Capítulo 9. Esperanzas.
Se podían oír las risas de los dos niños que estaban correteando alrededor de Oliver/Tsubasa en el espacioso y cálido salón, a pesar de tener una apariencia muy costosa. El joven se sintió muy acogido; le daba la sensación de estar en su propia casa, o en lo que en su mente respectaba, su proyecto de hogar ideal. Recordaba constantemente lo sola que estaba su madre porque su padre se involucraba en largos viajes en los que se podía tirar desaparecido por meses. Le dio algo de tristeza porque también pensó en lo sola que estaba su madre debido a que él estaba muy lejos también de Japón. El menor de los niños, al ver su expresión de ligera tristeza y su mirada perdida, le cogió de una mano con sus dos diminutas manos y le llevó a una de las sillas.
- ¡Siéntate conmigo, Oliver/Tsubasa! – invitó el niño, con una sonrisa de oreja a oreja.
- Oh, gracias – agradeció el aludido riendo, con un deje nervioso.
No sabía del por qué ese nerviosismo, pero algo en su mente le dijo que le recordaba a la familia que le hubiese gustado tener. Recordó por aquel entonces a su compañero de selección, Mark Lenders/Kojiro Hyuga, quien tenía muchísimo menos dinero que él, pero vivía más feliz porque tenía a su familia. Al sentarse en la mesa, pudo ver la cantidad de deliciosos platos brasileños que se paseaban por sus ojos en forma de comida de excelente calidad, hecha por uno de los mejores cocineros de Brasil (Rivaul tenía muchísimos contactos, y por lo tanto había llamado al mejor cocinero de su país), y por su nariz en forma de ligeros vapores providentes de cada plato, los cuales estimulaban de manera positiva sus cavidades nasales. La apariencia y el olor de todos los platos estaban deleitando a Oliver/Tsubasa, pero uno de ellos le llamó especialmente la atención por el olor, evocándole recuerdos de cuando estaba en casa y su madre le hacía ese plato a menudo por petición suya, el cual tenía una forma similar a la composición de muchos granos de arroz, los cuales eran mucho más grandes, estaban separados por grupos de color y contenían trozos de carne y un par de rodajas de limón, una notablemente más gruesa que otro.
- Este plato tiene el nombre de feijoada – le fue explicando a Oliver/Tsubasa en forma de guía, ya que había notado que el japonés había mirado el plato con gran pausa -, el cual es uno de los platos típicos de la cocina brasileña, aunque también pertenece a Portugal, Mozambique y Angola. Si preguntas por su contenido, son frijoles negros, junto con carne de cerdo en salazón. Toma tu tenedor y pruébalo, a ver si te recuerda a algo.
Oliver/Tsubasa cogió el tenedor rápidamente y cogió un pequeño trozo de carne, tres o cuatro frijoles y un poco de arroz, dándole su paladar un sabor un tanto fuerte. Lamentó interiormente haber sido tan ignorante y haber pensado que el arroz eran frijoles blancos.
- Puedo decirte que los frijoles me recuerdan al arroz providente de Japón, ya que se hacen muchos platos con él, pero no tiene nada que ver – calificó Oliver/Tsubasa, con la boca ligeramente llena, después de haber estado degustando la feijoada -. Este plato está bien, la verdad.
- Echas de menos Japón, ¿no? – preguntó Rivaul, curioso.
El joven muchacho cogió una porción de arroz con su tenedor, pensando en qué decir. A medida que deshacía el arroz con la ayuda de sus dientes y su lengua, después de habérselo metido en la boca, empezó a pensar en las palabras adecuadas, tragándolo de una vez.
- La verdad es que Japón es el lugar en el cual están todos mis amigos; toda la gente que conozco – comenzó a relatar Oliver/Tsubasa -. Mi madre, mis amigos de la secundaria, mis compañeros de equipo, etc. Yo, junto con algunos de mis antiguos compañeros, nos hemos ido yendo a diversos países europeos para fichar por clubes de élite. La verdad es que no tengo ningún deseo de volver a Japón; porque sería perderme todo aquello que el mundo me ofrece – suspiró ligeramente -. Si acaso volvería para jugar los mundiales, pero nada más que para eso.
- A mí la verdad es que me gusta España y su gastronomía, pero me he paseado más de una vez por Portugal, y la verdad es que me recuerda a Brasil – explicó Rivaul, algo nostálgico -. Se habla el mismo idioma, sus culturas son parecidas, el tipo de playas que hay son parecidas, etc.
- Santana me habló de Portugal en una charla que tuvimos – aludió Oliver/Tsubasa, melancólico -. Echo de menos Brasil, a mi mentor Roberto, a mi amigo Pepe, a Carlos Santana, a mis compañeros de Sao Paulo, la ciudad de Sao Paulo, la comida…
- ¡Pero si tienes aquí comida brasileña, hombre! – le recordó Rivaul, soltando una carcajada. Se puso la mano derecha en la frente -. Andrea me había contado que eres especialmente fanático de Brasil y que eres muy nostálgico, ¡pero yo no la creía!
Oliver/Tsubasa emitió una sonora carcajada, porque recordaba a su amiga hablando de él y haciendo exageraciones con las manos, las cuales siempre levantaba como cual director de orquesta.
- ¡Esta Andrea es la monda lironda! – dijo, carcajeándose, con el rostro rojo, las lágrimas brotándole de los ojos y la palma de la mano derecha sosteniendo su frente.
Cogió la botella de vino tinto que había en la mesa, la destapó, se sirvió llenando la copa entera, dejó la botella en donde estaba sin taparla y le dio un trago que llenó toda su boca, tragándoselo con un pequeño ruido emitido desde su gaznate. Rivaul le miró, estando a punto de echarse a reír nuevamente. Oliver/Tsubasa reía mientras le daba otro trago largo a la copa. Rivaul venía venir a una mujer joven y grácil cargando con más platos llenos de un contenido específico, la cual los colocaba en la mesa con delicada forma.
- Para que veas, hay muchísimos platos que puedes probar – anunció Rivaul, haciendo que el chico dejase de reírse y le mirase a él -. Sírvete tú mismo - invitó, haciendo un ademán con la mano abierta, moviéndola lentamente de la izquierda a la derecha.
Oliver/Tsubasa se quedó viendo los platos que habían ido apareciendo, desviando su vista uno hacia otro, con la boca ligeramente abierta. Le dio las gracias, cogió el tenedor y el cuchillo y se dispuso a escoger plato, sin saber exactamente qué coger, hasta que el mayor de los niños, el cual no tendría más de siete años, le sugirió señalándole con el dedo que probase unas bolas enormes empanadas, las cuales contenían por dentro carne, porque eran las que más le gustaban a la mujer que había traído la comida. El menor añadió que a él también le gustaban. Él, enternecido por los dos niños, cogió una de esas bolas empanadas con un tenedor y le dio un gran mordisco. Sintió que estaba en la gloria; le encantaba sentir la textura de la enorme y gruesa capa de pan que cubría la carne, la cual era de pollo; concretamente una pechuga. Su reacción fue una sonrisa de oreja a oreja, unos ojos brillantes y masivo ensalivamiento. Le dio otro mordisco, le volvieron a brillar los ojos, volvió a comentar lo bueno que estaba y los niños se echaron a reír. La mujer le observaba con ojos tiernos, en pie.
- ¡Estupendo! – respondió la guapa mujer, con una gran sonrisa -. Toma todo lo que quieras; hay más en la cocina.
Le dirigió una última mirada a Rivaul y a los niños y caminó en dirección a la cocina, haciendo sonar los tacones de altura baja que llevaba puestos. Pudo observar a la mujer, la cual era de complexión media, poseía una estatura media, estaba relativamente delgada y era relativamente curvilínea. Llevaba el pelo corto, el cual tenía cierto movimiento debido a que su cabello indicaba que tenía intenciones de dejarlo crecer. Tenía los ojos grandes, oscuros y con abundantes pestañas. Llevaba un vestido de color amarillo claro, el cual no llevaba mangas, con un delantal rosa protegiéndola de la cocina. Las partes en las que más se había fijado fueron los brazos y las piernas. Los niños se separaron de Oliver/Tsubasa y se sentó cada uno en una silla, cada uno al lado de Rivaul, quien levantó la vista hacia él.
- Oliver/Tsubasa, el entrenador te había llamado hoy a su despacho, ¿no?
- Sí – respondió Oliver/Tsubasa, con la boca llena de aquel producto brasileño llamado coxinha -. ¿Por qué lo preguntas?
- Simple curiosidad – respondió él, dándole un trago a la copa de agua -. Dime, ¿qué era lo que quería de ti?
Oliver/Tsubasa empezó a reírse ligeramente debido a que le había dado otro trago a su copa de vino, el cual le estaba empezando a hacer efecto, provocando que empezara a sudar ligeramente y adquirir un ligero rojo en sus mejillas, pero su visión no estaba perdida.
- Quería preguntarme… - formuló Oliver/Tsubasa, intentando contenerse la risa, sin mucho éxito -. ¡…en qué posición me gustaría jugar a mí en el equipo!
Soltando a continuación una risotada contenida, se aproximó a vaciar la copa con el último trago, cogiendo la botella con disposición de servirse más, pero se encontró con la sorpresa de que no había más contenido en ella. Decepcionado, se le pasó por la cabeza el preguntar a Rivaul por si había más, pero pensaba que ya era suficiente vino el que había ingerido y no quería quedar como un ansioso delante del gran jugador. Rivaul, por su parte, estaba extrañado del comportamiento que estaba mostrando Oliver/Tsubasa.
- Eh... ya veo – observó Rivaul, perplejo -. Y… ¿Qué le has respondido?
Oliver/Tsubasa abrió la boca para formular lo que había contestado, pero el anfitrión se lo impidió aproximando la palma de la mano derecha, queriendo indicar que no hacía falta que respondiese. Además pudo notar que su invitado estaba más contento de la cuenta. Unos cuantos segundos de silencio después el niño más mayor, el cual era muy parecido a Rivaul, le preguntó a Oliver/Tsubasa sobre Japón. Al principio tuvo dudas sobre qué contarle a un niño de siete años sobre Japón, quedándose con cara de sorprendido, porque eran muchísimas cosas las que había que contar, pero el niño insistió y Oliver/Tsubasa comenzó a soltar información al azar, cogiendo un panecillo de queso y dándole un mordisco. Que si Japón era un país situado en el este de Asia en una forma alargada compuesta por muchas islas, la cual estaba próxima a Oceanía, que vivía en un pueblo grande de Shizuoka, que tuvo una infancia allí, un equipo, etc. También le habló de las comidas típicas que se hacían allí, las clases sociales, la sociedad en general, etc., hasta que Rivaul le pidió que parara porque los niños tenían que irse a la cama, dándole a entender que el niño no procesaría toda esa información debido a que era demasiada.
No sabía exactamente qué relación tenía la mujer que les había servido la cena con Rivaul y los niños. Por un momento llegó a vacilar entre varias opciones, pero prefirió no pensar más en el asunto y ponerse a pensar en la Liga. Para él las relaciones afectivas eran un tanto escabrosas de manejar, y apenas sabía nada de la vida personal de Rivaul, así que no podía juzgar bien. La mujer parecía algo mayor que Rivaul, pero había oído decir que las mujeres brasileñas se cuidaban muy bien. Y sabía perfectamente que su amiga Andrea estaba saliendo con el águila del Barcelona FC/Cataluña FC.
'La Liga empieza dentro de una semana', pensó, ordenando sus prioridades, mientras observaba desde la ventana el cielo oscuro y estrellado. 'Me pondré de acuerdo en el juego con Rivaul para que el equipo gane la Liga'.
Quería dos cosas; jugar al lado de los mejores jugadores del mundo y pertenecer al Barcelona FC/Cataluña FC, aparte de hacerse un hueco más grande en el fútbol europeo.
Estaba atándose las deportivas en uno de los vestuarios con la intención de salir a jugar hasta que Albert Potter, un titular del equipo, abrió la puerta del vestuario y le anunció que el entrenador quería verle. Oliver/Tsubasa se limitó a asentir.
Los periodistas llevaban esperando casi una hora para entrar a ver el entrenamiento de los jugadores del Barcelona FC/Cataluña FC, preguntándose por la posición en la cual Van Saal colocaría a Oliver/Tsubasa y si éste iba a jugar hoy. Uno de ellos estaba hablando por teléfono porque le estaban comunicando una noticia muy importante, y parecía que tenía que ver con su país natal, avisando a sus compañeros. Les dio la premisa que venía desde Italia. Un periodista bajo y regordete con rasgos asiáticos preguntó lo que pasaba en Italia. El enunciante comunicó que Remberto Pacciani, quien era el as del Piamonte FC/Juventus FC, se había lesionado y que no podría jugar el partido. Uno de ellos preguntó por cuánto tiempo estaría lesionado. Otro mencionó a Mark Lenders/Kojiro Hyuga, dando pie a que podría debutar en un equipo de esa alcurnia, dando a entender que éste tenía muchas posibilidades. El emisor le dio la razón, gratamente sorprendido. Exclamación de '¡Madre mía!', por parte del primer periodista. Otro hizo mención a Gattuso, llamándole idiota y criticando su modo de gestionar el juego. Un periodista alto, delgado y de pronunciado bigote mencionó que el Inter de Milán había perdido mucha calidad de juego debido a que su capitán, Dario Belli/Gino Hernandez, estaba lesionado otra vez. Un reportero alemán hizo alusión al jugador alemán Marco Reus, quien no paraba de lesionarse. Otro, preocupado, comentó lo que le pasaría si no iba a ver a un doctor ya.
Oyeron abrir las verjas y pudieron ver a uno de los guías, quien iba vestido con un elegante traje gris y estaba muy aliñado. Éste les dio las gracias, les anunció la futura decisión de Van Saal sobre Atom/Ozora y les ofreció acompañarle por si les interesaba, a lo cual todos respondieron positivamente, corriendo hacia el campo, mientras hablaban del posible debut de Lenders/Hyuga en Italia, dando lugar a las comparaciones entre éste y el capitán de la Selección Nacional de Japón entre rápidas pisadas de zapatos de vestir.
Eso era de esperar, Oliver/Tsubasa – opinó Andrea de manera tranquila al comunicarle su amigo la noticia, mientras le pasaba una palma de la mano por el hombro -. Seguro que en nada obtienes una plaza de titular; ya lo verás.
Pero pudo entenderle, ya que Van Saal le había soltado la noticia a bocajarro, dejándole completamente helado y en inmovilidad durante unos minutos, contemplando el suelo. Iba a jugar de enlace con la delantera, pero con el equipo filial; no con el titular. Podría comprenderlo porque todos y cada uno de los jugadores que aspiran a formar parte de las filas del Barcelona FC/Cataluña FC eran muy buenos y esperaban estar de cabeza en el equipo titular. Clemente le había dicho anteriormente que a Oliver/Tsubasa le costaría muchísimo hacerse con un puesto de titular, y que en general el titular tenía que esmerarse muchísimo en ser el mejor, ya que podía venir con facilidad un jugador mejor y quitárselo, además de la enorme presión que suponía el cometer el más mínimo error.
'Pobre Oliver/Tsubasa', pensó, con una apenada sonrisa, la cual se convirtió en una mueca de tristeza. 'Si no consigue un puesto de titular aquí, le dará un chungo'. Sabía que a Oliver/Tsubasa le costaría muchísimo hacerse con un puesto de titular; había jugadores realmente notables; para qué lo iría a negar. Y sabía que el águila del Barcelona/Cataluña era un hueso muy duro de roer…
- Por cierto, Oliver/Tsubasa, ¿qué tal fue la cena en casa de Rivaul?
El aludido se echó a reír.
- ¡Ja, ja, ja, ja! – hizo una pausa porque no podía hablar. Una vez que se hubo tranquilizado relativamente, soltó -: Todavía me estoy acordando del pedazo de atracón que me pegué y del pedo que me pillé. ¡Menos mal que la botella me dio para un par de copas solamente, y aún así, qué contentillo me puse!
Andrea le observó, perpleja. No se podía creer que le hubiese montado una escenita a Rivaul de lo avergonzada que estaba. Tuvo deseos de reñirle y echarle en cara lo que había hecho, pero decidió calmar sus impulsos.
- Oliver/Tsubasa, ¿puedo preguntarte con toda confianza qué fue lo que te preguntó ayer el entrenador?
El mentado empezó a carcajearse, intentando contenerse la risa tapándose la boca con las manos.
- ¡El hijo de puta estuvo mirándome con esos dos bloques de hielo todo el tiempo, poniéndome aún más nervioso! – contestó, haciendo un gesto de extensión del brazo y la palma de la mano. Hizo otra pausa -. ¡Tanta tortura para preguntarme en qué posición quería jugar, y luego va y me pone en la posición que le da la real gana y encima en el equipo filial! ¡Hay que joderse! ¡Parece el puto Batman, y me da miedo! ¡Ja, ja, ja, ja!
- A lo mejor se te aparece una noche en la que estés durmiendo, encapuchado, va y te susurra al oído 'te vas a quedar en el equipo filial, en el equipo filial, equipo filial, filial…' – añadió Andrea, convirtiendo en ecos que susurraban la frase en la que mencionaba al equipo filial, a modo de broma.
El tronco del muchacho cayó hacia atrás involuntariamente.
- ¡No, por favor! – respondió él con una escandalosa y sonora risa -. ¡Como haga eso, le meto una denuncia que se le cae el pelo ese a lo Santiago Segura que me trae!
Andrea empezó a desternillarse como una loca, poniéndose rojas sus mejillas y todo su rostro en general, cayéndosele lágrimas por sus ojos. Se sostenía el vientre con ambas manos, al mismo que se apañaba secándose las lágrimas con el dorso de una mano u otra.
- ¡Por favor, Oliver/Tsubasa, para ya! ¡A ver si en una bronca que tengamos le suelto lo de Santiago Segura, y es él quien me pone la denuncia, y el que tendrá la culpa de todo serás tú!
- ¡Y encima me echas la culpa a mí, cuando la culpa en realidad sería tuya por habérselo dicho! – respondió él, con lágrimas en los ojos y desternillado de risa, extendiendo un brazo con la palma de la mano completamente abierta.
- ¡La culpa sería tuya por ponerte a hablar de Santiago Segura y hacer comparativas entre el entrenador y él! De hecho, ¡ya lo es!
Empezaron las risas, las cuales eran cada vez más intensas, ahogando cualquier palabra que dijera cualquiera de los dos. Les había chocado tanto a ambos el asunto de Van Saal, que se habían puesto a soltar barbaridades, riéndose así del asunto a voz en cuello.
Las declaraciones que había dado Van Saal en la rueda de prensa se encargaron de ser comunicadas en forma de noticias, siendo así difundidas por todo el mundo. Su opinión sobre Oliver Atom/Tsubasa Ozora era que el chico era muy joven, y aprovechando esa ventaja, jugar muchos partidos en el equipo filial le sería mucho más útil que verlos desde el banquillo del primer equipo, porque le aportaría un plus de experiencia para su carrera futbolística.
- Le he dicho que juegue de interior, que es la posición que él ha elegido – declaró Van Saal por micrófono, neutral -, y que su objetivo será marcar como mínimo diez goles en un año. Estoy convencido de que puede alcanzarlo – hizo una pausa de unos tres segundos y tragó saliva -. Es todo, señores. No tengo más que decir. Hasta más ver, señores.
Dicho esto, se levantó del sitio con mucha tranquilidad y se fue del lugar, sin importarle que los periodistas protestasen o empezasen a opinar de lo ocurrido. Uno de ellos se quedó en silencio, pensando en las condiciones que le había puesto al jugador número uno de Japón. Exceptuando a cuatro de ellos, todos los periodistas y reporteros fueron levantándose de sus sillas y recogiendo sus respectivos papeles y cámaras, algunos de ellos, murmurando. Uno de los restantes, el cual era japonés y tenía un bigote y llevaba un traje gris, rompió el hielo ante las tensas circunstancias.
- El Barcelona B/Cataluña B es un equipo demasiado joven. Acaban de subir este año de tercera división a la segunda división B. ¡No tienen ningún jugador que sobresalga! – dijo, desesperado.
- Será difícil marcar diez goles en un año en un equipo de esas características – terció otro de los japoneses, con una expresión que indicaba su total derrota y frustración ante dicha noticia. Cerró los ojos y dejó caer las facciones de su rostro.
Otro de los japoneses se puso en pie con un movimiento muy rápido, dándose la vuelta, con una expresión totalmente furiosa. Sus ojos negros dibujaban un brillo que reflejaba rabia e impotencia. Estaban completamente fruncidos; a tal punto que las cejas eran un mero complemento. Sus puños también eran unos evidentes reflectores.
- ¡Idiotas! – gritó, con voz raspada, la cual hizo sobrecoger a sus compañeros -. ¡No se trata de eso!
Todos sus acompañantes, y algún que otro de otro grupo de periodistas, le miraron con impresión.
- ¡Nozaki! – nombró el mismo que había hablado antes, sobrecogido.
Pero éste estaba dispuesto a seguir hablando.
- ¡Eso significa que Oliver/Tsubasa ni siquiera podrá sentarse en el banquillo para ser el sustituto de Rivaul! – dejó de hablar por unos segundos para respirar. Soltó, con un tono de voz mucho más elevado, más duro y más enfurecido -. ¿No lo entendéis?
Explicó, con la vena saliéndosele de la frente, que al entrenador Van Saal no le había gustado su rendimiento en ninguna de las posiciones en las que le había mandado jugar en los partidos de entrenamiento. Que era como si quisiera hacer algún tipo de complot contra él.
- ¡Oliver/Tsubasa no puede ocupar cualquier posición! – enfatizó Nozaki, enarcando sus cejas hacia abajo y apretando sus puños -. ¡El entrenador piensa que no tiene la suficiente clase como para jugar en el primer equipo! ¡Al menos, eso es lo que creo yo!
Las palabras de Nozaki resonaron en las cabezas de sus compañeros, haciéndoles tener reacciones de alarma por lo que estaba pasando. Alguno que otro se quejaba de las decisiones que tomaba Van Saal acerca del equipo oficial de Barcelona.
- ¡Tenemos que llamar a Japón, y hay que hacerlo lo antes posible! – apuró el anterior hablante, levantándose de la silla y echando a correr.
- ¡Le preguntaré a Oliver/Tsubasa qué es lo que piensa! – concordó el delgado del bigote y el traje gris, haciendo lo mismo que el anterior.
- ¡Ay, cielos! – se lamentó el periodista bajo y regordete, quien portaba una cámara Canon en sus manos -. ¡Ahora necesito cambiar mi agenda! ¡Yo no esperaba esto!
Éste empezó a hacer movimientos rápidos con los brazos y las manos en señal de estrés y desesperación. Los periodistas locales llamaban una y otra vez con sus respectivos teléfonos, comunicando la noticia. Había uno, el cual llevaba gafas y una gabardina marrón, que parecía alegrarle el hecho de que Oliver/Tsubasa jugase en segunda división, simplemente por el hecho de que no molestase en el primer equipo. Nozaki tuvo ganas de pegarle porque se había puesto nervioso con el bullicio de los periodistas españoles, pero simplemente se limitó a mirarle con odio reconcentrado.
'Esto no revestirá ninguna importancia para los periodistas locales, ¿eh?', pensó, muy indignado. 'Pues para los periodistas japoneses, sí'.
'Oliver Atom/Ozora Tsubasa, el jugador número uno de Japón, jugará en el equipo filial del Barcelona/Cataluña'.
La prensa japonesa, la cual incidía en los periódicos más famosos del país y en las revistas deportivas más famosas, rezaban títulos tales como 'Oliver Atom/Ozora Tsubasa no jugará en el primer equipo', 'Atom/Ozora jugará en el filial' y títulos de la misma índole. Muchos de los compatriotas del jugador, los cuales esperaban el metro, se pusieron a hablar del asunto. Unos estaban de acuerdo en que Japón no era un país pilar del fútbol y que por lo tanto, Oliver/Tsubasa acabaría así. Pero otros, entre los cuales se incluía el amigo de la secundaria de Oliver Atom/Tsubasa Ozora, Bruce Harper/Ryo Ishizaki, el cual estaba sentado esperando su parada correspondiente, frunció el ceño, arrugó el periódico con la palma de una mano y dijo en voz alta:
- ¡Pero bueno!, ¿qué narices está pasando aquí? – dicho esto, se puso a blasfemar, rompiendo y arrugando el periódico con sus dos manos, tirándolo al suelo a continuación, acompañando su puchero con unas pisadas al periódico.
Unas cuantas personas que, al igual que él, esperaban el metro, empezaron a cuchichear entre sí. Una jovencita, la cual estaba sentada en el mismo banco que él, se alzó y dio unos cuantos pasos para alejarse de él, espantada y molesta. Una señora comentó con otra lo violentos que se podían poner los fanáticos del fútbol cuando su jugador preferido no ganaba el juego. Bruce/Ryo, harto de la escena y de la situación, se puso en pie, dio unos pasos pesados y lanzó el periódico a las vías, pensando que eso le serviría de algo, con los dientes y los puños cerrados y apretados y el cuerpo tembloroso y sudoroso.
En una cancha de entrenamiento repleta de nieve; a lo cual los lentos y descendentes copos de nieve contribuían, un silencioso, molesto y frustrado Philip Callahan/Hikaru Matsuyama contemplaba con ojos vidriosos el periódico que reflejaba la mala noticia, el cual había sido tirado al suelo por el mismo, totalmente cubierto de nieve. Estaba plantado de pie, sin poderse mover. Solamente sus puños apretados se movían por el temblor, los cuales destilaban rabia que se podría confundir con temblor de frío. Estuvo en ese estado por unos cuantos minutos, hasta que soltó estas palabras al cielo en forma de pregunta de reproche, como maldiciéndolo:
- ¿Ni siquiera Oliver/Tsubasa es lo bastante bueno como para jugar en Europa? - dijo, con la voz llena de rabia.
Lo había dicho en un tono bajo lo suficientemente audible como para que Dios le oyera, o eso era lo que él pensaba. Sus palabras habían sido dichas por una voz que mezclaba la furia y la tristeza contenidas. Sabía perfectamente que él no era un jugador destacado, y eso le daba muchísima cólera. Pero más rabia le daba todavía el que ni siquiera Oliver/Tsubasa hubiese logrado entrar en el primer equipo del Barcelona FC/Cataluña FC, mas, le reconocía el mérito de poder haber entrado en el mismo con aparente éxito antes de saber la verdad. Una serie de recuerdos que pasaron por su cabeza le hicieron soltar gruesas lágrimas por los ojos, las cuales se fueron directas al suelo, fusionándose con la nieve, la cual absorbió por completo las lágrimas. Había puesto sus esperanzas en Oliver/Tsubasa rogándole a Dios que fuera lo bastante bueno para el fútbol europeo, pero parecía ser que éste no había escuchado sus plegarias o no quería hacerlo.
Después de leer el artículo y volver a voltear la vista en el título, sujetando la revista con las dos manos, la dejó en una parte del colchón de la cama, quien se esperaba tal noticia pero a su vez tenía esperanzas de que ocurriese algo mejor dentro de un tiempo. Le lanzó una mirada triste a la revista y se levantó, dirigiéndose a las enormes ventanas de su habitación, pisando con los pies descalzos el suelo de madera. Puso la palma de su mano derecha en uno de los cristales de la ventana y miró al cielo con una mirada esperanzadora, la cual estaba acompañada de un tenue y suave sonrojo en las mejillas y una pequeña sonrisa dibujada personificada en sus labios.
'Oliver/Tsubasa estará bien. Él no permitirá que esto le afecte. Le conozco'.
Le amaba con todo su corazón y confiaba en que él saldría adelante fuese como fuese; eso era lo que le decía su corazón, el cual tenía todavía esperanzas de ser correspondido en sus sentimientos por el mismo chico. Su mente reproducía una y otra vez el abrazo que se dieron en aquella playa de Hawái.
Desde la ventana de un octavo, pudo observar un avión despegar. Tal había sido su humillación pública que pensaba en coger un vuelo y plantarse en Italia para pedir un equipo allí, tal y como le había recomendado Lenders/Hyuga. O Brasil, para regresar al equipo de Sao Paulo, volver a ver a su estimado mentor y volver a oír los halagos de los nativos hacia él. No quería continuar estando en Barcelona, donde todo el mundo se había enterado de su fracaso y alguno que otro de sus compañeros de equipo se reía de él por eso y soltaba algún comentario hiriente. Estuvo parado en el alféizar de la ventana hasta que pudo oír las voces de unos niños gritando cosas relacionadas con el fútbol. Al mirar abajo, pudo ver a dos niños de aproximadamente siete u ocho años haciendo pases con una vieja pelota de fútbol. Esa escena le había causado tal desazón de desagrado e impotencia que se giró, dándoles la espalda. Se sentó en la parte del alféizar más cercana a la habitación y le dirigió una larga mirada al balón, el cual estaba posado en un sofá verde menta. Le vino a la mente cuando Van Saal le anunció que jugaría de interior en el equipo filial. Todo iba bien hasta el 'pero en el equipo filial', cuando el mundo se le derrumbó encima. Recordaba perfectamente la escena en la cual Van Saal le decía que iba a jugar en el filial, la cual hizo que perdiese la mirada, la cual era un perfecto evidente de que el mundo se le había caído encima. En ese mismo momento, las cenizas de aquel mundo destrozado aterrizaban en su cabeza, sin permitirle ver más allá. No sabía qué hacer.
'Nunca podré ser titular', pensó, mirando al cielo, con una profunda mirada de tristeza.
Se quitó del alféizar de la ventana poniéndose así en pie, dirigiéndose al duro sofá menta. Se agachó ligeramente para coger el balón con ambas manos, mirarlo unos instantes y tomar asiento en la parte izquierda de las tres que había, sosteniéndolo con más fuerzas. Se sumergió en una fuente de recuerdos de su infancia y su adolescencia por unos minutos hasta que pudo oír el teléfono sonar. Con una mezcla de pereza y curiosidad, el muchacho se levantó del sofá, cogió con un brazo la pelota, caminó lentamente hacia el teléfono y lo descolgó.
- ¿Diga? – preguntó el chico de manera automática.
- Soy yo – respondió una potente y grave voz masculina, la cual había sonado ligeramente rasposa.
Esa voz se le hacía muy conocida a su oído. Oliver/Tsubasa alzó las cejas, extrañado de que su mayor rival se preocupase por él (o de su condición, porque era muy normal llamarse entre compañeros de selección para ver lo que pasaba. O tal vez para regodearse de él).
- ¿Mark Lenders/Hyuga Kojiro? – preguntó, muy extrañado.
- Dime qué está pasando – inquirió Lenders/Hyuga, al otro lado del teléfono -. Debe de haber algún error. ¿Es que te has lesionado o qué?
Ojalá fuera así, pero no, era tal y como lo había declarado el entrenador. Suspiró y se dispuso a contestar con mucho pesar, pero no se encontraba con muchas ganas de hacerlo. Y seguramente Lenders/Hyuga le soltaría la retahíla de lo fácil que era triunfar en la Liga Italiana.
- Pues no – contestó Oliver/Tsubasa cansinamente, con un tono apagado e indiferente, sin ganas de explicar nada -. No ha habido ningún error y estoy con los huesos completamente enteros.
- No tienes por qué quedarte en Barcelona ni en España, Oliver/Tsubasa – replicó Lenders/Hyuga con energía.
'Ven a Italia. ¡Tienes que saber que es la mejor Liga del mundo! Estoy seguro de que muchos equipos italianos necesitan un jugador de tus características técnicas'. Las palabras de su compañero de selección habían hecho mella en su mente. Por un momento barajó el irse a Italia a conseguirse un equipo donde le pusiesen en el primer equipo y le valorasen como debía ser, algo que Andrea refutó con saña y energía:
- Oliver/Tsubasa, si te vas a un equipo de élite, dará igual quien sea o deje de ser el entrenador. A lo mejor, si decides irte a otro equipo, puede que te pongan en tercera división y que no salgas de allí. Lo que dice Lenders/Hyuga es muy relativo; él también ha ido a apostar muy alto y ha entrado recientemente en el Piamonte/la Juventus. ¡No puedes huir ni de España, ni de Barcelona!
- Pero… - intentó cuestionar un incómodo Oliver/Tsubasa, sin poder terminar de articular la frase.
- ¡Ni pero ni pera, Oliver/Tsubasa! – rechazó Andrea, haciendo un corte en horizontal con su mano y antebrazo. Hizo un silencio de unos cinco segundos -. Tienes oportunidades aquí; más, el entrenador te acaba de dar una. Si marcas diez goles en un año, pasarás a ser titular. Eres más que capaz de hacer eso, Oliver/Tsubasa. Te lo ha puesto no en bandeja de plata, sino en una de oro. ¡Tienes que aprovecharlo!
El muchacho asintió con pesadez. En verdad no tenía ganas de continuar en el Barcelona/Cataluña. O eso era lo que le decía su entonces hastiada y humillada mente en el momento.
- El doctor Mendes y yo te diremos qué pautas seguir para llegar antes al primer equipo – indicó la muchacha, decidida -. Deberías entrenar con el doctor Mendes; es un médico especializado en medicina deportiva, como el doctor Ariaga, y experto en temas de lesiones y entrenamientos específicos para futbolistas – sugirió, en forma de comentario.
Después de un día agotador, se dispuso a darse una ducha caliente, la cual relajase su cuerpo. Le dolían especialmente la espalda y los pies. Se puso a imaginar que una lengua caliente y ensalivada lamía las plantas de sus pies. Que le chupase el talón, la planta, los dedos, el espacio que había entre cada dos de ellos, etc. Que le besara las plantas y el empeine. En su imaginación estaban Dario/Gino y ella en la opulenta cama de él, en la cual éste la tumbaba boca arriba, completamente vestida. Y ella no sabía exactamente por qué él la dejaba completamente vestida, pero su imagen mental empezó a cobrar sentido cuando él empezaba a desabrochar con suma elegancia una de las hebillas de sus negras sandalias, las cuales tenían un tacón de estatura media. La tira que vestía sus dedos era recta y la hebilla que sujetaba, a la vez que vestía sus tobillos, trazaba un rectángulo alargado y fino, haciéndose pasar perfectamente por una línea. La hizo sentarse y a su vez él se arrodilló, al mismo tiempo que tomó uno de sus pies, del cual empezó a besar su empeine, a la vez que comenzaba a acariciar la planta con sus largos y estilizados dedos, mientras la presionaba levemente con las yemas de los mismos.
Ese punto irrumpió sus pensamientos, haciéndole coger su propia mano, uno de sus pies y empezar a presionarse en diferentes zonas de la planta con las yemas de sus dedos, pasarse la palma por la misma, los dedos y los espacios que había entre cada dos de ellos y repetir los mismos movimientos entrando en parsimoniosa relajación, hasta que alguien llamó a la puerta de su habitación, en la cual estaba ya después de haberse dado una ducha caliente.
- ¿Se puede? – preguntó una voz tan relajante para ella que, en vez de devolverla al mundo real, hizo que se acoplara aún más en su tarea.
- Hmmm… Sí, Salvatore, puedes pasar – dijo, con cierta dulzura y suavidad en su voz.
La muchacha se estiró sobre su cama, debido a que la voz, acompañada de una ligera fría ráfaga de viento, la hicieron estar a punto de caer en el sueño. Rápidamente corrió a quitarse el albornoz y ponerse a toda prisa una sencilla camiseta negra, antes de que éste la viese en ropa interior; para su suerte, llevaba unos pantalones puestos.
Una vez Salvatore hubo pasado a su cuarto, no se inmutó, dado a que estaba habituado a verla tumbada; de hecho. Más, le dio placer visual verla de esa manera. Podía ver sus vastos pechos, los cuales abarcaban la parte de arriba de la holgada camiseta, resaltándoselos de lo cuan apretada que le quedaba. Su estrecha cintura en contraste con sus anchas caderas. Sus abultadas nalgas. Sus largas, delgadas pero trabajadas piernas; las cuales estaban abultadas por la parte delantera de los cuádriceps. Su larga melena de color café oscuro, la cual le llegaba por la mitad de las nalgas y estaba ligeramente ondulada debido a que la había lavado. Su pálida piel. Su mandíbula marcada. Sus ojos almendrados, alargados y de largas, gruesas y negras pestañas. Sus gruesas, perfiladas y negras cejas, sin retocar. Sus acentuados pómulos. Su nariz respingada. Sus carnosos y rojizos labios. A Salvatore le encantaban todos esos atributos, pero había uno de ellos que lo tenía en especial consideración. Pero aún así, no podía decírselo directamente, ni quería hacerlo, por miedo a que la chica se enfadara.
- Una cosa, Amaia – empezó a decir Salvatore -. ¿Qué tal andan las cosas?
Ella le miró con cachondeo, queriéndose hacer la sorda ante la pregunta. Soltó una pequeña risa, la cual tapó con una mano con un cursi ademán. Ya sabía sobre lo que preguntaba. Más bien, por quién lo hacía. Salvatore la miraba, completamente atónito y embobado.
- Pues… andan tirando – respondió ella en tono cursi, con mucha calma, mientras se echaba hacia atrás un mechón de su cabello.
- Ah, ¿y cómo tiran? – la astuta contrarrespuesta reflejo del atractivo italiano indicaba que no iba a descansar hasta que respondiese.
Amaia sabía lo que la estrella del Piamonte quería. Algo que quería se escondía detrás de otra cuestión muy diferente, en la que no tenía ganas de pensar y de la que no quería hablar en ese momento. Se colocó hacia atrás su cabello y lo agitó al viento con un pequeño y suave movimiento de ladeado de la cabeza. Erguió su espalda, tiró hacia delante su pecho, movió su pierna derecha y le colocó la planta del pie en la rodilla. Pudo ver que él, en vez de apartarse, se quedó quieto, con una sonrisa de placer y una mirada que denotaba que quería más. Entonces ella movió la otra pierna y le plantó el pie en el lado izquierdo de su entrepierna.
- ¿Los quieres en otra parte de tu cuerpo? – preguntó la muchacha, con una sonrisa picarona.
Al chico no le hizo falta decir el sí para que Amaia le hiciera arrodillarse, apoyando a continuación su planta derecha contra parte de su cara, recorriendo por ella su talón, su zona media, sus dedos, moviendo los últimos haciendo una especie de movimiento de teclas de piano de una manera mucho más lenta y suave, el cual notaba Salvatore en la frente, las mejillas y los labios. A él le fascinaban de alguna manera la apariencia perfecta que tenían y la esencia que desprendían los pies de Amaia, y ésta sabía la adoración del italiano por los pies femeninos. Amaia le plantó el pie izquierdo en el hombro, mientras paseaba la untuosa planta del primer pie puesto por el rostro de él. Éste, por su parte, decidió que no podía aguantar más y agarró con facilidad con una de sus grandes manos de dedos largos, uno de los delgados tobillos de la chica, concretamente el derecho, rodeándolo y acercando la delgada y estilizada planta del pie a sus labios, los cuales separó para sacar su húmeda lengua, pegando en ella desde la punta de la lengua hasta casi el borde en el talón junto con los labios, recorriendo con ella desde el mismo hasta el inicio de los largos y gráciles dedos, alternando lengua y labios. Lametada tras otra, Amaia le quitó el otro pie del hombro y lo juntó con el otro, cuyos dedos fueron rodeados uno a uno por la juguetona y deseosa lengua de Salvatore, aprovechando para hacer lo mismo con los dedos del otro pie y meter la lengua entre los espacios que había cada dos dedos. Ella le tendía los dedos para que jugase con ellos como le placiese, los cuales él se metía en la boca uno a uno o los lamía y después se dejaba acariciar el rostro por los mismos o posaba la lengua en otra parte de la planta. Ella se estaba dejando llevar por el placer mientras su cerebro reproducía aquella escena en la que Salvatore les lamía los pies a ella y a una guapa chica francesa.
Olvidar. Eso era justo lo que él quería. Y tenía medios de sobra para hacerlo. Algunos los había aprovechado, y otros, sin embargo, no. Él no quería tratar de ninguna manera con sus fanáticas, aunque se mostrase agradable de manera indirecta con ellas unos minutos antes de que empezase el partido de rigor. No olvidaba la mirada que le lanzó Andrea cuando les lanzó esa rosa o les mandó un beso en el aire en aquel torneo. Esas miradas cruzadas entre el desprecio y la tristeza no se iban de su cabeza de ninguna manera, a pesar de que metiese en su cama a chicas o se metiese en otras camas ajenas. Pero sabía perfectamente lo que había; ellas le querían por su belleza, su dinero y su fama y él no las quería más que por un rato.
Después de pronunciar 'Andrea', se sentó, fijó su vista en el cielo parisino, el cual estaba a punto de sacar a relucir la luna manifestándose en forma de rojo atardecer, y se sentó en uno de los bancos, dándole igual que su privacidad estuviese en peligro porque no quisiese participar en alguna de las entrevistas, dando lugar a rumores de todo tipo. Parecía ser que Pierre no tenía fanáticas sólo en París, sino en toda Francia, y los rumores que éstas estaban esparciendo eran de todo tipo, dándole a entender que las mismas se habían dividido en bandos. Estaban aquellas que le querían, las cuales decían que se recuperaría pronto. Las que le compadecían decían que estaba muy triste, y que no tenían por qué presionarle. En cuanto a las despechadas, sabía que había tenido contacto con algunas de ellas aunque fuese de manera indirecta porque éstas habían ido a su casa y éste las había mandado echar, sin ni siquiera verlas. Éstas eran las peores de todas y se encargaban de esparcir rumores de que era un canalla, que forzaba a las mujeres a tener relaciones con él, que tenía depresión, que planeaba suicidarse, etc., pero el rumor que colmó la gota del vaso fue el que propagaba que tenía sida. Pierre apretó los puños en señal de rabia, porque no se podía creer que la gente pudiese llegar tan lejos con tales chismes. Parte de su información privada se había publicado en famosas cadenas de televisión parisinas, las cuales estaban ganando muchísimo dinero a su costa, y por lo tanto, se había vendido a famosas televisiones europeas, haciendo que hablasen muchísimo de él. Gruesas lágrimas empezaron a caer de sus ojos, las cuales hablaban por él; de él y su impotencia al no poder hacer nada al respecto. Pudo notar cómo unos pasos se acercaban hacia donde estaba él.
- Ey – dijo una conocida voz masculina, la cual le puso la mano en el hombro izquierdo -. ¿Estás bien?
La preocupada expresión de Tom/Taro le calmó un poco, la cual provocó que relajase la mandíbula y sus ojos dejasen de derramar lágrimas. Había encontrado en él un amigo, de los cuales eran poco comunes; de los pocos que tenía él. Tom/Taro le observaba, cada vez más preocupado. Se sentó en el banco, lo cual Pierre aprobó haciéndole un hueco y dejándose abrazar. Le preguntó que si quería irse a casa, a lo cual el francés afirmó con un leve movimiento de cabeza de arriba abajo.
'Todo esto le está haciendo la puñeta a Pierre', cuestionó Tom/Taro, mientras el viento les rozaba tenuemente y sujetaba a Pierre, el cual no articulaba palabra. 'Le están haciendo daño de todas las maneras que pueden y un poco más. Pero él mismo también se lo está haciendo por querer llamar la atención de alguna manera'.
Después de realizar un arduo entrenamiento, el cual consistía en que el doctor corriese con la bici y el discípulo lo hiciera a pie, el doctor Mendes y Oliver/Tsubasa decidieron dar, por sugerencia del doctor, una vuelta alrededor de los distintos campos de la concentración del Barcelona FC/Cataluña FC, con Mendes dándole explicaciones técnicas al joven sobre los distintos modos de juego. A Oliver/Tsubasa se le pasó muy rápido hasta que Mendes le había indicado su llegada al campo de los juveniles, la cual pudo haber presenciado por haber oído los gritos y las risas de unos niños, los cuales estaban vestidos con los uniformes del Barcelona FC/Cataluña FC y estaban dando patadas a un balón y pasándoselo entre ellos. Mendes le dirigió una mirada de atención.
- Oliver/Tsubasa, esto es lo que quería que vieras con tus propios ojos.
'Ojalá no les pase lo mismo que a mí', pensó Oliver/Tsubasa, observando de reojo el estadio oficial del Barcelona FC/Cataluña FC.
Al bajar su cabeza y dirigirla al frente, pudo ver un campo notablemente más pequeño que el estadio del Barcelona B/Cataluña B, veintidós niños, los cuales once de ellos estaban vestidos con petos amarillos, un joven árbitro, y algo que le llamó especialmente la atención a Oliver/Tsubasa fue el portero que llevaba un peto amarillo, asociándole con el hermano pequeño de Dieter Müller debido a lo grande y corpulento que era.
- Este es el campo de los juveniles del Barcelona/Cataluña – presentó Mendes, con una sonrisa -. Si miras por encima del campo, podrás observar que hay un estadio pequeño, el estadio del Barcelona B/Cataluña B. Y detrás, está el estadio oficial del Barcelona/Cataluña.
Empezó a explicarle que aquellos chicos trataban de jugar en el mini-estadio, ya que podría abrirles las puertas a sus futuros como futbolistas, pasando primeramente por el equipo filial, el cual estaba compuesto de adolescentes y jóvenes. No había nadie que pasase de los veintitrés años, ya que si ocurría así, el entrenador le echaba sin miramientos, dejándole así sin ninguna oportunidad en ese equipo. Oliver/Tsubasa tenía miedo, ya que estaba a punto de cumplir los veintidós años de edad y si en un año no lograba realizar lo que le había pedido el entrenador, no tendría oportunidad de pisar el primer equipo. Seguía caminando siguiendo al doctor mientras éste hablaba de cómo apenas dos de ellos, y con suerte, lograban pisar el equipo oficial.
- Y aquí es donde me encuentro más a gusto en Barcelona, Oliver/Tsubasa – indicó Mendes, sentándose en uno de los enormes y alargados bancos de piedra, invitando al joven a sentarse con él.
El doctor mencionó uno de los detalles de la vida; que la gente solía hablar mucho sobre ascender en la vida, pero en el campo, la lección se aplicaba del revés.
- ¿Sabías que el gran estadio del Barcelona/Cataluña – empezó a indicar Mendes haciendo un gesto de grandeza con las dos manos – está construido por debajo del suelo, Oliver/Tsubasa? ¿Eh? ¡Venga! – decía mientras hacía un gesto de descender con la mano derecha, la cual posicionaba los dedos pulgar e índice en línea recta y con las yemas de los dedos, abajo del todo, moviéndola de arriba abajo.
El discípulo sonrió levemente.
- ¿Y por eso ha dicho eso de descender en la vida? – inquirió Oliver/Tsubasa, con curiosidad.
- Claro – afirmó Mendes.
El doctor le empezó a explicar, señalándole con un dedo para que pusiera atención, que había un puente en forma de i griega que enlazaba de alguna manera el estadio del Barcelona B/Cataluña B y el oficial del Barcelona/Cataluña , el cual pudo ver que efectivamente, tenía forma de i griega, la cual era recta y el palo de debajo de tal letra, la cual interpretó como la salida del campo filial al estadio del equipo oficial, en el cual se interponían un enorme cuadrado en medio de la letra y los dos palos de arriba de la letra, los cuales su mente interpretó como las dos vías que marcarían el destino del jugador. El palo izquierdo significó para él el camino de los que lograban pertenecer al equipo de élite en su completa concepción, ya que eran muy pocos los que lograban entrar a él, y sólo uno de ellos lograba ser titular, al igual que las personas que escribían del todo bien con la mano izquierda. El palo derecho, situado según su perspectiva de visión y su concepción mental, significaba que era el camino más común que podía tener un candidato a jugador. Ser suplente, si es que lograba pasar las pruebas del equipo filial; de ahí el enorme cuadrado situado en medio de la letra, el cual 'interrumpía', 'obstaculizaba' la armonía del camino, representando todo tipo de dificultades que podría llegar a tener un jugador del segundo equipo para entrar a formar parte del equipo oficial.
- Por debajo de ese estadio, hay una pista de patinaje. Lo llamamos 'puente de la esperanza'; sí, sí – explicaba Mendes, terminando su frase con dos síes que indicaban su ironía a tal nombre en un tono burlón sutil, ya que casi todos los jugadores se tenían que marchar a equipos de categoría inferior -. Todos los jugadores del equipo filial sueñan con cruzar el 'puente de la esperanza' para jugar en el estadio oficial. Sé que se otros equipos se han enterado de esto, y han hecho ofertas al equipo.
El doctor sabía que Oliver/Tsubasa, como futbolista profesional, fichar por otros equipos era la opción más común, porque para un jugador con aspiraciones de pertenecer a la élite futbolística era una humillación ser colocado en el segundo equipo, lo dijeran como lo dijeran los demás.
- Me gustaría que te quedases aquí, Oliver/Tsubasa – dijo Mendes, parpadeando -. ¡Por favor, quédate aquí con nosotros!
El doctor tenía esperanzas en Oliver/Tsubasa. Confiaba ciegamente en que el muchacho sería, en un futuro no muy lejano, el número uno del Barcelona/Cataluña, y de todo el mundo. Sabía que podía aprovechar la oportunidad que Van Saal le había brindado.
Oliver/Tsubasa pensó en su mejor amiga y en su mentor, los cuales le habían dicho de maneras distintas que no había que huir ante una dificultad, y mucho menos ante una posibilidad de conseguir lo deseado, aunque no fuese de la manera que se esperaba. Y además, ¿él quería jugar para otro equipo? La respuesta no era afirmativa; deseaba con todas sus fuerzas hacerse un hueco en el equipo oficial y ser titular, y para ello, tendría que esforzarse muchísimo.
Aquel era el último partido de entrenamiento antes de que diese lugar al partido inaugural de la temporada. Quería demostrarles de lo que era capaz de hacer. A sus compañeros, a sus entrenadores, a sus rivales. Quería que todo el mundo le viese. Quería debutar como jugador estrella.
Lenders/Hyuga sabía que iba a ser titular en el partido inaugural por el hecho de que Pacciani estaba lesionado; sabía que tenía una oportunidad de hacerse con un puesto de titular en el primer equipo. En parte le sorprendía que un jugador como Oliver/Tsubasa estuviese condenado por un tiempo a la segunda división del Barcelona FC/Cataluña FC, pero por otra le alegraba el hecho de superar por fin a su viejo rival; mientras que él tenía la oportunidad de hacerse con un puesto de titular a un paso, Oliver/Tsubasa tendría que sufrir en silencio durante un tiempo.
Mientras estaba corriendo en busca de un gol, le hizo una seña con la mano derecha a un compañero para que le pasase el balón debido a que estaba solo, pasándoselo éste enseguida para que los jugadores rivales que le rodeaban no le quitasen el balón. Lenders/Hyuga, libre como el viento, corrió todo lo que más pudo para llegar a la portería. Iba a preparar su pierna clave para marcar el gol que necesitaba para poder debutar, hasta que los mismos contrincantes que atacaron a su compañero intentaron detenerle por medio de tirones y rodeos, pero para su fortuna, ya sabía lo que iban a planear. Aceleró la velocidad en sus piernas con la intención de dejar atrás a aquellos dos jugadores, y a todo y todos. Sólo quería triunfar. Sólo quería pensar en el momento. Vivir una nueva vida. Pero aquellos dos jugadores volvieron a rodearle, no dándole otra alternativa que chutar lo más fuerte que pudiera y enfocar la pelota hacia la portería, la cual sintió en sus redes, profundamente, el gol que el tigre había marcado. El portero había reaccionado en vano porque interpretó el movimiento del nuevo jugador muy tarde. Lenders/Hyuga lo celebró alzando un puño en alto y gritando '¡Estupendo!'.
Amaia estaba sentada en uno de los banquillos de los suplentes, haciendo la tarea que le había mandado Mazzantini. Éste le había pedido un análisis general del equipo, de los jugadores, pero le pidió que se centrase en un jugador concreto, un jugador al que no le tenía mucho cariño. Por caridad y por mandarle más trabajo, Mazzantini también le mandó analizar a Salvatore Gentile, lo cual hizo más amena su tarea y no pusiera ningún insulto al análisis de Lenders/Hyuga. Simplemente puso 'jugador apto para el partido inaugural', 'impulsivo' y 'modo de jugar algo rudo' en su libreta con un bolígrafo, empezando a hacer movimientos con sus tobillos y columpiando la pierna derecha sobre la izquierda, provocando que la chancla se cayese de los dedos de sus pies. Cogió su móvil, buscó el contacto de Andrea y puso lo siguiente vía texto:
'Efectivamente, lo que me temía: Lenders/Hyuga jugará el partido inaugural. Pacciani está furioso, pero por lo menos no hará gestos obscenos ni blasfemará en el partido, porque no estará. No he conocido otro grosero igual. Y además prefiero a Lenders/Hyuga porque por lo menos se encargará de quitar población mundial con sus patadas hercúleas.
En fin, el Piamonte/la Juventus es un buen equipo, y cualquier jugador medianamente bueno puede obtener un puesto de titular. Pero el Barcelona/Cataluña es otro tema para echar de comer aparte. No sólo ha rechazado jugadores buenísimos, sino que está gobernado por Rivaul y Van Saal. A pesar de que Van Saal le haya dado una oportunidad a Oliver/Tsubasa, dudo que vaya a cumplir con diez goles y diez asistencias en un año. Y mira que Oliver/Tsubasa le da mil vueltas a Lenders/Hyuga…
Por cierto, ¿qué tal resulta ayudar a Oliver/Tsubasa con los entrenamientos? ¿Y qué tal con Rivaul?
Besis de fresíbiris'.
Vio a Mazzantini dirigirse a ella, y antes de que echase la bronca por estar con el móvil, le señaló con el dedo índice de la mano desocupada el cuaderno de anotaciones y el ordenador, dándole a indicar que lo tenía todo hecho. Éste, al verlo, se quedó tranquilo y le hizo un gesto de puño que levantaba hacia arriba el pulgar, dándole su visto bueno. Pudo ver a Daisy Gould/Kaori Matsumoto venir corriendo hacia Lenders/Hyuga a su vez que él venía andando hacia el entrenador Monetti.
'Tía, he estado a un tris de revolcarme de risa por la mítica escena entre Lenders/Hyuga y la señorita Gould/Matsumoto. Él, tan campante, viene, con todos los jugadores en fila, hacia el entrenador, pero ella se le acerca, ¡y además, corriendo! Y eso no es lo mejor de todo. Ha puesto el culo en pompa, se ha bajado el escote, ha juntado las dos manos y ha dicho con voz de niña pequeña: '¡Leeendeeers/Hyyyuuugaaa!', y se ha puesto a babear sobre lo maravilloso que es. En fin, que a lo mejor el obsceno de Arminius tiene razón y ésa lo que quiere es que le dé mandanga, ¡está taaaaaaaaaaaaan pesada con él…!'.
Mientras algunos de sus compañeros saludaban a los alegres y entusiasmados aficionados, los cuales portaban las camisetas y las banderas del equipo, cada aficionado con la camiseta de su jugador favorito. Era de esperar que no viera a ningún aficionado llevar una camiseta con su número, pero pudo ver que montones de ellos portaban las de Willem Arminius, Var Len Fort y Salvatore Gentile. De este último, la portaban un montón de chicas jóvenes, las cuales le acorralaron cuando éste bajó del bus. Éste simplemente se limitó a seguir el ritmo de los compañeros. Una de las fanáticas le preguntó que si era por la gerente del equipo. Otra le interpeló que si tenía algo con la gerente. La tercera le cuestionó por Dario/Gino. Salvatore se veía metido en un aprieto, hasta que Willem les gritó a todas desde donde estaba situado que qué les importaba y que no se hiciesen ilusiones con Gentile. A Lenders/Hyuga le temblaban los nudos. Estaba muy nervioso, y no sabía si iba a hacerlo bien. Los hinchas iban pasando por las puertas del estadio; algunos de ellos especialmente rápido. Todos gritaban el nombre del equipo y lo aclamaban. Salvatore Gentile pudo oír su nombre varias veces. También pudo oír comentarios sobre Pacciani. Varias fanáticas, las cuales llevaban la camiseta con el apellido Gentile, empezaron a gritar su nombre y a levantarse sus camisetas, algo de lo que el aludido pasó de largo.
- El equipo contrario tiene muy buena defensa – afirmó el entrenador Monetti a todos sus jugadores -. Tenéis que jugar siempre abriendo las bandas. Los delanteros habrán de tener cuidado con Jerome y Miagger. Jugad de momento al ataque, ¡y siempre por las bandas! ¿Lo habéis entendido?
Todos los jugadores respondieron afirmativamente.
Al salir por la puerta, pudo oír mejor la intensidad de los gritos de los fanáticos y el ruido del estadio a medida que el árbitro acercaba a los jugadores de ambos equipos al mismo, los cuales estaban separados por uniformes de color; el Piamonte/la Juventus por la derecha y Emiria FC por la izquierda, cuyos jugadores portaban un uniforme azul. Cuando sus pasos llegaron al estadio en directo, a Lenders/Hyuga le dio un escalofrío. Salvatore le puso una mano en el hombro diciéndole que estuviese tranquilo, y Willem soltó que no había que poner a los novatos en el campo porque pasaba lo que pasaba. Mark/Kojiro optó por hacer caso al líbero italiano y pasar por alto el comentario estúpido del molesto número nueve holandés.
Al oír su número y su nombre, se sorprendió con el resultado. Un montón de personas estaban aclamando su nombre, y un grupo de chicas japonesas gritaba su nombre todo lo alto que podían, dando lugar a que tuviesen una disputa con otras fanáticas. Gritos de ánimo. Aplausos. Frases motivadoras. Unas cuantas camisetas 'volando' por el aire, lanzadas por fanáticos. Cámaras por todos lados grabándole. Otras tantas grabando a los jugadores. Sesiones individuales de fotografía a cada jugador. Sesiones grupales. Muchísimo más furor por parte de los fanáticos. Cámaras de Smartphone de los aficionados, quienes fotografiaban a los jugadores por diversas razones. Una vez que la bienvenida terminó, Lenders/Hyuga corrió a situarse en el campo, mirando de frente al número siete del Emiria.
'Una vez que haya metido la pelota en las redes del Emiria, habré dado un paso adelante hacia mi sueño, el fútbol de élite'.
'Oliver/Tsubasa fue mi inspiración para tener un sueño más profundo que fuera más allá que el simple propósito de vencerle. 'El balón es mi mejor amigo', eso era lo que él decía'.
'¡Correré libre y salvaje por este campo!'.
Un paso hacia delante, una mirada entre el capitán Delpi y él y un sonido de silbato dieron comienzo al partido, el cual empezó el Piamonte/La Juventus porque al árbitro le había salido el lado de la moneda que había designado para el equipo torino.
'El Emiria posee la defensa más dura de la Liga Italiana; el famoso Candado de Hierro, denominado en su lengua originaria, el Catenaccio. ¡Yo lo destrozaré y eso lo verán con sus propios ojos!'.
El Piamonte/la Juventus empezó el partido con el mismo Lenders/Hyuga pateando la pelota hacia el capitán, quien se la pasó a su vez a Willem Arminius, quien era tan rápido como un rayo. Willem, viendo que uno de los defensas del Emiria estaba dando una instrucción, decidió pasársela a Alessandro Delpi, el capitán. Él era uno de los mejores jugadores enlace, quien competía con Rivaul constantemente para ver quién era el mejor jugador. Éste, al verse rodeado por dos de los defensas más grandes del Emiria, volvió a pasársela a Willem, quien rodeó el balón no solamente con sus pies; pues éstos le servían de complementarios, lo que en verdad usaba eran las piernas, sobre todo las articulaciones, para poder retener el balón con mayor seguridad. 'Amonestó' a uno de los enormes defensas del equipo contrario y envió el balón de una rapidísima pasada a Lenders/Hyuga, quien aumentó la velocidad en sus piernas para poder llegar a dicho balón para que no le alcanzaran los defensas del equipo rival, quienes corrían muchísimo más rápido que él, y que, a pesar de que los brazos de los jugadores le hicieron perder ligeramente el equilibrio, consiguió recoger la pelota. Realmente estaba en una situación desesperada; pues tenía todas las papeletas de que alguno de los defensas que le habían atacado antes le quitase la pelota fuera como fuera. Para su fortuna, pudo ver a Francesco Maroni correr hacia el campo contrario, y aprovechando de que se encontraba libre, decidió cedérsela con una fuerte patada en una de las caras del balón; porque sabía que habría sido una idea bastante descabellada tirar directamente a puerta. Maroni preparó la pierna para tirar a puerta, y sin reacciones de parte por ningún jugador del Emiria, la pelota que había mandado tocó con plenitud la red contraria. El gol había sido cumplido por Maroni, poniendo por delante al equipo torino en el minuto seis del partido. El locutor comentó la hazaña de Lenders/Hyuga, quien había logrado centrar pese a su pérdida de equilibrio, el cual había sido su primer toque en la Liga Italiana, un grandísimo logro.
Todos los fanáticos del Piamonte/la Juventus estaban celebrando el gol de Maroni hasta que el árbitro pitó y sacó una bandera de color naranja y amarillo, izándola hacia el lado del campo, con el brazo completamente recto. Parecía ser que estaba en fuera de juego, y que, por lo tanto, su gol no era válido. Maroni fue el primero en protestar. Todos los hinchas del equipo torino empezaron a abuchear al entrenador y a insultarle. Willem soltó un gruñido de desdén, escupiendo al suelo.
'¿Fuera de juego?', pensó Lenders/Hyuga, sorprendido y enfadado a partes iguales. Opinaba que el gol de su compañero era muy válido, y llegó a considerar que alguno de los jugadores del Emiria habría pagado al árbitro, al igual que había ocurrido hacía por lo menos cuatro o cinco años en el partido de Francia y Japón.
Pudo ver a Francesco reclamar al árbitro por lo sucedido, mientras que Delpi intentaba contenerle sujetándole por un brazo. Francesco gesticulaba y movía sus brazos para enfatizar su desacuerdo.
Desde el banquillo, estaban sentados los respectivos entrenadores y Amaia, quien iba apuntando todo lo que pasaba en una libreta.
- Carlo, Lenders/Hyuga no podrá luchar contra esa defensa – le comentó un muy alarmado Mazzantini, quien se había asustado por lo que le había pasado a Lenders/Hyuga.
Monetti, quien tenía los brazos cruzados y la mirada fijada en el partido, giró las córneas para mirar al entrenador físico.
- Es cierto que Lenders/Hyuga no tiene la habilidad suficiente para batallar contra esa defensa – afirmó -. Pero fue su instinto lo que le hizo chutar el balón a pesar de estar completamente desequilibrado. Tiene clase. Ésa es su arma.
Amaia, por su parte, había decidido contactar tanto a Benji Price/Genzo Wakabayashi como a Andrea para contarles lo ocurrido vía mail. Tecleó lo siguiente en el mensaje, intentando que no se le cayese el móvil de la rabia:
'Estoy presenciando el partido entre el Piamonte/la Juventus y el Emiria desde la banca del Piamonte/la Juventus. Francesco Maroni, uno de los delanteros del Piamonte/la Juventus, ha marcado un gol sin ninguna dificultad y el árbitro se lo ha dado por anulado por estar, según él, en fuera de juego. Todos los jugadores y fanáticos del Piamonte/la Juventus han protestado e insultado al árbitro. Fijaos qué casualidad; es el mismo que dirigió hace al menos cuatro o cinco años el partido entre Francia y Japón. ¿Tendrá alguna especie de odio hacia Japón o los japoneses? ¿Tendrá algún acuerdo con los franceses? Porque si no es así, no me lo explico. ¡Estoy realmente indignada!
P.D.: Seguro que alguno del Emiria le ha bañado en billetes. ¡Arbitrucho!'.
Francesco Maroni seguía enfadado por lo que había pasado. Corrió hasta un par de metros atrás de Lenders/Hyuga y puso los brazos en jarra.
- ¡Maldita sea! – protestó el delantero, enérgico. Movió el brazo derecho haciendo un semicírculo, con el brazo recto -. ¡Si yo no estaba en fuera de juego!
- No importa – respondió de manera tranquila Lenders/Hyuga, dándose la vuelta para mirarle.
Maroni le hizo un gesto que levantaba el pulgar hacia arriba.
- Me diste un gran pase. ¡La próxima vez marcaremos! – animó, guiñando un ojo -. ¡Vamos!
Dicha la última frase, corrió hacia el centro del campo, con la intención de seguir batallando y lograr un gol 'válido' para el árbitro. El gol de Maroni, el cual había sido anulado y por el cual todos los jugadores y fanáticos del equipo torino habían protestado, había hecho que el Emiria tuviera derecho de tomar la pelota y ponerla en juego. El defensa rubio del Emiria había tomado posesión de la pelota, lanzándola hacia su equipo con un fortísimo disparo. El jugador número nueve del Emiria alcanzó el pase con su cabeza. Salvatore Gentile había intentado alcanzarla con su pierna izquierda, pero era demasiado tarde, pues el número nueve del equipo contrincante había logrado pasarla al número siete de su respectivo equipo, el cual se encontraba corriendo con ella. El número ocho del equipo torino, quien había previsto sus movimientos, había logrado aprovechar el fallo técnico que había tenido el número nueve contrincante, devolviéndole la ventaja al equipo torino.
Se sentía en forma; se sentía ligero. Pensaba chutar a puerta con la pierna derecha. Ambos defensas se le habían quedado mirando. Uno pensaba que no había hecho bien en subestimarle y el otro le miraba, enrabiado y nervioso a partes iguales. Ambos defensas se lanzaron miradas de soslayo. Una gota de sudor cayó por su frente.
Su pie derecho le decía que quería chutar con gran insistencia en su cabeza, de tal forma que dio un paso al frente y miró fijamente a la portería del Emiria, posando a continuación su mirada en el portero, quien le miraba fijamente. Empezó a correr cuando pudo ver a una pelota aproximarse a él, la cual le llegó a Willem, quien a su vez se la pasó a Lenders/Hyuga con un fuerte golpe, gritándole que lo intentara de nuevo. El locutor había anunciado la ofensiva de Willem, quien había sido acompañado por Lenders/Hyuga, recogiendo la pelota y corriendo con la máxima fuerza que le podían dar sus piernas, con la intención de dar el merecido gol al equipo torino. A mitad de camino, intervino Jerome poniéndose en medio, quitándole el balón sin esfuerzo y yéndose corriendo con él. Lenders/Hyuga protestó por el codazo que éste le había propinado. Salvatore le recordó que siguiera adelante. Jerome chutó la pelota con muchísima fuerza, sin ningún esfuerzo, pasándosela a uno de los delanteros para que entrase directamente en la portería. El capitán Delpi había ido a quitársela, y después de batallar ambos con piernas y articulaciones, finalmente el capitán del equipo torino la tuvo bajo su dominio, pasándosela a Willem. Éste se vio rodeado por tres jugadores del equipo rival, a los cuales vaciló y dio la espalda con el balón, el cual estaba siendo empujado por sus pies, forzados por las piernas y las rodillas.
Lenders/Hyuga estaba observando el modo de jugar del capitán del equipo torino, el cual le recordaba mucho al modo de juego de Oliver/Tsubasa; porque ambos modos de juego le parecían muy similares entre sí. Pensaba el cómo lo haría Oliver/Tsubasa. Vio cómo Alessandro Delpi se deshacía de su marcador. Vio a Jerome detrás de él. Salió corriendo hacia la portería contraria. Mediante el pase de Delpi, el cual recogió, tomó el camino más rápido hacia la portería del Emiria. Jerome le había visto, y se dispuso a hacerle una dura entrada, la cual Lenders/Hyuga esquivó saltando. El otro defensa que le había atacado se disponía a quitársela mediante otra entrada.
Una vez que estuvo libre, miró a la portería del Emiria, junto a su guardameta, quien reía y tenía los dientes juntos. Preparó su pierna derecha y con el pie le dio un efecto de fuerza máxima, la cual tenía todas las posibilidades de ser encajada en la red. Montones de fanáticos chillando. Unos aplaudían. Otros criticaban. Todos estaban expectantes. Algunos jugadores se giraron para ver el fenómeno, el cual había sido producido por lo menos a seis metros de distancia.
FIN.
NOTAS:
- La feijoada, la coxinha y otras comidas son mencionadas en el capítulo y vistas en el episodio 45 de la versión Road to 2002 de Oliver y Benji, la cual es conocida en España como Campeones Hacia El Mundial – Oliver y Benji. Las comidas dichas son tradicionales de Brasil.
- En dicho episodio, puede dar a lugar muchas confusiones en la relación entre Rivaul y los miembros de su casa.
- Se ha usado a Rivaul y a Van Saal para hacer una situación concreta que pasa en los clubes de élite, que siempre hay notorias preferencias por un o unos jugadores concretos por encima de los demás jugadores, y que al entrenador se le solía dar muchísima importancia.
- Oliver/Tsubasa, en un punto de la conversación telefónica que estaba teniendo con Lenders/Hyuga, se puede ver que dice, en la versión japonesa, primero su apellido y luego su nombre, porque así es el tratamiento de nombres entre los japoneses. Sin embargo, un occidental menciona primeramente el nombre de la persona y después su apellido, sin importar la nacionalidad del aludido.
- La comparación descarada de Oliver/Tsubasa que hace sobre Santiago Segura y el entrenador Van Saal es porque ambos llevan media melena de pelo, aun siendo calvos. Además se hace alusión a que Oliver/Tsubasa, durante su estancia en España, se ha hecho con parte de la cultura española, siendo Santiago Segura un personaje muy reconocido a nivel nacional.
- Santiago Segura es un trabajador del cine español que ha tocado todos los ámbitos reconocidos en este sector, siendo conocido por su pentalogía de Torrente. También ha trabajado en la televisión, en series de doblaje e historietas.
