Capítulo 10. Desenterrando secretos y debilidades.

'¡Qué cerca estaba de aquel maldito gol!', pensó un enrabiado Lenders/Hyuga, el cual había presenciado con más intensidad el cómo la pelota había chocado en seco contra el poste izquierdo de la portería perteneciente al Emiria. Le había faltado muy poco para acertar en las redes rivales; no se podía perdonar aquel fallo. Apretó sus puños y sus dientes en conjunto; los primeros temblando y los segundos haciendo el esmero de permanecer quietos. Todos los fanáticos protestaron, gritando a viva voz que era culpa de aquel defensa rubio y corpulento que el número dieciocho del Piamonte/de la Juventus hubiese perdido su concentración y equilibrio; asegurando de que le había hecho falta.

El alto y musculoso portero del Emiria lanzó la pelota con una de sus grandes y cubiertas manos con una sañosa y arrogante sonrisa de lado y una ronca y torcida risa de burla, lo cual hizo que Lenders/Hyuga, todavía más furioso y con el cuerpo en estado de alerta, fuese detrás de la pelota, pensando en lo sucedido y en cómo podría acertar en la portería. Sabía que sus movimientos habían sido los correctos a la hora de ejecutar la jugada; el problema había sido el atacante, quien, mediante su cuerpo, había paralizado sus brazos y sus piernas. Pero estaba decidido a intentarlo una y otra vez hasta que encajase la pelota.

- Pero marcaré la próxima vez – había dicho, decidido y con la mirada en alto, hacia aquella portería.

- No habrá próxima vez – sentenció una voz grave y limpia de manera tajante y concluyente, muy segura de lo que decía.

Lenders/Hyuga lamentó haber dicho eso en voz baja. Jerome le había oído. La sombra del cuerpo de su rival le había tapado por concreto, y el olor corporal de la misma lo pudo identificar con tal.

- Tu suerte ya ha acabado. – Jerome tenía una expresión de disimulada arrogancia en su rostro, el cual denotaba satisfacción porque ya sabía cómo iba a marchar cierto jugador -. Ahora ya sé cómo juegas. Te machacaré, Mark Lenders/Kojiro Hyuga.

El aludido manifestó exteriormente su rabia y frustración apretando los dientes, bajando la cabeza y soltando un gruñido contenido entre dientes. ¿Acaso estaba osando reírse de él? Agachado, podía notar muchísimo más la diferencia de altura entre él y Jerome, quien parecía disfrutar con la debilidad ajena. En unos segundos, el jugador providente de Francia tomó una expresión muy seria, moviendo sus cejas hacia abajo y relajando todos sus músculos faciales. Su cuerpo estaba completamente quieto en el lugar del campo en el cual estaba.

- Debes saber que no volverás a tener una oportunidad – sentenció un cruel número veintiuno azul, en forma de recordatorio.

La expresión evidentemente molesta de Lenders/Hyuga se manifestó en mayor intensidad apretando más los dientes, respirando más rápido, bajando algo más la cabeza y aumentando el sonido de su gruñido, así como su intensidad. Sabía que iba a tener una oportunidad, y no sabía por qué Jerome le decía todas esas cosas. O a lo mejor no la iba a volver a tener, porque sabía que si fallaba una vez, tendría que irse del equipo. Jerome soltó una leve risa cuando vio el miedo y la rabia en los ojos de su rival. Él, seguro de que iba a acabar con Lenders/Hyuga fácilmente, le dejó levantarse. Una vez que Lenders/Hyuga se hubo puesto en pie con un brusco movimiento con ayuda de la palma de su mano derecha, el número veintiuno del Emiria no tardó en ponerse tras suya para marcarle de férrea manera, haciendo con su cuerpo una barrera. Entonces fue cuando el número dieciocho del Piamonte/de la Juventus pudo apreciar la diferencia de alturas y fuerzas que había entre ambos. Pudo observar con detalle que Jerome le sacaba poco más de una cabeza de altura; quien sobrepasaba los dos metros con creces, y que, además, tenía la musculatura muy desarrollada. Le sacaba al menos venticinco centímetros, frente a su metro ochenta y dos de altura.

Lenders/Hyuga ya había descubierto su mayor desventaja; y era su pierna izquierda y su poco desarrollado cuerpo en general. Jerome estaba experimentado en el modo de juego de un equipo italiano, y quería debilitar aún más a su rival minando cada uno de sus movimientos, ya que había visto que era muy débil y fácilmente manipulable debido a sus repetitivos movimientos. Cuando el japonés vio la oportunidad de desmarcarse de aquel colosal jugador a través de un compañero que le lanzó una pelota, corrió con toda la energía que pudo emanar de sus piernas, mirando fijamente su conductor, la pelota, y el objetivo, la portería del Emiria. Con toda facilidad y apenas dos segundos, Jerome le alcanzó y le hizo falta haciendo un choque entre su pierna, rodilla y hombro derechos con los izquierdos de Lenders/Hyuga, una batalla de carga en la que el último salió perdiendo, siendo tirado al suelo de manera seca.

Abucheos por parte de los fanáticos del equipo torino. Gritos de júbilo y locura por parte de los del Emiria. Ni una sola llamada de atención del árbitro, simplemente se limitó a cruzarse de brazos y ver lo que estaba pasando, con absoluta seriedad. Composición de una sonrisa torcida por parte de Jerome, indicando que estaba cada vez más cerca de su objetivo. Balón al ataque de nuevo. Uno de los centrocampistas del equipo torino lo desvió con su cabeza, haciendo el apaño de pasársela al capitán Delpi, quien corría con ella en sus pies, mientras tres rivales le alcanzaron, le rodearon e intentaban quitarle el balón fuera como fuera. Se podía ver que uno de ellos tenía intención de hacerle falta. Tenía total seguridad en sí mismo, porque sabía que el árbitro no le llamaría la atención. Lenders/Hyuga intentaba escapar de Jerome fuera como fuera, quien corría tras él, haciéndole un duro marcaje. También había oído decir de él que era un goleador nato, y quería probar de qué era capaz. Había encontrado su punto débil, y quería darlo a conocer ante el público. Le tiró al suelo en cuanto vio el pase de Delpi, anulando cualquier posibilidad. Lenders/Hyuga sintió un dolor inmenso en su pierna subdesarrollada, la cual no estaba habituada al ritmo italiano y sus músculos eran propensos a lastimarse, empezando a estirarse y contraerse a velocidades muy rápidas. Todavía le dolían los músculos de su rodilla y su hombro impactados. Sentía que el malestar se expandía por todo su cuerpo como una especie de mal, pero quería continuar en el campo. Trató de ponerse en pie, pero lo máximo que logró en aquellos momentos fue apoyarse en sus manos y rodillas, tratando de respirar y contener su ira.

- Tu pierna izquierda es mucho más floja que tu derecha – le recordó Jerome con una sonrisa condescendiente -. Con ese hándicap, no te va a resultar nada fácil jugar en la Liga Italiana, y tú lo sabes.

Con una todavía más contenida rabia, se puso en pie con ayuda de su mano izquierda y, mientras veía caminar al número veintiuno del Emiria, pudo recordar a Mazzantini viéndole plasmado en el jugador, quien había afirmado que tenía el peor equilibrio jamás visto y que no podría jugar con el físico que tenía. Para esperanzarse, pensó en su pierna derecha, la cual le había llevado a muchísimas victorias. Otra oportunidad de gol frustrada por Jerome, y éste, a pesar de haber recibido el balonazo en plena cara, quien salió perdiendo fue Lenders/Hyuga nuevamente, cayendo al suelo de espaldas. El dolor iba aumentando en las zonas y cada vez con mayor intensidad. Cada vez que intentaba algo, aunque fuese el más mínimo movimiento, el número veintiuno del Emiria le marcaba férreamente e interrumpía sus propósitos haciéndole cualquier falta, a las cuales Lenders/Hyuga reaccionaba o aguantaba como podía, llevando más hacia dentro suyo su furia.


'¡Madre de Dios! Ha sido tal la humillación que le ha hecho Jerome a Lenders/Hyuga que hasta Willem y yo nos hemos preocupado por él. ¡Qué malísima hostia tiene Jerome! Primero ha mandado ir a por una camilla para llevar a Lenders/Hyuga, después éste ha continuado sin éxito y ha tenido que abandonar porque el entrenador le veía demasiado débil e incapaz. Ha sido como presenciar a un zombi y a una especie de Terminator con muy mala leche y muchísima fuerza batallar en el campo. Después del partido, Willem y Jerome han tenido una pelea encarnizadísima; Jerome le ha atacado donde más le dolía y Arminius ha empezado a gritar e insultar a diestro y siniestro. Le han tenido que sujetar y se lo han tenido que llevar. Y como de costumbre, el árbitro sudando de todo y de todos. Sólo ha pitado una vez cuando Jerome había atacado el estómago de Lenders/Hyuga con la pelota, saltando encima de él. Y encima los fanáticos gritaban '¡Pelea, pelea!'. Digno de película de terror. Ahora puedo oír cómo Lenders/Hyuga devuelve, llora y blasfema.

Francesco Maroni le ha puesto una reclamación al árbitro y le ha denunciado por todo lo ocurrido. Salvatore ha llamado a un hospital para trasladar a Lenders/Hyuga. ¿Sabes qué marrón me ha tocado? ¡Tener que hacerme cargo de él! Menos mal que Francesco y Salvatore se quedan conmigo en el hospital.

Besos de tu harta y shockeada amiga Amaia'.

- You, do the favor of help me, fuck! (¡Tú, haz el favor de ayudarme, joder!) – reclamó Lenders/Hyuga con la voz ronca, sacando a la muchacha de sus pensamientos.

Hubiera dicho algo en circunstancias normales según su criterio, pero Willem le había aconsejado hacer caso a Mazzantini y a Monetti y permanecer en silencio, porque de lo contrario, podrían despedirla. Suspiró, alzó la cabeza, la movió de derecha a la izquierda, puso sus ojos en blanco e imaginó una serie de escenas relacionadas con matanzas y cowboys del oeste, hasta que con pesar y pesadez, tomó con una de sus manos una palanca, una fregona y una botella de agua, los cuales metió en un cubo vacío, llevándolas con la misma mano. Por si las moscas, soltó un momento el cubo y tomó una goma del pelo de color burdeos que llevaba en uno de los bolsillos de sus jeggins para hacerse una coleta alta, la cual logró hacerse adaptando ambas manos a su cabeza y haciendo un malabar cruzando los dedos para colocarse la goma, la cual rodeaba sus cabellos y los sujetaba fuertemente. Una vez hubo terminado de amarrarse el pelo, vio un cubo lleno de agua, el cual era más grande que el otro. Lo cogió con mucho asco, y, con la otra mano, tomó el que llevaba los útiles necesarios y se dirigió hacia la habitación hacia donde estaba él. Se miró a sí misma mediante los senos, los cuales indicaban que llevaba una camiseta blanca de tirantes básica.

'¡Dios mío, parezco la señora de la limpieza!', pensó, poniendo una expresión en su rostro que mezclaba hastío y asco.

Pasando a la habitación, un fortísimo olor a detergente y productos de limpieza invadieron sus fosas nasales, haciendo que enfatizase su cara de asco, arrugando aún más la boca. Cuando le vio reposando en la cama con los brazos extendidos, abarcando el ancho de la cama y con cara de 'drogado', le entró una rara mezcla de risa y asco. Risa por lo que acababa de ver y asco por lo que estaba presenciando su sentido olfativo. Pudo ver que Lenders/Hyuga se encontraba con parte del chándal del equipo torino, con una venda ligera y muy apretada en parte de su torso y con expresión de pena. Se notaba que se había metido en la cama recientemente, porque éste se encontraba todavía temblando de ligero frío, acomodándose las sábanas. Amaia, con cara de póker, se limitó a dejar el cubo con los útiles, sacando solamente la botella de agua, un vaso y unos papeles, marchándose de la habitación sin mirarle, sin contemplaciones. Él, por su parte, se quedó inmóvil, mirando alternamente la pared y la botella, pensando en aventarle la última en la cabeza. Estaba harto del trato seco de la gerente. Sólo pedía comprensión, y parecía que la gerente no estaba dispuesta a darle eso. Si no estuviera en el estado que estaba, iría a decirle cuatro cosas.

Amaia hurgó en uno de los bolsillos de sus pantalones en busca de su móvil para ver si Andrea le había contestado a su mensaje. Una vez que hubo puesto la contraseña tecleando rápidamente, pudo ver en su bandeja cuatro mensajes de cuatro remitentes distintos. Decidió dar prioridad a su amiga clickeando con el índice el mensaje de la misma, porque era con quien más quería hablar en este momento y el que había sido contestado por la misma hace unas tres horas, según le indicaba el mostrador.

'¡Madre mía! Ya he visto por la tele todo el jaleo, y la verdad es que Jerome se ha pasado tres pueblos; deberían haberle expulsado. Y sí, poniendo la atención en el punto de mira, es por casualidad el mismo árbitro que dirigió el partido entre Francia y Japón. ¿Tendrá una especie de contrato con los franceses? Es que he visto que ese hombre jamás pita a los jugadores franceses; sólo cuando las cosas se ponen extremadamente feas.

Oliver/Tsubasa se está poniendo bastante agresivo, y la verdad sé lo humillante que es para él tener que estar en un equipo de segunda clase, aunque sea siendo el capitán del equipo B del mismísimo Barcelona/Cataluña. Está riñendo todo el rato a sus compañeros, no para de gritar, e incluso insulta cuando algo no sale bien. Se ha convertido en una especie de Führer del fútbol; sólo hace falta que le salga un bigote cuadrado en medio de la boca y se ponga a dar órdenes en alemán.

Hablando de Lenders/Hyuga, ya sé que le odias con toda tu alma, pero deberías esforzarte por mantenerle vivo; de lo contrario podrías meterte en muchos problemas.

Y Rivaul y yo llevamos un año saliendo, por cierto. Puede que nos vayamos a Japón de viaje de novios… Y está considerando el pedirme matrimonio'.

Se desternilló de risa cuando leyó la comparativa entre Oliver/Tsubasa y el Führer de Alemania, haciendo que se tapase la boca con la mano completa, estando así unos minutos. Se le cayeron las lágrimas y estuvo haciendo comentarios al respecto en voz baja mientras se reía, hablando sola. Le resultaba rarísimo el que Oliver/Tsubasa estuviese en el segundo equipo. Sabía que muchísimos chicos corrientes querrían estar en su lugar, pero comprendía que eso no le debía de hacer ninguna gracia a un jugador de primer rango. Al leer lo de Lenders/Hyuga, sus rasgos faciales compusieron una mueca de asco. Le entró por unos segundos una rabia profunda debido a que le estaba tratando simplemente como un jugador; no le debía ningún buen trato. Le respondió de la siguiente manera:

'Sé perfectamente lo que piensa Oliver/Tsubasa, y sé lo que pensarían los mortales de él, pero dile que no les tenga en cuenta y que se haga con un puesto en el primer equipo. La gente es taaaaaaaaan conformista y tan tontita… En fin, no tendré más remedio que tragar si quiero seguir pagando mi caro súper módulo superior privado de Diseño Gráfico y Publicidad impartido en Milán. Amén.

P.D.: Creo que deberías comprarle un traje de ésos que llevaba Hitler, o por lo menos el brazalete de la esvástica nazi; por lo menos se haría pasar por el brazalete de capitán'.

Una vez que hubo terminado de contestar a su amiga, pinchó en el mensaje providente de Benji/Genzo. Sabía que el asunto del que él quería hablar trataba del famoso doctor alemán del que tanto se hablaba en Europa, y del cual ya habían hablado en un par de ocasiones.

'El doctor Stein dice que Dario/Gino tiene que ir a Múnich para que le revisen, porque sabe qué hacer al respecto en su caso. Por cierto, ¿qué tal tu desempeño en el Piamonte/la Juventus?'.

Antes de contestarle, clickeó en los dos mensajes restantes, los cuales uno de ellos pertenecía a Dario/Gino, quien le reclamaba:

'Amaia, llevamos mucho sin hablar y sin vernos. Me gustaría que me hicieses el honor de ir conmigo a Múnich a ver al doctor Stein. Allí podremos hablar sobre todo lo ocurrido. Salimos en dos semanas. Ve preparando las maletas'.

Su expresión de circunstancias se transformó en una de expresión esperanzada, la cual destacaba sus ojos, cuyos brillos irradiaban alegría y amor. Estaba muy alegre de que él le hubiese hablado, y tal fue su emoción que se puso a dar saltitos en el suelo y a dar contenidas palmaditas en el aire.

'Vale 33'.

Volvió al mensaje de Benji/Genzo, respondiéndole:

'Le acompañaré. Vamos en dos semanas'.

Hurgó más a fondo en su bandeja de mensajes y pudo encontrarse con un mensaje de un correo electrónico que ella desconocía, pero que por cómo estaba compuesto, pudo deducir de quién se trataba. Un resoplido salió de sus labios, y decidió abrir el mensaje para ver qué era lo que ponía, con gran hastío, no sin antes mirar hacia arriba y soltar un suspiro.

'Nena, me he enterado de que vas a ir a Múnich en dos semanas y de que lo has dejado con Dario/Gino. Si quieres puedes dejar el Piamonte/la Juventus e irte conmigo al Rötburg/Bayern Munich; yo te serviré muy bien. Me gustaría que olvidásemos lo que ocurrió en el final del Torneo de Francia y empezar de nuevo. He cambiado; te lo puedo asegurar. Te quiero'.

No le hizo falta deducir quién era para reconocer el mensaje. No pudo contener las lágrimas que le iban brotando de los ojos y le caían como una cascada por las mejillas y la mandíbula y corrió nuevamente a los baños, dejando su capuccino con chocolate a medio terminar en una de las mesas. Trató de respirar hondo ante los espejos, lavándose la cara varias veces, pero nuevamente volvía a llorar, enrojeciendo así su rostro e hinchando su nariz y sus ojos. Pañuelo tras pañuelo, ella volvía a derramar lágrimas, cayendo éstas de un movimiento brusco al suelo.

No se podía creer el descaro que podía llegar a tener Schneider. Ella creía que no lloraba porque estuviese enamorada de él, sino por el increíble dolor que le había supuesto volver a ver un mensaje suyo. Recordó el cómo la había dejado cuando concluyó el Torneo de Francia. Había podido comprobarlo mirando su correo electrónico, porque vio que la bloqueó de su correo electrónico y de su contacto telefónico, sin poder hacer absolutamente nada, por más que le llamara o intentara contactar con él de alguna forma. Sentía que podía ser manipulada; que podía ser manejada al antojo del Káiser de Alemania; que podría tenerla nuevamente y hacerla daño de nuevo. Se sentía vulnerable. Nuevas lágrimas brotaron de sus ojos y uno de sus puños golpeó parte del lavabo, por el cual dio gracias de que no le pasase nada grave. Ese 'He cambiado' y ese 'Te quiero' resonaron en su cabeza, dando lugar a una violenta mezcla de rabia, tristeza, impotencia, asco y dolor. Sabía que esas dos frases eran mentira y que alguien como él nunca cambiaría. Sabía que la gente que las empleaba quería conseguir algo. Y tal vez eso era lo que quería el Káiser de Alemania, obtener algo de ella o simplemente tergiversar su mente de alguna manera. Más lágrimas surgían de sus ojos y caían violentamente en uno de los bordes del lavabo.

- No puede ser, no puede ser, no puede ser, no puede ser, no… - repetía una y otra vez una enfurecida Amaia con las lágrimas recorriendo su rostro, con la espalda inclinada y la cabeza gacha, la cual dejaba ver su deshecha coleta y sus pelos esparcidos.

Al no poder hacer nada para detener las lágrimas, se metió en una de las puertas del baño que daban lugar a un váter, papel higiénico y una papelera, se sentó en el váter, echó el pestillo y se colocó en posición fetal para seguir llorando con la intención de que se le pasase el berrinche. Apretó los dientes y los puños lo más que pudo, mientras se balanceaba en su propio cuerpo, cuyos brazos rodeaban sus piernas y su cabeza estaba hundida entre las mismas. ¿Y si Dario/Gino se enteraba de todo el asunto que tenía con Schneider y la dejaba de manera definitiva? ¿Y si alguien que le tenía mala fe decidía decir o hacer algo para echar abajo su reputación? ¿Y si ese alguien había tomado acción ya? Decidió cerrar el mensaje sin responder nada, bloquear su móvil y guardarlo en el bolsillo, olvidándose de su existencia. Lo peor del asunto es que siempre que la llamaba Schneider, tenía un berrinche y lloraba a mares. Y ni siquiera sabía por qué siempre caía en sus provocaciones…

- ¡Maldito, maldito, maldito Schneider, maldito Schneider, maldito, maldito, maldito...! – refunfuñaba entre dientes, con la voz ronca, forzada y ahogada en la furia y el llanto.

Su rabia cambió de estado personificándola en gruesas lágrimas que caían de sus ojos nuevamente, volviéndose rojas las córneas y temblorosos sus dientes, sus labios y su mandíbula, mandando el estímulo hacia su cuello, sus hombros, su pecho, sus brazos, su cintura y sus piernas. De repente sintió que la rabia se iba, trayendo consigo la tristeza, el dolor y la amargura. Su cuerpo dejó de temblar, cayendo en una pesadez que hizo que ninguna parte de su cuerpo se moviera, exceptuando los músculos de su cara, los cuales eran los únicos que no habían dejado de sentir, los cuales mostraban todo su dolor acumulado por el Káiser. Tenía ganas de salir del baño, caminar con grandes y largos pasos, gritar y ponerse a romper cosas. Simplemente se limitó a dar un puñetazo a la puerta.


Carlo Monetti, con gran satisfacción y una sonrisa cerrada, pudo observar en la primera página del periódico la victoria de los jugadores del equipo que él dirigía cuando estiró su mano y colocó el periódico en la mesa, con esa página ya dada, como portada del periódico local más famoso. Pudo observar el gran trabajo que había hecho con muchos de los jugadores, pero más contento le había puesto el hecho de que hubiesen mencionado a Lenders/Hyuga, y no señalándole como un perdedor o burlándose de él de ninguna manera. Aquel periódico local le gustaba mucho porque contaba las noticias tales y como sucedían, sin ninguna trampa, y, sobre todo, no trataba de humillar a nadie bajo ningún concepto. Levantó la taza, la cual disponía de un capuccino no muy espumeante y algo más oscuro de lo normal, con intención de darle un sorbo mientras seguía leyendo y releyendo las noticias del periódico, hasta que alguien llamó a su puerta, haciendo que quitase la mirada de la taza y del periódico, simplemente sujetando la taza por el asa con los dedos pulgar e índice y bajándola al ver a quien la abrió.

- Muy buenos días, Carlo – anunció un seco Mazzantini sin mirarle, en un tono de voz alto y cortante.

A continuación cerró la puerta con un rápido y brusco movimiento de muñeca, el cual agarró el pomo como si lo fuera a destrozar. Su expresión era muy seria. Seria a tal grado de que su expresión denotaba enfado. Sus cejas, las cuales estaban juntas con sus ojos, y su boca, con la cual había hecho una mueca de desdén, acentuaban aún más su sentimiento. Sus ojos, los cuales desprendían un halo de rabia contenida, miraban fijamente a Carlo, con quien estaba especialmente molesto.

- Ayer hiciste un gran trabajo – afirmó en forma de ironía, con voz tajante.

Enfatizó su expresión de molestia bajando aún más sus cejas y arrugando aún más su boca, la cual hizo que todas las arrugas de su rostro se hicieran más notorias. Irguió los brazos en posición recta, completamente estirados, hacia abajo. Apretó los puños. Avanzó hacia él con una mirada de auténtico desprecio; desprecio por lo que había hecho Monetti. Un momento de desprecio por el mismo Monetti. Abrió su boca dejando al descubierto toda su dentadura, cuyos dientes estaban apretados. Su notada, trabajada y angulosa mandíbula temblaba ligeramente.

- Dejaste que Lenders/Hyuga empezara el partido para que Jerome agotara su marcador, ¿eh? – soltó de manera sardónica, la cual concluyó con una risa irónica. Tomó unos cuantos segundos para no gritar, cuyas siguientes palabras cambió por un tono de marcado reproche –. Sabías que no era lo bastante bueno como para meter un gol.

Monetti le observaba fijamente. Estaba analizando todo lo que Mazzantini le decía antes de mediar palabra con él. Monetti sabía perfectamente que era el director, pero también sabía que Mazzantini podría sustituirle sin más dilación. Intentó ignorar el pensamiento de que estaba haciendo algo mal. Mazzantini se lo estaba haciendo ver de una brusca manera. Éste, por su parte, evidenció su mensaje indirecto mediante otra mirada reprobatoria. Monetti apartó su vista de los ojos de su oponente.

- Y sabías también que con Jerome enfrente y su inexperiencia, no tendría oportunidades – continuó hablando el último, con la voz más grave y ronca -. Esa fue tu táctica de juego, ¿verdad? – hizo énfasis en la última palabra como queriendo confirmarlo, aunque sabía la verdad. Quería poner a prueba a Monetti. Quería saber de sus verdaderas intenciones.

El director del equipo, como respuesta, le dio otro sorbo de café, a la vez que hojeaba el periódico, en busca de más noticias que estuviesen relacionadas con el partido. Mazzantini interpretó ese gesto como que le estaba ignorando, provocando que alzase todavía más su tono de voz, molestándose a tal grado que puso una expresión todavía más hosca en sustitución de una gran furia acompañada de gritos.

- Y cuando su marcador se acostumbró al ritmo de Mark/Kojiro, lo sustituiste por el de Theodoro – recordó Mazzantini con evidente molestia -. Creo que fue un gran plan.

Carlo soltó una risa cerrada, lo cual hizo que el hablante abriese la boca y encarnase sus cejas hacia abajo, completamente indignado, sabiendo que tendría que escuchar a su superior antes de articular palabra. Pero ya se olía lo que iba a decir, por lo que enfatizó aún más su expresión de más que notorio malestar.

- Concédele a Lenders/Hyuga la mitad del éxito de Theodoro, y por consiguiente, de ganar el partido – concedió de manera tajante Monetti, quien pensaba que el japonés no había hecho nada -. Lenders/Hyuga lastimó a Jerome en el tobillo, y también su estómago se ha resentido bastante por los balonazos recibidos. La prensa dice que tardará una semana en recuperarse.

Echó una nueva ojeada a una página concreta del periódico, la cual contenía una foto a la derecha de Lenders/Hyuga y Jerome, la cual era alargada y mostraba a ambos corriendo tras el balón con saña, con la ferocidad y brutalidad predominantes en sus rostros plasmados de distinta manera. Mientras que la ferocidad de Lenders/Hyuga estaba compuesta por el miedo y la rabia, la de Jerome lo estaba por el goce y la satisfacción de poder destrozar a un rival con mucha facilidad.

Mazzantini arqueó las cejas al haber oído de boca de Monetti las faltas cometidas por Lenders/Hyuga hacia Jerome, quien las consideraba inofensivas al lado de las de Jerome, quien había estado por lastimarle seriamente. No pudo controlar más su impulso de rabia y dio un fuerte golpe a la mesa con su mano izquierda abierta, la cual, casualmente, fue a parar a la cara de Jerome.

- ¡Esa táctica tuya no me ha gustado nada! – protestó Mazzantini, alzando mucho más la voz.

Desvió su vista del periódico para dirigírsela a Mazzantini, a quien no parecía bastarle unas simples palabras de aviso.

- ¡Me parece que esta vez te has pasado con tus tácticas de juego! – gritó el entrenador físico, quien juntó más sus cejas con sus ojos, componiendo una mueca de furia -. ¡No uses así a Lenders/Hyuga!

Ambos se miraron fijamente. Monetti continuaba con su expresión seria y serena, mientras que en Mazzantini iba aumentando más el enfado y la molestia, quedándose en un punto fijo donde le impedía moverse. Monetti le miró nuevamente después de echar otra ojeada al periódico, pestañeó una vez y convirtó su expresión seria de parcial relajación de los músculos de su cara en una pequeña sonrisa que mediaba entre lo sardónico y lo paternal.

- Tú y Lenders/Hyuga sois como exactamente yo pensaba.

La expresión de Mazzantini tornó a una de extrañeza, en la cual se acentuaron sus arrugas, torció su boca, hizo un movimiento de zig-zag con sus córneas, párpados e iris y bajó sus cejas, juntándolas con sus ojos. No sabía por dónde quería tirar su superior.

- ¿Pero de qué demonios estás hablando? – gritó, con voz ronca.

Quitó sus manos de las revistas y los documentos que tenía Monetti esparcidos alrededor de su mesa. El último se echó a reír.

- ¡Los dos os acaloráis fácilmente! – apuntó, divertido. Puso los codos sobre la mesa y apoyó su barbilla y su mentón en las dorsales de la mano izquierda, la cual posó encima de la derecha, adaptada al puño de la anterior. Le miró en silencio por unos segundos, y le dijo, completamente serio -: Cuida bien de Lenders/Hyuga, Matts.

Un desconcertado Mazzantini abrió los ojos, dando lugar a una expresión de sorpresa. Se había quedado completamente helado con tal declaración. Monetti se puso en pie, al ver que su receptor no había captado del todo lo que le quería decir.

- Pacciani, nuestro figura, volverá a jugar. En el próximo partido – anunció, muy serio. Miró a Mazzantini por dos segundos -. Y Lenders/Hyuga no tendrá minutos de juego durante un tiempo. Yo siempre he visto a Lenders/Hyuga como nuestro futuro goleador; ya te he hablado de ello. Por eso debes cuidar muy bien de él. Entrénale para que sea un verdadero jugador.

Volvió a girar la cabeza y la mirada hacia Mazzantini.

- Matts, por el bien del club, deberás acatar mis órdenes.

- Carlo… - formuló el aludido, siendo interrumpido.

- Bien. ¿Qué me dices?

- De acuerdo – asintió el otro, haciendo un movimiento que consistió en una bajada y una subida de cabeza, con los brazos completamente rectos.

Alguien llamó a la puerta tres veces con los nudillos, cuyos golpes los distribuyó de forma espaciada, suave y firme, haciendo que ambos giraran sus cabezas hacia la puerta. Ese peculiar sonido de llamada de puerta les era muy conocido, pero sólo Monetti habló para dar permiso de entrar. El usuario bajó el pomo y empujó la puerta con el mismo, donde se pudo ver y oír a una cansada y preocupada señorita Gould/Matsumoto dar los buenos días.

- ¿Está aquí Lenders/Hyuga? – inquirió ella, mirándoles a ambos por si sabían algo.

- ¿Qué le ha sucedido a Mark Lenders/Kojiro Hyuga? – contrarrespondió Mazzantini, quien no sabía qué era de Lenders/Hyuga en aquel momento y acababa de darse cuenta mediante ella.

La señorita Gould/Matsumoto irguió su espalda.

- Le he estado buscando por todas partes – decía una preocupada Daisy/Kaori, con cierta tristeza en su mirada -, pero no le he encontrado por ninguna parte.

- ¿Qué? – espetó un escéptico Mazzantini -. ¿Lenders/Hyuga ha desaparecido?

Dejó de mirar a la señorita Gould/Matsumoto, girando su cabeza hacia Monetti, quien estaba igual de helado que él, lanzándose ambos miradas de soslayo. Ella temblaba por el miedo a la represalia que le pudiese caer, y también por el mismo Lenders/Hyuga, componiendo en su mente una serie de pensamientos que trataban si volvería a verle o no.


Ambos estaban en la zona de embarcación, avanzando siempre dos o tres pasos cada vez que un pasajero o varios se metían en la puerta de entrada del avión que iba en dirección a Múnich. Ella subía y bajaba su mirada, la cual posaba en su pecho y en sus pies, respectivamente. Tenía muchos nervios por lo que iba a pasar, y sabía que en Múnich se encontraría a cierta persona. Su cabeza daba mil vueltas a lo que podría ocurrir entre esa persona y ella, y llevarse un posible peor recuerdo de la misma. Amaia miraba a un preocupado y a la vez esperanzado Dario/Gino. Pudo ver en los ojos de él la inseguridad que portaba debido que tenía altas posibilidades de quedarse lesionado de manera permanente, pero también un halo que indicaba la esperanza de volver a jugar al fútbol normalmente. Observó su musculado brazo izquierdo, el cual movía con alguna que otra pequeña dificultad. A partir de su antebrazo, pudo ver algo de sangre seca, la cual se manifestaba por medio de unas vendas que llevaba desde hace unas horas. Su muñeca, la cual veía mover sus articulaciones de manera dificultosa, provocando en él unos pequeños gemidos de dolor.

'Pobre Dario/Gino', pensó ella, con mucha pena en el corazón.

'Y pobre de mí', añadió como nota mental, debido a que no se habían visto en los últimos meses y tanto a él como a ella les resultaba muy raro verse. Tenía ganas de abrazarle, pero simplemente se limitó a ofrecerle su brazo, el cual Dario/Gino acompañó con su brazo derecho de manera automática, mirando su boca de manera muy disimulada.

'Espero que el doctor Stein pueda solucionárselo, y si no, tendré que tirar más de Benji/Genzo para que me recomiende médicos de Asia. No quiero que Dario/Gino se quede sin jugar'.

Unas nuevas lágrimas querían salir de los ojos de Amaia, pero su mente les impidió salir de los ojos, recordándoles que no era el momento. No quería llorar delante de Dario/Gino. Tenía un montón de asuntos sin resolver que pasaban una y otra vez por su mente, y si él la veía derramar lágrimas, le preguntaría por lo sucedido, algo que en ese momento ella no sabría explicar. Eran tantísimas explicaciones las que le tendría que dar…

Cuando les tocó a ellos entrar en el avión, avanzaron mediante pasos largos entre las sonificadas voces de las empleadas que avisaban de los vuelos de Milán a otros destinos. Amaia le guió al asiento con su cuerpo, cubriendo y sujetando el de él, ya que se había percatado de que andaba medio dormido y no le prestaba atención a nada. Una vez se hubieron posicionado en sus respectivos asientos, habiéndose guiado ella por las tarjetas que les habían dado, le indicó que durmiera, ya que él parecía desfallecido e ido de la realidad. Ella sacó el móvil de uno de los espaciosos bolsillos de sus jeggings para ver la hora, y así poder calcular cuánto tiempo quedaría para que despegase el avión. Calculó unos quince minutos. Iba a bloquear el móvil hasta que vio un mensaje de Andrea.

'Vas a ir a Múnich, ¿verdad?

Número uno: ten cuidado con Schneider; es capaz de cualquier cosa. Número dos: dile todo lo que le tengas que decir a Dario/Gino. Confiésale todo; incluso todo el lío patatero que tienes montado con el Káiser, porque si no, lo hará él, y con mucha más saña. No pensarás en volver con él, ¿verdad?'.

Se quedó helada. Sus ojos se abrieron como platos, haciendo que sus pestañas tocasen sus cejas, y, por lo tanto, sus respectivos arcos de las cejas y sus párpados fijos. La había descubierto. Con prisa, empezó a teclear mucho más rápido en su móvil por quedarse tranquila de una vez por todas.

'Quedan diez minutos para que el avión ascienda a los cielos, amén. A los cielos de Múnich, donde todos sus habitantes rezan al Káiser, su Dios, para que les diga cómo ligar con mujeres. Ahora me lo estoy imaginando con una túnica blanca y enviando las Siete Plagas a dondequiera que sea.

¡Ni de coña pienso volver con ese personaje! Ni mucho menos dejar solo y desamparado a Dario/Gino, quien no se merece eso. Está conmigo en los asientos del avión y está dormido; el pobre está hecho polvo. Yo también estoy increíblemente cansada, así que me echaré hasta llegar al reinado del Káiser, que hará que me corten la cabeza si no vuelvo con él. Pero bueno, si sobrevivo a su matanza aunque sea como una zombie, llevaré mi cabeza debajo del brazo, como un balón de fútbol. Y puede que hasta me crezca otra, si quiero. Como Medusa, igual'.

Antes de echarse a dormir, empezó a ponerse las protecciones y sujeciones necesarias para no tener que hacerlo después, y, así, estar ya dormida cuando el avión arrancase. Se acomodó como pudo el asiento en forma de cama, teniendo la suerte de que no había nadie ocupando el asiento que estaba posicionado atrás suyo. Sacó de su pequeña mochila una almohada de franela, la cual hinchó ligeramente impulsando aire desde sus pulmones, el cual llegaba a la boquilla de la almohada a través de sus labios. Una vez le hubo puesto el tapón a la boquilla del cojín hinchable, se levantó para quitarse el abrigo. Volvió a sentarse con la intención de acomodar el abrigo para que le sirviese de manta. Tumbada y con los ojos cerrados, se acomodó el pelo de tal modo que ningún niño le tirase de ninguno de sus mechones, girando su cabeza y su cuerpo hacia la derecha del asiento, en la cual Dario/Gino ocupaba el asiento de la izquierda del todo, de cara contra una de las ventanillas redondas del avión. Antes de dormirse definitivamente, parpadeó unas cuantas veces, observó por un último instante al capitán de Italia, cerrando sus ojos de manera lenta y pesada. Quería tomar una de las manos del portero, pero tuvo la mala suerte de que estaba a su lado la mano fracturada, y, ni aunque éste quisiera y ella no, podría dársela. Su mano, la cual tendría más de la mitad de sus huesos rotos y estaba fuertemente apretada con unas vendas blancas ya ensangrentadas que se le iban yendo por causa de que él intentaba moverla a pesar de todo, le inspiraba tristeza y dolor. No pudo dejar escapar una lágrima de uno de sus ojos, teniéndolos ya cerrados.


Los chicos estaban alistándose para salir a jugar el partido. Todos ellos estaban especialmente nerviosos. Oliver/Tsubasa tenía una expresión emocional parecida a las suyas, pero él no estaba nervioso; simplemente deseaba jugar el partido y los que vinieran para poder quitárselo de en medio y por fin poder ascender a la primera liga. Todavía le dolía el duro golpe que le había proporcionado Van Saal, quien lo había disfrazado de 'chico joven', entendiéndolo como 'chico inepto'. Resopló al aire, direccionó su cabeza hacia arriba, desvió la vista y rezó para que el Altísimo le diese paciencia. Como decían muchos, a él un equipo B le parecía muy poca cosa, y consideraba que el oficial era más que apto para él. Recordó la charla que tuvo con Andrea, quien le decía que no quitaban a ciertos jugadores que eran buenos, aunque haya venido alguien nuevo, más joven y con más resistencia, porque se trataba de contactos. Y Amaia le había dicho varias veces que España era un país que funcionaba por enchufe.

Pudo ver a Serrano, uno de sus compañeros, subirse un calcetín de tal forma que quedase liso. Se imaginó una escena en la que éste, de tanto subírselo, se rompía, y la goma que lo sostenía, se iba hacia su rostro, provocando que tuviese que taparse la boca con una mano. Le miró nuevamente. No es que le odiase o le detestase, pero sí que le había cogido cierta manía debido a lo lento que era y lo infantil que demostraba ser a veces con su comportamiento. Suspiró nuevamente mientras cogía los cordones de su otra zapatilla, atándolos rápidamente con un truco que le había enseñado su mentor, al que echaba de menos. Una vez hubo terminado de prepararse para el partido, se levantó de la banca con gran rapidez. Les miró a todos, recorriendo su mirada de izquierda a derecha.

¡Capitán! – gritaron todos al unísono, a la vez que rodeaban sutilmente a Oliver/Tsubasa, en forma de medio círculo.

Él asintió con un movimiento de arriba debajo de la cabeza.

¡Muy bien! ¡A ganar el partido! – motivó, con una voz lo suficientemente audible para que le oyeran todos, pero sin apenas entusiasmo, porque ya sabía cómo iba a acabar.

¡Sí! – gritaron todos.


'Seis goles y cuatro asistencias en el partido inaugural del equipo B del Barcelona/Cataluña contra el de La Mancha FC. Un partido en el que Oliver/Tsubasa no ha sudado ni corrido apenas. No ha puesto mucho empeño, y aún así los panolis de La Mancha no han podido hacer nada. A ver si va a ser cierto lo que dicen sobre los equipos de provincias; que son sólo para presumir. Vamos, hubieras visto las lágrimas y la rabia del entrenador de Los Panolis FC y es que te habrías tirado al suelo de la risa. Y Oliver/Tsubasa no contribuía mucho con sus burlas hacia la motivación de sus rivales, la verdad. Sé de sobra lo humillante que es para él jugar en un equipo de segunda, pero se ha pasado tres pueblos con sus contrincantes; ¡me han dado ganas de matarle!

Aún así, ha tenido la osadía de decir que ha sido poco para él. ¡Yo creo que hasta Rivaul se ofendería con eso! No se ha jugado el tiempo reglamentario de un partido, porque a Los Panolis FC no les ha dado la gana de levantarse del suelo, poniendo la excusa barata de que estaban cansadísimos. Oliver/Tsubasa le ha dado el balón al árbitro por puro aburrimiento. Vamos, que juega un partidito más o dos a lo sumo y ya formará parte del equipo oficial.

Por si me preguntas, lo he estado observando desde adentro con el entrenador Van Saal y Rivaul, después de que ellos dos tuviesen una charla en privado. Me parece que Rivaul tiene miedo de que Oliver/Tsubasa le sustituya; ya lo vi en esa ocasión en la que le dio un codazo'.


'La verdad es que en Múnich no se está mal; me gusta el frío que está haciendo. Hemos ido al famoso hospital en donde trabaja el doctor Stein, y le ha atendido enseguida. Siempre que le veo, está tomándose un café bien cargado, y me lleva unas ojeras... Es duro ser médico, sí, señor. Yo espero que Dario/Gino se recupere pronto, y pueda jugar al fútbol y no se lesione más.

Si hubiese ido a parar a una ciudad española no les podría hablar en inglés, porque la verdad, no se enseña muy bien el inglés allá en España… A los alemanes les puedo preguntar en inglés por cualquier asunto de cualquier índole, porque no me acuerdo muy bien del alemán que digamos.

P.D.: No me he encontrado al sinvergüenza ése por el momento; todo va bien en Múnich por el momento.

P.D. 2: Si tanto dicen que Oliver/Tsubasa iguala a Rivaul y Van Saal le ha puesto en el filial, no es por lo que le ha dicho a la prensa. Creo que es simplemente por subirse el ego y demostrarle a los demás equipos quién es el que parte el bacalao'.

Amaia guardó el móvil en su bolso rojo vino, el cual portaba las iniciales de Yves Saint Laurent. Se dispuso a abrocharse los botones de su abrigo rojo, lamentándose de no haber llevado uno más grueso. Dio unos pasos y pudo ver una figura muy reconocida, a la cual, nada más verla sus ojos, giró sobre sus talones y caminó hacia la dirección por la que había caminado. Había empezado a tener calor en su cuerpo a pesar del frío que hacía en las lujosas calles del barrio de Múnich, llevándola a desabrocharse el abrigo y tres botones de su camisa entallada, la cual era de color rojo veneciano. Empezó a caminar deprisa, empezando a sudar, hasta que unos pasos la siguieron. Estos la pusieron aún más nerviosa, lo cual provocó que ella 'pisara el acelerador' y aumentase la intensidad de los suyos, aumentando así su calor. Pequeñas gotas de sudor iban cayendo de su frente. Sus mejillas se iban poniendo rojas. Sentía como su entrepierna sudaba. Agradeció el hecho de llevar pantalones por una parte, pero por otra sentía que no podía correr lo suficiente, porque el material con el que estaban hechos dichos pantalones era cuero. Y para su consiguiente desgracia, llevaba unas botas negras con tacón, las cuales le impidieron correr a más velocidad. Cayó al suelo por una pisada mal hecha. La figura la alcanzó. Era evidente que se trataba de una figura masculina; cuyas pistas le llevaron a un joven de unos veinticinco años de edad a lo sumo, una altura de uno ochenta y cinco aproximadamente, con un cuerpo atlético y musculado, de pelo rubio platinado, ojos azules y piel clara. No pudo reconocer más porque cayó al suelo del sueño acumulado, quedando inconsciente.


Trataba de abrir los ojos una y otra vez, pero éstos se cerraban por veces consecutivas. No sabía qué era lo que había pasado; lo único que recordaba antes de caer inconsciente era aquella figura. Tenía la sensación de que la cabeza le daba vueltas, su visión era borrosa, su cuerpo lo sentía pesado y dormido y le dolían los pies. Intentaba incorporarse sentándose, cruzando y estirando las piernas, pero su cabeza siempre acababa cayendo de manera involuntaria en una de las acolchadas, anchas y frescas almohadas de la cama en la cual estaba tratando de batallar por volver a la consciencia, la cual siempre vencía sus débiles intentos. Era como si su cabeza llevase un kilo de hierro, razón metafórica por la cual su cabeza iba a parar a cualquier dirección una vez bajada, menos al frente. Desistió en su intento de 'volver a la vida' y dejó que el 'modo zombie' la atrapara; se sentía como tal. Sentía que no podía articular palabra, sólo emitía pequeños sonidos providentes de su voz ronca. Pudo sentir que estaba completamente desnuda, y la primera señal que captó, por la cual pudo averiguarlo, fue por medio de sus pechos y pezones. Luego empezó a notarlo por sus nalgas, sus piernas, las plantas, los dedos y los empeines de los pies. Tuvo la afortunada suerte de tener su largo cabello, el cual cubría sus nalgas y parte de sus cuádriceps.

Intentó recomponerse de nuevo para levantarse en busca de un albornoz o algo que cubriese de sobremanera su cuerpo para poder ir a buscar un baño, por si acaso alguien del lugar en el cual estaba metida la veía, sin tener la más remota idea de cómo había podido ir a parar. Tras buscar corriendo literalmente algo con lo que cubrirse, pudo encontrar una gran toalla roja, la cual simplemente se echó por encima de los hombros y se encogió con ella para obtener una sensación de calor, la cual tranquilizó su cuerpo de sus respectivos temblores. Se puso a pensar en los gráficos que había visto sobre la edad de los huevos, e imaginó un vaso y un huevo tumbado en posición lateral, tocando el fondo del vaso, enorme y lleno de agua. El mismo huevo iba poniéndose en pie, hasta que el mismo quedó de pie, ni hundido, ni tocando la superficie. Así era como ella se sentía, en medio de la superficie y el fondo. En su imaginación, el huevo iba ascendiendo a la superficie, hasta prácticamente no tocar el agua, sólo por unos milímetros cúbicos. Huevos viejos, eso era lo que su mente iba pensando. Para no seguir pensando en ello, se acercó lentamente a su cama, con la cual tuvo suerte de no darse en uno de sus dedos, apartó las sábanas y el colchón para poder meterse. Empezó a notar frío en los pies una vez metida en la cama, colocándose así de lado, adoptando la posición fetal, bajando su cabeza hasta tocar con su barbilla su pecho, los cuales tocaban sus muslos, que a su vez tocaban las pantorillas. Apoyó las plantas de los pies en sus nalgas con ayuda de una parte de la toalla. Luego apoyó su planta derecha en su empeine izquierdo, apartando ambos de las nalgas, e intercambió las posiciones de ambos a la posición del otro. Finalmente decidió juntar sus pies con sus nalgas, también encogiendo la espalda para que pudiese meter parte de sus brazos en un hueco que había hecho con sus piernas, sintiendo el tan anhelado calor. Las sábanas y el colchón podrían haberla abrigado durante aproximadamente unas dos o tres horas, calculando en su cabeza. El calor que desprendía la toalla cubría las necesidades fisiológicas de su cuerpo por entonces, lo cual provocó que volviera a cerrar los ojos de manera pesada y automática, cayendo nuevamente en un profundo y placentero sueño de paz absoluta, del cual no quería volverse a despertar nuevamente.


Dentro de la cama, pudo oír unos pasos acercarse, los cuales le eran muy conocidos a su oído. Un ligero temblor recorrió su espalda y sus senos, quitándole parte del calor que le había dado la manta hacía una hora. Empezó a dar vueltas por toda la cama de lo nerviosa que estaba, pudiendo abrir los ojos rápidamente. Echó una ojeada rápida, recorriendo la habitación con su mirada de derecha a izquierda, pudiendo comprobar con terror que ninguna de sus pertenencias estaba en ningún lugar. Ni siquiera su ropa interior. Un sudor frío empezó a recorrerle el cuello, la espalda, los senos y el abdomen, así como sintió que una bomba helada explotaba en su estómago, ascendiendo la sensación hasta su campanilla, la cual provocó que empezase a toser. Empezó a insultar y a maldecir mentalmente a quienquiera que la hubiese quitado la ropa y las pertenencias. Antes de que ella decidiera salir de la cama para comprobar de manera táctil el supuesto posicionamiento de sus objetos, los mismos pasos decidieron mover el pomo de la puerta y entrar al cuarto. En medio de la oscuridad y la máxima luminancia del lugar, pudo reconocer aquel rostro. Era Karl-Heinz Schneider. Por elegir al azar cualquiera de las múltiples emociones que estaba sintiendo con muchísima intensidad por aquel entonces, su cara abrió todos sus rasgos faciales, destacando su barbilla hendida, su marcada mandíbula y su rostro anguloso de rasgos de iguales características, destacando sus pómulos subidos y marcados. Se había quedado completamente helada. Completamente paralizada. No podía articular palabra, sólo podía emitir algún bajo sonido gutural. Cerró la boca para empezar a morderse los labios.

Mientras tanto, él seguía mirándola fijamente, arqueando muy pausadamente la boca hacia arriba, pudiendo ser visible una sonrisa torcida. Era consciente de podría hacer lo que quisiera con ella.

Por más que quisiera, no podía apartar sus ojos de los de él, afilados, almendrados, cubiertos de unas grandes y gruesas pestañas rubias y acompañadas por unas cejas largas y de grosor mediano, de una tonalidad azul que podría representar de manera muy estética el propio hielo. Su respiración empezó a ir mucho más deprisa. Su corazón latía a mil por hora, eran tales los latidos que daba su corazón que pudo notarlos por sus senos, su garganta y sus sienes sin la necesidad de tener que posar una mano o un dedo como guía de ayuda. Ya no sentía conexión con la realidad; simplemente miraba a los ojos de su interlocutor, provocando que se olvidase hasta del frío que sentía en su cuerpo, entrando éste en un estado de estoicidad.

Karl se aproximó unos pasos hacia ella, hasta sentarse en su cama.

- Aunque digas que no, tu cuerpo dice lo contrario. Y tu mente, también.

Esa voz había hecho volver a la realidad a Amaia, haciendo que volviese a sentir frío y se echara nuevamente la manta por encima de su espalda. Karl clavó su mirada en la de ella, otra vez.

- Has caído inconsciente en medio de un suelo lleno de nieve, te he recogido por casualidad y te he quitado la ropa porque si te la dejaba puesta, te ibas a resfriar.

Iba a gritar, cuestionándole el por qué le había quitado la ropa, cuya idea desechó de la cabeza porque ya le había dicho por qué y consideraba que no era prudente gritar. Sintió miedo en lo más profundo de su alma. No podía hacer nada para evitarlo. ¿Tal vez habría caído en la trampa del Káiser de Alemania?

- Ya te estaba empezando a echar de menos, mi rusita – soltó él, sonriendo cínicamente de lado que enseñaba ligeramente la blanca e impoluta dentadura, sin inmutarse ante la expresión asustada en la que ella había tornado.

Asustada, dejó caer la toalla que cubría su cuerpo, dejando al descubierto su cuello, sus clavículas, sus hombros, sus senos, su abdomen y parte de sus caderas. Él desvió su mirada hacia sus pechos, rastreando con sus ojos la parte descubierta de su cuerpo, volviendo a parar en sus pechos. En un vano intento de cubrirlos con su melena, Karl le apartó el cabello de los mismos y la tumbó en la cama, rodeando su cintura con sus musculados brazos. Aprovechando el estado semi-inconsciente de la chica, acercó sus labios a los de la chica, haciendo previamente un ligerísimo toqueteo entre su nariz y la de ella. Amaia sintió un levísimo atisbo de rabia cuando éste posó sus labios sobre los suyos, pero no pudo reaccionar debido a lo inconsciente que estaba. Lo que más rabia le daba era admitir que le había gustado. Tal vez era porque no había tenido ningún contacto en la intimidad con Dario/Gino, lo máximo que había hecho era agarrarle del brazo para minimizar su dolor. El hecho de que estuviese semi-inconsciente podría ser una válida razón de no ser porque le había gustado.

Él los apartó, volvió a mirar a sus ojos y posó nuevamente sus labios sobre los de ella, dando lugar a que ésta enrojeciese y temblase ligeramente. Él no pudo resistir por mucho más tiempo y volvió a apartarlos nuevamente para volver a hacerlo una vez más y posarlos en su cuello, para hacerlo también con sus hombros, los cuales besó levemente, como también lo hizo con sus clavículas y su esternón, al cual besó, posando una grande y estilizada mano derecha de dedos largos en él. Dispuso de la izquierda para desabrocharse los botones de su onerosa camisa negra, la cual se ajustaba a su cuerpo y portaba las iniciales de Giorgio Armani en el lado izquierdo. Amaia pudo apreciar el trabajado cuerpo de Karl, el cual tenía los abdominales muy marcados y muy trabajados, así como sus pectorales. Lo que más le gustó ver es que estaba completamente depilado. Karl pudo captar la inminente atracción que la chica sentía hacia él. Una vez que se hubo quitado la camiseta, la arrojó a una silla sin mirar, haciendo un movimiento de flexión rápida con su brazo. Ella sintió más admiración todavía, ya que pudo apreciar la musculatura de los brazos y de la espalda de Karl, posando su mirada además en su barbilla hendida y su marcada mandíbula. Él tomó las muñecas de su receptora rodeando cada una con cada mano, las cuales llevó hacia la cabecera de la cama. Las mejillas de Amaia enrojecieron un poco más, tornando a una tonalidad intensa de melocotón, yendo hacia la gama cromática del rojo, empezando a entrar en calor. Karl tomó unas esposas que tenía cerca de la mesa, con las cuales distribuyó las manos de la chica, rodeando cada esposa a cada muñeca, tomando después las atadas manos de Amaia con su izquierda. Su pene estaba erecto. Tomó uno de los vastos pechos de Amaia con su mano derecha, acercando su cabeza hacia el mismo, sacando su lengua, pasándola por la aureola y el pezón, atrapando y volviendo a soltar ambos con sus labios después, de manera suave y repetitiva.

Ella se puso todavía más roja. Sentía como la temperatura de su cuerpo subía. Sentía cómo su frente, sus sienes y sus mejillas se calentaban a tal grado de empezar a sudar, calentándose así todo su cuerpo. Comenzó a inhalar y exhalar de manera rápida, aunque no muy ruidosa. Le encantaba sentir cómo esa lengua y esos labios jugaban con sus pezones y los ensalivaban, y cómo esa mano derecha acariciaba sus pechos. No quería que Karl parase de ninguna manera; no quería dejar de notar en sus pechos esa barbilla hendida perfectamente afeitada, o eso era lo que creía, notando cómo un pelo duro rozaba uno de sus senos. Pero aún así le encantó dicha sensación de fricción, dibujando sin querer una sonrisa de oreja a oreja. Karl alternaba entre un pecho y otro. Ella notaba como ambos pezones iban siendo mordisqueados, lamidos y apretados. Le encantaba sentir cómo la cara y las manos frías de él tocaban sus calientes pechos. Agarró con los dedos de uno de sus pies una sábana para evitar correrse tan pronto, e hizo un brusco pero ligero movimiento de pierna, la cual estiró y flexionó debido a que le había dado un insignificante tirón. Karl reaccionó ante ello usar las suyas, rodeando las de ella de manera que hiciese un cruce y no pudiese moverlas. Amaia empezó a respirar todavía más aceleradamente, sabiendo que él tenía mucha más fuerza y no podría moverse de ninguna manera.

- Karl, te odio… - susurró Amaia entre su agitada respiración.

Por una parte, la culpa empezó a apoderarse de ella porque pensaba que estaba con otro que no era Dario/Gino. Pero por otra, le estaba encantando como el Káiser estaba dándole el placer que no había tenido en esos meses.

- No, nena, no; tú me adoras – contradijo Karl en otro susurro, mordiéndole un pezón.

- Karl, ni se te ocurra seguir… - resistió ella, entre dientes.

La chistó, simplemente dejando un leve espacio entre los dientes simplemente. Dejó de lamer el pezón para acercarse a su oreja, por cuyo lóbulo y cuya parte trasera pasó levemente la lengua, haciendo que Amaia enrojeciese aún más.

- Querrás decir que ni se me ocurra parar, nena.

Odiaba admitirlo, pero sabía que en el fondo él tenía razón. Le estaba gustando cómo le estaba dando placer en los senos, y, efectivamente, no quería que él parase. Éste movió la cabeza para dirigirse nuevamente al pezón, volviendo a mover la lengua de manera que ésta abarcase al pezón, volviendo a atraparlo y soltarlo con sus labios nuevamente para hacerle lo mismo al otro. Una vez que consideró que había terminado con ellos, bajó la cabeza y el tronco hacia el abdomen, por el cual comenzó a hacer recorrido de lengua. Tan suave era el modo de hacerlo de Karl que Amaia quedó nuevamente en estado estoico.


Andrea se encontraba riéndose a lágrima viva por lo que Oliver/Tsubasa le estaba contando sobre el jugador llamado Serrano, el cual estaba en el equipo B del Barcelona/Cataluña. Ambos estaban de pie, mirándose con sorna y cachondeo.

- Yo pienso que podría ser un guardia del Palacio de Buckingham – sugirió Oliver/Tsubasa -. Su color de pelo se asemeja muchísimo al de esos sombreros alargados y llenos de pelo.

- Y los guardias del Palacio de Buckingham tienen casi cubiertos los ojos, ¿no es así? – añadió Andrea, apuntando con un índice, a punto de carcajearse nuevamente.

Hizo un gesto con ambas manos extendidas en sentido horizontal, cubriéndose los ojos.

- Por eso – concluyó Oliver/Tsubasa con una sonrisa gamberra, asintiendo con la cabeza -. A ese chico no se le ve la cara apenas. Y como los ingleses andan últimamente muy tacaños, les vendrá muy bien saber que contarán con un sombrero natural.

Andrea dejó caer accidentalmente de su boca el zumo que llevaba dentro de ella, atragantándose con el líquido que sí había logrado filtrar por su campanilla, llevándolo a la tráquea en vez de al esófago. Empezó a toser y a reírse, tapándose la boca con un brazo.

- ¡Por el amor de Dios, Oliver/Tsubasa! – exclamó la muchacha, apoyando un antebrazo en el hombro del chico -. ¡Menudas cosas te inventas!

- ¡Yo creo que estaría mucho mejor allí! Además no es que sea muy buen jugador que digamos; ¡en el partido me miraba todo el rato! ¡Marcó ese gol gracias a mi precioso pase!

Ella dejó el vaso en la mesa por si acaso volvía a beber y se atragantaba nuevamente.

- A lo mejor se habrá enamorado de ti – bromeó Andrea, pensando que había dejado caer una indirecta sobre un tema concreto -, quién sabe.

- ¡Todo el mundo se enamora de mí, joder! – concluyó Oliver/Tsubasa echándose a reír nuevamente, en forma de protesta -. ¿Sabes qué? ¡Pues que se jodan todos ellos, porque de lo único que estoy enamorado es del fútbol!

- El fútbol es polígamo, Oliver/Tsubasa – soltó Andrea, con una sonrisa traviesa en el rostro -. No lo hace sólo contigo. También con Rivaul, con Benji/Genzo, con Mark/Kojiro, con Karl, con Dario/Gino...

Oliver/Tsubasa rompió a reír de nuevo, poniéndose la mano derecha en la boca y la izquierda en la tripa.

- ¡Tía, calla! – decía, entre risas -. ¡Me estás recordando al Káiser! Seguro que le pega el sida y todo al fútbol.

- ¡Oliver/Tsubasa, por Dios! ¡Qué asco! – respondió Andrea, con una mezcla entre risa y asco.

Hacía amagos de vomitar mientras se tapaba la boca con las manos, daba vueltas por la habitación moviendo los pies, las manos y los brazos hacia arriba y soltaba ruidosas carcajadas. Una vez que sus pies encontraron la cama mediante una patada accidental hacia una de las patas de la misma, se tumbó tirándose en ella, hizo bruscos movimientos de flexión con sus piernas, haciendo que las zapatillas negras de algodón y pelusas que llevaba en sus pies saliesen despedidas al aire, cayendo al suelo de dos repentinos golpes. Oliver/Tsubasa se quedó impresionado por apenas un microsegundo, carcajeando nuevamente.

- ¿Pero quién te crees que eres, Hannah Montana? – preguntó a modo de reproche, señalándola con un dedo mientras se reía. Había sacado el móvil y la había grabado.

- Ya le hubiera gustado a Hannah Montana tirar las zapatillas al aire como lo he hecho yo – respondió, imitando la voz de una creída con la intención de hacer la broma.

- Nos hemos contagiado de españolismo, ¿no?

- ¡Hombre, ya lo creo! – reafirmó Andrea, con una sonrisa pícara de lado.

Se quedó callada por unos segundos, recordando un tema por el cual le habían insistido hasta la saciedad. Puso cara de asco y pensó en contárselo en cuanto antes a su amigo para librarse de una carga. Respiró hondo.

- Oliver/Tsubasa, me han insistido mucho con un asunto que tiene que ver contigo.

El muchacho la miró curioso, implorándole con la mirada el que se lo dijera.

- El entrenador Van Saal me ha insistido muchísimo con el asunto de que te cases ya.

Éste no pudo entenderla del todo debido a lo rápido que lo había dicho, Pudo notar cierta vergüenza por las mejillas rojas y la mirada y cabeza cabizbajos de su amiga, pero decidió preguntárselo una vez más.

- Que el entrenador Van Saal me ha insistido con el tema de que te cases ya – informó, dejando un pequeño espaciado entre palabra y palabra -. Eso es todo.

- No quiero casarme – protestó Oliver/Tsubasa, encogiendo los hombros y levantando una ceja -. ¡Sólo tengo veintidós años!

La zagala le miró con una expresión que podía reflejar que la pena y las circunstancias se habían fundido en uno, limitándose a levantar los hombros y torcer la boca.

- Lo sé, Oliver/Tsubasa – dijo, con una sonrisa compasiva -. Sé que no quieres ningún compromiso por ahora, pero dice que es por el bien del equipo. Casi todos los jugadores; al menos los del primer equipo, están casados.

Él soltó un bufido disfrazado de risa. A continuación, dio unos cuantos pasos, se sentó en uno de los bordes de la cama, en cuyo lado estaba su amiga. Abrió las piernas, apoyó cada uno de los codos en sus abultados cuádriceps y con ambas manos, se sostuvo la cabeza, dejándola caer en peso muerto.

- Claramente, con modelos bellísimas y cabezas huecas a las cuales más de uno querría matar.

- Si no quieres casarte con ninguna de esas chicas que te han presentado, bien – dijo Andrea con tranquilidad -. Es muy comprensible.

- ¡No las conozco de nada! - exclamó, alzando la voz -. ¡Y además sé que querrán sacarme hasta los ijares!

Ella negó con la cabeza, mordiéndose un labio.

- Tal vez podrías hacerlo con una chica con la que tengas la suficiente confianza para casarte. – tosió y tragó -. En nada ascenderás al primer equipo; es por eso por lo que me está persuadiendo tanto; no es por otra cosa.

Oliver/Tsubasa levantó la cabeza y miró hacia la ventana, limitándose a pensar.

- Tal vez podrías hacerlo con Patty/Sanae.

El aludido simplemente se limitó a levantar la cabeza y a mirar el cielo a través de la ventana, con una mirada de negativa paciencia. En parte le parecía mal darle exageradas expectativas a la chica, pero por otra pensaba que no le quedaría otra que hacerlo. Respiró hondo; inhalando y exhalando el aire de sus pulmones un par de pausadas y lentas veces.

- No estoy enamorado de ella – suspiró Oliver/Tsubasa, resignado -. Pero somos grandes amigos. Nos llevamos muy bien. La convivencia con ella es genial. Es una mujer sencilla. Tiene buen físico. Y además siempre ha sentido algo por mí y conectamos de alguna forma; lo que la convierte en la candidata ideal. Pero ahora mismo no lo voy a hacer.

- Lo comprendo, Oliver/Tsubasa – dijo Andrea en tono suave, poniéndole la mano derecha en el hombro izquierdo -. Comprendo que quieras centrarte primero en ascender al primer equipo. Hablaré con el entrenador.


El médico le había dado el alta hace unas horas. Aún le dolía ligeramente el estómago, pero le restó importancia comparado con el tratamiento que tendría que seguir por parte de los médicos con el tema de la musculatura de sus piernas. Bajando la vista, pudo contemplar nuevamente la venda que cubría enteramente su izquierda, en un vano intento de demostrar a Jerome que no era menos válida que su derecha. Se movía con dificultad, ayudándose de su pierna derecha, la cual no había sufrido ningún tipo de rotura ni alteración muscular.

Queriendo contemplar el atardecer torino, el cual combinaba los distintos colores de azul intenso y acogía colores anaranjados, rosados y amarillentos, tomó asiento en la madera alargada del primer banco que vio debido al tirón que le había dado en una articulación de la pantorrilla izquierda. Pudo sentir una mano sobre su hombro, sabiendo ya quién es por su tacto y olor corporal.

- He oído que vas a estar al menos dos semanas más sin pisar el campo.

- Lo sé, Gentile; no me lo recuerdes – contestó Lenders/Hyuga de manera hosca.

Salvatore le restó importancia a la contestación de su compañero, sabiendo la situación por la que estaba pasando y por la cual él también había pasado estando en el Inter de Milán, cuando era compañero de equipo de Dario/Gino. Recordó las duras palabras que Gattuso le dijo.

- 'Nunca vas a llegar a ser nadie en el mundo del fútbol'; eso fue lo que me dijo – explicó Salvatore con cierta amargura que intentaba disimular con una expresión y gesto corporal serenos -. Y como ves, aquí estoy. En el Piamonte/la Juventus siempre te dan una segunda oportunidad si ven que eres bueno – hizo una pausa, dándole un silencioso sorbo a su cappucino -. Y de hecho, Monetti ha querido que te quedes en el equipo, porque no le importa que tardes dos semanas más en recuperarte. Piensa que eres bueno.

Esas palabras alegraron a Lenders/Hyuga, quien compuso una leve sonrisa, porque, sabiendo que no se daría por vencido tan rápido, Monetti le había concedido otra oportunidad. Miró a su compañero de equipo. Éste le miró a él, empezando a reírse ambos. Comenzaron a hablar de sus respectivos planes de futuro a corto plazo y a contar anécdotas personales, en las cuales incluían jubilarse a los treinta y cinco años y algunas de sus vivencias con sus familias.

FIN.

NOTAS:

- La palabra hándicap es un préstamo de la palabra inglesa handicap, la cual es una contracción de las palabras hand in cap (traducida al español como 'mano en gorra'), porque en un principio correspondía un juego cuyo objeto de disputa se ponía en una gorra. Posteriormente se aplicó en las competiciones deportivas a la compensación concedida a los participantes que están en desventaja, dando la idea general como la misma. Jerome lo ha aplicado en el caso deportivo del fútbol, indicando la posición de desventaja en la que se encontraba Lenders/Hyuga con respecto al equilibrio de sus piernas.

- La palabra jeggins viene de la mezcla de los préstamos ingleses jeans y leggins. Los jeggins son un tipo de pantalones que están entre la rigidez de unos jeans normativos y la elasticidad de unos leggins.

- La comparativa de Amaia entre Oliver/Tsubasa y el Führer era para hacer referencia al comportamiento agresivo y autoritario que Oliver/Tsubasa había tomado desde que tomó la capitanía en el equipo B del Barcelona/Cataluña, por lo que le había contado su amiga. También añadió los elementos del bigote y el brazalete con la esvástica nazi para resaltar su burla.

- La comparativa burlesca de Amaia hacia el Káiser de Alemania es haciendo una comparación entre el mismo y el mismo Dios, diciendo que ambos eran caprichosos, impredecibles y crueles, poniendo de ejemplo las Siete Plagas, las cuales Dios envió a Egipto para que su faraón liberase a los esclavos hebreos.

- Andrea le menciona a Oliver/Tsubasa el hecho de que Van Saal había comenzado a presionarla para que éste se casase, representando una situación real del fútbol de élite. A los jugadores que juegan en equipos de élite se les dice que se casen para que así logren cierta estabilidad que no tendrían no estándolo.

- Hannah Montana es un personaje ficticio de la serie Hannah Montana. En realidad dicho personaje no se llama como tal. Es el álter ego de la popular cantante pop Miley Cyrus, quien en su época era una chica adolescente. Sólo algunas personas cercanas sabían la doble vida de Miley. Hannah Montana es una serie perteneciente a Disney Channel.

- Oliver/Tsubasa la ha mencionado como comparativa por lo que Andrea acababa de hacer con sus zapatillas. Ésta, por su parte, hace otra comparativa de superioridad en broma.

- 'Ijares' viene de la palabra 'ijar', que a su vez viene de la palabra 'ijada'. El ijar, o ijada, es una parte del cuerpo humano y de otros vertebrados que comprende el espacio existente entre la última costilla falsa y el hueso de la cadera. Esto suele hacer referencia a las partes laterales, sobre todo a las del caballo.

- 'Sacar hasta los ijares' es una frase hecha española, haciendo alusión a que, en cuanto a deudas por una situación de divorcio, una de las dos partes siempre le saca dinero a otra. Esta expresión quiere exagerar tal situación hasta el punto de llegar a términos biológicos, refiriéndose a sacar todo el dinero que pueda a esa persona y más de lo que pueda; hasta lo que no tiene. Normalmente en estos casos son las mujeres las que le sacan dinero a sus ex parejas, ya que ellas son las que, por norma general, se quedan con la custodia de los niños. Oliver/Tsubasa la usa debido a que hay muchos casos de modelos que se divorcian de futbolistas, recibiendo así una jugosa pensión.

- La comparativa burlesca de Oliver/Tsubasa sobre los sombreros de los guardias del Buckingham Palace hace alusión al pelo de Serrano, el cual tapa sus ojos, al igual que dichos sombreros. En esa comparativa ha añadido una segunda intención, indicando que Serrano estaría mejor de guardia que jugando al fútbol, ya que, según él, estaba muy parado.