N/A: ¡Hola a todos! Probablemente actualice cada quince días en jueves, ojalá les guste el nuevo capítulo. Saben que los personajes no me pertenecen sólo las escenas que van a protagonizar a continuación.

Agradecimiento especial a Alexandrina Romanov por seguirme en esta linda aventura, ¡un beso linda! ;)


Capítulo 2. ¿Solución o problema?

– ¿Estás segura de que eso funcionará? – Preguntó el director del Instituto.

– Bueno, estoy abierta a sugerencias… – Dijo sin más remedio la señorita Penhallow.

Llevaban encerrados en la oficina poco más de una hora tratando de llegar a un acuerdo. Aline había explicado parte del mensaje de la Clave pero no lograba convencer al joven Lightwood de que su propuesta era la mejor alternativa que tenían en ese momento. Pese a que no se trataba de un problema que atentase contra el bienestar de la humanidad, la mujer estaba convencida de la importancia que tenía el cuidar de los shadowhunters por lo que intentó mantener la paciencia suficiente para escuchar las objeciones de su ahora compañero, por desgracia comenzaba a llegar a su límite.

– No es que esté en desacuerdo, parece lo más sensato pero no sé si los chicos acepten que…

– Tendrán que aceptarlo, se trata de esto o la clave nos mandará medidas más radicales para controlar la situación. – Decidió interrumpirlo de una vez. – Tenemos un mes de prueba Alec, por eso estoy aquí… – Soltó finalmente y se tumbó en el sofá mientras él se acercaba a ella.

– Ellos no apoyan esto, ¿cierto?

– Creen que es una pérdida de tiempo. – Confesó con disgusto. – Pero no puedo permitir que entre nosotros comencemos a dividirnos por cosas tan…

– ¿Mundanas? – Esta vez fue él quien terminó la frase por ella.

– Naturales. – Le corrigió la mujer desviando la mirada.

Alec la contempló un minuto, tenía la mandíbula tensa y un gesto de preocupación que no había visto antes. – Si quieres convencerme de que esta es la mejor salida, ¿por qué no me dices qué es lo que propone la Clave? – Dijo llamando su atención para que sus miradas se encontraran.

– Etiquetarnos y separarnos como si fuésemos habichuelas en frascos de vidrio.

– Separarnos no es una solución. – Objetó Alec de inmediato.

– Estoy de acuerdo, somos shadowhunters y debemos permanecer unidos. No sirve de nada que nos alejen de nuestros hogares y de nuestras familias. – Concordó Aline.

– ¿Crees que esto funcione? – Preguntó el más alto aún con reticencia,

– Quiero creer que será así Alec…

La mirada de la joven estaba llena de esperanza y de algo más que Alec reconocería en cualquier lugar: miedo. Quizá por ello fue que decidió hablar después de tomarse un momento para pensar en lo mejor para todos los shadowhunters. – Entonces hagámoslo. ¿Cuándo daremos la noticia? – Quiso saber decidido.

– Mañana a primera hora. – Propuso la señorita mientras le dedicaba una sonrisa.

– De acuerdo. – Fue lo último que pudo decir y se dirigió a su escritorio.

Aline permaneció unos minutos más en el sofá antes de salir de la oficina alegando tener que solucionar algunos detalles para poner en marcha su plan al siguiente día. El joven Lightwood suspiró una vez que se quedó a solas y pensó cómo le habría caído una clase extra en sus años de formación, pronto se enfrentarían a la reacción de los chicos y esperaba contar con el apoyo de la mayoría para llevar a cabo esta misión. Una misión más, sólo una misión más se repetía constantemente como tratando de convencerse de que todo saldría bien y que la Clave no tendría que intervenir.

Pensar en la Clave y sus medidas le hicieron sentir un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo, ni siquiera podía imaginarse en una misión sin alguno de sus hermanos como para pensar en la posibilidad de no volver a ver a alguno de ellos sólo por sus preferencias… ¡Por supuesto que no! La estrategia de Aline tenía que funcionar o la Clave estaría declarando la guerra en contra de los suyos.

Guerra, la palabra por sí misma lo ponía nervioso. Alec tomó aire tan profundamente como le fue posible y se levantó de su asiento, tenía que ver a sus hermanos de inmediato.


– Alec, ¿cómo te fue con la nueva co-directora? – Preguntó de inmediato Jace al verlo entrar a la sala de armas.

– Hablas de ella como si no estuviera de nuestro lado Jace. – Le reprochó Izzy dejando un cuchillo serafín sobre la mesa.

– ¿Lo está? – Insistió el rubio mirando seriamente a su hermano.

El más alto titubeó un momento y respondió soltando un suspiro. – Eso parece.

– ¿Qué sucede hermano? – Lo cuestionó Isabelle, nadie lo conocía mejor que ella.

– Bueno, la Clave no pareció tomar muy bien los resultados de la investigación que realizamos y ahora quiere implementar algunas medidas. – Dijo sin rodeos.

– ¿Qué clase de medidas? – Preguntó Jace con cautela.

– Mañana daremos un informe a primera hora.

– Alec, somos parabatai, no puedes ocultarme algo así. – Se quejó de inmediato el joven de ojos dorados.

– ¡Y yo soy tu hermana! – Le siguió Isabelle.

– Está bien, está bien. Bajen la voz y vayamos a la cocina. – Respondió el director guiándolos por el pasillo.

Una vez en la cocina comenzó a contar la estrategia a implementar en los próximos meses. La idea había surgido gracias a un programa académico de una universidad para mundanos, al parecer ahora tanto mundanos como shadowhunters compartían más características que antes y los resultados de aquel programa resultaban alentadores para Aline Penhallow. Se trataba de un curso extra sobre sexualidad en el que se explorarían desde los cánones más tradicionales hasta la liberación sexual de los últimos años. Todo esto con el objetivo de generar más aceptación tanto propia como grupal hacia las preferencias sexuales como hacia la identidad sexual de cada shadowhunter.

– ¿Es en serio? – Preguntó Jace al escuchar la supuesta estrategia.

– Yo nunca bromeo. – Le recordó Alec.

– Pero… ¿Más clases? ¿Sabes cómo se van a poner los demás? – Comentó Isabelle un poco preocupada.

– Lo sé pero Aline cree que si logramos demostrar un alto nivel de aceptación la Clave no tomará otras medidas con nosotros. – Explicó su hermano con cautela antes de escuchar una sonora carcajada a su lado.

– No puedo creer que se estén tomando tantas molestias por cosas de jóvenes… – Agregó Jace entre risas.

– No entiendo qué tiene de gracioso todo esto Jace. – Dijo una voz detrás de ellos y de inmediato el rubio recobró la compostura.

– Nada señorita directora, me disculpo por mi comportamiento.

– Veo que mi compañero ya les comunicó sobre nuestra decisión… – Comentó Aline buscando la mirada de éste.

– Es mi equipo de confianza Aline, espero no te moleste. – Aclaró Alec de inmediato.

– Para nada, aprovechemos para aclarar cualquier duda, ¿les parece?

– ¿Quién va a dar esas clases? – Quiso saber la menor de los Lightwood.

– Qué bueno que lo preguntas Isabelle, justamente salí a encargarme de eso y uno de nuestros nuevos maestros aceptó venir conmigo. Chicos quiero presentarles a… – Comenzó a decir pero se detuvo al darse cuenta que no había nadie detrás de ella. – Adelante. – Dijo en un tono más alto y un hombre con rasgos orientales entró en la habitación. – Él es Magnus Bane, nuevo maestro del Instituto de Nueva York. – Lo presentó con una sonrisa.

– ¿Un brujo? – Pensó Jace en voz alta.

– Comparto el sentimiento shadowhunter. – Respondió con elegancia el recién llegado.

– No lo entiendo.

– No importa, no tienes que entenderlo Jace. – Sentenció Aline sin siquiera voltear a verlo, por el contrario dirigió la mirada hacia su compañero para realizar las presentaciones oficiales. – Magnus, él es Alexander Lightwood, ambos dirigimos este instituto y trabajaremos en conjunto con ustedes para lograr mejores resultados.

– ¿En serio?

– Sí, queremos buenos resultados. – Respondió nervioso el director.

– No, me refiero a que si en serio están juntos… – Explicó su pregunta el maestro.

– Sólo somos co-directores, si es a lo que te refieres. – Intervino Aline intentando contener una sonrisa.

– Ya me lo parecía… – Dijo Magnus por lo bajo y se acercó a Alec con sutileza. – Mucho gusto director Lightwood. – Agregó estirando su mano hacia él.

– Lo mismo digo señor Bane. – Declaró el más alto correspondiendo su gesto y deshaciéndose de él casi al instante.

– Por favor, llámame Magnus.