DECLARACIÓN:

Los personajes de Naruto no pertenecen son pertenecientes a Masashi Kishimoto

CAPÍTULO 21

Mis ojos se adaptan a la oscuridad, aunque la única claridad que hay es la de la luz de la luna que se filtra por el amplio ventanal.

—¿Naruto? —susurro. Oigo que maldice al tropezar con algo e intento no reírme.

—Estoy aquí —dice, y enciende una lámpara del escritorio. Observe la enorme habitación, que me recuerda a la de un hotel. Una cama con dosel con sábanas oscuras está centrada contra la pared que hay al otro extremo del cuarto; parece de tamaño extragrande, con al menos veinte almohadones encima. El escritorio de madera de cerezo también es enorme, y el monitor del ordenador que reposa sobre éste es más grande que el televisor de mi habitación en la residencia. El gran ventanal tiene un banco adosado, mientras que las demás ventanas están cubiertas por unas gruesas cortinas azul marino que impiden que entre la luz de la luna.

—Éste es mi... cuarto —dice Naruto, y se frota el cuello con la mano. Parece casi avergonzado.

—¿Tienes un cuarto aquí? —pregunto, aunque es evidente que sí. Es la casa de su padre, y Shikamaru vive aquí. Él me dijo que Naruto nunca vino, así que tal vez por eso parece más un museo, con todo nuevo y un aire muy impersonal.

—Sí... Nunca he dormido aquí... hasta esta noche. Se sienta en un baúl que hay a los pies de la cama y se desata las botas. Se quita los calcetines y los mete dentro del calzado. No puedo creerme que vaya a formar parte de una primera vez de algo para Naruto.

—Vaya, ¿y eso por qué? —pregunto, aprovechándome de su ebria honestidad.

—Porque no quiero. Odio esta casa —responde en voz baja.

Se desabrocha los pantalones negros y los desliza por sus piernas.

—¿Qué estás haciendo?

—Desnudarme —responde, afirmando lo obvio.

—Pero ¿por qué?

Aunque una parte de mí está deseando sentir sus manos sobre mi cuerpo de nuevo, espero que no crea que voy a practicar sexo con él.

—No será posible que duerma con vaqueros y botas —dice medio riéndose. Se aparta el pelo de la frente y éste se le queda de punta. Todos sus gestos avivan el fuego salvaje que recupera mi cuerpo.

—Ah —respondo. Se quita la camiseta y yo aparte la mirada. Su estomago tatuado es perfecto. Me lanza la prenda pero no la cojo y dejo que caiga al suelo. Enarco una ceja y el sonrie.

—Póntela para dormir. Supongo que no será necesario meterme en la cama con la ropa interior. Aunque, por supuesto, a mí no me importaría en absoluto que lo hiciera. — Me guiña un ojo y me río como una tonta. «¿ Por qué me estoy riendo

No puedo dormir con su camiseta, me sentiré demasiado desnuda.

—Dormiré con lo que llevo puesto —decidido. Observa mi ropa. No ha hecho ningún comentario grosero respecto a mi falda larga ni mi blusa azul holgada, así que espero que no empiece ahora.

—Ok, como quieras; si prefieres estar incómoda, adelante. Se dirige a la cama, vestido sólo con su bóxer, y empieza a tirar los cojines de decoración de la cama al suelo. Me acerco y abro el baúl, que, como había imaginado, está vacío.

—No los tires al suelo. Van aquí —le digo, pero él se ríe y arroja otro más al suelo. Gruñendo, recojo los cojines y los guardo en el baúl. Naruto se ríe de nuevo y retiró el cubrecama antes de dejarse caer sobre el colchón. A continuación, se lleva los brazos detrás de la cabeza, cruza los pies y me sonríe. Las palabras tatuadas en sus costillas se estiran por la posición de sus brazos. Su cuerpo largo y definido es exquisito. (Hinata que estas pensando jaja)

—No irás a lloriquear por tener que dormir en la cama conmigo, ¿verdad? — pregunta, y pongo los ojos en blanco. No espero hacerlo. Sé que está mal, pero deseo dormir en la cama con Naruto más de lo que he deseado nunca nada antes.

—No, la cama es lo bastante grande para los dos —respondo con una sonrisa. No sé si es por su sonrisa o por el hecho de que sólo lleve puesto el bóxer, pero estoy de mucho mejor humor que antes.

—Ésa es la Hina que a mí me gusta —bromea, y el corazón se me sale del pecho ante su elección de palabras. Sé que no le gusto, y que nunca le gustaré, no de esa manera, pero me ha encantado oírlo de sus labios. Me meto en la cama y me acurruco en un extremo, lo más alejada del cuerpo de Naruto que puedo. Un centímetro más y me caeré al suelo. Oigo cómo se ríe y me vuelvo para mirarlo.

—¿Qué te hace tanta gracia?

—Nada —miente, y se muerde el labio para intentar no reírse. Me gusta este Naruto juguetón; su humor es contagioso.

—¡Dímelo! —digo haciendo pucheros. Sus ojos se centran en mi boca y se lame los labios antes de atrapar el piercing entre los dientes.

—Nunca has dormido con un chico, ¿verdad? Se pone de lado y se acerca un poco a mí.

—No —respondo sencillamente, y su sonrisa se intensifica. Estamos sólo a medio metro de distancia y, sin pensar, alargo la mano y le meto el dedo en el hoyuelo de la mejilla. Él me mira a los ojos sorprendido. Me dispongo a apartar la mano, pero él me la coge y vuelve a pegarla a su cara, después empieza a subirla ya bajarla por su mejilla lentamente.

—No entiendo por qué nadie te ha follado todavía; con toda esa planificación que haces, debes de oponer una buena resistencia —dice, y trago saliva.

—Nunca he tenido que resistirme con nadie —admito. Los chicos del instituto me encontraban muy atractiva y me tiraban los perros, pero nadie intentó nunca hacerlo conmigo. Todos sabían que estaba con Kiba; éramos populares y a los dos siempre nos votaban como reyes del baile todos los años.

—O estás mintiendo o fuiste a una escuela de ciegos —réplica—. Sólo con mirarte los labios se me pone dura. Sofoco un grito ante sus palabras, y él se ríe. Acerca mi mano a su boca y la pasa por sus labios húmedos. Siento su aliento cálido en mis dedos, y me sorprende cuando saca los dientes y me muerde la yema del dedo índice con suavidad, lo que me provoca ese extraño hormigueo en la parte inferior del estómago. Desliza mi mano por su piel y las puntas de mis dedos registran el tatuaje de una enredadera que tiene en el cuello. Naruto me observa detenidamente, pero no me frena.

—Te gusta cómo te hablo, ¿verdad? —Su expresión es oscura, pero muy sexi... Contengo la respiración, y él sonríe—. Veo cómo te sonrojas, y oigo cómo se altera tu respiración. Contéstame, Hina, utiliza esos labios carnosos que tienes —dice, y me río tímidamente. No sé qué otra cosa hacer. Jamás admitiré que sus palabras activan algo en lo más profundo de mi ser. Me suelta la mano pero envuelve mi muñeca con sus dedos y hace desaparecer el espacio que nos separa. Tengo calor, demasiado. Necesito refrescarme o no tardaré en empezar a sudar.

—¿Puedes encender el ventilador? —pregunto, y él arruga la frente—. Por favor. Suspira, pero se levanta de la cama.

—Si tienes calor, ¿por qué no te quitas toda esa ropa tan pesada? Además, esa falda tiene pinta de picar. Ya me extrañaba que no se metiera con mi ropa, pero su comentario me hace sonreír porque sé muy bien sus verdaderas intenciones.

—Deberías vestirte acorde con tu figura, Hina. Esa ropa esconde todas tus curvas. Si no te hubieras visto en ropa interior, jamás habrías imaginado lo sexi que eres y las magníficas curvas que tienes. Esa falda parece un saco de patatas. Me río ante esa especie de insulto y cumplido a la vez.

—¿Qué sugieres que me pongas? ¿Medias de rejilla y tops palabra de honor?

-No. Bueno, me encantaría verte con eso, pero no. Puedes taparte, pero llevar ropa de tu talla. Esa blusa también esconde tu pecho, y tienes unas tetas preciosas que no deberías ocultar.

—¡Deja de usar esas palabras! —lo reprendo, y él sonríe. Vuelve a la cama y acurruca su cuerpo casi desnudo cerca del mío. Sigo teniendo calor, pero los extraños cumplidos de Naruto me han infundido una nueva seguridad en mí misma. Me levanto de la cama.

—¿Adónde vas? —pregunta asustado.

—A cambiarme —contesto, y recojo su camiseta del suelo—. Date la vuelta y no mires —digo con los brazos en jarras.

-No.

—¿Cómo qué no?

«¿ Por qué se niega

—No pienso voltearme. Quiero verte.

—Ah, Ok—digo. Sin embargo, me limito a sonreír, sacudo la cabeza y apago la luz. Naruto protesta, y yo sonrío para mis adentros mientras me bajo la cremallera de la falda. La dejo caer a mis pies y, de repente, se enciende otra luz.

—¡Naruto!

Me apresuro a recoger la falda y a subírmela de nuevo. Él está apoyado sobre un codo y recorre mi cuerpo con la mirada sin ninguna vergüenza. Me ha visto con menos ropa, y sé que no va a hacerme caso, así que respiro hondo y me quito la blusa por la cabeza. Admito que estoy disfrutando de este juego. En el fondo sé que quiero que me mire, que me desee. Llevo unas bragas y un sujetador blancos y sencillos, nada del otro mundo, pero la expresión de Naruto hace que me sienta sexi. agarro su camiseta y me la pongo. Huele de maravilla, como él.

—Ven aquí —susurra desde su posición. Entonces callo la vocecita de mi subconsciente que me dice que huya lo más rápidamente que pueda y me dirijo a la cama. Naruto fija su mirada ardiente en mis ojos mientras me acerco a él. Apoyo la rodilla sobre el colchón y me doy impulso para subirme. Al mismo tiempo, él se incorpora de manera que su espalda queda apoyada contra la cabecera y me ofrece la mano. En el mismo instante en el que poso mi mano pequeña en la suya, la envuelve con los dedos y tira de mí hacia él. Coloco las rodillas a ambos lados de su cuerpo de manera que quedo a horcajadas sobre su regazo. Ya he hecho esto antes con él, pero nunca llevando tan poca ropa. Mantengo la espalda erguida apoyándome en las rodillas para que nuestros cuerpos no se toquen, pero Naruto no piensa permitirlo. Coloca las manos en mis caderas y me empuja hacia abajo suavemente. Su camiseta se arrugó a mis costados, dejando mis muslos completamente al descubierto, y entonces me alegro de haberme afeitado las piernas esta mañana. En cuanto nuestros cuerpos se tocan siento mariposas en el estomago. Sé que esta felicidad no durará, y me siento como Cenicienta, esperando a que el reloj dé la hora y mi noche de dicha llegue a su fin.

—Mucho mejor —dice, y me sonríe con malicia. Sé que está ebrio y que por eso está siendo tan agradable, bueno, agradable tratándose de él, pero ahora mismo no me importa. « Si de verdad ésta es la última vez que voy a estar con él, así es como quiero pasarla», me digo, y no paro de repetirlo. Esta noche puedo comportarme como quiera con Naruto, porque cuando llegue la luz del día, le voy a decir que no vuelva a acercarse a mí jamás, y él lo aceptará. Es lo mejor, y sé que es lo que seguirá él también cuando se le pase la borrachera. En mi defensa, he de decir que Naruto me embriaga tanto como a él la botella de whisky que ha ingerido. También me repito esto a mí misma constantemente. Él sigue mirándome directamente a los ojos, y empiezo a ponerme nerviosa. ¿Qué he de hacer ahora? No tengo ni idea de hasta dónde quiere llevar a cabo esto, y no quiero quedar como una idiota intentando tomar la iniciativa. Parece darse cuenta de mi expresión de apuro.

—¿Qué pasa? —pregunta, y acerca la mano a mi cara. Su dedo recorrió mi pómulo y yo cierro los ojos de manera involuntaria ante su caricia sorprendentemente agradable. —Nada..., es que no sé qué hacer —admito, y bajo la mirada.

—Haz lo que quieras, Hina. No te comas la cabeza. Me inclino un poco hacia atrás para dejar al menos treinta centímetros de distancia entre nuestros cuerpos y levanto la mano hacia su torso desnudo. Lo miro para pedirle permiso y él asiente. Pego las dos manos contra su pecho con suavidad y veo cómo cierra los ojos. Mis dedos trazan el contorno de las aves que tiene tatuadas y descienden hasta el árbol muerto de su estómago. Parpadea mientras recorro la frase que tiene escrita en las costillas. Su expresión es relajada, pero su pecho aumenta y desciende más agitado que hace unos instantes. Incapaz de controlarme, bajo la mano y cuelo el dedo índice por debajo del elástico de su bóxer. Abre los ojos al instante y parece nervioso. «¿ Naruto, nervioso

—¿Puedo... eh... tocarte? —pregunto con la esperanza de que capte a qué me refiere sin necesidad de tener que decirlo. No me reconozco. «¿ Quién es esta chica que está montando a este macarra y pidiéndole permiso para tocarlo... ahí abajo Vuelvo a pensar en lo que me ha dicho antes acerca de que soy yo mismo cuando estoy con él. Puede que tenga razón. Me encanta como me siento ahora mismo. Me gusta la electricidad que recorre mi cuerpo cuando estamos así. Asiente.

-Por favor.

De modo que, bajo la mano, por debajo de la prenda interior, y alcanzo lentamente el ligero bulto que se esconde bajo la tela. Contiene el aliento mientras lo rozo con la mano. No sé qué hacer, así que simplemente sigo tocándolo, pasando los dedos arriba y abajo. Me da demasiada vergüenza mirarlo, por lo que mantengo la vista fija en su creciente entrepierna.

—¿Quieres que te enseñe lo que tienes que hacer? —pregunta en voz baja y temblorosa. Su actitud presuntuosa se ha transformado en algo misterioso. Asiento y Naruto coloca la mano sobre la mía y me la baja para que lo toque de nuevo. Me abre la mano y coloca mis dedos unidos alrededor de su miembro. Cuando lo oigo agarrar aire súbitamente, lo miro con los ojos entornados. Aparta la mano de la mía y me proporciona control absoluto.

—Demonios, Hinata, no hagas eso —gruñe. Confundida, detengo la mano y estoy a punto de retirarla cuando dice:

—No, no, eso no. Sigue haciendo eso. Me refería a que no me miraras de esa manera.

—¿De qué manera?

—De esa manera tan inocente, porque me dan ganas de hacerte un montón de perversiones. Quiero tumbarme sobre la cama y dejar que me haga lo que quiera. Quiero ser suya, liberarme por un momento de lo que sea que hace que tenga tanto temor algunas veces. Le sonrío débilmente y empiezo a mover la mano de nuevo. Quiero quitarle los bóxer, pero me da miedo. Un gemido escapa de sus labios y lo agarro con más fuerza; quiero oír ese sonido de nuevo. No sé si debería mover la mano más rápido o no, de modo que mantengo mis movimientos lentos pero firmes, y a él parece gustarle. Me inclino y pego los labios contra la húmeda piel de su cuello, lo que provoca otro gemido por su parte.

—demonios, Hina, me encanta sentir tu mano alrededor de mí. —Aprieto con algo más de fuerza y hace una mueca de dolor—. No tan fuerte, nena —dice con una voz suave que suena como si nunca pudiera volver a ser la misma que se burlaba de mí.

—Perdona —repongo, y le beso el cuello de nuevo. Lamo la piel que tiene debajo de la oreja y su cuerpo salta como un resorte. Apoya las manos sobre mis pechos.

—¿Puedo... quitarte... el... sujetador? —dice con voz áspera y descontrolada. Me fascina el efecto que ejerzo sobre él. Asiento, y sus ojos se iluminan de emoción. Cuela sus manos temblorosas por debajo de la camiseta, asciende por mi espalda y me desabrocha el sujetador en cuanto sus dedos tocan los corchetes con tanta destreza que por un momento pienso en cuántas veces lo habrá hecho antes. Me obligo a no pensar en eso, y Naruto desliza los tirantes por mis brazos, obligándome a soltarlo. Tira mi sujetador al suelo, vuelve a meter las manos por debajo de la camiseta y me agarra los pechos de nuevo. Me pellizca ligeramente los pezones al tiempo que se inclina para besarme. Gimo en su boca y alargo la mano para volver a agarrar su miembro.

—Demonios, Hina, voy a correrme —dice, y siento cómo la humedad de mis bragas aumenta a pesar de que únicamente me está tocando el pecho. Creo que podría correrme también con sólo oír sus gemidos y sentir sus manos masajeándome los senos. Sus piernas se tensan por debajo de mí y su beso se vuelve descuidado. Deja caer las manos a los costados. Entonces siento cómo la humedad se extiende a través de su bóxer y aparto la mano. Nunca había hecho que nadie se corriera. Me arde el pecho, henchido con la nueva y extraña sensación de que estoy un paso más cerca de ser una mujer. Observo la mancha de humedad en los bóxer de Naruto y me encanta el control que siento que tengo sobre él. Me encanta ser capaz de proporcionarle a su cuerpo tanto placer como él se lo proporciona al mío. Él deja caer la cabeza hacia atrás y respira hondo unas cuantas veces mientras yo permanezco sentada sobre sus muslos sin saber qué hacer. Al cabo de un momento, abre los ojos, levanta la cabeza y me mira. Una leve sonrisa se dibuja en su rostro, y se inclina hacia adelante para besarme en la frente.

—Nunca me había corrido así —dice, y vuelvo a sentir vergüenza.

—¿No lo he hecho bien? —pregunto, e intento levantarme de sus piernas. Me lo impide.

—¿Qué? No, lo has hecho de maravilla. Normalmente necesito algo más aparte de que alguien me toque por encima de los bóxer. Me muero de celos. No quiero pensar en todas las otras chicas que habrán hecho que Naruto se sienta así. Al percatarse de mi silencio, me agarra de las mejillas y me acaricia la sien con el pulgar. Me consuela el hecho de que las demás hayan tenido que esforzarse más que yo, pero aun así desearía que no hubiese otras. No sé por qué me siento de este modo. Naruto y yo no estamos juntos. Nunca vamos a salir ni a hacer nada más que esto pero, ahora mismo, sólo quiero disfrutar del momento, solos él y yo. Me río al pensar eso. No soy de esa clase de personas que «viven el momento».

—¿En qué estás pensando? —me pregunta, pero yo niego con la cabeza. No quiero hablarle de mis celos. No es justo, y no quiero tener esa conversación.

—Vamos, Hina, dímelo —dice, y yo niego con la cabeza otra vez. Entonces hace algo nada propio de él: me agarra de las caderas y empieza a hacerme cosquillas. Grito muerto de la risa y me dejo caer sobre la blanca cama. Sigue haciéndome cosquillas hasta que ya no puedo respirar. Su risa retumba por toda la habitación, y es el sonido más bonito que he oído jamás. Nunca lo había oído reír de esta manera, y algo me dice que casi nadie lo habrá hecho. A pesar de sus muchos defectos, me siento afortunada de poder verlo así.

—¡OK, Ok! ¡Te lo diré! —chillo, y se detiene.

—Buena decisión —asiente. Pero entonces baja la mirada y añade—: Pero espera un momento. Tengo que cambiarme los bóxer. Me ruborizo.

Hasta aqui el capitulo

05/abril/2022