DECLARACION:

Los personajes de Naruto no pertenecen son pertenecientes a Masashi Kishimoto

CAPÍTULO 22

Naruto se acerca a la cómoda, abre el primer cajón, saca un bóxer de cuadros azules y blancos y lo sostiene en el aire con cara de asco.

—¿Qué pasa? —pregunto recostada sobre el codo con la cabeza apoyada en la mano.

—Esto es horrible —dice.

Me río, pero también me alegro de que mis dudas sobre si había ropa o no en la cómoda se han resuelto por fin. La madre de Shikamaru o el padre de Naruto deben de haber comprado toda la ropa de la habitación para él, y es triste que comprasen todo esto y llenasen la cómoda con la esperanza de que Naruto viniera algún día.

—No están tan mal —le digo, y pone los ojos en blanco. No creo que haya nada que le quede mejor que su bóxer ajustado de siempre, pero tampoco creo que haya nada que pueda quedarle mal.

—En fin, a caballo regalado... Vuelvo inmediatamente —dice, y sale del cuarto vestido sólo con los boker mojados.

« Mierda. ¿Y si Shikamaru los ve? —pienso—. Qué humillación Mañana a primera hora tengo que buscar a Shikamaru y explicarle lo que ha pasado. Pero ¿Qué voy a decir? ¿Qué no es lo que parecía? ¿Qué sólo estábamos hablando, y entonces accedí a pasar la noche con él, y no sé cómo acabé en bragas y camiseta y le hice lo más parecido que he hecho a una paja? Eso suena fatal. Apoyo la cabeza en la almohada y miro al techo. Considero levantarme y comprobar mi móvil, pero no lo hago. Lo último que necesito ahora es leer mensajes de Kiba. Seguramente estará asustado, pero, la verdad, mientras no se lo cuente a mi madre, no me importa como debería. Si he de ser completamente sincera conmigo misma, no he sentido lo mismo por él desde que besé a Naruto por primera vez. Quiero a Kiba; siempre lo he querido. Pero empiezo a preguntarme si realmente lo quiero como novio o como a alguien con quien quiero pasar el resto de mi vida, o si lo quiero porque me aportaba estabilidad. Siempre que lo he necesitado ha estado ahí y, en apariencia, somos la pareja perfecta, pero no puedo pasar por alto lo que siento cuando estoy con Naruto. Nunca había tenido esta clase de sensaciones. Y no me refiero sólo a cuando estamos el uno encima del otro, sino a las mariposas que siento cuando me mira, a cómo necesito verlo desesperadamente incluso cuando estoy furiosa con él y, principalmente, a cómo invade mis pensamientos incluso cuando intenta convencerme a mí mismo de que lo detesto. Naruto se ha introducido en mi sistema, por más que intente negarlo. Estoy en su cama en lugar de con Kiba. Entonces, la puerta se abre e interrumpe mis pensamientos. Miro hacia allí y veo a Naruto con los bóxer de cuadros y me río. Le están un poco grandes, y son mucho más largos que su bóxer habitual, pero, de todos modos, le sientan genial.

—Me gustan. —Sonrío y él me fulmina con la mirada, apaga la luz y enciende el televisor. Se mete en la cama y se tumba cerca de mi.

—Bueno, ¿Qué ibas a decirme? —me pregunta, y hago una mueca de fastidio. Esperaba que se le hubiera olvidado—. No te hagas la tímida ahora. Acabas de hacer que me corra en los boxer —bromea, y me acerca hacia sí. Entierro la cabeza en la almohada y se echa a reír. Asomo la cabeza de nuevo y él me acomoda el pelo detrás de la oreja antes de darme un tierno beso en los labios. Es la primera vez que me besa así, y me parece un gesto más íntimo que cuando nos besamos con lengua. Apoya la cabeza en la almohada y cambia de canal. Quiero decir que me abrace hasta que me quede dormida, pero tengo la sensación de que él no es de la clase de chicos que se acurrucan con su pareja.

«Quiero ser buena persona por ti, Hina.» Sus palabras se reproducen en mi cabeza y me pregunto si lo decía de verdad o si era el alcohol el que hablaba.

—¿Todavía estás borracho? —pregunto, y apoyo la cabeza en su pecho. Se pone rígido, pero no me aparta.

—No, creo que nuestra competición de gritos en el patio me ha despejado —dice. Sostiene el mando a distancia con una mano mientras mantiene la otra suspendida en el aire sin saber muy bien qué hacer con ella.

—Bueno, al menos, de nuestra discusión ha salido algo positivo. Gira la cabeza hacia mi.

—Sí, supongo —dice, y por fin apoya la mano en mi espalda. Su abrazo me reconforta de una manera increíble. Me diga las cosas horribles que me diga mañana, no podrá arrebatarme este momento. Éste se ha convertido en mi nuevo lugar favorito, con mi cabeza apoyada en su pecho y su mano sobre mi espalda.

—Creo que en realidad me gusta más el Naruto ebrio —digo bostezando.

—¿En serio? —repone, y me mira de nuevo.

—Puede —bromeo, y cierro los ojos.

—Se te da fatal desviar la atención de las cosas. Y ahora, habla.

—Estaba pensando en todas las chicas con las que has..., ya sabes, hecho cosas.

Intento esconder el rostro en su pecho, pero él deja el mando sobre la cama y me levanta la barbilla para que lo mire.

—¿Por qué estaba pensando en eso?

—No lo sé..., porque no tengo ninguna experiencia, y tú tienes mucha. Karin incluida —concurso. Cada vez que me los imagino juntos, me dan ganas de vomitar.

—¿Estás celosa, Hina? —dice con voz socarrona.

—No, claro que no —miento.

—Entonces, no te importará que te dé detalles, ¿verdad?

-¡No! ¡Por favor, no lo hagas! —le ruego, y él se ríe y me estrecha con su brazo un poco más. No dice nada más al respecto, y siento un alivio tremendo. No podría soportar oír los detalles de sus escarceos. Noto que empiecen a pesarme los párpados e intenten centrarme en la televisión. Me siento tan a gusto aquí, entre sus brazos...

—No te estarás durmiendo, ¿verdad? Todavía es pronto —dice, pero sus palabras apenas lograron espabilarme.

—¿En serio?

Tengo la sensación de que son, por lo menos, las dos de la mañana. He llegado aquí sobre las nueve.

—Sí, son sólo las doce.

—Eso no es pronto. —Bostezo de nuevo.

—Para mí, sí. Además, quiero devolverte el favor. «¿ Qué?... Ah. » La piel me arde al instante.

—Te apetece que lo haga, ¿verdad? —ronronea, y yo trago saliva. Por supuesto que quiero. Lo miro e intento ocultar mi sonrisa ansiosa. Sin embargo, se da cuenta y, con un rápido pero delicado movimiento, hace que cambiemos de postura, de manera que quede suspendido encima de mí. Apoya el peso en un solo brazo y baja la otra mano. Levanto la pierna hasta su costado y, cuando flexiono la rodilla, él desliza la mano desde mi tobillo hasta la parte superior de mi muslo.

—Eres tan suave... —dice, y repite el movimiento. Me da un apretón en el muslo y se me eriza el vello en cuestión de segundos. Naruto se inclina y me da un beso en un lado de la rodilla. El gesto hace que estire la pierna como por acto reflejo. Me la agarra y se ríe mientras la envuelve con su brazo. «¿Qué va a hacer?» La anticipación me está matando.

—Quiero saborearte, Hina —dice con la vista fija en mi rostro para analizar mi reacción. Se me seca la boca al instante. «¿ Por qué me pide besarme si sabe que puede hacerlo cuando quiera Separo los labios y lo espero.

-No. Aquí abajo —me explica deslizando la mano entre mis piernas. Debe de estar sorprendido ante mi tremenda falta de experiencia, pero al menos intenta contener la sonrisa. Lo miro con el ceño fruncido y me toca con el dedo por encima de las bragas, lo que provoca que inspire súbitamente y contenga el aliento. Sus dedos acarician suavemente mi sexo por encima de la ropa mientras sigue mirándome a los ojos.

—Ya estás mojada. —Su voz es más grave que de costumbre. Su aliento caliente me arde en la oreja, y desliza la lengua por mi lóbulo—. Háblame, Hina. Dime cuanto lo deseas. Sonríe y yo me estremezco cuando aplica más presión en mi zona más sensible. Soy incapaz de articular una palabra porque mi cuerpo está en llamas a causa de sus caricias. Unos segundos después, aparte la mano y gimo en señal de protesta.

—No quería que pararas —imploro.

—No ha dicho nada —responde, y yo reculo.

No me gusta este Naruto. Quiero al Naruto alegre y juguetón.

—¿Es que no era evidente? —le pregunto al tiempo que me dispongo a levantarme. Él se incorpora y se sienta sobre mis muslos, apoyando el peso de su cuerpo sobre sus rodillas separadas. Acaricia con los dedos la parte superior de mis muslos y mi cuerpo reacciona al instante, elevando las caderas para rozar el suyo.

—Dilo —me ordena.

Sé que sabe perfectamente que lo desea, pero quiere que lo diga en voz alta. Asiento y él menea el dedo de un lado a otro delante de mí.

—Nada de asentir. Dime que quieres que lo haga, nena —insiste, y se aparta de mis rodillas. Sopeso mentalmente los pros y los contras de esta situación. ¿Merece la pena que me humille y le diga a Naruto que quiero que me... bese ahí abajo a cambio de la sensación que puedo obtener si lo hace? Si es parecido a lo que me hizo con los dedos el otro día, sí que merece la pena. Alargo la mano y lo agarro del hombro para evitar que siga apartándose de mí. Sé que estoy comiéndome la cabeza demasiado al respecto, pero no puedo evitarlo.

—Quiero que lo hagas —digo acercándome más a él.

—¿Quieres que haga qué, Hyugaa?

Venga ya; sabe perfectamente lo que está haciendo.

—Pues eso..., besarme —digo, y su sonrisa se intensifica. Se inclina y me besa en los labios. Pongo los ojos en blanco y me besa en los labios otra vez.

—¿Era esto lo que querías? —dice con una sonrisa traviesa, y le doy una palmada en el brazo. Quiere que le suplique.

—Bésame... ahí. —Me pongo colorada y me tapo la cara con las manos. Él me las aparta, riéndose, y lo miro con el ceño fruncido—. Me estás haciendo pasar vergüenza a propósito. —Sus manos todavía están sobre las mías.

—No pretendo hacerte pasar vergüenza. Sólo quiero oír lo que quieres de mí.

—Olvídalo, Naruto —digo, y suspiro sonoramente. Siento vergüenza, y tal vez tenga las hormonas revolucionadas y estén confundiendo mis emociones, pero ahora el momento ha pasado y estoy furiosa con su ego y su constante necesidad de provocarme. Me doy la vuelta y me pongo de lado, de espaldas a él, y me cubro con la sábana.

—Oye, lo siento —dice, pero finjo no oírlo. Sé que una parte de mí sólo está enfadada conmigo misma por convertirme en la típica chica adolescente cuando estoy cerca de él.

—Buenas noches —le espeto, y oigo cómo suspiro con resignación.

Masculla algo por lo bajo que suena como «Ok», pero no le pido que lo repita. Me obligo a cerrar los ojos e intento pensar en otras cosas que no sean la lengua de Naruto o el modo en que su brazo me cubre el cuerpo mientras me quedo dormida.

Tengo calor, demasiado calor. Intento destaparme, pero no lo consigo. Cuando abro los ojos me vienen a la mente la noche anterior: Naruto gritándome en el patio, el whisky en su aliento, el cristal roto en la cocina, Naruto besándome, Naruto gimiendo mientras lo tocaba, su bóxer mojado. Intento levantarme, pero pesa demasiado. Tiene la cabeza apoyada sobre mi pecho y el brazo alrededor de mi cintura, cubriéndome por completo con su cuerpo. Me sorprende que acabáramos así; debe de haberse movido durmiendo. Admito que no quiero salir de la cama, ni separarme de Naruto, pero tengo que hacerlo. Tengo que volver a mi habitación. Kiba está ahí.

kiba Kiba... Empujo con suavidad el hombro de Naruto y lo coloco boca arriba. Se da la vuelta y se pone boca abajo, gruñendo, pero no se despierta. Me apresuro a levantarme y recojo mi ropa del suelo. Como la cobarde que soy, quiero marcharme de aquí antes de que se despierte. No creo que le importe, así no tendrá que malgastar energías hiriéndome a propósito si me marcho por mi propia voluntad. Esto es lo mejor para los dos. A pesar de lo mucho que nos reímos juntos ayer, nada es igual a la luz del día. Naruto recordará que nos entendimos bastante bien anoche, y quedará la necesidad de ser aún más detestable para compensarlo. Es su manera de actuar, pero esta vez no estaré ahí para aguantarlo. Ayer, por un instante, se me pasó por la mente que tal vez nuestra noche juntos lo cambiaría de opinión, haría que quisiera tener algo más conmigo. Pero sé que no es así. Doblo su camiseta, la coloco sobre la cómoda y me abrocho la cremallera de la falda. Mi blusa está arrugada por haber estado tirada en el suelo, pero ésa es la menor de mis preocupaciones en este momento. Me pongo los zapatos y, mientras abro la puerta, pienso que una miradita más no me va a matar. Naruto sigue durmiendo. Su pelo revuelto descansa sobre la almohada y su brazo está ahora extendido hacia un costado. Está tan sereno, tan guapo a pesar de los piercings de metal que salpican su rostro... Me doy la vuelta y giro el pomo.

—¿Hina?

Se me cae el alma a los pies. Me vuelvo lentamente hacia Naruto, esperando ver sus severos ojos azules mirándome con furia, pero están cerrados; ahora está frunciendo ligeramente el ceño, pero sigue dormido. No sé si me alivia que esté dormido o si me entristece que haya pronunciado mi nombre en sueños. «Pero ¿lo ha hecho o estoy empezando a tener alucinaciones?» Salgo de la habitación y cierre la puerta con cuidado. No tengo ni idea de cómo se sale de esta casa. Avanzo por el pasillo y siento alivio al encontrar la escalera fácilmente. Desciendo por ella y casi choco con Shikamaru. Se me acelera el pulso mientras intento pensar en algo que decir. Sus ojos analizan mi rostro y permanecen en silencio, esperando una explicación, supongo.

—Shikamaru..., yo... —No tengo ni idea de qué decir.

—¿Estás bien? —pregunta preocupada.

—Sí, estoy bien. Debes de pensar que...

—No pienso nada. Te agradezco de verdad que vinieras anoche. Sé que no te gusta Naruto, y significa mucho para mí que vinieras a ayudarme a controlarlo. « Vaya. Qué bueno es. Demasiado bueno Casi deseo que me diga lo disgustado que está de que haya pasado la noche con Naruto, dejando a mi novio solo en mi cuarto después de llevarme su coche y correr al rescate sólo para sentirme todo lo mal que debería.

—Entonces, ¿Naruto y tú volviste a ser amigos? —pregunta, y yo me encojo de hombros.

—No tengo ni idea de lo que somos. No sé lo que estoy haciendo. Es que... él...

—Empiezo a sollozar. Shikamaru me estrecha entre sus brazos para darme un abrazo de consuelo.

—Tranquila. Sé que a veces puede ser horrible —dice con voz suave. Un momento..., creo que estoy llorando porque Naruto me ha hecho algo espantoso. Seguramente jamás imaginaría que estoy llorando por lo que siento por él. Tengo que largarme de aquí antes de arruinar la buena opinión de que Shikamaru tiene de mí y antes de que Naruto se despierte.

—Debo irme —digo—. Kiba me estará esperando. Shikamaru me sonríe con comprensión y se despide de mí. Me subo en la troca de Kiba y conduzco de regreso a la residencia lo más rápido que puedo, llorando durante la mayor parte del trayecto. ¿Cómo voy a explicarle todo esto a Kiba? Sé que tengo que hacerlo, no puedo mentirle. No quiero ni imaginarme el daño que le voy a hacer. Soy una persona horrible por hacerle esto. ¿Por qué no me habré mantenido alejada de Naruto? Me calmo todo lo que puedo antes de dejar el coche en el aparcamiento de estudiantes. Camino todo lo despacio que soy capaz, sin saber muy bien cómo voy a enfrentarme a Kiba. Cuando abro la puerta de mi habitación, lo encuentro tumbado sobre mi pequeña cama, mirando al techo. Salta en cuanto me ve entrar.

—¡Demonios, Hinata! ¡¿Dónde ha estado toda la noche?! ¡Te llamó sin parar! — grita. Es la primera vez que me levanta la voz. Hemos discutido antes, pero esto resulta bastante intimidante.

—Kiba, lo siento muchísimo, de verdad. Fui a casa de Shikamaru porque Naruto estaba borracho y estaba destrozándolo todo, y supongo que no me di cuenta de la hora que era. Cuando terminamos de recogerlo todo ya era muy tarde y se me había acabado la batería —miento. No me puedo creer que esté mintiendo a la cara. Después de todas las veces que ha estado ahí cuando lo he necesitado, aquí estoy yo ahora, mintiéndole descaradamente. Sé que debería contárselo, pero no quiero hacerle daño.

—Y ¿por qué no me ha llamado desde otro teléfono? —dice en tono agresivo, pero entonces hace una pausa—. Bueno, olvídalo. ¿Naruto estaba destrozándolo todo? ¿Estás bien? ¿Por qué te quedaste allí si estaba siendo agresivo? Tengo la sensación de que me está haciendo mil preguntas a la vez, y empiezo a agobiarme.

—No estaba siendo agresivo; sólo estaba borracho. Nunca me haría daño —digo, y me tapo la boca, deseando desesperadamente poder tragarme esas últimas palabras.

—¿Qué quieres decir con que «nunca te haría daño»? ¡No lo conoces, Hinata! — exclama, y se aproxima a mí.

—Quería decir que no me haría daño físicamente. Lo conozco lo suficiente como para saber eso. Sólo estaba intentando ayudar a Shikamaru, que también estaba allí — contesto. Pero lo cierto es que Naruto sí me haría daño. Emocionalmente ya lo ha hecho, y estoy seguro de que volvería a hacerlo. Sin embargo, aquí estoy, defendiéndolo.

—Creía que ibas a dejar de relacionarte con esa clase de gente. Nos lo prometiste a tu madre ya mí. Hinata, esas compañías no te hacen ningún bien. Has comenzado a beber ya pasarte toda la noche de fiesta, y anoche me dejaste aquí tirado. No sé para qué me has hecho venir si luego te marchas así. —Se sienta y apoya la cabeza entre las manos.

—No son malas personas; tú no los conoces. ¿Desde cuándo eres tan sentencioso? —le pregunto.

Debería estar suplicándole que me perdone por lo mal que lo trató, pero no puedo evitar sentirme irritada por cómo está hablando con mis amigos. «Especialmente de Naruto», puntualiza la voz de mi conciencia, y me dan ganas de asesinarla.

—No soy sentencioso, pero tú nunca te habías relacionado con góticos antes.

-¿What? No son góticos, Kiba, sólo son ellos mismos —respondo, y estoy tan sorprendida ante mi tono rebelde como él.

—Me da igual. No me gusta que salgas con ellos. Te están cambiando. Ya no eres la misma Hinata de la que me enamoré. —No se detecta malicia en su tono. Sólo tristeza.

—Verás, Kiba... —empiezo, pero entonces la puerta se abre de golpe. Mi mirada sigue la línea de visión de Kiba hasta un furioso Naruto que acaba de irrumpir en la habitación. Miro a Naruto, después a Kiba, y luego a Naruto otra vez. Sé que esto no va a acabar bien.

Hasta aqui el capitulo de hoy.

06/abril/202

creo que cuando no hay amor lastiman alas personas sin intención creo que le esta pasando a Hinata y creo que Kiba se pasa de buena gente o simplemente no quiere a Hinata como el piensa no?

déjenme sus comentarios que les esta pareciendo la historia.