Gracias a Akisara145 y a Ane himura por sus comentarios. Bueno, ha llegado el capítulo en que Kaoru llevará a cabo su decisión y a Kenshin le tocará también tomar la suya. A ver qué pasa! Disfruten!


Capítulo 4

"¡Kaoru-dono!"

Kaoru caminó apresuradamente por el engawa hacia su habitación. La segunda carta que había recibido era corta, pero mucho más urgente. Allí, Fujiya-san mencionaba que uno de sus estudiantes estaba herido y pedía desesperadamente por su ayuda.

"Espere, por favor."

Kaoru se detuvo cuando sintió la mano de Kenshin sobre su hombro. Debería haber sabido que él la atraparía fácilmente, y la restricción que daba su kimono no ayudaba.

"¿Qué quiere decir con eso de que tiene que ir a Yokohama?"

Kaoru respiró hondo antes de darle una respuesta. "Creo que la situación se les está saliendo de las manos. Fujiya-san realmente necesita mi ayuda."

Kenshin frunció el ceño. "¿Sabe quién ha causado problemas en su dojo?"

Kaoru negó con la cabeza. "No, él no me dijo nada específico al respecto." Kaoru inclinó su cabeza. "Creo que es algo más que simplemente alguien queriendo dar una mala impresión de su dojo. Sabré más al llegar allí."

Kenshin hizo una mueca. "Podría ser peligroso."

Kaoru esbozó una pequeña sonrisa. "Si uno de sus estudiantes está herido, naturalmente el peligro es el siguiente paso." Se dio la vuelta para seguir caminando, pero Kenshin sostuvo su brazo suavemente.

"Déjeme ir a Yokohama. Usted puede quedarse aquí."

Kaoru permaneció inmóvil. Sabía que Kenshin diría eso. Era natural en él, sentirse responsable por los sufrimientos ajenos. Pero ella ya había tomado una decisión. Fujiya-san pedía ayuda, y ella respondería al llamado en honor a la amistad que su padre tuvo con el maestro del Dojo Fujiya.

"No, Kenshin. Iré yo."

"Kaoru..."

"Dije que iré yo."

Kenshin se sobresaltó y lentamente liberó el brazo de Kaoru.

"No tienes que sentirte responsable por los asuntos que me conciernen. No tienes que sentirte obligado cada vez que sucede algo malo. Sacrificarás fácilmente tu propia felicidad." Kaoru miraba intensamente a Kenshin a los ojos. Éstos se abrieron con sorpresa. "No puedes llevar toda la carga sobre tus hombros, Kenshin."

Kaoru abrió velozmente el shoji y lo cerró, dejando atrás a un atónito Kenshin. La chica trató de calmar sus latidos y se dejó caer en el suelo.

Kenshin aún permanecía fuera de la habitación de Kaoru.

Sacrificarás fácilmente tu propia felicidad.

Caminó aturdido y se apoyó contra la columna.

Su felicidad.

Nunca pensó en eso. Siempre había asumido que él no merecía la felicidad. Pero Kaoru…ella fue la primera que pensó en su felicidad. Tal vez después de su Shishou, con sus comentarios sarcásticos.

Lo que él hacía…no era debido a un sentido de la responsabilidad. Él sólo quería ayudar. ¿Quién sabía si el problema en ese dojo era peor de lo que Kaoru esperaba? Y Kaoru se iría por un tiempo. Kenshin no podía ni imaginar cómo lo soportaría. Ya el pensar que estaba muerta hizo que pasara por un mal momento. ¿Y ahora siendo dejado atrás? ¿Fue ésa la misma sensación con la que tuvo que lidiar Kaoru cuando él partió a Kioto?


"¿Qué? ¿Te irás a Yokohama?"

Ésa fue la primera respuesta que Kaoru obtuvo de su aprendiz Yahiko al contarle su plan después de que la lección terminara.

Kaoru suspiró." Sí."

Yahiko frunció el ceño. "Por lo que me contaste, parece que no es un problema común. ¿Por qué no dejas que Kenshin vaya? ¿O que por lo menos te acompañe?"

Kaoru entrecerró sus ojos. No sabía si Kenshin le había pedido a Yahiko que le dijera lo que el chico dijo.

"Buena idea. O puedo mandarte a ti a Yokohama y ver cómo te hieren. ¿Y quién cuidará de este lugar si Kenshin y yo vamos?" Esto último hizo que temblara de placer, pero Kaoru rechazó el pensamiento.

Yahiko frunció los labios. "No me importaría ir a Yokohama." Sonrió al ver el rostro severo de Kaoru, y entonces, Yahiko rodó sus ojos. "Kaoru, él es un antiguo espadachín legendario. No puedes simplemente pedirle que se quede aquí como un ama de llaves."

"Ésta también es su casa."

Y eso hizo que Yahiko se callara.

Kaoru bajó la cabeza. "Bueno, eso es lo que pienso."

Yahiko frunció las cejas. Sabía que Kaoru había estado actuando diferente en las últimas dos semanas y que mantenía cierta distancia con Kenshin. Quería preguntarle por qué, preguntándose si Kenshin había hecho algo malo. Han vivido en ese dojo desde hace más de un año, por Kami. Algo pudo haber pasado.

"Kaoru, ¿pasa algo malo contigo y Kenshin?"

Kaoru frunció el entrecejo. "No, estamos bien."

Yahiko levantó una ceja sarcásticamente. "Puedo verlo."

Kaoru puso los ojos en blanco. "De todos modos, enviaré a los estudiantes mayores a los dojos cercanos mientras tú te quedarás aquí a enseñar a los más jóvenes."

Yahiko parpadeó. "¿Quieres que enseñe?"

"Sí."

"¿Estás segura?"

"Si no lo estuviera no te lo habría dicho."

En el rostro de Yahiko se formaba poco a poco una sonrisa. Kaoru pensaba que él era más que capaz para enseñar y el chico se prometió hacer que ella y todo el dojo se sintieran orgullosos.

"Además, puedes disfrutar de la cocina de Kenshin para ti solo y no tendrás que preocuparte por mi comida."

Yahiko miró a Kaoru a los ojos. Ella sonreía, pero había un ligero dolor en ellos. Yahiko no se sentiría del todo bien al no tenerla cerca.

"Además de tu mala cocina, este lugar estará tranquilo sin ti. Cuídate, Kaoru."

Kaoru parpadeó sorprendida por su honestidad, pero luego revolvió el cabello de Yahiko, para su consternación.


Durante los siguientes dos días, Kaoru estuvo ocupada organizando a los estudiantes mayores para practicar en otros dojos. También quería ir al Akabeko para despedirse de Tae. Kaoru se mantenía atareada, de esa forma no tendría que pensar sobre su partida a Yokohama, dejando todo atrás.

Más que nada, dejando a Kenshin atrás.

Era casi como si el destino le jugara una broma. Los papeles ahora eran inversos.

Pero yo no soy un vagabundo. Volveré.

Kaoru frunció el ceño. Regresaría, ¿pero encontraría a Kenshin al regresar?

Se estremeció y el dolor en su corazón la venció. Kaoru no podía deshacerse de sus celos hacia la primera esposa de Kenshin y ahora tenía que enfrentar las consecuencias de su partida. ¿Cómo podía el destino ser tan cruel?

Tal vez era su destino estar sola y sólo transmitir el Kamiya Kasshin-ryu. Ya tenía aprendices y nombraría a Yahiko su heredero. No era tan malo.

Kaoru suspiró tristemente y contempló el cielo anaranjado desde el puente. Estaba de camino a casa después de nombrar al último estudiante a otro dojo, luego empacaría sus cosas para su viaje. Miró el pasaje en su mano. ¿O tal vez se quedaría en Yokohama por un tiempo?

Después de dar otro suspiro mientras guardaba el pasaje en su kimono, Kaoru retomó su marcha, pero se detuvo cuando vio a Kenshin en el otro extremo del puente. Parecía alguien sacado de una pintura. El suave destello del crepúsculo lo hacía lucir etéreo con su brillante cabello y Kaoru contuvo la respiración. Kenshin sonrió y se acercó lentamente a ella.

"Ha estado fuera casi todo el día, Kaoru-dono, sí que ha estado."

Kaoru forzó una sonrisa. "Lo siento. Mis diligencias tomaron tiempo." Miró hacia el río. La intensa mirada del hombre era demasiado para Kaoru.

"¿Se marcha?"

Kaoru miró el rostro de Kenshin. "Sí."

Él se acercó más. Sus ojos se suavizaron. "¿Hay algo que pueda hacer para detenerla?"

Kaoru sonrió tímidamente. "¿Hay algo que quieras hacer para detenerme?"

Kenshin se acercó aún más. Sus rostros estaban a centímetros de distancia y Kaoru contuvo el aliento.

"Hay muchas cosas que quiero hacer para detenerte, pero sé que me odiarás por eso."

La cercanía, en combinación con sus sentimientos, instó a Kaoru a levantar la mano para acariciar la mejilla cicatrizada de Kenshin. Kenshin cerró los ojos mientras sus latidos aumentaban.

"Nunca podría odiarte. Deseo…que puedas verme por cómo soy, Kenshin, sin ser perseguida por tu turbulento pasado. Y eso no puede pasar si tu corazón le pertenece a alguien más."

Kenshin abrió sus ojos.

Kaoru sonreía con suavidad. Esa verdadera sonrisa que no había visto en dos semanas. "Espero poder volver a verte cuando vuelva a casa. Lo dije en serio cuando dije que quería estar contigo para siempre. Ojalá…sintieras lo mismo."

Kenshin miró los ojos y el rostro de Kaoru.

Su hermoso rostro.

No la dejes ir, idiota.

Su corazón gritaba, pero él sólo podía permanecer inmóvil. Quería mostrarle lo que había en su corazón, su amor, pero la mano de Kaoru posada en su mejilla izquierda le recordó cuán indigno era de su amor. Si la amaba, le causaría más daño que felicidad.

Kaoru cerró la distancia y besó la mejilla de Kenshin.

"Sayonara, Kenshin."

Tan rápido como su beso, Kaoru se apartó y comenzó a caminar. Kenshin acarició su mejilla, con el corazón desbocado. De haber visto el rostro de Kaoru, la hubiera visto limpiarse las lágrimas de sus mejillas.


Kaoru no dijo ni una palabra más. Empacó sus cosas y tomó el bokken de su padre. No le importaba si Kenshin la miraba. Por la mañana, vestida con su ropa de entrenamiento, se despidió de Yahiko y el chico le dio un gran abrazo. Kenshin no estaba a la vista.

Se dirigió sola hacia la estación de tren y se dispuso a esperar. Kaoru sintió que su corazón se partía en dos, pero por otro lado, también se sintió ligera. Ya había dicho lo que tenía que decirle a su amor. Lo dejó todo en manos del destino.

Kaoru vio el tren llegar y en el rincón más alejado de la estación, un hombre de cabellera pelirroja estaba de pie y la observaba mientras se encaminaba hacia el tren.