Capítulo 18: Juego

"AMOLAD no me pertenece, es propiedad de The Snipster"

El ambiente estaba cargado de tristeza y melancolía, los brazos de Aeva se aferraban a la mano de Splinder, quien ajeno al contacto dormía sedado por los calmantes, los sollozos del alto eran escuchados por dos personas en esa habitación, una era Lourdes, la cual sentía lastima por el segundo espectador pese a las circunstancias que habían conllevado a que Des saliera lastimado, el corazón de Lovelance sentía empatía por el suizo, era notorio el rostro de aflicción, sus ojos se encontraban vidriosos.

Tomás observo la lastima en la cara de Lou, dándose media vuelta se alejó de aquella escena que le partía el corazón, el sentimiento de vacío en la boca del estómago, las lágrimas sin poder ser derramadas, cuanto martirio sentía en ese momento; lo destrozaba el no poder, a pesar de las circunstancias, ser considerado un buen pretendiente de Des. Se detuvo a recargarse en una pared blanca de aquel hospital, justo cuando pensó hallarse solo una mano delicada se posó en su espalda, ocasionando que volteara a verle, los ojos ámbar tan parecidos pero enmarcados por ese cabello rubio igual de largo como lo recordaba.

—Ithiel… — el nombre broto de su garganta como un susurro, las mejillas del aludido se tiñeron de un dulce carmín.

— Tom, he deseado verte todo este tiempo — sonrió, era verdad que quería buscarlo una vez que se sintió a salvo, pero su egoísmo y amor propio podía más, que el que sentía por Tomás.

Con calma tomó su mano, era tan delicada y blanca, Ithiel aparentaba ser una mujer muy hermosa, pero el tono de su voz y los rasgos de su espalda te quitaban esa ligera duda, vestido con ropa de la zona y un turbante morado que colgaba grácilmente de sus hombros, Tomás lo encontró encantador; las mejillas sonrosadas le recordaban a las de Aeva, o ¿será que Aeva le recordaba a Ithiel?

— Pensé que no te vería vivo, ¿él jamás lo sospecho? — pregunto el rubio, Tomás negó con la cabeza, la mano de Ithiel se aferró a la suya con fuerza, ese contacto le traía recuerdos de anhelos olvidados. En ese momento el móvil de Ithiel sonó, al ver de quien se trataba su rostro enrojeció, alejo su mano del toque de Tomás para contestar, al escuchar el sonido de aquella voz casi suelta el teléfono de la impresión.

— Hola, mi amor ¿me extrañaste? — Nicholas sonaba seductor, pero su aterciopelada voz reflejaba lo que él odiaba, ese tono de amenaza antes de que lo golpeara hasta perder la conciencia.

— Nick… No, si te soy honesto preferiría verte muerto — al escuchar el nombre, Tomás palideció, ese cabrón seguía vivo. El rostro de Ithiel era de terror, pero controlo muy bien el temblor de su voz —. Supongo, que encontraste mi paradero.

— Claro, era tan solo un indicio lo que necesitaban mis hombres, te ocultaste bien, el sobornar a mis secuaces fue tú mejor idea, quiero confesar… que todos murieron de la peor forma posible… por cierto, alguien quiere saludarte, di hola Leonor — la voz de fondo soltaba unos gritos agonizantes, Ithiel abrió los ojos espantado, Leonor era su amiga y dama de compañía en la mansión de Nick. El maldito la estaba torturando, uno disparos se escucharon repetidas veces, y los gritos se dejaron de oír.

— ¡Maldito malnacido! — exclamo Ithiel, Tomás lo sujeto mientras se dejaba caer en llanto e histeria, las carcajadas de Nick sonaron lo suficientemente altas para que el suizo las escuchara.

— Iré por ti Ithiel, Sudáfrica no es tan inmensa como piensas, algo de dinero y tu cuerpo estará en mi cama — el tono iracundo puso a temblar al rubio, sus pesadillas se cumplieron —. Hasta pronto.

Una vez que colgó la llamada Ithiel se aferró a Tomás, su cara derramaba lágrimas de frustración y dolor, él sabía que si el plan salía mal, su vida y la del resto correría peligro.

— Ithiel, tenemos que huir — murmuro Tomás sujetándolo, era lo más sencillo, pero el rubio estaba harto, no quería seguir huyendo, no deseaba tener esa sensación de zozobra quería vivir tranquilo.

— ¡No!, no merecemos esto, estoy cansado Tomás, quiero tener mi libertad, ese desgraciado no puede ganar siempre — limpiando sus lágrimas le sonrió a ese hombre de ojos azules que a un le provocaban sensaciones. Tenía que idear un buen plan y estar preparados, poder poner las cartas sobre la mesa, era un juego de vida o muerte con el capo; solo uno saldría vencedor en ese cruce de poder, Nicholas caería en su territorio y ahora que tenía al suizo para él, no perdería la oportunidad. El vencedor debía ser él.

En el cuarto del hospital, Lourdes había dejado a ambos solos, William y Madd le habían ofrecido el hospedaje en el hotel donde Vania y Leo se quedaban, a pesar de que el mundial estaba por llegar a su fin, los cuartos eran escasos, por lo cual Des tendría que compartir cuarto con la chica, aunque él no quería despegarse de su pareja. Llevaba ya casi una hora viéndolo dormir, el dolor de sus heridas le escocia, pero al menos tenía una leve sensación de bienestar al estar lejos de aquel infierno que paso en Paris.

— Tengo que revisarlo — una voz femenina lo sacó de sus cavilaciones, era aquella mujer de cabello corto. Era obvio que tenía enemigos en aquel lugar, aunque no entendía el descontento de esa mujer en particular.

— Doctora ¿por qué parece desagradarle mi presencia? — pregunto perspicaz, Maeda lo observo un momento, podía ignorarlo, pero su actitud hace unas horas, dejo de ser profesional.

— Yo soy amiga de la infancia de Leo, como escuchaste no tengo ningún interés en ese hombre, moriría por mejores culos, como el de Vega — las mejillas de Des se sonrojaron ante esa declaración —. Espero que tengas una excusa con Leo, si no mi enojo es lo que menos deberías temer.

Después de la revisión a Leo, la médica dejo el cuarto, era verdad, a pesar de que le había ocurrido esa horrible tragedia, la presencia de Tomás era difícil de explicar, se cubrió el rostro con pesar, se arrepentía de sus decisiones, si él hubiera viajado con su moreno de ojos verdes nada hubiera pasado, él no hubiera dejado que le pasara esa horrible tragedia, jamás hubiera conocido a Tomás, Linda lo esperaría con una sonrisa en su bella cafetería; su egoísmo y los celos lo llevaron a esas situaciones, malas decisiones de parte suya, habían modificado sus vidas para siempre.

Leo sintió humedad en sus manos, abrió los ojos despacio, estos le pesaban, creyó haber sido sedado de nuevo, ante él tenía un Des llorando, temiendo que fuera una alucinación alargo su mano para tocarlo, asustado de que se desvaneciera en el aire como sus anteriores visiones, su cabello lucio diferente notando que sus mechones no estaban, además de una palidez poco saludable que adornaba sus bellas facciones, odiaba verlo llorar.

— Des…— susurró, la garganta le ardía por los gritos de horas atrás, los ojos de Des se abrieron alarmados reflejando sus orbes ámbar, apretó su mano a pesar de la sonda para tomar la de él.

— ¡Leo! Dios, perdóname, debí acompañarte me odio tanto en estos momentos — las lágrimas continuaron sin tregua, surcando sus mejillas de porcelana y ocasionando un nudo en la garganta a Splinder; comprendía poco de lo que pasaba, tenían miles de preguntas en su mente, pero verlo le bastaba en ese instante.

— No… no llores Des, ¿por qué no estabas a-aquí? — las palabras salían entrecortadas de su boca, le dolía como el infierno, quemaba con esfuerzo, su voz se oía terriblemente rasposa, Des se alarmó y llamó a alguna enfermera. El moreno negó con la cabeza.

— Leo, no te esfuerces, te contare todo… yo conocí a una persona en tu ausencia — las palabras salieron sin ser pensadas de su boca, la expresión de Splinder fue de completo pánico, al ver la reacción del otro comprendió su error —. No, no como lo imaginas, el hombre me ayudo en el parque, estaba cabreado contigo y me caí en una pista de hielo, intento ser mi amigo no veía lo malo en eso, admito que estuvo mal Leo, pero las cosas dieron un giro cuando él se me declaró; en ese momento lo rechace y venía a verte… pero un loco me secuestro durante casi cuatro días.

Las mejillas de Leo estaban rojas, la ira se sentía en sus puños ocasionando que las sondas derramaran algo de sangre por el esfuerzo que ejercía en ellas, Splinder estaba furioso, si se hubiera podido poner de pie habría aventado con fuerza lo que lo ataba a esa maldita cama y hubiera golpeado a los que dañaron a su novio; sobre todo a ese hombre cuyo nombre parecía ya conocer.

— ¿Se llama Tomás? — Leo pregunto con dificultad, las mejillas de su novio se encendieron, el moreno conocía perfectamente lo malo que Des era para mentir, sus ojos lo delataban, al escuchar ese nombre sus facciones fueron más honestas que sus palabras — e-el sujeto p-arecido… a ti me lo dijo.

— Sí, él fue la persona que me rescato de mi secuestro, gracias a Tomás estoy con vida y aquí Leo. Pero… aun así parte de todo es culpa de él — las cara de aflicción de su amado fue suficiente. Maldecía sus heridas internas, deseaba con fuerza saber cuál era la apariencia de ese hombre y después golpearlo sin piedad, le dolía la mentira de todos, entendía poco el porqué; Des intento acercar su mano para tocarlo, pero Leo la aparto con brusquedad. Aeva recordó las palabras de aquella médica, Splinder no se lo pondría tan fácil.

En un café sudafricano, Tomás observaba como Ithiel llamaba a varios números y mandaba mensajes como loco, frente a ellos Madd y William comían un bocadillo, el golpe en la nariz por parte del hermano de su benefactor le calaba, al igual que las heridas de bala en su pierna, necesitaba con urgencia dormir y un analgésico. La mano de Ithiel se colocó sobre la de él, haciendo que Madd enarcara una ceja. Odiaba que su hermano olvidara que aquel suizo, era antes un secuaz de Nicholas.

Tomás se perdió ante aquel suave contacto, no era idiota, las acciones del rubio reflejaban un sentimiento que él no sabía si podía corresponder, deseaba el cuerpo de aquel hombre, pero ambos estaban ya muy podridos y corrompidos, ¿tendrían felicidad unas almas como las suyas?

— Tom, rente unas habitaciones de hotel para Lourdes y Des, Vania Vega también se encuentra alojada ahí, pero… ¿tú puedes venir con nosotros? — al escuchar eso William se atragantó con el jugo, Madd golpeo la mesa ante esa proposición,

— ¿Le revelaras a este imbécil nuestra posición? — la pregunta se escuchó agresiva, Ithiel amaba a su hermano, pero no dejaría ir a Tomás tan fácil.

— Te recuerdo hermanito… que es mi hogar, William y tú tienen las condiciones óptimas por mí—. Los puños de Madd se estamparon repetidamente en la mesa, tirando varios de los objetos, un cuadro de ansiedad no era bueno para él.

— Cariño, por favor…— William intento calmar a su pareja, la cual iba a arremeter contra el suizo, Ithiel se puso de pie, ante la mirada de los comensales de aquel restaurante, Madd suspiro y se marchó del establecimiento, William se disculpó y corrió detrás de él.

— Ithiel, no tienes que invitarme a tu hogar, agradezco la atención, pero debemos buscar un plan donde Nicholas no nos mate — la voz de Tomás era tranquila, aunque el temblor en su mano izquierda al llevarse el café a los labios delataba su incomodidad. ¿Cuánto tiempo les dejaría de ventaja Nick?

Una copa de vino en su mano izquierda, su traje predilecto de color rojo oscuro, tal como la sangre que corría de sus enemigos al desmembrarlos; Nicholas tenía frente a él a un hombre de cabello cano, una maleta con información le era entregada. El capo estaba a punto de subir a su avión privado para dirigirse a Sudáfrica, solo tenía que atar algunos cabos de las personas que rodeaban a Ithiel, entre ellas ese hombre que era muy parecido a él.

— ¿Qué averiguaste del hombre que tuve bajo resguardo? — pregunto Nicholas, el sujeto de cabellos blancos le tendió un par de fotografías.

—Des Aeva, reconocido comerciante de la zona turística francesa, es dueño de una cafetería muy popular en los últimos dos años, su hogar es el mismo lugar que aquel local, tiene un padre neerlandés y una madre alemana. Al parecer la similitud con el señor Ithiel es una coincidencia, está según chismes de residentes de la zona en una relación con un hombre llamado Leo Splinder.

— Interesante… ¿Qué descubriste de su pareja? — levantó una ceja al escuchar que

— Bueno, el sujeto trabaja hace unos años en una agencia de viajes, los dueños de esa agencia son la familia Vega, al parecer empezaron un proyecto en Sudáfrica y enviaron a su hija y este hombre allá.

— ¡Que irónico! Sudáfrica, que coincidencias de la vida — río el capo, encendiendo un cigarro de marihuana frente a aquel sujeto — ¿descubrió quién es el dueño de ese negocio?

— ¡Claro!, el padre de la señorita Vega me lo dijo todo, después de una "amistosa charla". Splinder es el negociador principal y realizan un trato con un tal William Scott —comento el hombre con una sonrisa, Nicholas se atragantó con el vino, la pareja del hermano de Ithiel era participe también.

— ¡¿Dónde están ubicados?! — gritó, lanzando la copa al suelo, los efectos alucinógenos de la droga lo estaban alterando.

—Johannesburgo… — comentó el hombre espantado, la cara de Nicholas daba completo terror. Este al fin había encontrado la parte exacta del paradero de Ithiel sacando un fajo de billetes se lo entrego a su informante. En cuestión de hora estaría en la misma ciudad que su ex.

— ¿Una duda? Antes de que te marches, ¿Splinder sigue en Sudáfrica?

— Si, al parecer el hombre sufrió un accidente allá — le dijo el sujeto quien tomaba sus cosas antes de marcharse, el capo era aterrador.

— Perfecto…Tomás, ay Tomás, me acabas de entregar a Ithiel y Des en bandeja de plata — la sonrisa sardónica que tenía en el rostro era suficientemente alarmante. Dando las órdenes precisas. Se marchó rumbo al continente africano.

La mirada de Des estaba aún llorosa, Leo había calmado su furia, pero no le dirigía ni un vistazo, Lourdes se ofreció a cuidarlo para que descansara un momento, el más alto se negó.

— Des, sigues herido, lo mejor es dejar que Leo se calme — le susurro su amiga.

— Odio verlo furioso conmigo Lourdes — el llanto amenazaba con salir, estar cerca de Splinder y a la vez alejado de él era una tortura. El moreno pareció escucharlo y furioso volteo hacia ellos.

— ¡Vete Des! ¡Huye con tu héroe! — grito con esfuerzo Splinder, ante la cara de mortificación de Des, y la furiosa de Lou.

— ¡Deja de ser un imbécil! — lo regaño la chica, con las manos cruzadas en señal de desaprobación

— Lourdes, no lo retes, está bien Leo, me iré al hotel. Solo espero que me perdones y que sepas que te amo… ¡adiós! — caminado lentamente tomo su bufanda de aquella silla de espera y salió presuroso, las lágrimas salieron sin tregua. Que había hecho, que le deparaba a él y a Leo; los celos de este serian suficientemente fuertes, incluso más que el Amor.

Por otro lado, Leo sollozaba, era un idiota, un imbécil, había echado a Des, Lourdes se sentó a su lado a un furiosa, esperaba que sus amigos arreglaran sus diferencias. No quería ver a esos dos separados.

N.A. Sé que soy una mentirosa total, pero este fin de semana no actualizare, así que tendrán que esperar un poco para ver el final de esto. Ya solo quedan dos capítulos, y los regalos continúan. Miren nada más las imágenes que nos envían _ y _ gracias por este tipo de detalles 3 saludos.