Desde aquel día, hace ya casi un mes, 2D siempre y sin falta iba a esa cafetería sólo para volver a verla, para perderse en esa fría mirada carmesí.
Los días seguían igual, ya esperaban el verano con ansías y el cálido sol, pero no todos estaban de acuerdo...
Ella siempre estaba sola, mirando la ventana sin expresión alguna o leyendo un libro, ajena a las demás personas y al peliazul embelesado. Podría decirse que no tenía amigos, y era verdad. No la veía hablar con nadie, o al menos no cuando salía de la cafetería rumbo a su casa, y en ese momento no podía evitar sentirse triste. El impulso de seguirla y conocer su casa era invencible, pero temía que si lo hacía ella se asustara o lo golpeara creyendo que era un pervertido acosador. Temía ser golpeado por ella ya que le intimidaba un poco, parecía ser una chica ruda y sin miedo a nada, pero aunque le asustara un poco igual le gustaba.
En ocasiones intentaba acercarse y saludarla para intentar iniciar una conversación con ella, pero simplemente su timidez y miedo al rechazo eran más fuertes, impidiéndole realizar tal acción. Incluso él mismo llegaba a enojarse por ser tan tímido y cobarde.
Con forme los días pasaban, él cada vez se sentía más atraído a ella, le daba curiosidad lo misteriosa que era. Simplemente le gustaba más aún que antes. Lo ignora, pero le gusta. A pesar de que nunca piensa en él, siempre piensa en ella. No sabe siquiera de su presencia, pero él se enamora de ella.
Un día en que, como siempre, llegó a la cafetería, hizo un pedido y se sentó lejos de ella para disponerse a observarla leer un libro. No llegó a darse cuenta de que Murdoc lo había seguido, éste tocó su hombro asustándolo, haciendo que 2D gritara y cayera de la silla, esto, por primera vez, captó la atención de la joven lívida que con su inusual mirada observaba confundida a esos dos, sin embargo volvió a prestar atención a su libro.
—¿Q-qué haces aquí Murdoc?
—Eso debería preguntarte yo a tí, que todos los días vienes a este lugar a hacer quién sabe qué.
—¿C-cómo sabes que vengo aquí siempre? —preguntó vivamente nervioso y jugueteando con sus dedos.
—Al principio no le tome importancia, pero como estabas faltando demasiado a los ensayos —mientras decía esto, lo golpeó en la cabeza con algo de fuerza.
—Sí, lo siento —se disculpó mientras sobaba su cabeza—. Ya no faltare, lo prometo.
—Más te vale —dijo amenazante— ¿Y? ¿A qué tanto vienes a aquí?
—B-bueno... yo~
—¿Es una chica, cierto?
—¿¡Qué!? ¡No, claro que no!
—¿Sabes que eres malo mintiendo? —2D sólo siguió mirándolo nervioso— Y ¿cuál es?
2D la miró, y sonrió con timidez. Pero Murdoc pareció contener la risa.
—¿Qué es lo que te da tanta gracia? —preguntó ligeramente molesto.
—No, nada —contestó mientras aún seguía riendo—. Es sólo que, sólo mirala —Stu la miró, no veía nada de malo en ella; sólo su belleza y su misterio.
—¿Qué tiene? —alzó una ceja confundido.
—¿Qué? Vamos, es tan obvio.
—¿Eh?
—¡Ay! ¡Eres un idiota! Es una rarita ratón de biblioteca y, además, esa apariencia... ¿Estás seguro de que es mujer?
—Por supuso que sí.
—Pero es tan plana —Murdoc la miró con algo de rechazo.
—¿Y eso qué?
Se sintió muy molesto por lo que Murdoc dijo de ella, claro que no era rara, para Stu no lo era, leer no es algo de otro mundo, cualquiera puede hacerlo... a excepción de Murdoc. Tampoco su cuerpo era malo, bueno, tenía razón: era plana, pero eso no le quitaba lo atractivo.
—¿Y siquiera ya le hablaste?
—N-no... —contestó apenado.
—¿¡Es en cerio!? ¿¡Llevas casi un mes viniendo aquí y no le has hablado!?
—Shhh, te va escuchar.
—Pues que lo haga —tomó del brazo al peliazul y lo arrastró dirigiéndose hacia donde ella, sólo para molestarlo.
—No, no, no —decía mientras intentaba zafarse de su fuerte agarre, pero sólo consiguió lastimarse más aún.
Un momento después ya estaban sentados en la misma mesa que ella, quien permaneció indiferente ante sus presencias.
—Oye, mi amigo quiere decirte algo —ella siguió sin decir nada, mantenido la mirada en el libro.
Murdoc le hizo una señal a 2D para que le hablara, pero se negaba a hacerlo. Después de tanto insistirle, resolvió levantarse e irse, con la intención de incomodarlo dejándolo solo con ella.
Así paso un rato, cabizbajo y encogido de hombros, durante breves momentos le echaba miradas extraviadas, pero ella simplemente no le hacía caso.
No podía evitar perderse en su mirada. Ahora que lo pensaba...: ella tenía todo el aspecto de un vampiro... sí; era pálida, de inusuales ojos carmesí, y siempre vertía de negro. 2D se estremeció por tal pensamiento y sintió algo de escalofrío, pero luego concluyó en que eso no era posible; los vampiros ni ninguna de esas criaturas existían, sólo en libros.
Después se fijó en un detalle del que no se había percatado: ella siempre usaba un suéter atado en la cintura... "¿por qué?" pensó él.
Sus cavilaciones fueron interrumpidas por el sonido de su libro siendo cerrado. ¿En verdad ya lo había terminado? Pero si cuando se sentó ella iba por menos de la mitad, y baya que era un libro grueso. Ahora estaba terminándose su licuado aún sin mirarlo. Él aprovechó la oportunidad de que ya no estaba concentrada en otros asuntos, tomó una gran bocanada de aire y se armó de valor.
—Hola... —sonrió tímidamente y levantó su mano trémula saludando.
Ella lo miró con el ceño fruncido, aún bebiendo su malteada y terminándosela. Stuart sintió una sensación de incomodidad extraña que lo hizo temblar al recibir la pesada mirada de la fémina sobre él por una fracción de segundos. Entonces ella recogió su libro para guardarlo en una bolsa negra que parecía maleta, se levantó y se dirigió hacia la puerta para irse.
Al menos ahora había conseguido un poco de su atención y decirle Hola.
