Nuevo capítulo!

Ane himura: Pues mucho no tuviste que esperar XD. Gracias por tus palabras y me alegra que te esté gustando la historia. Espero que este capítulo también, saludos!

kaoruca: Siii! Jajaja! Ufff, ajustate el cinturón porque este tipo de comentarios sigue, creo XD. Te agradezco las palabras, y a ver qué pasa ahora con este nuevo aliado para el dojo. Saludos!

serena tsukino chiba: Es el momento clave para Kaoru y Kenshin, tendrán que decirse muchas cosas que ambos se venían guardando. Y también hacerle ver a Toshi su suerte. Espero que te guste este nuevo capítulo, saludos!


Capítulo 9

Tiempo presente

Hubo un momento en el que Kenshin y Kaoru se miraron sin decirse nada antes de que éste se aproximara a ella, extendiendo su mano para ayudarla a levantarse. Kaoru miró la mano de Kenshin durante un instante y la agarró firmemente. Kaoru se levantó y tomó su bokken, gruñendo un poco debido al dolor en su estómago.

"Kaoru-dono…" Kenshin rápidamente envolvió con su brazo izquierdo la espalda de Kaoru mientras que su mano derecha estaba en el estómago de la chica.

Kaoru se sonrojó y trató de sonreír. "Estoy bien. Es un golpe sin importancia."

Kenshin frunció el ceño y miró alrededor del dojo. Los estudiantes levantaban los cuerpos inconscientes hacia fuera del dojo y aparentemente la batalla había terminado.

"Yosuke-san…" dijo Kaoru, volviendo la cabeza lentamente para mirar a Kenshin.

Sus ojos volvieron a encontrarse.

"Él está bien," respondió Kenshin, sintiendo alivio por haber salvado a la chica a tiempo.

Kaoru asintió y suspiró. "Me alegro." Entonces miró a Sakura y a Inoe. "Vayamos con su padre," les dijo.

Las niñas asintieron aturdidas y siguieron a Kenshin y a Kaoru. Kenshin aún envolvía su brazo protectoramente alrededor de la cintura de Kaoru cuando llegaron al sector principal.

"¡Padre! ¡Padre!"

Sakura e Inoe corrieron hacia su padre y lo abrazaron apenas lo vieron. Kaoru dejó salir un suspiro de alivio. Sus ojos se encontraron con los de Hideo y el joven sonrió levemente antes de que sus ojos se fijaran en Kenshin. El espadachín pelirrojo, sin embargo, pudo sentir el ki de Hideo y volvió sus ojos hacia él.

"Mis niñas…oh, Kami…están a salvo." Yosuke soltó su abrazo y observó a Kenshin y a Kaoru. "Gracias por protegerlas." Y miró a Kenshin más detenidamente, su pelirroja cabellera y su cicatriz en forma de cruz que se destacaban. El maestro tuvo una idea de quién podría ser su misterioso salvador. "Y gracias por su ayuda. Estoy en deuda con usted…mmm…"

Kenshin sonrió. "Himura Kenshin."

"Ah, sí, Himura-san. Gracias. Soy Fujiya Yosuke, el maestro de este dojo." Y luego, miró la espada de Kenshin, consciente de la prohibición de espadas. "Su espada…"

La katana que no causó sangrado.

"Mi espada es para proteger. No hay necesidad de preocuparse. No la uso para mi propio beneficio."

"Mmm…¿es amigo de Kaoru de Kioto?"

Kenshin miró a Kaoru y la chica agachó la cabeza. ¿Kioto? ¿Por casualidad Kaoru le contó a Fujiya-san sobre sus amigos del Aoiya?

El espadachín sonrió antes de volverse a Yosuke para darle una respuesta cautelosa. "Iie. Soy de Tokio, sí que lo soy."

"Gracias por haber venido, Himura-san. Apreciamos su apoyo oportuno." Yosuke miró a Kaoru. "Naruse-sensei puede revisar tu herida, Kaoru." Y miró a Kenshin profundamente a los ojos. "Mientras tanto, me gustaría hablar con Himura-san, si no le importa."

Kenshin le devolvió la mirada a Yosuke sin vacilar. Presentía que el maestro había descubierto su identidad. "Eso sería un placer," replicó.

Kaoru parpadeaba con admiración por la interacción entre Kenshin y Yosuke, y luego asintió.

"Por favor, sígame, Himura-san." Yosuke se dio la vuelta y empezó a caminar por el corredor con sus hijas.

Kenshin se dirigió a Kaoru. "Kaoru-dono, ¿está segura de que está bien?"

"Hai, no te preocupes por mí. Ahora veré a Naruse-sensei."

Kenshin asintió ligeramente y acarició por un instante la mejilla de Kaoru antes de volverse y seguir a Yosuke. Kaoru quedó aturdida y lentamente se tocó al mejilla.

¿Qué había sucedido?


Cuando Kenshin llegó a la habitación, vio que Yosuke ya estaba esperándolo y entró lentamente. Kenshin se sentó frente a Yosuke y el maestro le señaló las tazas frente a ellos. Kenshin sonrió con gratitud y tomó un sorbo, era té. El sabor era suave y de fragancia algo fuerte, algo diferente a lo que él y Kaoru tenían en Tokio.

"Gracias, Fujiya-san, por el té."

Los labios de Yosuke esbozaron una sonrisa, sus ojos aún miraban a Kenshin curiosos. "Soy yo quien debería agradecerle, Himura-san. Salvó mi vida." Y dejó salir su curiosidad, "Pelo rojo y cicatriz en forma de cruz. ¿Es usted la persona que creo que es?"

Kenshin dejó su taza y miró el rostro de Yosuke. Sabía que el maestro le había reconocido. "Lo era. En esta nueva era, sólo soy Kenshin."

"Ah, ya veo," sonrió Yosuke. "Nunca pensé que tendría la oportunidad de conocer al legendario hitokiri del Bakumatsu, y mucho menos tenerlo sentado frente a mí, tomando el té."

Kenshin sonrió con amargura. Su cabellera pelirroja y su cicatriz revelaban a gritos su oscuro pasado. No importaba cuánto lo intentara, no escaparía de ello.

"¿Kaoru envió por usted?"

Kenshin negó con la cabeza. "Iie. Vine por mi cuenta."

Yosuke gruñó. "¿Así que es amigo suyo?" Se preguntó bajo qué circunstancias Kaoru había conocido al legendario hitokiri.

Kenshin sonrió con melancolía. "Si ella desea que sea su amigo, está bien para mí."

Yosuke levantó las cejas antes de reír a carcajadas. "Ajaja…Entiendo. Parece que Kaoru tiene un pretendiente, y uno muy pegadizo por lo que veo."

Kenshin se sonrojó levemente ante el comentario tan directo, sintiéndose medio aliviado de que Yosuke no pareciera molesto con su pasado. Le preocupaba que el maestro expresara su desacuerdo para ser el pretendiente de Kaoru.

Cuando terminó de reír, Yosuke le planteó repentinamente una pregunta seria. "Su espada…Vi que golpeó a Kobayashi con la hoja, pero no lo mató."

Con una pequeña sonrisa, Kenshin desenvainó su sakabatou y la extendió para que el maestro pudiera verla. "La hoja está invertida. Es mi voto de no matar."

Yosuke contempló la katana de Kenshin y asintió mientras la evaluaba. "La espada que no mata. Debió haber sido difícil para usted mantener ese voto al principio."

Kenshin volvió a enfundar su espada. "Y lo sigue siendo." Inclinó su cabeza levemente. "Kamiya Kasshin Ryu tiene los mismos ideales que los míos, la espada que no mata. Kaoru-dono hizo que creyera en eso y trataré de que suceda en esta nueva era."

Yosuke gruñó en voz baja. Su respeto por Kenshin crecía significativamente. Entendió que Kaoru debía significar demasiado para el espadachín pelirrojo, ya que había hecho todo el camino desde Tokio para echarle una mano.

Kenshin volvió a mirar a Yosuke. "¿Qué está sucediendo en este dojo, Fujiya-san, que Kaoru-dono tuvo que dejar su hogar para asistirlo?" Y dejarme, también,' Kenshin hizo una mueca interiormente.

Yosuke suspiró largamente. "Quizás debería empezar por contarle toda la historia."


El Dr. Naruse le había dicho a Kaoru que su herida sólo era superficial. El doctor le dio un ungüento para su magulladura, y eso fue todo. Hideo, por otro lado, necesitaba ser atendido adecuadamente ya que su herida era mucho más seria. Kaoru ayudó al Dr. Naruse a ponerle vendajes en su brazo izquierdo. El sangrado se había detenido, pero le llevaría un tiempo sanar. Aunque el dojo estaba hecho un desastre, Kaoru estaba contenta de que no hubiera víctimas entre los estudiantes. Los que se quedaron en la granja ya habían regresado y también habían derribado a unos cuantos hombres allí.

"¿Era él?" le preguntó Hideo de repente a Kaoru luego de unos momentos de silencio cuando el Dr. Naruse los dejó solos.

Kaoru miró a Hideo a los ojos antes de bajar la cabeza y volver a su tarea de vendar el brazo del joven.

Hideo sonrió. Ésa era suficiente respuesta para él.

"¿Así que vino hasta aquí por usted?"

Kaoru se encogió de hombros y ató las vendas, sin gustarle el rumbo que su conversación estaba tomando. "¿Quién sabe?"

"Un hombre que la sigue desde Tokio…No parece tomarlo tan en serio como se supone que debería."

Kaoru se mordió el labio y revisó las vendas del brazo de Hideo. Cuando estuvo segura de que la herida estaba cubierta de forma segura, se apoyó contra la columna más cercana. "Es complicado. No lo entenderías."

Hideo miró su vendaje y movió el brazo a modo de prueba. "¿Por qué duda de él, Kamiya-san? ¿Es porque no es su primer amor?"

"Tal vez. También porque no es del todo honesto conmigo." Kaoru miró a Hideo, tratando de explicarse mejor. "Supe de su primera esposa…mmm…difunta esposa por una circunstancia grave y no porque quisiera decírmelo, y no fue un momento feliz para mí."

Hideo levantó las cejas con incredulidad. "¿Esposa?"

"Sí."

"Eh…bueno, no es de extrañar que sea complicado." Concordó Hideo.

Kaoru rió por lo bajo. Hideo era el tipo de hombre con el que era divertido tratar.

Hideo respiró. "Entiendo cómo se siente, Kamiya-san. El hombre que ama perdió a alguien importante y usted no es la primera, es natural que piense que no puede reemplazar a esa persona." Y luego sonrió a sabiendas. "Pero como hombre, puedo decir que vino aquí por usted."

Kaoru no pudo decir nada ante el comentario.

"Descanse, Kamiya-san. Ha sido un día largo," dijo Hideo y se levantó con cuidado para dejar la habitación.

"Hai," fue su suave respuesta.


Kaoru estaba sentada en el piso, contemplando el bokken de su padre que tenía ante ella, símbolo de su maestría en su dojo. Pero, sinceramente, no era el bokken lo que ocupaba su mente. Era el espadachín pelirrojo quien de repente hizo su aparición en ese dojo, lejos de Tokio. Ella sólo se había ido por una semana, y ahí lo tenía.

Kaoru sabía que su relación había cambiado desde el Jinchuu de Enishi. Kenshin mostró sus afectos, a su manera, sin dejar en claro su propósito. Kaoru entendió que no tenía experiencia en cómo relacionarse de manera romántica con una mujer, especialmente desde su primer matrimonio, que fue más o menos por conveniencia en tiempos de guerra, sin mencionar las circunstancias manchadas de odio y traición.

Y la sangre de Kaoru se congeló.

Sabía que no podía estar junto a Kenshin con la sombra de su primera esposa permaneciendo con ellos.

Y fue por eso que aceptó la invitación que fue hecha mediante esa carta.

Y ahora, él estaba allí.

Un suave golpe en el shoji la sacó de sus pensamientos.

"¿Quién es?" preguntó.

No hubo respuesta.

Kaoru permaneció quieta por un momento antes de ponerse de pie y abrir el shoji.

Y la visión tras el shoji hizo que su corazón brincara. Kenshin estaba ahí, sosteniendo una bandeja con dos tazas, usando un kimono ligero y con el cabello suelto, y su sakabatou en su costado izquierdo. Esa visión era algo que Kaoru nunca se había imaginado antes.

El pelirrojo sonrió. "¿Le gustaría tomar té conmigo, Kaoru-dono?"

Kaoru parpadeó. Miró la bandeja y luego a Kenshin. Su sonrisa no vacilaba.

Kaoru sonrió lentamente, también.

"Sí, sería agradable."

Los ojos de Kenshin brillaron y esperó a que Kaoru se acomodara en el engawa antes de sentarse junto a ella, con la bandeja entre ellos y la sakabatou a un lado junto a él.

Ambos tomaron su té, pero Kaoru no se sentía relajada. Su curiosidad la ponía nerviosa, y ya no pudo contenerse más.

"¿Por qué estás aquí?" preguntó Kaoru en voz baja. Sus ojos no se apartaban de la taza que descansaba en su regazo.

Desde el rabillo del ojo, vio que Kenshin dejaba su taza y la miraba a la cara. "Para seguir a mi corazón."

Kaoru quedó helada.

No, no digas eso. No me des falsas esperanzas.

Agarró su taza fuertemente. "¿Tu corazón o tu deber?"

La sonrisa de Kenshin se desvaneció un poco. Kaoru lo escuchó suspirar y lo encaró, pero el pelirrojo observaba el cielo estrellado.

"Conozco a alguien a quien una vez le dije adiós y luego me siguió a Kioto." Kenshin se volvió a Kaoru. "¿Cree que esa persona lo hizo por deber, o simplemente por seguir a su corazón?"

Kaoru casi frunció el ceño ante la familiar analogía. "No llevo a otro hombre en mi corazón, Kenshin."

Kenshin sonrió genuinamente, haciendo que la chica levantara las cejas. "Entonces debes de saber cómo me siento al seguirte desde Tokio."

Kaoru frunció el ceño y colocó su taza en la bandeja. Para su sorpresa, con su velocidad, Kenshin sujetó su muñeca.

El tiempo se detuvo y Kaoru levantó poco a poco su cabeza para mirar al hombre que estaba frente a ella.

"Kaoru…"

Sus ojos eran suaves y ella podía sentir a la mano callosa que la sujetaba con tanta gentileza y al mismo tiempo con temor de dejarla ir. La shihondai trató de calmar su respiración antes de decir rápidamente, "Es tarde. Deberíamos dormir ahora. Buenas noches, Kenshin."

Una vez más, para su sorpresa, Kenshin la soltó de su agarre y la dejó ir. Se separaron en silencio.

Más tarde esa noche, Kaoru vio una sombra conocida fuera de su shoji; la sombra de un hombre sentado en el engawa, apoyado contra una columna con la cabeza inclinada y su espada descansando en su hombro derecho.