El hambre finalmente obligó a Albus y Scorpius a salir de la reclusión de su habitación. Pippa estaba sentada con las piernas cruzadas en el rincón más alejado de la sala, absorta colgando delicados adornos de cristal en un gran árbol de Navidad que no había estado allí la noche anterior. Rose estaba parada en el centro de la habitación usando su varita para suspender las guirnaldas en el techo y alrededor del marco de la ventana. Ambas chicas se volvieron cuando oyeron entrar a los chicos tomados de la mano.
"Buenos días, muchachos." les saludó Pippa alegremente. "¿Tuvieron una buena noche?"
"Uh, sí, se podría decir eso." se rió Scorpius, apretando la mano de Albus. Albus se sonrojó y le dedicó una sonrisa tímida. La sonrisa de Pippa se amplió hasta que se parecía al gato Cheshire.
"Apuesto que si." respondió ella con voz sedosa.
"Estamos a punto de preparar el desayuno." dijo Scorpius en voz alta ante el astuto comentario de Pippa. "¿Ustedes quieren algo de comer?"
"Es la hora del almuerzo." señaló Rose. "Pero no gracias, ya he comido."
"Yo también." dijo Pippa volviéndose para continuar decorando el árbol. "Hay un paquete de desayuno en la nevera."
"Genial." respondió Scorpius alegremente y saltó hacia la cocina, Albus se giró para seguirlo.
"Oye, Albus." llamó Pippa, inclinando la cabeza. "Ven aquí."
Albus hizo una pausa y se volvió para mirar a las chicas.
"¿Sí?" Preguntó con cautela.
"¿Supongo que tu charla de anoche fue bien?" Preguntó ella, radiante. Albus sonrió.
"Sí, lo fue." confirmó. Bueno, no necesitaban saber cuán poco había sido la charla. De todas formas Pippa asintió con aprobación.
"Estamos muy felices por los dos." dijo sinceramente. "Entonces, ¿esto significa que te veremos por aquí más a menudo? Después de las vacaciones, quiero decir."
"Sí, probablemente." estuvo de acuerdo.
Bueno, no tan a menudo como me gustaría, se dio cuenta. Esto era después de todo, solo unas vacaciones. La idea de dejar a Scorpius y regresar a la miseria y la monotonía de la vida londinense pinchó los sentimientos de euforia que había estado llevando consigo desde la noche anterior.
"Si no quieres irte, no te vayas." sugirió Pippa. "Estoy seguro de que Scorpius estará más feliz con ese cambio."
Albus suspiró y puso los ojos en blanco. "Pippa, ya te he pedido que no hagas eso."
"Lo siento." hizo una mueca. "Realmente es una fuerza de hábito. Pero con toda seriedad, si no estás contento con algo en tu vida, haz un cambio. Habla con Scorpius."
"¿Qué pasa con mi curso?" Pensó en voz alta. Pippa se encogió de hombros.
"Ya lo has dicho tú mismo, ni siquiera te gusta tanto la Transfiguración." señaló. "¿Qué sentido tiene hacer algo que no te apasiona, incluso si eres bueno en eso?"
"No estoy seguro si realmente te dije eso o si te has estado sumergiendo en mi cabeza de nuevo." dijo Albus. "Pero estás en lo cierto. Solo comencé el curso porque se esperaba que hiciera algo; Simplemente no sabía qué más hacer conmigo mismo."
"Incluso si no estuvieras considerando mudarte aquí para estar con Scorpius, todavía te diría que abandones el curso." dijo Pippa con seriedad. "Piensa en lo que realmente te apasiona, Albus. Si haces un trabajo que amas, nunca trabajarás un día en tu vida."
"Si vas a mudarte aquí, tendrás que pagar como el resto de nosotros." advirtió Rose. "No hay alojamiento gratis aquí."
Albus rodó los ojos. "Nada está escrito en piedra Rose, solo estamos hablando de ideas. ¿De verdad crees que Scorpius querría eso?"
"Soy una Legilimens, Albus." respondió Pippa rotundamente. "Estoy cien por ciento segura de que él ya lo ha pensado."
La pequeña burbuja de felicidad en el pecho de Albus volvió a hincharse ante estas palabras. Bien, tal vez ser amigo de una Legilimens tuvo sus beneficios. Pippa se sonrojó.
"¡Oh Albus, me alegra que pienses en nosotros como amigos!" Él gimió y se volvió para irse. A veces ser amigo de un Legilimens era útil. La mayoría de las veces era molesto.
"¡Oh, Albus! Eso me recuerda..." Pippa arrojó un par de jeans y boxers a la cabeza de Albus. "Dejaste esto aquí anoche. No queremos que los invitados se encuentren con ellos durante la fiesta, ¿verdad?"
Albus se sonrojó furiosamente y murmuró: "Correcto. Gracias."
Rose se rió por lo bajo cuando Albus salió de la habitación, arrojando los artículos ofensivos al dormitorio de Scorpius antes de dirigirse a la cocina. Scorpius estaba inclinado sobre la sartén tarareando alegremente para sí mismo, el irresistible aroma del tocino ahumado llenando las fosas nasales de Albus. Sí, definitivamente podía despertarse con esto todos los días. Se colocó detrás de Scorpius y deslizó sus manos alrededor de su cintura, manteniéndolo cerca. Descansando la barbilla sobre el hombro de Scorpius, le besó el cuello y sintió que se le erizaba la piel de gallina.
"Eso huele delicioso." murmuró, rozando sus labios contra la piel de Scorpius, apretando ligeramente sus caderas. Scorpius se rio entre dientes.
"Si me distraes demasiado terminaré quemando tu desayuno." advirtió.
"No me importa." dijo Albus honestamente. "Prefiero tenerte para el desayuno."
Scorpius se volvió para mirar a Albus, todavía armado con su espátula.
"Está bien, se te advirtió." respondió con voz ronca antes de envolver sus brazos alrededor del cuello de Albus y besarlo. Albus cerró los ojos y se entregó al beso, a Scorpius. Deslizando su lengua en la boca de Scorpius lo sintió gemir, trazando su propia lengua contra la de Albus. Sí, Albus también podría acostumbrarse a hacer esto todos los días. Deslizó hábilmente su mano por la parte delantera de los pantalones cortos de Scorpius y agarró su polla, ya medio dura otra vez. Escuchó el ruido de la espátula en el suelo y Scorpius gimió, empujando sus caderas hacia la mano de Albus. Su cabeza nadaba con excitación; le encantaba sentir la carne caliente de Scorpius contra las yemas de sus dedos mientras deslizaba su mano libre por su camiseta y cruzaba su abdomen plano. Amaba sus suaves labios y su aliento caliente presionando adorables besos en sus labios, a través de su rostro hasta el hueco de su cuello.
¿Ardiente? pensó, confundido.
Scorpius rompió el beso y siseó. "¡Mierda!"
El humo negro salía de la sartén, el tocino carbonizado y pegado al fondo de la sartén. Scorpius levantó rápidamente la sartén de la placa y la arrojó al fregadero, tosiendo y agitando la mano con impotencia mientras el humo pútrido llenaba la pequeña cocina.
"¿Algo se está quemando?" Llamó Rose desde la sala de estar.
Scorpius sacó su varita, apuntó a la sartén y susurró: "Scourgify."
Aunque el humo permaneció, la sartén ahora estaba impecable. Scorpius volvió a guardar su varita en el bolsillo y gritó: "¡No!" Miró tímidamente a Albus. "¿Te apetece salir a desayunar?"
Rápidamente se vistieron y se dirigieron al centro de la ciudad para desayunar. Ambos muchachos aceptaron que era más seguro que tratar de cocinar de nuevo. Scorpius llevó a Albus a su café favorito, The Elephant House, y encontró un asiento junto a la ventana que tenía una vista espectacular del castillo. Afortunadamente, no tuvieron que esperar mucho para su desayuno: sus escapadas matutinas los habían dejado a ambos hambrientos.
"Es un café bastante famoso." dijo Scorpius con un bocado de salchicha y huevo. "Un montón de autores famosos vienen a escribir aquí. Vi a Ian Rankin aquí una vez."
"Genial, ¿pediste su autógrafo?" Preguntó Albus con interés, tomando un sorbo de su té. Scorpius sacudió la cabeza.
"No, él estaba escribiendo en ese momento." explicó Scorpius. "No quería interrumpirlo."
"Siempre he sido más lector que escritor." admitió Albus.
"Igual." coincidió Scorpius. Su sonrisa se desvaneció y su expresión se volvió seria. "Entonces, he estado pensando en lo que le voy a decir a mi papá..."
Albus hizo una pausa a mitad de la mordida y colocó su tenedor en su plato. "¿Te preocupa lo que va a decir?"
"Si estoy preocupado o no es irrelevante." se encogió de hombros. "Se lo diré a pesar de todo."
"Bueno, eso suena ominoso." murmuró Albus. Scorpius frunció el ceño.
"Mira, no sé qué decirte; No tengo idea de cómo va a tomar esto. Malfoy no es famoso por expresar sus sentimientos, ya sabes." se quejó.
"Me dices tus sentimientos todo el tiempo." señaló Albus.
"Eso es diferente." argumentó. "Eres diferente. Quiero decir... él es mi papá. Lo amo y su opinión me importa. Su opinión sobre esto también me importa a mí." Scorpius bajó la mirada. "No quiero que se decepcione de mí."
Albus no sabía qué decir a eso, pero no había nada que pudiera decir porque temía lo mismo. No había podido predecir la reacción de su propio padre ante su salida, y mucho menos lo que pensaría el Sr. Malfoy. Scorpius siempre había hablado muy bien de él, pero en realidad Albus sabía muy poco del hombre, y lo que sabía de las historias de su padre lo hizo sentir más aprensivo sobre lo que Scorpius estaba a punto de hacer.
"¿Cuándo se lo vas a decir?" Preguntó.
"Más temprano que tarde." suspiró Scorpius. "Lo veré en la víspera de Navidad, así que probablemente se lo diré en ese momento."
"¿Quieres que vaya contigo?" Ofreció Albus. Scorpius sacudió la cabeza.
"No, estaré bien." le aseguró. "Además, quiero salir solo así pasó a comprar tu regalo de Navidad."
Albus asintió, contento de que Scorpius le hubiera recordado que él también necesitaba ir de compras de Navidad. Cuando se refería a Scorpius le resultaba muy difícil comprar regalos: ¿qué se le podía comprar a un chico que no ha deseado nada durante toda su vida porque todo lo ha tenido? Albus siempre había tratado de pensar fuera de la caja, favoreciendo el sentimentalismo del regalo sobre su valor monetario. Este año sería particularmente difícil; tendría que conseguir algo extra especial...
"¿Qué hay de ti?" Preguntó Scorpius, interrumpiendo el tren de pensamiento de Albus. "Todavía tienes que hablar con tu madre."
"Bueno, he estado pensando en eso..." comenzó lentamente. "Mi papá me pidió que vaya un rato el día de Navidad. Me preguntaba si querías venir conmigo."
Los ojos de Scorpius se abrieron con sorpresa.
"¿En serio?" Preguntó en voz baja, una sonrisa nerviosa se extendió por su rostro. Albus asintió con la cabeza.
"Sólo si tú quieres. No hay presión si prefieres no hacerlo. Si prefieres esperar..."
Scorpius se rió. "¿Espera qué? Hagámoslo. Juntos." Scorpius deslizó su mano en la de Albus y la apretó con fuerza.
"¿Estás seguro?" Preguntó con incertidumbre. "Mi hermano y mi hermana también estarán allí. No sé cómo lo tomarán."
"Tu papá va a estar allí y ya está bien con eso." señaló Scorpius. "Tu mamá también estará bien. Y si no lo está, robaremos el pavo y huiremos a casa y nos comeremos toda la maldita cena nosotros solos."
Albus se echó a reír y puso su otra mano sobre la de Scorpius. "Si estás seguro."
"Seguro. Pero preocupémonos por las cosas de la familia más tarde, tenemos una fiesta para la cuál hay que prepararnos." respondió emocionado. "Tengo tanta gente que quiero que conozcas, vas a amar a Calum, es un fanático de los aviones Muggle como tú..."
Albus reprimió un gemido: definitivamente no era del tipo que le gustaban las fiestas. Pensó en la única fiesta que su hermano James había organizado en su pequeño departamento en Londres; Albus había tratado en vano de estudiar para un examen que tenía temprano a la mañana siguiente, pero había tenido que lidiar con la música a todo volumen que golpeaba la pared de su habitación, los estudiantes borrachos entraban en su habitación cada tanto y su vecina enojada del piso de abajo se quejaba de el ruido. Albus había intentado explicar que estaba tan enojado con el ruido como ella, pero la señora Spinelli no había simpatizado con su situación, amenazándolo con la policía si no se calmaban.
Al otro día cuando se había despertado temprano encontró su departamento en estado de destrucción, estaba furioso; juerguistas borrachos estaban desmayados en la sala de estar, las latas de cerveza vacías y los envases para llevar ocupaban cada superficie libre y estaban derramados por el piso que en ese momento estaba pegajoso. Peor aún era descubrir que alguien había estado vomitando en el fregadero de la cocina. Lo peor de todo era que el baño se había inundado. Alguien incluso tuvo la audacia de robar el asiento del inodoro. Haciendo caso omiso de las protestas y acusaciones de James de que él era el defensor de un estado fascista (lo que sea que eso significara), Albus había pisoteado y había prohibido a todas y cada una de las futuras fiestas mientras vivían bajo el mismo techo. Era su primera y única experiencia de una fiesta en un piso de estudiantes, y había odiado cada minuto.
Pero Scorpius estaba charlando con entusiasmo sobre todas las personas diferentes que estarían allí, no tenía el corazón para decepcionarlo y decir que no quería ir. Estaba dispuesto a salir de su zona de confort por Scorpius. Era solo una fiesta, después de todo. Incluso podría ser divertido.
Albus no iba a contener la respiración.
