11-. Los Enemigos Mortales del Hombre
Segunda Parte

Los cadáveres, y algunas extremidades cercenadas, de las criaturas se amontonaban frente a los hermanos en lo que antes eran apacibles banquetas, tan rápidamente y a tal altura que por momentos se les dificultaba moverse libremente o poder ver el camino que tenían por delante.

Ambos se habían dedicado por algunas horas a vencer y destruir a las criaturas que habían sido creadas para corromper a cuanta gente se encontrara en el pueblo y que se acercaban a atacarlos, a eso se había reducido el "enfrentamiento final", a dedicarse a la simple destrucción de las fuerzas de avanzada de los Enemigos Mortales del Hombre y eso empezaba a pesar sobre los hombros de Lucy. Los golpes e invocaciones del rayo ya no tenían la precisión experta que habían tenido durante los primeros momentos de la lucha.

Sin embargo, su falta de condición física y bajas reservas de magia no lograban limitar completamente a la gótica. Ni Lincoln ni ella utilizaban únicamente su poder físico. Utilizaban todos los poderes de los que eran portadores. Llamaban al rayo, corrían y golpeaban a velocidades vertiginosas, y en el caso de Lucy lanzando hechizos, además que arrojaban todo lo que pudieran mover o arrancar de los alrededores.

Utilizando el codo, Lucy logró derribar a cuatro bestias con un empujón y calcinó a media docena más con un rayo. Lincoln cayó desde el cielo, a escasos centímetros de la pelinegra, aterrizando sobre la cabeza de una criatura inusualmente más grande y resistente que las demás, y corriendo a lo largo de la avenida tan rápido como podía, se encargó de moler a golpes a todos los demonios que les obstruían el paso hasta la calle Oeste.

Pero parecía que por cada enemigo vencido aparecían cinco más delante de ambos hermanos, creando una barrera impenetrable entre ellos y la plaza "Gran Central" donde permanecían escondidos la mayoría de los refugiados.

—¡MIERDA! —Gruñó Lincoln a través de sus dientes—. ¡ESTO ES INUTIL, DEBEMOS DEJAR DE ENTRETENERNOS CON LOS AYUDANTES E IR DIRECTAMENTE POR LOS GEFES!

—Hermano, cálmate —logró decir Lucy entre bufidos entrecortados, realmente se estaba cansando y el no poder recuperar nunca el aliento no le ayudaba nada—. Sabes perfectamente que no hay nadie más que pueda proteger a los pobladores de estos demonios.

Lincoln le dirigió una mueca desagradable a su hermana menor tan pronto como la última palabra abandonó la boca de la pelinegra.

—¿Qué pobladores? ¿Has visto a alguna persona no demonizada en la última media hora? —Lincoln señaló la avenida que acababan vaciar de engendros, toda la cuadra parecía estar vacía de vida humana—. Puede que esos bastardos ahora sean demasiado poderosos como para ser encerrados. ¿No lo crees "Maestra en dejarse poseer"?

Antes que Lucy pudiera defenderse de las palabras de su hermano, llegaron otros veinte demonios alados desde el cielo. Girando en redondo sobre sus talones, y soltando un bufido de hastío, Lincoln recibió los primeros proyectiles de fuego sin apenas pestañear y atacó al grupo entero de abominaciones con una descarga eléctrica enorme.

Apesadumbrado, y después de soltar todo su coraje contenido contra las criaturas, el albino volvió a encarar a Lucy, esta vez usando nuevamente el tono de voz suave con el que siempre le hablaba.

—Perdóname Luz, es que me estoy comenzando a desesperar —a pesar de estarle hablando a su hermana con un tono de voz calmo, el rubor no desaparecía de las mejillas del peliblanco—, ¿sabes qué? ¡Tengo una idea! Será mejor que nos…

Antes de que Lincoln pudiera terminar de hablar, aparecieron más enemigos disparando y destruyendo, y volviendo a invadir la avenida que los hermanos acababan de liberar.

—¡Para esos hijos de puta todo esto es un maldito juego! —el rubor en las mejillas de Lincoln aumentó al tiempo que sus labios comenzaban a contraerse para mostrar sus dientes, dándole a su pálido rostro una expresión que sólo generaba preocupación para Lucy—. Pero si lo que quieren estos bastardos es una prueba de mí poder… ¡ESTOY FELIZ DE COOPERAR!

Lincoln rugió a todo pulmón mientras comenzaba a elevarse en el aire, y como Lucy ya esperaba, un rayo respondió al llamado. Sin embargo este ataque poseía tal potencia y rabia que el cielo entero se iluminó mientras el asfaltó a un par de metros debajo de Lincoln empezaba a agrietarse.

-o-

—¿Dónde está la Alcaldesa? —exigió Pamela Foster a los tres guardias de seguridad privada plantados ante la entrada de la suite privada del último piso del "Gran Central".

Junto a ella, uno de los oficiales de policía que se acababan de unir a la al equipo tenía una mano en la empuñadura de su arma de cargo. Tras ambos oficiales, cuatro miembros de la policía local y algunos guardias del centro comercial se amontonaban.

Pese a ser notificados con antelación de la llegada de los uniformados, los imponentes guardaespaldas mantuvieron sus posiciones sin moverse. Uno de los hombres trajeados, el más cercano a la puerta, incluso infló un poco el pecho para verse aún más intimidante.

—¿Dónde? —Insistió Pamela firmemente, inflando igualmente el pecho, dando a entender que hablaría con la alcaldesa, ya fuera por las buenas o por las malas.

A modo de apoyo para su superior, el oficial novato levantó la mano sosteniendo su arma de cargo y apuntó a uno de los guaruras. Parecía que ninguno de los dos bandos lograría intimidar al otro cuando, tras unos insufribles cuatro segundos, los guardias privados relajaron la postura y se hicieron a un lado. Uno de ellos, el mismo que había intentado lucir más corpulento, tecleó un código en el panel electrónico de la pared y las puertas electrónicas se abrieron instantáneamente.

—Acompáñeme —dijo el mismo guardia, inclinando un poco la cabeza y moviendo su brazo en el conocido ademán de "puede pasar".

Un amplio vestíbulo bien iluminado, con esculturas y reproducciones de pinturas famosas salió al encuentro del grupo de policías. Desde dentro de aquel recibidor era imposible adivinar exactamente el tamaño del recinto, pero la pared del fondo seguía la inmensa curva del exterior de la plaza. Una ventana dejaba ver, tras un grueso vidrio, la típica vista que se puede esperar de una suite de lujo ubicada en un último piso de uno de los edificios más altos del pueblo: las nubes congregándose en torno a un atardecer que le daba al cielo un tono rojizo. Sólo que en está ocasión los distantes edificios y caminos de las afueras se veían incendiados o atestados de gente, un poco más lejos aún, casi llegando a Hazeltucky, sólo se veía humo y fuego.

Un poco más arriba, entre los bancos de nubes que cubrían el cielo, se veían parpadear luces.

«Relámpagos o disparos» pensó la oficial Foster.

La dirigente del pueblo, la alcaldesa, se paseaba ansiosamente por el cuarto, como un animal enjaulado… sólo que con los brazos cruzados y arrastrando los pies sobre el piso alfombrado, ni se fijó en la intromisión de los policías.

Más guardaespaldas con traje negro y algunas de las gentes más influyentes de la región la contemplaban inmóviles. A La oficial Foster no le pasó desapercibido que Mercy Graves, la asistente y segunda al mando parecía aún más nerviosa que su jefa.

—Pensé que ya estarían preparándose para evacuar ¿Por qué siguen aquí? —Preguntó el oficial novato, apenas regresando su arma de cargo a la funda, a Mercy. La rubia apenas movió la boca para responder.

—Pregúnteselo a la jefa.

Pamela se tuvo que plantar frente a la mujer de traje azul para llamar su atención.

—Señora Amanda, es necesario que sea escoltada hasta un refugio—. Ambas mujeres ya se conocían, la alcaldesa había alabado en privado los méritos de la oficial Foster por su actuación ejemplar respecto a ciertos incidentes relacionados con la matriarca de la familia más numerosa del estado, por lo que se detuvo brevemente para saludarla antes de proseguir con su nervioso pisoteo.

—Pamela, agradezco la preocupación, pero usted no es necesaria aquí. Este es el lugar más seguro de toda la alcaldía, las paredes son gruesas, los vidrios están blindados y polarizados, desde aquí puedo comunicarme con quien quiera sin la necesidad de trasladarme, esta es mi "oficina" de trabajo, mi lugar es aquí.

—Ya habíamos realizado simulaciones por computadora y simulacros, nuestro bunker asignado está mucho mejor preparado para una eventualidad cualquiera que este lugar —Insistió Mercy.

Tan pronto como oyó la respuesta de su segunda al mando, la alcaldesa Amanda le lanzó una mueca despectiva a la rubia.

—No hicimos simulaciones para cuando las criaturas de la obra de de Dante vinieran a matarnos. No me esconderé bajo tierra de mis atacantes.

Era obvio que la alcaldesa estaba agitada y desconcertada, pero era imposible identificar un solo dejo de miedo en su porte. Durante sus años de servicio en agencias militares le habían apodado "el muro" y por su expresión imperturbable el apodo le valía.

—Por favor Alcaldesa, debe que ser razonable —Mercy no cedería tampoco tan pronto.

—¿Razonable? —La mujer afroamericana señaló con un dedo la ventana del despacho—. ¿Soy la única que ha visto el cielo y a las criaturas que siguen bajando de él? ¿Algo de lo que está sucediendo te parece razonable? Mercy, quizá necesite darse una vuelta por la calle para que…

Antes que pudiera decir algo más, Pamela ya se encontraba corriendo en su dirección. Sin dudar un momento, la gorda oficial empujó a la rechoncha mujer al suelo.

Sin previo aviso, un grupo de seres parecidos a gárgolas apareció desde las nubes, dejando una estela de humo oscuro a su paso.

—¡SUÉLTAME! —Gritó la alcaldesa mientras se retorcía en el piso—. ¿¡CÓMO TE ATREVES!? —Pamela tuvo que usar todo su peso para retener en el suelo a la alcaldesa antes de sacar su arma de la pistolera en su cinturón.

Años de entrenamiento en la academia no la pudieron preparar para lo que vio durante los siguientes segundos. Con la boca abierta por la incredulidad, Pamela Foster vio como las garras desnudas de las criaturas perforaban y destrozaban el vidrio blindado. Instantes después la ventana estalló hacia dentro, llenando la sala de esquirlas de vidrio de casi tres centímetros de grosor.

Sin embargo, cuando las apariciones demoniacas empezaban a prepararse para entrar a la habitación y matarlos a todos, fueron interrumpidas por un grito estridente, otro ser más grande que las criaturas y de color verde ascendía de alguna parte por debajo de la suite. La delgada boca de la criatura verde tenia forma de "V", tenía también una frente amplia y un mentón reducido… su cara de color esmeralda le recordó a todos los presentes a la de una mantis religiosa.

Las primeras dos criaturas fueron acribilladas por dos tenazas que salieron desde la espalda de esa bestia verde. Antes que los otros dos demonios pudieran avanzar un par de pasos dentro del cuarto cayeron indefensos sin cabeza y brazos y tan pronto como había destruido a las apariciones, la entidad se quedó completamente inmóvil en el quicio de la ventana a pesar del viento y del ruido del caos reinante más abajo.

Pamela estaba segura que después de destazar a esas criaturas, la cosa verde ahora los mataría también a ellos. Manteniendo a la alcaldesa agachada, Foster la sujetó por el cuello del traje azul y la arrastró por el cuarto hasta su cuerpo de seguridad.

Tras dejar a Amanda bajo la custodia de sus guardaespaldas, Pamela y sus hombres se pusieron a cubierto y apuntaron sus pistolas a la criatura. Pero ahora había poco que ver, la intimidante bestia verde ahora tenía la forma de un ser insectoide, delgado y pequeño, apenas comparable en tamaño al cuerpo de un chiquillo… aunque seguía luciendo su característico color verde.

—Huyan con los demás, si sólo cuatro de esos pudieron penetrar en el "lugar más seguro de toda la alcaldía" comprenderán que están en verdadero peligro —la voz de la criatura verde resonó en la mente de todos los presentes, era una voz femenina y un poco ronca.

—Amanda Waller no huye.

-o-

Lynn Jr., la entusiasta hermana se mantenía estática entre los cielos sobre el centro de Royal Woods, iluminada por los últimos rayos del sol. Ahora, gracias a la influencia de los monstruos surgidos desde la roca de la eternidad, se parecía bastante a una de las representaciones graficas que Lucy coleccionaba de los habitantes del infierno: un enorme y majestuoso ser, con garras y colmillos, un par de oscuras alas sostenían su musculoso cuerpo de color rojo sobre las nubes. Varías imágenes de casi todo el pueblo se proyectaban en su mente, enviadas a ella por cada homúnculo creado cada Pecado. Lynn, o mejor dicho Ira y Soberbia, las estudiaron un momento, antes de volver a cambiar de posición.

Las brillantes patrullas en color blanco que eran el orgullo de la actual alcaldesa se empezaban a posicionar para proteger algunos de los lugares importantes, la mayoría en la zona céntrica del pueblo. Durante los primeros minutos del ataque, Ira había logrado sorprender a algunos de esos oficiales con la guardia baja, y ahora esas personas también formaban parte del número creciente de subordinados obligados a obedecerlo. Los efectivos restantes estaban manteniendo, momentáneamente, a las criaturas invasoras fuera de la zona central, pero eso apenas importaba, ni la destrucción ni la muerte eran los objetivos del plan.

Desde el punto de vista histórico de los Campeones del Rayo y demás hechiceros que se habían enfrentado a ellos en el pasado, a los Pecados les faltaba un plan. Todos creían que producto de la desesperación del hambre y prepotencia, Los Enemigos Mortales del Hombre reunían todos sus recursos y se lanzaban en un ataque ciego y por eso generalmente perdían la batalla. Y la verdad es que incluso el soso de Pereza hacía todo lo posible para no contradecirlos. Las criaturas bajo el comando de los pecados se dirigían a todas partes y atacaban al azar, haciéndose vulnerables a contrataques mientras se concentraban en destrozar edificios y "devorar" lo que pudieran, sólo lanzaban ocasionales ataques de fuego y magia contra algún objetivo bélico.

Todo eso era parte fundamental del plan. El plan del terror que a la larga siempre les daba buenos frutos.

Hileras interminables de vehículos de pasajeros y carga intentaban escapar del pueblo a través de sus centenares de caminos. La cantidad de gente luchando por escapar era casi tanta como la de personas intentando entrar y ayudar, constriñendo los caminos y convirtiendo a todos los presentes en victima fácil del terror. En los campos cercanos a la urbe, lejos de las zonas de conflicto empezaban a llegar algunos vehículos militares, estacionados a la espera de recibir órdenes oficiales y así contribuir indirectamente a causar más pánico.

Las calles y el espacio entre las construcciones estaban ocupados por elementos de la policía y homúnculos liderados telepáticamente por los Pecados, ambos bandos se destruían con saña. Al principio del enfrentamiento los disparos de los oficiales eran completamente efectivos contra las criaturas, dejándolos completamente destruidos o incapacitados. Pero mientras la gente se enojaba o se asustaba más con el paso del tiempo, Los Enemigos Mortales ganaban poder. Pronto esos ataques con homúnculos suicidas dejaron de ser necesarios y se contentaron con sólo hacerlos destruir la periferia. La visión de edificios ampliamente conocidos por todos los pobladores de Royal Woods colapsando en llamas o de las explosiones de fuego podía resultar aterradora y desmoralizante.

Columnas de humo se elevaban desde los barrios más alejados del centro, eso le indicaba a Ira que algunas de las criaturas habían comenzado a crearse a partir de pobladores asustados y sin ninguna virtud sobrante.

Conforme el número de atacantes aumentaba poco a poco, las maniobras ejecutadas en la zona central indicaban la ansiedad creciendo en los policías, quienes empezaban a romper formaciones abandonando los refugios designados y empezando a atacar más directamente.

Era obvio que esperaban la llegada de refuerzos de los pueblos vecinos. Codicia y Lujuria ya se habían anticipado, destrozando las torres de telecomunicaciones y preparando pequeñas trampas en los caminos. Aunque eso no les había impedido a algunas unidades militares llegar no tan retrasados.

Aun así todo iba según el plan, las fuerzas de los pecados crecerían lo suficiente mucho antes que las fuerzas humanas se organizaran lo suficiente para suponer una amenaza seria.

Ira se tomó un tiempo para absorber el potencial mágico obtenido de la batalla que tenía lugar más abajó. Odiaba estar tan lejos de la acción y del derramamiento de sangre, pero la experiencia le había enseñado que debía seguir esperando y acumulando poder. Alcanzado el momento, toda la espera y frustración estarían pagadas.

—Hermano mayor, se están generando llamadas de onda corta en el centro del gremio de comerciantes —dijo Pereza—. Se están dando cuenta que sólo destruimos sin dañarlos… están perdiendo el miedo.

—Era de esperar —respondió Ira sin parpadear—. Es aquí cuando les arrancamos la esperanza y terminan sumergiéndose en el caos.

—Cabeza de musculo ¿acaso no te das cuenta que hemos empezado a perder demasiadas extensiones? —Avaricia se puso a gritar—. ¡Empezamos a tener más perdidas que ganancias!

Sabiendo que su molesto hermano menor estaba en lo correcto, Ira buscó entre sus muchos ojos al grupo de homúnculos más cercano a las perdidas.

Cuando lo encontró se dio cuenta que las dos únicas criaturas sobrevivientes huían a toda velocidad, a uno de los homúnculos le faltaban las alas y un brazo. Ambos estaban bañados con magia arcana.

Anulando sus instintos de supervivencia, Ira les ordenó que se dieran la vuelta y atacaran de forma suicida a sus agresores, ambos entes desaparecieron antes de poder girarse.

—Tendremos que acelerar las cosas, atacaremos cualquier edificio con mayor intensidad, especialmente en la zona de comercio.

—Los míos ya están en ese sector —informó Gula.

— ¡Entonces ataca los puntos de desembarco de esos vehículos metálicos, las pasarelas, todo lo vistoso! ¡Empieza a destrozar a esa patética defensa pero asegúrate que los refugiados te vean hacerlo!

—Excelente, iré a...

La conexión con las fuerzas de Gula se anuló, lo último que los siete pecados pudieron ver fue un dúo de rayos de energía mágica destruir a la totalidad de criaturas ahí presentes. El juego principal había comenzado.

— ¡Todas nuestras fuerzas deben interceptar a ese bastardo, que el Campeón del Rayo no escapé! —Gritaron al unísono los Enemigos Mortales del Hombre.

Había llegado más pronto de lo esperado… El problema con el plan del miedo es que los absorbía tanto que se olvidaban de realizar un plan de contingencia. No importaba ya, poco más de medio pueblo ya estaba en sus garras y los que quedaban o estaban muertos o estaban asustados. Tendrían que apegarse a un tipo de lucha que nunca habían practicado: una pelea de desgaste, en la que las aparentes victorias a la larga terminaban siendo la derrota para un Campeón del Rayo agotado. Sin embargo se trataba de una pelea en la que si perdían lo perderían todo.

El hilo de pensamiento de los pecados quedó en silencio mientras un nuevo grupo de criaturas se dirigía a una primera batalla que ya sabían perdida, con suerte tendrían una pequeña actualización de la situación y a la larga terminarían ganando al agotar al campeón.

Volvieron a guardar silencio al ver que ahora tendrían que enfrentar a dos portadores del rayo, Gula tomó la palabra.

—Un segundo Campeón ha surgido, tendremos que aumentar el número de atacantes, ¡tantos como sean necesarios!

—La patrulla de asalto ya está preparada —Lujuria intervino—. Nuestras fuerzas de escolta se han formado. Cuarenta y nueve creaciones de elite.

—Con eso bastará para acabar con ambos campeones, al fin de cuentas ya se ven cansados…

Ira sonrió satisfecho.

-o-

Tras el ataque colérico de Lincoln, la calle frente a ellos había quedado vacía, aprovechando la oportunidad ambos hermanos corrieron hasta llegar a la plaza.

Una vez adentro, y bastante más tranquilo, Lincoln se preguntó que habría sido de sus hermanas. Quería creer que Lana o Lola se habían peleado o que algo había ocurrido y la salida al cine que Luna y Luan habían planeado se había cancelado, que en esos momentos su familia se reunía ilesa en casa… lejos de todo el caos; pero tampoco los habían llamado preguntando, preocupadas, dónde estaban… así que era seguro que aún no había nadie en casa. Todo lo que tenían como rastro era la gorra de Lana, Lucy la había encontrado a unas cuadras del centro comercial.

¿Habrían sido Luna y las demás víctimas del ataque? ¿Estarían atrapadas debajo de los escombros de algún de los muchos edificios derrumbados o quizá ya formarían parte de la filas enemigas?

La preocupación más grande en la mente de Lincoln eran su madre y Lily.

La plaza, para sorpresa de los hermanos, estaba repleta de personas que habían intentado huir del ataque y de la zona céntrica del pueblo sin lograrlo. De no ser por la intervención del cuerpo de policías, era seguro que las criaturas se hubieran precipitado en el interior del edificio hace tiempo. Pero incluso esos valientes hombres necesitaban ayuda, pues empezaban a quedarse sin munición y sin fuerza moral con las cuales seguir luchando.

La, cada vez más escasa, luz de día se filtraba en el vestíbulo principal a través de las ventanas tintadas del techo. El sol empezaba a esconderse, con cada segundo el interior se asemejaba un poco más a una madriguera que sólo permitiría el paso a los monstruos asechando en la noche.

Un borrón de luz rojiza pasó sobre el techo de cristal, atrayendo inmediatamente la atención de los campeones y el pánico de los demás. Siendo consciente que su hermana aún no recuperaba completamente el aliento, Lincoln se elevó por el aire, se acercó al techo y cuidando no hacer nada de ruido, abrió la ventila más próxima al extraño resplandor; dos criaturas mucho más grandes que todas las que habían enfrentado hasta ese momento se afanaban royendo con sus inmensas fauces y fundiendo con su fuego infernal las láminas metálicas del techo. Uno de esos titanes abrió con sus garras una serie de agujeros en uno de los tanques de gas antes de aventar el contenedor a la calle, el cilindro explotó al golpear el piso del parque privado en una de las terrazas cercanas, casi arrancando los arboles de sus raíces.

Los gritos de los refugiados encerrados en la plaza debajo de él, todos ellos completamente atemorizados a causa de la explosión, llegaron hasta los oídos de Lincoln.

—¡Estos son mucho más grandes que todo lo que hemos visto hasta ahora! —gritó Lincoln a su hermana y a los policías que seguían dispuestos a luchar.

Antes de cerrar el boquete que recién había abierto en el techo, Lincoln vio cómo uno de aquellos monstruos enormes se elevaba por encima de la plaza para descender por el lado opuesto del edificio, ocasionando una serie de explosiones cada vez que quebraba una tubería diferente de las muchas que abastecían al edificio entero de electricidad, agua y gas.

Tan pronto como oyeron a Lincoln gritar, las criaturas responsables del caos resultante por la infraestructura destruida volvieron a elevarse, desapareciendo de su vista a través de las nubes, sin embargo, a pesar de ya no haber homúnculos cerca, por las rejillas de ventilación empezó a llegar un olor a azufre y aire frio del exterior. De uno de los locales del piso superior, una pequeña tienda de chocolates artesanales, empezaron a llegar lamentos aterrorizados y un golpeteo histérico de manos y pies contra la cortina metálica de contención.

Un hombre que formaba parte del personal de seguridad del centro comercial miró a Lucy con ojos desorbitados y con voz temblorosa gimió.

— ¡No podremos contenerlos!

Lincoln bajó del techó y manteniendo un tono de voz tranquilo se dirigió al líder de los policías reunidos en el lugar.

—Saquen a estas personas de aquí, nosotros dos nos encargaremos de eliminar a las criaturas que se acerquen a atacarlos.

Highsmith, el oficial con más rango en toda la plaza, miró a Thunder como si fuera un demente.

— ¡Pero todo el lugar está repleto de gente y estamos completamente rodeados por esas cosas!

—Ya lo sé, tendrá que buscar una solución en lo que entretenemos a esas porquerías.

Cuando los policías despejaron el corredor principal, Lincoln le indicó al gordo guardia de seguridad que temblaba al lado de Lucy que abriera una salida de emergencia alterna para que empezaran a sacar a la gente.

Tan pronto como los policías comenzaron a organizar a los refugiados en grupos pequeños para evacuarlos con mayor facilidad, Lincoln le hizo una seña a Lucy y ambos se dirigieron al local del piso superior que recién acababa de quedar en silencio. Los hermanos dejaron fluir el poder del Campeón del Rayo por su cuerpo. Al ver los destellos eléctricos recorrer los cuerpos de sus misteriosos salvadores, los uniformados empezaron a retroceder, luchando contra los civiles que tenían detrás y empujaban para poder ver la escena.

Sin vacilar, Lucy y él atravesaron la cortina de contención y entraron al local, donde cuerpos y cadáveres de diferentes personas se apiñaban en el piso y sangre aún tibia escurría de las paredes y los anaqueles llenos de caramelos. Un viento fétido con aroma a huevo podrido, el aroma de la magia recién invocada, soplaba en todo el la tienda a causa de un boquete abierto en el techo de la tienda, a través del cual bajaron media docena de los mismos monstruos que Lincoln y Lucy habían combatido durante todo el día. Lincoln se permitió un momento de perplejidad. Estos pequeños homúnculos no eran comparables a los que acababan de abrir el agujero en el techo y eso sólo podía significar que esos gigantes estaban destinados a algo más importante.

Sin conceder un solo segundo de tregua, los monstruos recién llegados empezaron a disparar fuego desde sus bocas contra sus enemigos jurados.

Al sólo poder ver el resplandecimiento de los disparos de fuego de las criaturas así como los rápidos destellos eléctricos con los que se defendían los otros, la situación comenzó a parecerles desesperada a los refugiados y oficiales de policía fuera del local. No porque los dos sujetos altos y musculosos no pudieran defenderse por sí mismos, sino porque estaban seguros que no podrían destruir a los enemigos y defenderlos a ellos también. Pero era obvio que nadie de los presentes sabía que uno de esos sujetos había sido elegido portador de los poderes del Campeón del Rayo, el que había destruido a un parasito devorador de mundos hace unas cuantas horas y que la otra era una experta insipiente en las artes místicas.

Juntos, los hermanos exterminaron a los enemigos. Chispas y humo revoloteaban desde la tienda de golosinas, expandiéndose hacia el resto de la plaza al tiempo que las piernas y brazos de los enemigos vencidos salieron volando hacía el exterior del local. Ambos campeones se habían asegurado contra viento y marea que ninguno de los refugiados fuera golpeado por nada demasiado grande mientras eran evacuados.

En cuanto cayó la última gárgola, Lincoln se elevó a través del agujero del techo, y aterrizó en el tejado, el viento azotaba su rostro y capa haciendo que esta última ondeara sin control a su espalda, seguramente en ese momento se veía muy cool.

Con todos sus sentidos alerta, Lincoln vio al dúo de gigantes alados que habían destruido el techo de la plaza aproximarse por el aire en una amplia curva. Más lejos aún, pero acercándose rápidamente en línea recta, iban dos helicópteros del ejército.

El albino se giró para seguir con la vista al terrorífico dúo de homúnculos superdesarrollados acercarse. Al verlo, las bestias prepararon garras y colmillos. Lincoln, con un gesto infantil, les sacó la lengua provocándolos para que lo enfrentaran directamente.

Pero ninguno de los espectros logró acercarse lo suficiente para atacar. Con las alas agujereadas y el torso severamente dañado por los proyectiles disparados desde los helicópteros perseguidores, las bestias se desplomaron a medio vuelo, rebotaron contra las piernas de Lincoln, rodaron y cayeron por el tejado hasta golpear el asfalto que los esperaba cuatro pisos debajo.

Al ver que ya no había más bestias cerca, Lincoln se dejó caer por el agujero del techo y se reunió con Lucy, ahora la plaza no estaba tan llena de gente pues los policías estaban terminando de trasladar a los refugiados a un nuevo lugar seguro.

Entre uno de los grupos de civiles que se apresuraban para salir de la plaza mientras todo era seguro, el peliblanco logró distinguir a un conocido par de castañas, Ambas estaban rodeadas por un grupo de cabecitas rubias, sólo faltaba Lana pero el albino confiaba que la joven fontanera estuviera con el grupo anterior de refugiados, rodeada de policías que cuidarían de ella, igual que de sus hermanas que recién salían.

Sin poder contenerse Lucy soltó un bostezo agotado. Ya comenzaba a anochecer y la pelinegra estaba alcanzando el borde de sus fuerzas.

-o-

Amanda Waller seguía en su sala privada, en el centro de un círculo formado por sus guardaespaldas numerosos. La rechoncha mujer miraba, extremadamente seria, a través de una cámara al dúo de encapotados que estaban cuidando a los civiles refugiados en la plaza.

Los helicópteros militares, al que ya no quedaban abominaciones cerca del Gran Central, se dispersaron para apoyar a otros puntos de extracción de refugiados, dejando a la plaza en silencio.

—No lo entiendo Lincoln, esas cosas que destrozaron el techo podían haber entrado y asesinado a todos los aquí reunidos y escapar antes de que los helicópteros llegasen.

—Y hay demasiadas criaturas rondando en las alturas pero casi ninguna cae del cielo, sólo algunas pocas desciendes y obligan a las personas a dirigirse al centro... casi como si estuvieran pastoreando un rebaño.

Los ojos pálidos de Lucy brillaron al comprender lo que querían en realidad los Enemigos Mortales del Hombre, con un gesto de la cabeza señaló a los últimos refugiados en irse.

—No quieren matarlos a todos… los quieren vivos… desmoralizados y asustados.

La pelinegra acababa de decir aquellas palabras cuando algo golpeó el techo con fuerza suficiente como para zarandear a todos los que continuaban dentro del edificio. Los guardias de Waller apenas recuperaban el equilibrio y retomaban sus poses defensivas cuando la construcción entera empezó a resonar con el ritmo de unos pasos pesados, anunciando a una criatura cuyas garras avanzaban enterrándose en el hormigón del exterior de la plaza.

—Ya llegaron los verdaderos enemigos —gruñó Lincoln.

A pesar de estar sudando y jadeando, Lucy sonrió y le guiñó un ojo a su hermano mayor.

—Estoy lista para para lo que sea.

Se dirigieron a toda velocidad al local de golosinas destruido, rápidamente se elevaron y pasaron a través del techo. Alejada aún por varios metros se encontraba el receptáculo de los Enemigos Mortales del Hombre, acompañada de varias docenas de esas criaturas gigantescas y monstruosas.

Sin intimidarse ante la nueva apariencia de su hermana corrompida, Lincoln levantó sus brazos desde el interior de su ondulante capa, poniéndose en guardia, y rodeó sus manos con el poder del rayo. Cuando sus dedos apenas empezaban a refulgir con electricidad, Lynn ya estaba encima de él, atacándolo con sus garras y colmillos. Lincoln, que intentaba mantener a raya a la bestia en la que se había transformado su hermana mayor al tiempo que esquivaba sus ataques, rodaba entre las piernas del monstruo y se limitaba a golpear únicamente el rostro endurecido de la bestia, pues sabía que esa era la única forma de aturdir a semejante criatura.

Las zarpas del receptáculo de los Enemigos Mortales del Hombre vibraron y sisearon al chocar contra los antebrazos del Campeón rodeados de rayos segadores. Lynn se mantenía anclada al techo de la plaza gracias a sus garras, sin embargo ese método limitaba también sus movimientos y Lincoln, en cambio, se movía libremente por el techo sin quedarse mucho tiempo en el mismo lugar, explotando los puntos ciegos en la defensa y escurriéndose de los golpes de la criatura.

El primer y único error que cometió Lincoln fue parpadear, en ese pequeño instante la criatura se decidió a atacar con toda su fuerza. Lynn hizo girar su torso para que sus brazos rematados en garras describieran un arco paralelo a la superficie del techo, el zarpazo cortó sus dos antebrazos y derribó al peliblanco del techo. Adolorido, Lincoln no pudo frenar su caída hasta que golpeó el piso de la planta baja.

Los Enemigos Mortales del Hombre ya sabían a qué atenerse al enfrentarse con un Campeón del Rayo, podían considerarse expertos en contrarrestar las técnicas mágicas y el humano que habían escogido era una experta en las artes marciales. Viendo en las memorias del cuerpo que ahora ocupaban, los pecados descubrieron que la chiquilla ya había vencido infinidad de veces a la identidad humana del Campeón en cualquier tipo de competencia física.

Para los pecados se hizo obvio que Lincoln no sabía pelear con las técnicas oscuras y elegantes que su hermana Lynn dominaba, por lo que completamente seguros de su superioridad física, se apresuraron a continuar con el combate contra Thunder.

Aún en los cielos sobre el centro comercial, la bandada de homúnculos de elite, la escolta de los Enemigos Mortales del Hombre, cometió el error de enfrentarse en un duelo a distancia con Lucy. El cuerpo de la pelinegra era un ciclón de fuego fatuo. La piel pétrea de las criaturas era ciertamente resistente a las descargas de energía mágica, haciéndolos enemigos formidables pero para poder contraatacar primero necesitaban identificar un blanco y Lucy no les permitió disparar siquiera una sola bola de fuego.

Con hechizos y ataques que incluso un héroe de leyenda envidiaría, la mujer pelinegra rodeaba a los monstruos, esquivando sus ataques y derribando a una abominación diferente con cada disparo de energía.

La potencia del aire terminó por empujar lejos los restos de sus rivales derrotados, el poder de los Enemigos Mortales del Hombre junto con el de ambos Campeones había invocado a una tormenta eléctrica inmensa que cubría todo el pueblo.

La pérdida de su escolta de elite y el clima cambiante no pasaron desapercibidos por ninguno de los Enemigos Mortales del Hombre, pero eso no los distrajo ni los ralentizó. Confiando ciegamente en su superioridad física, sólo se preocuparon en atacar de forma incansable a Lincoln.

El coraje de Aquiles y la inteligencia de Salomón, después de intercambiar algunos golpes con Lynn, terminaron por ayudar a Lincoln a analizar la técnica de combate que el receptáculo de los Pecados estaba usando, por lo que tras meditarlo un poco, Thunder empezó a cambiar su postura y su estilo de pelea, alterando el ángulo desde el cual golpeaba, sus respuestas y bloqueos a cada ataque enemigo.

El resultado no podía considerarse "arte" marcial, pero ciertamente era efectivo para contrarrestar todas las técnicas que trataban de emplear los Enemigos Mortales del Hombre. Cuando los Pecados empezaron a recibir más golpes de los que podían bloquear o regresar perdieron el interés en seguir luchando. Empezaron a atacar de forma ciega y furiosa, desesperados por terminar el combate lo más rápido posible.

Notando casi al instante la desesperación de sus enemigos y aprovechando un descuido de su parte, Lincoln pateó la parte interna de la rodilla derecha mientras la criatura seguía avanzando obstinadamente. Por la sorprendida mirada de los ojos brillantes del avatar, Lincoln comprendió que pese a todo su poder, la parte humana no siempre estaba completamente bajo el control de los seres oscuros. Su hermana, la valiente mujer y excelente compañera de juegos y travesuras quiso evitar la zancadilla de Lincoln, pero el monstruo comandado por los Pecados, sólo quería partir a Lincoln por la mitad con sus garras.

La pezuña derecha de la criatura se dobló provocando que la rodilla tocara rápidamente el suelo. Al no poder sostener todo su peso con un solo pie, la bestia perdió el equilibrio y trastabilló. Lincoln se irguió con lágrimas en los ojos, alzó sobre su cabeza ambos brazos dispuesto a hundir sus puños en la cabeza de su hermana, de conseguir su propósito habría explotado el cráneo de Lynn y mandado a los pecados a un sueño profundo, pero un impacto repentino en su ojo derecho lo obligó a cubrirse la cara. Un helicóptero militar había vuelto y disparaba contra los dos de forma indiscriminada, Lincoln tuvo que ceder en su intento de dar el golpe final y alejarse un par de metros volando. Quedando fuera del alcance de las balas, Lincoln envió un potente rayo contra la nave y la derribó en el acto.

Viéndose libre de interrupciones, el peliblanco intentó continuar con su ataque contra los pecados, pero la criatura había huido ¿Acaso se había alejado volando? ¿El helicóptero había conseguido dañarla ahora que estaba débil?... ¿realmente estaba dispuesto a matar a su hermana mayor?

Lincoln no tuvo mucho tiempo para pensar sus preguntas. A cien metros de distancia se veían más helicópteros y algunas tropas de tierra acercarse.

Lo verdaderamente preocupante fue que antes de irse, el avatar de los Enemigos Mortales del Hombre ya había preparado una última trampa para cubrir su huida; las columnas de la plaza estallaron en mil pedazos y el edificio entero empezó a caer, con gente todavía dentro.