Nuevo capítulo!

persefomina: A veces ese tipo de cosas (como la competencia) alientan a uno y lo hacen reaccionar al fin. A ver qué pasará...

Guest: Pronto Kaoru estará a prueba como kendoka, una oportunidad como pocas para desplegar sus habilidades. En cuanto a Kenshin...veremos con qué se encuentra al llegar jijiji!

Ane himura: Todos queremos ver a Kenshin muriéndose de celos! A ver cómo actúa y se conduce ante una situación desconocida para él con una Kaoru herida en sus sentimientos, además.

Muchas gracias por sus comentarios y espero que disfruten de este capítulo!


Capítulo 7

Cuando Kaoru y Hideo llegaron al Dojo Fujiya, vieron que las cosas no andaban bien. Aparentemente, no habían sido los únicos que tuvieron un enfrentamiento con los hombres de Kobayashi. Yosuke y los demás estudiantes también tuvieron el mismo infortunio. Varios estudiantes estaban heridos, incluido Yosuke. El dojo estaba hecho un desastre. Algunos ayudaban a otros a atender a los heridos mientras un hombre limpiaba la sangre de la cabeza de Yosuke.

El corazón de Kaoru se aceleró al ver al maestro del dojo.

"¡Yosuke-san!"

Yosuke sonrió débilmente al ver a Hideo y a Kaoru. "Ah, me alegra de que no los hirieran."

Hideo frunció el ceño. "Sí, sensei. Pero nos encontramos con Toshi en el mercado." Su rostro se volvió sombrío al mirar a Kaoru. "Y sabía sobre Kamiya-san."

Yosuke suspiró y siseó al sentir que el hombre empezaba a aplicarle medicina a su herida.

"Te dije que esto dolería," le dijo el hombre.

Yosuke se quejó y se dirigió a Kaoru, "Éste es el Dr. Naruse, Kaoru. Es un amigo mío. Le pedí que se quedara un tiempo aquí."

Kaoru se inclinó levemente. "Naruse-sensei. Soy Kamiya Kaoru."

El Dr. Naruse le esbozó una sonrisa. Era bastante joven, y a Kaoru le recordaba a Megumi. "Encantado de conocerte, Kamiya-san. Espero que mis habilidades puedan ayudarlos."

Kaoru asintió y miró alrededor del dojo. Sus ojos se ensancharon cuando recordó a las hijas de Yosuke.

"¿Sakura e Inoe?"

"Están a salvo," respondió Yosuke en voz baja. "Le pedí a uno de mis estudiantes que las cuidara. Parece que los hombres de Kobayashi estuvieron muy ocupados como para jugar con nosotros." Y luego, miró a Hideo y a Kaoru. "Descansen esta noche. Después de este ataque, no creo que vuelvan a hacer un movimiento pronto. Dejaré que otro estudiante haga la guardia."

"Hai, sensei," dijo Hideo antes de inclinarse. Miró brevemente a Kaoru y se alejó.

Kaoru no dijo nada, saludó a Yosuke antes de irse a su habitación.


A la mañana siguiente, Kaoru despertó cuando el sol estaba ya alto. Como siempre, se vistió rápidamente con su gi y hakama. Tenía que hacer el lavado, y su mente navegó hacia el espadachín pelirrojo.

Kaoru hizo una mueca.

No era el momento adecuado para pensar en su complicada relación.

Después de vestirse, Kaoru salió de su habitación y se dirigió a la cocina para desayunar. Se sorprendió al ver a Hideo esperándola. El joven no parecía cansado en absoluto, lucía como si lo sucedido ayer no hubiera ocurrido.

"Yosuke-sensei me pidió que te acompañara a la granja. Quiere mostrarte algo."

Kaoru miró a Hideo desconcertada, tenía el presentimiento de que algo había sucedido sin su conocimiento.

Tomando el silencio de Kaoru como un sí, Hideo le indicó que caminara a su lado. La guió a través de un camino detrás del dojo. Pudo ver a Yosuke en medio de su huerta y la sola visión hizo que Kaoru jadeara.

La huerta de Yosuke era muy grande, con muchas plantaciones y rábanos, al menos eso era lo que Kaoru imaginó que eran antes de ser quemados. Sí, la granja ahora estaba siniestrada. Todo había sido quemado. El olor a tierra y plantas chamuscadas hizo que Kaoru arrugara la nariz.

"Sabía que harían algo así, pero nunca imaginé que podría ser tan malo," dijo Yosuke con voz triste. "Construí esta granja con mi esposa. Ella la adoraba."

Kaoru se volvió para mirar al maestro del Dojo Fujiya. "Yosuke-san…" Miró de nuevo el desastre frente a ella y apretó los puños. "¿Cuál es su próximo movimiento?"

"Sobrevivir a esta prueba."

"Deberíamos pedir ayuda, Yosuke-san. No podemos hacerles frentes nosotros solos."

"¿Y qué sugieres, Kaoru?" preguntó Yosuke con frialdad. Miró el rostro de la shihondai. "Estamos completamente solos."

Kaoru le sostuvo la mirada a Yosuke con firmeza mientras hablaba. "No, no lo estamos. Tengo amigos en Kioto, un clan shinobi. Pueden ayudarnos." Su corazón quería decir algo más, pero la lógica le ganó.

Yosuke resopló y Kaoru parpadeó sorprendida.

"Shinobi, ¿eh? No se puede confiar en ellos."

"Me temo que estoy en desacuerdo con eso. Luché junto a ellos en Kioto. Son amigos confiables."

"¿Kioto? Escuchamos rumores sobre eso." Yosuke volvió la mirada hacia sus dañados cultivos. "No sabía que habías estado allí con ellos."

"Yosuke-san, tenemos que hacer algo," dijo otra vez Kaoru, con la esperanza grabada en sus palabras.

Al principio, Yosuke no dijo nada, pero luego se giró para dirigirse a Hideo, cuya presencia Kaoru casi había olvidado.

"Organicen un nuevo plan para proteger el dojo y la granja. Necesito ayuda para reparar todo," daba el maestro sus instrucciones.

"Yosuke-san, déjeme ayudarlo con la granja," dijo Kaoru inmediatamente.

Ambos hombres la miraron. Y Yosuke asintió. "Muy bien." Se alejó rápidamente de ellos mientras Kaoru volvía a observar la amarga visión de enfrente.

Yosuke aún no había estado de acuerdo con su sugerencia. Kaoru al menos esperaba que considerara la idea. Incluso con ayuda de ella, no podrían contra esos hombres.

"No sabía que tenía amigos shinobi en Kioto. Pensé que no quedaban más de ellos después de la guerra," dijo Hideo de repente y con asombro.

Kaoru sonrió mientras respondía. "Aún existen."

"¿Cómo los conoció? Supongo que no los conoció de casualidad en el mercado, ¿no?"

Kaoru agachó la cabeza. "Fue porque había seguido a alguien hasta Kioto." Levantó la cabeza y miró a Hideo.

El rostro del hombre estaba lleno de confusión.

Kaoru volvió a sonreír antes de darse la vuelta para dejar la granja. Tarde o temprano, Hideo sabría acerca del hombre que le robó el corazón.


Kaoru dejó salir un suspiro de alivio al saber que Sakura e Inoe estaban bien. Estuvo con ellas hasta el almuerzo, enseñándoles lo básico del kendo, y después de almorzar se dirigió a la granja junto con Hideo y otros cuatro estudiantes.

Además de ayudar a Yosuke, esto sería una lección de cultivo para Kaoru. Planeaba hacer algo para vivir en caso de ya no poder usar un bokken. Había un pedazo de tierra fuera de su dojo que también fue propiedad de su padre. Pensaba que sería grandioso convertir ese espacio vacío en una pequeña granja. Podría ahorrar dinero en comida si la cultivaba ella misma.

Trabajaron en silencio, sólo las indicaciones de Yosuke eran oídas. Por la tarde, las manos de Kaoru estaban llenas de tierra, y sus hombros estaban agarrotados. Nunca pensó que cultivar podía ser más exhaustivo que el kendo.

Volvieron al dojo y Kaoru tuvo el privilegio de ser la primera en bañarse, cortesía de los hombres presentes. Después de limpiarse y ponerse un kimono ligero, cenó y se sentó en el engawa para tener un momento tranquilo.

Kaoru levantó la vista hacia el cielo nocturno y se preguntó qué estaría haciendo Yahiko en ese preciso instante.

Y también Kenshin…

Kaoru suspiró profundamente y bajó la cabeza.

"¿No ha dormido, Kamiya-san?"

Kaoru casi saltó al escuchar la voz de Hideo. El joven le sonrió y se sentó junto a ella, manteniendo distancia entre ellos. Hideo vestía un ligero kimono oscuro, Kaoru parpadeó con asombro ya que nunca había visto al hombre así antes. Kaoru solía verlo con sus ropas de entrenamiento.

"Tú tampoco estás en la cama, Kato-san."

Hideo frunció los labios ligeramente. "Es difícil dormir en esta situación."

Kaoru sonrió sombríamente.

"He estado pensando sobre lo que le dijo a Yosuke-sensei. Dijo que había seguido a alguien hasta Kioto y que luchó allí junto a un clan shinobi. Ese alguien… ¿quién es él?"

La sonrisa de Kaoru vaciló y sus hombros se tensaron.

Hideo notó el cambio en su ki y sonrió a sabiendas. "Es alguien especial, ¿no es así?"

Kaoru apartó el rostro.

"¿Por qué vino aquí, Kamiya-san?"

"Quiero ayudar."

"¿Dejándolo?"

Kaoru se encogió de hombros y suspiró con tristeza. "Por desgracia, él no sentía lo mismo."

Hideo levantó las cejas. "¿Es eso? Entonces ese hombre no es capaz de ver la belleza que hay ante él."

Kaoru rió con amargura. "No soy así, Kato-san. No sé cocinar y no soy una dama como su…" Kaoru se detuvo abruptamente y horrorizada de lo que casi se le escapó.

La expresión de Hideo se volvió sombría, tanto por mirar el rostro de Kaoru como por su decepción al saber que otro hombre ocupaba el corazón de la joven." ¿No es usted la primera?"

Kaoru hizo una mueca. "Creo que he hablado de más."

"No de más, más bien poco. Es sólo que sus gestos ya delataron mucho."

Kaoru sonrió juguetonamente. "Nunca he sido buena mintiendo."

Hideo rió por lo bajo. "No, no lo es, y eso es lo bueno de usted, Kamiya-san." Se puso serio. "¿Cuántas personas cree que hay quienes parecen buenas pero con corazones contaminados? Su hombre debería saberlo, especialmente si estuvo en la guerra."

Kaoru pestañeó con rapidez. "Kato-san…¿cómo -?"

"¿Cómo lo supe?" Los ojos de Hideo brillaron. "Si tenía amigos de un clan shinobi y estuvo involucrada en el evento de Kioto que le mencionó a mi sensei, ese alguien no es una persona que se conoce al azar en la calle."

¡Ja!

Kaoru casi rió. Hablando de ironía.

"Usted tiene la fuerza de un gran espadachín. No había conocido a una mujer así hasta ahora." Habiendo dicho eso, Hideo sonrió y se puso de pie. "La belleza no está solamente en la apariencia, Kamiya-san."

Kaoru miró a Hideo pensativa. El joven la había sorprendido. No muchos hombres tenían su misma perspectiva, sobre su valor como mujer, sobre lo que hacía dada su juventud. Por otro lado, se sentía curiosa sobre los orígenes de los estudiantes del dojo, ya que todos habían permanecido en el Dojo Fujiya por semanas.

"Eres un gran hombre, Kato-san. Tus padres deben de estar muy orgullosos de ti," dijo Kaoru al fin.

Hideo sonrió, no muy feliz. "Mi familia está en Shizuoka. La mayoría de los estudiantes aquí son de otros lugares y no de Yokohama. Este dojo es nuestro hogar."

"Oh…"

Así que era eso.

"Nos vemos mañana, Kamiya-san. Oyasuminasai." Se inclinó ligeramente antes de abandonar el lugar.

Kaoru exhaló largamente y volvió a mirar el cielo nocturno.

Si tan sólo el hombre que dijo las palabras de Hideo fuera aquel al que le pertenecía su corazón.


Por la mañana, mientras Kaoru lavaba la ropa, (admitiendo interiormente que Kenshin era mucho mejor que ella en eso) Yosuke le pidió a todos sus estudiantes, incluiyendo a Kaoru, reunirse con él en la sala de entrenamiento. Todos se reunieron, los heridos y los demás, y también ella.

"Recibí una carta de Kobayashi. Quiere venir aquí esta noche."

Los ojos de Kaoru se ensancharon.

¿Esta noche?

La sala de repente se vio envuelta en jadeos y murmullos.

Yosuke levantó la mano. "Lo sé… lo sé. No será para tomar el té pero, si decide quemar el dojo, no se lo permitiré." Su postura se puso rígida. "Prepárense para esta noche. No los presionaré para defender este dojo si no quieren pelear. Así que si quieren retirarse, no los juzgaré."

Kaoru miró alrededor mientras uno de los estudiantes daba un paso al frente.

"Lucharemos a su lado, sensei. Defenderemos este dojo."

Se escuchó un sólido grito al unísono en la sala y Kaoru sonrió. Yosuke era afortunado por tener estudiantes tan leales como ellos.

"Muy bien. Se termina la reunión. Discutiremos nuevamente después del almuerzo."

"Hai, sensei."

Todos ellos se inclinaron y dejaron la sala. Hideo miró rápidamente a Kaoru antes de irse.

"Kaoru…"

Kaoru sonrió y se aproximó a Yosuke. "Tiene suerte de tener tan buenos estudiantes, Yosuke-san."

Yosuke le devolvió la sonrisa y a continuación, su rostro se volvió sombrío. "Kaoru, quiero que te quedes con Sakura e Inoe, sólo por si acaso."

Kaoru parpadeó. "¿Nani?"

Yosuke suspiró y observó el santuario en medio de la habitación. "Esta noche la cosa no terminará bien. Al menos quiero asegurarme de que mis hijas estarán a salvo." Se volvió para mirar a Kaoru. "Prométeme que las protegerás."

"Sabe que lo haré, Yosuke-san."

Yosuke asintió, satisfecho. "Bien. Y si… si no lo logro, llévalas junto a los parientes de su madre. Ellas saben adónde ir."

El corazón de Kaoru latía cada vez más rápido.

"Yosuke-san… ¿Ha considerado pedir ayuda a mis amigos de Kioto?"

El maestro sonrió con tristeza. "No tenemos tiempo para eso. Aunque envíes las noticias, ellos llegarán aquí en dos o tres días. Sería demasiado tarde. Quiero que te quedes con mis hijas si lo peor llega a pasarme. "

El rostro de Kaoru adoptó una expresión grave. "Esperemos que no resulte así."


Mientras Kaoru se preparaba para la batalla en Yokohama, en Tokio, Kenshin fregaba la ropa con dureza. Había pasado una semana desde que Kaoru dejó el dojo y tenía que admitir… la extrañaba. Nunca se había sentido así, con Kaoru experimentaba nuevas emociones que nunca antes había pensado que existían. Después de la charla que tuvieron antes de que se fuera, Kenshin no sabía si podía mostrar sus verdaderos sentimientos o si ella incluso creyera en cómo él se sentía respecto a ella.

Yahiko se quedó con él en el dojo, limpiaba todo en su tiempo libre, mientras él lavaba y cocinaba. Tae estuvo de visita dos veces para asegurarse de que Yahiko no hiciera un desastre. Por la tarde, Yahiko tenía clases con los estudiantes más jóvenes y los observaba practicar.

Durante ese tiempo, Kenshin abría muy a menudo la puerta de shoji de la habitación de Kaoru y miraba su interior. El cuarto estaba vacío, por supuesto, pero de alguna manera le daba fuerzas para enfrentar los días sin ella. Durante las noches aún dormía fuera de la habitación de Kaoru.

Los viejos hábitos nunca morían.

Hablando de hábitos, varios escenarios surgieron en su mente.

¿Estará Kaoru bien?

¿Se habrá lastimado?

¿Volverá a casa pronto?

"Estás dañando tu ropa, Kenshin."

Kenshin parpadeó. "¿Oro?" Se volvió y vio a Yahiko en el engawa mirándolo de brazos cruzados.

Los ojos del niño brillaron. "¿Qué pasa contigo?"

Kenshin se volvió hacia su ropa. "No es nada."

Yahiko levantó las cejas. "¿Es así?" Sabía por qué Kenshin actuaba de esa manera. Él también extrañaba a Kaoru. "La extrañas, ¿no es así?"

Kenshin dejó lo que estaba haciendo por un momento antes de volver a fregar.

Yahiko suspiró. "Si lo haces, ¿por qué no vas a verla por ti mismo?"

Kenshin se detuvo de nuevo y respiró hondo antes de replicar. "Eso… sería imprudente."

"¿Ah, sí? ¿Quién lo dice?"

Kenshin negó con la cabeza. "No soy digno de su amor."

"Después de todo lo que sucedió, ¿todavía piensas de esa manera?" Yahiko miró al pelirrojo. No podía ver el rostro del hombre, pero el leve cambio en su ki hizo que su sonrisa se torciera. Y decidió que era ahora o nunca.

"Kaoru no es ella, Kenshin. Ella no te guarda rencor, no planea matarte, y sobre todo, no tiene un hermano lunático para golpear a tu puerta y reclamar su venganza terrenal como un maníaco… bueno, tiene un aprendiz muy dispuesto a hacerte entender si sigues actuando así."

"No creo que se ponga feliz si la sigo."

"Qué interesante. No te sentiste así cuando fuimos detrás de ti a Kioto."

Kenshin bajó la cabeza.

"Deja de pensar si eres indigno o no. Ella te quiere. Y si te quiere, ¿no crees que significa que has hecho algo bien? ¿Lo que sea que haya sido?" Yahiko respiró hondo, y mentalmente, pudo sentir los cuernos de un diablo salir sobre su cabeza. Sabía que lo que iba a decir a continuación marcaría a Kenshin sin fin.

"Además, está sola en otro dojo. Durante días, y ahora una semana, con muchos hombres. Ella ya tiene suficientes admiradores aquí, pero saben que no es prudente pasar por encima de ti. Pero sin duda es diferente en Yokohama."

Kenshin parpadeó al darse cuanta y de repente se levantó.

Yahiko sonrió. Sabía que había dado en el blanco. "¿No la quieres también?"

Kenshin respiró tembloroso. Oh, sí, realmente la quería. No sólo físicamente, sino todo de ella. Y quedaría devastado si dejaba que otro hombre avanzara con Kaoru.

Yahiko asintió, sintiéndose terriblemente satisfecho consigo mismo. "Como dije, esta vez es diferente. Nadie te dice que te mantengas alejado ni nada. Actúa como un hombre, ¿lo harás?"

De manera inconsciente, Kenshin apretó sus puños y se volvió a Yahiko. Su ki cambió dramáticamente y Yahiko sonrió ante eso.

"¿Estarás bien quedándote aquí solo?" Los ojos de Kenshin brillaban.

Yahiko enarcó una ceja mientras sus ojos brillaban. "No te preocupes por eso. Algunos estudiantes o tal vez Tae me ayudarán si lo necesito."

Kenshin asintió y se dio la vuelta antes de que Yahiko lo detuviera.

"Ehhh… ¿Kenshin? ¿Vas a terminar de lavar?"

El pelirrojo parpadeó. "¿Oro?"