Capítulo 7: Peligro
Caminando a su negocio Des se encontraba pensativo, Lou se despidió de él con un movimiento de manos, "piensa en lo que te dije, no es bueno jugar con fuego, debiste rechazar ese reloj". Su mejor amiga tenía razón, se comportaba de una manera muy egoísta con Leo, mientras este estaba en su trabajo, él que hacía en su ausencia, aceptaba un regalo, visiblemente costoso de un desconocido. "Podrías estar con cualquiera, no tienes idea de lo encantadores, ricos y exitosos que son tus pretendientes". Las palabras de su pareja retumbaban en su mente, era un miserable, en cuanto él llamara, le contaría lo de Tomás.
Decidió prepararse un té en la cocina; Linda terminaba de guardar los recipientes en los anaqueles, sus empleadas limpiaban ya casi eran las 7 de la tarde, muy pronto cerrarían el local, de pronto sintió una punzada en su pecho lo aturdió, algo no andaba bien, la taza que tenía en sus manos se resbaló, estrellándose en el suelo, un sudor frio recorrió su espina.
— Jefe, ¿Qué ocurre? — pregunto Linda. Des solo temblaba, ella se alarmó, al igual que otra de las meseras.
— Tengo un mal presentimiento — murmuro, mientras recogía los pedazos de porcelana del suelo, uno de ellos corto su mano, él solo miro la sangre roja resbalar por su dedo.
— ¡Jefe!, tenga cuidado, déjeme ayudarlo — Linda le tendió un pañuelo, Des lo tomo con monotonía, una sensación de vacío se produjo en su interior, sin pensar las cosas corrió a buscar su móvil, necesitaba llamar a Leo, las cosas no andaban bien.
Encontró su teléfono al marcar el número este lo envió a buzón. Des se alteró a un más, decidió marcar a Franie, la jefa de Leo, era una tontería alertarla, pero la opresión en su pecho era demasiado fuerte; sabía que algo malo había ocurrido y quería despejar la horrible duda.
— Detengan el camión —. Ordenó William a los conductores, Vania abrió los ojos espantada al escuchar la voz quebrada del británico, cuando no vio a Leo junto con ellos y al rubio correr a la orilla del vehículo, supo que las cosas no estaban bien.
— Mierda ¿Dónde está Leo? — grito espantada hacia donde estaba William, quien si hacerle caso brinco del camión, los conductores se bajaron con armas en sus manos, Vania cayó en pánico, corrió en la misma dirección que los otros solo para ver el cuerpo inerte de Leo, cerca de los pies del rinoceronte — ¡Oh, no!
El moreno se encontraba tirado a los pies de la bestia, su cuerpo estaba herido y sangre manaba de su cabeza; Armas tranquilizadoras se dispararon al rinoceronte, quien dio un paso hacia atrás para evitar los tiros. William jalo junto con otro hombre a Leo, quien estaba inconsciente, pero aun respiraba con dificultad, la sangre fluía manchando su ropa y rostro; La caída pudo haberlo matado, o los enormes pies del rinoceronte, que aun respirara era una suerte. Vania sollozaba al ver el cuerpo herido, el rubio le ordeno que guardara silencio, "Ve por ayuda". Le ordeno, los trabajadores de la reserva controlaron la situación, el animal cayó inconsciente, al parecer había entrado en pánico por culpa de una mordedura de serpiente.
— Tenemos que llevar al señor Splinder con la Médico de la zona — ordenó William a sus hombres, denle un calmante a la señorita Vega, o acabara crispando mis nervios.
— ¿Sigue vivo?
—Claro que sigue vivo, no sea tonta y ayúdeme a detener la sangre que mana de su cabeza—. Vania se acercó y ayudo a sostener una compresa que realizo William con su chaleco, este se impregno de sangre, la chica solo dio una mueca de asco y terror.
Los hombres cargaron el cuerpo de Leo en la caja de una camioneta, esperaban que la Médico se encontrara en el hospital no lejos de ahí, si no, el señor Splinder no aguantaría mucho; William y Vania se quedaron estáticos, en cuestión de minutos la Vida de un hombre había cambiado ante sus ojos.
— Espero que este bien, no sé cómo le explicare a Franie esto — sollozó la morena, William solo la miró fastidiado, en el suelo como mudo testigo se encontraba el móvil de Leo.
— Hay que avisar a su familia, tenemos que seguir al señor al hospital y ver la gravedad de sus heridas — comento el rubio quitándose las gafas, las cuales quedaron llenas de suciedad por el ajetreo, Vania observo su costosa ropa, en ella la sangre de Leo quedo impregnada, agachándose tomo el móvil y lo guardo en su bolso, siguiendo con paso acelerado a William subieron en un jeep que tenían los empleados del refugio animal. Ella comenzó a enviar un mensaje a Franie, tenía que darle aviso de los hechos, y rezando al creador, esperaba que solo quedara en un susto, o si no podría traerle mala fama a la agencia lo acontecido.
Franie Fortun era una empleada dedicada al cien por ciento a la agencia de los Vega, tenía como gerente casi 3 años en ella. Su esposo entendía su trabajo, después de todo como músico respetado en la sinfónica de Francia, viajaba constantemente y su esposa lo apoyaba en todo; No tenían hijos, solo era acompañada por su ave, un petirrojo que fue un regalo de su esposo, en su primer aniversario; Al carecer de infantes, era algo fraternal con sus empleados, le tenía un cariño especial a Leo, ese chico era una proeza sobre los otros guías, con su nuevo ascenso vendrían cosas buenas para su vida y la de su pareja. Eso la llenaba de alegría.
Una llamada la saco de sus cavilaciones, era Des, el novio de Splinder, se extrañó. Él tenía el número a ser contacto de emergencia del chico, pero rara vez molestaba, algo malo había pasado.
— Agencia Vega, habla la señora Fortun — contesto, la voz del otro lado de la línea sonaba alterada — Des…no, no he sabido nada de Vania y Leo desde ayer, me mandaron fotos de su viaje, pero hoy iban a visitar una zona protegida, supongo que no hay cobertura. Espera, mi móvil está sonando, tal vez sean ellos.
Franie contesto, Vania Vega estaba llorando y terriblemente asustada; Un nudo se formó en su garganta, un horrible accidente había pasado. El presentimiento de Aeva se había confirmado. Leo estaba gravemente herido.
— Des…ven a la agencia, al parecer algo grave ocurrió con Leo.
Los hospitales no eran el lugar favorito de William, le traían horribles recuerdos, , Sudáfrica no era conocido por ser de los lugares con mejor atención médica, pero los contactos que Ithiel le había otorgado le ayudaron a que Splinder fuera atendido de inmediato, la jefe de Médicos del lugar era una compatriota británica, había hecho su residencia en el país. Se quedó al ver la precaria situación del mismo y el poco personal capacitado que había; ella atendía personalmente a Mad, desde hace un año le otorgaba los tratamientos, aunque lo que lo aquejaba no tenía remedio.
— ¿Cómo esta Maia? — pregunto al ver a Mad anestesiado, ella solo le dio un frasco diferente, siempre era lo mismo, otro tratamiento, una esperanza que moria al ver como su amado seguía con esa enfermedad.
— La esquizofrenia no se cura Will, y lo sabes. Tarde o temprano sus ataques serán incontrolables, pero eso no te importa ¿o sí?
William vio sus suaves cabellos casi blancos por la cantidad de medicinas experimentales, su piel morena que poseía moretones, al tener golpes por sus ataques de locura, no sabía que el amor era doloroso, hasta que se vio en esa relación.
— Ithiel pagara tus servicios, gracias por tu apoyo Maia.
— Ojala pudiera tener la cura de su problema.
Y ahora ahí estaba por circunstancias diferentes en ese hospital, esperaba que Maia cuidara de Leo, unas enfermeras se llevaron la camilla donde yacía el joven, un doctor pidió que lo llevara al quirófano.
— Por el creador, espero que este bien— pidió, no quería ver el sufrimiento de la familia de Leo, o de ese novio suyo, si algo malo le pasaba.
Des corría a ponerse su abrigo, Linda tomo sus cosas dispuesto a acompañarlo.
— Quédate aquí, cierra por mí — le suplico, tomando sus manos, dejando la llave del local — Tengo que preparar mi vuelo para Johannesburgo, no tengo cabeza para pensar con coherencia.
— Señor, por eso mismo debo acompañarlo, o debe llamar a alguien, a Lou por ejemplo.
— Ya le quite mucho tiempo, además ella no puede acompañarme a Sudáfrica, te das cuenta de lo egoísta que sería eso — sollozo, Linda le dio un abrazo, entendía la desesperación de su jefe pero el tenía razón. El negocio debía de permanecer abierto.
— Esta bien, yo me hare cargo de todo Jefe — apartándose de él, dejo que continuara su camino.
A paso rápido llego a la agencia, no estaba muy lejos de la zona, el frio le calaba en los huesos, el vacío en su pecho era insostenible, Des apretó a un más el grueso abrigo, Franie tenía un boleto para él ya listo, saldría mañana temprano a Sudáfrica. Todo sustentado por la agencia. Ella acaba de colgar con Vania, y William el socio de negocios de la agencia, tenía que informarle a Aeva de la situación.
— Leo entró a la sala de urgencias, pero las cosas no pintan bien Des — Franie estaba desolada, Des sollozo, el nudo de su estómago se hizo más fuerte.
— ¿Qué paso? — inquirió con la voz quebrada, Franie estaba igual de consternada, ver al joven frente a ella, tan frágil, tan desecho.
— Cayó del camión…al parecer se golpeó la cabeza y esta inconsciente, ya esta en un hospital, pero debes estar con él.
— No debí dejarlo solo, si algo le pasara…no me lo perdonaría.
—No es tu culpa, nadie previno que algo así ocurriría, es cosa de Mala suerte…necesitas algo más, créeme que lo que necesites puedes pedirlo Des.
— Solo quiero que Leo este bien, y esto sea solo un susto Franie, eso quiero — rompió a llorar, la mujer solo lo abrazo, mientras tibias lagrimas bañaban su hombro, en el fondo ella también esperaba lo mismo.
Maia estaba atendiendo unos pacientes en cuidados intensivos, cuando la alarma de emergencia sonó en su bíper*, uno de sus compañeros necesitaba apoyo, un hombre herido por culpa de un rinoceronte ingreso a la sala de operaciones, cuando llego a la sala, su colega estaba a mitad de la operación, suturando una herida de cabeza, y un pulmón obstruido por culpa de una costilla rota, ella se acercó a apoyarlo; la neurocirugía era su especialidad. Vio las facciones del joven en la camilla, su piel palideció y casi deja caer el bisturí. Frente a ella se encontraba Leo Splinder, él era el paciente cuya vida peligraba, tenía que salvarlo. Ese día la muerte no se llevaría a ese hombre.
— William ¿cuánto crees que tarden en decirnos si está bien? — pregunto Vania, el rubio le traía un café, ambos estaban cansados, con las ropas sucias y mucha hambre, esperando respuestas de los doctores, sus móviles ya no tenían batería. Ella recordó de pronto que tenía el celular de Leo en el bolso, vio varias llamadas perdidas de un tal "Des", suspiro, debía de ser la pareja del moreno. Esperaba que Franie le avisara, ella no cumpliría con esa labor, suficiente tenía con esperar respuestas en ese momento.
— Vete a descansar, yo me quedare con él, te avisare cualquier cosa — Vania acepto enseguida, y dejo a William meditando en aquella sala de espera.
Tomás caminaba tranquilamente por el parque, le gustaba salir en las noches, ya que París lucia a un más hermosa, por algo era llamado "la ciudad de las luces", a lo lejos diviso una alta figura que se abrazaba a su abrigo, lo reconoció enseguida, así que se acercó hacia él, pero se detuvo del golpe, la ver las lágrimas correr por sus mejilla.
— Des, ¿Qué te ocurrió? — sujetándolo de los hombros, el Suizo diviso los ojos rojos del otro y las lágrimas que brotaban sin tregua. Sin meditarlo lo abrazo, Des sabía que estaba mal, que no era correcto, pero necesitaba ese abrazo, soltando su llanto dejo que él chico lo consolara.
— Leo está gravemente herido, y esto… no está bien — lo aparto, Tomas lo soltó de golpe, entendía que no debía de aprovecharse del dolor de Des para acercarse a él. Des se limpió las lágrimas.
— Lo siento, lucias muy vulnerable, lamento haberte incomodado.
— Tomás, voy a buscar a Leo a Sudáfrica, necesito saber que el está bien, y después de eso lo acompañare el resto de su viaje… espero que no te lo tomes a mal, pero solo deseo tu amistad, y este tipo de cosas de tu parte me incomodan. — Des aparto su rostro, no deseaba ver la cara del chico en ese momento
— Tienes razón, yo solo soy un extraño para ti, es solo que no te conozco desde hace mucho, lamento incomodarte, de todo corazón espero que Leo este bien — dijo dándole una sonrisa.
— Gracias, tengo que irme, espero que a mi regreso puedas convivir con todos nosotros, hasta pronto. — prácticamente huyendo de ahí dejo al chico completamente solo. Tomas cambio su rostro a uno furioso, ahora la situación había cambiado, Nicholas quería conocer al hombre que le había llamado poderosamente la atención.
— Si se te hizo atractivo, debe serlo, siempre has tenido buen gusto en hombres.
— Señor, el me agrada para más que una amistad, no me gustaría involucrarlo en los negocios que tenemos, además creo que es suficientemente noble como para aceptar algo relacionado a todo esto.
— Tomás, acaso estás enamorado, interesante, la ciudad del amor lo hizo de nuevo, solo recuerda que todos tienen un precio, tú lo tuviste…socio.
Colgando la llamada, Tomás había protegido a Des de cierta manera, ahora que sabía que él chico no sería suyo, tal vez no debería de interferir en que Nicholas se le acercara.
—William, la operación termino — Maia entraba a la sala de espera, para su sorpresa solo estaba el rubio, profundamente dormido en una de las sillas del lugar.
—Oh, perdona estoy muy cansada, y mi espalda me está matando, ¿Cómo estuvo la operación?
— Esta estable, su pulmón casi sufre una perforación, tiene una costilla rota, pero lo preocupante es su cabeza, tiene una contusión cerebral severa… pueden haber quedado secuelas.
— Oh no, ¿Cuándo despertara?
—No lo sé… puede que tarde días, semanas, incluso meses Will.
William se recargo en el asiento mientras tocaba su cabeza, definitivamente Ithiel estaría furioso, las cosas habían dado un giro inesperado.
