Nuevo capítulo!

Akisara145: Sí! Esta es su oportunidad de oro! Veremos con el pasar de los capítulo si no la termina opacando el de siempre XD. Y Hideo a buen tiempo aparece, a ver si hace temblar un poco todo y le pone picante a la situación. Otra cosa que Watsuki siempre nos debió: el rival de Kenshin jajaja. Nunca se vio amenazado así que no sabemos cómo se comportaría ante la aparición de otro pretendiente (el pintor del animé no cuenta XD). Un saludo!

persefomina: No te preocupes, este fic no se interrumpirá por nada del mundo XD! Me alegra que te guste!

Ane himura: Mmmm...en ese capítulo quién sabe qué hubiera hecho Kenshin, nos quedamos con la duda, a ver si más adelante se anima. Y Kenshin yendo es cuestión de tiempo y una motivación que lo decida de una vez, en vez de esperarla. Me alegra que te haya gustado!


Capítulo 6

Kaoru despertó cuando el sol asomó a través de la puerta de shoji. Parpadeó varias veces y se movió, para sentarse de repente. Entonces respiró hondo mientras recordaba en dónde estaba.

Estaba en Yokohama.

Kaoru aguzó sus oídos, pero el dojo parecía estar tranquilo. Gruñó al darse cuenta de que probablemente no había una figura femenina en ese dojo que pudiera preparar un desayuno adecuado. Las hijas de Yosuke no contaban.

Después de ponerse su gi y hakama de entrenamiento, Kaoru salió de su habitación y notó que de hecho el dojo estaba muy tranquilo. Camino por el engawa y vio que las puertas aún permanecían cerradas. Contempló la idea de despertar a Yosuke, pero la deshechó. Su estómago gruñó y Kaoru lanzó un suspiro, haciendo una mueca mental ante la perspectiva de preparar el desayuno para todos, debido a sus habilidades culinarias, o más bien la falta de ellas.

Cuando se acercó a la cocina, unos ruidos llegaron a oídos de Kaoru e hicieron que pestañeara. Entró con cuidado a la cocina y vio a un hombre con el uniforme del dojo Fujiya preparando el desayuno con manos expertas.

Parecía que Kenshin no era el único hombre que podía cocinar bien y el pensamiento del espadachín pelirrojo la entristeció un poco.

"Kamiya-san, ohayo."

Kaoru sonrió. "Ohayo, Kato-san."

Hideo le devolvió la sonrisa y Kaoru casi se sobresaltó al ver la mirada que el hombre le dirigió. Era tierna y profunda. La misma mirada que Kaoru vio brevemente en los ojos de Kenshin antes de irse. Sacudió su cabeza mentalmente.

"El desayuno está listo." Señaló la mesa y Kaoru vio que había varios tazones de arroz allí.

"Ah sí, gracias."

Se sentó en silencio mientras Hideo preparaba la sopa y el pescado para ella. Hideo parecía ser talentoso no sólo con el kendo, sino que también con la cocina. Después de que todo estuviese dispuesto, Hideo se sentó frente a ella y le indicó a Kaoru que comiera.

"Itadakimasu," murmuró Kaou antes de agarrar sus palillos.

Comieron en silencio. Kaoru podía sentir que Hideo le echaba la mirada varias veces. Cuando terminó, dejó su tazón y bebió su té antes de mirar detenidamente al joven hombre que tenía delante. Era muy bien parecido, con el pelo corto oscuro y la mandíbula afilada. No era pequeño como Kenshin, pero practicar kendo había hecho que tuviera una buena postura.

Las mejillas de Hideo se encendieron y Kaoru ocultó su sonrisa.

"¿Pasa algo malo, Kato-san?"

"Iie."

Kaoru hizo una mueca y asintió. Miró fuera de la habitación y escuchó unos pocos ruidos, indicándole que todos estaban despertando.

"Hemos estado vigilando este dojo día y noche desde que uno de nosotros fue herido."

Kaoru se volvió y miró a Hideo.

"Pero hice el cambio de turno temprano en la mañana y también el desayuno."

"Bueno, eres un buen cocinero. Soy tan mala en eso en casa," Kaoru trató de alivianar el ambiente.

Hideo se volvió a sonrojar y se rascó el cuello. "Fujiya-sensei me contó un poco sobre su familia. Usted es una mujer muy fuerte, Kamiya-san."

Kaoru parpadeó y rió por lo bajo. "Gracias, pero si requieres a una mujer que actúe como se supone que se debe, estoy lejos del estereotipo."

Hideo sonrió a sabiendas. "No me importaría."

Kaoru se congeló ante la repentina revelación de los afectos del joven hombre.

Antes de que tuviera oportunidad de decir algo, un grupo de jóvenes apareció en la cocina y Kaoru se volvió para verlos. Parpadearon cuando la vieron, pero rápidamente se inclinaron al reconocerla. Kaoru se inclinó levemente y se excusó de la cocina para ver a Yosuke-san. Quería pedirle permiso para usar la sala de entrenamiento. Eso, y para distraerse de lo que Hideo le había dicho.


Kaoru giró su bokken, su cuerpo se movía con las katas de su escuela. Yosuke-san le había dado permiso para usar la sala hasta el almuerzo, ya que las lecciones en su dojo se daban lugar después de la comida. Incluso cuando completó el tercer nivel del Kamiya Kasshin, no podía distraer su mente de la breve conversación que tuvo con Hideo.

Kaoru tenía la sensación de que Hideo gustaba de ella. Sabía que algunos estudiantes de otros dojos en Tokio también tenían sus ojos en ella, pero eran lo bastante inteligentes como para no acercarse debido a la presencia de Kenshin. Respiró hondo y bajó su bokken antes de inclinarse ante el santuario. Kaoru se sentó y tomó una postura de meditación post-práctica mientras cerraba los ojos. Lejos de Tokio, pero su corazón aún dolía por alguien de su propio dojo. Pero, la persona que anhelaba ya tenía su corazón con otro nombre escrito, y eso a ella le dolía.

El sonido de unas risitas hizo que Kaoru abriera los ojos y volteara la cabeza. Sakura e Inoe sonrieron cuando sus ojos se encontraron.

Kaoru ladeó la cabeza y sonrió. "Hola."

Las niñas volvieron a reír.

"Soy Kamiya Kaoru."

La niña mayor sonrió y se inclinó ante ella. "Soy Sakura y ella es mi hermana, Inoe."

"Encantada de conocerlas, Sakura e Inoe."

Ya que Kaoru las había recibido bien, las dos niñas corrieron hacia su dirección y se sentaron a ambos lados de la shihondai. Kaoru parpadeó, muy divertida.

"Te hemos visto. ¿Puedes enseñarnos a usar eso?" Inoe apuntó al bokken de Kaoru.

Kaoru sonrió juguetonamente. "¿Eh? ¿No tienen a su propio padre como sensei? Deberían pedírselo a él."

Esta vez, Sakura hizo un puchero. "Siempre se niega."

Ah.

"Hmm…¿qué puedo decir? No puedo enseñarles porque éste es el dojo de su padre. Tal vez pueda enseñarles a usar un shinai, pero el resto tienen que aprenderlo de su padre."

Ambas niñas asintieron y aplaudieron excitadas.

El corazón de Kaoru sintió calidez al verlas.


Para su sorpresa, Yosuke les dio permiso a las niñas para aprender los movimientos básicos del kendo con Kaoru. En el segundo día de la estadía de Kaoru en el Dojo Fujiya, empezó a ser la mentora de las infantes. De repente, el dojo ya no era tan tranquilo.

Yosuke también presentó a Kaoru a sus otros estudiantes, lo que divirtió mucho a la shihondai. El Dojo Fujiya tenía más estudiantes comparado con el suyo. Todos ellos se habían quedado para ayudar a Yosuke a proteger su hogar. En cuanto a los ingresos, además del dojo, Kaoru supo que Yosuke tenía su propia granja y que vendía verduras en el mercado más cercano. Durante esos momentos de paz, Kaoru se preguntaba cuándo los intrusos empezarían a armar caos.

En el sexto día, Hideo le pidió a Kaoru que lo acompañara al mercado para vender algunas verduras. Miró a Yosuke después de escuchar la solicitud de Hideo, éste rápidamente estuvo de acuerdo y dijo que Kaoru necesitaba un pequeño descanso del dojo.

Kaoru caminaba lado a lado con Hideo mientras éste cargaba dos canastas llenas de lo que se obtuvo en la granja, y con su shinai atado a la espalda. Pararon en varios puestos y Kaoru se sintió aliviada de poder vender más de lo que pensaba. Se preguntaba si podría hacer también lo mismo cuando volviera a su hogar. No podía ser una instructora de kendo toda su vida. Yahiko asumiría su posición como maestro del dojo mientras ella podía hacer algo más para obtener dinero.

"¿Disfruta de su estadía, Kamiya-san?" le preguntó Hideo a Kaoru de vuelta a casa. El mercado ya estaba cerrado y ellos eran las dos únicas personas que caminaban en la silenciosa calle.

Kaoru le lanzó una sonrisa tímida. "Ah…sí."

"¿Extraña mucho su hogar?"

Golpe sordo.

Su corazón dio un brinco.

Hideo sintió la inquietud de la chica y se disculpó apresuradamente. "Perdóneme, Kamiya-san. No quise…"

"No, está bien," contestó Kaoru con voz firme. Suspiró. "Extraño a Yahiko. Es mi aprendiz. Y también a mis otros estudiantes."

Y a…Kenshin…

"¿No hay nadie especial esperándola en casa?"

Kaoru frunció el ceño.

No sabía si podía contestar esa pregunta. Ni siquiera sabía si Kenshin aún estaría en el dojo al volver.

"Um…"

Su conversación se detuvo por el sonido de pasos frente a ellos. Kaoru y Hideo permanecieron inmóviles. El joven tomó su shinai de su espalda y se posicionó, y Kaoru tuvo un mal presentimiento. Todas esas veces, y cuando el peligro podía acechar, ella usaba kimono, dejando su bokken en el Dojo Fujiya.

"¿Una chiquilla? ¿Es todo lo que el Dojo Fujiya pudo conseguir de ayuda?"

Un hombre con ropas oscuras hizo su aparición. Parecía que tenía alrededor de 30 años, y tenía una espada en el lado izquierdo de su cintura. Kaoru tragó en seco y miró a Hideo. Él no se movía.

"¿Y esto es todo lo que Kobayashi Fujiwara podía hacer? ¿Molestar a un estudiante de kendo en la calle y amenazarlo enfrente de una joven dama?" devolvió Hideo.

Kaoru se quedó boquiabierta. ¿Qué había sucedido con el gentil Hideo?

El hombre rió, luego sonrió y guiñó un ojo a Kaoru. La joven apretó la mandíbula.

"Soy Toshi. Por si acaso nos volvemos a ver, linda."

Hideo entrecerró los ojos. "No cuentes con eso."

Toshi sonrió y se dio la vuelta antes de desaparecer en una esquina.

Hideo dio una señal de alivio y bajó su shinai.

"¿Quién era él?" preguntó Kaoru mientras Hideo ataba su shinai por la espalda.

"Uno de los hombres de Kobayashi. Tuvimos una pelea desde el último ataque." Hideo miró a Kaoru. "Deberíamos volver. Aquí ya no es seguro."

Kaoru asintió y caminó rápidamente junto a Hideo.

Sabía que los momentos pacíficos terminarían pronto.