaba antes de que yo viniese a España e ingresase en el Barcelona/Cataluña – contó Rivaul -. Cuando empecé a jugar, me lanzaba malos comentarios, y parece ser que desde la venida de Oliver/Tsubasa, le ha dado por meterse con él. A mí por lo menos me ha dejado en paz.

Andrea le lanzó una mirada de odio al oír tal comentario, porque daba a entender que le daba igual que se metiese con otro con tal de que con él no, con lo que Rivaul le dirigió una mirada de disculpa. Pero le daba más rabia Eumilla, así que cogió el cuchillo y el tenedor, pinchó en una parte cualquiera de la carne y partió un trozo con saña.

- Yo al idiota de Eumilla no le paso ni una más. – su voz, la cual había elevado por la rabia, denotaba decisión y firmeza -. Porque como vuelva a decir algo de Oliver/Tsubasa, o hacer simplemente un mohín despectivo, ¡es que le digo cuatro cosas!

- Vale, vale – contestó Rivaul, levemente asustado por lo que acababa de ver. A continuación sonrió levemente -. Pero asume que el filete no tiene la culpa de nada.

Ella simplemente pinchó con el tenedor el trozo más pequeño de los dos que había partido y se lo metió a la boca de una tacada, masticó como cual tiburón y se lo tragó de golpe. Rivaul la observó algo asustado.

- ¡Madre mía, chica! – exclamó él -. ¡Te vas a atragantar, por el amor de Dios!

Divertida por las expresiones asustadas que ponía Rivaul, se rió aún más.

- Lo siento, Rivaul – se disculpó entre pequeñas risas, metiéndose a la boca un trozo de filete mucho más pequeño -. Lo siento. No lo hago adrede. Y por cierto, ya me he tragado el trozo sin problema.

No se reía de él a propósito. Simplemente le daba risa la situación, y no sabía cómo parar de hacerlo, con lo que le pidió a Rivaul que cambiase de expresión a una más neutra. Éste, por medios de calmar su mente y olvidar lo visto e intentó poner una expresión seria, en la cual todas las facciones de su cara estaban en estado normal. Pero no lo hizo simplemente por estar más tranquilo. Ahora él sí que se iba a vengar. La miró fijamente a los ojos por unos diez segundos y le soltó:

- Te pareces mucho a ese niño que va a escondidas a los entrenamientos a ver a Oliver/Tsubasa.

Ella se atragantó con su propia saliva. Le chocó oír eso, porque sabía que había un niño que iba a ver a Oliver/Tsubasa, pero no recordaba quién era. Al sentir que sus fluidos bucales se colaron en dirección a la tráquea, no le quedó otra que toser enérgicamente. Lo más difícil de ello fue hacerlo en el mayor silencio y elegancia posibles, porque le entraban ganas de vomitar; lo cual dio resultado a que se pusiese roja como un tomate. Hizo una seña exagerada para llamar a uno de los camareros para que le trajese un vaso y una botella llena de agua fría para calmar su garganta. Una vez se hubo servido el agua en el vaso con lentitud y lo hubo vaciado dentro de su boca, sintió cómo su garganta se calmaba al establecer contacto con el agua fría, ésta aplacaba el dolor de la garganta y la aclaraba. Agradeció mentalmente esa agua y espero unos cuantos segundos para enunciar la siguiente frase:

- Menudo listo estás hecho, Rivaul – reprochó, con el ceño fruncido -. ¡Casi me pones en medio de la vida y la muerte!

Rivaul la miró con una mezcla de cachondeo y risa por el drama que la chica estaba montando.

- ¡Pero qué exagerada eres, mujer! – contestó él, restándole importancia -. ¡Pero cómo te vas a morir por atragantarte!

- ¡Es verdad, mucha gente se ha muerto por atragantamientos, y de hecho, se sigue muriendo por eso!

- ¡Eres una exagerada, Andrea Rosier! – soltó él, emitiendo otra carcajada a continuación.

- ¡Madre mía, a ti tampoco te termina de caer la humanidad, parece ser! – replicó ella astutamente.

- ¡No es eso, simplemente es que eso que acabas de comentar es una hipérbole! – se excusó él a modo de broma.

- ¡Eso díselo a mi gaznate, porque el pobre ha estado a punto de colisionar por tu culpa! – ejemplificó Andrea, señalándose con uno de sus índices la levemente enrojecida garganta.

- ¡Colisionar, dice! ¡Ja, ja, ja! – rió él, cada vez más divertido con lo que ésta decía.

Después de tomar un poco de aire, rompió a reír nuevamente.

- ¡Y ahora de qué te estarás acordando! – replicó Andrea, ligeramente mosqueada -. No pensarás en decir nada que me haga atragantarme nuevamente, ¿no?

- No, Andrea, no – respondió él cachondeándose, mientras cogía su copa, la cual estaba llena de vino, a la que dio un par de tragos que la dejaron vacía. La depositó nuevamente en la mesa -. Me acuerdo de cómo salía huyendo ese niño a toda prisa para que no le cogiesen los guardias.

Otra vez con el niño. ¿Acaso Rivaul pretendía hacer una comparativa entre un niño loco que se pensaba que era Oliver/Tsubasa y ella? Andrea suspiró, maldiciendo tal hecho.

- Menudo tunante debe de estar hecho el niño leré, porque las medidas de protección de los entrenamientos de los clubes de élite no son moco de pavo. – a continuación se le escapó una risa -. ¡Y lo mejor de todo fue la reacción de Van Saal, hacer como si no pasara nada!

Rivaul se contagió de la risa de su acompañante, la cual asomaba por un ojo una lagrimilla yendo en dirección hacia la mandíbula.

- El pobre hombre ve cosas así todos los días; así que no le queda otra que hacer como si no pasara nada, porque si no se volvería loco.

Andrea cogió su bolso, el cual era negro y tenía las iniciales de YSL, las cuales eran plateadas. Estaba a su derecha, así que lo movió hacia su regazo, sacó de él su Smartphone, lo desbloqueó y se metió en Google para buscar el resultado final del amistoso de Japón y Holanda.

- Por cierto, ¿te conté que Japón y Holanda empataron al final el partido amistoso?

- Sé que empataron porque Van Saal no para de meter caña a Albert Potter y a Bernard; no le gustó nada que su Selección empatase con Japón.

- ¡Dios mío, el empate no le gusta a nadie! – resopló Andrea, hastiada -. A los holandeses porque piensan que es un partido perdido, y Oliver/Tsubasa por tres cuartos de lo mismo. ¡Pero si es mejor que perder! ¡Y hubiese sido de película que Japón le hubiese ganado a Holanda!

Rivaul se quedó cavilativo durante más de diez segundos, rascándose ligeramente la barbilla.

- Oliver/Tsubasa es muy ambicioso, por lo que veo – apuntó Rivaul, desafiante -. Siempre encuentra la manera de salir vencedor.

- Ya, si la ambición de Oliver/Tsubasa es muy buena, pero lo malo es que piensa que puede con todo y no ve más allá de sus narices – comentó Andrea, muy preocupada -, y ya vio que en el partido contra Holanda no resultaron salir las cosas tal y como él quería. El empate le parece muy poca cosa, y precisamente ese empate ha llevado a Japón a una eminente mejoría futbolística.

'No somos lo suficientemente buenos para ganar la Copa del Mundo de Selecciones', pensó en aquella frase pronunciada de la boca de Oliver/Tsubasa que la indignó e hirió a la vez en ese momento de habla telefónica.

Ella sabía que Oliver/Tsubasa nunca se había conformado con nada; siempre quería llegar más alto, pero pensaba que a veces se pasaba de ambicioso y que tendría que ver más allá de sus sueños poniendo los pies en la tierra. Si Japón nunca había sido un país futbolísticamente desarrollado, no iba a serlo enseguida, y por mucho que el propio Oliver/Tsubasa intentase cambiar eso con todo su empeño y la ayuda de sus compañeros, por más que intentase lograr ser el futbolista número uno del mundo, y en caso de que llegara a lograrlo, Japón no iba a ser el rey del fútbol en poco tiempo. Pero a su vez le comprendía porque cualquier persona, cuando soñaba, no miraba más allá de sus narices. Y eso le había pasado a ella en numerosas ocasiones.

- Y por eso siempre veo a Oliver/Tsubasa entrenando por la noche – terminó Andrea, poniéndose una mano en la frente y apoyando el codo en la mesa -. Este chico me preocupa muchísimo; debió haberse ido a uno de los equipos de la Liga italiana y ya; a estas alturas ya habría sido titular.

- Le ofrecieron veinticinco millones de euros por jugar en un equipo de la Liga italiana, ¿no?

- Sí, pero no los tuvo en cuenta. Él quiso venir a jugar aquí simplemente por jugar a tu lado. Y además porque le traerá muchísimo más mérito que en uno italiano si lo consigue.

Él empezó a tocarse la barbilla con uno de sus dedos, moviendo dicho dedo inclinado hacia arriba y hacia abajo, sin llegar a tocarse la boca.

- En un club italiano es relativamente fácil triunfar, así que comprendo que Oliver/Tsubasa haya preferido desafiar a uno de mayor nivel.

- Oye, que hay clubes de primer nivel como lo son el Inter de Milán o el Piamonte/Juventus, ¡y están perfectamente a la altura del equipo catalán! – protestó Andrea en forma de pequeño puchero.

- No me refería a esos equipos, precisamente – desvió Rivaul -. Y no sé cómo narices ha entrado Lenders/Hyuga en el Piamonte/Juventus, porque desde luego he visto su ficha técnica y no tiene una musculatura muy desarrollada que digamos. Le he visto en el partido contra Holanda y no es un jugador fuera de lo común; incluso osaría decir que es algo mediocre.

Andrea le observó con detenimiento y aprobación. Por lo que había oído decir de boca de Benji Price/Genzo Wakabayashi, era bastante mediocre. Por lo que había observado de él en el Torneo de Francia, su fútbol daba a entender que no hacía las cosas de una manera muy católica. Eso pudo verlo el día en el que no pudo marcar de lejos y lo hizo de cerca, recibiendo todo tipo de ácidas críticas por parte de Benji/Genzo.

- Claramente el mejor jugador del mundo va a ver defectos en los demás jugadores – remató Andrea con una sonrisa.

A pesar de eso, ve muchísimo más los suyos. Cuan mejor eres en algo, más defectos te sacas. No se puede ser perfecto, aunque Oliver/Tsubasa lo intente.

- Qué ironía, ¿no? – soltó Andrea, jocosa -. Cuanto más perfecto eres, más imperfecto te ves.

- Claro, porque el más sabio es el que más se cuestiona su sabiduría.

Ambos echaron a reír nuevamente, con él sirviéndose nuevamente una copa con el suficiente líquido para dar un gran trago.


Para: Andrea Genoveva Rosier.

De: Amaia Leire Stewart.

Te conté que estoy trabajando de gerente a tiempo parcial en el Piamonte/Juventus, ¿no?

La verdad es que todos los jugadores (al menos todos los titulares) tienen un nivel altísimo; y sigo sin entender por qué aceptaron a Lenders/Hyuga en el equipo, si precisamente los análisis de Mazzantini indicaban que no tenía el suficiente cuerpo para jugar en el equipo. El bueno de Monetti decidió darle una oportunidad simplemente porque le interesan jugadores que puedan meter goles de una u otra manera, pero efectivamente tiene un desarrollo muscular inferior al de la media de los jugadores titulares. Y no sé si es cosa suya o no, ¡pero le ha metido un pedazo de gol a Var Len Fort, que flipas! El tío no tenía bien puesto el cuerpo, y en cuanto Remberto Pacciani ha tomado la pelota, se la ha quitado en un abrir y cerrar de ojos y ha encajado tal gol que todos los presentes nos hemos quedado flipando. Pacciani se ha quedado completamente helado, y luego ha soltado alguna que otra maldición. Así es Pacciani; cuando le interrumpen algo, da miedo.

También te conté que en el equipo había un compatriota mío, ¿verdad? Por si te interesa, le llaman Komasevic.

P.D.: Var Len Fort me está mirando mucho últimamente… No sé si mirará hacia mis ojeras, mis tetas o mi culo.

P.D. 2: Los jugadores del nuevo equipo en donde estoy tienen muchísimo más respeto hacia el ajeno que algunos pesados del Inter de Milán, sobre todo de la serie A. ¡Ay, qué bien se siente una al no tener detrás a un Matteo pesado que no pierde oportunidad de joder a quien sea!

Amaia, al enviarle el mail, se puso las gafas a modo de diadema, se separó de su portátil, se levantó de la silla en la cual estaba trabajando y se dispuso a abrir de par en par las ventanas, con la intención de acondicionar el despacho e irse a por alguna pizza de aquel restaurante que estaba un poco más lejos del área del equipo pertinente, cuando alguien tocó a la puerta.

- ¿Sí? – preguntó, emitiendo un bostezo como acompañamiento previo.

Ésa no había sido su intención, pero después de haberse pasado un larguísimo día trabajando y habían dado ya unas entradas ocho y media de la tarde, lo último que quería era tener una charla con cualquiera de lo que fuera. Pero la señorita Gould/Matsumoto se había asegurado bien de hacerle saber que si era Carlo Monetti o Alessandro Mazzantini, tendría que hablar con ellos sí o sí, porque eran sus indiscutibles jefes.

- Adelante – emitió cansinamente, alargando las vocales.

En su lugar, emitió un bostezo; o en su defecto, varios, porque el último de ellos le hizo soltar una rápida lágrima por un ojo, la cual apresuró a secar con una de sus graciosas manos. Estaba realmente cansada, y si no fuera porque tenía que estudiar, podría trabajar mucho más. Estaba invirtiendo mucho esfuerzo para no quedarse dormida plantada en el suelo. Se puso la palma de su mano derecha, la cual estaba fría y la cual movió por los diversos lados de la frente y por sus párpados, porque los ojos le dolían, masajeándolos con la ayuda de las yemas de sus dedos para aplacar tal dolor. Su rostro estaba caliente, pero su cuerpo tenía una temperatura media tirando a fría. Sabía que se resfriaría en breve.

Pudo ver que quien abría la puerta era un serio Monetti, el cual quería hablar con ella. Su gesto indicaba que parecía estar esperando algo; concretamente, de ella.

- Venga a mi despacho, señorita Stewart. Tenemos una charla pendiente.

Ella no dijo nada; simplemente se limitó a seguirle en silencio mientras un montón de excusas que podría haber manifestado empezaban a rondar por su mente, y sus párpados iban cayendo lentamente.

Una vez llegaron al despacho de Monetti, el cual era mucho más grande y lujoso que el suyo, la hizo pasar. Como buen caballero que era Monetti, le acomodó la silla y le dijo que se sentara porque tendrían una larga charla. Amaia, de lo nerviosa que se había puesto, tragó saliva y empezó a retorcerse uno de los mechones de su larga cabellera, la cual estaba adquiriendo unas leves ondas. Intentó poner los ojos en blanco pero Monetti no la dejó ignorarle.

- Señorita Stewart – nombró Carlo -. O debería decir, Amaia.

Ella no contestó de lo nerviosa que estaba. Empezó a columpiar la pierna que tenía encima de la otra, la cual tenía la suela del zapato reposando en el suelo.

- He oído que has estado trabajando de gerente en el Inter de Milán. ¿Es cierto?

La muchacha tragó saliva, haciendo un corto espacio de unos cinco segundos antes de dar su correspondiente contestación a lo que me habían preguntado. Le encantaría emitir una respuesta alegre, pero ella no podía fingir que todo iba bien si no era así.

- Sí, señor – respondió lentamente, con la cabeza levemente agachada.

- Concretamente, en la serie A – especificó Monetti.

- Sí.

Carlo apartó la vista de ella por unos segundos para buscar en su ordenador un documento, en el cual clickeó para mandarlo a imprimir. En unos segundos pudo ver cómo los papeles que contenían dicho documento salían de la impresora con un aspecto impecable. Simplemente tomó los papeles de la bandeja de papeles con sus grandes, anchas y nervudas manos y se lo dio en una de las de Amaia, las cuales llevaban las uñas especialmente largas. Ella tomó el documento con ambas manos y se apresuró para echarle una rápida ojeada a todas las páginas. Carlo la miraba con ligera impaciencia.

- ¿Qué tienes que decir de tu experiencia en el Inter de Milán, Amaia? – la preguntó, mirándola fijamente a los ojos.

No podía apartar la vista de Carlo Monetti, así que hizo un esfuerzo por mantenerle la mirada, aunque en su mente estuviese pensando en la enorme pizza que se quería cenar. En esencia esa parecía una pregunta fácil de responder, y de hecho, lo pensaba al verla planteada a primera vista, pero le parecía difícil contestarla, puesto que tenía bastantes recuerdos malos allí. No quería dar pena a Monetti causándole así una mala impresión, así que se dedicó a tragar saliva con la esperanza de ahogarse y no tener que responder.

- ¡Di algo, aunque sea lo más banal! – insistió Monetti, perdiendo la paciencia.

Amaia sintió cómo una carga se le había quitado del alma. Le vinieron recuerdos de los jugadores y del entrenador.

- Algunos jugadores de la serie A del Inter de Milán son unos faltones de mucho cuidado, señor Monetti. – tragó saliva, pensando en qué más decir. Recordó, muy enfadada y con el ceño fruncido -: En primer lugar, alguno que otro hacía alusiones de que soy una interesada que está con el capitán del equipo por dinero.

Carlo la miró, muy serio. Hizo un gesto con la mano para que la susodicha continuara hablando.

- Como le acabo de decir, señor Monetti, algunos jugadores son muy faltones.

Después de reafirmarlo, le observó durante unos diez segundos.

- Un jugador japonés llamado Rob Denton/Aoi Shingo, quien vino nuevo al Inter de Milán hace unos meses, sufrió bullying por parte de la mayoría de los jugadores, sobre todo por la de Matteo. El único que no le hacía bullying era Dario Belli/Gino Hernández.

- ¿Por qué lo hacían? – inquirió Monetti.

- Por el simple hecho de ser japonés, y los muy imbéciles piensan que los japoneses no saben jugar al fútbol – explicó con acentuado desdén, mientras movía las manos -. ¿Acaso no han visto jugar nunca a Benji Price/Genzo Wakabayashi o a Oliver Atom/Tsubasa Ozora? ¡Por el amor de Dios, si son de los futbolistas más conocidos mundialmente, y son japoneses!

Carlo Monetti rió.

- El que es ignorante, es ignorante, hija.

- Lo mismo pienso, entrenador – coincidió Amaia rotundamente -. La gente en norma general suele ser muy nesciente.

- Yendo al tema de rigor, Amaia. – la cortó, mirándola con análisis y severidad. Calló durante unos segundos, provocando tensión en la interrogada -. Circulan rumores de que te drogas, o al menos que lo hacías.

Los ojos de Amaia estaban como platos. ¿Quién había podido decir semejante cosa de ella? Se puso a temblar, pero por el hecho de que la acusaran de aquella manera, porque en verdad no estaba tomando droga; de hecho, jamás la había probado. Seguramente tal rumor había sido inventado por alguien que le tenía muy mala fe. O simplemente por alguno de esos jugadores del Inter de Milán que la tenía atravesada de alguna manera.

- Nunca he probado la droga, entrenador – eso fue lo que dijo Amaia.

- ¿Y el alcohol y el tabaco?

- El alcohol lo suelo tomar sólo cuando salgo – admitió Amaia con tal nerviosismo que fue lo primero que se le ocurrió decir.

Monetti la miró con severidad.

- Y veo por la ventana que fumas, y a diario – criticó Monetti molesto -. Por si no te lo habíamos dicho antes, está prohibido fumar aquí.

No sabía con qué cara mirarle por entonces; se había quedado helada. Mazzantini le había dicho que podía fumar fuera de cualquiera de los edificios, pero Carlo le decía que no podía en ninguna parte. ¿Podría ser que hubiese fumado cerca de la ventana que diese al despacho de Carlo y el mismo humo hubiese entrado por ella, tal vez?

Le miró con muchísima duda, y distraía su vista alternándola en él, sus manos, los papeles, la mesa, sus piernas, su pelo, las paredes; hacia cualquier objeto que estuviese disponible en el despacho con tal de no tener que conectar con la mirada de desaprobación de Carlo, y por lo tanto, escuchar su probable reproche. Sabía por una parte que tenía que tener cierto respeto hacia el ambiente en donde estaba trabajando para pagarse los estudios, pero le tenía una clara adicción a los cigarrillos y al mechero desde poco antes de su mayoría de edad.

- Simplemente fumo uno o dos cigarrillos al día, entrenador – confesó Amaia.

- Eso no me importa, Amaia – le desvió Monetti, cortante -. Lo que quiero que te quede bien claro es que no quiero que fumes cerca del área, porque si lo vuelves a hacer, tendré que confiscarte los cigarrillos y el mechero. ¿No ves que esto es un centro deportivo?

Amaia se sorprendió con la declaración. Gattuso no la decía nada cuando la veía fumar; o más, ni le importaba. Ninguno de los jugadores sabía que fumaba porque efectivamente, lo hacía en las horas en las que todos estaban fuera o se iba a las áreas en las cuales no estaban cuando tenía verdaderas ganas. Agachó la cabeza, muerta de vergüenza. Dario/Gino no lo sabía y tampoco sus mejores amigos. Le daba vergüenza haber adquirido tal hábito, pero admitía mentalmente que a su vez la relajaba.

- Lo siento, entrenador – respondió en tono de disculpa, agachando la cabeza. Dijo a modo de excusa -: Perdone, pero es que en el Inter de Milán me dejaban hacerlo.

- Yendo al Inter de Milán – Carlo obvió nuevamente el tema para centrarse en el que él quería -. Me han contado que has sufrido maltratos tales como insultos, vejaciones y discriminaciones a manos del entrenador Gattuso. ¿Es así?

Ella no pudo evitar derramar un par de lágrimas al recordar todo lo que le había dicho y hecho Gattuso.

- Sí, señor – afirmó, con el punto de inflexión entre contenerse las lágrimas forzadamente y estar a punto de romper a llorar, conteniéndose las lágrimas mordiéndose uno de los lados de su labio inferior.

- El mismo Gattuso afirma que no, pero quisiera oír tu versión de los hechos.

Unas mariposas ficticias empezaron a dar vueltas por su esófago y estómago, haciendo que le entrasen náuseas y tuviese ganas de vomitar. Lo que había vivido con Gattuso le ponía el estómago de vuelta y media, y le ponían nerviosa las maneras que el entrenador Monetti estaba teniendo con ella. Empezó a mover los dedos, estrujando todos contra todos. Tenía la mirada perdida. Pasaron casi dos minutos antes de que la chica se decidiese a decir algo. Monetti le había dado la oportunidad de hablar porque éste no creía en nada de lo que decía Gattuso, y eso era un punto a su favor.

Se aclaró la garganta:

- He sido insultada, vejada y discriminada por el entrenador Gattuso – dijo, soltándolo todo de golpe -. Cada día me molestaba de una manera u otra.

Hizo una pausa para enumerar todo.

- Menospreciaba mi trabajo. Me hacía comentarios machistas. Afirma que soy una vaga – tomó una bocanada de aire para no explotar -. A sus jugadores no les decía nada cuando alguno que otro me descalificaba de alguna manera, pero ojo la que me caía cuando le decía algo a alguno o simplemente me defendía. Me insultaba de manera hiriente alguna que otra vez cuando hacía algo mal. ¡Hasta una vez trató de levantarme la mano, pero gracias a Dios que Dario/Gino no se lo permitió!

Tomó una bocanada de aire.

- ¡Ese hombre hacía prácticamente imposible mi vida! – chilló, rabiosa, con una voz más aguda de lo habitual.

- Comprendo. – Carlo tomó unos papeles que había al otro lado de su espaciosa mesa y los tomó con parsimonia - . Gattuso te echó del equipo hace pocas semanas, ¿no?

Le tembló todo el cuerpo, pero los cuales más denotaban su nerviosismo eran sus piernas, las cuales temblaban y movían sus pies, haciendo bailar sus sandalias, y su cara, la cual estaba mucho más pálida de lo habitual y podía reflejar las ojeras difuminadas pero notoriamente oscurecidas que tenía bajo sus ojos de no dormir lo suficiente por falta de tiempo.

- S-Sí-í – aseguró Amaia, bastante nerviosa. Separó sus manos y clavó las uñas de su mano derecha en el dorso de la izquierda.

- ¡Tranquila, Amaia; tranquila! – exclamó un asustado Monetti, al ver que la chica estaba a punto de hacerse sangre en una mano.

- Lo siento, entrenador; no era mi intención.

Apartó las uñas clavadas del dorso de la mano izquierda, y las relajó nuevamente para no entrar en la tentación de hacer jueguecitos con ellas. Monetti, viendo que la chica estaba ida de los nervios y con la necesidad de soltarlo todo, decidió preguntarle por una situación concreta que había tenido con Gattuso.

- Unos meses antes, Matteo me molestó con el tema de mi procedencia y mi estatus económico llamándome Natasha, cuando le había dicho mil veces que no me llamara así, ¡y ya estaba con la cantinela de las rusas, una y otra vez!

Monetti la preguntó el por qué la habían puesto Natasha, curioso.

- Natasha es un nombre ruso, y se supone que hace una referencia a una interesada, especialmente si la chica en cuestión es rusa o de algún país del este de Europa. – tomó una bocanada de aire antes de continuar -. El jugador Luca Matteo era uno de los que más me molestaba; por no decir el que más.

- Mmmm… a Luca Matteo le conozco. – se quedó pensativo unos segundos -. Es especialmente polémico. Cuéntame más sobre él.

Amaia se restregó las manos en señal de satisfacción, dejando caer sus contenidas lágrimas con una sonrisa en su cara. ¡Había surgido la oportunidad perfecta para echar por tierra al venenoso de Luca Matteo!

- Verá, señor Monetti – enunció Amaia -. A Luca Matteo se le conoce por ser especialmente problemático, como se acaba de decir. Es un chico que viene de una familia muy rica, y se le conoce por pagar todas sus fechorías con dinero. Yo misma le he visto salir impune de muchas situaciones gracias a su dinero y al de su familia, cuando debería estar expulsado del Inter de Milán hace mucho tiempo. Y Gattuso, igual.

Monetti se puso una mano en la barbilla, colocando sus dedos índice y corazón alrededor de la boca, pensativo.

- Interesante.

- Es uno de los que empezaron a acosarme cuando yo vine al Inter de Milán como gerente, y también uno de los que se dedican a molestar al pobre Rob Denton/Aoi Shingo por ser japonés. ¡Nunca para de hacer alusiones sobre cosas realmente desagradables y molestas! No sé si habrá sido él el que habrá dicho que consumo droga, pero desde luego creo que me tiene muy mala fe si es él el que lo ha hecho.


Andrea tenía la autoestima mucho más alta desde que empezó a salir con Rivaul; desde que le dio el sí a la proposición de éste de ser su novia. Tal vez no pudo haber conseguido a un jugador internacional en el que ella consideraba su momento, pero sí que lo consiguió con uno mucho más difícil de pelar y mucho más guapo y deseado. Miraba detenida y deleitadamente la hermosísima y carísima gargantilla de oro platino, la cual tenía algunos pequeños y recargados adornos en el centro, donde se situaba un pequeño diamante en forma de gota de agua.

A pesar de los malos comentarios que había recibido Rivaul por estar liado con una extranjera del este de Europa, no le importó, a pesar de que la implicaban a ella en gran medida, porque tenía sangre eslava. Sabía que era muchísimo más guapa que sus odiadoras, como las denominaban Amaia y ella, y sabía perfectamente que si había conseguido a alguien del calibre de Rivaul, es que ella era una chica muy superior a la media de chicas. Pertenecía a una clase social media-alta, la cual le había permitido llevar un tren de vida muy superior al de otras chicas, dándole muchísimas más posibilidades para conocer a lo que consideraba ella un buen partido. Y, aparte de tener el privilegio de pertenecer a un par de escalones más que la sociedad media, tenía un rango de belleza física mucho mayor al de otras muchas chicas. Sabía que el aspecto físico determinaba gran parte del papel a tener en la vida. Sabía, y veía en gran medida que las chicas guapas eran las que lograban triunfar en la vida gracias a tener mejores medios, muy por encima de las chicas menos agraciadas. Y si una chica no agraciada quería triunfar en la vida, tendría que esforzarse muchísimo más que una agraciada.

Se miró nuevamente al espejo, queriéndose mirar lo reluciente que estaba ese día con el pelo suelto colocado con la raya hacia un lado, viendo caer sus enormes tirabuzones de las puntas de su larga melena, la cual estaba especialmente sedosa y brillante gracias a que había cambiado a un champú con una fórmula más adaptada a su tipo de pelo. Su piel estaba más suave y brillante, con un ligerísimo bronceado por encima que le daba algo de color. Se notaba más delgada y voluptuosa, y la camisa y la falda de tubo remarcaban su figura física. Llevaba ligeramente desabrochada la blanca y lisa camisa por la parte del cuello, dejando ver parte de la clavícula, con la intención de dejar ver la gargantilla que se le había regalado de una exclusiva joyería.

'Pensar que me puede regalar esto y más…', sonrió, en sus pensamientos.

'Me encanta no necesitar de maquillaje que me cubra o resalte', pensó, satisfecha.


Cada día se veía más cansada, pálida y ojerosa. Sabía perfectamente que era una chica pálida, y que tenía una tonalidad avainillada, y eso muchas veces le hacía parecer enferma. Habían pasado los días y le dio la sensación de tener menos color que un fantasma o un muerto recién levantado de su tumba. Apenas dormía cinco horas, y se consideraba afortunada si llegaba a dormir siete, dependiendo de sus obligaciones con su trabajo de media jornada y la cantidad de tarea que les mandasen en el módulo. Tenía sus privilegios de mantenerse en forma y cuidarse de forma general, porque por nada del mundo iría sucia o desarreglada, pero si estaba completamente saturada, iba a la cama sin pensarlo. Para tapar sus ya concentradas ojeras, las cuales eran completamente lisas y eran de tonalidades amarronadas, grisáceas y moradas, tenía que usar un corrector de ojeras, simplemente para no tener que dar explicaciones a sus adinerados compañeros, quienes no sabían qué era trabajar a media jornada para pagarse sus estudios. Sabía que su familia estaba bien posicionada y no tenían falta de dinero, pero no tenían tanto como para poder pagarle el carísimo módulo que ella misma había escogido.

'No sé si pedir estudiar a distancia', pensó, mirando sus ojeras. 'Es muy cansino eso de ir todos los días desde Turín a Milán y viceversa, y más en el tren. ¡Ojalá haber nacido en una familia rica, como Andrea o cualquiera de mis compañeros!'.

Notó su cuero cabelludo grasiento después de haber estado dos días llevando coleta, la cual llevaba alta, lo cual le dijo que se tenía que lavar el pelo, aparte de darse una buena ducha, porque lo necesitaba, y además, necesitaba desconectar de toda ocupación aunque fuese por un rato. Estaba realmente frustrada porque no podía gozar del estatus socioeconómico de Andrea, ni de las comodidades que tenía todo ello; ni siquiera de la situación de la misma.

Eran las doce y media de la noche y aprovechó para desnudarse hasta quedarse completamente descubierta y tener la necesidad de ponerse el albornoz. Acto seguido, fue dirección a la maleta roja y cogió un tanga negro y un pijama limpio. Se puso las chanclas, cogió la ropa sucia con un brazo, la ropa limpia en el otro y el neceser en la mano cuyo brazo llevaba la ropa limpia. Saliendo de su cuarto, se dirigió a la lavandería con paso rápido, dejando su ropa encima de una de las lavadoras junto con un papel que contenía su nombre y apellido, ocupación, dirección y número de teléfono. Al salir de la lavandería, se dirigió a las duchas, las cuales estaban libres de todo sudor o cualquier sustancia perteneciente al olor corporal de cualquier jugador. Aunque fuese tarde, le daba exactamente igual: prefería lavarse de noche con menos agua caliente de por medio, antes que tener que respirar los fuertes olores corporales de los jugadores, aunque hubiese agua caliente para parar un tren. Dejó la ropa limpia en una zona en donde ella pudiese verla, eligió una ducha al azar, se quitó el albornoz y presionó con el índice de su mano derecha el botón que daba el agua caliente. Bendita fuera su suerte, porque salió el agua ardiente que tanto le gustaba.

Después de dejar que el agua diese a sus vastos pechos, su abdomen, sus piernas y su cara, se dio la vuelta y apuntó sus voluminosas nalgas hacia la ducha, con la intención de calentarlas. Para su suerte el champú lo había dejado boca arriba en el suelo por despiste, así que no tuvo el problema de tener que levantarse a por él, cogiéndolo con una mano, apretándolo y echándose en el cuero cabelludo lo que había sacado con la otra mano. Habiendo expandido el jabón por las palmas de sus manos, empezó a realizar movimientos circulares con las yemas de los dedos en el cuero cabelludo mientras el líquido se convertía en una espuma cada vez más abultada y blanca. Comenzó a imaginarse lo que sería estar con Dario/Gino en la ducha, recordando que no había tenido sexo desde su marcha del Inter de Milán, y que no había tenido ningún tipo de contacto con él, generándole lágrimas. Para compensar su sequía sexual, se puso de cuclillas, agachando ligeramente las nalgas y doblando parcialmente las rodillas. Hincó la rodilla izquierda en el suelo para que el talón de su pie derecho rozase con el exterior de su vagina, y fue moviendo sus nalgas y su pie para que sus labios vaginales y clítoris tocasen el resto de la planta de su pie. Para su alivio, las lágrimas que habían salido de sus ojos, las cuales estaban posadas en sus pómulos, se borraron rápidamente con las gruesas y calientes fuentes de agua providentes de la cabeza de la ducha. Empezaron los gemidos de su parte cuando, en medio de la masturbación, recordó uno de sus primeros días en Milán, mucho antes de estar con Dario/Gino, en el cual masturbó a una chica con las plantas de sus pies, las cuales acabaron siendo lamidas por la misma. También recordó experiencias sexuales que tuvo con otros chicos, las cuales pasaron por su cabeza en forma de imágenes.


'Realmente es agotador tener que coger todos los días un tren desde Turín a Milán y viceversa. Es agotador tener que cumplir con los estudios y el trabajo a media jornada, el cual cumplo de lunes a jueves, y ya bastante bueno es conmigo Mazzantini. Menos mal que tengo los viernes, los sábados y los domingos para hacer mis correspondientes tareas, dormir, estar tranquila, tener ocio, etc. Tener una vida.

Ni Andrea, ni mis compañeros saben lo que es provenir de una familia de clase media, teniéndote que pagar tú tus propios estudios en un módulo privado. Sí, sí; de buena gana me hubiera metido a un módulo público para tener que ahorrarme todos estos dolores de cabeza, pero, ¿y la tranquilidad de tener un puestazo asegurado en uno de los países destacados de la moda? ¿Y la tranquilidad de las aulas? No superan las ocho personas, incluyéndome a mí. En una escuela pública, siempre hay más de un aula por curso, y hay el triple de gente por aula (o más, si me apuras). Además, la escuela privada te da más opciones de irte al extranjero a hacer tus prácticas y a quedarte a vivir en el mismo país si quieres; incluso si quieres irte a un país de otro continente. La escuela pública tiene muchísimos límites, y además, un montón de personas que sacan mejores notas que tú por el motivo que sea tienen tu mismo objetivo y te dan por el culo. Sin embargo, en la privada, por muy cara que sea, siempre te ayudan y te guían al mejor sitio con las expectativas que tienes.

Yo misma quise irme a Italia a estudiar por estos simples hechos: encontrarme nuevamente con mi Dario/Gino, tener un puestazo nada más terminar el módulo y ser ascendida a jefa en poco tiempo, aprender el idioma y quedarme a vivir en Milán. Recuerdo que todas las carreras o módulos públicos enfocados al diseño en cualquiera de sus variantes tenían notas altísimas y las plazas habían sido rápidamente ocupadas en poco tiempo por estudiantes que tienen mejor memoria que yo o simplemente estudian más. Si tuviese una buena memoria, no estaría con la tortura de pagar los estudios, pero como no la tengo… ajo y agua. Ciertamente habría podido irme a otra parte de Inglaterra a estudiar, pero me hubiera salido igual de caro meterme en una universidad o módulo privado o público, porque también habría contado con la existencia de un trabajito de fin de semana y el dinero de los transportes pertinentes.

Sólo unos pocos mesecitos más estudiando y ya podré estar en paz haciendo las prácticas… y por fin al puestazo por el que tanto he estado trabajando y trasnochando. He aprendido el italiano en poco tiempo, y además sé hablarlo bastante bien'.


Estaba con la duda en la cabeza de que sí podía ser y de que no podía ser. No estaba tan seguro de poder ser elegido como titular, ni siquiera como suplente para el primer equipo del Piamonte FC/Juventus FC. Sabía perfectamente que no era tan bueno como sus dos rivales compatriotas, y que le costaría sudor y lágrimas llegar a pertenecer a un equipo de élite. Y Willem Arminius se lo había hecho saber de maneras muy burdas en repetidas ocasiones. Bueno, éste más bien le había hecho saber que jamás pertenecería a ningún equipo de élite con su condición, restregándoselo en el amistoso de Holanda y Japón y en los entrenamientos. Por una parte, Mark/Kojiro le daba la razón, ya que Willem, aparte de ser muchísimo más rápido, grande y musculoso que él, jugaba en una selección pilar del fútbol. Medía un metro ochenta, los cuales no eran nada al lado de los casi dos metros de altura de Willem. Maldijo por unos momentos haber nacido japonés. Recordó a todos sus compañeros intentando dar esquinazo a los enormes holandeses. Recordó que hasta a Oliver/Tsubasa y a Benji/Genzo les costó sacar adelante el partido. Las imágenes de Oliver/Tsubasa haciendo de defensa para que los holandeses no encajasen un segundo gol empezaron a reproducirse en su cabeza, haciéndole cuestionar sobre su capacidad futbolística.

'Si Oliver/Tsubasa, siendo el mejor de la Selección japonesa, le costó la vida darles esquinazo de alguna manera a los holandeses, ni me quiero imaginar cómo hubiera sido el partido sin él', pensó, con ganas de llorar.

Movió su cabeza hacia arriba para mirar al techo, y preguntarse qué sería de él. Comenzó a sobarse con los dedos de la mano derecha un mechón de su cabello, el cual le llegaba un poco más allá de los hombros, teniendo algunos de sus mechones más largos que otros. Empezó a jugar con uno de ellos haciendo pequeños círculos con el dedo índice de su mano derecha por unos segundos. Después sacó un mechero y un paquete de cigarrillos del bolsillo derecho de sus pantalones, extrayendo con sus grandes y largos dedos uno de ellos, acercó el mechero al final de la columna del cigarrillo y se acercó a los labios el filtro. Inhaló y exhaló una vez, y nuevamente el cigarrillo estaba en su boca.

- Me sorprende que estés aquí a estas horas, Lenders/Hyuga.

Una voz grave, melódica y suave irrumpió todos sus pensamientos. Sus ojos pudieron observar a una figura masculina, la cual era alta, atlética y estilizada, acompañada de un rostro muy armónico. Su mente había asociado aquella presencia con la de Dario Belli/Gino Hernandez, tal vez porque los dos tenían voces parecidas, formas parecidas, o ambas cosas. Pero al reproducir nuevamente aquella voz en su mente, entonces recordó a Salvatore Gentile, quien tenía la voz todavía más grave que el capitán del Inter de Milán. Sacó el móvil del bolsillo derecho de su chaqueta, presionó a uno de los lados y pudo ver reflejado en él la una y media de la mañana.

Salvatore, por su parte, dio unos firmes pasos hacia él, con expresión totalmente seria. Le enfocó nuevamente y vio que se parecía a Dario/Gino en algunos rasgos faciales y ademanes destacables.

- No sabía que fumaras – rompió nuevamente el silencio el guapo italiano, de manera sardónica.

Gentile le dirigió una mirada reprobatoria, acompañada de unos brazos cruzados y unas piernas completamente rectas y ladeadas. Mark/Kojiro no sabía con qué cara mirarle, desviando la vista hacia distintas perspectivas del pasillo con la intención de no tener que someterse a aquella penetrante y cautivadora mirada de color azul eléctrico, pero la peculiar voz de Salvatore no le dejó seguir obviándole más.

- Aquí no se puede fumar, por si no te lo habían dicho. Si quieres hacerlo, hazlo fuera. ¿No ves que esto es un centro deportivo?

- A tu amiga no se lo dices, ¿no? – espetó un molesto Lenders/Hyuga.

- En primer lugar, ella no juega al fútbol. – enumeró Gentile, tranquilo pero tajante -. Dos, tú sí juegas a él, y si te da un jamacuco por fumar, te pueden echar sin miramientos. Tres, no te refieras así a Amaia.

- Vale, vale – contestó Lenders/Hyuga alzando las manos en alto -. Tema zanjado; tú ganas, Gentile.

El aludido le dirigió una mirada que indicaba 'así me gusta', así como le dirigió otra de ligero asco por su chulería. Mark/Kojiro no hacía nada con el cigarrillo; simplemente lo sostenía entre sus dedos, mientras que la columna del mismo se iba haciendo cenizas, las cuales caían al suelo. Gentile, al presenciarlo, le riñó y le ordenó que tirase el cigarrillo, a lo cual Lenders/Hyuga obedeció sin rechistar, ya que no le convenía tener una disputa con uno de los jugadores estrella del Piamonte/Juventus, y tampoco con Mazzantini ni con Monetti. Ambos permanecieron en un incómodo silencio durante unos segundos.

- Demos una vuelta – sugirió Salvatore.


- Te recomendó aquí Daisy Gould/Kaori Matsumoto, ¿verdad?

- Sí; ella misma me recomendó aquí. ¿Por qué me lo preguntas?

- Es simple curiosidad, Lenders/Hyuga – justificó Gentile con calma -. Conozco a Daisy Gould/Kaori Matsumoto y sé que ha estado haciendo un buen trabajo por el momento. Si te ha recomendado aquí, es porque puedes pertenecer al primer equipo si te esfuerzas.

Lenders/Hyuga no le contestó. Se produjo un silencio entre ambos. Salvatore no sabía qué más decir o comunicar a su receptor. Mark/Kojiro, por su parte, no tenía nada que contarle al jugador estrella. Ambos siguieron caminando durante unos minutos sin mediar palabra. Mark/Kojiro se encontraba con el piloto automático conectado, porque se encontraba en una conexión que vacilaba entre el sueño y la vida real. Tenía frío a pesar de haberse puesto un jersey debajo de la chaqueta que llevaba encima, pero en donde sentía más frío era en las piernas. En verdad, tenía ganas de estar en la cama, aunque fuese estar leyendo los mensajes de sus contactos a través del móvil. Además quería saber cómo iban las cosas en el Instituto Toho sin él.

- El entrenador Monetti te ha dado una oportunidad porque quiere ver de lo que eres capaz, Lenders/Hyuga.

La grave voz de Gentile, la cual era como una noche sin luna, siempre le hacía bajar de sus pensamientos.

- No tienes la cabeza en la tierra. ¿Tienes sueño o qué?

Lenders/Hyuga tampoco respondió esta vez. Estaba bloqueado mental y emocionalmente y no sabía cómo contraatacar a las indirectas del italiano.


Oía el sonido de las campanas mientras caminaba por el pasillo, buscando una dirección concreta. Estaba muy nervioso, pero intentaba disimularlo imitando el gesto sereno propio de Dario Belli/Gino Hernández. Alternaba su mirada con el frente, los lados del pasillo, el suelo y su nueva adquisición, unas deportivas azules, las cuales pertenecían a una de las marcas más dispendiosas del mundo. Se irguió más e izó más la cabeza para parecer más seguro.

Le habían preocupado los comentarios de sus compañeros, de los fanáticos, de los reporteros y de los periodistas porque hablaban sobre la decisión que había tomado el entrenador Van Saal sobre qué posición tomaría en adelante. Para estar más tranquilo en presencia de Van Saal, se dirigió a las ventanas, las cuales para su fortuna estaban abiertas, pudiendo disfrutar del fresco aire que entraba por las mismas, sobre todo por la que había escogido él. Paró de caminar unos segundos para quedarse observando el atardecer, el cual presenciaba colores cálidos. Varias tonalidades de rojo, otras tantas de naranja y las más destacadas de amarillo fueron los colores que sus ojos estaban presenciando; mezclándose todos con todos, dando lugar a contenido visual muy satisfactorio para los mismos. Al echarle otra ojeada al cielo, pensó en todos los amigos que había dejado en su tierra natal, Japón. Pensó en la primera vez que entró en el equipo del instituto Nankatsu, en el cual le aplaudieron por meterle un gol a Benji/Genzo, el por aquel entonces capitán de Shutetsu, y por lo tanto, empujar al mismo adelante. ¿Por qué no podría hacer lo mismo con su club actual? No es que le hubiesen dicho nada de que todo tiene un límite, pero el amistoso de Japón y Holanda le había dejado huella en su cerebro en forma de imágenes.

'Por qué recordaré eso ahora…', pensó, con la cabeza gacha y la mirada perdida.

Andrea le habría dado un buen capón por pensar en esas cosas en vez de mirar el paisaje. Empezó a reírse con esa imagen mental y lo miró un poco más antes de llamar a la puerta del entrenador. Al deleitarse y tranquilizarse suficientemente, dio unos pasos en dirección a la lujosa puerta de ébano, hasta encontrarse cara a cara con la misma. Estuvo bloqueado de manera física y mental durante unos segundos hasta que le dio en el centro tres golpes pronunciados con los nudillos.

- Adelante – dijo Van Saal de forma automática.

Empujando el pomo de oro platino de la puerta, pudo observarle leyendo un periódico, tal vez para enterarse de los enfrentamientos de otros clubes con la intención de buscar puntos débiles. No, eso era un pensamiento muy concreto. Tal vez el hombre simplemente se quería enterar de las noticias. Echando un ojo de cerca, pudo ver en la primera página una imagen de un jugador del equipo golpeando a otro del equipo contrario. No sabía si sus deducciones eran ciertas, pero pudo interpretar la imagen según lo que le había contado el doctor Méndez; Rivaul dándole un codazo al capitán del equipo contrario, Bruno. A lo mejor Rivaul lo hizo sin querer, o lo hizo por una buena causa. Todo tiene sus derivaciones, y al fin y al cabo, el doctor no había hecho hincapié en Rivaul.

- Buenos días – enunció a modo de respuesta Oliver/Tsubasa, cerrando la puerta silenciosamente.

Caminó hacia la mesa en la cual estaba el entrenador con paso rápido y firme. Tenía ganas de acabar con la duda que le habían dejado de una vez por todas.

- ¿Me había llamado, entrenador?

- Sí – respondió el entrenador, con voz grave.

El entrenador decidió dejar un margen de silencio para poder darle más importancia a lo que iba a decir. Le miró fijamente con sus ojos de penetrante mirada fría como el hielo, poniendo aún más nervioso a Oliver/Tsubasa.

- Oliver/Tsubasa, quería preguntarte una cosa antes del partido de liga – anunció, alzando ligeramente la voz para hacerse oír.

- Cl-Claro – respondió Oliver/Tsubasa, riéndose nerviosamente.

Van Saal puso los codos en la mesa, con los brazos levantados y la mano izquierda encima de la derecha, ambas parcialmente estiradas. Estaba al frente con expresión severa.

- Oliver/Tsubasa – abrió Van Saal -. ¿En qué posición te gustaría jugar?

El pupilo se puso tan nervioso que soltó una especie de exhalo con sonido, lo cual provocó que el entrenador cerrase las hojas del grueso, grande y perfectamente encuadernado periódico, se levantase de su silla giratoria negra acolchada, le diese la espalda, se dirigiese una de las amplias y caras ventanas de diseñador, las cuales eran del más puro cristal y estaban limpísimas, lo que provocó que Oliver/Tsubasa pudiese ver el reflejo del entrenador en él; notó que le estaba mirando a pesar de estar de espaldas. Van Saal estaba pensando en qué palabras decirle al jugador más nuevo.

- Durante los pasados entrenamientos, te he hecho jugar en diferentes posiciones. ¿Es así?

Giró su cuerpo parcialmente, pero mientras lo hacía, el joven pudo apreciar mejor el rostro del entrenador. Su grande y pronunciada nariz aguileña acentuaba dichas características con el reflejo de la vaga luz del sol que intentaba entrar a través de los cristales. Sus arrugas alrededor de los ojos también se veían aún más notorias con el mismo reflejo. La forma de su mandíbula, de sus ojos, de sus pómulos, de su boca, la cual tenía los labios finos; hechos a cuchillo, los cuales acentuaban su rostro severo. Su cuerpo, el cual tenía una estatura considerable, los hombros anchos y fuertes y una espalda espaciosa y musculosa, imponía aún más al joven.

'¡Madre mía!; para ser un viejo de setenta y pico de años, se gasta un cuerpo digno de un jugador de élite', observó Oliver/Tsubasa, impresionado y asustado a partes iguales.

Van Saal giró su cabeza para mirar a Oliver/Tsubasa. Su mirada era aún más severa y decisiva, porque se trataba de un asunto muy importante que daría lugar a los comentarios de la gente tanto de él y su labor de entrenador, como del jugador y su futura reputación. Cada detalle contaba en lo mínimo en un club de élite, y mucho más el que dirigía él.

- Quiero que me digas, como jugador, en qué posición te gustaría jugar a ti. No te cohíbas.

Van Saal era muy severo con todos los jugadores, y más con los novatos; pero no sabía qué era lo que tenía Oliver/Tsubasa, que en él confiaba plenamente. Tal vez porque en todas las posiciones en las que le ha mandado jugar lo había ejecutado de excelente manera.

Oliver/Tsubasa le miró por unos instantes a los ojos para indicarle que le diese espacio, y a su mente vinieron un montón de recuerdos. Cerró los ojos e intentó recordar todas las jugadas hechas en su vida. Todas las posiciones que había tomado a lo largo de su actividad futbolística. Puños apretados pero relajados. Hombros relajados. Ojos cerrados.

'Jugué de delantero en el campeonato nacional de fútbol juvenil, como goleador del Nankatsu. Luego, Roberto me enseñó que la posición detrás de los puntas es muy importante. Y entonces… intenté hacerlo lo mejor posible en esa posición.

En Nankatsu, era el organizador del juego; un centrocampista de ataque, y gracias a eso, el equipo ganó tres años seguidos.

He jugado en esa posición desde entonces. Ése es mi sitio, pero el entrenador me ha hecho jugar dentro del campo; en la derecha, y en la izquierda, y también de delantero. Fue divertido jugar en esas posiciones. Daría cualquier cosa por jugar al lado de Rivaul y otros grandes jugadores del equipo en donde estoy actualmente'.

Un montón de recuerdos pasaron por su mente. La primera vez que tocó una pelota, la primera vez que entró en el equipo Nankatsu, las enseñanzas de su estimado mentor, los enfrentamientos con los distintos rivales y su victoria sobre todos ellos, sus enfrentamientos con Mark Lenders/Kojiro Hyuga, su primera lesión grave, su empate con el equipo capitaneado por Lenders/Hyuga, su paso por el mundial, sus enfrentamientos con el Káiser de Alemania, la victoria de Japón en aquel mundial. Todos esos sucesos le hicieron ver en qué posición tenía que jugar, pero el entrenador le cambió totalmente sus perspectivas. De tal manera que lo hizo hasta que se cuestionaba en dónde tenía que jugar.

Aquel dificultoso y arduo partido entre Japón y Holanda, aquel que le hizo jugar hasta de defensa. Tal vez Van Saal observó el cómo jugaba Oliver/Tsubasa, y quería ponerle a prueba de alguna manera. Recordó la asegurada derrota que tenía frente a sus rivales europeos hasta que el entrenador decidió sacar a Rob Denton/Aoi Shingo, marcando éste el gol del empate en el último minuto. En parte se sentía agradecido por el gol de último minuto, pero a su vez se sentía mal porque no había podido hacer nada en todo el partido nada más que defender e intentar buscar puntos débiles en los holandeses, buscando el gol de alguna manera.

Había hecho todo por encajar en los estándares de Van Saal. Había jugado en todas las posiciones que él había deseado. Había participado en todos los entrenamientos. ¿Y ahora le preguntaba en qué posición quería jugar? Ni él mismo lo sabía. Van Saal le había hecho dudar. Tal vez eso era lo que él quería, poner a prueba al chico con el método de la duda, y muchos jugadores; tanto titulares como suplentes le habían hablado de la particular metodología de prueba y elección del entrenador. Y Clemente mencionó una vez algo sobre un jugador al que Van Saal le hizo marcharse por falta de decisión.

Abrió los ojos lentamente y respondió:

- Entrenador – fue diciendo –, me gustaría jugar… ¡Detrás de los puntas!

El entrenador desvió su vista hacia él.

- Ya veo. Eso es todo – dicho esto, le dio la espalda nuevamente.

- Con su permiso, entrenador.

El joven le miró por unos instantes más, giró sobre sus talones, caminó hacia la puerta, y una vez hubo llegado a ella, movió el pomo hacia abajo para realizar el movimiento de apertura, y tiró de ella. Ya en medio de las dos habitaciones, salió en dirección al pasillo, cerrando la puerta de manera muy sutil. No hacía más que recordar manías o particularidades del entrenador a raíz de que sus compañeros las comentaban, ya fuese entre ellos o también con él.

'La puerta de ébano del despacho del entrenador Van Saal tiene que ser tratada con muchísimo cuidado, porque es carísima', le había dicho una vez González. 'Además tiene un pomo de oro blanco. Esa puerta costó muchísimo dinero en su día; es cara incluso para alguien rico. Si le llegara a pasar algo, aunque sea en lo más mínimo, le da un infarto'.

No se arrepentía de nada, porque ahora lo sabía. Sabía en dónde quería jugar. Quería hacerlo de enlace con la delantera del equipo. Sabía lo difícil que era ser titular porque habían jugadores muchísimo mejores que él y más especializados en su área, como Rivaul, pero pensaba que tenía una oportunidad, ya que empezaba a conocer mejor el juego de Rivaul. Se había propuesto hacerlo lo mejor que podía y con ello le dejaría la decisión al entrenador.


- ¿En serio has invitado a Oliver/Tsubasa a cenar? – inquirió una voz femenina.

- Sí, quiero tratar con él algunos asuntos y conocerle mejor.

Él le pasó un musculado, largo y estilizado brazo por la cintura de su acompañante. Ambos estaban desnudos y recostados en una espaciosa y lujosa cama de diseño, parcialmente tapados por unas sábanas de color crema. Mientras él le hablaba de sus planes a corto, mediano y largo plazo, ella observaba la recta y minimalista estructura de la habitación. Tanto las paredes, el armario, la cama, la lámpara como el perchero eran de estilo minimalista. No tenía apenas adornos, las formas del cuarto y los muebles eran rectas, los colores eran planos con predominancia del negro y tonalidades muy oscuras de marrón, etc. Todo iba bien en su mente, pero al principio había sospechado de la altura y la anchura de la cama, porque era muy grande para que durmiese una sola persona, pero pensó en que mucha gente sin pareja dormía en camas grandes.

Le encantaba sentir el calor que desprendía el cuerpo del jugador. Ya había pasado media hora después de que hubiesen mantenido relaciones, y por lo tanto, ambos ya no desprendían sudor, ya que la habitación no tenía una temperatura ni muy baja ni muy alta, y el que entrase una leve ráfaga de aire por la ventana abierta ayudaba a Andrea a estar más tranquila.

- Sé que Oliver/Tsubasa ha estado en Brasil por un largo periodo de tiempo, y he encargado hacer algunos platos nacionales para que los pruebe, ya que me ha dicho los platos que ha probado y le llevaré algunos que le han gustado, y otros nuevos.

- Me gustaría probar la comida brasileña – añadió ella -. Oliver/Tsubasa me ha dicho que es muy variada y deliciosa.

Rivaul emitió una pequeña risa.

- Está bien; te invitaré la semana que viene – propuso -. ¿Qué te parece?

- Me parece bien.

Ambos se soltaron ligeramente, y nuevamente él le colocó el brazo en la cintura. Notando que entraba mucho aire frío por la ventana y que corría de más en la habitación, Andrea anunció que iba a cerrar la ventana; él le quitó el brazo, ella se puso en pie, caminó descalza en dirección a la gran ventana y la cerró completamente, se puso una bata de tela fina y se volvió a meter en la cama con Rivaul, con su brazo rodeándole la cintura.

FIN.

NOTAS:

- El restaurante AbaC al que Rivaul invita a Andrea a comer es un restaurante de alta cocina, el cual está ubicado en las altas zonas de Barcelona, España. Este restaurante pertenece a Jordi Cruz, uno de los mejores cocineros de España.

- Se ha cogido el apellido de uno de los entrenadores más polémicos de Italia, Gattuso, el cual es un jugador que ha renunciado su contrato con el Inter de Milán hasta 2021.

- Salvatore Gentile es un personaje de la serie Captain Tsubasa, el cual es italiano, conoce a Dario Belli/Gino Hernandez y juega de defensa en el Piamonte FC/Juventus FC, club de fútbol italiano de élite; uno de los más conocidos a nivel mundial. Este personaje no ha aparecido en la versión en la que se están basando los hechos de esta historia, Road to 2002, o Campeones Hacia El Mundial, como se ha denominado la serie en el doblaje europeo. No ha tenido relevancia en tal versión de Captain Tsubasa, pero tendría que haber aparecido ya que es un jugador del equipo profesional por el que ficha Mark Lenders/Kojiro Hyuga.