CAPITULO 7: EL MISMO Y A LA VEZ DIFERENTE
-¿Si una niña puede… enamorarse?
-Hehe – Maryah soltaba una risilla fastidiada – suena tan estúpido, ¿no es así?
-Hermana…
-Aún lo conservo, fresco en mis recuerdos…
La joven de pronto se vio sumergida en sus memorias, mientras sus labios se movían por su cuenta. Allí mismo en la región Kalos, cerca de ciudad Anistar y oculta entre los bosques en un enorme claro cerca de un riachuelo, tenía su hogar, una vivienda bastante amplia que hacía extraño pensar el que estuviese realmente escondida. Vivía con sus padres, su abuelo y su hermano mayor, Jared. No salía mucho de casa debido a que, por alguna razón, tanto ella como su hermano siempre habían recibido allí mismo su educación, de parte de profesores particulares. Pero a ella esto no le llamaba mucho la atención, y en eso difería mucho de Jared. Cada vez debía ser regañada por alguno de los maestros que iban allí, ya que siempre se encontraba sumida en sus pensamientos, pensando en que tal sería el mundo exterior, como se sentiría pasear, caminar y correr más allá de los límites del jardín de su casa. Y sobre todo, qué tipo de pokemon diferentes habría allí afuera además de los pocos que había visto a veces merodear por el jardín, atraídos por el olor de algunas frutas y bayas que allí crecían; pero que no podía admirar lo suficiente ya que Jared y sus padres siempre los ahuyentaban, como si éstos estuviesen haciendo algún daño.
-Nuestra casa es para que vivan personas – le decía Jared cada vez – no para alimañas oportunistas.
-Pero no hacen nada malo – respondía con voz apenas audible una Maryah de apenas seis años – si solo les dejas ir y venir solos…
-¡No me repliques! Soy tu hermano mayor y se mas que tú. Solo hazme caso y punto.
Desde siempre a Jared le había gustado enfatizar su posición como el mayor "y más experto" de los dos hermanos, aunque apenas le llevaba 3 de ventaja. Y ella era tan tímida y sumisa que no podía responder. Eso podía ser culpa de sus padres, ya que siempre volcaron sus mayores expectativas en él, ya que, a diferencia de ella, Jared cumplía con cada una de las reglas de la casa, estaba centrado en su preparación "para el futuro" y nunca había sabido dejar su mente por las nubes como ella. Y siempre había sido demasiado bueno y correcto como para pasar tiempo con alguien que ni siquiera parecía esforzarse en llegar a ese estándar. Para con Maryah, lo máximo que ésta había logrado era una gélida mirada de seriedad.
-Deberías ser un poco más como tu hermano al menos – rezongaba su madre – ésta familia requiere personas preparadas para el mundo del mañana, no personas que lo estorben.
-Es que no puedo… - respondía, a veces entre lágrimas, la niña – no puedo dejar de pensarlo…
-¿Aun sigues con esas tonterías? Aquí tienes de todo, no necesitas salir para hacer nada. El mundo está muy mal desde hace tiempo, y no es algo que necesiten ver o aprender.
-Pero…
-Pero nada. Por supuesto que podrás ir allá afuera algún día, pero aún no es el momento. Si por fin empiezas a comportarte como un miembro de esta familia, puede que el día llegue antes de lo que piensas.
Siempre era lo mismo. Su madre tenía esa forma hiriente de dirigirse a ella; y francamente, con Jared no era mucho mejor, pero dado que éste sí se adaptaba a su idea de comportamiento, entonces no tenía problemas con él. Maryah siempre era el problema, ella era siempre la que estaba fuera de lugar. ¿Y su padre? Pues no hablaba mucho. O mejor dicho, ni siquiera hablaba. Siempre demasiado ocupado como para comer con la familia o siquiera hablar con sus hijos. No recordaba cuando fue la última vez que le vio el rostro frente a frente. De hecho, apenas sí recordaba su rostro, con ojos pardos y oscuros como los suyos, siempre cansados y con ese bigote corto que descuidaba de cuando en cuando. Y nada de esto parecía afectar a nadie más que a ella.
El único amigo que se podía decir que tenía, era su abuelo. Aunque trataba de llevarse bien con su hija y su yerno, era evidente que era algo así como un paria. Apenas sí sabían que estaba ahí, ignorado incluso durante las cenas en que les acompañaba. Que decir de Jared, con quien el hombre jamás pudo conectar, ya que pasar un rato con su abuelo no estaba dentro de sus intereses. Pero Maryah era diferente de todos ellos. Ella sabía perfecto donde encontrarlo y en qué momento estaba en qué lugar; siempre recibida por un abrazo del hombre. Era, por así decirlo, el único lugar donde podía encontrar algo más que una simple formación fría y rígida. Sólo con él podía perder temporalmente su timidez, hablar con confianza. Una vez, cuando estaba por cumplir los siete años, decidió sacar de su pecho algo que estaba segura, sólo su abuelo escucharía.
-Quiero irme de aquí, abuelo.
-Pero que dices, querida – el hombre la sentó junto a él – solo eres una niña. ¿A dónde irías?
-Lejos. No creo que a mis padres o a mi hermano mayor les importe.
-No, Maryah, claro que no – el anciano acarició su cabeza – por supuesto que les importará. Eres su hija. Se pondrían muy tristes si te fueras.
-Pero no lo soporto, abuelo – gemía la niña – quiero ver que hay allá afuera. Quiero ver como es todo, quiero ver muchos pokemon. Y si está todo mal como dice mamá, quiero verlo y saber por qué.
-No se trata de que este todo mal… - el anciano se interrumpió a sí mismo.
-¿A qué te refieres?
-No… no importa – el viejo, nervioso, fue poco a poco recuperando su semblante calmado – el punto es que no puedes irte. Aún.
-¿Aún?
-Es una costumbre muy extendida, incluso fuera de la región Kalos, que cuando los chicos cumplen 10 años o más, partan en un viaje.
-¡¿En serio?!
-¡Psssst! – el abuelo la silenció con un dedo entre sus labios – Esto es sólo para ti, ¿ok?
-Ok – susurró la niña.
-Pero para ello, necesitas un compañero pokemon que te acompañe y te cuide. Cosa que aún no tienes.
-Entonces no importa – Maryah se entristeció – ellos jamás me dejarán tener un pokemon.
-Tus padres pueden ser algo difíciles, cariño, pero hay un modo de que acepten que tengas un compañero pokemon. Y que, cuando cumplas los 10 años, te dejen ir de viaje. Pero debes ser extremadamente responsable, ¿has entendido?
-¿De verdad? – los ojos pardos de la niña destellaban – ¡dime, dime!
Algunos días después, se dio el cumpleaños de Maryah. Por supuesto, siendo como eran, la familia jamás había hecho ningún tipo de ceremonia, para ninguno de ellos. Quizá un regalo o dos y, eso era por puro compromiso. Pero nunca hubo una reunión, jamás fueron amigos a visitarles, porque nunca los tuvieron. "No necesitamos esas trivialidades" decía su madre. Así había sido siempre, así que no sentía pena por ello. Pero ese fue su mejor cumpleaños, ya que, de parte de su abuelo, recibió un gracioso huevo de color verdoso. No necesitaba ser un genio para darse cuenta de que era un huevo de pokemon, al cual abrazó con una felicidad indescriptible.
-¿Pero qué significa esto? – dijo la madre con voz enérgica - ¡Había dejado muy claro que…!
-Vamos, hija – dijo el abuelo, casi suplicante – es solo un huevo.
-Un huevo pokemon, padre. En esta casa no…
-Sé que a ustedes no les gusta que los pokemon silvestres entren a éste lugar. Ni siquiera en el jardín pueden pasar un rato. Pero esos son salvajes, y con este será diferente.
-¿De que estas hablando?
-Si Maryah cuida ese huevo, será una muestra de que puede ser realmente responsable. Y en cuando nazca, ella y sólo ella se hará responsable de cuidarlo, criarlo y entrenarlo. Creo que puede aprender mucho de esa experiencia.
-Tu… - la mujer aun parecía enojada - ¿Qué es lo que tramas?
-No tramo nada – el anciano puso una expresión honesta – pero solo quiero darle un compañero a mi nieta, para que no esté tan sola.
La mujer guardo silencio, cruzando miradas con su padre. Movía los dedos en sus brazos cruzados con impaciencia.
-Muy bien – dijo la mujer, tajante – pero no consentiré ni uno más.
-De acuerdo.
-Y ten por seguro que no permitiré que esta responsabilidad la distraiga de su preparación.
-Estoy seguro de ello. – el viejo sonrió – será el doble de responsabilidad. ¿No es perfecto para enderezarla?
Nuevamente, la mujer miró a su padre con sospecha y algo de enojo. Pero tras resoplar, finalmente decidió ceder y se retiró de la sala, dejando a su padre solo con sus nietos. El hombre suspiró aliviado, viendo después que Jared miraba a su hermana con fastidio.
-Si quieres también puedo obsequiarte uno, hijo.
-No lo necesito – dijo el chico con desdén – tengo cosas más importantes que hacer que cuidar un pokemon.
El mayor de los hermanos se retiró, dejando a la niña viéndole triste.
-Descuida, querida. – dijo el hombre – seguramente lo entenderá muy pronto.
A Maryah no le importaba mucho eso. Después de todo, Jared siempre había sido así. Y ahora, tenía lo que siempre había querido: un amigo. Por supuesto, este debía nacer primero. La niña no podía ser más feliz. Los días pasaron, y, efectivamente, Maryah honró el trato que había hecho su abuelo, esforzándose y mejorando mucho sus estudios para sorpresa de los profesores que iban a su casa, de Jared e incluso su madre. Y, a la vez, el tiempo que empleaba antes para perder el tiempo en corretear por la casa, o en observar a los pokemon del jardín antes de que alguien los ahuyentara; comenzó a usarlo para cuidar del huevo pokemon que había recibido. Dado que estaba cumpliendo su parte del convenio, nadie dijo ni hizo nada. Sin quejas. Para Maryah, las cosas no podían mejorar. Hasta que, un día, repentinamente, la pequeña vio a su abuelo pasar por la puerta de su habitación, que estaba abierta. Estaba vestido con la misma formalidad de siempre, pero esta vez, llevaba consigo un sombrero de copa, un paraguas negro y una maleta. La niña le llamó, pero este no respondió. Tras pensarlo un momento y dejar su huevo a buen recaudo, corrió hacia la sala donde estaba la puerta de salida de la casa, encontrando en el lugar a su madre y a su abuelo, que ya estaba cruzando el umbral.
-¡Abuelo! – exclamó la niña - ¡Abuelo! ¿A dónde vas?
-Lo siento, Maryah – el anciano parecía triste – pero tengo algo que hacer. Algo muy importante. Tal vez… no vuelva en un tiempo.
-¿Por qué…? ¿Por qué abuelo?
La madre veía la escena sin inmutarse. Incluso parecía algo aburrida.
-Voy a regresar pronto, cariño – dijo el abuelo, abrazándola, ocultando sus propias lágrimas – nos volveremos a ver pronto.
-¿Abuelo…?
El hombre soltó a la niña, dando una ligera reverencia hacia su hija, quien le respondió con un ligero y frío gesto afirmativo; y salió de la casa, luego del jardín, para finalmente comenzar a alejarse hasta perderse a la distancia.
-¡ABUELO! ¡ABUELO!
Maryah salió de la casa y llegó hasta el jardín, buscando que llamar a su más amado familiar. Pero fue inútil. Cuando se volvió hacia su madre para buscar explicaciones, ésta ya había desaparecido dentro de la casa. Era igual que siempre. Por supuesto, con su abuelo la relación de esas personas era similar que con ella. Sus ojos se llenaron de lágrimas, y corrió al interior de la vivienda, directo a su habitación, ignorando a su hermano y a su madre, que estaban cerca. Ninguno se molestó en preguntar que ocurría. Entró a su cuarto y cerró la puerta, sentándose en el piso a llorar con el rostro gacho pegado a sus rodillas. Así continuó por varios minutos hasta que, de pronto, un ruido salió de la nada, sobresaltándola. Miró hacia un lado y a otro, hasta que su vista se encontró con el huevo que había estado cuidando. Se estaba moviendo, y pronto, había comenzado a dar saltos sin parar. La niña se puso de pie rápidamente, buscando atraparlo para evitar que se rompa. Entonces, en uno de esos rebotes, el huevo cayó sobre la cama de Maryah, donde comenzó a brillar intensamente, casi cegándola. Para cuando terminó, el huevo había desaparecido, y en su lugar, había quedado un pequeño Larvitar, que se estiró y bostezó al verse libre de su cascarón.
-Nació… - la niña se acercó – ya nació…
El Larvitar, al verla, se acercó rápidamente con curiosidad, asustando a la pequeña que, rauda, fue a esconderse tras uno de los muebles. El Larvitar, curioso, bajó de la cama dándose en el proceso el primer golpe de su vida contra el suelo. Pero se levantó sin problemas, y avanzó hasta encontrar a Maryah, que temblaba un poco y escondía sus ojos con las manos. El recién nacido pokemon no detuvo su curiosidad, y trepó por las piernas de la niña terminando en sus rodillas. Poco a poco, Maryah se quitó las manos de los ojos, viendo al Larvitar mirándole feliz y animado. Ella, aún algo temerosa, le tocó la cabeza con una de sus manos. El pokemon, contento, se recostó sobre ella, disponiéndose a ser acariciado, cosa que Maryah interpretó rápidamente. A medida que le acariciaba, ganaba más confianza y pronto se vio nuevamente envuelta en la felicidad que hace poco había perdido.
-Gracias… - la niña sonreía, aun entre lágrimas – abuelo…
El pokemon pareció percibir los sentimientos de la pequeña castaña, trepando hasta su pecho y recostándose ahí. Correspondiendo, Maryah dio un fuerte abrazo a su nuevo amigo.
-Bienvenido… - dijo la niña, acariciando a su pokemon.
Entonces, el Larvitar bajó del pecho de la niña y se acercó, de nuevo con curiosidad, a un cesto lleno de cintas de colores como las que las niñas usan. Y casi sin perder el tiempo, comenzó a jugar con ellas, lanzándolas sobre sí mismo, hasta que, llegado un momento, una de estas cayó en el cuerno de su cabeza. Miró hacia Maryah y centró su vista en las cintas que ella tenía en el cabello, sujetando sus coletas. Luego se encontró con su reflejo en el espejo de la habitación, reaccionando con mucha satisfacción ante su apariencia con ese lazo. Maryah sonrió emocionada.
-Entonces… ¿entonces eres una niña, como yo?
El Larvitar sonrió. Maryah se acercó a ella, y sin quitarle la cinta volvió a acercarla a sí.
-Gaia… - dijo de pronto – Bienvenida, Gaia.
El pokemon hizo un pequeño ruido feliz. La niña volvió a abrazarle con fuerza, y desde ese día, ambas se hicieron inseparables. Su nueva compañera mejoró muchísimo la vida de Maryah, y más ahora que su abuelo ya no se encontraba ahí. Gracias a ella, casi ni necesitaba interactuar con los fríos y distantes miembros de su familia restantes. Incluso hubo veces en que, cuando el agresivo Jared intentaba meterse con ella, Gaia salía en su defensa, pero estaba siendo lo suficientemente bien criada para no agredirle, sólo le gruñía. Y eso era suficiente quizá no para acobardarle, sino para hacer que se fuera, no sin antes quedar con la última palabra, ya sea con un insulto disimulado o una frase despectiva. Todo eso evitó muchos problemas.
Parecía que todo iba a continuar del mismo modo hasta que ella cumpliese los 10 años hasta que, un día particular, pasó algo inesperado. Un hombre, cuya apariencia delataba que era un científico o profesor pokemon, llegó a la entrada de la casa, acompañado de un Froakie que se encontraba en su hombro. La niña, que estaba en el jardín con Gaia, se escondió tras uno de los muros de la casa, asomándose desde allí para espiar. El hombre fue recibido por la madre y, sorpresivamente, el padre de Maryah también. Desde donde estaba, les escuchaba hablar.
-Bienvenido, profesor. – saludó secamente el padre de la niña.
-Gracias – respondió el recién llegado – vine tan pronto como me llamaron.
-Necesitamos únicamente de sus conocimientos, profesor – dijo la mujer de pronto - ¿a qué viene ese pokemon?
-Es mi asistente, Jin. Descuiden, ni siquiera lo van a sentir.
El Froakie asintió ligeramente, entendiendo la situación.
-Más vale que sea así – replicó la mujer – aún no queremos más de ellos en casa.
-Comprendo – dijo sin inmutarse el hombre de ciencia – entonces… ¿Dónde me pondrán a trabajar?
-Por aquí. – dijo el dueño de casa.
-Oh, esperen – el profesor pokemon de pronto reveló que tenía más compañía. – no tenía donde dejar a mi pequeño hijo. Espero no les moleste.
Detrás del hombre, había un niño de ojos grises, vivaces, cabello negro muy desordenado y escoltado por un charmander que dio un salto para presentarse junto a un alegre gruñido.
-¡Hola, hola! – exclamó alegre el chico.
-Tch – la mujer parecía perder la paciencia – que se quede aquí en el jardín. Tendrá que esperar por usted. No queremos que tenga distracciones.
-Muy bien – respondió el hombre, sin discutir.
-Y más vale que ese pokemon no queme el jardín…
-No tiene movimientos de combate – interrumpió el hombre – es sólo el compañero de mi hijo. Dada mi ocupación.
-Bien, bien, entendido – dijo la mujer, cortante – entre ya. Necesitamos que trabaje.
El profesor pokemon dio algunas palabras a su hijo, que asintió y se quedó atrás con su charmander. Tras unos segundos, se quedó solo, o eso pensaba hasta que el pokemon de fuego creyó ver algo escondiéndose cerca de allí. Y gruñó para llamar la atención del niño.
-¿Qué pasa, Blaze? – dijo el niño.
El chico miró hacia donde su amigo apuntaba, pero Maryah se escondió rápidamente tras el muro. Sin embargo, su Larvitar no lo hizo. Por el contrario, se acercó con su característica curiosidad a los recién llegados.
-¿Ese pokemon…? ¿Es lo que estabas viendo, Blaze?
El Larvitar se acercó más y más, hasta que pronto compartió unos cuantos sonidos con el Charmander, parecía como si charlaran. Y de pronto, ambos comenzaron a correr alrededor del jardín, sorprendiendo al niño, que dio una gran sonrisa sorprendida y divertida.
-¡Es amistoso! ¿No es así, Blaze?
Ambos pokemon trasladaron su juguetona persecución en torno al niño, que no podía evitar reír ante la escena.
-¡Ya recuerdo! ¡Un Larvitar! ¡Es un Larvitar!
Como si respondiera a su pregunta, el pequeño pokemon verdoso dio un ruido afirmativo y alegre.
-Debes ser el pokemon de esta casa, ¿no? – El niño adopto una actitud pensativa – pero que raros son, tienen un pokemon y no les gusta que ellos estén dentro de la casa…
Entonces, el Larvitar corrió de vuelta hacia el muro tras el cual había salido, pero no se ocultó, sino que se quedó allí a la vista y comenzó a dar pequeños rugidos, llamando a alguien.
-¿Hm? ¿Hay alguien ahí, amigo?
El pequeño niño se acercó, asomándose una vez que alcanzó el muro de la casa en que el Larvitar lo guiaba. Ahí, muy cerca, la niña que allí vivía se había sentado en el suelo, escondida tras una caja de metal que ahí yacía.
-¡Hola! – saludó el niño, alegre - entonces ese es tu Larvitar, ¿no?
-Es una niña – musitó Maryah – es mi amiga…
-¡Ya veo! – exclamó el niño, interrumpiendo - ¡Entonces juguemos juntos!
En cuanto dijo esto, comenzó a correr, seguido de su charmander y del larvitar. Pero cuando se volvió, vio que la niña no se había movido. Le miraba tímida desde donde estaba, sin mover un músculo.
-¿? ¿Estás bien?
-Yo… - la niña aún no atinaba a moverse – pues…
El Larvitar se acercó a ella, animándola a unirse a ellos. La castaña aún dudaba mucho. Es decir, lo acababa de ver, no sabía nada de él. En apariencia, al menos, debía tener su edad más o menos. Aunque a simple vista, era apenas un poco más alto. Vio su expresión inocente y amistosa, lo cual casi le hacía levantarse. Casi. Pero su propia timidez, y sobre todo, la falta de experiencia tratando con extraños la inmovilizaban. Esto le entristecía, pero ni tiempo tuvo de lamentarlo, ya que el mismo niño se acercó y haló de una de sus manos, logrando que se pusiera de pie.
-¡Ahora ven! – dijo este - ¡Vamos a jugar!
-¡Ehh… e-espera…!
El niño corrió sin soltarle la mano hasta que salieron nuevamente al jardín. Maryah se volvió hacia su Larvitar, que corría alegre y saltarina junto al charmander de este desconocido. Luego regresó su vista hacia él. Vio sus ojos grises que parecían brillar como plata. Su sonrisa feliz y traviesa, que buscaba diversión y amistad como fuera. Entonces vio más profundo en ellos. Sentía una repentina calidez y confianza que le hacía sentir nostalgia. Se estremeció al notar que, aunque no estaba del todo cómoda con la inesperada situación; sí se estaba dejando poco a poco llevar por la personalidad tan particular del niño. En cuanto se dio cuenta, ya estaba participando en las correderas del grupo. Reía. Corría. Brincaba. Su incomodidad se desvaneció con velocidad extrema. Es propio de los niños dejarse llevar fácilmente por los juegos con sus jóvenes semejantes, aún si jamás los habían visto antes en su vida. Por supuesto, Maryah no había experimentado nada de esto hasta ahora. Entonces lo recordó. Ese niño transmitía un aura muy similar a la que ella percibía cuando estaba con su abuelo. Un lugar cálido y de confianza. Donde podía ser ella misma. Se sintió extremadamente feliz. Por primera vez en mucho tiempo se sintió como en casa, cosa rara teniendo en cuenta que ESTABA en su casa. Pero tratándose de alguien emocional y frágil como ella, en un entorno tan falto de color y vida; era fácil comprender esto.
El grupo continuó con sus juegos, ignorando el tiempo que transcurría hasta que el sol comenzaba a ponerse y el cielo rojo de la tarde, a ennegrecer. El ruido de la puerta de la casa abriéndose interrumpió los juegos de los niños y sus amigos pokemon, mientras la madre de la niña y el profesor pokemon salían del umbral.
-¡Ya nos vamos, hijo! – exclamó el hombre.
-¿Eeeh? – se quejó el chico - ¿Tan rápido?
-¿Rápido? – rió el profesor – han pasado casi 4 horas.
-¿De veras?
El Froakie que salió junto al padre del niño saltó hacia este último, cruzando sus bracitos y asintiendo con la cabeza.
-¿Lo veré aquí mañana, correcto? – dijo de pronto la mujer.
-Sí, por supuesto – respondió el profesor – llegaré a la misma hora.
-Muy bien – La mujer se volvió, entrando en la vivienda – Ya conoce la salida.
Sin mediar otra palabra, el hombre caminó hacia la salida y tomó a su hijo del hombro, empujándole suavemente para irse.
-¿Volveremos mañana? – preguntó.
-Así es – respondió su padre – Blaze y tú podrán jugar mañana con sus nuevos amigos.
-De hecho las dos son niñas, papá.
-¿Ah sí?
El dúo continuó conversando mientras salían del jardín hacia el auto en que el profesor pokemon había llegado. Maryah se quedó junto a Gaia, ahí donde estaba, viéndoles alejarse algo entristecida. Pero de pronto, el niño se volvió hacia ella y gritó como despedida.
-¡NOS VEMOS MAÑANAAA!
Sin decir nada más, ingresó en el vehículo y este se alejó, mientras la pequeña Maryah aun procesaba lo que acababa de ocurrir. Miró hacia la entrada de la casa. Nuevamente la madre había desaparecido dentro de ella. La niña se volvió en dirección a donde el niño y su padre habían partido. Gaia se volvió hacia ella, encontrándola sonriente y algo sonrosada, mientras sus ojos castaños brillaban alegres como era poco común. La niña notó esto mismo y espabiló, mirando a su amiga.
-Vamos Gaia – se agachó y tomó en sus brazos al pokemon – entremos antes de que mamá se enoje.
Mientras ingresaba a la casa, el Larvitar se recostó en el pecho de su compañera. Notó, no muy sorprendida, que el corazoncito de esta latía muy rápido. Y ahí mismo, con ese inquieto tamborileo, se quedó dormida.
-¡Oh no! – la niña reaccionó entonces – No… le pregunté su nombre…
Durante los siguientes días, el niño y su charmander continuaron viniendo. Los juegos iniciaban ni bien esos dos ponían un pie en ese jardín, y Maryah siempre les esperaba llegar impacientemente. Gaia sabía muy bien cuando llegaba la hora, ya que su compañera humana siempre corría puntual hacia el jardín, llamándola, para esperar a sus nuevos amigos cerca de la entrada. Y todo era siempre tan movido y divertido, que cada vez, siempre al momento en que ellos ya se habían ido, Maryah notaba que nunca le preguntó a ese chico su nombre.
-Mañana, sin duda lo recordaré – se decía ella.
Pero era inútil. El niño era directo, no se andaba por las ramas. Él quería divertirse y jugar con sus amigas, los nombres y demás asuntos no tenían importancia para él en ese momento. Claro que era una torpeza, pero eran niños. Era algo inevitable dadas sus personalidades. Pero pronto, Maryah descubriría un rasgo algo más escondido de la personalidad de este animado chico.
Era más o menos el cuarto día en que este iba con su charmander. Los pokemon perseguían y los dos niños debían huir. El jardín era amplio así que no se tornaba aburrido ni estorboso para ellos. Pronto, tal vez producto de la emoción del momento, a Maryah se le ocurrió esconderse entre los arbustos bellamente cortados que había allí. En ellos se podía apreciar una gran cantidad de flores de todos los colores. Pensó que sería un buen sitio para esconderse y sorprender al equipo perseguidor en el momento adecuado. Siguiendo su plan, se agachó y se introdujo en el pequeño espacio que había entre esos matorrales y las paredes exteriores de la casa. Pero corrió con tan mala suerte que no tardó en avistar un pequeño enjambre de Beedrill que se estaba guareciendo cerca de allí. Y como es propio de los beedrill salvajes, éstos pronto se alarmaron y alzaron vuelo amenazantes, apuntando sus grandes aguijones contra la niña. Ésta gritó de miedo, llamando la atención del niño y los dos pokemon. Gaia, rápidamente se puso frente a su compañera, de forma protectora.
-¡Gaia! – exclamó la niña - ¡Cuidado, o te lastimarán!
Ella estaba asustada, y el Larvitar jamás había combatido, ni se le había enseñado ningún movimiento. La situación parecía peligrosa, y Maryah ya se planteaba gritar para que su hermano fuera a ahuyentar a esos pokemon bicho, aun a costa de sus comentarios hirientes como consecuencia. Cuál no sería su sorpresa cuando, de pronto, vio al charmander lanzarse frente a ellas contra los beedrill, con una de sus garras preparada para golpear.
-¡Usa arañazo! – gritó el niño de pronto.
El pokemon de fuego obedeció y dio un golpe con sus pequeñas garras lo más fuerte que pudo, acertando un golpe a uno de los beedrill. Éste no estaba vencido, pero sí cauteloso. Ninguno de los bichos se les acercó, pero se mantenían a la espera, con ellos en la mira.
-No se van… - gemía Maryah temerosa.
-No te preocupes – le dijo el niño, con voz energética - ¡Blaze y yo nos haremos cargo!
Esa fue la primera vez que lo vio. A pesar del peligro en el que estaban, ese niño parecía todo menos asustado. De hecho sonreía, y parecía disfrutar el momento. Y entonces posó su mirada en los ojos de él. Así grises como eran, le pareció que estos de pronto enrojecían, como si unas flamas de fuego se reflejaran en ellos. Eso jamás lo había visto antes, pero en cuanto lo notó, su corazón dio un vuelco. Su reciente compañero de juegos dejó de pronto de parecerle un niño como ella. Ahora era algo más grande, más increíble, infranqueable. Y esto solo aumentó con lo que vino después.
-¡Usa brasas, Blaze!
El charmander escupió unas pequeñas lenguas de fuego, que impactaron con precisión en el enjambre, y esquivando, milagrosamente, las plantas del jardín. Producto de este ataque, los pokemon bicho alzaron vuelo a la vez y se fueron a toda máquina. Pronto se perdieron en la distancia.
-¡Eso es! ¡Buen trabajo, Blaze!
El charmander comenzó a dar saltos de un lado a otro, como celebración. Tanto Maryah como Gaia se habían quedado de piedra, mirando a sus amigos; Maryah con sorpresa, y Gaia, con admiración. Pero entonces la niña recordó algo.
-Oye… - se sobrepuso a la sorpresa para preguntar – creí que tu charmander no sabía pelear…
-Psst – el pequeño le hizo señas para que bajara la voz – es un secreto, papá no lo sabe. Blaze y yo practicamos a veces. Queremos ir de viaje cuando cumpla 10 años.
Maryah abrió muy grandes sus ojos. La coincidencia era demasiado increíble.
-Yo también… - murmuró la niña, sonriente – yo también quiero hacer eso.
-¡Eso es genial! – Exclamó el niño, feliz - ¡Entonces, un día, podemos viajar juntos!
Los ojos de la niña se iluminaron muchísimo tras esta declaración. Nuevamente, su corazón de niña latió rápidamente.
-Me llamo… - la niña no dejaría que se le olvidara tras ese gran momento – me llamo Maryah.
-¡Uaah! – el pelinegro reaccionó sorprendido - ¡NI SIQUIERA SABES MI NOMBRE, DE NUEVO ME PUSE A JUGAR SIN PENSAR! ¡UAAAH!
De pronto, la pequeña comenzó a reír. Cosa que no solía hacer mucho. Sólo cuando estaba con ellos. El chiquillo se sonrojó un poco y se rascó la cabeza con pena mientras reía.
-Soy Lohne – respondió de pronto el chico – estoy feliz de conocerte, Maryah.
A la castaña se le iluminaron los ojos, mientras Blaze y Gaia volvían a corretear. De pronto, Lohne subió el pulgar hacia arriba con una gran sonrisa.
-Entonces, ¿Qué dices? – sus ojos se encontraron – vayamos juntos de viaje cuando el día llegue. ¡Con Gaia y con Blaze!
Ella estuvo a punto de decir que sí con la misma emoción, pero, lamentablemente, Jared salía en ese momento por la puerta de entrada. No se veía nada feliz. Aunque eso no era ninguna novedad.
-¿Qué tanto ruido hacen aquí?
El chico barrió tanto a Maryah como a su amigo con la mirada, frunciendo el entrecejo.
-Estoy tratando de leer un poco. ¿Tienen que hacer tanto ruido con sus ridículos juegos?
-Lo siento, hermano… - dijo, muy queda, Maryah – nosotros…
-¿Qué no pueden perder el tiempo callados?
-Ah, esa es mi culpa – dijo el niño de pronto.
-¿Ah? – Jared le miró desdeñoso - ¿Y tú quién eres?
-Lo que pasa es que unos beedrill se pasaron por acá - siguió el niño sin responder la pregunta – Así que los ahuyenté.
-¿Qué los ahuyentaste?
-Síp – el chico señaló a Maryah – ella me dijo que no les gustaban los pokemon salvajes.
-Hm… - el hermano mayor pareció calmarse – Ok. Al menos estás siendo útil mientras estás aquí.
-¿Útil? – repitió el niño.
-Ojalá – Jared se volvió a su hermana – tu fueras la mitad de útil. Te la pasas saltando por ahí con ese pokemon tuyo. De veras que eres tan inútil…
-No es inútil.
Maryah se congeló. Nunca nadie menor que Jared (es decir, ella) le había hablado de ese modo antes. Y tal y como pensaba, eso no le gustó.
-¿Uh? – el mayor del grupo ya mostraba signos de agresividad - ¿Qué dijiste?
-Dije – el niño respondió con total naturalidad – que ella no es inútil. Es la mar de divertida, y es muy lista. Además quiere y cuida bien a su pokemon. Alguien así no puede ser inútil.
-¿Quién te crees para responderme? – Jared ya parecía exasperado – Soy mayor que tú.
-Aja – el niño hasta casi sonreía – No entiendo, ¿Qué hay con eso?
Jared apretó los dientes, y ya parecía que le pegaría al chico un buen empujón. Maryah estaba muy asustada para intervenir, pero entonces, su hermano mayor se detuvo, ya que el charmander gruñía casi con ferocidad justo a su costado, sin quitarle la vista de encima.
-¿Y tú que miras, lagartija enana? – preguntó con rudeza.
Como respuesta, Blaze dio un ligero rugido enfadado. Jared entendió el mensaje, y tras chasquear los dientes, se retiró dando una última mirada enfadada hacia los niños antes de meterse a la casa.
-No hubieras hecho eso – casi murmuraba Maryah – no creo que le caigas bien ahora…
-Parece que tú tampoco le caes muy bien – respondió el niño, casi riendo - ¿cierto? Y tú vives aquí.
La niña se sorprendió. Era muy cierto. De repente, ambos estaban riéndose como resultado de esa respuesta.
-No tengas miedo – le dijo de pronto el niño – papá dice que hay gente que usa eso para tratarte mal y meterse contigo.
-¿Tratar… mal?
-Ajá – entonces se volvió hacia Gaia – mientras tengas a tu compañera, no tienes nada que temer, nunca.
Aunque simples, las palabras de ese niño sonaban seguras y hasta sabias. Y esas mismas palabras, las guardaría por siempre en su corazón.
-Ahora vamos – dijo el pequeño niño – continuemos el juego donde se quedó.
Fuera de ese pequeño incidente, el día terminó como los anteriores. Y los dos años que siguieron, transcurrieron del mismo modo, salvo por algunas incursiones e pokemon salvajes algo agresivos, en los cuales Maryah vio nuevamente esos ojos enrojecidos de emoción en su amigo cuando les ahuyentaba con un combate. Gaia aprendió poco a poco algunos simples movimientos, cortesía del pequeño Lohne, con la condición de que lo ocultara de su familia. Día tras día, jugaban y parecía que así seguiría por siempre. Y poco a poco se iba acostumbrando a ese fuerte latir de su corazoncito cada vez que el chico tomaba su mano halándola, o le contaba historias sobre los sitios en que había estado con su padre, o sobre los pokemon que había visto antes de conocerle, o cuando simplemente sus ojos se encontraban. Era maravilloso. Maravilloso y, por desgracia…pasajero.
Una tarde, antes de la hora acostumbrada, el profesor pokemon salió presuroso de la casa junto a su Froakie, incluso parecía algo enfadado. O asustado. No estaba segura. Tomó a su hijo en medio del juego en que estaba y lo llevó consigo hacia el auto sin dar explicaciones. El charmander corrió rápidamente tras ellos para alcanzarles.
-Papá… ¡Papá! – exclamaba el chico - ¿Qué ha pasado? ¿Por qué nos vamos?
El hombre no respondió. En cuanto su hijo y ambos pokemon estuvieron dentro del auto, lo encendió y se fue, mucho más apresurado de lo usual. Maryah se volvió hacia su madre, que acababa de salir por la entrada de la vivienda, llegando justo para ver el auto irse raudo del lugar.
-Mamá, mamá – interrogaba preocupada la niña - ¿Qué fue lo que paso? ¿Por qué se van tan temprano?
-Olvídate de ellos, Maryah – repuso la mujer sin mirarla, mientras volvía a ingresar a la casa – no les vas a volver a ver jamás.
Esta última frase fue para la niña como una puñalada. Triste, al igual que su Larvitar, se quedó de pie allí un buen rato, sin entender que era lo que había ocurrido.
-¿Jamás…?
En los siguientes días, la niña no perdió la esperanza en que regresarían. A la hora en que siempre llegaban, se quedaba ahí fuera en el jardín, esperando junto a Gaia. Pero tal y como su madre le dio a entender. Nunca más regresaron. Y, por primera vez desde que tenía memoria, se enfadó de verdad. No con ese niño Lohne, o su padre. No. En ese amigo había encontrado tantas cosas maravillosas, similares a las que perdió cuando su abuelo partió. No, ella estaba completamente segura de que los culpables de esto eran ellos. Su madre. Su padre. Quizá hasta Jared. Ella lo recordaba bien. Sí, ese hombre, el padre de su amigo desaparecido, había salido huyendo, y se llevó a su hijo con él. Y tal vez, con su abuelo había pasado exactamente lo mismo. Cada vez que pasaba algo bueno en su vida, ellos se encargaban de echarlo a perder.
"No tengas miedo" Esas palabras, de hace tanto, resonaban en su cabeza "no tengas miedo" "Mientras tengas a tu compañera, no tienes nada que temer". La pequeña niña apretó los puños con una decisión que jamás antes había mostrado. Era tiempo de que la niña tímida quedara atrás. No iba a permitir que su fría y amargada familia le siguiera arruinando tantas cosas buenas. Tenía que ser valiente, por ella, por Gaia. Y por su abuelo. No podía esperar para cuando cumpliera los 10 años. Ya faltaba poco.
-Desde ese día, me prometí a mí misma que sería valiente, - Maryah, sentada en la banca al lado de Laila y Chiara, ya terminaba su historia - y que viajaría con Gaia en cuanto pudiera. Aún tenía la esperanza de volverle a ver…
-Hermana…
-Y por todas esas cosas, es que detesto a la gente con esa… esa actitud. Fríos. Pedantes. La gente como ellos.
-Pero hermana – Laila se le acercó - ¿No lo ves? Se ha cumplido lo que él te dijo. ¡Han vuelto a encontrarse…!
-Por supuesto que no – repuso la joven – Ese no es el amigo que conocí. No tiene esos ojos que alegraban tanto mi corazón… Y lo que es más, él ni siquiera sabe quién soy yo.
-¿Y por qué no se lo dices? – Pregunto la pelirroja – Seguro que si ve que eres tú…
-¿Con que objeto? – Maryah lucía extremadamente apesadumbrada – Lohne no es ese niño, mi amigo. No actúa como mi amigo. Me ha olvidado por completo. Es más… incluso actúa como… como mi hermano.
-¡No es cierto, Hermana! – Laila saltó de la banca y se plantó frente a la joven castaña - ¡Estás viéndolo del lado equivocado!
-¿Lado… equivocado?
-Hermana, tal vez Lohne no sea muy amistoso ahora… pero puedes verlo tú misma. Ama a los pokemon. Defiende al que está indefenso. No le teme a quienes parecen más grandes y fuertes.
-Laila…
-¡Y lo que es más! – la niña sonrió – A mí me dijo exactamente lo mismo que a ti cuando me salvó.
-¿Lo mismo… que a mí?
-Me dijo "No tengas miedo".
Maryah se sorprendió de nuevo. Al parecer había muchas cosas que aún ignoraba.
-¿De… de verdad?
-Aún es tiempo, hermana – Laila tomó la mano de la chica – además ya te lo he dicho. Lohne no es mala persona. Él solo…
-Está triste… sí, claro.
-Además tú misma lo dijiste. Cuando eran niños, tú eras feliz estando con él. Olvidabas tus problemas. Y tu corazón latía muy fuerte. Estoy segura, eso es…
-Lo sé… - Maryah puso su puño en el pecho, sonrojándose un poco – pero aun así, no creo que ahora sea bueno que sepa quién soy. Para ninguno de los dos… Sin importar la razón por la que me haya olvidado… no será bueno…
-Pero…
En ese momento, se oyó un gran estruendo que venía del gimnasio, mientras muchas personas gritaban emocionadas. Laila sonrió y miró hacia Maryah.
-¡Vamos hermana! – comenzó a avanzar, halándola de la mano - ¡Vamos a verle!
La joven ni siquiera pudo refutar, mientras ya se veía siendo llevada sin resistencia por la pequeña niña y su vulpix, de vuelta al interior del gimnasio. Siguieron avanzando hasta llegar a las tribunas, donde encontraron a Hannes, Kyra y varios de los que trabajaban y entrenaban en ese lugar, mirando con muchísima atención la pelea.
-¡Oh, volvieron! – dijo Hannes al verlas llegar - ¡Me alegra, esto aún no acaba!
-¿Cómo le va a Lohne? – pregunto Laila.
-Pues… este es el tercer pokemon de Wulfric ya. Pero ese Lucario se ve muy cansado.
Volviéndose al campo, vieron a ambos contendientes con algunos golpes, pero la peor parte la tenía Leor, que ya resoplaba cansado.
-Leor, es suficiente – dijo Lohne de pronto – no debes esforzarte de más. Has vencido a dos de ellos. Estoy seguro de que ganaremos gracias a ti.
El Lucario no parecía querer retirarse, gruñendo con desafío, pero cuando dio un paso adelante, cayó sobre su rodilla, respirando con fatiga.
-Ya está bien, amigo – el pelinegro sacó su pokeball – te lo agradezco, lo has hecho excelente.
Leor se volvió y tras dar un suspiro, asintió. Lohne abrió la pokeball y esta se llevó al Lucario a su interior, procediendo el joven a guardarla y sacar otra.
-Bueno, entonces – habló Wulfric, sonriente - ¿Qué de nuevo tienes para mí?
-Voy a repetir lo que me dijiste hace un rato.
-¿?
- Mejor que no te arrepientas de esas palabras – Lohne arrojó su pokeball - ¡Terminemos esto, Blaze!
Maryah se puso de pie, ansiosa al escuchar este nombre, mientras Laila le veía con una sonrisa. Y esto paso justo en el momento en que al campo llegaba el charizard de Lohne, con su potente y ensordecedor rugido, que provoco incluso que algunas estacas de hielo del techo cayeran al campo destrozándose al impactar.
-Blaze… - la joven musitaba – ese es…
Los recuerdos del juguetón y valiente charmander que iba a su casa llegaron de pronto, siendo estos superpuestos por la visión que tenía ante ella de un charizard fuerte y feroz. Pero lo que más le llamó la atención fueron esas grandes cicatrices.
-¿Ese es el… Blaze que yo conocí? – la joven no lo creía - ¿pero qué le pasó…? ¿Qué les pasó… a ambos?
-¡EXCELENTE ELECCIÓN! – gritó Wulfric, emocionado - ¡Abomasnow, usa puño de hielo!
El pokemon de hielo infundió energía gélida a su puño arrojándolo contra su oponente.
-¡Blaze, Garra dragón!
El charizard hizo lo propio con sus garras llenándolas de aura de dragón, impactando su ataque contra el de Abomasnow, y repeliéndose ambos.
-¡Buen bloqueo…!
-¡Blaze, no te detengas!
-¡¿?!
Para sorpresa de Wulfric, el charizard continuó con su acometida, acertando dos zarpazos contra el pokemon de hielo y haciéndole retroceder.
-Haha, no me esperaba eso, teniendo en cuenta que no sería muy efectivo.
-No iba a desperdiciar la oportunidad de un golpe – respondió Lohne – o dos.
La batalla continuó fuerte e intensamente, mientras todos miraban con emoción. Sin embargo, Maryah sólo miraba a Lohne y a Blaze, viendo en el primero sus ojos rojos de intensidad, que parecía una de las pocas cosas que no habían cambiado; y en el segundo, lo fuerte que se había vuelto. Y no parecía que su entrenador tuviese problemas guiándolo. En esto pensaba, hasta que al líder de gimnasio se le ocurrió subir las apuestas.
-Has peleado bien, Lohne – decía el hombre – pero ahora usaremos todo nuestro poder para enfrentarte.
Dicho esto, mostró una especie de canica brillante y medio traslúcida con un extraño símbolo en él. Lohne y casi todos los presentes abrieron tamaños ojos al verla.
-Eso… - Lohne sentía como su sangre hervía – eso es…
-¡Una piedra activadora! – exclamó Hannes - ¡Wulfric usará la mega-evolución!
Todos los que allí estaban murmuraban, y algunos lanzaron vítores.
-¿Mega-evolución? – preguntó Laila, curiosa - ¿Qué es eso?
-Estás a punto de averiguarlo – respondió Hannes, impaciente – solo mira.
-¡Ve Abomasnow! – el líder de hielo extendió la piedra hacia su pokemon - ¡Hora de la mega-evolución!
Un enorme destello rodeó a Abomasnow, mientras el suelo a su alrededor temblaba un poco y un flujo de poder podía sentirse con facilidad. Finalizado el movimiento, apareció ante todos Abomasnow transformado, más grande y visiblemente más fuerte, con esas enormes espigas gruesas y cubiertas de hielo, nieve y pelaje blanco en su espalda que le daban un aspecto más imponente. Blaze, al igual que Lohne, parecía tanto excitado como cauteloso.
-¡Que increíble! – exclamó Laila - ¡Es más grande! ¡Y se ve diferente!
-No solo es eso – dijo Hannes – ahora es mucho más fuerte. Lohne está en problemas.
Laila se volvió preocupada hacia Lohne, pero este no parecía preocupado. Más bien, fue el primero en reiniciar el combate.
-¡Blaze, Lanzallamas!
El charizard arrojó su enorme corriente de flamas de su hocico, en dirección al pokemon maximizado.
-¡Abomasnow, usa Ventisca!
El enorme pokemon blanco expelió una corriente de aire y nieve helados. Los dos ataques colisionaron, igualados en potencia hasta que se cancelaron entre sí tras una pequeña explosión.
-No pareces muy intimidado por el cambio de mi compañero – dijo Wulfric, desafiante.
-No dejo que nada me intimide – respondió Lohne, alerta – déjame mostrarte.
Como leyendo su mente, Blaze alzó vuelo, arrojándose contra Abomasnow con la fuerza de sus alas.
-¡Garra dragón! – ordenó el joven.
El pokemon de fuego activó sus enormes garras draconianas, buscando asestar un golpe contra su enemigo.
-¡Usa mazazo, Abomasnow!
Nuevamente, los dos ataques impactaron uno contra otro, pero esta vez, el mazazo de abomasnow tuvo más fuerza y logró lanzar hacia atrás al charizard. Pero ni él ni su entrenador estaban dispuestos a perder.
-¡Lanzallamas!
Aún durante su lanzamiento hacia atrás, Blaze abrió su hocico para lanzar un potente lanzallamas que acertó justo por el frente a su oponente.
-¡Oh, vaya! – Wulfric vio admirado esa táctica - ¡eso estuvo genial!
Blaze cayó de pie y patinó un poco hacia atrás usando sus poderosas patas para sostenerse en pie. Dio tras esto un rugido que anunciaba que seguía en la pelea, mientras Abomasnow, visiblemente afectado por el último ataque, también se preparaba.
-¡Usa canto helado! – gritó el líder de gimnasio de repente.
Abomasnow arrojó una gran cantidad de estacas, rocas y piezas de hielo y nieve sin darle a Blaze mucho tiempo para reaccionar. Y gracias a la velocidad de este último logró evadir buena parte del ataque, pero su ala izquierda y su cola pronto se vieron afectadas.
-¡Blaze!
El charizard rugió para indicar a Lohne que se encontraba bien. Y estaba por probarlo.
-¡Ahora usa ventisca, Abomasnow!
-¡Bloquea con Lanzallamas, Blaze!
Nuevamente, ambos ataques colisionaron, pero esta vez, la explosión tuvo un mayor alcance, casi derribando a Lohne y a Wulfric de las plataformas.
-A este paso… - Lohne parecía calmarse – nunca terminaremos, Blaze.
El pokemon de fuego miró hacia Lohne, como esperando una explicación.
-¿Hm? ¿Qué es esto? – Preguntó Wulfric - ¿ya te estas rindiendo?
-Eso nunca, Wulfric – respondió Lohne – pero debo ser consciente también…
El joven posó sus ojos en su compañero en batalla. Sus miradas se cruzaron.
-Blaze, amigo. Como van las cosas, solo hay una cosa por hacer. – cerró sus puños, como si se preparara - ¿Estás conmigo?
A manera de respuesta, Blaze dio un tremendo rugido contra Abomasnow. No iba a retirarse.
-Por supuesto, Blaze. Vamos con todo, juntos.
Wulfric de pronto tuvo un presentimiento. Algo grande se avecinaba y al parecer no iba a ser bueno para él.
-¡Abomasnow, acabemos rápido! ¡Usa ventisca!
El pokemon de hielo arrojó una poderosísima corriente de aire contra su oponente, que permaneció impasible.
-¡Vuela, Blaze!
El charizard obedeció, alzando vuelo y evadiendo el ataque. Pero era solo la primera oleada.
-¡Canto helado! – gritó el líder de gimnasio. - ¡No le dejes acercarse!
Nuevamente muchos trozos grandes y pequeños de duro hielo fueron lanzados contra el charizard, que evadía como podía en el reducido espacio que tenía, sin dejar de acercarse a Abomasnow a costo de que algunas partes del ataque le impactaban.
-Pero… - Hannes dudaba - ¿Por qué deja que reciba así el ataque…? A este paso lo derrotará antes que haga nada.
-Lohne… - murmuró Laila preocupada.
-No… - dijo de pronto Maryah – no ha terminado.
Tanto el policía como Laila escucharon esto y le miraron, volviéndose luego a la pelea. Iban a ver que tenía toda la razón. Maryah veía nuevamente los ojos de Lohne encendidos como nunca. Podría haber jurado que se habían teñido de rojo.
-¡Con toda fuerza, Blaze! – Lohne parecía más encendido que en toda la batalla - ¡Anillo de fuego!
Resistiendo casi sin inmutarse el ataque de su oponente, Blaze aterrizo frente a este dando un poderoso golpe en el suelo, del cual salió, inmediatamente después, una tremenda explosión de fuego que más se asemejaba a una erupción volcánica múltiple que a un movimiento de combate. El campo de batalla se destrozaba mientras trozos de hielo y rocas volaban por todos lados, obligando a todos los presentes a ponerse a cubierto. Tras unos segundos, el movimiento terminó, volviendo todos a mirar al campo, donde una increíble humareda se había levantado, dejando visibles únicamente a los entrenadores que se enfrentaban. Tras un corto momento de tensión, el polvo fue disipado por el aleteo de Blaze, que regresó al lado de Lohne, mientras se revelaba a Abomasnow fuera de combate, y perdiendo en ese mismo momento su megaevolución mientras estaba tumbado en el suelo… o lo que quedaba de él. Lohne dio un resoplido satisfecho.
-Me quito el… sombrero – dijo Wulfric, casi sin palabras.
-¡Abomasnow ya no puede continuar! – dijo de pronto el árbitro - ¡El ganador es Charizard! ¡El retador, Lohne, gana el encuentro!
Habiendo dicho eso el árbitro, Blaze lanzó un gran rugido de victoria.
-¡LOHNE GANO! – gritaba Laila emocionada - ¡LOHNE GANO!
-¡Eso fue increíble! – dijo Hannes, sintiéndose igual que la niña - ¡No solo es fuerte, venció a una mega-evolución! Aunque con ventaja de tipo, hehe…
-Eso no tiene nada que ver.
En ese momento, Wulfric se acercaba al grupo mientras devolvía a Abomasnow a su pokeball.
-La ventaja de tipo es apenas el 5% de la batalla.
-¿Cinco por ciento? – preguntó Lohne, llegando junto con Blaze.
-Hahaha, bueno, bueno, quizá exagero un poco – luego se volvió hacia el ganador de la batalla – Bueno chico, me venciste, y lo hiciste muy bien. Te daría una medalla, pero supongo que no las estás coleccionando.
-Estoy bien, no la necesito – El pelinegro acarició el cuello de Blaze – agradezco el combate.
-Ni lo menciones.
En ese momento, Kyra bajó de las gradas, llegando con Blaze y mirándole como si buscara heridas. Ambos se sonrieron luego de un rato.
-Ahora que este asunto ya está resuelto, quiero saber… - Wulfric alzó la voz – mencionaron niños y familias. ¿Ha ocurrido algo?
-Bueno… Hannes decidió responder – la verdad es…
El joven policía explicó toda la situación a Wulfric, ayudado por Laila, que conocía todo de primera mano. Cada vez, la expresión del líder de gimnasio se impresionaba más.
-Santo cielo – dijo el hombre – pobres chicos…
-No sabemos que puedan tramar ahora – continuó Hannes – así que por el momento, les protegeremos.
-De acuerdo – dijo Wulfric – haré todo lo que pueda por averiguar si esos criminales siguen por aquí.
-Se lo agradezco mucho, Wulfric. – dijo Hannes, sonriente.
-Y, ¿Qué hay de ti, muchacho? – Wulfric volvió a mirar a Lohne - ¿Tu estas en esto también?
-Tengo un acuerdo con estos policías – dijo Lohne con su seca serenidad restaurada – es todo.
-Pues con la fuerza que tienes, seguro que no tendrás problemas.
-Sí…
Lohne procedió a regresar a Blaze a su pokeball, guardándola en su cinturón. Se dio cuenta de que Laila y Hannes le miraban con sonrisas emocionadas. Eso le hizo sentir incómodo. Luego, buscando apartar la mirada, cruzó sus ojos con Maryah, quien, para su sorpresa, mantuvo su mirada en el por un par de segundos antes de notar lo que ocurría y apartar la mirada con ojos algo tristes y un ligero rubor. Y eso, para Lohne, fue lo más extraño que había visto ese día.
-Bueno, hay que volver a la estación – dijo Hannes de pronto – según mi reloj faltan un par de minutos para que comience el traslado de los chicos.
-¿No vas a meterte en problemas por venir aquí? – Pregunto Laila – Porque tu…
-Pues no sé – rió el policía – así que mejor vamos pitando.
Lohne se acercó a Wulfric para ofrecerle una última ligera reverencia, que éste correspondió asintiendo. Kyra se acercó a Lohne y caminó junto a él hacia la salida, mientras este daba al lugar una última mirada. Y mientras esto ocurría y todo el grupo salía del lugar, el pelinegro no pudo evitar darse cuenta de que Laila y Maryah le miraban de cuando en cuando, pero la castaña parecía ya no enfadada al mirarle como lo estaba antes de la batalla, sino que parecía ida, incluso apenada, mientras Kiss trataba de consolarla frotando sus mejillas.
-¿Pero qué les pasa? – dijo Lohne, más para sí mismo.
-Es extraño, ¿verdad? – respondió mentalmente Kyra – no transmite los mismos sentimientos de antes.
-En fin, solo espero que no me culpen por eso también.
-Vamos, vamos, no seas buscapleitos.
-No lo soy.
-Si sólo supieras Lohne…
-Sí, sí…
El grupo continuó su marcha hacia la estación de policía, mientras Laila miraba a Lohne y Maryah pensando en cómo arreglar algo que una de las partes ni siquiera había notado aún; y Hannes hacía lo mismo sin entender que rayos ocurría. Las cosas habían dado un giro totalmente loco en la relación de Lohne con STRIFE y las víctimas de estos. Lo malo, o quizá al contrario, es que solo estaba comenzando.
Continuará…
