21. Drenando tensiones

Apartamento de Kanon y Rhadamanthys, alrededor de las 9:00 de la mañana.

- Kanon, levanta.- Rhadamanthys esperó al pie de la cama, con los brazos cruzados y la mirada clavada en el ovillo de desconsuelo en el que Kanon se había convertido desde que cayó rendido a la ineludible urgencia de descanso.

Nada. Ninguna reacción. Ningún movimiento más que una repentina aspiración ronca que culminó con un inconsciente quejido.- ¡Que te levantes! ¡Ya estás llegando tarde! - El edredón fue arrancado de cuajo y el cuerpo del gemelo se reveló casi desnudo, encogido y al fin, despierto.

- ¡Wyvern!

- Vas a llegar tarde.

Kanon chasqueó la lengua antes de soltar un resoplido, haciendo el ademán de enganchar una porción del nórdico con la férrea convicción de enterrarse bajo su calidez e hibernar como un oso. - Rada, no me jodas...por favor...- rogó al ver cómo Rhadamanthys era más rápido que él.

- No hay excusas, Kanon. Hoy es el juicio y tú debes estar con tu hermano.

- Pero_

- ¡Que ya está bien de lamentarse, joder! - Rhadamanthys hizo un enorme amasijo con todo el edredón y lo tiró a un rincón con brusquedad. Kanon se lo quedó mirando con la mente aún tocada y las palabras para defenderse perdidas, atinando únicamente a incorporarse un poco al encontrarse acorralado por el Wyvern.- Arriba.- Le ordenó, materializándose frente a él, con las manos apoyadas en su cadera, la mirada achicada por la determinación y la voz esgrimiendo una autoridad olvidada.

- Aún estoy con la cabeza hirviendo por todo lo que experimenté anoche...

- Vamos.- Insistió Rhadamanthys, tratando de agarrarle de una muñeca que se zafó del intento casi por casualidad.

- ¡Que no, Rada! ¡No puedo! ¡No me siento bien!

- Claro que no, porque estás hecho un asco, así que a la ducha. Y luego a comer algo de verdad, no sólo cigarros y café, que te estás consumiendo vivo.

Otro intento de agarrarle la muñeca y otro desafío por parte del abogado, que acabó de erguir su espalda para dar esquizaso a los intentos de reacción que buscaba el Wyvern.

- ¡Que me dejes de una puta vez, joder! - Le gritó, transmutando el pesar que se había instalado en su pecho hacia una creciente consternación.- ¡¿Acaso ya has olvidado todo lo que te he contado?! ¡No puedo digerirlo así, sin más! ¡Necesito tiempo, ostias!

- Y lo tendrás. Después del juicio.

- No pienso ir, Rada. Saga no me necesita para nada.- Kanon cerró filas tras su infantil testarudez, pero para vencer la terquedad de Rhadamanthys cuando ésta salía a flote hacía falta más.

Mucho más que simples morros enfurruñados y contínuas negaciones sin justificación.

- O vas tú solo a la ducha o te arrastro a ella.- Propuso por última vez.

- ¡Que me dejes de joder, Wyvern!

Una almohada colisionó de lleno contra las severas facciones del inglés, que inspiró furia al tiempo que se rendía.- Muy bien, tú has decidido que sea así.

Sin pensarlo se abalanzó sobre Kanon, que quiso retroceder para escapar de la amenaza en la que se había convertido el Wyvern, hallándose traicionado por el cabezal de la cama. Hizo uso de sus pies para buscar apuntalarse en alguna zona del cuerpo de Rhadamanthys y sacárselo de encima, pero las fuerzas le fallaban, la cabeza aún le daba vueltas y los abdominales le dolían después de haber estado horas purgando demasiadas emociones estancadas.

Pero Kanon lo intentó. Por supuesto que lo intentó, sirviéndose de manotazos sin foco y torpes empujones, fracasando en algo tan básico como olvidarse que Rhadamanthys ostentaba la posición dominante y las fuerzas menos gastadas. Sin saber cómo de repente se halló con uno de sus brazos inmovilizados tras la espalda, el cuerpo levantado de la cama y el aliento del inglés respirándole furia contra el hombro mientras le empujaba hacia el baño sin nada de delicadeza.

- ¡Suéltame! - Gritó - ¡¿Pero qué cojones pasa contigo?! - No hubo respuesta a la última interpelación lanzada. Únicamente un nuevo empujón que casi le hizo resbalar sobre el plato de la ducha y un inesperado chorro de agua fría cayendo sobre su cabeza.- ¡Rada! ¡Joder! ¡Serás hijo de_

- ¿¡Hijo de qué, eh?!

- ¡Está helada, cabronazo!

Kanon quiso escapar de esa lluvia fría que le erizó todas y cada una de las células de su piel. Empujó la insoportable presencia de Rhadamanthys para dar con una brecha presta para la evasión, errando de nuevo. Las manos del inglés se clavaron en sus hombros y el empellón que Kanon recibió en contraataque le pegó la desnudez de la espalda contra el frío alicatado de la pared. El instinto hizo que el gemelo se resistiera y rechazara ese desagradable contacto en su piel, pero no pudo. Radamanthys se lo impidió con determinación férrea, importándole muy poco ser víctima colateral de ese plan de choque que estaba llevando a cabo sin haberlo pensado siquiera. El agua también le empapó parte de su rubio cabello y el pequeño detalle de sentir la camiseta completamente mojada y pegada a su cuerpo consiguió que buscara la manija reguladora del caudal y temperatura para girarla hasta un punto, como mínimo, algo más agradable.

- ¡Deja de quejarte de una jodida vez y reacciona! ¡Y ya vale de insultarme, imbécil! - Kanon gruñó, ya no sabía si con rabia o impotencia, y materializó la frustración con un rápido alzamiento de su rodilla para estamparla contra la entrepierna de Rhadamanthys, pero una vez más éste fue más rápido que él esquivando el golpe.

- ¡Vete a la puta mierda, Rada!

- ¡No hasta que no vuelvas a ser la verdadera versión de ti mismo! ¡Así que ya puedes estar buscándola, ¿te queda claro?! - Kanon apretó la quijada y forcejeó como pudo, aunque estaba claro que esa mañana sus fuerzas no podían equipararse a las del Wyvern, que con gran habilidad encajó uno de sus muslos entre las piernas del abogado y con ambas manos le amarró de las muñecas, sosteniéndolas pegadas a la pared, a una altura que dificultaba cualquier posibilidad de liberación.- Yo no me enamoré de un tío que sólo sabe lamentarse. A mí me enganchó un chaval rebelde, sin miedo a nada y con ganas de desafiar al mundo entero. Un sinvergüenza. Un caradura. El tipo más espontáneo con el que me he tropezado jamás. Alguien que no sabe qué cojones son los filtros del asqueroso "para quedar bien". Yo me enamoré de un tío auténtico Kanon, no de una sombra que se deja pisotear por una agotadora autocompasión.

- ¿Y si resulta que el Kanon que tú dices, el que según tú es de verdad, no existe? ¿Y si no soy más que una mentira, Rada? ¿Una patraña, igual que la vida que me empeñé en tener con él? ¿Y si por mi culpa tú también has vivido una farsa? - Rhadamanthys le miraba sin apenas pestañear, pese al correr del agua que continuaba cayendo sobre los dos, experimentando una profunda tristeza que lo estaba conduciendo al peligroso terreno de una irreparable capitulación.

- ¿Fue una farsa lo que vivimos tú y yo? - Inquirió, observándole a través del dolor de la ofensa.- ¿Lo fue? - Sus labios casi rozaron los de Kanon al hablar, aunque sus miradas se mantuvieron conectadas, reconociéndose cómplices de incontables momentos existentes sólo en los recuerdos que fabricaron entre los dos. Kanon no contestaba...se limitaba a perderse dentro de ese enigmático ámbar que jamás le había permitido amar a nadie más y sufrió una nueva oleada de dolor al ser consciente del daño gratuito que sus necedades estaban infligiendo al alma de Rhadamanthys.- ¿Acaso yo soy un puto maniquí sin voluntad?

- ¿Cómo puedes pensar ésto? - Susurró en un lamento - Tú has sido lo único verdadero de toda mi vida, Rada...

- ¡Pues demuéstramelo, joder! - Un inexplicable impulso le lanzó a buscar los más que próximos labios de Kanon, arrancándole un fiero beso que culminó con una descarada mordida en el labio inferior del gemelo - Quiero ver resurgir a ese chaval con el que en mis recuerdos quemo las horas por todos los rincones de la ciudad - exigió Rhadamanthys, mordiéndose un gruñido antes de volver a capturar esos labios que, muy a su pesar, ya le esperaban dispuestos - Necesito volver a encontrar el ímpetu de ese muchacho que acabó de condenarme la cordura entre las mugrientas paredes de un baño de instituto ¿lo recuerdas? - dijo, separándose lo justo para pronunciar estas palabras sobre el acelerado aliento de Kanon - ¿recuerdas la vida que te corría por las venas entonces...? - Rhadamanthys ladeó el rostro y dejó que su nariz se rozara con tremenda malicia contra la áspera piel del rostro de Kanon, buscando despertar al volcán de coraje que sabía que dormía bajo la cáscara rota de tanta decepción - ¿el coraje que poseías para lanzarte al vacío de la incertidumbre e inexperiencia más absoluta? - sus manos aún mantenían las muñecas de Kanon clavadas en la pared, a la altura de su cabeza, y un instinto muy básico le invitó a presionarse más contra el cuerpo del abogado, restregando su muslo por la entrepierna bajo la que estaba apresado. El fluir del agua caliente ya había creado una densa atmósfera de vapor y el tercer beso lo saboreó correspondido con rabia. Con voracidad. Con la misma furia que Kanon maldecía el hecho de hallarse limitado de movimientos y con la quemazón de un añorado deseo despertándole bajo el yugo de sus calzoncillos empapados.

- Suéltame, Rada.- Ordenó sobre la sonrisa de victoria que comenzaba a esbozar el inglés, que osó cabrearle aún más propinándole una fugaz lamida en los labios, incitándole a un nuevo choque de lenguas que con malicia rechazó.- ¡Que me sueltes, joder! - Insistió Kanon, encolerizado por haber sido burlado con todas las de la ley.

- ¿Para qué? Si según tú no sirves para nada, si eres una mentira que sólo se lamenta...

- Cállate si no quieres ser tú el que acabe lamentando.

- Bocazas...

Kanon no pudo soportarlo más. Con un arrebato de fuerza inesperada se zafó de las garras que lo habían inmovilizado. Rhadamanthys apenas retrocedió, limitándose a seguir ofreciendo una ladina sonrisa mientras su mirada se unía a la de Kanon en un pulso de orgullos.

- Repítelo si tienes cojones.- Mascó, avanzando hasta querer apartar a Rhadamanthys de un empujón perpetrado frente con frente.

- Eres un jodido bo-ca-zas.

Sus miradas se desafiaban en la proximidad de sus alientos mezclados y salpicados de agua, y ahí ya nada pudo hacer el Wyvern para escapar del ardor con el que Kanon le agarró del rostro y le invadió la boca, provocando un nuevo beso que apenas les permitía respiración. Nada tuvo de delicada la lucha a la que se entregaron sus lenguas y Kanon se procuró su primera porción de venganza, mordiendo a consciencia el labio inferior del inglés antes de tomar la distancia justa para poder asomarse al límite de sus pasiones.

Rhadamanthys cató de inmediato ese inconfundible sabor metálico en su boca y se llevó un par de dedos a los labios para comprobar cuán ruin podía ser Kanon si se le provocaba en exceso.- ¿Serás cabrón? - Farfulló indignado al ver con sus propios ojos como el agua borraba la sangre que habían arrastrado sus yemas.

- Te lo acabo de advertir, Wyvern.

Ninguno de los dos podía negar que ese repentino y brusco juego les estaba excitando sobremanera. Su cordura apenas recordaba el motivo por el que se encontraban ahí, bajo el incesante fluir del agua, envueltos en vapor y con las pocas ropas que lucían convertidas en una engorrosa segunda piel. Rhadamanthys se pasó la lengua por el labio acariciando la pequeña herida y bajó la mirada para apreciar la sugerente erección que se moldeaba bajo el empapado bóxer de Kanon. Él mismo no se hallaba en mejores condiciones y ahí dejó de pensar en pretensioas terapias de choque, en sus últimos días plagados de tensiones, desaveniencias, dudas y altibajos y en el dichoso juicio por el que ninguna alma caritativa ostentaba ya ni la intención ni el poder de volver a aplazar.

Sí...Rhadamanthys dejó de pensar y su mirada encendida de deseo no perdió detalle de las pequeñas contracciones faciales que cambiaron el rostro de Kanon cuando éste sintió su endurecido falo agarrado con fuerza.

- Pues no me ha quedado muy claro, Kanon...- Masculló, friccionándole el pene a través de la tela, esculpiendo la erección hasta su máximo esplendor.

Kanon se ahogó un gemido ante la primera ráfaga de placer que sintió agolparse bajo la incesante presión de esa mano sabia y no pudo hacer otra cosa que rendirse y dejarse llevar. A ciegas y con hambre renacida.

- A la mierda todo, Wyvern. Tú te lo has buscado.

Kanon se agarró de la camiseta que se pegaba al inglés y la arrastró cuerpo arriba con furiosa urgencia, peleándose con el empapado amasijo de tela hasta poder deshacerse de ella y lanzarla lejos de su campo de acción. Rhadamanthys sintió sus respiraciones tan próximas que partió los labios ansiando una nueva invasión, comiéndoselos de goce cuando Kanon le agarró de los cabellos mojados para dejar su cuello bien dispuesto y comenzó a chupetearle la piel bajo el lóbulo de la oreja, descendiendo con voracidad hasta llegar a un punto donde al gemelo le apeteció succionar con tanto ímpetu que se aseguró imprimir una buena huella de su paso. Rhadamanthys quiso agarrarse otra vez al pene de Kanon, pero ahora fue éste quien le atizó las ganas y se tomó el turno de atacar, magreando el bulto que también se revelaba bajo la advertencia de ese escorpión tatuado cerca del pubis, custodio del instigador directo de sus impulsos más básicos.

- Quiero tocarte, Kanon...- Bramó, dándose cuenta de su inconsciente retroceso cuando sintió su espalda chocar contra la frialdad de la pared.

- No, Wyvern. Hoy ya no te voy a dar el gusto.

Kanon volvió a besarle. Dejó que Rhadamanthys también le agarrara de los cabellos para apartárselos del rostro, ofreciéndole una porción de control mientras ambos disfrutaban de sus salvajes morreos y desvergozados restregones de caderas. Permitió que Rhadamanthys se deleitara unos segundos con el uso de su libre albedrío y cuando Kanon sintió la calentura de su cuerpo alcanzar ese punto que ya no admite ni una nimia posiblilidad de retorno, tomó a Rhadamanthys de un hombro y le obligó a darse media vuelta, dejándole con las manos apoyadas contra el alicatado para amortiguar la fiereza con la que le urgía desquitarse con el que le urgía desquitarse de toda frustración que había conseguido despertarle.

Y Rhadamanthys se dejó hacer, entregándose al momento como hacía días que no le pasaba. Ayudó al cometido de despojarse de sus calzoncillos y hundió el rostro entre el apoyo que proferían sus brazos, observando como su propio pene seguía erguido en rebeldía, mirándole directamente a los ojos y esperando la llegada de esa mano cómplice que al fin se decidió a darle atención, todo mientras el pene completamente erecto de Kanon se divertía deslizándose entre la calidez de sus nalgas primero y rozándose contra el perineo después, encendiendo aún más todo el terreno con esa colección de estímulos capaces de anular toda capacidad de control. El Wyvern se halló arqueando la espalda para disfrutar con más intenidad esos íntimos toques, y se mordió un gutural gemido cuando al fin se sintió penetrado de una sola estocada que no se tomó la molestia de avisar.

En ese instante de quema total ya no existía ningún resquicio de cordura en sus mentes. Los instintos habían tomado la palabra y únicamente les quedaba entregarse al goce de una desenfrenada y necesaria unión física. Las constantes embestidas se sucedían con el compás que marcanan sus jadeos y respiraciones. Kanon sintió la necesidad de agarrarse a las caderas contra las que colisionaba su cuerpo para alcanzar el ritmo que li iba dirigiendo hasta el punto álgido de excitación, obligando a que Rhadamanthys debilitara el apoyo de su brazo diestro para poder seguir masturbándose hasta culminar con la explosión de dos orgasmos que casi llegaron al mismo tiempo, regándoles los cuerpos con unas ráfagas de placer que acabaron de derrumbar los pilares de sus fuerzas.

...

Minutos después

Rhadamanthys estaba sentado en la tapa del inodoro, con la espalda recostada contra la cisterna y las piernas estiradas, separadas y relajadas. Las manos le descansaban sobre los muslos y no le importaba permanecer todavía completamente desnudo.

- No estés cabreado conmigo, Kanon...- susurró, observando a Kanon de reojo mientras lucía una sonrisa boba nacida bajo el influjo de una buena dosis de endorfinas - ha sido un polvo buenísimo, no puedes negármelo.

- Claro que me cabreo, Wyvern.- El abogado estaba de pie frente al espejo, intenando ver algo de lo que estaba haciendo en lo que parecía ser una afeitado rápido y desganado.- Me has tratado como a un crío.

- Es que a veces lo pareces.- Rhadamanthys se cruzó de brazos al verbalizar su más sincera opinión, aunque ésta destilaba una honestidad huérfana de toda malicia.

Kanon chasqueó la lengua fingiendo un disgusto que necesitaba exhibir durante unos minutos más y bufó al tener que pasar la toalla sobre el espejo por enésima vez.- Puto cristal...No para de empañarse...

- Kanon...- el inglés se enderezó en su improvisado asiento y se recreó con la visión de la total desnudez de Kanon plantada a su lado antes de alzar su mirada y detenerse en ese rostro concentrado en su propio reflejo, el cual hizo caso omiso a la interpelación directa de su nombre.- ¡Kanon!

- ¡¿Qué?!

- Vas a ir, ¿no?

- ¿Me dejas otra opción acaso? - Le espetó, dignándose al fin a devolverle la mirada.- Si no lo hago me estarás tocando los cojones hasta vete a saber cuándo.

El Wyvern inspiró largamente antes de alzarse y posicionarse justo detrás de Kanon, regalándose la ñoñería de abrazarse a él por la espalda y apoyarle el mentón sobre el hombro.- Kanon...necesito que te convenzas de una jodida vez que mereces la pena. Que eres bueno en lo que sea si te lo propones en serio. Y sí, ya sé...acabas de vivir unas últimas horas trepidantes y seguramente te hará falta mucho tiempo para reordenar muchas cosas que ahora tienes amontonadas dentro de ti pero hoy, justo hoy, no puedes dejar a Saga solo.

- No sé si el polvo que hemos echado te ha hecho olvidar que ayer le mandé a la mierda. A él. Al juicio. A todo.

- ¿Polvo? ¿A secas? - Le ronroneó Rhadamanthys contra el oído, deslizando sus traviesos dedos hasta dar con el vello púbico de Kanon y tironear de él.

- Polvazo, Wyvern. Polvazo.- Rectificó Kanon, ladeando un poco el rostro para poder avistarle de refilón.

- Hacía días que no follábamos así.

- Hacía días que no follábamos. Ni así ni de ninguna manera.

- Te prometo que esta noche me voy a tomar revancha.- Rhadamanthys agarró el flácido miembro de Kanon y le procuró un par de traviesas fricciones, presionando la cadera contra las tersas nalgas del abogado, notando como su pene comenzaba a erguirse de nuevo.

Kanon se deleitó con la sensación de esa creciente compresión contra sus cachas, viéndose obligado a hacer un gran esfuerzo para renunciar a otra sesión de sexo crudo y rápido.- Voy a vestirme.- Anunció, pasándose por el rostro la misma toalla con la que había tratado de limpiar el espejo.- Y tú...¿no dijiste algo sobre desayunar bien, a parte de cigarros y café?

- Ahora preparo alguna cosa digna.

Kanon se tapó la cabeza con la misma toalla multiusos que tenía a mano y se la restregó enérgicamente por los cabellos, deteniéndose a pensar en un nimio detalle que no había tenido en cuenta hasta ese momento.- Oye Rada...¿y mi tío?

- Ni idea. Cuando me he levantado ya no estaba. Vino a dormir algo supongo, porque las sábanas del sofá están arrugadas...A saber dónde ha ido...

Al gemelo se le ensombreció la mirada al recordar la larga noche que habían compartido ellos dos, asumiendo en silencio que si no había sido fácil para él, menos aún para Defteros. Descubrir a su madre sumida en uno de esos denominados "malos días" después de décadas imaginándola viviendo una vida de despreocupación y libertinaje, fue otro duro golpe asestado a un corazón colapsado de emociones. Comenzar a tomar consciencia verdadera de todo el sufrimiento que yacía tras la templanza y amabilidad de Defteros supuso un trago muy difícil de asimilar, más aún hallándose su alma en pleno proceso de aceptación de demasiadas contradicciones emocionales tras las que ya no se podía seguir justificándose por más tiempo.

- Él sabrá, Rada...No le di una buena noche, y vivimos momentos que no hicieron otra cosa que volverla más densa y tortuosa.

- ¿Piensas contármelo todo todo? ¿Hasta cuándo te guardarás la mitad? Que te conozco, Kanon...

- Ahora no puedo...- Kanon se encogió de hombros y se mordió los labios para evitar seguir hablando, corriendo el riesgo de quebrarse otra vez si compartía todo lo experimentado en menos tiempo del deseado.- Voy a vestirme mientras tú nos preparas el desayuno éste tan digno que dices tener en la carta del "cómo empezar bien el día".

- De acuerdo. Cuando te sientas listo sabes que aquí estoy para escucharte.

Rhadamanthys le agarró de la nuca para poder saborear otro beso, más pausado y tierno que los vividos momentos atrás, y sonrió en respuesta al guiño de ojo que Kanon le regaló antes de desaparecer del baño, dejándole solo, completamente desnudo y con la necesidad de comprobar la gravedad de la herida inscrita en la parte interna de su labio inferior gracias a la inestimable colaboración del espejo, al fin medio desempañado.

La incisión que le habían procurado los dientes de Kanon era casi imperceptible, por lo que sanaría rápidamente, y lo que le llamó la atención no fue la ligera hinchazón que presentaban sus labios debido al maltrato pasional que habían sufrido, no...

Lo que consiguió hacer que se acercara más al espejo y alzara el mentón para dejar parte del cuello disponible para una completa inspección fue el vistoso cardenal que descubrió justo sobre el pulso de su yugular. Un moratón de proporciones dignas de quinceañero sobrepasado por las hormonas. Un chupetón como los que hacía siglos que no lucía y el cual era imposible de camuflar a no ser que lo ocultara bajo capas de ropa que no tenía la costumbre de usar.

- Maldita sea, Kanon...- farfulló al tiempo que se lo frotaba con energía, como si así fuera a conseguir un borrado instantáneo.- Odio que me hagas ésto...es que lo odio, joder...y lo sabes...- Aún se acercó más al espejo, comprobando todos los puntos sanguinolentos que auguraban una evolución cromática todavía más intensa y de mayor extensión, prometiéndose que la venganza propuesta iba a ser mucho más despiadada de lo que Kanon se podía imaginar.

Una venganza que llegaría silenciosa.

Sigilosa.

Y con el aguijón listo para picar en el momento preciso.

#Continuará#