CAPITULO 5: EXPLICACIONES Y PREPARACIONES

-¿Cómo van los chicos, Hitvick? – preguntó Tech, entrando a la habitación.

-Pues, como se esperaba, hay algo de ruido… - dijo Hitvick, suspirando – las familias están felices de ver bien a los chicos, pero obviamente también están desesperados para que regresen. Hannes está tratando de manejar la situación.

-Será mejor que vaya a ayudarle – el moreno se adelantó unos pasos – después de todo estoy a cargo de esto.

El policía se acercó a los monitores que los niños estaban usando para hablar con sus seres queridos. En verdad había muchísimo ruido. Tech podía oír algunos llorar de felicidad por ver bien a sus hijos, luego otros que repetían una y otra vez la pregunta de cuándo los llevarían a casa de vuelta, y algunos pocos que inclusive gritaban que irían personalmente a por ellos. Sus pirando, Tech se paró en medio del redondel que formaban todos los monitores, y se aclaró la garganta ruidosamente. Todos los chicos, pokemon y, por consiguiente, las personas tras los monitores se volvieron hacia él.

-Buenos días a todos – empezó el policía – soy Tech, jefe de la división de búsqueda y rescate de la policía pokemon de Snowbelle, aquí en Kalos.

Todo el mundo guardo silencio. Apenas si podía oírse el ruido del exterior y la ligera corriente emanada de los monitores.

-Estoy seguro de que todos están felices de ver que su familia y sus pokemon están a salvo. Sin embargo, me dirijo a ustedes como jefe de la división de rescate, para pedirles que tengan paciencia. Sus hijos regresarán a casa con bien, pero necesitamos asegurarnos primero de que esos criminales no volverán a ir por ellos.

De nuevo, las personas en los monitores comenzaron a hablar casi a la vez, algunos haciendo preguntas sobre la situación, otros; reclamando al hombre sobre los motivos de su discurso. Tech decidió continuar.

-El motivo por el que les digo esto, es porque los responsables de éste crimen son los mismos. Las mismas personas se llevaron a todos estos niños de diferentes regiones según hemos podido ver. Y temo que pueda tratarse de una organización grande y peligrosa. Así que, hasta asegurarnos de que no haya peligro de que vuelvan a interferir mientras les enviamos a sus hogares, los mantendremos bajo nuestra protección hasta que tengamos la certeza de que es seguro.

Típico de quienes no terminan de entender la situación, algunos continuaron reclamando, mientras otros centraban sus preguntas en sus hijos. Los niños ya no se veían tan tristes o asustados, pero era comprensible que las familias tuvieran difícil la decisión de cooperar.

-Escuchen – Hannes se acercó de pronto al lado de Tech – por favor. Hemos decidido que, mientras les protegemos, los chicos deberían quedarse en un espacio donde no se sientan aprisionados. Así que serán llevados al rancho Skiddo. Véanlo como un largo campamento.

Increíblemente, las familias casi ni hablaron esta vez. Tech notó como la actitud tan positiva y la sonrisa amigable de Hannes no solo era útil para inspirar confianza de parte de los niños. Sonrió aliviado al notar esto.

-Si desean venir por ellos, no podemos impedírselo – siguió Hannes, con calma – Sin embargo, tenemos que tener en cuenta que, a pesar del rescate, los criminales aún no han sido detenidos. No sabemos cuándo atacarán de nuevo, pero no queremos correr ese riesgo. Así que, si lo hacen, deberán hospedarse aquí en la región Kalos hasta que sea seguro para los chicos.

-¿Y quién eres tú? – pregunto un hombre a través del monitor de uno de los niños. - ¿no eres una de las victimas también?

-Yo soy Hannes – el joven mostro su placa hacia el frente – de la policía pokemon. Les prometo que nos aseguraremos de devolver a los chicos a salvo a casa, y a desbaratar a quienes sean que hayan hecho esto, tan terrible.

Las familias ya parecían algo más calmadas. Hannes sonrió mientras estas volvían a hablar con los pequeños.

-Por favor, si algunos de ustedes piensan o están en la capacidad de venir a Kalos a pesar de todo, por favor, al hacerlo, comuníquense con nosotros, como medida de seguridad. En el rancho en que los niños estarán también habrá algunos agentes las 24 horas. Todo irá bien.

Hannes hizo una respetuosa reverencia y se retiró, junto con Tech. Los niños volvieron a lo suyo, hablando con sus padres y familiares por los comunicadores. Hirvick, que estuvo un buen rato allí observando, se acercó a los otros dos policías.

-Cielos, tú si sabes cómo tratar a la gente, Hannes. – señaló – creí que sería mucho más difícil.

-No creo que estén del todo convencidos – Hannes miró hacia los niños que hablaban – estoy seguro que muchas de las familias harán todo lo que esté en sus manos para venir a verles.

-Aun así – agregó Tech – haz hecho un gran trabajo. Por favor acompáñame cuando hable con la siguiente ronda de familias con las que los demás niños se comunicarán.

-Seguro, señor.

En ese momento, Hannes se volvió sin querer hacia un lado, notando que Maryah y Laila estaban sentadas allí, separadas de los demás chicos, con un pikachu y un vulpix blanco recostados en ellas. Se acercó y tomó un asiento cercano.

-¿Piensan ser las últimas? – pregunto el policía.

-No me importa en qué momento sea – Dijo Laila, sonriente – además, en casa no tenemos un comunicador, así que llamare a la escuela pokemon de allá.

-Ya veo – Hannes pensaba – supongo que no hay más opciones si ese es tu caso.

-Es verdad – Maryah recordó – mencionaste que a ti te atraparon allá.

-Sí… - la pelirroja dio un suspiro lastimero – espero que estén bien y no se hayan preocupado demasiado.

-Olvídalo, eso es imposible – dijo Hannes, con seguridad – seguro que están locos por verte.

-Estoy de acuerdo – agregó la castaña, mientras Kiss descansaba en sus rodillas - pero deben saber que te encuentras bien.

-¿Y qué hay de ti, Maryah? – Hannes levantó la mirada hacia ella - ¿también piensas esperar?

-Yo no voy a hablar con nadie – dijo la chica – mi familia piensa que estoy en medio de un viaje, así que no saben de mi secuestro. No los preocuparé. Quizá les cuente cuando llegue a casa.

-Comprendo – Hannes se puso de pie – bueno, es hora de que los siguientes chicos usen los comunicadores. Tengo que ayudar al jefe con eso.

-De acuerdo, gracias.

El joven policía se dirigió nuevamente hacia los monitores, permaneciendo en medio del lugar junto a Tech. La situación se dio de manera similar a la primera vez, comenzando esta vez Hannes con las explicaciones. Reclamos, preguntas, explicaciones y reencuentros por todos lados. Así estuvieron durante casi una hora. Luego, llegó el turno del último grupo de niños, incluyendo a Laila. Ésta cargó a Chiara y se separó de Maryah encaminándose hacia el comunicador que quedaba libre. Hannes, hábilmente, no tardó en encontrar la información de contacto de la escuela pokemon de Alola. Dos segundos después, una mujer de cabellos rubios y desordenados apareció en el monitor, sin poder contener su sorpresa de ver a la chica desaparecida.

-¡Laila! ¡Laila, ¿eres tú?! – la mujer gritaba sin contenerse - ¡Laila!

-¡Señora Mikil! – Laila también se emocionó - ¡Sí soy yo! ¡Qué alegría verla!

-¡Gracias al guardián! ¡¿Dónde estás?! ¿Te encuentras bien? Cuando esas cosas te llevaron…

-Estoy bien, señora Mikil. Mire, – levantó un poco a su vulpix, enseñándolo – Chiara está conmigo.

-Qué alivio…

-Estoy en Kalos, señora Mikil. En la estación de la policía pokemon.

-¿Kalos? ¡¿Te llevaron tan lejos?!

-A mí y a muchos más – Laila se animó de pronto – pero nos rescataron. ¡Pronto nos llevarán a casa…!

-Laila, querida, escúchame – La rubia parecía muy esperanzada de pronto – llamaré a tus padres, han estado desolados. Les diré que vengan a la escuela y llamaré a éste mismo contacto en una hora. ¿Te parece bien?

-¡Sí! – Los ojos de la pelirroja se iluminaron - ¡Quiero verles!

-¡Claro que sí, cariño! – la mujer comenzó a soltar un par de lágrimas - ¡me alegra tanto verte bien!

La comunicación se cortó. Laila abrazó a Chiara, mientras las lágrimas caían sobre esta.

-Ya casi, Chiara – apretó un poco su abrazo – ya vamos a verles.

-¿Estás bien?

Laila se volvió, viendo que Hannes se había acercado desde atrás - ¿ha ocurrido algo?

-No… perdón – la niña seco sus lágrimas y dejó a Chiara en el suelo – estoy bien. Me han dicho que llamarán en una hora para que mis padres puedan verme.

-Está bien – el policía acaricio la cabeza de la niña – me asegurare de estar aquí para entonces.

-Gracias.

-¿Está todo hecho, Hannes? – Tech se acercó calmadamente al dúo – creo que ya todos han logrado comunicarse.

-Aún falta Laila, señor.

El joven explicó a su jefe la situación de Laila. Este asintió.

-Correcto. ¿Puedes encargarte de las explicaciones?

-Por supuesto, señor. Cuente conmigo.

-Hemos notificado sobre todo este asunto a la policía pokemon de todo Kalos. Estarán al pendiente de actividad sospechosa en sus ciudades sede y pueblos cercanos.

-¿Qué hay de la policía internacional?

-Aun no tenemos confirmación de su parte, pero ya no deben tardar. Después de todo, tratan con muchas otras cosas.

-Entendido.

El jefe de la división se retiró, dejando solos a la niña y a su joven subordinado.

-Por cierto, Laila…

-¿Qué?

-¿Sabes qué pasó con Lohne? Me dijeron que él te ayudó a ganarle al niño con el chimchar…

-Ah, si…

-Haha, me alegro. Seguramente quería enseñarte como pelear.

-¿Tú también lo crees?

-Seguro. Digo, puede ser algo rudo y todo eso, pero puedo ver que es un buen sujeto. ¿Tú también lo crees, cierto?

La pelirroja sonrió como respuesta. Hannes correspondió, de modo que no vio a Maryah llegar con ellos.

-A mí me confunde un poco, la verdad – dijo la joven – ustedes son demasiado amables con él.

-Hehe, no es problema – Hannes se reía con humor – cada quien tiene sus problemas. Como sea, ¿saben dónde está? Me gustaría que estuviera al tanto para cuando llevemos a todos al rancho Skiddo.

-La última vez que lo vi había regresado a su barraca – mencionó Maryah – después todos vinimos aquí.

-De acuerdo, iré a buscar…

-¡Hannes! ¡Hannes! ¡Te necesitamos!

En ese momento, un par de agentes que se encontraban patrullando en el exterior llegaron corriendo a la sala.

-Wow, ¿Qué ocurre? – el joven policía se acercó a ellos - ¿Cuál es la emergencia?

-Bueno, no sé si será una emergencia… - el agente que hablaba se adelantó unos pasos de su compañero – pero hemos escuchado ruidos y pequeños estallidos cerca de la entrada de la estación.

-¿Cerca de aquí?

-Los ruidos vienen del bosque. Decidimos no ingresar ya que quizá no estemos debidamente preparados y nuestros pokemon estén en recuperación…

-De acuerdo, lo investigaré – Hannes comenzó a correr hacia afuera - ¡Gracias por avisar!

Un extraño presentimiento invadió a Laila mientras veía a Hannes salir a la carrera del lugar. Y, por una igualmente extraña razón, ella decidió salir corriendo tras de él. Chiara, que no se había alejado, la acompañó a pie.

-¡Laila, espera! – exclamó Maryah - ¡podría ser peligroso!

La niña no la escuchó, y si lo hizo, decidió hacer de oídos sordos. Nuevamente preocupada por su seguridad, Maryah dejó que su pikachu saltase de su hombro y ambos corrieron tras de la niña, mientras la joven castaña pensaba en cuantas veces había tenido que hacer eso en el cortísimo tiempo que llevaban ahí.

En el interior del bosque aledaño a la estación de policía, podían oírse, como decían los guardias, varios estallidos, no muy grandes ni violentos, pero sí llamaban la atención. Quizá por eso es que los responsables de los mismos escogieron un pequeño campo abierto, muy adentro, entre los árboles, para hacer lo suyo sin interrupciones. Una esfera de energía azulada cayó en la base de un árbol, levantando una nube de polvo. Un joven pelinegro de camiseta oscura muy desgastada, y con su abrigo amarrado por los puños a su cintura, se movía ágilmente de un lado a otro, con los puños hacia arriba protegiendo su cara, como si boxeara. De un salto, volvió a esquivar otra esfera de energía que estalló cerca de ahí, mientras el Lucario que la había arrojado no le perdía de vista y se disponía a atacar de nuevo.

-Vamos, ¿Qué ocurre?- el joven sonaba algo agitado – apenas has acertado algunas cuantas.

A modo de respuesta, el pokemon luchador arrojó enseguida una esfera algo más pequeña, pero más veloz, dando un rugido decidido. Como si se tratara del karma por su provocación, éste ataque si le dio de lleno al chico, arrojándolo hacia atrás, pero no derribándolo.

-De acuerdo – el pelinegro resoplaba – eso sí que acertó.

Cuando la nube de polvo terminó de disiparse, se veía que la camiseta del joven estaba completamente arruinada, hecha jirones. En esas condiciones, ya era estorbosa, así que el chico se la arrancó del cuerpo y la arrojó a un lado, dejando su torso desnudo. El frío característico del lugar no parecía afectarle demasiado, y aunque exhalaba aliento blanco y vaporoso, seguía concentrado en lo que hacía. Volvió a poner sus puños frente a su rostro.

-¡Ok, siguiente!

Cuando dijo esto último, el Lucario alzó sus patas delanteras hacia el frente, y tras juntarlas, las separó formando una barra de energía en forma de hueso, el cual hizo girar velozmente una vez la terminó de formar. Gruñó a modo de advertencia.

-¡VAMOS! – Exclamó el pelinegro - ¡Dame tu mejor golpe!

Sin esperar más, el pokemon se arrojó buscando acertarle un golpe con el hueso de energía a su… ¿oponente? Este esquivaba hábilmente los embates, aun a pesar de que el Lucario hacía girar y maniobraba el arma con velocidad y habilidad. Entonces, con un movimiento sorpresivo, el pokemon logró acertar un fuerte golpe en el costado derecho del chico, y esta vez, sí lo derribó. Permaneció quieto, esperando a que el joven se repusiera y se volviera a poner de pie, cosa que hizo en cuestión de segundos.

-Demonios – musitó el pelinegro – ni siquiera pude evadirlo por más de dos minutos. Aún me falta mucho… ¿?

Entonces, se dio cuenta de que el Lucario le miraba, sin desactivar su arma, pero tampoco atacaba.

-Lo siento, - el chico estiró un poco los brazos – vamos con el siguiente.

Esta vez, el Lucario sí desapareció el hueso, quedando con las delanteras desnudas. Tampoco lanzó ninguna esfera de energía. Solo esperaba…

-¡Ahora,- el joven volvió a su posición de boxeo - combate cercano!

El Lucario se arrojó hacia él, lanzando veloces puñetazos hacia adelante en varios ángulos. Por supuesto, se trataba de un pokemon contra un humano, así que era imposible que el chico bloqueara todos, pero los que recibía, los resistía con fiereza, lanzando el mismo, ocasionalmente, un par de puñetazos que el pokemon bloqueaba con los suyos, o evadía rápidamente antes de seguir con su acometida.

-¡Vamos, vamos! – el joven sonreía desafiante aun a pesar de estar siendo obviamente dominado - ¡no te detengas!

Fue en ese momento que Hannes llegó al lugar corriendo, deteniéndose al ver el espectáculo. Por supuesto, los peleadores estaban muy concentrados como para notar su presencia, y este, al ver la situación, lo lograba articular una sola palabra. Se mantuvo ahí, de pie, observando como el chico lograba a duras penas asestar un golpe en el brazo del Lucario, que tras el bloqueo, siguió golpeando a toda velocidad mientras el joven trataba de no recibir todos, logrando bloquear algunos con sus propios puños, o sus brazos, o su hombro. Entonces Laila, Chiara, Maryah y Kiss llegaron también.

-¡Hannes! – Maryah dejó de correr algo agitada - ¿Qué ocurre…?

La castaña se interrumpió a sí misma al ver lo que ocurría, quedando sin habla al igual que los otros espectadores. Pero de pronto, recuperándose de la impresión, Laila se adelantó al grupo y se hizo notar.

-¡Lohne, ya basta! – gritó asustada - ¡¿Qué es lo que estás haciendo?!

El pelinegro se volvió hacia los recién llegados, y esa distracción provocó que el Lucario le acertara un golpe libre de defensa o bloqueo, que lo arrojó hacia atrás, estrellándolo de espaldas a un árbol.

-¡KUGH…!

Tras el choque, el joven cayó al suelo hincando la rodilla, jadeando de cansancio. Maryah puso sus manos en su boca para ahogar un ligero grito. Kiss incluso cerró sus ojitos.

-¡LOHNE! – gritaron tanto Hannes como Laila.

Increíblemente, y a pesar del golpe, el joven se levantó, sacudiéndose la nieve y el polvo. Su Gardevoir saltó ante los ojos de los recién llegados desde la rama de un árbol en que había estado todo ese tiempo sin ser notada, yendo en dirección a su entrenador. El Lucario hizo lo mismo. El chico se volvió de nuevo hacia el policía y las chicas, y las miró, parecía un poco enojado.

-¿Qué es lo que hacen aquí? – preguntó bruscamente – ¿Que no tienen nada que hacer?

No recibió respuesta. Y es que, dado que la "pelea" se interrumpió y él estaba ya sin moverse, pudieron ver que, en su torso descubierto, se mostraba no solo un cuerpo bien entrenado para la edad que aparentaba, sino también una enorme cicatriz que delataba un impacto en su hombro derecho y su pecho, y se ramificaba hacia parte de su brazo. Al dar un vistazo por su espalda, podía verse que la cicatriz continuaba su marcha culminando en su omóplato. Era algo extraño y desagradable para ver, impidiendo que los presentes dijeran nada. Lohne volvió a romper el silencio.

-¿Qué tanto me ven? ¿Acaso tengo algo en la cara? – Se desató el abrigo de la cintura y se lo puso adecuadamente, cerrándolo - ¿Por qué están aquí?

-Bu… bueno… - Hannes fue el primero en comenzar a recuperarse de la impresión – es que nos avisaron que había ruidos de estallidos aquí…

-Hm, creí que nadie nos oiría a esta distancia… - el pelinegro quedo pensativo – creo que me equivoque.

El Gardevoir y el Lucario se acercaron, con ojos interrogantes.

-Descuiden, no fue nada – les dijo Lohne, con una ligera sonrisa – solo fue la sorpresa, es todo. Estoy bien, Leor, Kyra.

Ambos pokemon se relajaron.

-De todos modos… - Hannes volvió a hablar - ¿Qué hacías ahí?

-¿No es obvio? – repuso Lohne – estábamos entrenando.

-Por lo general, cuando la gente entrena a sus pokemon, lo hace batallando con otros pokemon – dijo Hannes, nervioso.

-Ese es TU punto de vista – Lohne tomo su mochila, que estaba cerca de ahí, colgándola en su hombro – nosotros entrenamos a nuestro modo.

-¿Por qué…?

Todos se volvieron hacia Laila. Las piernas de la pequeña temblaban, y no era de frío. Ésta alzó su vista hacia Lohne, con ojos llorosos.

-Mira lo que has provocado – Maryah se acercó a Laila, tomándola de los hombros y acercándola hacia sí – la asustaste.

-Ustedes no tendrían por qué haber aparecido aquí para empezar. Si quisiera que me vieran, entrenaríamos en el mismo patio de la estación Hace menos frío ahí.

-¿Por qué peleas con tus pokemon? – Laila continuó su pregunta de repente - ¿Y si te hubieras lastimado…?

Chiara frotaba su pata delantera contra la pierna de su compañera, mirándole apenada.

-Ese no es asunto tuyo – El joven le respondió algo agresivamente – ni de nadie más. ¿Has entendido?

En eso, para sorpresa de todos los que estaban ahí, pokemon incluidos, Maryah dio un paso al frente y dio a Lohne una fuerte bofetada, que, en el silencio del bosque, resonó. Hannes y Laila quedaron paralizados. Lo mismo con Leor y Kyra. Y Chiara y Kiss casi se espantaron.

-¿Cuál es tu problema, eh? – Maryah bajó su mano formando un puño con la misma – ¡lo había dicho! dije que si volvías a hablarle así a Laila…

-¡No, hermana! – Laila se aferró al brazo de esta - ¡Basta!

-Está bien.

Todos miraron a Lohne confundidos. Éste ni siquiera parecía enojado. Sólo miraba a su más reciente agresora con ojos gélidos que incluso la remecieron.

-Apenas sí sentí algo – repuso el pelinegro acomodando un poco la mochila que llevaba – y supongo que eso prueba que realmente se preocupa por ti, Laila.

La niña le miró. Volvía a llamarla por su nombre. Sus ojos pronto se encontraron, mientras éste se agachaba y, tras dar un gran suspiro de resignación, posó su mano en la cabeza de esta, frotándola un poco.

-Cada quien tiene su forma de entrenar, ¿entiendes? – explicaba con un tono mucho menos brusco que el anterior – pero además de eso, es importante entrenarse una mismo si quieres entrenar a tus pokemon adecuadamente, o eso es lo que pienso. Yo lo hago de éste modo, matando dos pájaros de un tiro.

-Pero es peligroso – Laila obtuvo más confianza para hablar – da miedo.

-¿Peligroso, hm? – el pelinegro se puso de pie nuevamente y quitó su manos de la cabeza de la niña, caminando junto a sus pokemon – Sí, puede ser. Creo que ya entrenamos bastante por hoy.

Lohne, Kyra y Leor se alejaron del lugar caminando sin prisa. Hannes se rascaba la cabeza sin comprender que acababa de pasar. Y solo iba a empeorar con lo que escuchó después.

-Tenemos que alejarnos de él, Laila – dijo Maryah de repente.

-Hermana, ¿de que estas…?

-No me importa lo que digan, no solo es odioso, ese tipo está loco… es… peligroso.

-¿Peligroso? – Hannes se volvió hacia ella – nah, no lo creo.

-¡¿Acaso bromeas?! – exclamó la joven impaciente - ¡¿Qué no has visto lo que acaba de pasar?! ¡No es solo su actitud, sino su manera de hacer las cosas! ¿Qué clase de imprudente hace… lo que sea que acabamos de ver? ¡Ahora entiendo por qué tu superior estaba tan enojado anoche!

-Sí, lo de ahora fue un poco perturbador… pero como él dice, es su manera de hacer las cosas.

-No creo que deban permitirle ayudar con éste caso – repuso Maryah, muy segura – Debe irse.

-Oye, el hecho de que no te caiga bien no amerita que tengamos que excluirlo – respondió Hannes, ya calmado – dirán de él muchas cosas, pero una es segura: Es muy fuerte, y está dispuesto a detener a esos criminales tanto como nosotros.

-¿Y tú como sabes eso?

-Hermana, tiene razón – dijo Laila de pronto – lo he visto.

-¿Qué?

-Cada vez que se menciona a esos hombres malos… lo veo en sus ojos. Y siento como se enfada, cada vez más…

Maryah entonces recordó la noche anterior, cuando, después de detener a su Tyranitar y ver su estado, los puños de Lohne temblaban apretados. Y esa extraña expresión triste que tenía.

-Yo creo que ha visto muchas cosas, Maryah – Hannes saco a la joven de sus pensamientos – y todo esto le revive malos recuerdos. Es la impresión que me da.

-¿Entonces por qué simplemente no se va? – La castaña no se rendía - ¿Por qué participar en algo si, como dices, le molesta tanto? ¿Por qué no alejarse?

-No lo sé – dijo Hannes – pero si tuviera que adivinar… diría que es por Laila.

-¿Por… mí…?- murmuró la niña - ¿por qué…?

-No veo que esté interesado en los otros niños – explicó el policía – creo que has logrado conectar con el de algún modo, pequeña. No lo puedo explicar. Es como si… le recordaras algo, algo que quiere proteger.

-¿Entonces quiere… - Laila casi quedaba muda – protegerme?

-En fin, solo estoy haciendo conjeturas – Hannes se encogió en hombros y comenzó a caminar – ahora vamos, o se empezaran a preguntar dónde estamos. Tú aun debes hablar con tu familia, ¿cierto Laila?

Las chicas y sus pokemon le siguieron. Sin embargo, las palabras del policía les habían dejado a ambas pensativas. Laila se preguntaba por qué alguien desconocido y ajeno como Lohne querría protegerla. Hannes había dicho "le recuerdas algo que quiere proteger" ¿Podría ser eso? O tal vez solo era cosa suya. Tal vez simplemente no tenía nada más que hacer, y simplemente buscaba algo emocionante en que pasar el rato. Lo que si era cierto, es que como le habían dicho, Lohne no había interactuado con los otros niños, a excepción de la batalla que hubo más temprano ese día. Luego, no había vuelto a hablarles. Además, era la única a la que ahora llamaba por su nombre. Y además de todo eso, ella sentía, en su corazón, que sin importar de qué forma le hablase, buena o mala, que podía confiar en él. Maryah, por su parte, no podía sentirse más confusa. Cuando creía que ese Lohne podía realmente ser alguien de buen corazón, un gran ser humano; de pronto volvía a actuar como un patán, sin distinguir entre alguien de su tamaño o una pequeña niña. Y ese sentimiento aún seguía oprimiendo su pecho cada vez que él estaba cerca. Comenzaba a hartarse. Y mientras todo esto ocurría, Kyra, caminando junto con Lohne y Leor, ya muy lejos de los otros, sonreía con gracia, dando un ligero trino, como si carcajeara. Lohne y Leor lo notaron enseguida.

-¿Viste algo divertido? – dijo Lohne, con sospecha – parecer feliz.

-No, no es eso – respondió el Gardevoir telepáticamente – solo… "escuché" algo.

-¿Escuchar?

Kyra aún seguía con esa expresión divertida en su rostro. Lohne solo suspiró y lo dejó pasar.

-A todo esto… - recordó Lohne – creo que podría aprovechar este tiempo para hacer a lo que vinimos.

-¿Estás seguro? – preguntó Kyra -¿Seguro que aceptara?

-Dicen que se emociona cuando le retan a una batalla. Además, no estoy inscrito en la liga, así que será como un desafío abierto. No tiene motivos para negarse.

-Ya veo. Entonces estás decidido.

-Claro que sí. Fue a eso a lo que vinimos a Snowbelle para empezar…

El pelinegro se interrumpió debido a que, de la nada, comenzó a exhalar repetidas veces, hasta que lanzó un fuerte estornudo.

-Antes de cualquier cosa – Kyra hablaba en tono de reproche – ponte algo debajo de ese abrigo antes de que te enfermes.

-Si, si…

El joven y sus pokemon ingresaron a la estación y fueron directo a su barraca, pasando junto a los niños que se encontraban en el patio, algunos con sus pokemon, otros junto a los demás niños. Algunos de ellos no pudieron evitar mirar a los dos pokemon que le acompañaban. Comenzaba a sentirse incómodo.

-Oye Leor…

El Lucario asintió. Lohne, aliviado y con una expresión de disculpa, regresó al pokemon a su pokeball.

-Creo que tú jamás asentirías, ¿oh si? – pregunto Lohne con algo de burla, mientras guardaba la pokeball.

-Lo veo muy difícil – respondió el Gardevoir – no esperes que lo haga.

-Heh.

Ingresaron a la habitación, y Kyra esperó mientras Lohne se preparaba. Lo primero que hizo fue ponerse una nueva camiseta, muy parecida a la que perdió e igual de oscura; que sacó de su mochila. Cerró su abrigo luego de volvérselo a colocar, y saló seguido de Kyra. Pero esta vez, encontraron a uno de los guardias de la policía cerrándoles el paso.

-¿Pasa algo? – preguntó el pelinegro.

-Tu eres ese chico Lohne, ¿no es así? – preguntó el guardia.

-Sí. ¿Por qué la pregunta?

-Hitvick me envía para decirte que partirán hacia el rancho Skiddo en un par de horas. Me pidieron que te dijera que estés listo para cuando salgan.

-No necesito que me digan nada de eso – Lohne comenzó a caminar, casi ignorando al guardia – además, no soy precisamente parte de este equipo, así que no tengo que estar listo para nada.

-Aguarda… ¿volverás a salir? ¿A dónde vas esta vez?

-No importa, no tienen por qué saberlo, ¿verdad? Sea como sea, si me tardo mucho pueden irse sin mí si quieren. Me las arreglaré y los alcanzaré por mi cuenta si es necesario. Puedes decirle eso a tu superior.

-Lo siento, pero debo insistir – el guardia se adelantó de nuevo a él – Es mejor conocer sus ubicaciones, de todos ustedes, para trabajar de una forma más organizada…

Lohne suspiró.

-Muy bien – dijo – dile a ese tipo que iré al gimnasio Snowbelle. Tengo algunas cosas que hacer allí.

-Ya veo… de acuerdo, se los diré… - en ese momento, el hombre reaccionó, mirando pasmado hacia Lohne y su Gardevoir - ¡e-espera! Si vas al gimnasio, quiere… quiere decir que…

-Sí – respondió el chico, sin dejarlo terminar – Voy a ir a retar a Wulfric. Si alguien te pregunta, dile eso y ya.

Tras decir esto al policía, el dúo continuó con su camino, saliendo de nuevo de la sede de la policía. Y en la puerta, se cruzó con los recién llegados Hannes, Laila, Maryah y sus pokemon.

-¿Lohne? – Hannes se acercó - ¿sales de nuevo? Creí que ya habías entrenado…

El pelinegro sólo les miró, a cada uno de ellos, y luego desvió la mirada hacia el frente, sin detenerse a hablar.

-En serio – Maryah hablaba enfurruñada – odio que haga eso.

-Se dirige a la ciudad – señaló Hannes – quizá va al centro pokemon. Haha, no lo imagino pidiéndonos ayuda para curar a sus pokemon.

-Aw… - Laila se quejó – quería presentárselo a mis padres junto contigo, hermana.

-Ojalá ya no regrese – dijo Maryah, molesta.

-No te enfades, hermana…

-En fin, vamos Laila – la castaña cambió su expresión a una sonrisa – ya quiero conocer a tu familia. Qué felices estarán de verte.

El grupo ingresó a la estación luego de que Hannes mostrara su placa. Entonces, el policía que había hablado con Lohne antes se les acercó.

-¿Se cruzaron con ese chico Lohne?

-Ah, sí – mencionó Hannes - ¿dijo a dónde iba?

-Dijo que…

Ninguno de los presentes esperaba lo que el guardia les dijo. Todos abrieron unos ojos tan grandes como melones, excepto Laila, que obviamente no sabía de qué se trataba. Y es por eso que fue la única que no gritó.

-¡¿EEEEEEEEHHHHHH?!

Continuará...