N/A: Hola de nuevo, les dejo un capítulo más y les recuerdo que los personajes no me pertenecen, sólo las escenas que van a protagonizar a continuación. ¡Nos leemos pronto! ;)


Capítulo 3. La primera clase

El director del instituto de Nueva York no tenía ningún problema con la propuesta de Aline, pese a tener sus reservas por los posibles reclamos de los shadowhunters más jóvenes, tenía en claro que la clase de sexualidad contribuiría de manera positiva en la formación de su equipo. Sin embargo, lo que jamás imaginó fue que al aceptar la propuesta y al formar parte importante del instituto tendría que tomar también esas clases.

– ¿Qué? – No pudo evitar decir al recibir la noticia.

– Bueno, tómalo como una supervisión, ¿sí? – Se apresuró a proponer Aline al observar su reacción y continuó antes de que él pudiese agregar algo. – Vamos a separar a los chicos en dos grupos y yo entraré a clase con las mujeres mientras tú haces lo propio con el grupo de los hombres.

– No considero conveniente esa separación si estamos pensando en la aceptación. – Señaló con determinación.

– Lo sé pero será temporal, sólo para el curso introductorio para que se sientan más seguros de expresarse. – Explicó su compañera intentando convencerse a sí misma de que era una buena opción.

– Fue idea de la inquisidora, ¿no? – Adivinó Alec al verla a los ojos.

– Así es…

– Por el Ángel… – Exclamó un tanto fastidiado mientras el silencio invadía la habitación.

Aline lo observó detenidamente y compartió la impotencia que sentía su compañero pero sabía que no podían hacer nada en ese momento, la mejor forma de ponerle un alto a la Clave era demostrando que esta medida serviría de algo para estabilizar a los shadowhunters. Gracias a esto último retomó la conversación con su co-director y decidió hablar. – No tienes problema en trabajar junto a Magnus, ¿o sí?

El nombre de aquel brujo le produjo una extraña sensación en el estómago pero decidió ignorarla deliberadamente. – No, por supuesto que no. – Respondió sin mirarla a los ojos.

– Esa voz me agrada, será un placer trabajar contigo... – Dijo de inmediato una voz a su lado que lo hizo sobresaltarse por un segundo antes de comprender quién era su dueño.

– Seré su supervisor señor Bane. – Agregó con firmeza el director mientras se erguía frente a él.

– Y ahí vamos con las formalidades, ¿no podrías sólo llamarme Magnus? – Quiso saber el brujo con genuina curiosidad.

– Esta es una relación profesional, preferiría que nos tratásemos como tal. – Contestó suplicante el más joven.

– Está bien, señor director. – Dijo Magnus por lo bajo y Aline tuvo que contener la risa que amenazaba con escapar de sus labios.

– Bueno, ahora que ya están de acuerdo en esto, me temo que voy a dejarlos solos. Debo ir con Catarina para ocuparnos de nuestro grupo. – Comentó la mujer mientras tomaba sus cosas para salir de la oficina. – Suerte en tu primera clase Magnus. – Agregó antes de dirigirse a la puerta.

– Gracias linda. – Respondió el nuevo maestro antes de despedirse de ella. – Si algo es seguro es que necesitaré más suerte de la que imaginas. – Le dijo señalando a su "supervisor" con la mirada y éste notó la indirecta.

– ¿Disculpe? – Se quejó al instante.

– No, nada. ¿Me platicará algo sobre su grupo? – Preguntó el brujo para cambiar el tema.

Alexander sabía lo que había escuchado pero no quiso hacer más grande el asunto así que tomó un respiro y se dirigió a su escritorio. – Claro, tome asiento. – Dijo en respuesta señalando la silla frente a él.

Pasaron alrededor de veinte o treinta minutos antes de que llegara la hora de comenzar las clases, Magnus y Catarina se sentían listos para comenzar gracias a que sus compañeros se habían encargado de ponerlos al corriente sobre las inquietudes y actitudes de los shadowhunters. Por ello fue que se reunieron todos para informar de la división de los grupos encabezados por cada director en un ala distinta del Instituto. Hubo algunas caras de insatisfacción pero ningún shadowhunter se atrevió a contradecir a sus superiores, simplemente se dedicaron a seguir órdenes.

– Bien jóvenes, a partir de este momento el señor Magnus Bane queda a cargo de este grupo y quiero que lo traten con todo el respeto que se merece. – Dijo el director en tono de advertencia mientras los miraba a todos, incluido Jace.

– ¿Qué respeto merece un brujo cualquiera? – Espetó con desprecio un miembro del grupo y antes de que el maestro pudiera decir algo, Alec ya se dirigía con cautela hacia el muchacho.

– Más cuidado con las palabras que utilizan porque recuerden que también yo estaré presente en las clases y, para que lo sepan, tienen frente a ustedes al Gran Brujo de Brooklyn quien merece el mismo respeto que cualquiera de sus maestros, ¿entendido? – Sentenció mirando únicamente al joven que tenía frente a él.

– Sí, una disculpa profesor.

El señor Bane contempló la escena desde su lugar y al escuchar esto último sólo asintió antes de esbozar una sonrisa hacia su jefe. – Agradezco que haya intercedido señor director pero puedo defenderme solo, la próxima vez quizá alguien descubra lo que se siente quedar atrapado en un portal. – Agregó mientras chispas azules comenzaban a saltar de sus dedos.

– Señor Bane, ¿podemos continuar? – Pidió Alec para llamar su atención y el asunto quedara olvidado.

– Claro. – Respondió con voz entusiasta y dirigió una mirada a su grupo. – Ahora que ya saben quién soy me gustaría agregar que tengo al menos cuatro siglos más de experiencia que ustedes por lo que he visto cómo se ha desarrollado la sexualidad en diferentes épocas y eso me hace muy capaz para impartir esta clase, por si se lo preguntaban. – Decidió decir para comenzar. – Y, pese a sus ideas preconcebidas, no tiendo a juzgar a las personas por la sangre que corre en sus venas por lo que quisiera que antes de comenzar con el tema se presentaran cada uno de ustedes mencionando si tienen algún interés en particular por esta clase. – Añadió con una sonrisa y su mirada se clavó en el joven que había hablado con anterioridad. – ¿Qué tal si empiezas tú?

El director observó cómo poco a poco los shadowhunters comenzaron a abrirse con el nuevo maestro y se sintió aliviado al notar que éste no pensaba interrogarlo frente a los alumnos como había imaginado, sino que realmente lo estaba tratando como su superior. De no haber sido así, Alec se habría sentido muy incómodo confesando ante su equipo que nunca había besado a alguien y ni qué decir de un encuentro sexual, por primera vez en años comenzaba a cuestionarse el motivo por el cual era el único shadowhunter sin ninguna experiencia amorosa.