Black-Kiari: jajaja pansy es la mejor profe xD
SamanthaBenitez: muchas gracias poquito a poco su relación va avanzando
Vic Black: jajajaja sí!
ariadnne123: gracias!
NoraCg: Son tan tiernos :) jaja
Capítulo Veintitrés
Hogsmeade
Los rayos de sol iluminaban las paredes color pastel de su habitación cuando abrió los ojos. Hermione pestañeó, girando la cabeza hacia la derecha.
Estaba en su cama, sola.
Se cubrió los ojos con un brazo, suspirando. No sabía por qué, pero las noches que Draco estaba a su lado dormía mejor y se despertaba con mucha más energía.
Un leve rubor coloreó sus mejillas cuando pensó en que, además, tenerlo tan cerca y sentir su calor era muy agradable.
Hermione gruñó entre dientes, golpeando la almohada con su otra mano.
Él era lo último en lo que pensaba antes de quedarse dormida cada noche y lo primero que aparecía en su mente en cuanto abría los ojos. Y sabía lo que eso significaba.
Harry le había contado más de una vez que le ocurría lo mismo con Ginny desde que se fijó en ella durante sexto año en Hogwarts.
Hermione se incorporó en el colchón, resoplando y mirando a su alrededor.
Después de haberse despertado el día anterior en el cuarto de Draco y de que él pasara la tarde en Grimmauld Place ayudándoles a preparar la cena... ya no le quedaba ninguna duda.
Estaba enamorada. Y mucho.
¿Cómo no estarlo? Draco era un caballero, y la miraba de una forma que la hacía sentir el centro del universo.
Él era tan diferente a como ella había pensado desde que lo conoció que aún le costaba aceptar lo que estaba ocurriendo entre ambos. Hermione sabía que su yo del pasado se moriría si supiera lo que ahora sentía por él.
Jamás habría imaginado que terminaría enamorándose de Draco Malfoy.
Hermione volvió a suspirar, saliendo de la cama y abriendo la puerta de su armario.
Era sábado y tenían planeado pasar el día en Hogsmeade.
Ginny les estaría esperando allí en un par de horas para comer juntos, y más tarde ella y Draco habían quedado con sus amigos en Cabeza de Puerco.
Salió de su habitación, dándose una ducha y vistiéndose con el jersey rojo y los vaqueros que había escogido. Tras guardar la varita en un bolsillo bajó las escaleras, pensando en el desayuno que podía preparar para ella y Harry.
Había visto la puerta de su cuarto cerrada al pasar por el primer piso, así que su amigo seguía dormido todavía.
Hermione recorrió el pasillo de la planta baja hasta el final y entró en la cocina, deteniéndose de golpe.
Sobre la encimera estaba la tetera favorita de Harry, con dos tazas humeantes a su lado. Draco estaba agachado delante del horno, sacando una bandeja de dentro con guantes negros en sus dos manos.
Al verla se levantó y arrugó la nariz, resoplando con fastidio.
—Mierda.
—¿Qué pasa?
Draco dejó la bandeja llena de pastas sobre la mesa, gruñendo entre dientes.
—Acabas de arruinar mi sorpresa, Granger.
El aroma a mantequilla que había en el aire le hizo la boca agua. Ella arrugó el entrecejo al ver que había un delantal manchado de harina sobre la encimera y varios utensilios de cocina recién lavados junto al fregadero.
—¿Cuánto tiempo llevas aquí?
—Un par de horas. Ahora iba a subir a llevarte esto —dijo, señalando la bandeja que acababa de sacar del horno.
Hermione pestañeó, intentando asimilar lo que estaba escuchando. Los labios de Draco se curvaron hacia arriba y dio un par de pasos hacia ella, alargándole una taza de té.
—No todos los días alguien me pide que sea su novio, Granger.
Al igual que tras despertarse, Hermione sintió que le ardían las mejillas. Se sentó en la primera silla que encontró y probó el té antes de contestar. Negro, con un toque de vainilla.
—¿Me ibas a traer el desayuno a la cama?
—A mi madre le gusta que lo haga —dijo Draco en voz baja, encogiéndose de hombros.
—¿Le llevas el desayuno a Narcissa? —preguntó ella, levantando una ceja.
Él desvió la mirada.
—A veces, cuando... cuando está deprimida y le cuesta levantarse.
La taza de Hermione estuvo a punto de caer al suelo pero consiguió sujetarla a tiempo.
—¿Narcissa está deprimida?
Imaginar a la madre de Draco pasándolo mal le provocó un nudo en el estómago. Esa mujer poco a poco se había abierto paso en su corazón y no le gustaba que estuviera triste.
Ni ella ni su hijo se merecían seguir sufriendo.
Draco suspiró, cruzándose de brazos y apoyando la espalda en el borde de la encimera.
—Estar tan lejos de Lucius es complicado para ella.
—Oh —dijo Hermione, mordiéndose el labio inferior. —¿Y tu padre cómo está?
Su rostro se oscureció y a los pocos segundos pasó a ser impasible.
—Bien.
Hermione se movió en su asiento, sintiéndose incómoda.
—Me alegro.
Draco dejó salir un resoplido lleno de incredulidad.
—Lo digo en serio, Draco. No me gustaría que a tu padre le pasara algo malo y Narcissa lo perdiera para siempre. Solo de pensar en que tú aún siguieras allí... —murmuró ella, sacudiendo la cabeza mientras suspiraba.
El rostro de Draco se suavizó y tomó asiento a su lado, colocando una mano en su rodilla y apretándosela con suavidad.
—Yo estoy fuera de Azkaban gracias a ti, Granger. Te debo mi vida.
—Y yo a ti la mía —dijo ella, mirándolo con una pequeña sonrisa. —Pensaba que me costaría olvidar lo que pasó aquella noche, pero ya casi ni lo recuerdo. Supongo que, después de todo lo que hemos sufrido Harry, Ron y yo... eso no fue nada.
Draco hizo una mueca y alargó el brazo, bebiendo un sorbo de su té. Ella se aclaró la garganta.
—Además, tú me distraes bastante.
Aquello consiguió sorprenderlo.
—¿Te distraigo, Granger? —preguntó en tono burlón, volviendo a mirarla y moviendo las cejas.
—Mucho.
—¿De verdad? ¿Y por qué? —susurró, inclinándose más hasta que Hermione sintió su aliento en el rostro.
Ella sintió que el calor se acumulaba en su rostro y apartó la mirada, sujetando la servilleta entre sus manos y estrujándola.
—Me pones nerviosa.
Draco se rio entre dientes y agachó la cabeza, besando su mejilla. Volvió a incorporarse y cogió una pasta de la bandeja, dándole un mordisco.
—Lo sé.
Hermione entrecerró los ojos, lanzándole una mirada de odio.
—¿Lo sabes? ¿Y por qué lo haces entonces?
—Es divertido —dijo él, arqueando una ceja en su dirección y sonriendo.
Ella puso los ojos en blanco.
—Malditos Slytherins...
—Me gusta que te ruborices y que los latidos de tu corazón se aceleren por mi culpa. ¿Tan malo es eso?
Hermione escondió una sonrisa levantando su taza.
—Supongo que no.
La puerta de la cocina se abrió y ambos giraron la cabeza, sobresaltados.
—Oh, ya estais levantados —dijo Harry, sentándose en una de las sillas frente a ellos y cogiendo una de las pastas como si encontrarlos a ambos allí fuera lo más normal del mundo.
Draco entrecerró los ojos en su dirección.
—Eso no era para ti, Potter.
—Hermione no se lo va a comer todo —contestó, dándole un mordisco y abriendo mucho los ojos. —Esto está muy bueno, Malfoy. ¿Dónde lo has comprado?
Él chasqueó la lengua con molestia.
—Lo he hecho yo. Es una receta típica del norte de Italia.
—¿Y cómo se llaman? —preguntó Harry, observando con curiosidad las pastas con forma de flor.
—Canestrelli.
Harry resopló, cogiendo otra.
—Nunca voy a recordar ese nombre.
—No espero que lo hagas, Potter —gruñó Draco, empujando la bandeja para que estuviera más cerca de Hermione.
Harry levitó la tetera y una taza hasta la mesa con su varita.
—¿Y se puede saber cómo has conseguido hacer estas galletas sin magia?
—Son pastas —gruñó Draco, torciendo los labios. —Y... puede ser que Minsy haya venido conmigo y me haya enseñado cómo hacerlas de forma muggle —añadió en un susurro.
Hermione sonrió al ver que sus mejillas se habían puesto rojas.
—Muchas gracias, Draco. Están deliciosas —dijo, sujetando una de sus manos sobre la mesa.
Él sonrió, entrelazando sus dedos.
—De nada, Granger.
Hermione volvió a mirar al frente y vio que Harry los estaba observando con una sonrisa torcida en su rostro.
—¿A qué hora has quedado con Ginny en Hogsmeade? —preguntó para distraerlo, soltando la mano de Draco.
Y funcionó. Harry apoyó la espalda en su silla, suspirando a través de la nariz y con la mirada perdida.
—A las doce. Ron irá directamente allí.
Hermione cogió otra de las pastas, asintiendo.
—¿Alguna vez te has aparecido con alguien, Draco? —dijo, mirándolo de reojo.
—Sí, pero no pienso sujetarme al brazo de Potter.
Harry volvió a sonreír.
—Tranquilo, Malfoy. Hermione se ocupará de ti.
—No entiendo cómo pude aceptar esto.
Hermione sonrió y atravesó la puerta tras él, colocándose a su lado y abrochándose la chaqueta al volver al frío otoñal de Hogsmeade.
—Porque ha sido una buena idea, Malfoy —respondió Ginny, riéndose a su otro lado. —Nadie te ha reconocido.
Draco puso una mueca de desprecio al mirarla. Su pelo era rizado, de color caramelo, y sus ojos eran igual de oscuros que los de Ginny.
—Arréglalo —gruñó, deteniéndose junto a una de las ventanas de Honeydukes y cruzándose de brazos.
Ginny puso los ojos en blanco, sacando su varita. La agitó apuntando a su cara, tal y como había hecho en cuanto lo vio llegar. Los rizos desaparecieron y su pelo se aclaró, al igual que sus ojos.
—Madam Rosmerta no te habría dejado entrar y lo sabes.
—Podríamos haber ido a comer a otro sitio —contestó Draco con voz grave, mirándose en uno de los cristales para comprobar que todo había vuelto a la normalidad.
Ron resopló.
—Las Tres Escobas tiene la mejor comida de Hogsmeade. Y todos teníamos ganas de volver a comer ahí.
Draco entrecerró los ojos, mordiéndose la lengua. Se relajó al sentir los dedos de Hermione entrelazándose con los suyos.
—¿Qué hacemos ahora? —preguntó ella, mirando a sus tres amigos.
Ginny le guiñó un ojo y se giró hacia Harry.
—Podríamos ir allí a tomar el té —dijo, señalando la tienda de té de Madame Tudipié.
Harry palideció.
—No, por favor —pidió en un susurro.
Draco miró a Hermione con los ojos muy abiertos y tragó saliva. Ella y Ginny soltaron una carcajada.
—Es una broma, Draco. A nosotras tampoco nos gusta ese sitio —dijo ella, palmeando su brazo.
Él dejó salir un suspiro de alivio y Ron ocultó su risa tosiendo.
—Yo voy a marcharme ya, George me ha pedido que lo ayude esta tarde en la tienda.
Sus amigos asintieron y el pelirrojo alzó la varita, desapareciendo con un crujido.
—Nosotros hemos quedado luego con los amigos de Draco —comentó Hermione mientras andaban por el pequeño pueblo.
—¿Quiénes? —preguntó Harry, observando a su alrededor.
—Parkinson, Nott y Zabini.
Harry arrugó la nariz y Draco le echó una mirada de odio.
—¿Algún problema, Potter?
—Ninguno, pero Ginny y yo tenemos otros planes.
—Nadie te había invitado —gruñó Draco entre dientes.
Los cuatro entraron en una de las tiendas, donde Ginny y Hermione se acercaron a la sección que ofrecía todo tipo de plumas.
—¿Sabéis algo más sobre los mortífagos huidos? —preguntó Draco en voz baja, dando un paso hacia Harry.
Él asintió.
—Uno de los aurores encontró a los dos que atacaron a Hermione. No eran oficialmente mortífagos, pero apoyaban las ideas de Voldemort. Ahora no recuerdan ni quienes son.
Los labios de Draco se curvaron, formando una sonrisa llena de maldad.
—Me alegro.
—Saben que alguien les ha borrado la memoria, pero no saben quién —murmuró Harry, mirándolo de reojo.
Draco asintió.
—Es mejor así.
—Hemos localizado a un grupo que se oculta en un pequeño pueblo de Gales. Haremos una redada en un par de días.
—Buena suerte, Potter. Espero que los atrapes —contestó Draco, palmeando su hombro y avanzando hacia donde estaban las dos chicas.
Harry pestañeó.
—Gracias —susurró, siguiendo sus pasos.
—Ya era hora —se quejó Pansy al verlos entrar, chasqueando la lengua con irritación.
Ella, Blaise y Theo estaban sentados en la mesa más alejada de todas, con las espaldas muy rectas y evitando tocar los muebles.
—Voy a saludar a Aberforth. Enseguida voy —murmuró Hermione, señalando al hombre que había detrás de la barra.
Draco frunció el ceño.
—¿Ese es el hermano de Dumbledore?
—Sí.
—Entonces nos echará de aquí en cuanto me vea —contestó, resoplando y bajando la mirada.
Hermione colocó una mano en su espalda y le dio un pequeño empujón.
—No lo hará. Ve a sentarte con tus amigos antes de que Parkinson me asesine con la mirada.
Draco giró la cabeza y vio a su amiga observándolos con mala cara. Caminó hasta la esquina donde estaban y se sentó al lado de Blaise.
—¿Aún no habéis pedido?
—Este sitio es asqueroso. Ahora entiendo por qué no vinimos nunca mientras estuvimos en Hogwarts —dijo ella como saludo, arrugando la nariz con disgusto.
Theo puso los ojos en blanco, poniendo un brazo alrededor de sus hombros.
—Deja de quejarte, Pansy. Estamos aquí para pasar un buen rato.
Los cuatro levantaron la mirada cuando Hermione se detuvo al lado de la mesa.
—Tenéis que levantaros. Aberforth dice que tiene una mesa mejor para nosotros —explicó, haciendo un gesto con la mano para que la siguieran.
Hermione los guio hasta la puerta que estaba situada al final de un largo pasillo. Tras ella había una pequeña sala con tres mesas, todas iluminadas con velas. De las paredes de madera colgaban lámparas de aceite y la chimenea estaba encendida, creando un ambiente agradable y cálido. En una de las paredes había un gran cuadro, donde una niña rubia los contemplaba con curiosidad.
Sobre una de las mesas había una gran jarra de cerveza de mantequilla y cinco vasos.
—Supongo que esa es la nuestra —dijo Hermione, moviendo una de las sillas.
Los cuatro Slytherin se sentaron junto a ella, mirando a su alrededor con incredulidad.
—¿Qué es este sitio? —preguntó Blaise, sorprendido.
—Estuve aquí una vez, cuando... no importa —murmuró Hermione, sacudiendo la cabeza.
Golpeó la jarra con su varita y esta se elevó en el aire, repartiendo su contenido en los cinco vasos.
—¿Cuando qué? —preguntó Draco, mirándola fijamente.
Hermione suspiró, mirando de reojo el cuadro.
—Fue el día de la Batalla de Hogwarts. Aberforth nos ayudó a entrar en el castillo.
El entrecejo de Pansy se arrugó.
—¿Ese viejo loco os ayudó? —dijo, empujando los vasos hacia cada uno de los ocupantes de la mesa.
Draco le lanzó una mirada de advertencia.
—Es el hermano de Dumbledore, Pansy.
—¿Qué?
La puerta volvió a abrirse y Aberforth entró con una bandeja entre las manos. Se acercó hasta ellos, colocándose junto a la mesa y fijando sus ojos azules en Draco.
Él aguantó su mirada sin pestañear y su mano izquierda se movió de forma inconsciente hasta el bolsillo de su chaqueta, que estaba vacío.
El hombre dejó la bandeja sobre la mesa, recorriendo el rostro de todos con su mirada.
Pansy tragó saliva y la desvió.
—Disfrutad de la comida —gruñó entre dientes, alejándose de nuevo y cerrando la puerta que conectaba aquella sala con el bar.
Blaise observó las tres fuentes llenas de comida con la boca abierta y Pansy levantó las dos cejas.
—Retiro lo dicho. El servicio aquí es excelente —comentó, sirviéndose dos muslos de pollo en su plato.
Una hora después, ya con los estómagos llenos, los cuatro Slytherin habían pedido una botella de Whisky de Fuego que estaba medio vacía sobre la mesa.
Tan solo Hermione continuaba bebiendo cerveza de mantequilla, y se alegraba de haberlo hecho. Ninguno de los amigos de Draco estaba en condiciones de aparecerse en aquellos momentos. Ella era la única que seguía sobria.
—¿Recuerdas la cara que pusieron cuando se lo dije? —preguntó Pansy, ladeando la cabeza para mirar a su novio.
Theo se rio, bebiendo otro sorbo de whisky.
—No tiene gracia —gruñó Draco en voz baja, cerrando el puño sobre la mesa.
—Tú también te habrías reído, Draco. No sé cuál de las dos estaba más sorprendida, si Daphne o Astoria —añadió ella, soltando una risita.
Blaise resopló, sacudiendo la cabeza.
—Tuvo que ser chocante descubrir que el chico del que ambas estaban enamoradas tenía sangre Veela, y que Hermione Granger era su compañera.
Hermione dejó su vaso sobre la mesa y jadeó.
—¿Las dos estaban enamoradas de él? —preguntó, abriendo mucho los ojos.
Draco resopló, cruzándose de brazos.
—No les hagas caso, Granger. Están exagerando.
—Y una mierda. Daphne estaba dispuesta a casarse contigo, joder. Su hermana y ella tuvieron una pelea muy fuerte cuando empezaste a salir con Daphne, y desde entonces no se llevan nada bien —añadió Theo, cogiendo la botella e inclinándola para llenar su vaso.
La mitad del contenido se derramó sobre la mesa y Draco siseó, apartándose de un salto.
Pansy puso los ojos en blanco y agitó su varita, limpiando el líquido derramado. Tras otro movimiento, la botella se alzó sobre sus cabezas y llenó los cuatro vasos con gran precisión.
—Empiezas a estar borracho —murmuró, inclinándose hacia Theo.
Él suspiró, sacudiendo la cabeza.
—Tienes razón. No beberé más.
—Bah, un día es un día —dijo ella, sacudiendo una mano. —Todos conocemos las conquistas de Draco...
El mencionado entrecerró los ojos con odio.
—... pero no sabemos mucho de ti, Granger. ¿Weasley y tú llegasteis a estar juntos?
Hermione enrojeció.
—No.
—Pero él te gustaba, ¿verdad? —insistió ella, apoyando los dos codos sobre la mesa y mirándola fijamente con interés.
Tras un suspiro, Hermione asintió.
—¡Lo sabía! —exclamó Pansy, sonriendo. —Y seguro que cambiaste de idea cuando empezó a besuquearse con esa tal Brown.
—Más o menos —admitió Hermione en un susurro.
—¿Y con Potter? —preguntó Theo con curiosidad.
Hermione resopló y miró de reojo a Draco, que estaba sonriendo.
—Ya ves que no soy el único que lo pensaba —comentó él, arqueando una de sus cejas. —Potter y ella siempre han sido buenos amigos, como Pansy y yo —explicó, señalando entre ambos.
Blaise asintió con gesto pensativo.
—Pues nosotros pensábamos que vosotros dos estábais juntos en quinto curso —dijo Hermione, sujetando su vaso con las dos manos.
Pansy miró a Draco y los dos hicieron una mueca de asco a la vez.
—Por encima de mi cadáver —gruñó él.
—Eso es un poco extremo, pero sí —añadió ella, bebiendo lo que le quedaba de whisky de un trago. —Draco es como un hermano para mí.
—Me pasa lo mismo con Harry —contestó Hermione con una sonrisa.
—Todo esto es muy bonito, pero yo quiero hacer más preguntas —comentó Blaise, girándose hacia Hermione. —¿Cuándo dejaste de odiarlo? —añadió, señalando a Draco con su barbilla.
Ella apoyó la espalda en su silla, dejando salir el aire lentamente.
—Supongo que en sexto curso. ¿Y tú? —preguntó, mirando a Draco.
Él torció los labios hacia un lado.
—Ese año me di cuenta de que nada de eso importaba. Yo era un sangre pura perteneciente a una de las familias más importantes de Inglaterra, pero él estaba dispuesto a matarme igualmente. Me encargó una misión que sabía que no podría hacer.
—¿Crees que Voldemort quería que Dumbledore te matara? —susurró Hermione.
Los otros tres ocupantes de la mesa saltaron al escuchar el nombre. Draco asintió una vez.
—Era un castigo. Quería que yo pagara por los fracasos de mi padre.
Theo se llevó una mano al rostro, frotándose la sien.
—No somos nuestros padres.
—Cierto —dijo Draco, dedicándole una pequeña sonrisa.
Hermione agarró una de sus manos y Draco la movió hasta colocarla en su regazo, apretándola con cariño.
—¿Qué te hizo cambiar de opinión, Granger? —insistió Blaise.
—Recuerdo el mal aspecto que tenía ese año, y su cara de miedo cuando los carroñeros nos llevaron a la Mansión Malfoy... —Hermione sacudió la cabeza. —Sabía que Draco no era tan horrible como todos pensábamos, y aquel día nos lo demostró a los tres. Al no delatarnos nos dio más tiempo para intentar escapar.
—Simplemente fui un cobarde —comentó él en voz baja.
—Di lo que quieras, pero si no fuera por ti estaríamos muertos. Además... creo que en realidad nunca te odié. Solo pensaba que eras un cretino.
Blaise se ahogó con su whisky, tosiendo con lágrimas en los ojos. Theo y Pansy los observaban con una sonrisa idéntica en la cara.
—Lo tenías calado, Granger —comentó ella con voz burlona.
Draco le lanzó una mirada de odio.
—Cierra el pico.
Los cuatro se rieron y Draco arrugó aún más el entrecejo, cruzándose de brazos. Hermione apoyó la cabeza en su hombro, sonriendo.
—Ya no pienso eso de ti —confesó en un susurro.
El rostro de Draco se suavizó y giró la cabeza, besando su frente.
—Lo sé.
Pansy levantó su vaso.
—Por el nuevo mundo sin Señor Tenebroso.
Todos alzaron sus vasos como ella y bebieron.
A la mañana siguiente, Draco se detuvo en una acera.
Potter hizo lo mismo a su lado y se cruzó de brazos, torciendo los labios.
—¿Estás seguro de esto, Malfoy?
—Sí.
—¿De verdad?
—Completamente.
—Pero es que está casi destruida. ¿No sería mejor comprar una nueva?
Draco suspiró, apretándose el puente de la nariz.
—Deja de preocuparte, Potter. Ya lo tengo todo planeado, y recuerda que es un secreto. Espero que no me traiciones esta vez.
El mencionado asintió, sacando algo rectangular del bolsillo de su chaqueta y colocándose mejor las gafas mientras leía los números que había escritos en el cartel clavado en el césped.
—Eso es un teléfono muggle, ¿verdad?
Potter levantó la mirada de las teclas un momento y arqueó una ceja en su dirección, dedicándole una sonrisa burlona.
—Sí —contestó, pulsando el último número y acercándoselo al oído.
—Granger tiene uno igual.
—Lo sé, Malfoy.
Se dio media vuelta, caminando a pasos lentos por la acera mientras hablaba con la persona que estaba al otro lado de la línea.
Esa forma de comunicación muggle era inquietante y fascinante a la vez.
Draco metió las manos en los bolsillos de su pantalón y ladeó la cabeza, contemplando la casa en ruinas que tenía delante con interés.
Estaba seguro de que podría reconstruirla en pocos días con ayuda de su madre y de los elfos de la Mansión Malfoy.
