SamanthaBenitez: me alegro de que te guste la historia! :)
NoraCg: en este capítulo creo que se resolverán tus dudas
Capítulo Veinticuatro
Fiesta de cumpleaños
Hermione pestañeó de nuevo, intentando mantener los ojos abiertos.
Se había pasado casi toda la noche en vela, preparando todo para un juicio bastante complicado contra un hombre lobo que tenía aquella mañana. Al final había salido todo bien y al pobre hombre no le habían quitado su varita.
Aparte de la nueva ley que pensaba presentar por primera vez en un par de semanas, Hermione estaba trabajando en un decreto para que las personas que sufrían licantropía pudieran acceder a la poción matalobos con mayor facilidad.
Iba a resultar muy difícil conseguir que pudieran comprar los ingredientes gratis, pero al menos lograría que el Ministerio subvencionara una parte y así les hicieran un descuento. No pensaba parar hasta conseguirlo.
Miró el reloj que colgaba en la pared y suspiró al ver que todavía le quedaba una hora para poder marcharse a casa.
Una vez allí, tenía que ducharse y vestirse para la gran fiesta de cumpleaños que le esperaba en el Caldero Chorreante.
Hermione volvió a suspirar, apoyando la frente en su mesa y cerrando los ojos.
Voy a descansar la vista, solo un segundo...
Alguien golpeó la puerta de su despacho tres veces y ella levantó la cabeza de golpe, jadeando.
—¡Un momento! —pidió con voz chillona, comprobando que todos sus papeles estaban en orden y restregándose los ojos para espabilarse.
Dejó salir un largo suspiro, levantando la mirada hacia la puerta.
—Adelante.
Se quedó sin habla cuando vio entrar a Draco con un vaso de cartón en la mano.
—Hola.
—Hola —contestó ella, sonriendo.
Llevaba dos días sin verlo, y lo más raro de todo era que no llevaba puesto uno de sus trajes. En esta ocasión había elegido un jersey verde oscuro y unos pantalones oscuros, casi negros.
Draco caminó hasta ella, rodeando el escritorio y dedicándole una sonrisa tímida que alteró los latidos de su corazón.
Sujetó con la mano derecha su barbilla, levantándola mientras él se inclinaba sobre ella. Hermione cerró los ojos cuando la besó, suspirando sobre sus labios.
Draco se separó unos centímetros, mirándola a los ojos.
—¿Cómo va tu día?
Ella sonrió, sabiendo que estaba ruborizada. La besaba siempre de una forma muy dulce, como si temiera hacerle daño.
Agitó su varita, haciendo que una de las sillas levitara hasta estar a su lado.
—Bien, aunque estoy agotada. No esperaba verte por aquí.
Draco la miró fijamente un momento, suspirando y apoyando el tobillo en su rodilla tras sentarse.
—No quiero que te enfades.
—¿Por qué iba a enfadarme? Puedes venir cuando quieras —preguntó ella, confundida.
Aparecía por sorpresa en su despacho, trayendo un té caliente para ella y haciendo que se sintiera mucho mejor al pasar un rato juntos. ¿Qué podía tener eso de malo?
—Hoy... mejor dicho, anoche sentí tu angustia y ansiedad. Potter ha pasado por casa para traerle algo a mi madre y le he pedido que me dejara acompañarlo para pasarme a ver cómo estás. Me ha dicho que estabas cansada, así que he comprado eso para ti en la cafetería —murmuró Draco, señalando el vaso con sus ojos.
Hermione asintió, quitando la tapa que cubría el vaso y levantándolo hasta su nariz. Esta vez tenía un toque a naranja.
—Pensaba que solo podías sentir lo que yo siento si era algo muy fuerte —comentó, soplando para enfriarlo.
Draco se pasó una mano por su pelo rubio.
—Yo también, pero parece que cada vez siento más cosas. Creo que es por... por pasar tanto tiempo juntos —añadió en un susurro.
Alargó un brazo y trazó su antebrazo derecho con los dedos de forma ausente. Hermione contuvo el aliento cuando se le pusieron los pelos de punta.
—¿Crees que también puede ser porque ahora nos besamos a menudo? —preguntó en voz baja, buscando su mirada.
Él sonrió, frotándose la barbilla con la mano que no estaba recorriendo su piel.
—Mmm sí, es posible.
Hermione resopló, sacudiendo la cabeza mientras sonreía.
—Tú y tus secretos, Draco Malfoy.
El mencionado arrugó el entrecejo, torciendo los labios.
—¿Secretos? Pero si ya lo sabes casi todo, Granger. Haces conmigo lo que quieres.
Hermione enrojeció y una sonrisa torcida se extendió por el rostro de Draco.
—Y puedes seguir haciéndolo, no me importa —comentó con voz grave, atrapando uno de sus rizos con los dedos y colocándolo detrás de su oreja.
Hermione tragó saliva, incapaz de contestar. Draco se pasó la lengua por los dientes, desviando la mirada.
—También... también he traído esto —añadió, sacando un pequeño frasco del bolsillo de su pantalón.
Hermione observó el líquido de color transparente con curiosidad.
—¿Qué es?
—Es una de mis pociones, ayuda con el cansancio acumulado. Yo la utilizaba en Hogwarts cuando me quedaba estudiando por la noche.
—Yo también estudiaba por las noches. Era la última persona que quedaba en la sala común —dijo ella, volviendo a levantar la mirada.
Draco apretó los labios, intentando no sonreír.
—Más de una noche me quedé dormido en un sillón y tuvieron que despertarme los elfos.
—A mí me pasó un par de veces —añadió Hermione, riendo suavemente.
Alargó una mano y cogió el frasco, destapándolo.
—¿Tengo que echarlo entero?
Draco sacudió la cabeza.
—Con un par de gotas será suficiente.
Hermione dejó caer dos gotas sobre su té y volvió a tapar el frasco, devolviéndoselo.
—Gracias.
Él asintió con una pequeña sonrisa, guardándolo de nuevo en su bolsillo. Ella bebió dos largos tragos de té, cerrando los ojos y suspirando al dejar el vaso sobre la mesa.
—Dios mío, Draco. ¡Ya noto el efecto! Es como si hubiera dormido ocho horas.
Él se rio entre dientes y Hermione sujetó una de sus manos, dándole un apretón.
—Hace tiempo que pienso que deberías vender tus pociones. Estoy segura de que muchísima gente las compraría.
El rostro de Draco se oscureció al instante y soltó su mano, cruzándose de brazos.
—Nadie querría comprar algo hecho por un Malfoy, Granger. Además, ya no puedo hacer las pociones tan rápido como antes al no tener mi varita. Minsy me ayuda, pero no me gusta estar molestándola continuamente.
Hermione torció los labios, extendiendo su mano otra vez.
—Recuperaremos tu varita.
—Lo sé —dijo él, suspirando y entrelazando sus dedos.
Draco giró sus manos unidas, observándolas con curiosidad, y ella sonrió.
—¿Sí? ¿Por fin me crees?
—Si alguien puede conseguirlo eres tú, Granger.
Eso hizo que se ruborizara de nuevo. Hermione asintió, bebiendo un poco más de té.
—Gracias por creer en mí.
Él arqueó una ceja, pero no contestó.
Cuando el vaso estuvo vacío, Hermione lo dejó sobre la mesa y lo desvaneció con su varita.
—Media hora y podré irme a casa —comentó, volviendo a mirar el reloj y suspirando.
Draco se removió en su silla.
—¿Quieres que me marche, Granger?
—No, no me molestas —contestó ella, sacudiendo la cabeza. —Podrías ayudarme leyendo esto y dándome tu opinión —añadió, empujando una pequeña carpeta hacia él.
Draco la abrió sobre la mesa, arrugando el entrecejo mientras empezaba a leer.
—¿Ya has terminado el borrador de tu nueva ley?
Hermione hizo una mueca.
—Sí, pero sé que van a encontrar algún problema y tendré que volver a presentarla. Siempre lo hacen.
—Que yo sepa, va a ser la primera vez que Hermione Granger presenta un proyecto de ley ante el Wizengamot —comentó Draco, pasando la hoja.
Ella sonrió, mirando de reojo el anillo que llevaba en la mano izquierda. Era plateado, con una gran M de color verde oscuro en el centro.
El sello de los Malfoy. Hermione recordaba ver a Lucius llevando uno igual cuando se cruzaron con él en el Callejón Diagon. Draco también estaba allí ese día, y se burló de Ginny y Harry antes de que el Señor Weasley se lanzara a por Lucius y ambos acabaran siendo expulsados de la librería.
Hermione alargó el dedo índice, trazando la M. Al mirar a Draco, vio sus ojos grises fijos en ella.
—Y Draco Malfoy estará allí, dando su testimonio y recuperando su varita.
Una de las comisuras de sus labios se torció hacia arriba.
—Por supuesto.
Ella sonrió. El apellido Malfoy ya no tenía el mismo significado que antes.
Hermione se dio una ducha rápida y eligió un vestido veraniego de color blanco, junto a unas sandalias con tacón y una chaqueta de color rojo.
Aquella tarde no hacía demasiado frío y quería aprovechar. Además, en el Caldero Chorreante siempre hacía bastante calor.
Antes de salir, Hermione cogió unos guantes finos de color blanco que le había prestado Narcissa y se los puso.
Cuando bajó las escaleras encontró a Draco en el salón. Se había quitado su jersey y debajo llevaba un polo del mismo color. Él frunció el ceño al verla y se levantó de un salto.
—Dame un minuto, volveré enseguida.
Avanzó hacia la chimenea, pero Hermione lo detuvo con un gesto.
—¡Draco! ¿A dónde vas?
—Necesito un traje —dijo, señalando su vestido con la mirada.
—¿Qué? No, estás bien así. No hace falta que te cambies.
El entrecejo de Draco se arrugó aún más.
—¿Estás segura? —preguntó, dudoso.
Hermione asintió, escondiendo una sonrisa. Le gustaba demasiado ir siempre impecable y formal.
—Nadie va a ir tan arreglado, pero si te sientes más cómodo con uno de tus trajes te esperaré aquí —murmuró, señalando un sillón.
Él cerró y abrió los puños, suspirando.
—Vale. Iré así.
—¿Le dijiste a Parkinson y los chicos que vinieran? — preguntó ella, dando unos pasos hasta estar a su lado.
Tener a sus amigos cerca lo ayudaría a sentirse más cómodo, por lo que Hermione había decidido invitarlos.
Draco resopló.
—Probablemente ya estarán allí. ¿Y Potter?
—También debe estar allí.
—Entonces... ¿vamos a llegar los dos juntos? —preguntó él, tragando saliva.
Hermione sonrió.
—Eso parece.
—Y todos sabrán que estamos... que estamos saliendo.
—Sí —dijo ella, agarrando una de sus manos y mirándolo a los ojos.
Una pequeña sonrisa se extendió por el rostro de Draco al mirar sus guantes y lanzó un puñado de polvos flu a la chimenea.
—¡Hermione! ¡Felicidades!
Ron y Harry gritaron al verla aparecer en la chimenea del Caldero Chorreante, corriendo hacia ella. Se detuvieron a unos centímetros y cada uno cogió una de sus manos, apretándosela con cariño.
Sí, definitivamente Narcissa había tenido una muy buena idea al darle los guantes. Poder tocar a sus amigos sin preocuparse por Draco era un todo un alivio.
—Gracias —contestó con una gran sonrisa.
La sala principal estaba llena de velas flotantes que le recordaban al Gran Comedor de Hogwarts. Globos de color dorado flotaban cerca del techo y había varias mesas con bandejas llenas de comida y una pequeña tarta en el centro.
Hermione tragó saliva al ver las diecinueve velas y Draco se inclinó hacia ella.
—Ahora eres mayor que yo —susurró en su oído.
Ella lo miró de reojo, intentando no ruborizarse.
—Pues respeta a tus mayores.
Lo escuchó reírse entre dientes mientras colocaba la mano en la parte baja de su espalda.
—No lo creo, Granger.
—Tus regalos están allí, Hermione. ¿Quieres ir a abrirlos? —preguntó Ron, emocionado.
Hermione puso los ojos en blanco, sonriendo.
—Está bien. Puedes abrirlos tú por mí, Ron.
—¡Genial! —gritó él, corriendo hacia la esquina donde había varios paquetes envueltos en colores chillones.
Harry y Hermione se rieron.
—«Herrmyone».
Ella se giró y su sonrisa se amplió.
—¡Viktor! ¿Cuándo llegaste a Inglaterra?
Draco sintió que algo le presionaba en el pecho. Ahí estaba la única persona que había besado a Granger aparte de él, y no había cambiado. Seguía teniendo las cejas espesas y el rostro igual de serio, aunque parecía estar intentando sonreír.
—Hace dos días. Estás tan «herrmosa» como siempre —dijo él, cogiendo una de sus manos y besando sus nudillos.
Draco miró hacia otro lado, apretando los labios. No sentía dolor, pero no era incómodo ver a otro hombre siendo tan cariñoso con ella.
—Y tú debes «serr» su novio, ¿no? Me «acuerrdo» de ti. Me sentaba en tu mesa «durrante» el «torrneo».
Se giró, sorprendido al escuchar a Krum dirigiéndose a él. Volvió a mirarlo y encontró sus ojos oscuros fijos en su rostro. Draco sonrió al notar que era bastante más alto que él.
—Draco Malfoy —murmuró, ofreciéndole su mano.
Él se la estrechó con fuerza.
—Sí,«rrecuerrdo» tu «nombrre». Hablabas mucho «sobrre» la «purreza» de «sangrre» y dejaste de «acerrcarrte» a mí cuando viste que la llevé a ella al baile —comentó, mirando de reojo a Hermione.
Draco palideció, pero ella le dedicó una pequeña sonrisa tranquilizadora.
—Las cosas han cambiado mucho por aquí, Viktor.
—Ya veo. Un «placerr verrte» otra vez, Malfoy. Espero que cuides bien de mi «Herrmyon».
Draco sintió una punzada de celos. ¿Su Hermione?
Iba a contestar, pero sintió un aroma extraño en el ambiente.
Recorrió la gran sala con su mirada, observando a todos los invitados con atención. Sus tres amigos estaban en una esquina, hablando con una chica rubia que parecía ser Lovegood. Potter se había alejado y estaba rodeado de pelirrojos, y su madre estaba sentada en una mesa con la Señora Weasley a su lado.
La encontró enseguida. Su pelo rubio con destellos plateados parecía brillar bajo las velas y ella también lo estaba mirando fijamente.
Draco se abrió paso entre la gente sin despegar la mirada de aquella mujer. No había vuelto a pensar en Fleur Delacour desde el Torneo de los Tres Magos, pero recordaba a todos sus compañeros de Slytherin babeando por ella.
Ese año escuchó los rumores sobre que ella tenía sangre Veela, pero no le había interesado lo más mínimo. Sabía de sobra que su compañera sería alguien completamente humana, así que no perdió el tiempo en observar cada uno de sus movimientos como el resto de sus amigos.
Desvió la mirada un segundo hacia la izquierda, encontrando a Theo y Blaise con la mirada fija en Delacour y las bocas medio abiertas. No pudo evitar sonreír al ver que Pansy les daba una bofetada a ambos.
Con cinco pasos más llegó junto a la fuente de ese olor desconocido. Era un poco más alta que Granger y su pelo lacio le caía por la espalda, llegando a sus caderas.
Draco vio que sus ojos se desviaban un segundo hacia uno de los pelirrojos que estaba hablando con Potter.
—Veo que me has «encontgado» —dijo ella con una sonrisa.
Draco entrecerró los ojos.
—Te he olido desde el otro lado de la habitación.
—«Dgaco» Malfoy, ¿«vegdad»? He oído a «Hegmione hablag» mucho de ti —contestó Delacour, ofreciéndole su mano.
Draco dudó, mirando un segundo hacia donde estaba Granger con Longbottom y Krum.
Cogió su mano y la estrechó, soltándola de inmediato. Ella levantó una ceja.
—«Hegmione» es humana, no va a «sentig» nada si me tocas.
—Prefiero no arriesgarme. Nunca he estado cerca de alguien como yo.
—Mi abuela «ega» una Veela y yo también soy «pagte» Veela, aunque no tanto como tú. Yo no tuve ningún «pgoblema» en mi país.
Él asintió, cruzándose de brazos mientras paseaba la mirada por la sala.
—Sí, en las mujeres la sangre Veela funciona de forma diferente.
Delacour soltó una risita, bebiendo un sorbo de su copa de vino.
—Tengo una «cuagta pagte» de Veela, «pego» oficialmente soy una simple humana. Lo único «difegente» es que los «hombges» suelen «sentigse atgaidos pog» mí, al igual que les pasa con las Veelas.
—Pues yo no sentí nada cuando estuviste en Hogwarts —murmuró Draco, mirándola de reojo.
Ella se encogió de hombros.
—«Pogque» tú no «eges» un humano «nogmal», Malfoy. Aunque no «estuviegan» activados, llevabas genes Veelas en tu «integiog».
Draco se pasó la lengua por los dientes, cogiendo un vaso de cerveza de mantequilla de una mesa cercana.
—¿Tú no puedes transformarte?
Delacour negó con la cabeza y él suspiró.
—Mi lado Veela se activó hace unos meses, cuando vi a Granger por primera vez después de la batalla.
Ella golpeó el filo de su vaso suavemente con las uñas, ladeando la cabeza.
—Es bastante «cugioso» que tu alma gemela sea «Hegmione», ¿«vegdad»?
Draco dio un paso brusco hacia ella, cubriéndole la boca con una mano.
—No hables de eso en voz alta. Ella no lo sabe todavía —siseó con rabia.
Los ojos azules de Fleur se abrieron más y asintió.
—No lo sabía. Pensaba que no «podgias teneg secgetos» con ella.
—Y no puedo mentirle, pero aún no se lo he contado todo. No quiero asustarla.
—Mi abuela me ha contado todo «sobge» las Veelas, «natugalmente, pego» no «digé» nada. Tu «secgeto» está a salvo conmigo.
Un hombre pelirrojo con varias cicatrices en el rostro apareció de repente a su lado, lanzándole a Draco una mirada de odio y empujándolo hacia atrás hasta separarlo unos metros de ella.
—¿Qué crees que estás haciendo?
—«Tganquilo», Bill. Solo ha sido un malentendido.
Draco jadeó. Bill Weasley, el hermano que había resultado herido cuando los mortífagos entraron en Hogwarts. Volvió a fijarse en las dos cicatrices que cruzaban su rostro mientras sentía un nudo en la garganta.
Eso se lo había hecho Greyback. Y había pasado por su culpa.
El rostro del hombre se relajó al escuchar la respuesta de Delacour y asintió, dedicándole una última mirada de advertencia a Draco.
—Estaré cerca si me necesitas.
Ella besó su mejilla y él se volvió a alejar, mirando sobre su hombro un par de veces.
—Es mi «magido», nos casamos el año pasado. Supongo que «Hegmione» te lo «habgá» contado.
—Algo me ha dicho, aunque no sabía que estarías hoy aquí.
—Hemos venido «paga dagle» una «sogpgesa». «Hegmione» lleva tiempo «quegiendo hablag» conmigo y vamos a «quedagnos» en «Londges» un «pag» de semanas.
Draco arrugó la nariz, observando a su alrededor de nuevo mientras bebía otro sorbo de cerveza.
El estúpido de Krum seguía hablando con Granger.
—No «debegías espegag» mucho más, Malfoy. No te queda mucho tiempo «paga completag» el vínculo.
Draco tosió, atragantándose con su bebida.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó, mirándola otra vez.
Ella señaló su nariz.
—Te estás debilitando. Puedo «oleglo».
Draco hizo una mueca.
—Aún me queda algo de tiempo. No se lo digas a Granger.
—No lo «hagé» —contestó ella, sonriendo en su dirección.
Alguien dijo su nombre y Delacour sacudió su larga melena plateada.
—«Espego volveg» a «vegte pgonto», Malfoy.
Draco asintió y ella caminó de forma elegante hacia donde estaba la familia Weasley.
—¿De qué has hablado con ella?
Puso los ojos en blanco y giró la cabeza. Sus dos amigos estaban pegados a él, con la mirada fija de nuevo en Delacour.
—Dejad de mirarla o Pansy os volverá a abofetear.
Una sonrisa torcida se extendió por el rostro de Blaise.
—Correré el riesgo. ¿Has visto ese culo, Draco?
Él chasqueó la lengua con molestia.
—Estás en plan asqueroso desde que Pansy habló con nosotros sobre el tema. Deja de babear, Blaise.
Su amigó entrecerró los ojos, poniendo una mano sobre su hombro
—Lo haré cuando tú dejes de babear cada vez que miras a Granger.
Draco la encontró en tan solo un segundo junto a Potter y se ruborizó, apretando la mandíbula.
—Touché —murmuró Theo con una carcajada.
Una hora después, Hermione ya había cortado la tarta y abierto todos los regalos.
La familia Weasley se despidió de ella y Molly le dio un gran abrazo antes de marcharse. Narcissa los siguió, sujetando su mano un momento y sonriendo. Cuando la mujer desapareció entre las llamas verdes, Hermione se dio media vuelta.
—¿No te vas con tu madre?
Draco estaba a su lado, con las manos en los bolsillos.
—Antes quiero darte tu regalo.
La mirada de Hermione bajó hasta sus bolsillos y él sonrió, sacudiendo la cabeza.
—No lo tengo aquí. ¿Potter?
Harry se despidió de Luna y caminó hasta ellos.
—¿Ya?
—Sí —dijo Draco, sacando un pañuelo negro de su bolsillo. —Necesito que te pongas esto, Granger. No quiero que esta vez me estropees la sorpresa.
Ella levantó una ceja, pero cogió el pañuelo y se lo colocó alrededor de la cabeza, atándolo con un nudo.
Draco se aseguró de que cubriera bien sus ojos y asintió. Potter los agarró a ambos y los tres desaparecieron con un crujido.
—Me marcho, Malfoy. Ya me contarás si le gusta.
—Vale, Potter.
Hermione escuchó otro crujido, señal de que su amigo había desaparecido. Draco sujetó una de sus manos y la obligó a caminar junto a él.
—¿Dónde estamos?
—En un barrio muggle de Londres, pero es de noche y Potter se ha asegurado de que nadie nos viera. Solo hay que andar un poco más.
Hermione se dejó guiar por él hasta que Draco se detuvo, sujetando sus hombros.
—¿Preparada?
El corazón le latía a toda velocidad. Hermione tragó saliva.
—Sí.
—¿Qué crees que es? —preguntó él cerca de su oído.
Ella se encogió de hombros.
—No tengo ni idea. ¿Me vas a llevar al cine?
—No sé lo que es eso, Granger.
Los dos se rieron y Draco se colocó detrás de ella, desatando el pañuelo y besando su mejilla.
—Bienvenida a tu nuevo hogar.
La tela cayó y Hermione jadeó al ver lo que tenía justo enfrente, llevándose las dos manos al rostro y sintiendo que los ojos se le llenaban de lágrimas.
La antigua casa de sus padres se alzaba de nuevo en el lugar donde siempre había estado, como si hubieran vuelto atrás en el tiempo.
Menuda pesadilla escribir los diálogos de Fleur con tantas 'g' jajaja. Espero que os haya gustado!
