Akisara145: Me alegra verte de nuevo por aquí! A este lindo fic lo tenía en espera a ser traducido, y al principio quería publicarlo al terminar Rengoku o Creación en ruinas, pero no me aguanté. Creo que es debido a que hace mucho no publico un KenKao dentro del universo canon del manga XD. Y sí, dentro de ese universo es casi seguro que vamos a ver a un Kenshin lento y a una Kaoru impaciente. El fic original me gustó mucho porque más allá de esas cuestiones propias de los protagonistas, hay un tercer elemento (ya sea situación o persona...) que puede llegar a suponer una amenaza sobre todo para Kenshin, tal y como dice el summary. Es una historia simple pero bonita, espero que la disfrutes!

Gracias a vos y a CharlieFreemantheJumperch por ser los primeros en seguirla. Qué rapidez!XD


Capítulo 1

Tres semanas antes

Kaoru respiró hondo y se secó la frente sudada. Sus lecciones en el Dojo Maekawa habían terminado. Observó el cielo oscuro, el sol ya se había puesto. La kendoka suspiró y comenzó a recoger su bokken y demás cosas para volver a casa.

Desde que volvió a Tokio, después del incidente con Enishi, empezó a impartir lecciones en los dojos cercanos para obtener más ingresos. Su propio dojo necesitaba reparación, sin mencionar que Sano y Megumi ya habían tomado sus propios caminos. Kaoru estaba más preocupada por la recuperación de Kenshin, y con la ayuda de Yahiko sabía que podía dejar su dojo bajo el cuidado de su aprendiz.

Su hermoso rostro se contrarió al recordar su viaje a Kioto con Kenshin para visitar la tumba de Tomoe. A pesar de la gratitud que sentía por esa mujer que la había protegido en la isla, también sentía algo de frío en su corazón. Kaoru amaba a Kenshin. Su corazón le pertenecía a él.

Pero Kenshin…

Su corazón no era devoto sólo a ella.

Maekawa-san la acompañó hasta el portón y Kaoru se inclinó ante el hombre. No se sorprendió de ver a Kenshin esperándola afuera.

Él sonrió y se acercó a ella.

"¿Cómo estuvieron las lecciones, Kaoru-dono?"

Kaoru le devolvió la sonrisa.

"Estuvieron bien."

Un típico saludo, como siempre.

Caminaron juntos y Kaoru notó a Kenshin más cerca de lo usual. Estaba acostumbrada a su comportamiento, más aún cuando le contó de su desolación al creerla muerta. Kaoru se sonrojó al sentir la mano de Kenshin sobre su espalda baja.

Cuando llegaron al dojo, como siempre, Kenshin le ofreció la cena y un baño mientras ella le daba las gracias. Después, le dio las buenas noches a Kenshin y se fue a su habitación. Una vez allí, Kaoru suspiró largamente.

Eso fue cercano, pero nada ocurrió.


Kenshin vio a Kaoru irse a su habitación y agachó la cabeza. Una parte de él quería ir con ella, de todas maneras estaban solos, pero su lado lógico siempre salía ganando. Varias veces quiso hablarle sobre sus sentimientos, pero no sabía cómo abordarlo. Se preguntaba si Kaoru aún lo quería después de todo lo sucedido. Pero estaba seguro de una cosa, no la dejaría ir y no la dejaría él, debido a ese fuerte sentimiento que lo consumía y que fue lo que propició que se despidiera de su primer amor. Quería decirle a Tomoe que había encontrado su felicidad y que quería vivir el presente.

Después de sentir el ki de Kaoru suavizarse y escuchar su respiración acompasada, Kenshin volvió a su habitación y tomó su sakabatou. Regresó a su anterior puesto frente al cuarto de la joven, sentado en el engawa y apoyándose sobre la columna, de la misma manera en que dormía en los tiempos de guerra. Esa noche, como todas las anteriores, él la protegería.


En la mañana, como todos los días, Kaoru despertó con el desayuno listo. Yahiko ya había llegado para ayudarla a reparar la sala de entrenamientos. Kenshin no se adentró a la sala, sólo miraba de lejos. Ella a menudo veía sus ojos fijos en un punto en la pared, un punto que tenía una estocada de espada, y se estremeció. Probablemente ese era el lugar donde Enishi había colocado la muñeca.

Varios trabajadores llegaron y comenzaron su trabajo en la casa, y Kaoru, junto a Yahiko, los observaba. La chica suspiró al pensar que el dinero que había ganado el día anterior estaba destinado para pagar a los obreros.

"Disculpe, Kamiya-san."

Kaoru se volvió y vio al cartero acompañado por Kenshin. Ella parpadeó. Debió haber estado demasiado absorta, ya que no se había dado cuenta de que había entrado.

"¿Sí?"

El hombre le entregó la correspondencia. "Una carta para usted desde Yokohama."

Kaoru alzó las cejas y miró el sobre antes de tomarlo. "Gracias," dijo con una sonrisa.

El cartero se inclinó y se dio la vuelta, siempre con Kenshin a su lado. Kaoru pudo percibir al pelirrojo mirando el sobre en su mano.

Yahiko observó la carta. "¿Yokohama? ¿Tienes amigos en Yokohama?"

Kaoru se encogió de hombros. "No que yo sepa." Examinó la misiva y vio el nombre del remitente.

Fujiya.

La curiosidad de Kaoru aumentó.

Se dirigió al engawa y abrió la carta.

Estimada Kamiya-san,

Disculpe por esta repentina carta, pero no sé a quién más pedirle ayuda. Soy Yosuke Fujiya, un amigo de su padre. Ambos éramos cercanos antes de que lo enviaran a la guerra. Lamento su pérdida y la tardanza de mis condolencias. Después de que la guerra finalizara, abrí un dojo y comencé a enseñar kendo, como su padre. Y hace unos meses atrás, mi dojo tuvo intrusos e hice lo mejor de mi parte para cuidarlo. Pero, a pesar de mis esfuerzos, las cosas se están saliendo de control. Me gustaría saber si usted o tal vez alguno de sus aprendices pueda venir a ayudarme. Adjunté un mapa de mi dojo en caso de que decida acudir.

Muchas gracias.

Atentamente,

Fujiya Yosuke

Maestro del Dojo Fujiya

Kaoru parpadeó rápidamente.

Sin que ella se diera cuenta, Kenshin la miraba desde lejos.