Capítulo 2:Revelaciones

―Amo bonito, al fin ha regresado― se alegró Jaken al verlo entrar a la cabaña abandonada que estaban utilizando de refugio.

La lluvia era estruendosa, pero tanto Rin como Kohaku ya se habían quedado dormidos mientras esperaban a Sesshomaru que había llegado en medio de la noche. Él observó a ambos niños y luego a su esbirro con una extraña paz en su expresión que al pequeño demonio verde le extrañó.

―Amo... ¿puedo preguntarle qué es eso?

Jaken señaló el paraguas que Sesshomaru llevaba sobre la cabeza, él solo lo cerró como había visto a Kagome hacerlo y lo dejó mojado en el suelo sin responder una palabra.

Jaken se acercó al objeto para olerlo. Tenía un fuerte olor a humano, especialmente a esa detestable humana que su amo perseguía hacía meses. A Jaken seguía sin hacerle nada de gracia que su amo se hubiese encaprichado con ese humano, puesto que ya no había nada que lo uniera a ella por medio del hilo rojo que antes lo obligaba a poseer esa mágica atracción.

Ahora era la voluntad del amo vigilarla y protegerla, era algo mucho más poderoso, contra lo que Jaken no podía luchar esta vez, sabía que ahora mucho menos podría hacerlo entrar en razón. Le lanzó otra mirada de desprecio al objeto que el amo había traído, el paraguas goteaba y se veía indefenso.

―Si te atreves a tocarlo, Jaken, te mataré― lo amenazó Sesshomaru con la voz de hielo.

El pequeño youkai se irguió con rapidez y asintió nervioso.

―¿Cuál es n-nuestro siguiente movimiento, amo?―preguntó entre tartamudeos.

Sesshomaru ladeó la cabeza y se inclinó contra una pared.

―Hace poco sentí la presencia de Naraku desviarse hacia el oeste, por lo que es muy probable que esté intentando tenderme una trampa específicamente a mí.

Jaken exhaló un grito ahogado.

―¿Sospecha que planea atacar sus tierras, amo bonito?

El gran Youkai entrecerró los ojos.

―Lo percivo como una amenaza especialmente hacia mi... pero logrará hacerme caer de nuevo.

――――

En unas tierras del noroeste, en particular en una vieja casona, la oscuridad se había apoderado del edificio y llegaba mezclarse con el aliento de Kagura. La mujer había sucumbido ante su amo y apenas le quedaban fuerzas para erguirse y salir de su celda; Naraku le había perdonado la vida, pero tal vez la había dejado en un estado incluso más lamentable que la muerte. Ella había sido quien, tras haber ido tras Sesshomaru, lo había alertado de la trampa que Naraku les había tendido a él y a Kagome.

A lo lejos, escuchó unos pasos que se aproximaban lentamente y bajaban las escaleras hasta el sótano donde ella se encontraba. Se trataba de Kanna, que con regularidad la visitaba para asegurarse que ella no se había escapado.

―¿Cuáles son los próximos planes de Naraku?― preguntó Kágura, con un cierto dejo de desprecio en la voz ―¿Por qué nos hemos trasladado nuevamente?

―No puedo decírtelo ―le respondió Kanna―. Pero el amo desea verte.

―¿A mi?― ella rio con ironía― ¿Qué podría querer de mi?

Kanna solo se acercó a la celda y la abrió con facilidad, liberando a su hermana que se incorporó con pesadez y comenzó a seguir a la niña de cabello blanco por las escaleras. Naraku la había despojado de sus armas, por lo que estaba completamente indefensa ante él. No podría atacarlo por más que lo deseara.

El demonio mitad bestia la estaba esperando, la contempló con aquellos pequeños ojos rojos que ardían como las llamas del infierno. Kagura le devolvió la mirada de odio, este hombre no deseaba matarla de una vez, todavía la mantenía con vida seguramente con la intención de reservarla para algo más. Ya sabía que ella tenía planes de traicionarlo, pero en ese momento, Kagura no podía pensar en nada más que pudiera ayudarla contra él.

Sesshomaru era el único que ella había creído capaz de ayudarla, un demonio que la comprendería y, a pesar de que tenía sus propios intereses, sería quien le diera la libertad. Pero él ya no pensaba en ella, ahora tenía otro objetivo en vista, esa humana despreciable que Naraku también detestaba.

―Dime Kagura... ¿Sabías que el hilo rojo ya no afecta la vida de Sesshomaru?― preguntó Naraku, desviando la vista hacia la mampara que daba a los jardines del palacio.

Ella negó con la cabeza, sinceramente, desde que Hakudoshi la había atrapado, había permanecido encerrada en aquella celda y solamente sabía por Kanna que los planes de Naraku no habían resultado, y que él estaba furioso por eso. Pero aparentemente él no tenía intenciones de abandonar los intentos por destruir a Sesshomaru por la espalda.

―Entonces ya ha vuelto a ser poderoso... ―murmuró Kagura, Naraku la caló con la vista, ella solo sonrió de lado.

Todavía tenía esperanzas de que Naraku fuera derrotado en algún momento, solamente necesitaba tiempo.

―No por mucho.

Naraku se acercó a ella, quien retrocedió solo un par de pasos, le temía, y mucho.

―Cuando fui a buscar a esa mujer... a Kagome, ella salía de un viejo pozo en las afueras de la aldea donde vivía Kikyo...― murmuró el demonio―, allí es de donde ella proviene, la Perla de Shikón llegó a este mundo desde ese pozo.

Kagura parpadeó atónita.

―¿Qué tiene esto que ver conmigo?

El demonio alzó la mano hacia ella y la sujetó por las mejillas, apretándola con una fuerza amenazadora, ella gimió un poco y cerró los ojos de dolor.

―Necesito un último favor de tu parte para convencerme de no matarte.

Kagura abrió un poco los ojos, era imposible que Naraku siguiera confiando en ella en aquel momento, o que volviera a confiar en ella. Algo estaba tramando, iba a usarla nuevamente sabiendo que ella era capaz de traicionarlo con el mismísimo Sesshomaru.

―¿Qué debo hacer?― preguntó apenas.

―Destruir la fuente que purifica la perla de Shikón.

Kagura rio.

―Eres un ingenuo en creer que Sesshomaru o alguno de sus amigos puedan permitírtelo.

Naraku sonrió solamente, Kagura paró de reir.

――――――

Habían intercambiado números telefónicos con Koji, y se habían puesto de acuerdo para encontrarse al próximo día en la misma cafetería de siempre.

Hacía ya casi una semana que estaba en su época, Inuyasha no había aparecido ni un solo día. Eso la aliviaba en parte, significaba que había comprendido que ella necesitaba tiempo todavía para terminar sus exámenes... y que además le molestaba muchísimo que la atosigara con Sesshomaru.

Ya no tenía razón para seguir encontrándose con Koji en la cafetería, pero no le molestaba en absoluto estudiar con él, resultaba de ayuda e incluso la hacía olvidarse de sus problemas por un largo tiempo. Descubrió que la razón por la que Koji vivía solo con su hermano es porque sus padres habían fallecido hacía mucho tiempo y que no tenían a nadie más en el mundo.

―¿Y cómo lo lleva tu hermano?―preguntó Kagome, observándolo con cierta tristeza.

―Bien... ―murmuró él y desvió la vista― no le interesa mucho en realidad, nunca fue muy apegado a ellos, siempre ha sido de la clase de personas frías que parece no tener sentimientos.

―Todos tienen sentimientos― respondió ella y frunció un poco el entrecejo, recordó a Sesshomaru, cómo él parecía ser un ser frío, calculador, incluso cruel, pero que después de todo lo que había vivido, después de acercársele por tanto tiempo, había desarrollado un lado blando que ella nunca se había imaginado que poseería jamás.

Sesshomaru era solo un ser que nunca había recibido amor, no sabía lo que era, y eso era algo que ella quería enseñarle.

―¿Kagome?― Koji agitó una mano frente a su rostro, ella se sobresaltó.

―¿Q-Qué?― preguntó de repente al salir de su enseño.

―Estas soñando― dijo Koji y comenzó a reír, su risa sonaba estruendosa y un poco infantil, Kagome parpadeó un par de veces. ― ¿Pensabas en alguien en particular?

La joven se sonrojó. No quería tener esta conversación que siempre evitaba con sus amigas ahora con él, no con Koji, no quería que él se viera envuelto también en sus problemas con los hermanos perro.

―No... ― murmuró.

Koji alzó una ceja, pero no insistió.

―Me gustaría que conocieras a mi hermano, tal vez puedas hacer algo con él.

―¿Hacer algo con él? ―repitió ella atónita ―Yo... no hago cosas con la gente.

Koji sonrió nuevamente.

―Pero eres de la clase de personas que puede sacar lo mejor de otros, Kagome. Incluso un ser tan frío y hostíl como mi hermano podría enamorarse de ti.

Ella se ruborizó y bajó la vista a la taza de café que sostenía entre las manos.

―Gracias... supongo― respondió todavía muy avergonzada.

Esa tarde, después de la reunión que tenían con Koji, el volvió a ofrecerse para acompañarla a su casa, pero ella se negó amablemente porque había recordado que le había prometido a un amigo que le compraría dulces en un negocio en el centro de la ciudad. Koji le sonrió y, después de saludarse, se marchó hacia su casa. Kagome se dirigió hacia la parada de autobús haciendo una lista mental de las cosas que Shippo le había pedido que le comprara porque pronto se acercaba su cumpleaños y, por más que estuvieran en el momento más crítico de su batalla con Naraku, no quería desperdiciar la oportunidad de darle un pequeño presente al niño zorro, y qué otra cosa que las golosinas que él amaba de la época actual.

El autobús la recogió en la parada, ella pagó el boleto y se sentó junto a la ventana, sacó uno de los libros que debía estudiar para su último examen y comenzó a leer. El interior estaba bastante vacío y silencioso, de a momentos nuevas personas subían y bajaban casi en silencio, lo único que retumbaba en sus oídos era el rugido del motor del autobús cuando volvía a arrancar. No falaba mucho para que llegara al centro de la ciudad, el asiento a su lado había permanecido vacío desde que había llegado. En un momento, alguien se sentó y ella se apartó un poco para no molestar al recién llegado. No se tomó el atrevimiento de mirarlo a la cara, pero desviando un poco la vista de su libro notó que por su forma tan refinada de vestir se trataba de un hombre unos cuantos años mayor que ella. Volvió a prestar atención a lo que estaba leyendo y de a ratos alzaba la vista a la ventana a su lado para corroborar que no se le pasara la parada donde debía bajarse.

No podía, sin embargo, evitar sentirse levemente incómoda. Sentía que el hombre sentado a su lado la miraba, no constantemente, pero sabía que se había tomado un par de segundos para observarla ni bien se había sentado, y que de a momentos volvía la vista a ella, y eso la incomodaba muchísimo. No sería la primera vez que un extraño hacía eso en un transporte público, pero esta vez... era diferente.

―Disculpe, mi reloj está averiado, ¿podría decirme la hora?

El corazón de la joven dio un salto. Conocía esa voz, la conocía demasiado bien.

No podía ser, era sumamente imposible que...

Miró al hombre, que le devolvió una mirada que no revelaba absolutamente nada. Lo observó con rapidez, nada, no había nada que pudiera asemejarse... no había un largo cabello plateado que le cayera sobre los hombros, no había orejas alargadas ni ojos dorados que encajaran con la voz que acababa de escuchar.

―¿Sucede algo? ―preguntó el hombre, su voz era igual, o al menos muy parecida.

―N―no― dijo ella, y con rapidez ojeó el reloj que llevaba en la muñeca y respondió a su pregunta anterior.

―Gracias― respondió el hombre y volvió a mirar al frente.

Kagome, sin embargo, siguió respirando con fuerza, ese hombre no era Sesshomaru. No había forma, y aunque no podía negar que era irremediablemente apuesto, se trataba de un humano común y corriente.

―¿La asuste? ―murmuró el hombre, al contemplar por el rabillo del ojo, que ella estaba roja como un tomate.

―No... no es eso... ―respondió Kagome tratando de poner sus pensamientos en orden― tan solo me ha recordado a alguien.

―¿Alguien? ―el hombre sonrió― ¿Alguien relevante?

Kagome tragó saliva y se sonrojó un poco más.

―Un...

¿Cómo decirlo? ¿Qué eran ella y Sesshomaru? ¿Amigos? ¿Amantes? Ni siquiera se habían besado. De repente sintió una sensación de vacío en la boca del estómago. Habían prometido vivir juntos luego de que Naraku desapareciera... ¿Los hacía eso prometidos? Nunca nombraron algo sobre matrimonio... ¿Se casarían los demonios? No, Sesshomaru no se casaría con una humana definitivamente...

―Un conocido― terminó por decir, con un poco de tristeza.

―Veo... ―respondió el hombre y se puso de pie― esta es mi parada.

Kagome asintió y volvió a observarlo mientras se marchaba del asiento, tendría unos treinta años, era mucho mayor que ella. No negaba que, al ser ella la reencarnación de la sacerdotisa Kikyo, no hubieran reencarnaciones de seres que ella haya conocido en el Sengoku que ahora deambulaban por la época actual, incluso una vez le había parecido ver a una pareja que se les parecía mucho a Miroku y a Sango. Tal vez... esa sería la reencarnación de Sesshomaru... ¿Cómo un humano? ¿Tendrían los demonios su propia reencarnación?

Sin darse cuenta, había pasado mucho tiempo fantaseando con las diferentes reencarnaciones de cada una de las personas que conocía del otro lado del pozo, y terminó por saltearse su parada.

―――――

Cuando volvió al Sengoku al otro día, le entregó todos los caramelos al demonio zorro que le devolvió un abrazo de alegría. También le llevó un presente para cada uno de sus amigos, pero Inuyasha era el único que no estaba presente al momento de su regreso.

―No lo hemos visto desde que te marchaste a tu época, Kagome― le comentó Sango negando con la cabeza.

―Seguramente está de muy mal humor, por eso es que ni siquiera nos ha dirigido la palabra ni a nosotros― se quejó Shippo mientras masticaba un gran caramelo.

Kagome volvió a suspirar y salió de la cabaña. Era un bellísimo día, la lluvia había parado y los aldeanos habían salido a cultivar sus cosechas. El Sengoku era en verdad una época maravillosa y ella amaba vivir en ella casi tanto como amaba su hogar, si no más. No se iba a preocupar mucho por Inuyasha, sabía que el proceso de aceptación sobre lo que ella sentía por Sesshomaru sería algo muy complicado de asimilar por su parte, y pensaba darle todo el espacio que necesitaba. Si Inuyasha deseaba estar solo, entonces lo dejaría solo.

Aunque... se preguntó si la razón por la que se había desvanecido era porque tal vez Kikyo había vuelto a aparecer en los alrededores. De ser así...

...se alegraba de que él no estuviera solo.

Lamentablemente, Kagome no se equivocaba sobre Kikyo, pero Inuyasha no estaba con ella, sino que había estado buscándola incansablemente por los alrededores de la aldea con la impresión de que algo malo le estaba sucediendo. La presencia de la sacerdotisa se había debilitado tanto que Inuyasha se estaba preocupando, y cuando sintió el aroma de Kagome provenir del pozo de las almas, fue a donde se encontraban todos y les hizo saber sobre sus preocupaciones.

De forma automática todos se pusieron en marcha, Kagome no se había percatado de ello, pero era verdad, Kikyo se encontraba muy debilitada, y su presencia, antes fuerte y destacable, parecía tan débil como una brisa de verano.

Inuyasha no se equivocaba. No muy lejos, hacia el oeste, siguieron el rastro de Kikyo que comenzaba a mezclarse con el de Naraku formando una peligrosa danza de auras. Al presentir esto, Inuyasha comenzó a apurar el paso y los demás lo siguieron. Kagome nunca había visto esa expresión tan consternada en el Hanyou, no cabía duda de que esta vez se trataba de la vida de la misma Kikyo la que estaba en peligro.

Al llegar a donde se encontraban ella y Naraku, Inuyasha corrió a socorrerla, ya que él la había atrapado entre sus tentáculos y la había corrompido con la misma oscuridad que este emanaba. Kouga se les había unido en la pelea, pero ninguno de ellos, ni siquiera la misma Kikyo debilitada, había logrado acabar en este encuentro a Naraku que se desvaneció en el aire cuando se vio amenazado.

Kikyo había perdido, su alma estaba aferrándose al cuerpo de barro del que estaba hecha a duras penas, y ya no había nada que pudiera hacer para continuar caminando entre los vivos. Inuyasha la alzó en brazos y les pidió a los demás que les dieran un momento a solas. Kouga sujetó a Kagome del brazo con suavidad y caminó con ella para alejarse de los amantes mientras intentaba consolarla.

―No... llegué a hacer nada... fue todo tan rápido y...―sollozó Kagome, que hasta ese momento nunca se había imaginado que podría alguna vez lamentarse por Kikyo, el dolor de Inuyasha también era el suyo en aquel momento.

―Tranquila, hiciste todo lo que pudiste― murmuró Kouga mientras la sujetaba por los hombros.

Ambos se sentaron a observar el atardecer, Sango, Kirara, Miroku y Shippo los imitaron no muy lejos de donde ellos se encontraban.

―Cuando derrotemos a Naraku... este sufrimiento se terminará― trató de consolarla el demonio lobo― verás que la muerte de Kikyo no fue en vano.

Kagome asintió.

―Claro que no.

―Y... podremos continuar con nuestras vidas con normalidad.

―Si... ―respondió ella con un sollozo.

―Todavía estás a tiempo de retractarte de todos modos.

Kagome lo miró por el rabillo del ojo. No se esperaba que Kouga sacara ese tema en este preciso momento. Él pareció percatarse del silencio de Kagome y alzó la vista a la luna.

―Perdóname, a veces puedo ser un engreído... solo espero que seas feliz.

Ella asintió y ambos se fundieron en el silencio que le siguió a la muerte de la sacerdotisa.

―――――

―¿¡Qué demonios has hecho!?― Koji exclamó cuando su compañero le contó sobre los sucesos del día anterior― ¡No puedo creer que hayas sido tan poco cuidadoso!

El hombre se encontraba sentado frente a la mesa, con los brazos cruzadas y el ceño fruncido mientras escuchaba las reprimendas del joven pelirrojo.

―No voy a aceptar órdenes de un zorro.

―¡Pero los zorros son mejores planeando que los perros! ¿Por qué crees que le he puesto tanto empeño a nuestro camuflaje Sesshomaru!

Koji gruñó y, con un simple ademán de sus manos, ambos cambiaron sus aspectos. Las orejas de ambos se alargaron y el cabello de Koji se volvió más anaranjado que antes, incluso le brotó una gran cola peluda. En cambio, al hombre que se encontraba observándolo desde el otro extremo de la mesa se le aclaró tanto el cabello que le quedó completamente plateado y se le formaron unas líneas púrpuras sobre las mejillas, así como también una luna amarilla sobre la frente.

―Es un gran desgaste de energía mantenernos así todo el tiempo... No era parte del plan que te encuentres a Kagome tan temprano.

Sesshomaru lo ignoró por completo. El zorro rodó los ojos y se dejó caer sobre el sillón del que se había reincorporado hacía segundos atrás.

―¿Qué harás si ella descubre quiénes somos? ¿Cómo se los explicaremos?

―Mentir nunca fue parte de lo planeado ―respondió Sesshomaru y sorbió un poco del té que se había preparado ―Además no esperé miles de años para simplemente mantenerme alejado. El momento está cerca, no puedo dejar que se me escape.

―Ah... ―Shippo lo observó pensativo― es verdad... pero todavía falta una semana para eso.

―No pienso aparecerme como si nada sin habernos visto antes, eso la asustaría.

Sesshomaru desvió la vista que ahora se había tornado dorada hacia un rincón, sobre la que reposaba un antiguo paraguas color rojo con dibujos de flores tan gastados que apenas eran visibles, había perdido la cuenta de las veces él le había pedido al zorro que lo repare utilizando su magia, pero allí estaba, todavía funcional.

El pelirrojo sonrió.

―¿Todavía... después de todos estos años...?

Sesshomaru esbozó una sonrisa.

―Hay cosas que no se pueden evitar, Shippo.

――――――

Al volver a perder rastro de Naraku, no les quedó más remedio que regresar. Inuyasha no había pronunciado palabra desde entonces, y nadie se había atrevido a decirle absolutamente nada. No sabían cómo, no encontraban palabras para poder apaciguar el dolor que él estaba sintiendo.

Ya no tenía a Kikyo, Naraku se la había quitado...

El hanyou cerró las manos en puño, las garras se le clavaron en las palmas de las manos pero no le importó. Sentía impotencia, rabia, odio, la vida había sido muy injusta con él...

Ya no le quedaba nada, nada por lo que luchar, nada por quien seguir viviendo. No tenía más razones por las que derrotar a Naraku más que venganza y más venganza, una tras otra. Ni siquiera valía la pena en pensar sobre el futuro... ya Kikyo no estaría ahí para esperarlo así como Kagome esperaba a Sesshomaru... antes de que todo esto ocurriera, él todavía albergaba esperanzas de que una vez muerto Naraku, él retomaría su vida y sus planes con Kikyo... y en el caso de que ella no estuviera, tal vez con Kagome... si, sonaría injusto, pero si tenía que elegir, Kikyo estaba primero.

Pero ahora... ahora era otra cuestión. Una vez en la aldea, se alejó de sus amigos y se internó en el bosque donde reposó sobre uno de los árboles más altos. No había ni rastro de Sesshomaru alrededor, nada. Bajó la vista a la aldea, en particular a la cabaña de Kaede, donde se encontraba Kagome durmiendo. Respiró con pesadez... ahora ya no podía contar ni siquiera con ella... su hermano había cautivado su corazón y ya Kagome no le correspondía a él, con quien tanto tiempo habían pasado... ahora existía una pared invisible entre ellos, y esa pared la había construido el mismísimo Sesshomaru.

Se había quedado solo... solo...

Pero todavía no estaba todo perdido. Agachó las orejas y gruñó por lo bajo. No era tarde, aún no, todavía no habían derrotado a Naraku, y Sesshomaru no se había llevado a Kagome para que forme parte de su... "manada".

Pensar en eso lo asqueaba, sacudió la cabeza y golpeó el árbol.

Iba a evitar que eso sucediera, si incluso eso llevaba a que Kagome lo despreciara, él sabía que no sería eterno, ella nunca se había enojado con él por mucho tiempo.

Su hermano no tenía el derecho de quitarle a Kagome como Naraku le había quitado a Kikyo.

No... no se lo iba a permitir.

CONTINUARÁ

――――

¡Buenas! Aquí el segundo capítulo, no queda mucho de todas formas, seguramente dos capítulos más hasta lo que tengo planeado... ojalá se estire un poco más, eso lo veré sobre la marcha.

Sobre uno de los reviews que recibí del Hilo Rojo, Kagome y Sesshomaru sí se besaron, solo que Kagome no lo sabe, fue cuando Sesshomaru le pasó el antídoto a Kagome de boca a boca en el último capítulo... solo que decidí no explicitarlo tanto.

Entiendo que el Sesshomaru del Sengoku no haya tenido mucha relevancia en este capítulo, pero ahora ganará un poco más de importancia el Sesshomaru de la época actual por razones que revelaré en el próximo capítulo. Sin embargo son el mismo personaje con miles de años de diferencia y por lo tanto, cambios aparentes en personalidad por razones obvias (que también explicitaré en el próximo capítulo). Cualquier duda que tengan al respecto del fic o de la trama háganmelo saber, así respondo todo lo posible como hice con lo del beso (o puedo agregarlo al mismo fic).

¡Gracias por los reviews que recibí sobre este epílogo! Los leo todos, y son los que me inspiran a escribir más y con mucha más rapidez ya que ellos motivan a los que escribimos por placer, es como nuestra paga 3

¡Saben que pueden enviarme también mensajes privados a la app de fanfiction si están por medio de un celular!

¡Nos vemos pronto y espero que hayan disfrutado todo hasta el momento!