Caminaba de regreso a paso presuroso para tratar de evitar que la fuerte tormenta lo alcanzara, mientras la imagen de ella volvía a su mente. Sin darse cuenta ya estaba en frente de la puerta, y justo a tiempo antes de que las nubes dejaran caer las gruesas gotas de lluvia.
Al entrar se encontró con las miradas inquisitivas de los demás sobre él.
—¿Y bien? —inquirió Murdoc, con mirada y sonrisa pícara.
—¿Qué? —se sintió nervioso.
—¿Conseguiste su número?
—Oh, eh... Bueno... —caminó directo a las escaleras, tratando de evitar la pregunta.
—¿Lo conseguiste o no? —preguntó ya más fastidiado.
—Este... no —lo último lo susurró, creyendo que no lo escucharon.
—¿¡Qué!? ¿¡en cerio!?
2D sólo lo ignoró y continuó subiendo las escaleras rumbo a su habitación. Ahí se encerró el resto de la noche y ni siquiera cenó.
Ya no sabía si volver a la cafetería; se sentía algo avergonzado por lo que pasó, pero no podía evitar pensar en ella y... esos ojos... esos hipnóticos y hermosos ojos al igual que ella, jamás había experimentado una sensación similar a la que invadió su ser cuando éstos se posaron en él. Se había sentido feliz de que por primera vez le había prestado atención, aunque hubieran sido sólo un par de segundos.
Miró el reloj; 4:47 am y aún no conseguía dormir, ni siquiera cerrar sus ojos, sólo seguía mirando el techo o en ocasiones la ventana mientras sus pensamientos lo agobiaban y no lo dejaban en paz.
Se sintió incómodo estando acostado y sin conseguir dormir, por lo que se levantó y fue a la cocina en busca de algo de comer. Mientras veía el refrigerador sin encontrar algo que le apeteciera, la voz de Noodle captó su atención.
—Hola... —saludó mientras se tallaba suavemente un ojo— ¿tampoco puedes dormir?
—No
—¿Insomnio?
—Sí
—¿Por... ella?
—Supongo que sí... ¿Qué más te dijo Murdoc?
—Qué era una rara antisocial come libros... ah, y que parecía hombre
—Hmm eso no es verdad, bueno; no del todo —la pequeña soltó una risita.
—¿Por qué no conseguiste su número?
—Esque... ni siquiera me habló —bajó la cabeza, triste, y ella hizo de lado la suya, confundida.
—Bueno, al menos no es una fácil como las "amigas" de Murdoc.
—Oye, eres muy pequeña para ese tipo de cosas —ella sólo rió. Después de un rato de silencio, 2D habló— Deberíamos ir a dormir
—Claro —ambos se fueron a sus habitaciones.
Pero él no lograba dormir, la imagen de esos ojos posados en él no se borraba. Ese violento palpitar del corazón que había experimentado en ese momento y desde que la vio, al contemplar a aquella joven; aquella atracción irresistible que había ejercido sobre él, tan pronto como pudo fijarse en ella esa zozobra que sentía, el goce intensamente voluptuoso y amargo que parecía saborear su corazón despedazado y doliente.
Era la primera vez que se sentía así; era la primera vez que una figura de mujer persistía en su recuerdo, y que de verla le quedaba en el corazón este dejo en que se mezclan a la par el absintio y la miel, produciéndole la embriaguez o el desvanecimiento.
Helo aquí desfallecido y casi espantado. La obsesión de la imagen de anoche se ha hecho cada vez más obstinada e intensa.
Durmió mal, se despertaba a ratos como presa de una inquietud febril. Atribuía esto a su irritabilidad nerviosa.
Luego volvía a dormirse con un sueño pesado y bochornoso y aún soñaba; ¿qué?, la misma imagen contemplándolo con esos ojos que brillaban.
El primer rayo de sol que al través de los cristales y de las cortinas alcanzó a penetrar hasta los pies de su cama; no vio más que la misma imagen pertinaz y hechicera.
Se visitó y salió. No puedo ocultar que le preocupaba esa idea fija, y que le causaba por instantes el escalosfrío del miedo.
Se echó en un sillón triste, pensativo, cada vez más inquieto. Por fin, ¿qué era aquello que sentía? ¿Amor o locura? Para el amor era demasiado pronto y demasiado raro.
El amor es hijo del habitó, es preciso haber sido envuelto por la nube magnética que se desprende de la persona amada, para sentirse preso y encadenado. Pero esto ¿es una verdad constante? ¿No se puede amar de súbito y como víctima de un deslumbramiento? ¿Acaso el amor no es una enfermedad que se contrae con una sola mirada, al escuchar un acento, al estrechar una mano? Tal vez la había mirado a los ojos pero nunca ha cruzado palabra alguna con ella.
Todas estas ideas desfilaban ante él como extrañas paradojas en que nunca había parado la atención. No había amado así nunca, pero ¿es que se ama siempre del mismo modo? ¿en el amor, el procedimiento es siempre igual?
En resumen, si esto no era amor, seguramente era locura. Su pobre cerebro ocupado constantemente con un pensamiento solo; nublado siempre por las sombras de un pesar intenso, irritado por la desesperación, habría acabado por desorganizarse.
Esta sola idea hacía circular por todo sui cuerpo un escalofrío que le helaba y que le hacía sentir, como un cuchillo clavado en el corazón. Sí, ella entró en su pecho como una cuchilla, ella que, fuerte cual un rebaño de demonios, vino a hacer su lecho y dominio en el espíritu del pobre chico.
Pronto las ideas más descabelladas, como nunca antes las había tenido, cruzaron su mente. Como el pensar que probablemente sí era un vampiro y le había hipnotizado o lanzado un poderoso hechizo que lo obligaba a no pensar sino sólo en ella. Se rió de él mismo por penar eso.
—¿Y tú de qué tanto te ríes, zombie? —preguntó Murdoc, bajando de las escaleras y dirigiéndose a la cocina, refiriéndose al mal aspecto con que lucia Stuart al no dormir bien casi toda la noche— O es que esa chica te pegó su locura.
—¿Lo dices sólo por que lee libros? —preguntó un tanto molesto.
—Aparte
—Ni siquiera la conozco y ya me está empezando a agradar —dijo Noodle, que bajaba saltando de las escaleras, seguida de Russel, de igual forma dirigiéndose a la cocina.
—Me resulta difícil creer que ella te haya rechazado aún sabiendo que eres de una banda, normalmente no se resisten a eso —comentó Russel.
—Es probable que ni siquiera lo sepa —después de decir eso se cubrió la cara con un cojín y se dejó resbalar del sillón, quedando casi acostado.
—No estés triste —Noodle le dio pequeñas y suaves palmaditas en la cabeza—, quizás hoy sí te hablé.
—No, hoy no; tienes que ensayar con nosotros —gritó Murdoc desde la cocina.
—Oye —susurró la pequeña asiática al peliazul— ¿me dejarías acompañarte esta vez?; me gustaría conocerla.
—Bueno —afirmó un poco más animado.
Después todos se consagraron en desayunar para después ensayar.
Quizás sería un día pesado para 2D.
Ahora comenzaba a arrepentirse; aceptaba que Noodle lo acompañase, sólo sería ella ¿no? A menos que Murdoc y Russel hayan escuchado y también se apuntaran a acompañarlo. Murdoc ya la había visto pero tenía curiosidad por conocerla, y Russel también compartía esa idea, al igual que Noodle.
2D se sentía muy nervioso, e incluso llegaba a sentir que estaba algo ruborizado, lo cual era verdad.
Estaban a punto de llegar. Podían sentir las pequeñas gotas cayendo sobre ellos y mojando sus ropas de a poco. Ya estaban cerca, extrañamente las manos de Stu comenzaban a sudar demasiado, estaba cerca de girar la manija de la puerta y abrirla, pero... alguien se le había adelantado y al salir del establecimiento chocó con él. Era ella, la extraña chica había salido rápidamente, como huyendo de algo, abrazando sobre su sudadera negra algo que parecía estar debajo de ésta, y al levantar la cabeza había fruncido el ceño pero al ver que era él, que la observaba confundido al igual que los demás, lo miró sobresaltada y sujetó con más fuerza lo que sostenía en su pecho. Pero 2D había sentido una dolorosa punzada en el pecho, al ver que, en su bello y pálido rostro, más de lo normal, en uno de sus hermosos ojos carmesí, tenía un horrible moretón que se veía perfectamente a pesar de que tuviera ojeras negras.
