Capítulo 8: Pánico.
Tomás dio un portazo a la puerta negra de caoba, se encontraba molesto cuando regreso a su hogar, él a diferencia de Des vivía independientemente de su negocio, a una milla del centro de París, en una casa pintoresca. Al entrar diviso un hombre de espaldas, un escalofrió lo recorrió al ver aquel sujeto, él muy maldito había encontrado su dirección,. El cabello rape le daba un aire peligroso; Pero no tanto como sus ojos, esos orbes eran de un café casi rojizo, y una sonrisa cínica y mal encarada adornaba sus facciones. Nicholas imponía respeto en donde se parara y conocerlo a fondo no ahuyentaba ese temor. Tomás había llevado negocios de contrabando con él, hace mucho tiempo. Desde droga, armas, hasta personas. El dinero fácil lo había atraído, pero decidió pedirle su libertad hace poco, dejo Suiza con el fin de independizarse de toda esa mierda. Pero sabía que una vez dentro…no era tan fácil escapar.
— Mi suizo amigo, veo que aun conservas ese buen gusto homosexual en tus decoraciones — señalo sarcástico la habitación, por todos lados lucía un estilo cabaña antigua, los pisos estaba cubiertos de costosa madera, la chimenea estaba en una esquina de la habitación, a espaldas de Nick, dándole un aire a un más amenazador.
— Viniste, no me esperaba tu visita tan pronto Nick — sentándose en el sofá negro de cuero, Tomas agarro su cabello azabache, mientras el otro se sentaba a lado de él, quintándole todo el poco espacio personal que ostentaba el suizo.
— Vamos Tom, sabes bien que no puedes librarte de mí, tengo curiosidad de tu nuevo estilo de vida, sin drogas, sin alcohol y sobre todo sin ser el centro de atención. No extrañas el cuándo torturábamos a los cobardes que nos debían la plata de la Droga, cuando suavemente pasábamos un cuchillo por su garganta, ahora quieres ser un aburrido relojero.
— Eres de lo peor, pero ya quiero dejar eso atrás Nick estoy harto de ver sangre correr por nuestras manos, me prometiste no intervenir.
— Solo quería conocer al dueño de ese nuevo tú — agarrando su rostro lo miro directo a los ojos azules, el otro trago saliva nervioso—. ¿Dónde está ese guapo hombre?
— Mañana parte a Sudáfrica. Feliz.
— ¿Y eso? No me digas que…te rechazo ¿no es así? ¿Qué hará el nuevo tú? Porque el antiguo haría lo que le viniera en gana con él. No recuerdas a ese chico en las Vegas, nos divertimos mucho con él, ¿no es así Tom?
— Nick…por favor, ese muchacho era un jovencito solamente — murmuro cubriéndose el rostro, mientras la sonrisa de Nick se volvía más amplia.
— Solo dime, lo deseas Tom.
— Más que nada, pero él tiene pareja y va con ella — comento dolido, el otro solto una carcajada.
— ¿Desde cuándo eso te ha detenido? Me decepcionas Tomás...
— ¡Cállate! ¡Largare de mi hogar Nick!
—No. Sé que deseas a ese chico y tengo una curiosidad insana por verlo, así que dime…quieres que lo traiga para ti Tom.
Tomas suspiro el sudor frio recorría su rostro y espalda. La propuesta era tentadora, sabía los alcances de Nick, si él lo deseaba, el otro se lo traería. Y después veía el dulce rostro de Des en su mente, esa timidez, era un capullo en blanco, y él estaba tan lleno de Mierda, a quien quería engañar, lo deseaba de una manera insana, y jamás seria suyo, porque no volver a caer de nuevo, y disfrutar lo que el chico jamás le otorgaría, aunque sabía que si Nicholas intercedía, este también sacaría "provecho".
— ¿Qué dices?
Des caminaba cabizbajo, buscando un taxi para dirigirse rumbo al aeropuerto, había empacado alguna de sus cosas, un par de camisas, un abrigo, pantalones negros, sus zapatos de charol y botas de montaña, así como la mayoría del dinero que tenía ahorrado, dejo instrucciones a Linda, y la lleve de su casa, pero no dejo que nadie lo acompañara, Lou se ofreció a hacerlo, pero el muchacho se negó rotundamente.
— Iré solo Lou, por favor ayuda a Linda con el local, les daré noticias en cuanto llegue allá, las quiero chicas, deséenme suerte.
— Pero Des, al menos déjame acompañarte al aparcadero de Taxis — lo regaño Lou
— Vamos si está a unas cuadras de aquí, no es necesario, necesito algo de tiempo para pensar Lou — alejándose un poco, tomo su maleta y se despidió de ambas con un ligero beso en la frente de cada una.
—Cuídese Jefe.
—Avísanos Des, me preocupa Leo.
Si Des hubiera sabido que posiblemente no llegaría al aeropuerto ese día, tal vez hubiera dejado que ambas jóvenes lo acompañaran, cuando había llegado al aparcadero, escucho una voz grave a su espalda.
— Tomás tenía razón, la descripción de él no te hizo justicia Des…
Des sintió un escalofrió al escuchar esa voz, decidió caminar más rápido, aun lugar con mayor cantidad de personas, pero la calle estaba horriblemente vacía, una mano enguantada tomo su frágil brazo, lastimándolo, este se voltio indignado, viendo unos orbes rojos, y una sonrisa torcida, el hombre saco una jeringa de su brazo, para horror del chico, quien gritó por ayuda, sintió la punzada en su brazo y el líquido ingresar a sus venas, después de eso su visión se nublo y cayó en un sueño profundo.
Habían pasado varias horas desde el término de la operación de Leo Splinder en el hospital, Maia Maeda estaba sentada a lado del joven, revisando sus signos vitales, que las heridas no se infectaran; aunque ese trabajo le pertenecía a ella como doctora, anhelaba ver a su ex amor, y mejor amigo de la infancia despertar, saber si no habían quedado secuelas de ese horrible suceso. William había dejado el hospital hace pocos minutos. No sin antes, cuestionarle su amistad con el moreno.
— Iré por la señorita Vega, ya la eh dejado descansar mucho — se quejó, mientras hacía algunas flexiones para quitarse el horrible dolor de espalda.
— Yo lo cuidare, mi turno acabó hace una hora, creo que puedo hacerle compañía a Leo, mientras alguno de ustedes regresa.
— Hablas con mucha familiaridad sobre él, ¿lo conoces? — Una mirada recelosa de parte del rubio la sonrojó un poco.
— Digamos que ambos éramos buenos amigos en el pasado, jamás pensé verlo en este estado. Pero… tengo la confianza de que las secuelas serán mínimas. — su tono se volvió un murmullo con ese último comentario, William tomo sus cosas y se marchó, dejando a la doctora sola en la sala de espera.
Maia tocó con cariño el cabello que sobresalía de la venda que cubría su cráneo, Leo se encontraba cubierto de tubos médicos que le pasaban el aire necesario que sus pulmón perforado no podía aun procesar, estaba vendado del pie izquierdo y una férula cubría el brazo derecho, ocasionada por la caída del camión.
— Dulce Leo, que broma del destino es encontranos en estas condiciones — murmuro la chica, tomando suavemente su mejilla, la puerta de la habitación se abrió de pronto, sobresaltándola. Vania Vega lograba una entrada triunfal, sus ropas eran mas comodas, pero no dejaban de ser sugerentes, un pantalón deportivo, una blusa de licra, unos lentes oscuros que cubrían sus ojeras, y el cabello en una cola de caballo.
— Que amable doctora, pero yo le hare compañía al enfermo — sentándose a lado de Leo, le hizo un movimiento con la mano, en señal de despedida.
— Usted, ¿Es la novia de Leo? —pregunto, mientras se ponía de pie para darle el lugar a la chica de enormes pechos.
Vania sabía que de no ser así, la mujer seguiría rondando a Splinder y eso no le agradaba en lo absoluto, suficiente tenía con el tal Des como para preocuparse de la doctora británica.
— Por supuesto, pero queremos mantener el secreto, él es empleado de mi padre y la situación seria un escándalo.
— Entiendo, bueno la enfermera le traerá las medicinas en unas horas, yo me retiro señorita, espero que el Leo se recupere, él fue gran amigo mío en el pasado y yo seré la doctora responsable del caso — dijo con tono autoritario, Vania alzo una ceja, no le creía el hecho de que solo hayan sido "amigos de la infancia".
— Gracias Doctora Maeda, si necesito algo de usted, o ocurre algo a mi novio, se lo hare saber — tomando suavemente la mano del muchacho Vania dio su mejor cara de aflicción, Maia se retiró, William no había mencionado que la chica fuera novia de Leo, pero en vista de que el rubio se había marchado a dormir, no podía saber la verdad.
Des estaba mareado, su visión era nublosa, todo lucia como un vidrio empañado, como si una neblina lo rodera, su cuerpo se sentía pesado, se dificultaba mover sus manos y pies, y sentía su cuerpo en una superficie blanda, juraría que estaba sobre una cama, pero no tenía la certeza de verificarlo, el peso de su subconsciente estaba dormido, a lo lejos escuchaba una voz grave, la misma que lo había traído hasta ahí. Sabía que su integridad estaba en riesgo, pero no tenía idea quien era el autor de esa obra.
— Tú me dijiste que lo trajera, que lo deseabas. — mientras tomaba una copa Nick observaba el cuerpo amarrado de Des, quien yacía en una cama de la mansión que había comprado en París, del otro lado de la línea la voz furiosa de Tomas le gritaba—. Si no vienes Tom, empezare sin ti.
Colgando el teléfono, Nick se acercó a Des, y sujetando su rostro pudo observar sus finas facciones, los ojos estaban cerrados por el efecto de las drogas en su interior, la sonrisa se hizo más ancha, conforme veía que este se agitaba por él contacto; En definitiva se iba a divertir.
Hasta aquí dejo esto...
Saludos a todos.
