Lo único que se nos permite, es llenarnos de fe hasta que, en lo posible, no nos arrepintamos de ello.

Zeke corría.

Soñaba que corría como si no hubiera fin.

Algo le perseguía y no tenía idea que era. Simplemente le provocaba un terror que llevaba su adrenalina a mil y le brindaba las fuerzas para seguir corriendo.

Entonces… Acérquense un poco. —Murmuró Xaver haciendo una señal con sus manos, mientras los observaba a una distancia prudente con el señor que tomaría la foto a su lado. — No... Así no. Zeke acércate más y Jenell, sonríe al menos un poco. —Los jóvenes cruzaron sus miradas un tanto dudosos y dieron un paso cada uno para quedar un tanto más cerca uno del otro.

No tenemos que hacer esto. —Susurró Zeke mientras acomodaba su camisa cerca del oído de Jenell, consiguiendo una sonrisa por parte de ella.

Lo hacemos por el señor Xaver. —Susurró de vuelta, cerrando sus ojos uno momento. Si bien la chica no tenía una gran paciencia, comprendía que esto significaba algo que en todos los escenarios no haría nunca más, por lo que se esforzó en mostrar una buena actitud. Miró a Zeke por su hombro y observó que intentaba ver si tenía algo en los dientes con el reflejo de vidrió. Cuando el chico se percató de esto, giró su rostro evitando contacto visual con ella.

Los jóvenes habían sido engañados por Xaver en su día libre, con la idea que el les iba a enseñar algo lo suficientemente sorprendente que requería de la presencia de ambos. El reloj comenzaba el retroceso del tiempo de vida del adulto y por ello, deseaba al menos dejar un registro de lo que había sido la labor de cuidador, que voluntariamente asumió. Los sentimientos de Tom eran lo suficientemente genuinos por ambos chicos, como también lo que les había enseñado de la vida para que pudieran sobrevivir por sus medios. Si bien, reconocía mantener una relación estrecha con Zeke, casi al punto de asumir un rol paterno y un guía de vida donde juntos forjaron la promesa de salvar a Eldia y al mundo del circulo vicioso de horror que ambos forzaban. El chico iba a asumir toda la carga de las investigaciones del hombre, hasta el punto que se iba a entregar en cuerpo y alma a la voluntad de conseguir la eutanasia para el pueblo. Sin embargo, el corto tiempo que había compartido con Jenell la llevó a reconocer el talento intelectual de la chica, al punto que lograron intercambiar pensamientos y compañía en extenuantes horas de trabajo. Xaver reconocía en ella una personalidad fuerte, malhumorada y exigente, muchas veces le había señalado el hecho que necesitaba confiar más en los demás y ser un poco más elocuente en lo que buscaba trasmitir, tambien hacerlo sin sarcasmo de por medio. Aún asi, consideraba que la chica contaba con herramientas suficientes para incluso desarmar a alguien tan fuerte como Zeke, sin siquiera tocarlo.

Luego de un ir y venir de recomendaciones, objeciones y opiniones al respecto de la situación, Xaver estaba al borde del colapso al darse cuenta que había sido una pésima idea y se produjo un silencio al escuchar la tos del hombre y que espere se daba vuelta para limpiarse el hilo de sangre que corrió por la comisura de sus labios. Ambos jóvenes en silencio contemplaron la escena y en el contacto visual que tuvieron, con culpa de por medio optaron por terminar esto rápido, para dejar de darle vueltas al tema. Zeke pasó su brazo por encima del hombro de Jenell para de un movimiento acercarla a el con brusquedad, donde lo fulminó con la mirada para acercarse, pasando su mano por la cintura de él, con una sonrisa de por medio. Sintieron el flash que los cegó y salieron rápidamente del lugar, discutiendo sobre por que Zeke la había empujado con brusquedad y Jenell le había arrugado la camisa. Tom los miró desde afuera mientras recibía la fotografía y le escribía algo detrás.

Zeke abrió los ojos como si hubiera estado intentando despertar hace mucho tiempo y se sentó en la cama de golpe. Miró un momento a su alrededor para solo comprobar que seguía en su habitación y todo estaba como el lo había dejado la noche anterior. Llevó su mano a la cara y notó que estaba empapado de sudor, de su cabello largo que cubría parte de su frente se podían notar que algunas gotas caían mojando su sabana. Hacía tiempo que le estaba costando despertar de los sueños que tenía, estos se habían vuelto más recurrentes al punto que lo amenazaban por la noche logrando que tuviera hasta miedo de que al caer la noche y se durmiera, no pudiera volver a despertar. Incluso hasta el sueño más ameno y tranquilo, se había vuelto una pesadilla indomable para sus pensamientos.

Salió de la cama de un salto y le costó establecer un equilibrio, por lo que llevo su mano a la pared para descansar un momento hasta que creyó dominar el león que rugía en su interior. Tomó la camisa que descansaba en la silla para arrastrar en su mano, su torso desnudo erizó algunos vellos de su piel al sentir el frió de la mañana. Pasó por un inmueble que tenía con sus pertenencias, algunos libros y ropa que se iba a poner. Se quedó mirando fijamente la imagen que tenía apoyada en una vela de noche y la tomó con brusquedad entre sus manos dejando caer la camisa en el acto. Eran él y Xavier en el último tiempo que compartieron juntos. Ambos sonreían y estaba abrazos por los hombros con un entusiasmo desbordante, recordaba como si fuera ayer como había sido tomada esa fotografía con su padre. Debido a que salían un bate de béisbol, un guante en mano e incluso ambos con unas camisetas viejas, se podía presumir que habían estado jugando. Atrás se veían las dependencias del Liberio.

Una sonrisa amarga se coló en su rostro para tomar el cuadro y sacarle la parte trasera que estaba asegurada con una superficie de manera. Sus manos levemente temblaron al hacer eso y sacó de allí la fotografía, que consigo traía otras más, la deslizo suavemente para ver otras que tenía guardadas detrás de ella.

Era la fotografía que tenía con Jenell, luego de haber devorado a Xaver se quedó con la mayoria de las pertenencias ajenas y esta la había encontrado en el cuaderno de investigación de su padre. Deslizo sus ásperos dedos por el papel, que estaba algo viejo por el tiempo guardado y las puntas dobladas, para delinear la figura de Jenell. Para ese entonces su estatura no superaba el hombro de Zeke y su cabello destacaba por ser lacio, castaño oscuro y perfecto, en aquel entonces lo tenía largo que llegaba a su cintura. Sus labios rosados tenían una leve curvatura donde no podía saber si te estaba sonriendo o solo estaba intentando hacer que cualquiera que mirara la foto pensara que estaba sonriendo, por que así era ella. Lo suficientemente atrevida para engañarte. Si bien, Zeke desarrolló la manía de hablar no siendo claro en sus intenciones, la chica creció callando las suyas. Miró detrás de la hoja fotográfica y estaba escrito con el puño y letra de Xaver: "Zeke de 17 y Jenell de 15".

Deslizo a una tercera fotografía y era un recorte bastante descuidado de una fotografía de Jenell sonriendo de manera desbordante, su cabello estaba un poco más corto y sus facciones estaban más acentuadas dándole una sensación de madurez y elegancia. Su pálida piel destacaba sus orbes oscuros.

— Ya va siendo hora que vuelvas.

Zeke le dio una última vuelta a cada una de sus reliquias y las guardó exactamente igual a como las tenía. Se metió al baño de agua fría y dejó que su cabeza bajo el chorro esclareciera las inseguridades que oprimían su corazón.

...

Jenell estaba estancada.

Soñaba que intentaba avanzar y no podía.

Algo le perseguía y no tenía idea que era. Simplemente le provocaba un terror que llevaba su adrenalina a mil y la inundaba en el terror de terminar siendo devorada.

¿Tú eres Jenell, cierto? —Murmuró aquel hombre con gafas y aspecto simpático que a pensamientos de ella, tuvo el descaro, de acercarse a ella. Traía su bandeja de comida, lo reconoció como un personaje importante y procuro recordarlo. — ¿No te molesta si nos sentamos contigo?

La chica lo observó por un momento para dejar su pedazo de pan a un lado y asentir un par de veces, mientras se limpiaba su boca. Si bien el señor había hablado en plural, simplemente estaba el solo. De todas maneras en la mesa no había nadie más que ellos dos. En cuanto se sentó el hombre frente a ella, le dedicó una cálida sonrisa, que si bien al principio no encontró razones para comprender el acto, pudo intuir que aquel hombre solo buscaba hacerla sentir más cómoda. Solo llevaba una semana asistiendo a las dependencias del ejército y se pasaba todo el día estudiando allí y en casa.

¿Solo vas a comer eso? ¿No quedas con hambre? —Espetó el señor, mientras miraba que la chica solo tenía un agua, un pedazo de pan y una manzana pequeña. — Espera un poco, creo que nos queda algo. —Dicho esto, el hombre se puso de pie y corrió hacía un mesón del comedor. Se encontró con el chico que siempre jugaba. Su nombre era Zeke Jaeger, lo reconocía por que vivía cerca de la consulta médica de sus abuelos en el Liberio. Noté que cuando el hombre le dijo algo, apuntó hacía mi e inmediatamente nuestros ojos se encontraron, por lo giré para seguir comiendo de mi pan. Al cabo de unos segundos, el señor volvió.

Vaya. . . Zeke no nos quiso acompañar, porque tenía entrenamiento. De todas maneras, me dijo que nos dejaba su porción. —Murmuró para dejar en la mesa algo de comida solida no muy apetitosa, pero en tiempo así, no importaba la procedencia. — Por cierto, yo soy Xaver. Tom Xaver. Es un gusto conocerte.

El gusto es mío. . . —Dije casi en un susurro mientras tomaba agua para pasar con más facilidad el pan a mi estómago. Estaba algo duro.

¿Es verdad que trabajas en los proyectos de armas? es sorprendente. Yo soy investigador de titanes, me interesa conocer su historia y procedencia. —Habló casi solo el señor por unos segundos, mientras yo solo asentía o negaba con mi cabeza. — ¿Qué edad tienes? Te ves como Zeke.

Tengo 14 años. —Dije, para morder mi manzana y darme cuenta que estaba algo arenosa. La dejé de lado inmediatamente— Sus abuelos viven cerca de mi casa.

¡Con razón sentía que te había visto en otro lado! —Murmuró con entusiasmo el señor Xaver. — Si necesitas ayuda, puedes hablarme a mi o incluso a Zeke, el entenderá si le hablas. . . Es un buen chico, ustedes no son tan distintos.

Jenell volvió a la realidad al escuchar como tren se detenía de pronto dejando a su paso un gran chirrido de las ruedas contra el metal. La mayoría de la gente se puso de pie ante esto para ver que pesaba, al instante un señor a cargo del vagón avisó que solo se habían detenido por precaución y en unos momentos iban a retomar el viaje. Se miró en el reflejo del vidrio y recordando las últimas palabras de esa conversación, donde conoció al señor Xavier, volvió a cerrar sus ojos. Ni siquiera sintió cuando el tren volvió a retomar el viaje. Venía desde la costa del país, debido a que hace años años fue solicitada en una misión que implicaba mejorar los sistemas mecánicos de las turbinas de los barcos militares. Al fin y el cabo, ese tipo de decisiones no pasaban por ella y tampoco estaba en posición de negarse aún teniendo un respeto por su labor dentro de la milicia, más bien entre el conglomerado Eldiano. Su posición le daba virtud de vivir al menos una vida, si cumplía con todo lo que le pedían.

Luego del episodio en que se juro a si misma que iba a sobrevivir en este mundo, no costo que al cabo de un tiempo se sintiera insuficiente hasta el punto que pensó en dejarlo para que acabaran con ella como lo habían prometido. De vez en cuando pensaba que sus vivencias solo eran un reflejo de lo que a todas las personas le pasaba en la vida: injusticia. Es decir, nadie era lo suficientemente grande para salvarse de ello. Pobres, ricos, altos, bajos, mujeres o hombres. . . Lamentablemente las circunstancias de la vida le trajeron lo que muchos llaman circunstancias. Rodearse de alguien que había vivido la misma escena, pero desde el otro lado.

¿Consideraba egoísta lo que le había hecho a su madre? no.

¿Se arrepentía de ello? no.

¿Ella era similar a Zeke? pensaba que sí.

Ambos a experimentar el mismo dolor: perdida y traición, más el hecho de quedar solos en el mundo a una corta edad. Por esto y mucho más, eran capaces de actuar de un modo similar y el haberse conocido, significo dos cosas: una amistad silenciosa y compañía. Ni siquiera era necesario decir algo entre ellos al punto de comprenderse.

Sin embargo, con el paso del tiempo ambos volvieron a experimentar la perdida. La única diferencia es que lo sensato sería pensar que se tenían el uno al otro. Al final esto lo único que provocó fue acrecentar más el agujero por el cual cada uno caía en picada. Cuando Zeke devoró a Xaver, no fueron capaces de hablarse por un largo tiempo.

El chico había asumido la responsabilidad de poseer el titan bestia, de paso ser mentor de los chicos candidatos a titán que eran menores que él y a la vez ser jefe de guerra, representante de la facción eldiana. Jenell percibía la fe que la masa tenía en las habilidades de Zeke y ella no iba a opinar al respecto. Comprendía el peso que tenía el chico en sus hombros, más no el hecho que no quisiera hablar con ella al respecto. Un muro se había colado en medio de ambos, al punto que por más que ella se estirara para ver a Zeke del otro lado, supo inmediatamente lo que significaba crecer. Juntos no.

Se dispuso a mejorar por sus propios medios y en cuanto tuvo la oportunidad de ascender y mostrar su potencial, no dudo ni un poco en aceptar. Cuando pasaron dos años que llevaba Zeke como titan bestia y de paso, dos años que los guerreros partieron en la misión de recuperar la coordenada en la isla paradis. Jenell partió una tarde fría.

...

Zeke encendió su cigarrillo y apoyo su espalda en la pared que separaba la entrada a las dependencias militares, con el mundo cotidiano de las afueras. Su vista descansaba en algún punto muerto del cielo.

Había cambiado.

Todo había cambiado.

Pero a juicio personal: la esencia seguía siendo la misma. Los problemas no habían cambiado, las injusticias se seguían cometiendo y aún peor, la gente seguía siendo convertida en titan. Eso solo podía indicar dos cosas: el telón y los recursos para despistar estas situaciones habían mejorado o se llegó a un punto en que se sintió más cómodo que todo fuera así. Estos eran pensamientos que constantemente invadían a Zeke. Vivir con la etiqueta de ser un fiel seguidor de causas militares, hasta el mundo de ser reconocido por ante poner su vida, el abuso que cometieron frente a él y el amor que jamás recibió, solo sirvió para ser apuntado con orgullo como un traidor y vivir con el peso en los hombros de entregar su vida a que siguieran cometiendo una y otra vez lo que el le hizo a sus padres. Esa lógica era una insaciable tortura personal, que el único avance personal que logro y más le agradaba, que independiente de toda la sangre esparramada, podía darse el lujo de se sentirse un poco menos asqueado que cuando niño.

Mientras más creces y te haces viejo, intentas ir menos contra la corriente. No por que estés cansado de nadar o se rompió tu bote. Solo dejas que te lleve... Al final, siempre es más fácil decir que solo dejaste que te arrastrara hasta que no lo soportaste más.

Habían pasado un par de años desde que asumió el poder del titan bestia y se dedicó en vida y cuerpo a su labor como guerrero honorable, para terminar siendo reconocido como jefe de guerra de la facción eldiana perteneciente al ejército. Su estatura había aumentado bastante al punto que lucía imponente un 1,86 metros. Sus facciones se habían acentuado y vuelto más rígidas, alargando su rostro y destacando sus mejillas y pómulos El cabello lo había dejado crecer como también la barba, le otorgaba un aire desinteresado, bastante rebelde y serio. El decir que representaba aires de una edad superior, estaba demás, como también los innumerables llamados de atención para que lo cortara. Sus hombros se habían ensanchado y su cuerpo se había tonificado, las venas de los brazos se marcaban con notoriedad y sus piernas eran lo suficientemente musculosas, resistentes y firmes, para trabajar extenuantes horas de labor física. Conservaba esa masculinidad que tenía desde la adolescencia. Con todos estos cambios el rasgo más notorio eran sus anteojos. Aquellos mismos que utilizaba Xaver, su figura paterna, protector, mentor y por que no, amigo.

Según Pieck le restaban popularidad, para Magath representaban seriedad, Porco decían que era ridículos y Colt afirmaba que le quedaban raro (Por no decir derechamente mal).

Por supuesto que a Zeke le importaba una mierda.

El momento que las comenzo a utilizar tenia un alto valor simbolico para el. Representó un cambio que venía de dejar atrás esa imagen de chico despierto y esforzado que lo caracterizó durante su adolescencia, dando paso a un hombre maduro y resuelto, que enfrentaría a cualquier precio su destino.

Mientras se arregló las gafas, empujando el puente para que oprimiera su nariz y se quedaran en su lugar, escucho unos pasos que venían hacía él.

— Hey. —Pronunció Porco, un chico perteneciente a la facción de reclutas no elegidos como guerreros para poseer un titan. Sombra de su brillante hermano mayor Marcel, el titan mandibula, introdujo sus manos en los bolsillos de su particular chaqueta y se apoyó en la pared imitando la posición del mayor.

— Hey. —Dijo Zeke sin siquiera moverse.

— Ha pasado tiempo.

— Sé a lo que te refieres. —Aspiró una bocado del cigarro, para sacar el humor con fuerza.

— Solo quiero saber que paso. —Espetó Porco para voltear a verlo con una extraña expresión. Estaba dispuesto hacer polémica desde temprano, debido a que algo en su expresión reflejaba una rabia contenida y una tristeza lo suficientemente profunda, para no referirse al tema como una falta de respeto a sus compañeros.

— En realidad quieres saber si Reiner falló para alardear que tu no fuiste escogido.

El chico saltó de su posición para enfrentarse al mayor y antes que pudiera decir algo al respecto una tercera figura llegó al cuadro de drama.

— No seas tan duro con Pokko, Zeke. —Murmuró con una calma hilarante, cierta mujer de contextura baja, fina y desaliñada que llegaba caminando lento.— El sigue siendo de los nuestros.

— ¡Te he dicho que no me digas así, Pieck! —Gritó enérgico, para acercarse a la mujer en tono desafiante y postura corporal agresiva, contenida de las palabras que había dicho su superior. Al instante se calmó por si mismo para mirar el piso.— Solo ha pasado mucho tiempo. . .

Con estás palabras se generó un silencio incomodo que se esfumo al ver como las nuevas generaciones de eldianos, pasaban corriendo llevados por los gritos de los instructores. Uno a uno se miraban intentando darse animo entre compañeros y aunque sabían que competían por un lugar mejor en la sociedad, no podían ignorar su naturaleza generosa de niños de intentar permanecer juntos dada las dificultades. Caminaron vagando por los cuarteles, donde de vez en cuando Pieck y Porco intercambiaban palabras que significaban una reñida suave, de baja intensidad como le gustaba llamarlo a Zeke y daba a quejidos por parte del masculino y una risa por parte de la fémina.

Se adentraron a una sala de reuniones debido a que habían sido llamados por ordenes de Magath. que aún no se dignaba aparecer.

...

¿Estás ocupado? —Murmuró la joven apoyando su cuerpo en el marco de la puerta. Al ver la luz encendida de la oficina decidió que no iba a esperar más para tocar el tema. Por lo que no dudo en encontrar a Zeke allí, revisando unos papeles. En realidad al asomarse pudo percibir que lo único que hacía era beber té y evadir sus responsabilidades.

No. Adelante. —Despejó la mesa para guardar las cosas que estaba revisando y le se puso de pie para rellenar su taza. Cuando volvió a sentarse se tiró en la silla para comenzar a balancearse en ella de atrás para adelante.

¿Ya sabes, cierto? la misión. —Murmuró en voz baja, buscando alguna señal que le indicara si estaba al tanto de ello. Aunque esa probabilidad era bastante alta, ya que sabía el poder, influencia y respeto que tenía el chico dentro del cuartel.

Si. —Respondió seco, acomodándose las gafas.

¿Qué opinas?

Zeke no esperaba esa pregunta. Tomó un poco de su taza para distraer el hecho que no sabía que decir o si en realidad quería escuchar su opinión. Sabía que al fin y al cabo, no podrían hacer nada al respecto.

Lo harás bien, eres la mejor opción.

¿Algo más que quieras decir? —Atacó Jenell para acercarse a la mesa y poner sus manos en ella, acercando su rostro desafiante a él.

El chico con una cara afable y una sonrisa extraña, que mezclaba broma con sinceridad soltó una carcajada por la seriedad que le daba Jenell al asunto. En ningún momento busco burlarse de ella, por lo que le estaba preguntando, en realidad ni siquiera sabia que decirle en ese momento. En cuanto dejó de reír, se acercó a poner sus manos también y desafiarla, esperando una contra respuesta del mismo calibre de lo que iba a decir. Ya conocía lo malhumorada que era Jenell y por qué no, su humor negro para situaciones serias.— Dos años no es para tanto.

Jenell arregló su postura e inmediatamente desvió su mirada para caminar a la salida. Al mismo tiempo que se quedó en el marco de la puerta un tanto dubitativa, la expresión de diversión de Zeke mutó a duda. Finalmente giró su rostro y le murmuró con una sonrisa socarrona, casi en desafío. — Entonces te veo en dos años.

Jenell despertó al sentir ruido por todos lados y refregó sus ojos para darse cuenta que había llegado a Marley. No comprendía si había sido buena idea irse, debido a que aunque se hubiera cumplido el plazo que se tenía pensando que ella estuviera fuera, su regreso había sido solicitado por Magath con dos palabras que destaco como: urgente y preparada. Leyó al menos dos veces más la carta, cuando se la dieron en sus manos hace una semana atrás.

Debido a esta decisión por parte de sus superiores, no había descansado lo suficiente ante tener que dejar los preparativos para que continuaran en la bahía, agregando que ante las indicaciones que le hicieron llegar, repaso en los papeles que traía consigo el encargo que le habían pedido desarrollar. Guardo todo con rapidez y tomó su maleta para bajarse del tren y caminar hacía la plataforma de registro donde logró descender y de paso acomodar su banda que la reconocía como una ciudadana eldiana.

— Mitzler.

Sintió a sus espaldas, cuando dejó la maleta en el suelo y se dispuso a observar por un momento, como todo seguía estúpidamente igual a cuando se fue. Se giró rápidamente y se sacó su sombrero para dejarlo a un lado. Saludó encuadrando la postura, con el típico movimiento militar.— Señor Magath.

— No… no es para tanto. —Comentó mientras le hacía una señal que podía descansar y le apuntaba el vehículo que había traído consigo en su encuentro. Tomó asiento frente a él y dejó su maleta a un lado para sacar los papeles que había guardado hace un momento. Ante la chica no paso desapercibido cierta ansiedad en el comportamiento de su líder. Cuando partieron, le indicó al chófer una clave, por el caminó que debía tomar. No se hizo esperar para ir al grano.—¿Tienes mi encargo?

— Por supuesto señor.

Jenell le extendió los documentos, donde los comenzó a revisar uno por uno, dando su tiempo se contemplar el trazo del dibujo y algunas especificaciones escritas en puño y letra por la chica.— Bien, no esperaba menos.

— Podemos empezar tan rápido como usted lo requiera.

— No… Es decir, eso está perfecto. —Murmuró el hombre con cierta inseguridad. Guardó los documentos en una carpeta que traía a un lado del asiento y le entró de paso a la chica un papel que utilizaría más tarde para acceder a las dependencias militares una vez instalada.— Aún no podemos comenzar debido a que ante los protocolos, no se los he anunciado a ellos.

— Lo dice por Pieck. —Acotó Jenell, debido a que el proyecto consistía en una re-formulación a la mecánica de la armadura del titan carreta, que había diseñado su padre.

— Así es. Veo que nos entendemos. —La voz de Magath sonaba acomplejada. — Sabemos que en cualquier momento podrían llegar los guerreros con la coordenada o incluso requerir ayuda por un posible contra-ataque, en el peor de los escenarios. Ya van a ser alrededor de 5 años que no hemos tenido contacto con ellos desde que se fueron y no podemos que garantizar dado ese tipo, que todo termine de forma pacifica. . . Aún así, aunque sean por ordenes que debo respetar ellos deben comprender que no podemos quedarnos sentados esperando. Si bien la coordenado significa una posición ante el mundo bastante suprema de Marley, necesitamos estar preparados para lo que pudiera ocurrir, incluso si no tiene que ver con la isla paradis. Han comenzado a existir los conflictos políticos con otras razones y si la misión es una falla para nosotros, es una amenaza para el poder titan.

— Entendido. —Murmuró la chica asintiendo ante el discurso de su superior, que no pondría en tela de juicio.

— Reporta tu misión. —Exigió el hombre.

— Si señor. —Asintió con una expresión confiada.— Luego de casi dos años de misión, esta fue completada con éxito. Se logró mejorar el desempeño naval de la flota, donde se modifico por completo la turbina, con el fin de brindar más potencial al sistema de navegación.

Magath la miró por un segundo y le otorgó un saludo militar en son de felicitación que fue respondido por ella de igual manera. De pronto frenaron y la puerta se abrió para que ella pudiera descender junto a sus pertenencias en lo que era la entrada al Liberio.— Ve a casa a descansar y nos vemos mañana en el cuartel.

— Entendido señor.

Avanzó de un salto, al notar la mirada de desaprobación que le daban los guardias de turno y al pasar el borde de separación se quedó mirando un momento el paisaje, reconociendo cada espacio de esa zona. Todo seguía exactamente igual.

Igual de triste.

Caminó hacía su casa por la calle reconociendo a algunos personajes por la calle que no la reconocieron. Pasó un puesto donde compró dos manzanas y notó a los lejos el letrero de una casa que decía en una madera vieja y deteriorada "Consulta Jaeger". Pasó por afuera de ella que se encontraba cerrada y siguió en la siguiente calle para encontrar con su hogar. Antes de irse le había sacado la placa que decía "Mitzler".

Cuando sacó la llave de su chaqueta dudó un momento si entrar o no. Recuerdos amargos llegaban a su mente tras esta pausa en su vida, por que eso fue lo que sintió al respecto. Su tiempo biológico se detuvo al irse lejos y ahora que volvía, este le pisaba los talones señalando que había mucho por hacer y que probablemente, no viviría lo suficiente para conseguirlo.

Su vida se había congelado dos años, para ahora volver a continuarla.

En ese instante que giró la manilla y se adentró a su lugar le vino a la mente que para Zeke significaban dos años menos a su pronóstico de vida.

¿Qué estaría haciendo?

¿Aún fumaria?

¿Seguirá usando las gafas de Xaver?

Esas preguntas invadieron su agitado corazón y en cuanto las pensó, inmediatamente supo que lo primero que quería hacer era gritarle: "Ya pasaron dos años, pedazo de mierda". Dejó su maleta en la habitación y giró en sus talones para comprobar que todo seguía exactamente igual a como lo había dejado. Solo que con una odiosa y gruesa capa de polvo.

Se sentó en la cama para quitarse las botas y se dejó caer hacia atrás para observar el techo como lo más interesante del mundo. Se sentía nostálgico, pero tranquilo

Sus fosas nasales se inundaron de recuerdos y se dio el lujo de girarse, para enterrar su cabeza en las sabanas que olían a polvo, espacio encerrado y soledad. Se puso de pie arrastrando el peso de no querer abrir heridas del pasado y se dedicó a ordenar su maleta que no tenía más que ropa, algunos libros y libretas de apuntes de apuntes personales, como también una que otra herramienta de trabajo. Se cambió su uniforme para dejarlo en la silla, donde a un paso encendió la luz que daba a su taller de trabajo que había destinado para seguir trabajando.

Se quedó allí matando el tiempo, mientras dibujaba una que otra cosa que pudiera resultar como una idea prometedora, cuando encendió una vela debido a que comenzaba a anochecer.

...

Al final Magath no fue capaz de mover su culo a la reunión que había citado y un día sin grandes emociones transcurrió para los guerreros. Zeke le había prometido a sus abuelos pasar a cenar y esta no sería la excepción, ya que le gustaba visitarlos de vez en cuando. Caminó fumando a paso calmado, intentando evitar el grupo de gente que se podría a esa hora por volver a sus hogares. Algunos metros avanzados se estancaba a saludar a algunos que se acercaba a él y le daban uno que otro elogio a su increíble labor.

Cuando visualizó la consulta Jaeger, se apresuró para tocar la puerta anunciando su llegada. Su vista se desvió levemente a cierta casa de al frente y casi se va de culo al notar que había luz en ella. Miró a ambos lados como si buscara una explicación a eso y apagó el cigarrillo con su pie, para caminar con atropello y tocar la puerta un par de veces, mientras pensaba algunos escenarios.

Volvió.

Había vuelto.

¿Volvió o no? por la mierda.