Capítulo 11. Caídas y subidas.

- Está bien, entrenador Van Saal – cedió una voz femenina relativamente aguda, con un modo de voz neutral.

- Bien – afirmó una voz grave, clara, reposada y ligeramente ronca -. Si el jugador Oliver Atom/Tsubasa Ozora no quiere compromisos en este momento, puedo entenderle. Y si tampoco quiere casarse con ninguna de las chicas que le han presentado, también lo comprendo.

Van Saal realizó un movimiento de manos consistente en juntar ambas en una especie de puño, poniendo la izquierda encima de la derecha, la cual tapaba el puño que componía la anterior. Apoyó su barbilla y su mentón en ellas, apoyando ya los codos sobre la mesa. Andrea, como señal de alivio, respiró y soltó dicha bocanada de aire por la boca. Pudiera ser que tal vez Van Saal podría esperar algo más, u olvidase el tema, porque no creía que su amigo fuese a ceder. Había depositado sus esperanzas en él, debido a que no le había presionado para que se casase con esa modelo que le pretendió en aquella fiesta, pensando que era un hombre que sabía muy bien cómo iban las relaciones de conveniencia, y que, por lo tanto, podría caber la posibilidad de que fuese un hombre venido de otra clase social.

- Por eso mismo he insistido tanto, Andrea – explicó Van Saal, mirándola fijamente. Tomó una bocanada de aire -. Sé que Oliver/Tsubasa va a ascender al primer equipo pronto. Lo sé porque vi el excelente partido que realizó.

- Disculpe, entrenador – interrumpió la muchacha -. ¿Todo esto lo ha hecho por la prensa?

- Por el bien general de este club.

Ambos quedaron en silencio. Por aquel entonces, Andrea ya supo qué fue estar en el lugar de Oliver/Tsubasa. La penetrante, expectante y fija mirada de Van Saal la hacía temblar en tal grado que pudo sentir cómo un espeso aire frío recorría su cuello y su espalda, a pesar de estar a punto de entrar en la etapa primaveral, estar en una habitación cuya calefacción estaba ligeramente puesta y llevar un jersey ligeramente más fino que uno de lana. Ella posaba su vista en todos los ángulos que tenía dicha habitación; desde la mesa de ébano, hasta la carísima corbata de color rojo escarlata que portaba Van Saal, acompañada de una camisa blanca y un traje completamente negro. Como complemento del entrenador incluía ser muy pálido, se imaginó que era un vampiro al que le salían colmillos y salía a dar conferencias de fútbol.

- Lamento ser tan insistente, pero Oliver/Tsubasa tiene que ir buscando esposa, aunque sea una conocida suya que resida en Japón.

Sabía que Oliver/Tsubasa tendría que hacerlo, tarde o temprano. Andrea suspiró ante la idea de un matrimonio en el cual ella amaba por los dos, con un él que se había casado por presiones de un hombre holandés de alto cargo al que le encantaba mantener las apariencias y presumir de un equipo perfecto; impecable, intachable, y que no veía a su esposa como tal, ni lo haría nunca. Giró ligeramente la cabeza, pensando en las tristes palabras que había dicho una vez la japonesa cuando ambas estaban contemplando un atardecer en las playas de Hawái. Su alma le decía que dejase fluir esas lágrimas que habían brotado de sus ojos, las cuales había aguantado y ahogado cerrando sus ojos.

- Está bien, entrenador Van Saal – cedió ella nuevamente, haciendo una pequeña reverencia con la cabeza.

- Bien. Puedes irte.

Andrea se limitó a hacer otra reverencia y a girar sobre sus talones para dirigirse a la puerta con ligeros pasos, teniendo que hacer un esfuerzo para no dar un portazo con la puerta de ébano, pensando en los costes que tendría su reparación. Una vez cerrada la puerta con la mayor de las discreciones y el mayor de los silencios, habiendo dado unos pasos previos que la alejaron de la misma, se quedó plantada de pie ante una ventana, rondándole una serie de pensamientos que tenían que ver con las acciones de su entrenador. Cómo mentía a los periodistas en repetidas ocasiones, o lo que había percibido ella hasta entonces. Cómo había causado estragos entre otros equipos.

Sabía que la mayoría de acciones que había pensado acerca de él eran suposiciones que había entrelazado por lo que había oído decir a otras personas, las cuales parecían conocer al entrenador de alguna manera. Su amiga Amaia le había dicho que la casualidad de que el equipo B del Barcelona/Cataluña pudiese vencer tan fácilmente a La Mancha FC era porque tenían a Oliver/Tsubasa, afirmando que, si era tan bueno para estar en el primer equipo, era porque Van Saal lo habría hecho con la intención de vanagloriarse y darles a entender a otros equipos que su equipo era el que tenía la categoría inminente de superior. Tal vez ella pudiese tener razón acerca sobre Van Saal, porque podría conocer sus acciones por medio de las conversaciones que tenía Dario/Gino con la prensa, las cuales podría contarle o no a la muchacha. Oía a Albert Potter, Clemente, González, Grandíos y a Rivaul tener conversaciones acerca de las decisiones que tomaba o dejaba de tomar su entrenador, las cuales venían acompañadas de duras críticas, sobre todo de parte de Rivaul.


- Es un hombre que, con tal de seguir manteniendo su reputación de entrenador impecable, hace lo que sea correspondiente a ello – le contó un particularmente molesto Rivaul, en un tono de voz aburrido -. Ya está presionando a Potter para que se case, siendo de su propia selección nacional; por ende, de su propio país.

- ¿Y cómo es que tú has salido impune del asunto marital? – preguntó Andrea, curiosa.

- Porque le he dicho que, como me volviera a venir con ésas, que me iba del equipo; que a ver qué haría sin mí – respondió Rivaul, de manera tajante -. Te ha dado la chapa esta mañana, ¿verdad?

Andrea rompió en agudas y contenidas risas. Le causaba gracia la respuesta que le había dado, imaginándose la escena en la que Rivaul le enviaba a hacer gárgaras, caminaba en dirección a la puerta y la cerraba de un portazo. Rivaul dedujo que la respuesta era positiva por parte de la muchacha.

- ¿Algo que ver con el Real Madrid? – inquirió Andrea.

Rivaul, en medio de su molestia, empezó a reírse de manera contenida, siendo puramente nasal.

- Siempre. El entrenador del Real Madrid está realmente molesto por lo que le hice a su jugador predilecto – explicó, haciendo énfasis de desdén en las dos últimas palabras, queriendo acentuar que se lo merecía -. Resulta que Bruno tuvo una pelea conmigo y ese día quería liármela, y decidió ir tras mío durante ese partido, intentando hacerme fa…

Una brusca apertura de puerta penetró en sus oídos, provocando que se quedase completamente quieto y con la frase inconclusa. Ambos pudieron ver a un sudoroso, apurado y nerviosísimo Clemente, quien había provocado tal ruido. Su respiración era agitada, jalando entre ruidosas respiraciones providentes de un corazón que latía a más de ciento cincuenta pulsaciones por minuto. Tosía ruidosamente, tapándose la boca mediante su puño derecho. Sus piernas temblaban a tal grado que hicieron que tuviera que apoyarse en el poste de uno de los vestuarios, encorvando su delgadísima figura, la cual evidenciaba sus casi dos metros de altura. Su pálida piel se había tornado completamente blanca, asemejándose a la de un fantasma, resaltando sus grisáceas ojeras, las cuales rodeaban todo el ojo. Su mirada, desorbitada y perdida. Su pálida tonalidad verde de iris resaltaba su mirada, la cual estaba habitualmente cansada; la cual estaba, en aquel momento, aterrada.

Rivaul pudo ver que algo muy grave le pasaba a su compañero nada más oír sus nerviosos jadeos, provocando que voltease de repente su cabeza y su tronco. Observó por unos instantes las botellas de agua que había en el banco, dándole una idea. Comprobando con la palma y el dorso de la mano izquierda, cogió con la misma la más fría que pilló; la cual estaba cerca de uno de los bancos, se levantó rápidamente del mismo, en el cual estaba sentado, corrió hacia él y le sujetó.

- ¡David! ¿Estás bien? – imploró en un tono desesperado, presintiendo que iba a vomitar o se iba a desmayar al ver su aún más pálido rostro.

Dirigió su vista hacia Andrea, la cual estaba preparando unas toallas, habiéndose dado cuenta también de lo que le ocurría a David.

- ¡Deprisa, Andrea! ¡Trae las toallas y un poco de agua tibia!


- Me ha llegado esta misma tarde una carta por parte de mi abogado, comunicándome que hay una joven de Rusia que afirma ser mi esposa – explicaba un tembloroso y lívido Clemente en medio de vanos intentos de calmarse, tosiendo de continuo -. No… n-no he visto a esa chica en mi vida.

Sacó de su espacioso bolsillo de la chaqueta del uniforme del equipo titular el nuevo modelo de iPhone, el cual era su teléfono. Hizo un movimiento de dedos, los cuales daban a entender que estaba desbloqueando la pantalla, metiéndose a continuación en su correo electrónico, buscando la conversación que había tenido con su abogado. Con su grande, ancha, huesuda y nudillosa mano, sujetó, por la cara trasera el teléfono, entregándoselo en mano a Andrea, quien visualizó en la enorme pantalla táctil a una bellísima chica, la cual tenía el pelo de color rubio platino, liso y largo hasta su cintura, ojos azules como el zafiro, de un pigmento llamativo y vibrante, la piel de porcelana y un cuerpo esbelto y ligeramente voluptuoso, envuelto en un costosísimo vestido negro. Dedujo que la chica medía más de metro setenta de altura. En primeras instancias habría jurado que parecía una de esas modelos rusas bellas, frías y superficiales, pero pudo interceptar el tipo de chica que era tan sólo con observar su mirada, aunque fuese a través de una simple pantalla. Una interesada en el dinero, nada más. Pero algo le revolvía las entrañas.

- He tenido que darle una gran cantidad de dinero. ¡Si empieza a pedirme más, entraré en camino de la bancarrota! – explicaba un paralizado y desorbitado David, el cual se crujía los nudillos de las manos y hacía gestos con ellas. Su tono de voz tornó a uno apesadumbrado y desesperado, comenzando a sudar nuevamente -: Y el entrenador Van Saal ha amenazado con expulsarme del equipo si esto se hace público.

Clemente desvió su vista hacia los probadores por vergüenza y temor, posándola después en sus piernas, cuya delgada constitución le había adquirido algo de volumen en ellas a causa del duro entrenamiento que hacía todos los días junto con sus compañeros, evidenciando unos gemelos todavía más delgados y fibrados, pero con un enorme bulto de masa muscular desarrollada a capón y empeño tras cada una. Andrea notó en su ojerosa, nerviosa y desviada mirada el hecho de que no había podido pensar en otra cosa. Sabía distinguir el miedo en los ojos de la gente, pero el pálido y grisáceo verde de los ojos de Clemente hizo que no le hiciera falta mirarle por más de una milésima de segundo. Su caída mandíbula demostraba su temor, dejando ver una ligera papada por a pesar de su marcada mandíbula, producto de los entrenamientos y su acentuada delgadez, tenía su cabeza gacha.

Rivaul se puso una mano en la frente, moviendo de derecha a izquierda su cabeza, intuyendo que nada bueno había en la chica de la foto. Había intentado visualizarla físicamente en su cabeza, porque de algo le sonaba haberla visto, pero no recordaba nada de dicho acontecimiento.

- No tardará en hacerse público, David. Créeme – sentenció Rivaul, dejando ver un pequeño deje de preocupación en su tono crítico -. Haz un juicio antes de que sea demasiado tarde.

Andrea se había quedado helada con respecto a la gran amenaza que le había llegado a David. Siempre había oído hablar de casos ridículos, absurdos; realmente grotescos sobre la vida personal de los futbolistas, y lo más parecido a lo que había oído hablar de un caso similar al de su compañero fue que una modelo rusa dio a conocer a la prensa que quería estar con un famoso jugador, diciendo que no le importaría que tuviese novia o una familia. Pensó en aquella modelo rusa, de la cual pensó que era muy inocente y que simplemente hizo una chiquillada, comparándola con la chica que acababa de ver en el móvil de Clemente. Empezó a morderse el labio inferior, haciendo que una gota de sangre hiciese recorrido por la parte izquierda de dicho labio. No se molestó en limpiarse el hilillo de sangre que desprendía por la abertura hecha por los dientes; simplemente se limitaba a pensar en la reacción que había tenido el entrenador ante un posible; casi seguro peligro que afectaría a un jugador en concreto y podría afectar a más personas involucradas, y que, por lo tanto, le afectarían a él sí o sí.

- ¡En serio, Van Saal tiene comportamientos realmente ridículos y asquerosos! – evidenció una indignada Andrea alzando la voz, dando un golpe con la planta de un pie y un puño en sintonía, evidenciando su ya eminente enfado.

Enarcó las cejas de manera evidente, las cuales se juntaron con sus párpados. Sus ojos empezaron a soltar chispas llenas de rabia, cuya mirada mataría a cualquiera.

- ¡Primero manda a Oliver/Tsubasa al segundo equipo, sabiendo de sobra que es perfectamente apto para el titular! – protestó, estirando la palma y el brazo derechos, haciendo un movimiento circular -. ¡Después le usa para vanagloriarse! ¡También echa tierra a otros equipos! ¡Luego me presiona para que se case! – inspiró y exhaló aire de manera brusca -. ¡Y después amenaza con echar a Clemente del club por algo que no ha hecho él!

David y Rivaul comenzaron a reírse al oír las palabras de la chica, mirándose a continuación. Tal mirada de soslayo indicaba que había cosas peores del entrenador que ella no sabía. Andrea puso morros y soltó un gruñido en el aire, indicando que ya estaba harta de todo. Ambos le dieron a entender que ella no sabía nada sobre el entrenador Van Saal. David le indicó que se limpiara la boca, ya que la sangre había ido a parar hacia parte de la barbilla, y ella, de un brusco movimiento de muñeca, se limpió la sangre con una muñeca.


Amaia, quien se había enterado de lo que le había pasado a Clemente por medio de una llamada telefónica que le había hecho, se había mostrado bastante alarmada y sarcástica, cuyas emociones pensaba que no se podían dar, escribiendo rápidamente pulsando las teclas con sus dedos, escribiendo el siguiente mensaje:

'Me parece increíble lo de ese jugador del Barcelona/Cataluña, la verdad. De lo más increíble y grotesco que hay. Una chica llamada Dariya Karkarova se ha hecho llamar su esposa porque quiere algo del montón de su pasta. Un clásico. ¡Y lo mejor de todo es que él ni siquiera sabía de su existencia!'.

'¿La conoces de algo, Amaia?'.

'Me suena su cara, pero que vamos, no tengo mucho que contar sobre ella. La última vez que la vi fue hace al menos tres o cuatro años'.

'Ahora Van Saal está amenazando con echar a Clemente como se haga público este asunto. ¡Este hombre me asusta y enfada a partes iguales!'.

'Van Saal no quiere que ni su impecable reputación ni la del club se vean dañadas; por eso tanto hincapié en que los jugadores se casen y el amenazarles con echarles si tienen algún lío importante del que la prensa pueda sacar una jugosa tajada. ¿Sabes algo más de Clemente que pueda ser relevante?'.

'Sí. Nos ha contado a Rivaul y a mí que tiene propiedades por todos los países de Europa, algunos de América, otros de África, unos cuantos de Asia y un hotel en Australia. Claramente él no maneja toda la pasta, pero su familia tiene negocios en todo el mundo. Ya ha perdido unas cuantas veces el móvil y al día siguiente le veo con uno nuevo, incluso mejor que el anterior. Siempre, siempre, lleva el último modelo del más caro de los teléfonos'.

'¡Ya me gustaría tener los problemas que tiene Clemente! Y yo trabajando para pagarme mi módulo en Milán, el cual estoy terminando'.

'¡Menuda cabezonería tuviste al querer irte a Milán! Podrías haber ido a una universidad o módulo públicos de Inglaterra. Y no creo que te gustase tener el problema que tiene él ahora mismo'.

'Ya te conté que todas esas universidades y módulos tenían notas muy altas y estaban llenísimas. Y yo saqué una nota unos cuantos puntos por debajo de la de corte. Estudié, pero no me sirvió de nada. Te he dicho un montón de veces que no soy buena estudiante. Y además me enteré de que Dario/Gino vive allí, y decidí intentarlo.

Es la ironía de la vida; cuanto más tienes, menos probabilidades tienes que te quieran de verdad'.

'De todas formas, Clemente es bastante despistado; nunca está al tanto de nada, como tiene dinero por todo el mundo respaldándole… En fin, voy a tocar madera para que la tipa no empiece a mendigar más'.

'Créeme si te digo que lo hará. Dariya Karkarova siempre quiere más. Siempre'.


Hacía una comparativa de los rasgos físicos y psíquicos de Dario/Gino y el Káiser mientras sorbía de su blanca y delicada taza algo de chocolate caliente para calentar su cuerpo y su corazón, sentada en uno de los sillones de espera del hospital de Múnich, no bastándole con su abrigo y una manta que había encontrado en el mismo sillón. Ahora que lo había pensado, ambos tenían una penetrante mirada de ojos azules, cada uno de ellos, a su manera. Ambos poseían una sonrisa de dientes blancos y regulares, la cual se torcía en una mueca o una sonrisa picarona. Ambos eran rubios. Ambos tenían la piel clara. Metro ochenta y cinco de altura, más o menos. Cuerpos bien dotados, atléticos y musculados. Voces graves, penetrantes y serenas. Nuez de la garganta sobresaliente. Cuello largo, musculado y estilizado. Pómulos marcados. Barbilla y mentón trabajados y firmes. Pestañas largas y gruesas. Rostro anguloso. Hendidura en la barbilla. Rostros bellos y con rasgos armónicos, los cuales podían superar a los cánones de belleza masculinos actuales.

Ambos eran extranjeros providentes de países del primer mundo, providentes de familias muy adineradas. Ambos eran reconocidos por su atractivo y belleza, y eran popularísimos entre las chicas. Ambos tenían trapos sucios de gran importancia. Ambos no le habían dado la importancia que ella merecía desde un principio, pero, de un modo u otro, se la dieron. Eran grandes líderes. Eran fríos, calculadores, serenos. Pensadores, inteligentes, determinados, estrategas. Ganadores. Protectores.

A pesar de ser iguales ambos en aspectos generales, eran muy distintos en aspectos más concretos. Ambos eran fríos, y lo habían sido con ella. Ambos eran carismáticos, y podían convencer de cualquier cosa a cualquiera. Ambos eran frívolos, superficiales, materialistas. Karl era implacable, mientras que Dario/Gino tenía dejes de humanidad en su implacabilidad. Karl podía hacerse de odiar, y Dario/Gino también, pero el primero lo hacía porque sí y el segundo, por una razón concreta. Karl podía pasar del hielo al fuego en cuestión de segundos, mientras que Dario/Gino lo hacía de manera lenta y gradual. Karl era pasional, mientras que Dario/Gino tenía completamente asentada la serenidad dentro de su ser.

Recordó las sensaciones que cada uno le había hecho sentir desde que les conoció. Karl fue su primer amor y novio, por el cual tenía dudas de si sentía algo o no por él. Recordó el cómo la hizo su novia delante de todos los chicos y chicas, ganándose el odio de las chicas. Él era extremadamente posesivo, cambiaba continuamente de emociones. Con él tuvo su primera vez. Una vez la tomó a la fuerza. La hizo sufrir cuando cortó todo tipo de comunicación con ella una vez terminado el Torneo de Francia. Con él duró un año y medio.

A Dario/Gino le conoció a mediados del torneo, cuando chocó por accidente con su brazo lesionado, provocando que el portero empezase a insultarla y a gritarla, provocando sus lágrimas, no llegando a nada un año después de que ésta ingresase como gerente en el Inter de Milán, unos pocos días después de que ella viniese a la ciudad milanesa. Gracias a esfuerzos y compensaciones, hasta entonces su relación había ido bien. Desde hacía unos meses no iba muy bien, y eso lo sabía muy bien desde antes de marchar del Inter de Milán, cuando Dario/Gino tuvo esa lesión que por entonces no le permitía jugar. Sus ojos empezaron a soltar delgadas lágrimas, las cuales se secó con el dorso de su mano derecha con el fin de detenerlas.

Observó con detenimiento su colgante corto hecho de oro platino, cuya cadena era muy finita y no le llegaba más allá por la unión de sus clavículas, acompañada de la esbelta y estilizada figura de un gato, compuesta por diamantes pequeños, el cual le había regalado Dario/Gino. También pudo observar la pulsera que llevaba, hecha de oro platino y diamantes, la cual levantó hacia arriba. Le encantó saber la importancia que le daba Dario/Gino. No pretendía ser materialista, pero le encantaban los detalles caros que tenía Dario/Gino con ella; llevándola a sitios exclusivos, dándole regalos muy costosos, grandes cantidades de dinero, etc. También recordaba las noches de pizza y Netflix que habían tenido, o aquellas tardes en las cuales perdían el tiempo en la enorme piscina térmica de él.

Cogió su bolso rojo, el cual se situaba a su derecha. Movió los botones cuya forma eran las iniciales de Yves Saint Laurent, desmontando así la cerradura del bolso; hurgando entre sus cosas para coger el móvil, desbloquear su pantalla, clikear en el icono de la aplicación de Facebook y colocar el nombre de su objetivo, obteniendo un par de resultados. El primero resultó portar la fotografía de una chica rubia y de piel blanca con gafas, la cual provenía de Perm. Descartó dicho resultado porque su rostro expresaba ser demasiado inocente para cometer un crimen de robo que podría salir a la luz como una manifestación. Clickeó en la segunda por la expresión de interesada, carroñera y maligna que portaba la chica. Pudo ver en su galería de fotos muchas fotos de ella posando con ataviados y caros atuendos, los cuales atendían a una estética que mezclaba la alta costura y el estilo pseudogótico. Muy parecida a la que usaba ella. Clickeó en una foto que enfocaba más a su cara, visualizando antes su lugar de residencia, Ekaterimburgo. Pudo observar que tenía el pelo rubio en una tonalidad platina, el cual era completamente liso y le caía algo más allá de la cintura, llevando la raya al lado derecho, como ella. Ojos almendrados y de tamaño mediano, los cuales eran de un azul intenso como cuan zafiro, acompañados de grandes y gruesas pestañas del color de su pelo. Su piel era muy parecida a la suya, teniendo un subtono ligeramente rosado. Sus pómulos eran altos y marcados. Sus labios eran algo más finos que los suyos, poseyendo una tonalidad rosada, los cuales se torcían siempre en una sonrisa torcida o se mantenían quietos en una mueca neutral. A diferencia suya, Dariya sí usaba maquillaje. Un tipo de maquillaje muy potente, el cual portaba negras sombras ahumadas de ojos, las cuales resaltaban el color de sus ojos, pómulos relucientes con un color potente y labiales que iban alternándose desde el rojo sangre hasta el negro.

Moviendo el dedo muchas veces hacia la derecha, pudo encontrar fotos de años atrás, en las cuales ella se veía con dos chicas de su edad aproximadamente y una mujer más mayor, la cual estaba muy bien conservada y era igual de rubia que ella. Deslizó nuevamente el dedo hacia la izquierda hasta encontrarse con su última fotografía, la cual sacaba un plano americano del cuerpo de la chica, junto a edificios altos y llenos de luz y un vestido negro de alta costura, intuyendo que estaba en la terraza de una glamurosa fiesta nocturna. Los edificios habían sido claramente modificados con programas informáticos para que quedasen distorsionados, destacando a Dariya, la cual portaba una figura despampanante y una expresión orgullosa, viéndolo en su gesto tanto facial como corporal. Se puso roja de la rabia, subiendo así su cuerpo unos cuantos grados, empezando a sudar levemente por la cara, el cuello y las axilas.

Decidió buscar los lugares que había frecuentado Dariya. Pudo ver que, por su trabajo como modelo, estuvo en algunas capitales europeas, entre las cuales estaban ciudades especializadas en la industria de la moda tales como París, Milán y Barcelona. Al pensar en este último sitio, lo pensó como el posible lugar de su extorsión a Clemente. Tal vez ella tendría un abogado, pero no le había dado a conocer, así que de momento no podía hacer nada. Salió de Facebook y clickeó en el icono del e-mail, escribiendo el siguiente mensaje a Andrea:

'Ya sé dónde se puede encontrar Dariya Karkarova. Esta semana es la Semana de la Moda en Barcelona, así que supongo que ella habrá ido hasta allí con su agencia. Y habrá aprovechado algún momento determinado para robar a Clemente. He stalkeado su Facebook y he descubierto algo entre un montón de selfies, vestidos negros y maquillaje ahumado.

P.D.: Reside en Ekaterimburgo'.

Bloqueó el móvil, guardándolo en uno de los bolsillos de sus pantalones para tratar de pensar en algo que no fuese la extorsionadora, y buscar más soluciones para el problema de Dario/Gino. Como todas las soluciones pensadas ya se habían intentado de una u otra manera, movió su mano derecha para sacar el móvil del bolsillo y buscar en Google más soluciones, abstrayéndose de tal manera que, cuando sintió una mano en su hombro izquierdo, le dio un escalofrío que recorrió su espalda de abajo a arriba, girándose rápidamente para ver quién era. Dio un resoplido de alivio al ver que se trataba de Dario/Gino.

- ¿Te puedo preguntar por qué estabas mirando el móvil? – inquirió Dario/Gino llevando su cabeza hacia delante, cuya mirada delataba que sabía algo perfectamente, pero que quería oírlo directamente.

Amaia se quedó en silencio, en parte porque no sabía qué responderle y en parte porque no sabía por qué lo preguntaba, pero ya lo intuía por el tono de voz que había escuchado salir de él. ¿Acaso había descubierto alguno de sus más ocultos secretos y estaba enfadado por ello? Por más que quisiera no mirarle a los ojos, no pudo hacerlo ya que, dichos ojos del color del mar, no podían aceptar una versión contada que se distorsionase de la realidad u omitiese parte de ella. Dario/Gino fijó su intensa mirada en la suya, queriendo usar dicha estrategia con el fin de oír lo que tenía que decir.


- ¿Acaso pretendes ocultar algo, Amaia? – inquirió un imperativo Benji/Genzo con tono de reproche, con los brazos en jarras.

Había hecho énfasis en el nombre de la chica, dándole un espacio más largo que en el resto de palabras, con la intención de llamar la atención de la susodicha. La misma, después de intentar mentir o distorsionar la verdad de alguna manera al guardameta de todas las maneras posibles, suspiró y cogió aire de manera rápida, con los nervios todavía presentes en sus manos, las cuales se movían una en torno a la otra, clavando sus uñas en el dorso de la mano izquierda. Movió el tobillo izquierdo en forma de círculos, también haciéndolo con él el pie en sintonía con las nalgas, las cuales apretaba y desapretaba a su antojo debido a la comodidad y elasticidad del sofá, agradeciendo interiormente que no hiciera ningún ruido. Benji/Genzo la miraba con seriedad.

- Tengo algunas preguntas a las cuales me gustaría que contestases con la mayor sinceridad posible.

Dejó de agitar su pie, descruzó sus piernas, las juntó y apoyó las palmas de las manos en los cojines cuadrados del sofá con la ayuda de sus brazos.

- Dispara – alentó una nerviosa y no muy convencida Amaia, mientras observaba una y otra vez su escote.

Benji/Genzo carraspeó un par de veces con la intención de aclarar su voz, poniéndose el puño derecho en la boca. Dio tres pasos al frente, acercándose a una Amaia que tenía los codos hincados en los cuádriceps femorales y las palmas de las manos alrededor de su barbilla y mentón, con una expresión que aparentaba aburrimiento, la cual Benji/Genzo no se tragó debido a que pudo observar en primera instancia que los ojos de la chica denotaban miedo, diciéndole que dejara de poner cara de indiferencia, con ella suspirando nuevamente y murmurando entre dientes que ni elegir su expresión facial podía.

- Por casualidad. ¿Has visto a Schneider por Múnich?

La muchacha cogió un mechón de su larga cabellera y empezó a hacer malabarismos con su dedo, haciendo que el mechón diese vueltas sobre el mismo. Sabía lo sutil que solía ser su amigo en los interrogatorios, haciendo preguntas muy rándom, a las que cualquiera le contestaría con un simple 'sí' o 'no'. No quería contestar a esa pregunta, así que decidió hacerlo por el método del vacile.

- Le he visto por la tele – añadió, con una descarada sonrisa infantil, la cual enseñaba todos sus dientes.

Ella empezó a reírse, mientras que el rostro del guardameta empezó a tornarse furioso, el cual comenzó a colorear sus mejillas en una tonalidad rojiza, haciendo la ilusión de payaso por el contraste que tenía dicho color con su piel blanca. Las risas de Amaia incrementaron mientras que él empezó a resoplar y gruñir del nerviosismo que le estaba dando, cuyos puños acabaron por golpear simultáneamente la cómoda que sujetaba el televisor, en un brusco intento de calmar el furioso temblor de su cuerpo.

- ¡Amaia, me refiero que si le has visto en carne y hueso! – protestó entre dientes, alargando las vocales del nombre de la chica y haciendo movimientos de expansión con las manos y los brazos.

De nuevo, sin poder decir nada. Sabía perfectamente la respuesta, pero le daba miedo admitirlo en voz alta, ya que tenía sospechas de que habría algún paparazzi escondido en alguna parte de la casa de Benji/Genzo escuchando su conversación, teniendo miedo que cualquier cosa que dijese se distorsionase encarnizadamente, pudiendo dar lugar a una futura mala reputación, y que tal le podría llevar a la ruptura con Dario/Gino. Se miró nuevamente los pechos, los cuales estaban apretados al máximo nivel debido a la camiseta y le dolían debido a la presión.

Se quedó en silencio durante unos instantes, con Benji/Genzo mirándola fijamente de pie, con los brazos cruzados. Con la cabeza baja y sin mirarle, soltó un apenas audible 'sí', al cual él respondió mirándola fijamente, esperando alguna respuesta más. Amaia le miró de reojo como contrarrespuesta, queriendo indicarle que no esperase una respuesta elaborada, ya que el simple 'sí' le había costado ya decirlo a bocajarro. Pero Benji/Genzo estaba dispuesto a sacarle información más allá de ese 'sí'.

- ¿Qué ocurrió con él? – inquirió, fingiendo de cotilla.

Amaia rió nuevamente.

- ¡Madre mía con aquel que no le gustan los cotilleos, y es el primero en preguntarme por Schneider!

Un desesperado Benji/Genzo se puso una mano en la frente, implorándole entre dientes y con el cejo fruncido que contestase a la pregunta, a punto de perder la paciencia. Nuevamente, la aludida se encontró cediendo nuevamente ante la expresión molesta de su amigo, mirando sus ojos grises, los cuales desprendían un brillo de furia.

- Vale – concedió Amaia, tragando saliva sucesivas veces y cerrando los ojos -. Resulta que me encontré en la cama de una de las habitaciones de invitado de la casa de Karl. Él me contó que me había encontrado desmayada en una de las calles de Múnich, por si era eso lo que preguntabas.

Benji/Genzo soltó una leve risa, volviendo a su mirada fija, clavada en ella.

- Y de hecho, sigo preguntando por el tema – añadió, con una sonrisa que intentaba disimular la risa -. ¿Y cómo es que te encontraste sin ropa en su cama?

- ¡Eso es muy complicado de explicar ya, Benji/Genzo! – soltó Amaia en medio de una improvista carcajada, la cual llenó todo el salón, retumbando en parte de los pasillos.

- Amaia…

- ¡Ay, vale; vale! – recordó la susodicha en voz alta, haciendo movimientos de expansión con las manos, estirando ambos brazos enseñando las palmas -. Me explicó que me había quitado toda la ropa porque se había mojado con la nieve, y que corría con el riesgo de pillar una pulmonía como siguiera con ella puesta.

Benji/Genzo volvió a reír, haciendo un esfuerzo por no expandirla y mantenerse serio. Puso sus pies firmes en el suelo, haciendo alguna que otro levantamiento con alguno de ellos.

- ¡Madre mía, Amaia! ¡Por lo que acabas de responder, ya puedo intuir lo que pasó!

- P-P-Pero-ro…

- Tema zanjado – concluyó Benji/Genzo haciendo un gesto de desplazamiento hacia la derecha con el brazo derecho estirado, con la palma estirada -. No voy a echarte la culpa, pero ten en cuenta que tienes una relación.

La muchacha se puso una mano en el pecho, suspirando aliviada. Una vez más, hizo que la chica le mirase a los ojos, ya que ésta bajaba la vista en cuanto podía, y pudo deducir que era por vergüenza.

- Lo que voy a decirte es breve y conciso – advirtió él, moviendo el dedo índice de la mano derecha de arriba abajo -; si tanto quieres a Dario/Gino, haz el esfuerzo de hablar con él. Yo, por mi parte, no pienso contar nada de lo ocurrido. Puedes estar tranquila.

Respiró durante unos cuantos segundos, dándole un margen de silencio a la chica.

- De todas formas, te recomiendo andarte con cuidado. No son pocos los que quieren fastidiarte, Amaia.


Benji/Genzo, ya sentado, se predispuso a marcar el número de teléfono de Oliver/Tsubasa, unos minutos después de que oyera a Amaia cerrar la puerta con un suave golpe. Sin querer, empezó a sobarse con los dedos de la mano derecha uno de sus mechones de pelo, los cuales estaban a punto de llegarle a media melena, alternando el pulgar con el resto de dedos. Observó el ejercitador de manos negro que había en la mesa, cuyo punto de fuerza estaba en el medio, teniendo una forma de metales redondos. Lo cogió con la mano derecha, pasándoselo a la mano izquierda, empezando a presionar y soltar sin apenas esfuerzo. Harto del poco esfuerzo que le suponía, y sabiendo que el que tenía era el más fuerte y resistente del mercado, decidió dejar llevar su mano y coger el teléfono con su mano libre, tocando rápidamente las teclas que escribían el número de su amigo, colocándose dicho artilugio en su oreja derecha, sosteniéndolo con su mano derecha.

- Hola, Oliver/Tsubasa – saludó con voz ronca el guardameta.

- Ah. Hola, Benji/Genzo – respondió un no muy animado Oliver/Tsubasa.

- ¿Qué tal el partido? ¿Qué tal os fue en el terreno de juego?

- ¡Bufff…! ¡Nada bien! – bufó Oliver/Tsubasa, riéndose después de decir la última frase.

Un sorprendido y a la vez asustado Benji/Genzo manifestó dichas emociones abriendo sus ojos de manera repentina y brusca, al igual que los labios de su boca se separaron, inhalando aire que le dejó completamente seca la boca, llegando a toser porque el aire había penetrado en su esófago. Le costó unos segundos recuperar su calma y su posición.

- ¡¿Cómo!? ¿Qué quieres decir?

- La verdad es que en ese partido no lo jugué con todas mis fuerzas; ¡mis rivales eran más lentos que las tortugas, y ya es decir! – rió Oliver/Tsubasa, mostrando los dientes y haciendo un ruido nasal -. Pero de tanto mofarme, ahora me tocará jugar un par de partidillos más con el equipo filial. Si hasta el árbitro me dijo que parara, que los pobrecitos estaban muy cansados…

- ¡Serás bobo! – chilló Benji/Genzo muy indignado, acentuando su voz ronca -. ¡Marcaste un doble hat-trick, y diste cuatro asistencias de gol!, ¿y me estás diciendo que nada bien? ¡El portero del equipo contrario se habría enfadado contigo por haber dicho eso! Lo sabes, ¿verdad?

Pudo oír al otro lado del teléfono una de las múltiples carcajadas de Oliver/Tsubasa, las cuales éste usaba para reivindicar que algo no le importaba, eludir un tema o restarle importancia. O que algo le causaba mucha gracia o simplemente se le había olvidado.

- ¡Lo siento, pero no pude mantener la promesa! – rió el mismo, rascándose suavemente un brazo.

- Aún siendo la segunda división, es un partido profesional – le explicó Benji/Genzo con el fin de que entrase en razón -. ¡No puedes meter diez goles y dar diez asistencias en un partido tan fácilmente!

- En eso te doy la razón. Lo siento.

- Así que parece que pronto cumplirás las exigencias de Van Saal, ¿eh? – afirmó haciendo énfasis en la última palabra, agudizando su tono de voz y resaltando su intención interrogativa con la intención de felicitarle.

- En el próximo partido lo haré; puedes estar seguro.

- Seguramente subas al primer equipo en un cortísimo periodo de tiempo.

- Pensándolo bien… si juego bien y tengo suerte en el siguiente partido, quizá el entrenador me tenga de reserva antes de mandarme como titular. Rivaul es bastante duro de pelar, la verdad.


Ella, casi desnuda y tumbada en la enorme cama, con un simple tanga negro, le veía quitarse la ropa, dejando ver un cuerpo muy musculado, cuyos brazos estaban marcados y musculados, y un abdomen muy marcado. Una vez se despojó de su camisa, fue directo hacia el cuerpo de su receptora, sobre el cual se tumbó, poseyéndolo por el límite de la cintura y la cadera mediante sus brazos. Rivaul acercó su cabeza a la de Andrea, acercando sus labios a los de la chica, los cuales ésta aceptó recibiendo las caricias y los besos, devolviendo ambos unos segundos después, ya que quería disfrutar de manera estática el espectáculo que le estaba haciendo, manteniendo un rol pasivo en la relación. Sintió las frescas sábanas de la cama en la cual estaba encima, las cuales percibía que se estaban calentando con la temperatura de su cuerpo y el de él, notando más la diferencia de temperatura entre ambos, produciéndole un escalofrío.

Él decidió despegarse de sus labios para ir hacia uno de los lados del cuello, los cuales no pegó; simplemente hizo movimientos de caricias y deslizamientos, pudiendo sentir él una melena rubia, larga, rizada y cuidada al hacer un brusco movimiento, sujetando su pecho y su cintura con sus brazos. Ella, al sentir un ligero tirón de pelo en su cabeza, pensó en que debería haberse recogido el pelo antes de hacer el acto. Más, pudo ver en su muñeca izquierda una goma rizada de pelo que la rodeaba, intentando hacer un amaño de manos, levantando lentamente su derecha del cuerpo de él para recogerla con los dedos. Él interceptó ese movimiento agarrando su muñeca juntando sus dedos. Con la otra mano, levantó a la chica por el trasero, despojándole del tanga, dejándola completamente desnuda. Recogió nuevamente la cintura de la chica con sus brazos, haciendo un movimiento que situó su brazo y su mano izquierdos en su espalda. Andrea pudo sentir las embestidas que él la hacía sentir, teniendo éste su pene erecto dentro de su útero, el cual era de longitudes y anchos muy acentuados y estaba haciendo que los labios vaginales de Andrea excediesen el límite, provocando gemidos de dolor en ella. Quería pedirle que parase, pero a su vez, no quería hacerlo; porque percibía el placer a pesar del dolor que sentía en ese momento. Le gustaba sentir el musculoso, fuerte y estilizado cuerpo del futbolista sobre el suyo.

Los gemidos de dolor y placer de ella se alternaban, a veces, fundiéndose en uno solo, aumentando su intensidad, alzando su voz y alternando entre agudos registros vocales, siendo la más grave de sus variantes de voz un pequeño gemido ronco, el cual emitía si quería omitir algún dolor. Él, por su parte, no gemía. Simplemente sudaba ligeramente. Ella, al contrario, sentía como si la hubiesen echado un chorro de agua muy caliente y pegajosa, sintiendo tal sudor y tal mareo por el paso de los minutos, las embestidas y el olor corporal que sintió ganas de vomitar. No queriendo quedar mal ante él, mantuvo el esfuerzo de respirar por la boca y se sujetó con las manos en el cuello de Rivaul, quien aumentaba la intensidad de sus embestidas, empezando a emitir algunos ligeros gemidos, los cuales Andrea no oyó debido a que estaba intentando seguir con su ritmo, costándole jadeos y tirones en el estómago, su abdomen y su pecho, con sus senos rebotando hacia arriba y abajo. Sus ganas de devolver aumentaban en parte por la presión a la que estaba sometida entonces, en parte por sus dolores y tirones abdominales, en parte, por el fuerte olor corporal. Apenas podía sentir sus piernas; apenas unos ligeros temblores que emanaban de su entrepierna y muslos, trasladándose en mayor intensidad a las plantas de los pies, en menor, a las pantorrillas. Hacía el máximo esfuerzo por sostenerse al cuello de él mediante sus brazos, los cuales apretaba más y más, motivándole a seguir con la penetración. Andrea tosió ligeramente, empezando a soltar saliva sin querer, la cual sentía como agua e iba cayendo sobre su barbilla, su mentón, su cuello, sus clavículas, su pecho; como agua. En los hombros y el pecho de él, provocando que éste siguiera haciéndolo. Ella misma ni lo había notado; simplemente notó cómo los músculos que componían las vocales de su garganta y las paredes de su garganta se iban cerrando, provocando nuevamente su jadear y su tos.


Le observaba dormir plácidamente; sintiendo que estaba en su único momento indoloro. Tal sentimiento no era por ella; sino por él. Dario/Gino sufría cada vez que le hacían alguna revisión de las manos, las muñecas o los brazos. Podía ver cómo él temblaba de dolor y de rabia, cómo su mirada de incertidumbre indicaba que no sabía cuándo podría volver a jugar normalmente o tendría que retirarse del mundo del fútbol, cómo escuchaba los inconclusos resultados que le daban todos los médicos, cómo presenciaba la vaguedad de las respuestas del doctor Stein. Tenía todo conocimiento de causa para afirmar sin acritud que esas inexactas respuestas no eran producto de que el doctor fuera un incompetente o poco profesional; sino porque el caso de Dario/Gino era particularmente raro. Como de repente podía jugar partidos seguidos con la máxima eficiencia adquiriendo resultados perfectos, como de repente podía estar semanas consecutivas sin pisar el campo por una importante molestia por todo el brazo.

Ella había visto con sus propios ojos el cómo Dario/Gino se esforzaba por rendir lo máximo en los partidos; llegando a jugar con grandes lesiones, oponiéndose a las decisiones de los médicos. Omitía las pequeñas lesiones que pudiese tener en uno o varios dedos, sin importar si afectaban a una mano o ambas.

Le observó por unos instantes. Él no emitía ningún tipo de ruido; simplemente inhalaba y exhalaba por la nariz de manera silenciosa. Sus pupilas empezaron a dilatarse, viendo toda la belleza del italiano, del cual opinaba que hasta durmiendo se veía guapo. Observándole con más detenimiento, pudo ver que su cuerpo dormía con el pecho al aire, el cual admiró teniendo como consecuencia más próxima la dilatación de sus pupilas. Tuvo el pensamiento de que cualquier chica lo suficientemente enganchada con su pareja admiraría su cuerpo, fuese como fuese. Empezaron a venirle mil cuerpos diferentes de chicos que ella conocía, sintiéndose afortunada de ver un cuerpo musculoso y desarrollado. Caminó los pasos necesarios para llegar a la manta lo más silenciosamente posible para no despertarle. Tomó la manta, la desplegó y la puso encima del cuerpo del chico, amañándola para que tapase su cuerpo enteramente. Flexionó sus rodillas, las posicionó en el suelo, dejando atrás sus pantorillas y pies, apoyando su trasero en ellos. Cogió una de las grandes manos del chico, acogiéndola entre las suyas; una abajo y la otra, arriba. Empezó a pasear su dedo índice derecho por la palma de la mano de Dario/Gino, trazando formas raras que iban saliendo al azar de su movimiento de mano, imaginándose que estaba pintando en una tableta gráfica. Miró hacia sus labios, y, dejando de lado la mano, tomándola con la izquierda, asió su rostro por medio de su barbilla y mentón con la mano derecha, acercando su cara hacia la suya, buscando sus labios, juntándolos con los suyos. Una sensación de hormigueo dio efecto en sus brazos, pechos, estómago y piernas, recorriéndolos, pero sobre todo, un latir mucho más rápido providente de su corazón, el cual llegó a su garganta, dieron comienzo cuando sintió que los labios de él respondieron a ese beso mediante un roce entre los suyos. Pensaba que no estaría del todo dormido si había reaccionado así; que una parte de él la soñaba. Esa sensación recorrió un cosquilleo en forma de montaña rusa por su estómago, haciendo que empalideciese ligeramente por un supuesto mareo estomacal, volviendo a su estado normal en cuestión de segundos.

Se levantó sobre sus propios talones, dando unos cuantos pasos para dirigirse a la puerta. Volteó una vez más su cabeza, con la vista posada en Dario/Gino, bajando el pomo de la puerta para abrirla para, a continuación, salir por ella, mediante unos ligerísimos ruidos de botas negras de plataforma.


Ya llevaba hecho un hat-trick y tres asistencias. Corría raudo como el viento. Sudaba, pero no tenía ganas de vomitar por todo el esfuerzo hecho. Más, pensaba que, con el ritmo que llevaba, podría perfectamente entrar a la fase clasificatoria. Podía oír los vítores de sus fans, quienes gritaban su nombre. Llevaban sus camisetas, izaban banderas que portaban la identidad de Cataluña en colores gráficos, un plano de cerca de Oliver/Tsubasa, el cual ocupaba desde su cara hasta los hombros o simplemente su nombre, escrito manualmente. Él se sentía muy animado, volteando su cabeza por unos instantes porque había oído una peculiar voz de niño gritar su nombre animadamente, pudiendo ver rápidamente a un niño de pelo castaño, ojos marrones y piel morena.

Andrea le había visto dar el último gol que le llevaría al primer equipo, sentada en una de las bancas de piedra de los estadios del segundo equipo. Esbozó una sonrisa cerrada de lado y se acomodó el largo cabello hacia atrás con la mano izquierda, la cual estaba extendida.

- Parece que nuestro polluelo va a estar en nuestro equipo pronto – añadió una voz grave y ronca.

Ella volteó la cabeza, viendo a Clemente y a González.

- ¡David! ¡José Luis! – exclamó una sorprendida Andrea -. ¿Qué hacíais aquí?

- Observarle – respondió tranquilamente José Luis -. Van Saal ha dicho que en principio estaría como sustituto de Rivaul. Afirma que ambos tienen un juego parecido.

- Me parece que querrá hacer alguna estrategia o algo parecido – superpuso David, pasándose el índice por la barbilla.

Andrea les había observado por unos segundos, y, a pesar de que González rozaba el metro noventa, sacándole Clemente media cabeza, le había dado la sensación de que el último había pegado un estirón. Había observado que sus ojeras aparentaban haber cambiado a un color más claro, pero pudo pensar fríamente que se debía al sol.

- Parece ser que El Elegido ingresará con nosotros en el equipo oficial pronto – siseó una voz que se aproximaba a ellos en forma física, arrastrando las palabras.

Ella se puso roja, expresando su furia, la cual no podía llevar más allá de apretar los puños, los dientes y la mandíbula con fuerza.

- Por Dios, ya estoy harto de las metáforas de Harry Potter – rió González -. Mi hijo pequeño no para de poner las películas una y otra vez…

- Y Andrea tiene el apellido de un mortífago, Rosier – apuntó Clemente, divertido. Dirigió su mirada hacia José Luis, diciéndole, con tono casual -: Tú por lo menos tienes algo que hacer cuando te retires, compañero.

- Y Oliver/Tsubasa ha cumplido el sueño de muchísimos candidatos; pertenecer a la banca – interrumpió jocosamente Eumilla.

Andrea le lanzó otra mirada de odio, agregada con una mueca que enseñaba los dientes, mientras que Eumilla contraatacaba respondiéndole con una mirada desatendida y una burlona y caída sonrisa de lado, acompañada de una risa baja, dejada y desdeñosa.

- Ese Oliver/Tsubasa se cree mucho – opinó Eumilla, hinchándose el pecho -. ¡Le queda grande ser el futuro Rivaul!

- No sé qué es lo que te pasa con Oliver/Tsubasa – contrarrestó José Luis con una molestia más evidente que disimulada -. Decías lo mismo de Rivaul cuando llegó aquí hace por lo menos ocho años. ¿Es que nunca vas a parar?

- No – dijo el más joven del trío de los lesionados, con una sonrisa forzada y atrevida en forma de broma -. No pienso hacerlo. De Rivaul ya me cansé de criticarle, porque total, no va a parar. Pero el nuevo ha ido a apostar muy alto; no podrá con él, no…

Clemente estiró el brazo derecho en posición totalmente recta, levantando y estirando la palma de la mano, indicándole que se callara, con un gesto que rodaba la displicencia. El aludido pareció molesto por su gesto, pero a sus acompañantes no les importó. Andrea le lanzó una mirada de aburrimiento, rodando los ojos, bajando forzadamente los párpados e intentando mantener su boca suelta, frotando su lengua contra su paladar, la cual ladeó ligeramente en un ademán que evidenciaba su expresión facial.


'Definitivamente, quiero que echen a Eumilla o se lesione de manera permanente. ¡Es insoportable!; siempre hablando de la futura caída de Oliver/Tsubasa, alegando que él ha olvidado a Rivaul, que ya no tiene caso, es el jugador definitivo y más bla bla bla. Y me ha soltado de una manera muy cruel y sardónica que yo, como su amiga, debería cerrar la boca, ya que estoy ciega por la amistad y que por lo tanto, no puedo ser objetiva. Eumilla está entre Top 5 de Los Mayores Hijos De Puta Que He Conocido Y Conoceré En Mi Vida. ¡Es como los jugadores del segundo equipo! Es envidioso, artero, egoísta, pasivo-agresivo y además siempre está intentando humillar a alguien que sea ligeramente mejor que él en algo y al acecho de la espera de la caída de un jugador del primer equipo. Por ejemplo, Oliver/Tsubasa tiene pelo y él no.

Menos mal que Clemente le ha hecho callar, porque si no, le hubiese metido yo un buen puño en el rostro. González ya está empezando a hartarse de él, mientras que Clemente simplemente pasa'.

'Entre grandes equipos y grandes jugadores siempre hay alguno que quiere joder. Por ejemplo, algunos del equipo oficial del Barcelona/Cataluña intentan pisar a Rivaul, de una manera u otra. Por ejemplo, el idiota de Eumilla habrá parado de insultar a Rivaul por la llegada de Oliver/Tsubasa, que, viendo que puede estar en el primer equipo fácilmente, habrá decidido meterse con él. También había uno así en el Inter de Milán, y estaba alucinadísima de la paciencia que tenía Dario/Gino con él.

Por si preguntas dónde estoy ahora, estoy en el partido del Grünwald/Hamburgo contra el Rötburg/Bayern. Concretamente, en el periodo de descanso. El Grünwald/Hamburgo parecía que iba muy bien cuando Hermann Kaltz ha marcado el primer gol en el primer tiempo, estando ahora mismo en ventaja. Vamos, le he visto sonreírle a Kaltz con condescendencia y sorna, a lo cual Kaltz aguantará unos minutos, pero estallará, inevitablemente. Y así ha estado durante todo el primer tiempo.

P.D.: Qué rabia me da Schneider, en serio'.

- ¡Ya están regresando los jugadores al campo! – anunciaba el locutor con vigorosa voz -. ¡Va a empezar la segunda parte!

La voz del locutor se había hecho oír entre la multitud de los gritos de los aficionados, tanto de un equipo como del otro. Todos los jugadores corrieron ágilmente hacia sus respectivas posiciones, sin sudar apenas. Aquellos que parecían nerviosos eran los del Grünwald/Hamburgo, a pesar de tener la ventaja de un gol a cero. Sin embargo, los jugadores del Rötburg/Bayern parecían muy relajados. Stefan Levin, el capitán de la Selección Nacional de Suecia, sonreía levemente, mientras hablaba con Sho Shunko, quien reía animadamente. 'Vamos, muchachos, ¡hay que ganar este partido!', eso fue lo que les soltó Schneider mientras le dirigía una mirada furtiva a Benji/Genzo, a lo cual éste respondió con una mirada de reojo.

La pelota iba del pie de un jugador a otro, sin poder moverse por el suelo mediante patadas ni siendo arrastrada con los pies del jugador en cuestión, haciendo un grupo de pases cortos para penetrar de manera más rápida y fácil en la defensa del equipo hamburgués, rodeando cada jugador del equipo muniqués a cada jugador rival. Benji/Genzo iba moviendo su cuerpo hacia los lados, manteniendo las plantas de las zapatillas en el césped. Observaba las diversas posiciones de las piernas que chutaban; con qué fuerza y en qué dirección lo hacían. Sus sentidos se encendieron aún más al ver al número dieciséis del Rötburg/Bayern, posicionado a la izquierda, cuando él estaba hacia la derecha. Salvó la portería por los pelos, haciendo un movimiento de plancha con su cuerpo entero, despejando la pelota con un roce de su mano derecha. Unos instantes después, pudo observar con mucho apuro y algo de terror que le había regalado un córner al equipo contrario, viendo a Stefan Levin ir hacia una de las esquinas del campo, arrodillándose para colocar de manera perfecta la pelota, mientras contemplaba con suma arrogancia y una sonrisa diabólica, desdeñosa y retorcida a sus rivales, a los cuales veía atemorizados. Kaltz simplemente se limitó a escupir al suelo, ignorando el gesto del sueco.

- ¡El Rötburg/Bayern ha conseguido un córner! – contaba el locutor, resaltando la acción de Levin -. ¡El Grünwald/Hamburgo lo está pasando muy mal!

El número tres del Grünwald/Hamburgo tenía una expresión nerviosa y enfadada a la vez, porque era consciente de lo que estaba pasando y de la situación que tenía su equipo con respecto al contrario, pero no podía hacer nada en ese momento. Stefan Levin tenía por expresión la más fría de las serenidades, teniendo todas sus facciones relajadas. Sho Shunko había pasado de una expresión de sorprendida frustración a una en la cual esbozaba una mueca de burla, con una malintencionada sonrisa de lado y la mirada fija en los ojos de Benji/Genzo, pasando al hueco desocupado de la portería. El portero tenía la expresión totalmente seria. Karl, a pesar de encontrarse cubierto por las espaldas de Kaltz, se encontraba sonriente.

- ¿Qué vas a hacer, Hermann? – inquirió Karl, poniendo la voz melosa -. El Rötburg/Bayern puede meterle un gol a Benji Price/Genzo Wakabayashi sin mí. ¿Lo sabías?

El tono impertinente y sardónico que había empleado Schneider en forma de pregunta retórica en las dos últimas palabras molestó mucho a Kaltz, quien enarcó las cejas hacia abajo. Volteó ligeramente la cabeza para dirigirle una mirada furiosa, gruñendo un quedo pero evidente '¡Cállate!', al cual Schneider no le dio importancia.

Una vez Levin hubo terminado de colocar la pelota, se levantó sin la ayuda de sus brazos, pasándosela de una fortísima patada al compañero que tenía más cerca, dejando Kaltz solo al Káiser, quien miró, impactado. Levin, de una muy animosa patada al balón, parecía que iba a chutar. Un asustado defensa del equipo hamburgués corrió hacia el sueco con temor. Éste, en vez de chutar directamente a portería, se la pasó a Sho Shunko, quien la recibió en menos de una milésima de segundo. A pesar de que Kaltz le hubiese entrado con la pierna entera, Sho le saltó por encima muy fácilmente, dándole un grácil pase a Schneider, quien cazó la pelota con su pie, marcando el gol del empate sin dificultad, puesto que no había ni un solo defensa haciendo su función.

- ¡Y gol! – aulló el comentarista con gran fervor, con un deje agudo en su voz -. ¡Schneider ha conseguido el empate!


Amaia, quien se comía sus dos helados de tarrina de pequeño tamaño; siendo uno de ellos de chocolate con trocitos de cookies y galletas Oreo y el otro de tarta de queso, observaba cómo Schneider alzaba el puño en señal de logro; de logro que estaba a punto de convertirse en victoria, o eso era lo que veía en su expresión gallarda. Pensó en aquella tarde, donde fue a parar por accidente a su enorme casa, completamente desnuda en aquella enorme cama. Hundió completamente la cuchara en el helado de tarta de queso hasta tocar la base, una gruesa masa de galletas y mantequilla, de la cual sacó una buena cucharada de helado que se metió en la boca. Una pareja de señores mayores adinerados que estaba sentada a su lado, la miró. La señora la miró con odio y el señor, con lástima. Ella empezó a alternar cucharada de un helado con otro mientras oía gritar a su amigo Benji/Genzo. Se sintió afortunada de estar en una fila especial que su amigo generosamente le había reservado, porque tenía a esa pareja y a pocas personas más.

Observó con conformismo el cambio de dos jugadores del equipo hamburgués para cubrir a Sho y Levin, ya que pensaba que de una manera u otra, no ganarían al equipo de casa, y que, mucho menos, pararían a ninguno de los jugadores. Los aficionados del Grünwald/Hamburgo tenían distintas reacciones; unos les abucheaban, otros les animaban. Los del equipo anfitrión no hacían otra cosa que aplaudir a Schneider. Cada vez que un jugador del equipo muniqués tiraba a puerta, Benji/Genzo lo despejaba con un puño.


- ¡Qué aburrido es esto! – se quejó Schneider, con voz pesada, tono de aburrimiento y la mirada aparentemente hastiada, la cual era, en realidad, de la más pura de las decepciones – Esperaba más de ti, Benji/Genzo. Me has decepcionado – hizo una pausa de unos cinco segundos, aproximadamente -. No estáis jugando bien, y lo sabes. ¡Este partido lo va a ganar el Rötberg/Bayern!

Una patada por parte de un jugador en sus huecos poplíteos salvó a Benji/Genzo de más reproches, quien se giró sorprendido al escucharle emitir un sonido agarrado de dolor. Le dio las gracias mentalmente porque no tenía ganas de seguir escuchándole. Para suerte de Schneider, pudo mantenerse en equilibrio con su rodilla y palma de la mano derechos. Giró la cabeza levemente, pudiendo ver que había sido Kaltz, quien, portando en su rostro una expresión de rabia contenida, quizá le haya devuelto la falta por el empujón recibido antes. A pesar de que Benji/Genzo intentó calmar a su compañero de equipo, éste se dejó llevar por la rabia y le agarró por un trozo de la camiseta, juntando sus dedos, convirtiéndolo en un puño.

- ¡Ey!, cuidadito, Schneider – gritó Hermann, rabioso -. ¿Acaso es que crees que queremos jugar a la defensiva? Pues te estás equivocando de cabo a rabo, ¡y lo sabes muy bien!

Una sujetada por los hombros por parte de los musculosos brazos de Benji/Genzo salvó a Schneider de ser, quizá, golpeado o agredido de una u otra manera, provocando que el último se quedase mirando a su antiguo compañero que no era precisamente de manera indiferente. Estaba impresionado; impresionado de que prácticamente el único amigo que había tenido durante toda su vida le estuviese recriminando de aquella forma. Recriminándole por ser como era. Sus oídos no podían dar crédito a lo que estaban percibiendo.

- ¡Escucha, pedazo de niño mimado! – bramaba más y más Kaltz para dar a entender su cólera -. ¡No tienes ningún derecho a decirnos lo que tenemos que hacer! Tú ya no eres compañero nuestro, ¡tan ni siquiera un amigo! – enfatizó, en un arrebato, la última frase.

Benji/Genzo hizo más fuerza con los brazos a la vez que Kaltz la hacía para liberarse de estos; porque no le gustaba la presión que estaba ejerciendo en sus hombros y axilas; sentía que le estaba apretando demasiado. Se sentía atrapado.

- ¡Déjalo, Hermann! – exclamaba Benji/Genzo -. Sé cómo te sientes, ¡pero no pierdas la calma!

El árbitro movió la mano izquierda para agarrar con sus dedos el silbato, ponérselo en la boca y pitar, mientras que con la derecha, sacó una tarjeta roja, puesta en horizontal. Kaltz sintió cómo su escandalosa furia pasó a ser aplacada por una queda vergüenza, mirando por unos cuantos instantes a Benji/Genzo, para luego dirigirse al banquillo de su equipo con pasos grandes y lentos.


'El encuentro entre el Grünwald/Hamburgo y el Rötburg/Bayern ha dejado muy claras muchas cosas: que Schneider es un cretino y se merece romperse ese brazo, que al pobre Kaltz le han estado pisoteando durante toda su vida, que a Benji/Genzo no se le mete en la cabeza que no puede derrotar a un equipo de estrellas él solito por más bueno que sea, que el Grünwald/Hamburgo es un equipo mediocre que tiene que pasar página y no necesita jugadores de adorno ni un entrenador que piensa que una octava posición en la Bundesliga es una buena posición y que Stefan Levin es un capullo'.

'Ese chico; el día en el que no haga caso ni siquiera a su padre, no hará caso a nadie. Por cierto, ¿por qué tanto resentimiento hacia Schneider?'.

Después de haber tecleado el mensaje de texto, se salió de la aplicación de chat, cerró todas las ventanas que tenía abiertas y bloqueó el móvil, guardándolo en su bolso negro de la marca Hermes. Caminaba tranquilamente haciendo sonar sus tacones, cuando de repente sintió un agarrón de un trozo de su pelo, una patada en sus huecos poplíteos y un agarrón de otra mano en su muñeca, la cual estrujaba con fuerza.

- ¡Eres una puta! – soltó una individua de media melena castaña y hortera vestido amarillo, la cual la estaba agarrando del brazo -. ¡Rivaul está casado, y tú estás arruinando su matrimonio!

- ¿Cómo te atreves a arruinar un matrimonio, mujer de mala muerte? – reprochó otra mujer mucho más mayor, señalándola con el dedo.

- ¡Primero con el capitán de la Selección Nacional de Francia y después con Rivaul! – señaló una chica joven y de baja estatura -. ¿Acaso sabes lo que es la vergüenza?

- ¡Vaya, vaya! No me irás a decir que todo lo que llevas puesto lo has comprado tú, ¡porque no te lo crees ni tú! – chilló una individua con pinta de influencer de moda.

- ¿Cuánto dinero les has sacado a Pierre y a Rivaul? – agregó una furiosa y delgada rubia de voz chillona, señalándola con el dedo índice.

- ¡Nunca hay que dejar tanta libertad a una chica como ésta, porque siempre hace lo que quiere!

- ¡Seguramente use una artimaña de ésas para quedarse con su dinero!

- ¡Seguramente se haya liado con todos los jugadores del equipo oficial!

- ¡Y seguramente también se haya liado con el entrenador Van Saal!

En medio de toda esa rabia que sentía hacia esas despechadas mujeres, sintió una daga atravesar su corazón y su mente al oír que Rivaul estaba casado. ¿Podría ser eso cierto? Sentía que su labio superior se cosía con el inferior mediante una aguja y un hilo invisibles, los cuales provocaban que no pudiese decirles nada a sus acosadoras. Una parte de sí se indignó porque le hubiese gustado, aunque sea, estar un rato con el capitán francés, provocando que enrojeciese y temblase. Varias manos de esas y otras furibundas mujeres empezaron a agarrarla por todas partes, y unas cuantas dieron comienzo a los golpes hacia su rostro. Ella hacía todo lo posible por librarse de aquellas mujeres, y en cuanto lograba soltarse de ellas, la volvían a agarrar, pegar y recriminar. La tipa de baja estatura se decantó por meterle un puñetazo en la boca, provocando que aullase de dolor y le saliera sangre por la comisura derecha de la boca y el labio inferior. Otra mano le rompió ligeramente la falda, provocando que Andrea le diese con el pie.

- ¡Ya basta! – ordenó una voz femenina de medio agudo tono y cristalina.

La gran mayoría de las mujeres paró de atosigar a Andrea, y ésta se sintió esperanzada. De repente volvieron los gritos, increpando a la dueña de la voz.

- ¿Cómo te atreves a decirnos lo que tenemos que hacer? – chilló una de coletas.

- ¿Cómo te atreves a defender a semejante puta? – replicó la del hortera vestido amarillo.

- ¿Es que acaso eres otra igual?

- Callaos – soltó la voz, cansada y aburrida -. He estado grabándolo todo.

Empezaron a protestar, provocando que las mandaran callar nuevamente y salieran varios guardaespaldas; algunos a cubrir a la herida y humillada Andrea y otros, a echar a las mujeres. La intermediaria se dio a conocer dando unos pasos hacia delante, pudiéndose ver a una chica de cabello largo, ondulado, rubio y suelto, ojos azules, piel clara, cuerpo voluptuoso y una indumentaria de un vestido blanco de manga larga, el cual era ajustado, unas medias transparentes y unas botas de tacón de piel de color marrón oscuro, las cuales se ataban mediante cordones. Encontrándose de pie con las piernas separadas, apoyando todo el peso en la derecha, les echó una última mirada furtiva de desdén a aquellas personas, viendo cómo los guardias las llevaban hacia las puertas mediante fuerza bruta. Giró sobre sus talones, dirigiéndose a Andrea con un paso más rápido de lo normal, haciendo sonar las suelas y los tacones de sus zapatos.

- ¿Estás bien? – preguntó la chica, un tanto alarmada y preocupada.

- S-Sí, e-es-toy bien – contestó una temblorosa Andrea.

- Bien. Te llevarán al hospital y yo iré a poner una denuncia general a esas mujeres y mostraré el vídeo.

Andrea se limitó a asentir con la cabeza, en parte debido a que estaba de acuerdo en todo lo que se le había dicho, y en parte, a la falta de palabras debido a la impresión. Se levantó sobre sus piernas, dejándose acompañar por los dos guardaespaldas, intentando sostenerse como podía, mirando las cicatrices que le habían dejado en un brazo.


En el interior del elegante y ostentoso Mercedes, el cual era de color negro y pertenecía a la gama de un modelo militar de último modelo, pudo observar, a través de la ventanilla de uno de los asientos de atrás, a las dos chicas despedirse; a unos doce metros de distancia. Sencillamente se limitó a sacar el teléfono de su bolso de mano negro de Dior, dejando el mismo a su izquierda. Tomando el móvil con su mano derecha, alternó rápidamente dedo con dedo contra la pantalla del celular, dando lugar a un número residente en Italia.

- Ya he hecho saber que Andrea Rosier es la amante de Rivaul, y he conseguido mi objetivo porque la estúpida de H-Eireann ha intervenido minutos después – contó con cierta satisfacción una voz aguda y estridente que llevaba en ella un marcado acento ruso.

Volvió a tomar su bolso para buscar en él una barra de labios de color rojo vino, la cual pertenecía a la famosa colección de Kat Von D. Una vez en su mano derecha, la cual era de tamaño medio y portaba las largas uñas pintadas de color rojo y en forma de pico, se ayudó de su derecha para destapar el bote de forma circular, sacando algo de ese contenido químico de color sangre y acercándoselo a los labios, los cuales recoloreó y perfeccionó gracias a unas cuantas pinceladas. Con el cosmético en las gráciles manos, miró con aburrimiento por unos cuantos instantes más por la ventana, observando el lugar de escena, vacío en su relativa parcialidad.

- Arranque – ordenó ella, haciendo sonar el tacón de una de sus botas de una manera ligeramente estridente.

Tan rápido como dictó la orden, el conductor arrancó pisando el acelerador y tomando el volante con sus dos manos, a la vez que la joven asió nuevamente el celular con su derecha, teniendo la llamada ya realizada y al contacto de manera directa. Lo acercó a su oreja derecha.

- Ya tenemos parte del plan, Marky/Koji – expuso con voz melosa, haciendo énfasis en el cursi apodo y amañando su larga y arreglada melena hacia su espalda.

- Me alegro, Dariya – replicó una voz masculina con un tono algo más cursi de lo normal -. Tú sabes que puedes contar conmigo para lo que sea; tengo muchos recursos.

- Ya sólo me queda Stewart – enumeró, con una cínica sonrisa de oreja a oreja como mueca y los ojos entrecerrados y ligeramente posicionados hacia arriba.

- Ah, sí; esa zorra – recordó Mark/Kojiro con desdén -. Me he enterado de que ha tenido una aventura con el Káiser en Múnich, mientras venía con el capitán de la Selección Nacional de Italia a que el doctor Stein le revisase el brazo y le diese un tratamiento. Por cierto, ¿qué tal va tu robo hacia ese jugador del Barcelona/Cataluña?

Ella compuso otra de sus perversas sonrisas que enseñaban los dientes, cuyos caninos ligeramente afilados, le otorgaban, junto con su pintura color sangre, su blanca piel y su negra vestimenta de estilo gótico, el aspecto de una seductora y despiadada vampiresa.

- Por el momento, no he logrado sacarle más dinero – respondió, con voz aburrida. Cambió su tono a uno más deleitable -. Y por cierto, buen apunte el que me has dado. Podré sacar buena tajada de él.

- Tu maquiavélica mente sabrá qué hacer con toda esa información y cómo la va a pasar a un plano físico. Seguro que tú haces que hablen de ello en toda Europa en menos de unos pocos días.

- Lo malo es que no hay ninguna evidencia que pruebe esa aventura con el Káiser – evidenció Dariya haciendo un puchero.

- Seguramente eso sea un rumor o sea cierto.

- Rumor o verdad, ¡hay que explotarlo!


Mark/Kojiro se bajó del taxi a toda prisa para poder llegar a tiempo al avión que le llevaría a Barcelona, evitando las pedidas de autógrafos, los piropos, las pancartas y todo detalle hecho por las fans, sin ni siquiera detenerse a dar una explicación.

Una vez el avión hubo arrancado, él se hubo sentado en uno de los asientos intermediarios y se hubo puesto el cinturón de seguridad, se arremangó hasta el hombro la manga que se le había bajado a su altura cosida por la velocidad a la que había corrido y sacó el móvil del bolsillo derecho de sus pantalones, topándose con una noticia providente del periódico español 'El Mundo' que rezaba lo siguiente:

'Oliver Atom/Tsubasa Ozora consigue un puesto en el primer equipo en menos de seis meses'.

Él, al no entender el español, dio a la opción de traducir al japonés en un botón. Pudo seguir leyendo lo subsecuente:

'El jugador número uno de Asia podría debutar como jugador titular en el partido entre el Barcelona/Cataluña y el Valencia/San José, el cual se dará en menos de dos semanas. Este jugador de tan sólo veintiún años de edad ha logrado hacerse un hueco en el equipo en menos de seis meses, debido al periodo de tiempo que el entrenador Edward Van Saal decidió para él, afirmando en una importante conferencia que era aún muy joven para entrar en el primer equipo'.

'La verdad es que estar estos meses en el equipo B del Barcelona/Cataluña como capitán me ha servido de mucho', afirmaba un ufano Oliver/Tsubasa, a quien le habían preguntado por su futuro debut. 'Me siento más que preparado para afrontar este partido'.

Lenders/Hyuga puso expresión de fastidio. Su boca se torció en una notoria mueca, sus ojos rodaron quedándose en blanco y su voz se redujo a un suspiro, dando a entender que sería muy largo esto. Pensó en su desastroso debut en el partido contra el Emiria, en el cual Jerome le destrozó, tanto física como psíquicamente, pensando en sus sesiones con el médico y el psicólogo, en aquella bronca de la señorita Gould/Matsumoto, en las constantes recriminaciones de sus compañeros.

- Ay, por qué no se pudo haber muerto en ese accidente con tres años… - gruñó, poniéndose la palma de una mano en la frente, cubriendo sus ojos -. ¡Odio, odio, odio a Oliver Atom/Ozora Tsubasa!

'Menos mal que Carlo Monetti y Alessandro Mazzantini me han dado otra oportunidad. ¡A ver si puedo lograr vencerle!', pensó un sonriente Lenders/Hyuga, al recordar que seguía en el equipo.

FIN.

NOTAS:

- Dariya Karkarova es un personaje inventado, de la propiedad de la autora de esta historia.

- El apellido de Dariya, Karkarova, se ha basado en el personaje Igor Karkarov, perteneciente a la mundialmente famosa obra ficticia Harry Potter.

- El apodo de Dariya a Mark/Kojiro, Marky/Koji, es inventado, ya que en ninguna de las versiones de Oliver y Benji le han llamado así.

- En Rusia y demás países del Este de Europa, un apellido termina en v o doble f cuando el portador es de sexo masculino. En cambio, termina en –a cuando el portador es de sexo femenino, quien, al casarse, puede adoptar el apellido del marido como tal, cambiarlo a su derivación o quedarse con el suyo de origen. Por ejemplo, Karkarova es la derivación femenina de Karkarov.

- David y José Luis son nombres inventados para los jugadores del Barcelona/Cataluña cuyos apellidos son Clemente y González, respectivamente.

- Kat Von D es una famosa derivación de la conocida marca de cosmética de alta gama Sephora. Kat Von D hace referencia al estilo gótico.

- Yves Saint Laurent, Hermes y Dior son marcas de diseño de moda de alta gama, los cuales, aparte de dedicarse a la moda, también lo hacen con la sección de los complementos, la cosmética, e inclusive se han dado a promocionar mediante marcas de media o baja gama. La primera marca mencionada se ha dado a promocionar entre las clases populares mediante rebajas, descuentos y promociones especiales, como Ralph Lauren o Tommy Hilfiger.

- Mercedes-Benz, cuyo nombre popular se acorta a Mercedes, es una marca de coches de alta gama creada por Carl Benz en 1926.

- Facebook es una red social creada y fundada por Mark Zuckerberg en un febrero del año 2004. Hoy en día sigue muy vigente.

- Grünwald es un municipio situado en Múnich, Alemania. En la serie de Campeones Hacia El Mundial – Oliver y Benji, concretamente en la versión Road To 2002, se ha mencionado este municipio como parte de Hamburgo, pudiendo ser éste otro municipio perteneciente a Hamburgo, al cual se referían en la serie, hablando del equipo del municipio a principios, y del equipo oficial de la ciudad a finales, refiriéndose a los equipos juvenil y profesional, respectivamente.

- Oreo es una famosa marca de galletas creada por la compañía estadounidense Nabisco el 6 de marzo de 1912.