Capítulo 6: Recuerdos.
Lou se encontraba limpiando las copas y los vasos para el servicio del día de hoy, tenía desde hace tiempo un bar en las orillas de Paris a pocas calles de la cafetería "Ardenti", este poseía un estilo Vintage parecido a los años 20´s, en donde las mujeres hermosas cantaban y los hombres elegantes tomaban una copa, eso era lo que le daba popularidad entre los residentes de la zona; Su novio Augusto la apoyaba siendo el hostess, mientras ella atendía las mesas y preparaba los tragos.
Amaba su trabajo, escuchar las historias de amor de las personas que ahogaban sus penas en alcohol, siempre le pareció muy excitante; Además que en ese bar nació la bonita amistad que tenía con Des, todavía recordaba ese día, cuando este busco por toda la zona a Leo, había sido su primera pelea, el moreno había golpeado a uno de los camareros de la cafetería provocando la furia del otro, quien termino echándolo del lugar. Por lo que avergonzado por su acción fue ahogar sus penas en alcohol, precisamente en su bar.
— Señor creo que ya ha bebido suficiente — lo retó al ver que el joven pedía otra botella de whiskey, llevaba ya una completa y varias cervezas, pero este parecía tan fresco como una lechuga.
— Estoy bien señorita, lo que quiero es matar este dolor, mi novio me dejó, soy un imbécil, y ahora estoy completamente solo — gimoteo, viéndola con sus poderosos ojos verdes mientras empinaba más la botella y vertía el líquido caliente en su boca, Lou lo miro con pena.
— Pero señor, solo fue una pelea, de seguro las cosas se van a arreglar, ¿quiere que llame a su pareja? — le ofreció entusiasta, su experiencia le señalaba que eso solo sería un pleito pasajero.
— El odia que beba. Lo pone muy mal, si me ve así solo estará más convencido que lo mejor es dejarme, sabe, él es muy atractivo, podría tener a cualquier hombre o mujer pero en cambio está conmigo, un fracasado, un don nadie, debo de dejarlo ir, es lo mejor pare él — confesó mientras el alcohol hacia mella en él, y lo hacía quedarse dormido de poco en poco. Lou suspiro, tendría que buscar alguna dirección o teléfono para que alguien viniera por él chico, una de sus cantantes entonaba "lovefool" con maestría, Des apareció, corrió hacia la mesa donde estaba Leo, y suspiro con alivio.
— Grandísimo Idiota — exclamo tocando el despeinado cabello del otro para comprobar que estuviera solo dormido, después miro a Lou — ¿bebió mucho?
— Una botella de Whiskey, estaba convenciéndolo de no pedir otra, cuando se durmió, usted es su novio ¿no? — le dijo viéndolo de reojo, en algo tenía razón ese joven, el chico era atractivo. Al escuchar sus palabras el muchacho se ruborizo por completo, y sonrió.
— Si, somos pareja, pero hace rato peleamos, fue una tontería, es solo que él es tan irritante cuando se pone celoso, y golpeo a uno de mis meseros — confeso con pesar y tocando con su delicada mano su rostro pareciendo muy compungido, mientras recordaba la cara del jovencito con la nariz roja por la sangre mientras su novio lo amenazaba, "no quiero que toque a Des de nuevo" grito furioso. El chico había tenido la culpa, le había dado un beso en la mejilla como despedida, tomando una confianza no merecida, provocándole incomodidad, eso es algo que Leo no pudo tolerar y le partió la nariz sin pensarlo.
— Es algo agresivo — se burló Lou mirando al chico de ojos verdes dormir con un poco de baba saliendo de su boca y una mueca de diversión que solo el alcohol producía en ellos que se dejaba llevar por el. Des se puso a la defensiva con el comentario de la chica.
— No, es solo impulsivo, pero no es agresivo una persona que trata con cariño a los animales y me demuestra tanto amor no puede ser tachada como agresiva — lo defendió Lou sonrió mas anchamente, le encantaba la pasión que demostraba al defender a su pareja, de ser un chico tímido se convertía en una fiera con tal de luchar por él.
— Veo que se aman, lo noto en tu mirada — sonrió, mientras el otros se ruborizaba — puedes dejarlo aquí, entre yo y Augusto mi novio lo cuidaremos, tenemos una habitación de sobra, mañana pueden hacer las pases con él, pobrecillo estaba desecho, creo que tiene algo de baja autoestima, piensa que es poca cosa para ti.
— Es un Idiota sin remedio, no importa que tan poco se valore, lo amo como loco, y no concibo la Vida sin él, tal vez suene un poco tonto, pero creo que el destino tiene sus manera de demostrarnos las personas indicadas — dijo mientras le daba un suave beso en la mejilla a Leo, Lou casi derrama una lagrima al escucharlo, esos dos eran tan bellos juntos. — gracias, ¿Cuál es tu nombre?
— Lourdes Lovelance, pero mis amigos me llaman Lou, un placer…
—Des Aeva, y este mentecato es mi novio Leo Splinder, gracias por no dejarlo beber demás o echarlo sin consideración a la calle, tiene un nuevo amigo — mientras tomaba sus manos amistosamente y le daba una sonrisa, eso marco el inicio de una bella relación amistosa entre ambos, de vez en cuando los cuatros salían juntos, Augusto era un hombre algo nervioso, e inseguro, por lo tanto Lou entendía la desesperación de la pareja, eran primeras discusiones entre ambos, después de casi 6 meses de ser amigos, ella no veía una posible cosa que manchara esa bella relación.
Justo en ese momento su teléfono celular vibro, reconoció el contacto como Linda la asistente de Des, se alarmó un poco, esperaba no fuera nada grave.
— Aló, hola Linda ¿Cómo estás? ¿Todo bien?— cuestiono, algo preocupada.— ¡oh! Descuida, hablare con él, no debes alarmarte—. Había un grave problema Des era acechado por un joven que podía hacerle competencia a Leo, eso no era bueno, ella sabía que el moreno estaba muy lejos de París, se molestó con su amigo un poco, como era posible que aceptara una cita de un perfecto extraño.
Encargando el bar a su pareja se fue corriendo con sus pequeños tacones hacia la cafetería, tenía que regañar a su amigo.
Mientras tanto Leo veía con júbilo como la avioneta aterrizaba, el lugar era tal como cualquier sabana es descrita en las pelicular, arena en el suelo, arboles enormes, sol incandescente, un letrero colorido y unas rejas enormes protegían la reserva de Kroger, bajo velozmente, William sonrió al verlo tan feliz, Vania resoplo y se quitó el cinturón. Lanzó una mirada al lugar, nada que le llamara la atención además del joven de ojos verdes que parecía un niño pequeño a punto de entrar a un zoológico. Una vez todos en tierra firme, fueron escoltados por los trabajadores del lugar quienes los acompañaron a el inicio del Serengueti, subiéndose en un camión especial para la tarea, los tres miraron con maravillas la cantidad de animales que tenían en la reserva.
— ¡Magnifico! — exclamo el moreno de ojos verdes, quien había logrado uno de sus sueños más locos con ese viaje, el cual sería perfecto si cierto caballero hubiera ido con él, como si de una manera su pensamiento lo invocara, vieron un grupo de jirafas que caminaban hacia uno de los lagos para beber algo de agua. Leo comenzó a reír muy fuerte, alertando a Vania y a William quienes lo miraron confundidos.
— Creo que el calor le está afectando — murmuro Vania al Británico quien solo asintió dándole la razón. — ¿Qué están chistoso?
— Mi pareja es más alto que yo, y cuando lo conocí, le dije Jirafa humana — comento riendo todavía, ante la cara de turbación de sus acompañantes.
— Que modales señor — comento William divertido, imaginando la escena — y su dama no lo golpeo, digo no hay mujeres muy altas que aguanten semejante burla.
— No es una dama, es un caballero — aclaro Vania mirando el paisaje con fastidio, de brazos cruzados, William enrojeció, "esos franceses son más abiertos de mente" pensó.
— Si, es un Hombre, no sé por qué parece que te molestara Vania, da igual si es él o ella, lo importante es que lo amo — dijo viendo hacia el horizonte, mientras una puesta de sol se divisaba, era el momento de regresar a la reserva, la comida los esperaba, y después un sueño reparador —. Quisiera ver a los leones — poniéndose de pie cerca de la orilla del vehículo Leo señalo a los felinos, los cuales por seguridad estaban separados de los otros animales.
— Es algo tarde sr. Splinder, de noche la Sabana es peligrosa, aun en la reserva tenemos que regresar —le explico William, quien iba a ordenar el regreso del vehículo, pero no conto con que uno de los animales, un rinoceronte se acercaba peligrosamente al camión, al parecer la criatura entro en pánico y empujo un costado en su andar, logrando que Vania gritara, y William se sujetara con fuerza para no perder el equilibrio, al abrir los ojos solo escucho un grito ensordecedor. — ¡Sr. Splinder! — exclamó.
Lou tomaba té con su amigo, mientras esperaban ambas al misterioso hombre Suizo, del cual Linda estaba tan alarmada.
— Gracias por venir, aunque el regaño esta demás — mientras llevaba una taza a sus finos labios le lanzó una mirada a su pequeña amiga, esta solo suspiro en respuesta, a veces Des era o demasiado despistado o muy tonto.
— Me lo agradecerás, además era eso o marcarle a Leo para que se lo dejara claro — comento con simpleza, provocando que Des se preocupara, imaginando a su pareja golpear a Tomás con furia, tal vez Lou y Linda tenían razón, lo mejor era matar las esperanzas del Suizo de una vez por todas, antes de su pareja matara algo más que eso.
Tomás llego, puntual como lo son la mayoría de las personas de su nacionalidad, con algo de decepción vio que su amigo estaba acompañado de una joven muy bella, aunque eso arruinaba sus planes de pasar la velada con Des, no se lo demostraría, debía de ser sutil por el momento.
— Tomás que bueno que llegas, te presento a Lou, mi mejor amiga, ella es dueña del bar Vintage de a unas cuadras — extendiendo la mano Tomás estrecho la de la chica la cual era diminuta en comparación.
— Un gusto señorita, Tomás Natt, próximo dueño de la relojería más pintoresca de Paris — confesó con una sonrisa que derretiría a un glaciar, Lou se sonrojo, Linda tenía razón, el tipo era peligroso, era un "moja bragas" en toda la extensión de la palabra, además que era extremadamente alto, sobrepasaba a su amigo por unos 15 centímetros. Ella parecía un enano en comparación.
— ¡Que genial!, no hay muchos negocios de relojes por la zona — explico la chica dándole una sonrisa — bueno vine de visita con mi amigo, le molestaría que los acompañe.
— En lo absoluto, estoy conociendo gente de por la zona— Tomás mantuvo su semblante, aunque amable, su tono de voz cambio notablemente, eso no pasó desapercibido para Lou, quien no quitaría el dedo del renglón; Los 3 caminaron rumbo al local del Suizo quien había preparado una sorpresa que tendría que guardar para después. No contaba con la presencia de la jovencita, quien no quitaba la vista de encima sobre Des — ¿Son amigos desde hace mucho?
— Si, nos conocimos por Leo, el novio de este muchacho — con alegría le dio un empujón a Des quien sonrió nervioso.
— Leo, interesante nombre, es la primera vez que escucho como se llama — contesto pensativo.
— Bueno no tiene mucho que te conozco, se llama Leo, como te comente esta fuera de la ciudad, de hecho esta fuera del país, viajo a Sudáfrica — todos llegaron ante una enorme puerta adornada de hermoso vitrales, en el costado un enorme vidrio dejaba ver el interior del local, al ingresar vieron a varios empleados limpiando el lugar y acomodando la mercancía, el lugar era pintoresco y tenía un toque retro, los clásico relojes cucú adornaban la pared principal, protegidos por una vitrina las piezas más caras lucían esplendidas. Tanto Lou como Des estaban con la boca abierta, las piezas eran hermosas.
— ¿Qué les parece?
— ¡Hermoso! — exclamaron ambos.
Lou fue llevada lejos de Des por una de las empleadas de Tomás, para mostrarle las piezas de oro, Des quien admiraba los reloj de péndulo noto la mirada del Suizo quien le hizo una seña para que se acercara, obedeciéndolo lo siguió por la parte trasera de la tienda.
— Des, sé que nos conocemos de hace poco, pero quiero entregarte un obsequio — dijo enseñándole una pequeña caja de joyería.
— Oh no, no te preocupes no tienes que darme nada — apenado movía las manos negando tomar la caja que el otro extendía hacia él. Tomás abrió el objeto mostrando un precioso reloj de cuerda con una cadena, la cual era un relicario al abrirlo.
— Debes de poner la foto de quien amas dentro — le explico al ponerlo sobre su mano — ese novio tuyo será muy afortunado si está dentro de este reloj.
— Gracias Tomás, pero yo no te e traído nada — le comento apenado.
— Tú amistad me basta — le confesó dándole un beso en la mano, una tos se escuchó rompiendo el encanto, era Lou quien miraba con desagrado a ambos.
— Des, vámonos tenemos que ir a nuestros negocios, muy lindo todo señor Tomás, espero que me acepte una bebida en mi bar la próxima reunión.
—Claro señorita Lou, le aceptare un trago, aunque soy un pésimo bebedor.
Una vez afuera de la tienda Lou le dio un pisotón a Des, el cual casi se cae del espanto.
— ¡¿Qué Diablos te ocurre?!— le grito indignado.
— Por todos los cielos Des, que diablos te ocurre a ti, te dejo un minuto solo y ese hombre casi te propone matrimonio, a otro perro con ese hueso sobre la amistad.
— Lou
— Lou nada, ese tipo es peligroso, en un descuido puede acabar gustándote.
Mientras tanto Tomás realizaba una llamada por medio de su móvil.
— Claro señor, si ya puse la Tienda como me ordeno, y por cierto encontré algo más que croissants en París, espero que lo vea usted también cuando llegue en estos días, la zona es mucho más pintoresca de lo que parece…
Hasta aquí mi historia nos vemos después.
