DECLARACIÓN:

Los personajes de Naruto no pertenecen son pertenecientes a Masashi Kishimoto

CAPÍTULO 24

Karin entra en la habitación y me abraza inmediatamente. Es curioso cómo sus brazos frágiles pueden resultar tan reconfortantes.

—Gracias por sacarlo de aquí —sollozo, y ella me abraza con más fuerza. Ahora estoy llorando con ganas, y no creo que vaya a parar en un buen rato.

— Naruto es amigo mío, pero tú también lo eres, y no quiero que te haga daño — explica—. Lo siento mucho, todo esto es culpa mía. Sabía que debería haberle dado mi llave a Deidara, y no debería haber dejado que se acercara a ti todo el tiempo. A veces puede ser un auténtico gilipollas.

—No, no es culpa tuya en absoluto. Lo siento, no quería entrometerme en nuestra amistad.

—No seas tonta —dice.

Cuando me aparte, veo que me mira con preocupación. Agradezco que esté aquí, más de lo que pueda imaginar. Me siento completamente sola: Kiba se va a tomar un tiempo para decidir si rompe conmigo o no, Naruto es un idiota, a mi madre le daría algo si le contara esto, y Shikamaru se sentiría muy decepcionado conmigo si supiera la verdad de mi situación con Naruto. No puedo contar con nadie más que con esta chica tatuada con el pelo de fuego que jamás creí que llegaría a ser mi amiga. Pero me alegro mucho de que lo sea.

—¿Quieres hablar de ello? —me pregunto. La verdad es que si. Necesito desahogarme. Se lo cuento todo, desde la primera vez que besé a Naruto, lo del día en el arroyo, el orgasmo que le provoqué y cómo dijo mi nombre en sueños, hasta la manera en que ha acabado con todo el respeto que pudiera sentir por él al obligarme a contarle lo nuestro a Kiba. Su rostro pasa de la preocupación a la sorpresa y de la sorpresa a la tristeza durante mi historia. Para cuando termino mi relato, tengo la blusa empapada de lágrimas y ella me sostiene la mano.

—Vaya, no tenía ni idea de que habían pasado tantas cosas. shoulds habérmelo contado después de la primera vez. Me imaginé que ocurría algo la tarde que íbamos a ir al cine y apareció Naruto. Acababa de hablar con él por teléfono, y de repente se presentó aquí, así que supuse que había venido para verte. Mira, Naruto es un buen chico, a veces. Quiero decir, en el fondo lo que le pasa es que no sabe cómo tratar a alguien como a ti, bueno..., como a la mayoría de las chicas les gusta que las traten. Si yo estuviera en tu lugar, intentaría arreglar las cosas con Kiba, porque Naruto no es capaz de mantener una relación seria con nadie —dice, y me aprieta la mano. Sé que todo eso es verdad, y que tiene razón. Pero entonces ¿por qué me duele tanto? El lunes por la mañana, Shikamaru está apoyado contra la pared de ladrillo de la cafetería, esperándome. Lo saludo al verlo, pero entonces me doy cuenta de que tiene el ojo derecho morado. Cuando me acerco, veo que tiene otro golpe en la mejilla.

—¿Qué te ha pasado en el ojo?! —exclamo corriendo hacia él. Entonces caigo en cuenta, alarmada.

—¡Shikamaru! ¿Esto te lo ha hecho Naruto? —digo con voz temblorosa.

—Sí... —admito, y me quedo horrorizada.

—¿Por qué? ¿Qué ha pasado? —Quiero matar a Naruto por hacerle daño a este chico.

—Salió hecho una furia de casa después de que te fueras, pero una hora más tarde volvió. Estaba muy borracho. Empezó a buscar más cosas que destrozar, de modo que lo detuve. Bueno, nos peleamos. En realidad, no fue para tanto. Creo que los dos descargamos la rabia que sentimos. Él también se llevó lo suyo —alardea. No sé qué decir. Me sorprende la ligereza con la que Shikamaru habla sobre su pelea con Naruto.

—¿Seguro que estás bien? ¿Puedo hacer algo? —le pregunto. Tengo la sensación de que esto es culpa mía. Naruto estaba enfadado por lo nuestro. Pero ¿agredir a Shikamaru?

—No, de verdad, estoy bien. —Sonríe.

Mientras nos dirigimos a clase, me cuenta que el padre de Naruto adelantó su vuelo y llegó a casa antes de que se mataran, y que su madre se echó a llorar cuando vio que Naruto había roto todos sus platos. Aunque no tenían ningún valor sentimental, le dolió que fuera capaz de hacer ese tipo de cosas.

—Pero por otro lado, tengo buenas noticias: Temari va a venir a visitarme la semana próxima. ¡Viene para la hoguera! —Sonríe.

—¿La hoguera?

—Sí, ¿no has visto los carteles por todo el campus? Es un evento anual, para empezar el Año Nuevo. Todo el mundo va. No suelo asistir a ese tipo de eventos, pero ya que viene ella... deberías invitar a Kiba a que venga también. Podríamos quedar los cuatro. Sonrío y asiento. Tal vez invitar a Kiba sea una manera de demostrarle que tengo buenos amigos, como Shikamaru. Sé que Naruto y Shikamaru..., quiero decir, Kiba y Shikamaru se llevarían de maravilla, y tengo muchas ganas de conocer a Temari. Ahora que él ha mencionado lo de la hoguera, veo los carteles por todas partes. Supongo que la semana pasada estuve demasiado distraída y ni siquiera me percaté de que estaban ahí. Sin apenas darme cuenta, estoy en clase de literatura y empiezo a buscar por toda el aula en busca de Naruto, a pesar de que mi conciencia me dice que no lo haga. Al no verlo,« Acabaré con ella ». ¿Qué podría hacerme que fuera peor que obligarme a confesarme con Kiba? No lo sé, pero empiezo a imaginarme todo tipo de cosas hasta que Shikamaru me saca de mi ensimismamiento.

—Creo que no ha venido. Lo oí hablando con ese tal Sasuke sobre intercambiarse las clases. Que lastima. Me hubiera gustado que vieras su ojo morado. —Shikamaru me sonríe y miro de inmediato hacia la parte delantera del aula. Quiero negar que estaba buscando a Naruto, pero sé que no puedo. ¿Él también tiene el ojo morado? Espero que esté bien. Bueno, no, en realidad espero que le duela a rabiar.

—Ah, ok —farfullo, y jugueteo con mi falda. Shikamaru no vuelve a mencionar a Naruto durante el resto de la clase. El resto de la semana transcurre exactamente de la misma manera: yo no hablo de Naruto con nadie, y nadie me lo menciona. Suigetsu se ha estado pasando por nuestra habitación todos los días, pero no me importa. La verdad es que me cae genial, y Karin se ríe mucho con él. Hasta yo me río, a veces, a pesar de que estoy viviendo lo que parece ser la peor semana de mi vida. Me he estado poniendo cualquier cosa limpia que tenía a mano, y me he recogido el pelo en un moño a diario. Mi corta relación con el lápiz de ojos ha terminado, y he vuelto a mi rutina de siempre: dormir, ir a clase, estudiar, comer, dormir, ir a clase, estudiar, comer... Cuando llega el viernes, Karin hace todo lo posible por sacar de su encierro a esta solterona.

—Vamos, Hinata, es viernes. Vente con nosotros y te traeremos de vuelta antes de ir a casa de Nar..., a la fiesta —insiste, pero yo niego con la cabeza. No me apetece hacer nada. Necesito estudiar y llamar a mi madre. He estado evitando sus llamadas toda la semana, y necesito hablar también con Kiba y averiguar si ya ha tomado una decisión. Le he estado dando espacio estos días, y sólo le he mandado unos cuantos mensajes amistosos con la esperanza de que venga. Me encantaría que viniera para la hoguera el próximo viernes. y necesito hablar también con Kiba y averiguar si ya ha tomado una decisión. Le he estado dando espacio estos días, y sólo le he mandado unos cuantos mensajes amistosos con la esperanza de que venga. Me encantaría que viniera para la hoguera el próximo viernes. y necesito hablar también con Kiba y averiguar si ya ha tomado una decisión. Le he estado dando espacio estos días, y sólo le he mandado unos cuantos mensajes amistosos con la esperanza de que venga. Me encantaría que viniera para la hoguera el próximo viernes.

—Creo que paso... Mañana quiero buscar un coche, así que necesito descansar

—digo, y es una verdad a medias. Es cierto que quiero buscar coches mañana, pero sé que no voy a descansar nada aquí sola con mis pensamientos sobre lo que va a pasar con Kiba y sobre cómo Naruto habló en serio cuando dijo que se alejaría de mí, cosa que me alegra, si bien no me lo puedo quitar de la cabeza. «Sólo necesito un poco más de tiempo», me repito sin cesar. No obstante, su manera de actuar la última vez que lo vi, como si quisiera algo de mí, se me ha quedado grabado. Mi mente se traslada a un lugar imaginario en el que Naruto es agradable y divertido; un lugar en el que nos llevamos bien; en el que salimos, como una pareja, y en el que él me lleva al cine, oa cenar. Me rodea con los brazos y se siente orgulloso de que sea suyo. Me coloca la chaqueta sobre los hombros cuando tengo frio,

—¿Hinata? —Dice Karin. Y mis pensamientos se desvanecen como una nube de humo. Sólo eran una fantasía, y el chico con el que soñaba despierta jamás podría ser Naruto.

—vamos, mujer. Llevas toda la semana con esos pantalones grises —bromea Suigetsu , y me río. Son mis pantalones de pijama favoritos, y me gusta llevarte especialmente cuando estoy enferma o atravesando una ruptura, o dos. Sigo confundida respecto al hecho de que Naruto y yo hayamos terminado algo que en realidad no era nada.

—Ok, ok, pero quiero que me traigan de vuelta justo después de cenar, porque mañana pienso madrugar —les advierto. Karin aplaude y empieza a dar saltos de alegría.

—¡Bien! Pero deja que te haga un favor —dice con una inocente sonrisita mientras parpadea con aire suplicante.

—¿Cuál? —pregunto con recelo sabiendo que no planea nada bueno. —Deja que te haga un pequeño cambio de look. ¡Por favor...! —Alarga la palabra con fines dramáticos.

—Ni hablar. —Ya me estoy viendo con el pelo rosa y kilos de maquillaje y usando sólo un sujetador a modo de camiseta.

—Nada exagerado. Sólo quiero que no parezca... que ha estado hibernando en pijama durante toda la semana —sonríe, y Suigetsu intenta contener la risa. Cuando por fin cedo y digo «OK», empieza a aplaudir de nuevo. Después de que Karin me depile las cejas, cosa que duele mucho más de lo que nunca hubiera imaginado completo, me da una vuelta y se niega a que me vea hasta que termine. Intento ignorar el gusanillo que siento en el estómago mientras ella me echa los polvos sobre la cara. Le recuerdo una y otra vez que no se pase con el maquillaje, y ella me promete una y otra vez que no lo hará. Me cepilla el pelo y me lo riza antes de cubrir mi cabeza y media habitación con laca.

—Maquillaje y pelo: ¡listos! Vamos a que te cambies, y luego podrás verte. Tengo unas cuantas cosas que te quedaran bien. Es evidente que se siente orgullosa de su trabajo. Yo tan solo espero no parecer un payaso. Mientras la sigo hasta el armario, intento mirarme de reojo en el pequeño espejo, pero ella me aparta de un tirón.

—Toma, ponte esto —me dice descolgando un vestido negro de una percha—.

¡Tú, fuera! —le grita a Suigetsu, y él se ríe, pero tiene el detalle de marcharse de la habitación. El vestido no lleva tirantes y me parece tremendamente corto.

—¡No voy a ponérmelo!

—Ok... ¿Qué tal éste entonces? Saca otro vestido negro. Debe de tener al menos diez. Este me parece más largo que el anterior y lleva dos tirantes anchos. El escote me preocupa, porque tiene forma de corazón y tengo el pecho grande, al contrario que Karin. Al ver que me paso demasiado tiempo observándolo, ella suspira.

—Tú pruébatelo, ¿vale?

Cedo y me quito la cómoda pijama, lo doblo y lo apilo con esmero. Ella me mira con los ojos en blanco, de broma, y sonrío mientras meto las piernas por el vestido. Me lo subo y ya lo noto un poco justo antes de cerrar la cremallera. Karin y yo tenemos una talla similar, pero ella es más alta y yo tengo más curvas. La tela despide un ligero brillo y es muy sedosa. De largo, el vestido me llega hasta la mitad del muslo. No es tan corto como imaginaba, pero es lo más corto que yo podría jamás. Me siento casi desnuda con las piernas tan expuestas. Intento estirar la tela un poquito hacia abajo.

—¿Quieres unas medias? —me pregunto.

—Sí, me siento tan... desnuda. —Yo río. Ella rebusca en un cajón y saca dos pares de medios diferentes—. Estas son negras lisas y tienen un estampado de encaje. Las medias de encaje me parecen demasiado, sobre todo teniendo en cuenta que debo de llevar unos cuatro kilos de maquillaje encima. Cojo las lisas y me las deslizo por las piernas mientras Karin busca unos zapatos en el armario.

—¡No sé llevar tacones! —le recuerdo. No sé, literalmente, parezco un pato mareado con ellos.

—Bueno, tengo tacones bajos o cuñas. Hinata, lo siento, pero tus Toms no quedan bien con este vestido. La miro con el ceño fruncido, de broma. No tengo ningún problema con llevar las Toms a diario. Ella saca un par de tacones negros con pedrería plateada en la parte delantera, y debo admitir que me llaman la atención. No sería capaz de ponerlos, pero por una vez desearía poder hacerlo.

—¿Te gustan estos? Asiento.

—Sí, pero no voy a saber llevaron —le digo, y ella frunce el ceño.

—Que sí, ya lo verás, se abrochan alrededor del tobillo para que no te caigas.

—¿Para eso sirven las tiras? —pregunto. Sé ríe.

—No, pero ayuda. —Vuelve a reírse—. Tú pruébatelos. Me siento sobre la cama y estiro una pierna al tiempo que le hago una señal para que me los ponga. Me ayuda a ponerme de pie, y ando unos cuantos pasos. Es cierto que las tiras ayudan a mantener el equilibrio.

—¡Ya no aguanto más! Mírate —me dice, y abre la otra puerta del armario. Me miro en el espejo de cuerpo entero y me quedo pasmada. ¿Quién narices es ésa? El reflejo es igual que yo, pero mucho mejor. Tenía miedo de que se pasara con el maquillaje, pero no ha sido así. Mis ojos grises parecen más claros en contraste con la sombra castaña, y el colorete rosado de mis mejillas hace que parezcan más prominentes. Mi pelo está brillante y rizado en grandes bucles, no en los pequeños ricitos que esperaba.

—¡Estoy impresionada! —Sonrío y me miro más de cerca. Me toco la mejilla con un dedo para asegurarme de que lo que estoy viendo es real.

-¿vez? Sigues siendo tú misma, pero un poco más sexi y arreglada. —Suelta una risita y llama a Suigetsu para que se una a nosotras. Al entrar, se queda con la boca abierta.

—¿Dónde está Hinata? —pregunta, y mira por toda la habitación bromeando. Levanta una almohada y mira debajo.

—¿Qué te parece? —pregunto, y vuelvo a estirar el vestido.

—Estás guapa, muy guapa. —Suigetsu sonríe y rodea la cintura de Karin con un brazo. Ella se apoya en él, y aparta la mirada.

—Ah, una cosa más —dice entonces Karin, y se acerca al armario, de donde saca un tubo de brillo de labios, y frunce la boca. Cierro los ojos y la imito mientras ella esparce el pegajoso brillo por mis labios.

—¿Lista? —pregunta Suigetsu, y ella asiente. Antes de salir, agarro el bolso y echo un par de Toms dentro, por si acaso. Durante el trayecto, me siento en la parte de atrás, miro por la ventanilla y dejo vagar la mente. Cuando llegamos al restaurante, me intimida ver la cantidad de motos que hay fuera. Había por supuesto que iríamos a algún sitio tipo TGI Friday's o Applebee's, no a un bar de moteros. Cuando entramos, me siento como si todo el mundo estuviera mirándome, aunque es muy probable que no sea así. Karin me agarra de la mano y me arrastra con ellos hasta una zona de reservados con sofás de respaldo alto.

—Deidara va a venir. Te parece bien, ¿no? —pregunta cuando tomamos asiento.

—Sí, claro —le digo. Mientras no sea Naruto, me da igual. Además, me vendría bien algo de compañía, porque ahora mismo me siento un poco de mal tercio. Una mujer con más tatuajes que Karin y Suigetsu se acerca a la mesa y toma nota de las bebidas. Ellos piden cerveza. Debe de ser por eso por lo que les gusta venir aquí, porque no les exigen la credencial de elector. La mujer enarca una ceja cuando pido una Coca-Cola, pero no quiero beber alcohol. Tendré que seguir estudiando en cuanto vuelva a la residencia.

Unos minutos después nos trae las bebidas, y mientras le estoy dando un trago a la mía oigo un silbido de halago en el momento en que Deidara y Sasuke se acercan a nuestra mesa. Cuando se aproximan, el pelo rosa de Sakura se hace visible... seguido de Naruto. Escupo el trago de Coca-Cola al vaso.

—Te juro que no sabía que iba a venir. Podemos irnos ya si quieres —susurra mientras Sasuke se desliza por el asiento y se coloca junto a mí. Tengo que obligarme a no mirar a Naruto.

—Madre mía, Hinata, estás impresionante —proclama Sasuke, y yo me sonrojo—. ¡En serio, flipo! Nunca te había visto así. Le doy las gracias con una pequeña sonrisa. Deidara, Sakura y Naruto se sientan a la mesa de atrás. Quiero pedirle a Karin que me cambie el sitio para darle la espalda a Naruto, pero soy incapaz. Debo evitar mirarlo a los ojos todo el rato. Puedo hacerlo.

—Estás como un tren, Hinata —dice Deidara por encima del separador, y yo sonrío porque no estoy acostumbrada a tanta atención. Naruto no ha hecho ningún comentario sobre mi nuevo aspecto, pero tampoco esperaba que lo hiciera. Me alegro de que al menos no me esté insultando. Naruto y Sakura están sentados justo en mi línea de visión. Puedo ver la cara de él a través del espacio que queda entre los hombros de Karin y Suigetsu. «No me dolerá si miro una sola vez...» Lo miro de reojo antes de poder detenerme a mí mismo, y me arrepiento al momento. El brazo de Naruto rodea los hombros de Sakura. Me invaden los celos, es el castigo por mirarlo cuando no debo. Es evidente que vuelven a estar liados. O sigue. Supongo que nunca lo han dejado. Recuerdo lo cómodo que estaba ella sentada a horcajadas sobre el en la fiesta, y me trago la bilis que aflora a mi garganta. Naruto es libre de hacer lo que quiera y de estar con quien quiera.

—Está preciosa, ¿verdad? —los aliena Karin, y todos asienten. Siento los ojos de Naruto fijos en mí, pero no puedo volver a mirarlo. Lleva una camiseta blanca, que seguro que deja entrever sus tatuajes, y el pelo perfectamente despeinado, pero me da igual. No me importa lo guapo que esté o lo vulgar que Sakura vaya vestida. «No la soporto, con ese ridículo pelo rosa y esa ropa ordinaria. Es una zorra.» Me sorprenden mis pensamientos y mi odio hacia ella, pero es cierto. No la trago en absoluto. Creo que es la primera vez que llamo zorra a alguien, incluso mentalmente. Y ella, por supuesto, escoge este preciso instante para hacerme un cumplido.

—Estás muy guapa, chica, ¡mejor que nunca! —dice, y acto seguido se apoya en el pecho de Naruto. La miro a los ojos y finjo una sonrisa.

—¿Te importa si le doy un trago? —pregunta Sasuke, pero agarra mi vaso antes de que responda. Le dejo beber de mi copa, algo de lo que suelo estar en contra, pero me siento tan incómoda ahora mismo que no puedo pensar con claridad. Se toma de un trago media Coca-Cola, y le doy un ligero empujón.

—Lo siento, nena, ahora te pido otra —dice con suavidad. La verdad es que es muy atractivo, y tiene más pinta de modelo de universitario. Si no tuviera tantos tatuajes, seguramente sería modelo. Entonces se oye un ruido en la otra mesa, y clavo la mirada en Naruto. Él vuelve a aclararse la garganta, en alto, observándome con sus penetrantes ojos. Quiero apartar la vista, pero no puedo, me quedo atrapada en su mirada mientras Sasuke levanta un brazo y lo apoya en el respaldo del sofá, justo por detrás de mí. Naruto entrecierra los ojos, y decido divertirme un poco. Al recordar que antes era bastante insistente con que no quedara con Sasuke, me voy inclinando poco a poco hacia él. A Naruto casi se le salen los ojos de las órbitas, pero enseguida se recupera. Sé lo inmaduro y ridículo que es todo esto, pero me da igual. Si tengo que estar cerca de él, quiero que esté tan incómodo como yo. La motera vuelve y toma nota de la comida. Me pido una hamburguesa con patatas, sin kétchup, y todos los demás piden alitas picantes. Ella le trae a Naruto una Coca-Cola y al resto otra ronda de cervezas. Yo sigo esperando mi Coca-Cola, pero no quiero ser borde al recordárselo a la mujer.

—Aquí hacen las mejores alitas —me informa Sasuke, y yo le sonrío.

—¿Vas a ir a la hoguera el próximo fin de semana? —le pregunto

—No lo sé, creo que no es lo mío. —Le da un trago a su cerveza y baja el brazo del respaldo para apoyarlo sobre mi hombro—. ¿Tú vas a ir? No miro en su dirección, pero me imagino lo indignado que estará Naruto. La verdad es que me siento culpable por ligar con Sasuke descaradamente, y es la primera vez que intento ligar con alguien, así que estoy seguro de que se me da fatal.

—Sí —digo—, con Shikamaru. Todos estallan en carcajadas.

—¿Shikamaru Nara? —pregunta Sasuke, todavía riéndose.

—Sí, somos amigos —respondo cortante. No me gusta que todos se rían de él de esa forma.

—¿¡Que va a ir a la hoguera!? Es penoso —dice Sakura.

—No, en realidad, no —replica mirándola con odio—. Es genial —añadido en su defensa. Entiendo que mi definición de genial no es la misma que la de ellos, pero la mía es mejor.

— Shikamaru Nara y genial no encajan en la misma frase —dice Sakura, y le aparta el pelo de la frente a Naruto. «La odio».

—Siento que no sea lo bastante genial para estar con todos ustedes, pero es... — comienzo a gritar ya enderezarme cada vez más en el asiento, apartando así el brazo de Sasuke de mis hombros. —Eh, Hinata, relájate. Estamos de broma —dice Deidara, y Sakura me dedica una sonrisa maliciosa. Me da la impresión de que yo tampoco le caigo muy bien.

—Bueno —replica—, pues no me gusta que la gente se meta con mis amigos, sobre todo si él no está aquí para defenderse. Tengo que calmarme... Las emociones se están adueñando de mí por estar cerca de Naruto y por cómo se está comportando con Sakura delante de mí.

-Bien bien. Lo siento. Además, tengo que reconocerle algo de mérito por ponerle el ojo morado a Naruto —señala Sasuke, y me rodea de nuevo con el brazo. Todos menos Naruto se ríen, hasta yo.

—Sí, menos mal que aquel profesor detuvo la pelea, o ese perdedor le habría dado una buena paliza —dice Deidara, y acto me siguió mira—. Perdona, se me ha escapado —añade, y me dedica una sonrisa de disculpa. «¿ Un profesor La pelea no la detuvo un profesor, la detuvo el padre de Naruto. O Shikamaru me mintió o... Un momento, me pregunto si esta gente sabe siquiera que Naruto y Shikamaru van a ser hermanastros dentro de poco. Miro a Naruto, que ahora parece preocupado. Les ha mentido. debe delatarlo ahora mismo, delante de todos. Pero no puedo. No soy como él. Me cuesta más que a él hacer daño a la gente. « Excepto a Noah » , me recuerda mi subconsciente, pero lo reprimo.

—En fin, creo que lo de la hoguera va a estar bien —digo. Sasuke me mira con interés.

—Puede que apareció por allí después de todo.

—Yo voy a ir —añadió Naruto de pronto desde la otra mesa. Todos se vuelven para mirarlo, y Sakura se ríe.

—Sí, seguro que sí. —Ella pone los ojos en blanco y vuelve a reírse.

—No, en serio, no va a ser tan horrible —insiste Naruto por lo bajo, ganándose otra mirada en blanco de Sakura.

«¿Naruto va a ir porque Sasuke también irá?» Quizá ligar se me da mejor de lo que pensaba. La camarera nos trae la comida y me pasa la hamburguesa. Tiene muy buena pinta, si no fuera por el kétchup que gotea por un lado. Arrugo la nariz e intento quitar todo lo posible con una servilleta. Odio devolver comida, y ya lo estoy pasando bastante mal esta noche. Lo último que necesito es llamar aún más la atención. Los demás empiezan a hincarles el diente a las alitas, y yo voy picando de las patatas fritas mientras la charla sobre la fiesta de esta noche se adueña del ambiente. En un momento dado, la camarera vuelve a acercarse a las mesas y nos pregunta si queremos algo más.

—No, así está bien... —dice Suigetsu, y ella comienza a alejarse.

—Espera. Ella había pedido la hamburguesa sin kétchup —dice Naruto en voz muy alta, y se me cae una patata en el plato. La camarera me mira consternada.

-Lo siento. ¿Quieres que la devuelva?

Estoy tan avergonzada que lo unico que me sale es negar con la cabeza.

-Si. Sí que quiere —responde Naruto por mí.

«¿ Qué narices está haciendo? Y ¿cómo se ha enterado de que llevaba kétchup

Su única intención es hacerme sentir incómoda.

—Venga, cariño, dame el plato. —La camarera me sonríe y extiende el brazo—. Voy a traerte otra. Se lo tiendo y bajo la mirada mientras le doy las gracias.

—Y ¿eso a qué ha venido? —oigo que Sakura le pregunta a Naruto. debería practicar más esa voz susurrada.

—Nada, es que no le gusta el kétchup —dice él sin más. Ella resopla antes de darle un trago a su cerveza.

—¿Y? —inquiere a continuación, y Naruto la fulmina con la mirada.

—Y nada. Déjalo estar.

Al menos sé que no soy la única con la que es un borde. Llega la nueva hamburguesa sin kétchup, y me la como casi toda a pesar de mi falta de apetito. Sasuke acaba de invitarme a la cena, lo cual me parece un detalle bonito y raro al mismo tiempo. El rebote de Naruto parece aumentar cuando Sasuke vuelve a rodearme con el brazo en el paseo de después.

—Sasori dice que la fiesta ya está a tope de gente! —anuncia Deidara leyendo un mensaje.

—Deberías venir conmigo —se ofrece Sasuke. Pero frunce el ceño cuando ve que niego con la cabeza.

—No voy a ir a la fiesta. Suigetsu va a llevarme a casa.

—Puedo llevarla yo a casa, he venido en coche —dice Naruto. Casi me caigo de bruces al oírlo pero, por suerte, Karin me sujeta por un brazo al tiempo que dice sonriendo:

—No, Suigetsu y yo la llevamos. Sasuke también puede venir con nosotros si quiere. Si las miradas matasen, Karin estaría desplomándose en el suelo ahora mismo. Naruto se vuelve entonces hacia Suigetsu.

—No creo que quieras conducir borracho por el campus; es viernes, y la policia va a estar buscando gente a la que multar. Karin me mira a la espera de que intervenga, pero no sé qué decir. No quiero estar a solas con Naruto en el coche, pero tampoco quiero ir con Suigetsu cuando ha estado bebiendo. Me encojo de hombros y me apoyo en Sasuke mientras ellos llegan a un acuerdo.

—Venga ya , vamos a dejarla ya pasar un buen rato —dice Sakura a Naruto, pero él niega con la cabeza.

—No, tú vas con Suigetsu y Karin —dice él, tajante, y Sakura se amilana.

—Por favor, ¿podemos meternos de una vez en los coches y marcharnos? — protesta Deidara, y saca las llaves.

—Sí, vámonos, Hinata —dice Naruto, y yo miro a Sasuke y después a Karin.

—¡Hinata! —grita Naruto de nuevo mientras abre la puerta del coche. Se vuelve para mirarme, y tengo la sensación de que, si no voy ya, es capaz de arrastrarme hasta allí. Pero ¿por qué iba a querer estar conmigo si le dijo a Karin que más me valía que me mantuviera alejada? Naruto desaparece en el interior del coche y arranca el motor.

—Todo irá bien, mándame un mensaje en cuanto llegues a la habitación —dice Karin, y yo asiento y me dirijo al coche. Me puede la curiosidad, y tengo que saber son sus intenciones. Tengo que salir de dudas.

Hasta aquí el capítulo.

08/04/2022