Todos los personajes son de la serie Boku No Hero Academia (My Hero Academia) del mangaka Kōhei Horikoshi. Esta historia sólo utiliza los nombres de los personajes para entretenimiento sin fines de lucro.
La historia está basada en la novela de Linda Howard "El Hombre Perfecto", si deseas leer la historia original para comparar las tramas, envíame un mensajito y con gusto te paso el archivo PDF.
— ¿Acaso no es romántico? Kero, el admirador secreto ya se está motivando más. — Dijo Tsuyu mientras buscaba por la oficina un lugar en donde poner aquel ramo.
— De hecho si estoy sorprendida — Eso fue dicho por Yaoyorozu, que mordía su pulgar como era usual cuando estaba pensado — Las flores sólo venían los lunes, pero ahora también las envió en martes, es un gran cambio.
— Al parecer el desconocido quiere demostrar su interés por Uraraka, Kero.
— Chicas, sé que esto les parece divertido, pero a mí me está asustado. — Ambas miradas fueron directas hacia Uraraka, que no estaba nada cómoda con la situación. — Si las flores no son de Kaminari, no sé quién pueda estar interesado en mí y me preocupa que se mantenga en el anonimato, ya ha pasado bastante tiempo ¿Por qué apenas van aumentando el interés?
Sus compañeras permanecieron en silencio por un momento.
— Por la fotografías — Señaló Yaoyorozu — Tu admirador ha de ser alguien de la empresa, es lógico ¿No? Se comparten tus fotos de la sesión y los regalos empiezan a ser más notorios, es obvio que pensó que tendría más competencia y por eso decidió confirmar su interés, quien sabe, tal vez tengas una invitación a salir a cenar muy pronto.
La castaña asintió, eso sonaba lógico así que se empezó a tranquilizar. Al pensarlo con más calma, si quería descubrir al autor de aquellos adornos simplemente tendría que prestar un poco más de atención para ver si podría distinguir a aquel admirador, rayos, tal vez hubiese estado en la recepción cuando ella llegó y sólo por tímida no se fijó en las personas que estaban dentro. Bueno, no le gustaba mucho la idea pero tendría que salir de la oficina un poco más para ver si notaba alguna mirada indiscreta.
Suspiró tranquila y decidió disfrutar de la vista que aquel ramo ofrecía, para ser sincera los colores de las flores le ponían vida al lugar, así que una vez calmados sus nervios, decidió volver a trabajar con mucho mejor humor que antes.
Eran las 4:45 y Uraraka se empezó a poner ansiosa, todo el día había sido tranquilo, salió un par de veces de su oficina a ver si podía distinguir a su admirador, pero las miradas hacía ella provenían tanto de hombres como de mujeres así que no tuvo algún resultado. Pospondría su búsqueda hasta el día de mañana… lo que no podría posponer era que Bakugou fuese a recogerla al trabajo.
¿Qué debía de hacer? Lo más lógico era que se fuese con él, y lo haría, pero no sabía qué hacer en los 15 minutos que él le había dado de tolerancia. Podría quedarse unos cuantos minutos más ahí escondida frente al computador, pero ya había acabado sus labores del día y no encontraba más que hacer, otra opción podría ser actuar con normalidad y bajar con las chicas a platicar mientras lo esperaba, pero tenía miedo de que él le llamara o se baraja del auto por ella haciéndole una escena que no esperaba tener.
Se golpeó mentalmente cuando se dio cuenta de que se estaba poniendo nerviosa ¿Por qué? No quería saber. Simplemente no deseaba que sus amigas supieran que un chico iba a pasar por ella, conociéndolas iban a asecharla con preguntas incómodas y comenzarían a hacer mil y un teorías acerca de por qué de aquella acción, y es que a pesar de que sólo iban a hacer una cena, mientras más lo pensaba más fantasiosa sonaba su historia y pareciera que estaba ocultando algo.
Se decidió, no iba a estar ocultando nada, porque no estaba haciendo nada malo, así que apenas dieron las 5 en punto empezó a guardar sus cosas mientras Yaoyorozu hacía lo mismo. Tomaron el elevador y la castaña empezó a prepararse mentalmente para explicar que ese día no iba a conducir a su casa, sin embargo, una tercera persona alcanzó a meterse junto con ellas en el cuadro.
Era Shinso Hitoshi, del departamento de sistemas. Alto, delgado, de piel pálida y con unas ojeras que parecía que él no había dormido en días, no obstante, su cabello largo, puntiagudo y sin peinar decía todo lo contrario, era serio pero aun así atractivo, a Uraraka le pareció así al inicio ya que tenía una gran presencia, pero las características anteriores hacían que se le quitara esa virtud con el tiempo.
— Buenas tardes — Saludó cuando entró al elevador, su voz parecía mostrar flojera, pero eso hacía que tuviera un tono un poco más grueso que hacía que la piel de varias mujeres se erizara.
— Buenas — Saludaron ambas, en todo momento educadas. Pero Yaoyorozu fue quien siguió el tema de la conversación. — Ha sido un día cansado ¿Eh?
— Como siempre — Respondió, y las chicas supusieron que esa sería toda su conversación, pero él agregó a la oración: — Especialmente porque muchos han querido descargar ciertas fotografías de cierta compañera de trabajo.
Uraraka se sobresaltó un poco, no se esperaba ese comentario proviniendo de él.
— ¿Me crees que yo no he visto mis fotografías? — No supo que decir, Shinso era alguien de muy pocas palabras, y decidió gastarlas ¡Sobre un tema que la involucraba a ella!
— ¿No? A mí no me gustan ese tipo de cosas, pero igual las he visto, creí que tú…. — El elevador se volvió a abrir dejando entrar más personas y él dejó la oración a la mitad.
Todos estaban en silencio, Yaoyorozu y Shinso decidieron entretenerse con su celular, así que ella los imitó, vaya fue su sorpresa cuando vio un mensaje de Bakugou que le dijo que ya la estaba esperando a la entrada. ¡Se suponía que le iba a dar minutos de tolerancia! Empezó a ponerse ansiosa mientras respondía que ya iba bajando, iba a tener que correr para alcanzarlo. No obstante, su corazón dio un vuelco cuando leyó la contestación por parte de él:
"No tengas prisa, te dije que te daba 15 minutos"
Uraraka ni siquiera se dio cuenta cuando todos estaban bajando, ¿Enserio él había escrito eso? ¿Él? Si en esos días la estuvo criticando que se tardaba, ¿Y ahora le daba tiempo para despedirse? Le sorprendió que fuese alguien de palabra, eso, no lo había esperado de alguien como él, es más, de nadie lo hubiese esperado.
Yaoyorozu la sacó de sus pensamientos cuando la jaló para que saliera del ascensor, pero en vez de dirigirse a la recepción como era costumbre, su jefa que seguía metida en el celular se disculpó diciendo que tenía que atender algo.
— ¿Yao-Momo no se despidió? Kero — Preguntó Tsuyu al ver como su compañera emprendía su marcha al estacionamiento.
— No, estaba con el celular y dijo que algo le había pasado, pero no me dio detalles. — Analizó Uraraka, que también parecía sorprendida por aquel comportamiento.
— Ojalá no sea nada malo, sino, le enviaré un mensaje para decirle que cuenta conmigo Kero.
La contadora sonrió al mismo momento que la recepcionista, ese comentario había sido sincero.
— Yo también lo haré. — Le apoyó — Por cierto, ya le agradecí a Aoyama por el maquillaje. Dice que va a estar hablando contigo para ver si me sigo portado bien y me sigo arreglado.
— Por supuesto, eres famosa, así debe de ser Kero.
Ella rió, gracias a Yaoyorozu sabía de primera mano que el dinero y la fama eran un arma de doble filo que te lastimaba más de lo que te protegía, no, a ella no le interesaba eso.
— Lo haré para no decepcionar a mis fans — Bromeó — ¿Cómo se llamarán mis seguidores? ¿Urarakers? ¿Ochakers? Debe de ser algo divertido y distintivo.
— También puede ser algo que te guste Kero, o algo que te diferencie, un atributo por ejemplo.
Lo primero que le llegó a su mente fue "Cara Redonda" y se imaginó decirle a un grupo de gente desconocida "Los Cara Redonda" Se rio con más fuerza, no, nunca haría eso.
— ¿Ya encontraste el nombre? — Preguntó Tsuyu que no entendía las risas de la chica.
— Sí, ya. Y es horrible: "Los Cara Redonda" jajajaja. — Se volvió a carcajear mientras se sujetaba ligeramente el estómago.
Parecía que Tsuyu quería volver a decir algo, sin embargo, una llamada le interrumpió la conversación, y en eso, a Uraraka le sonó una alarma que marcaba las 5:10. Decidió aprovechar ese intervalo de tiempo para despedirse, y sin que su amiga la viera, atravesó la puerta principal mientras reconocía un auto que tenía las luces intermitentes encendidas.
Como el auto no tenía los seguros puestos, entró como si nada, cosa que sorprendió a Bakugou, que parecía que había cerrado los ojos para descansar ese tiempo de espera, ella simplemente entró y no dijo nada, él pareció que empezó a balbucear algo pero se calló y decidió manejar hacía el mercado.
Uraraka agradeció que la ruta que él estaba tomando fuese la misma que ella había tomado ayer, eso significaba que iban a la tienda que ella conocía, y no es que tuviese algo en contra de otros centros comerciales, pero no sabía que tanto iba a gastar en esa cena porque ni siquiera conocía el menú, así que temía que él la llevara a un lugar gourmet o algo parecido que le dejara la billetera seca. Por lo menos él parecía consciente en ese aspecto.
— ¿Y qué vamos a cenar? — Preguntó, nadie había dicho nada en ese trayecto, pero curiosamente el silencio entre ellos era tranquilo, no incómodo con la primera vez que la llevó.
— Lasaña — Respondió él tosco como de costumbre. — Buenas tardes ¿Eh? Joder, ni siquiera me saludas y ya me estás bombardeando de preguntas.
— Buenas — Respondió, no gustándole que él tuviera razón en lo que decía, pero había estado tan nerviosa que se le olvidó cualquier rastro de educación que había aprendido a lo largo de su vida. — ¿Cómo te fue en el trabajo?
Bakugou giró la cabeza para mirarla directamente a los ojos.
— ¿Enserio te interesa eso? — Pillada.
— ¿Enserio te molestas porque no te saludo cordialmente pero te enojas si te pregunto por tú trabajo?
Él chisteó los labios e hizo una mueca, en eso ella recordó que estaba tratando con su vecino, aquel ser que durante casi un mes se hizo pasar por un terrorista o narcotraficante.
— Mi respuesta va a ser "bien" Soy policía ¿Recuerdas? No puedo contar acerca de los casos en los que estoy involucrado.
Uraraka guardó silencio, era cierto aquello, Deku también se reservaba sus cosas, sin embargo si había algo que le interesaba o le quería contar cambiaba las situaciones y los nombres de los eventos para que ella se hiciera una idea sin saber lo que realmente estaba pasado, era algo divertido, ella escuchaba como la princesa Diana que en realidad era Diane Nguyen tenía algo que ver con Super-Man mientras un Hacker los perseguía, era fantasía, pero estaba inspirado en la realidad.
— Ah. — Respondió ella, sin saber que más decir.
— ¿Y a ti? ¿O tienes ropa exclusiva de la que no podrás hablar? — Se burló.
— Pues vamos a sacar una nueva línea pronto — Le dijo, pero al recordar el tema de las fotografías, optó por cambiar el tema. — Y me llegaron flores de un admirador secreto.
— ¿Admirador secreto? — Preguntó levantando una ceja — ¿Qué le interesó de ti? ¿Tu red…?
— Ni se te ocurra decirlo Bakugou Katsuki — Lo amenazó interrumpiéndolo ¿Cómo era posible que la pudiera sacar de sus casillas tan rápido?
— Ah, ¿Estás amenazando a un oficial? — La retó, sin saber que esa misma mañana ella estuvo a punto de golpearlo. — ¿Sabes que eso te puede llevar tras las rejas?
— ¿Sabes que eso a mí no me interesa? Deku me podría sacar de todas formas, y hasta me invitaría una cena mejor que tu lasaña mal hecha.
Eso le dolió, ella pudo ver como su mandíbula se tensaba y empezaba a fruncir los labios, se regañó mentalmente, pero vio que ya estaban en el estacionamiento del mercado así que se alegró de que pudieran cambiar de tema sin que ella debiese disculparse.
Bakugou estacionó, y en eso ella empezó a tomar sus cosas, pero como siempre él fue rápido, tanto que hasta tuvo oportunidad de rodear el carro para abrirle la puerta.
— Voy a hacer que te tragues tus palabras, Uraraka.
Ella tragó saliva, sentía que se había metido en algo grande.
El policía tomó el carrito y empezó su recorrido por el pasillo, al parecer era alguien a quien no le gustaba perder el tiempo, ya que no hizo la trayectoria de pasar por todos los instantes, sino que iba a uno, tomaba lo que necesitaba y salía sin entretenerse más. A ella, que apenas podía seguirle el paso, le sorprendió, porque eso significaba dos cosas:
Una, que sabía exactamente dónde se ubicaban los insumos y por ende eso demostraba que él estaba acostumbrado a las labores del hogar, y dos, que tal vez si era buen cocinero, porque no estaba llevando una lista o algo parecido, solo tomaba los ingredientes y se iba, como su tuviera la receta implantada en su memoria.
No hablaron en todo ese tiempo, de hecho parecía que ella lo estaba siguiendo porque iba muy rápido de un pasillo a otro y no le preguntaba nada, ¿Enserio había gente que compraba así? Era horrible ¿Dónde quedaba la experiencia de disfrutar un lugar lleno de alimentos que jamás se podría acabar uno solo?
En lo que daba la vuelta para alcanzar de nueva cuenta a Bakugou, Uraraka casi chocó con el carrito que llevaba una chica de cabello platinado y raíces oscuras.
— ¿Uraraka? — Preguntó, y la nombrada tardó un poco en reconocer aquella voz.
— ¿Hagakure? — Tardó un poco de diferenciar a su antigua compañera en los eventos de caridad, y es que ella usualmente se pintaba el cabello de colores variados.
— ¡Uraraka que milagro! — La chica saludó a la castaña de forma efusiva, llevaban años sin verse. — ¿Cómo estás? ¡Perdida! — Se respondió a sí misma — No te encuentras en ninguna red social y tu teléfono ya lo cambiaste. ¿Qué pasa contigo? ¿No piensas que con eso le alejas de todo?
Y sí, eso era lo que quería hacer Uraraka cuando cambió de casa, de número y cerró sus cuentas. Todos sus cercanos sabían que estaba a punto de casarse con Deku, así que para no sentir la presión y agobio de sus conocidos y hasta desconocidos preguntando porque había dado marcha atrás a todo, decidió eliminar todo rastro de ella para que nadie salvo sus seres queridos pudiesen contactarla.
— Perdón — Se disculpó, Hagakure había sido una víctima de aquella purga masiva que hizo, pero en realidad no le había hecho nada, y si ella le hubiese platicado lo ocurrido, seguramente la apoyaría. — Pasaron muchas cosas ¿Sabes? Se canceló mi boda y eso me puso muy nerviosa.
— Ahhhhh ¡Uraraka! — Gritó su compañera mientras se cubría la boca con las manos, en un gesto de sorpresa — No lo sabía ¡Cuánto lo siento! Debí estar para ti en ese momento ¿Cómo estás? ¿Te encuentras bien? — Sacó su teléfono y se lo tendió rápidamente — Anota tu número, te llamaré para que me registres. Sabes que en cualquier momento de desahogo tienes un hombro donde llorar.
La nombrada solo alcanzó a asentir mientras anotaba su número y regresaba el celular.
— Descuida, de eso casi un año. — La tranquilizó — Ahora somos buenos amigos Deku y yo. — Sí, ignorando que el día anterior ella le había colgado la llamada y ya no habían tenido contacto desde entonces. — ¿T a ti como te va?
— Eso me tranquiliza — Respondió la platinada — Pues, no sé si tuve más suerte que tú o no, pero me casé. — Dijo, mientras levantaba la mano y su dedo anular presumía dos anillos, uno de compromiso y otro de matrimonio. — Y ahora, pues… — Separó el carrito que sostenía. Hagakure siempre fue una chica algo llenita, pero ahora su abdomen se abultaba más, eso sólo significaba una cosa.
— ¡¿Estás embarazada?! — Casi gritó Uraraka, y en eso se fijó que el carrito de su amiga tenía pañales y cosas para bebé.
— ¡Sí! — También gritó — Aún me faltan dos meses para aliviarme, pero no me puedo resistir, siento que todo debe de ser para mi bebé.
— Entonces ya no eres Toru Hagakure — Analizó la castaña mientras observaba a su amiga, ella era del piel clara y tenía los ojos verdes, eso le quedaba muy bien con el cabello claro que tenía, pero ahora comprendía el porqué de sus raíces, ya no se podía pintar el cabello porque debía de cuidarse al máximo.
— Soy Toru Ojiro — Sonrió al decir eso — Pero sólo de palabra, legalmente aún no me he cambiado el nombre.
— Ojiro — Repitió — Ese nombre me suena.
— Es de un chico que conocí en un evento de caridad, de hecho. No sé si te acuerdes de él, fue cuando había muchas escuelas de deporte, él era el instructor en una academia de Karate.
— Creo que sí — Intentó recordar Uraraka, pero en ese tiempo Toru era tan enamoradiza que siempre tenía amores platónicos por varios patrocinadores. — Era rubio ¿No?
— ¡Sí! ¡Es él! — De nueva cuenta la contadora fingió una sonrisa, su amiga tenía cierto gusto por los rubios, así que cualquiera podría entrar en aquella descripción. — Mira — Tecleó unas cosas en su celular — Esta es una foto de la boda.
Al ver la fotografía al fin pudo reconocer a aquel desconocido, sí, lo había visto, esas entradas y los ojos pequeños los podía reconocer, estaba segura de que en alguna ocasión había compartido palabras con él, era un buen hombre según sus memorias.
— Felicidade… — No pudo terminar la frase correctamente porque vio que Bakugou estaba detrás de Toru y le estaba haciendo señas de que ya iba a pasar a las cajas a pagar. Asintió con la cabeza mientras volvía a concentrarse en la conversación que tenía enfrente. — Me da mucho gusto, enserio.
Pero la chica con la que estaba hablando era inteligente, así que volteó justo al lugar donde estaba Bakugou.
— Ya veo porque no estás tan triste por tu rompimiento — Le cambió el tema — Con semejante tipo yo también olvidaría a todos ¿Es tu novio?
— No — Respondió sonrojada — Sólo es mi vecino.
— Vale, entonces ¿Por qué haces el mandado con tu vecino? ¿Eh? — Se volvió a ruborizar, gracias a La Brava sabía que aquel trato que se estaban dando era inusual, pero no significaba nada, simplemente tenían mala suerte para estar juntos.
— Estamos ayudando a una vecina que ya es mayor a hacerle de cenar — Se intentó defender.
— Sí tú lo dices… Yo que tú aprovecharía, ¡Está como quiere! Dale Clonazepam a la vieja y aprovecha ¿A que no sería excitante?
— ¡Hagakure! — Gritó atrayendo la atención de varios, pero enserio no podía con su imaginación. — Ni pienses que voy a hacer algo de eso.
— Tú te lo pierdes, y lo digo literal, lo estás perdiendo. — Uraraka no entendió la oración hasta que volteó al mismo lugar que la futura mamá miraba y se percató de que Bakugou estaba ya pagando las cosas que estaban totalmente embolsadas.
— Me tengo que ir — Se disculpó — Me encantó haber platicado contigo.
— A mí también, ni creas que te has salvado, recibirás una llamada mía muy pronto.
Asintió mientras casi corría hacia las cajas, La velocidad de él no era humana.
Llegó tarde, su vecino ya le estaba dando propina a los empacadores cuando se puso a su lado.
— Como eres tardada cara redonda. — Le reclamó — No sé cuánto hubieses tardado tú si estuvieras sola.
— Perdón, pero yo no soy participantes de los 10 kilómetros en el carrito — Se defendió. — A mí me gusta disfrutar lo que hago.
— A mí también, pero eso no significa que lo haga lento, mientras más rápido mejor.
A la chica se le vino una idea de contraatacar aquella oración pero se lo guardó, no, ya habían sido muchas peleas por el día de hoy.
— Ya dime cuanto te debo — Dijo bruscamente, ella hasta había juntado monedas para darle a los empacadores y ni siquiera las usó.
— Nada, que quede en tu consciencia que me debes — Soltó orgulloso el hombre, y ella desvió la mirada. En eso detuvo sus andares, ella tenía monedas y la máquina de peluches estaba justo a lado de ella. ¿Él se enojaría si se entretenía un poquito más? — ¿Qué? Te gustan esos juegos. — Preguntó él mientras miraba a su dirección.
— No me tardo ni dos minutos — Dijo mientras sacaba sus monedas, se acercó a la máquina y vio un oso polar que le gustó, movió la garra pero ni siquiera levantó el peluche.
— Así no es — Respondió Bakugou de brazos cruzados — Está atorado por el peluche de adelante ¿Lo ves? — Le señaló de mala gana — Debes sacar ese caramelo primero para sacar el otro.
Ella asintió, sin embargo él la empujó mientras sacaba un billete y lo introducía al aparato.
— Mira — Le dijo, y ella se sorprendió ¿Sabía jugar eso? — Todo es una estrategia, aunque no te prometo nada porque no sé cómo esté la garra.
Uraraka ya no escuchó lo que decía, el billete le había dado cuatro intentos, el primer intento que uso fue para mover el peluche que estaba delante del oso, era una bolita que tenía forma de caramelo. Ella gritó cuando vio que la garra lo tomó, pero a mitad del camino para entregarlo se cayó.
— ¡Carajos! — Exclamó Bakugou, que atrajo la atención de la gente que iba pasando — La garra está muy bien, pero esta cosa no tiene forma.
Ya no dijeron más palabras porque la máquina sonó y él volvió a mover la garra para ir por el oso que la había gustado. Ella respingó cuando vio que lo tomó, y sentía que su cuerpo sudaba mientras la garra iba haciendo un recorrido lento hacia el hueco donde ella lo iba a tomar. Después de unos segundos eternos la garra dejó el peluche listo para que fuese tomado.
— ¡Oh por All Migth! ¡Oh por todos los héroes! ¡No es cierto! — Exclamó ella, mientras veía que Bakugou sacaba el peluche para dárselo. — ¿Cómo puedes? — Le preguntó, pero él no pudo responder porque la máquina volvió a pillar.
— Soy algo orgulloso — Dijo como respuesta mientras volvía a girarse hacía la máquina, y en eso movió la garra para recoger el peluche de caramelo que se le había caído. Y como si él tuviera un trato con el Dios de las máquinas de peluches lo volvió a agarrar y ahora sí la máquina no lo soltó hasta que cayó de nuevo para que fuese recogido.
— ¿Para mí? — Preguntó Uraraka mientras veía que él se lo tendía.
— Es a ti a quien le gustan ¿No?
La castaña estuvo a punto de abrazarlo, sólo había conseguido un peluche en toda su vida ¡Y ahora tenía dos! ¡EN UN MISMO DÍA! Su niña interior salió, le recordó tanto a la navidad cuando ella no esperaba nada y aun así encontraba regalos debajo del árbol.
Y hablando de niños, uno se le quedó mirando a la pareja mientras veía los peluches que habían conseguido.
— Eh, mocoso — Le habló el rubio, que al parecer ya había notado su presencia — Me queda un intento ¿Lo quieres?
El pequeño asintió emocionado con la cabeza y ambos decidieron darle espacio para que jugara. No ganó, pero el niño rozó un muñeco así que agradeció rápidamente para irse corriendo con su mamá a señalarle la máquina y a ellos dos.
— Mierda, vámonos — Le susurró Bakugou mientras tomaba el carrito.
— ¿Por qué? — Preguntó, pero inmediatamente se puso a su lado, no iba a permitir que la dejara atrás de nuevo.
— Porque: O te van a quitar uno, o me van a hacer que saque todos lo que pueda.
Uraraka se puso a pensar, era de esperarse que ella como adulto le regalase un peluche a un niño porque a él le daba mucha más ilusión. Pero a ella también le daba gusto tenerlos, y más porque nunca había podido recoger uno. Sí, daría los peluches que sacara… después, esos se iban a quedar en su casa.
Aumentó la velocidad de sus pasos indicando que entendía su mensaje. El rubio pareció aguantarse una risa (cosa de policías pensó ella) y ambos huyendo de sus posibles asaltantes encaminándose al estacionamiento.
Buenas, buenas, capítulo atrasado pero largo ;) ¡Disfruten la lectura!
Agradecimientos especiales a:
Abysschan: Oh, las fotografias se revelarán pronto, más de lo que te imaginas jojojo. Hoy me tardé un poquito más en actualizar, pero tuve unos compromisos. Aún así el capítulo ya lo tenía escrito. ¡Espero lo disfrutes!
Mich: ¡Debes de pasarme el título de tu fic! (lo intenté buscar pero tienes muchos) No estoy muy adentrada en el fandom pero sigo unas cuantas páginas de MLB, y la verdad he estado tentada a escribir algo sobre Félix (el del pv, no el del capítulo) Y es que a veces los fics se me hacen muy simples, así que algo como lo cuentas lo disfrutaría bastante. (Funfact: Sólo ha habido un fic que me ha hecho llorar de ese fandom, y es gabrinette ajajaja)
Opiniones, criticas, sugerencias, amenazas de muerte ¡Todo en los reviews!
Nos leemos~~
