DISCLAIMER: Los personajes y lugares le pertenecen a Hajime Isayama. Este fanfic va dedicado con mucho cariño para Nikola Ackerman.
LOVELY CHERRY
Ángeles al desnudo
Un manojo de llaves fue agitado en el exterior de la casa de los Arlert y después de dos vueltas, Armin abrió la puerta principal e invitó a Historia a pasar junto con él. Eran casi las nueve de la noche y la jornada había resultado demasiado ajetreada para ambos; aunque no por ello se dirigieron a la cocina para comer ni tampoco reposaron en el mueble, como de costumbre. Sus pasos recorrieron la sala con urgencia y en pocos minutos, Armin e Historia se sentaron en la mesa con una laptop para realizar la última investigación del día.
—¿Por qué estamos haciendo esto? —la joven Reiss se cuestionó en voz alta, mientras veía a su novio digitar el link de la tarjeta de Carly.
—¿Porque queremos saber de qué se trata? —intentó convencerse a sí mismo de la extraña oferta que recibieron.
—¿Y si no nos gusta lo que veremos? —se mordió el labio.
—¿Podemos juzgar después? —suspiró Arlert, muy nervioso— Maldita sea, la página no carga.
—Tal vez sea una señal —argumentó Historia, en clara actitud de distraerlo de su búsqueda—. Sabes, será mejor que no…
Armin señaló la pantalla y con mucha atención, ambos examinaron la llamativa interfaz de lo que resultaba ser una página pornográfica. El nombre "Paradise Flowers" resaltaba con colores psicodélicos en el encabezado, junto con varias secciones de videos sexuales, chats eróticos, contenido premium y fotografías a disposición de quienes buscaban un poco de placer en línea. Las muecas de Historia delataban su asco y vergüenza, en tanto Armin miraba atónito la imagen de una mujer desnuda y muy sensual.
—Son —el universitario tragó saliva— chicas…
—Sí —masculló Historia, quien finalmente reaccionó y le dio un palmazo a su novio en la cabeza—. ¿En qué se nota, gracioso?
—¡Oye! —se quejó Armin, desprevenido— N-no tengo la culpa de…
—Por supuesto, ya me di cuenta —cerró la tapa de la laptop—. ¿Y bien?
—"Y bien", ¿qué? —repitió.
—¡Argh! ¿Cómo que "qué"? —bufó— No lo estás pensando, ¿cierto?
—Pero ni siquiera he analizado su contenido —usó una terrible excusa.
—¡Y no creo que sea necesario! —golpeó la mesa con su mano extendida— Somos mayores de edad, sabemos en gran parte cómo funcionan las cosas en el mundo y puedo asegurarte —señaló la laptop— que ésa no es la salida, Armin.
—¿Y quién dijo que voy a hacer eso? —la miró, asustado por la insinuación.
—¡Porque se notó en tu desesperación por saber más de esa tarjeta! —gritó, furiosa y preocupada— ¡Esa tal Carly nos ofreció un camino imposible! ¿Crees que a tu abuelo le gustaría saber que se recuperó gracias a la prostitución de su nieto?
—¡Basta, Historia! —se levantó, muy molesto— Me conoces muy bien y sabes que no tomaría decisiones tan drásticas, a menos que…
—¡¿"A menos que…"?! —contraatacó— ¿Te das cuenta? ¡No quiero que te involucres en algo así!
—¡Carly dijo que no era un trabajo permanente! —citó la frase de la mujer del pub—. Tal vez… no tenga que hacer "eso", ¿entiendes?
—¿Y qué otra labor se supone que harás ahí, Armin? —Historia cerró los ojos y se dejó caer sobre una silla, muy agotada— Estúpido ingenuo…
—Esto no se trata de mí —la imitó y con cierto temor, acarició sus manos en un intento de conciliación— y lo sabes.
—Armin, he escuchado y leído cosas horribles sobre ese tema —su voz tembló—: Hay personas que han resultado lastimadas y eso que no hablamos de la explotación que sufren. Aunque no haya otras opciones, no es la vía más prudente.
—Historia —apretó sus manos para infundirle tranquilidad—, sé que me pedirás que medite todo con cabeza fría y es seguro que mañana me arrepienta de lo que estoy pensando y diciendo ahora, pero el tiempo juega en nuestra contra. No puedo darme ese privilegio…
La muchacha calló y cabizbaja, dejó que el silencio los invadiera por un largo rato. Apenas oían la marcha de los autos por la calle y se miraron una vez más, antes de que Historia suspirara de nuevo y se soltara de Armin, pidiéndole que no optara por un ultimátum sin antes oír su opinión. Arlert no le respondió y con una expresión indescifrable, la vio salir de su casa, rumbo al condominio donde vivía con su tío Uri. Como en los últimos dos días desde el accidente de su abuelo, Armin se quedó a solas y pensó en la última solicitud de Historia: ¿acaso lo estaba considerando?
[…]
—¡Oferta especial! —Connie exclamó a toda voz en el campus de la universidad, cargando una bandeja de alimentos— ¡Lleven su delicioso pan con hot dog y jugo de naranja a un precio irresistible! ¡Por la compra de dos, les daremos una bebida gratis!
—¡Hey! —Sasha le dio un pequeño codazo— Así se acabaran los jugos.
—Es mejor a que te comas lo que sobra —bromeó.
—Jamás jugaría con eso, Connie —replicó, ofendida—. Esta colecta ayudará al abuelito de Armin y necesitamos todo lo que se pueda vender.
—Bien, bien, pero no negarás que la oferta es buen negocio.
—¡Ya lo sé, pero igual…!
—En vez de estar discutiendo, deberíamos trabajar más —de repente, Jean apareció para regañarlos—. ¿Cuánto les falta?
—Entre los dos, quince panes y diez bebidas —Sasha calculó el contenido de ambas bandejas—. ¿Y a ti?
—Trece panes y ocho jugos —se lamentó Kirstein—. No está tan mal para el primer día, ¿verdad?
Connie y Sasha compararon sus productos con las cuarenta porciones que habían preparado en un inicio, y notando que el resultado distaba mucho del éxito que querían conseguir en su primera venta, intentaron sonreír para subirle la moral: un acto que hizo suspirar a Jean, al entender el apoyo de sus amigos. No muy lejos del campus, el trío divisó a seis compañeros que se acercaron a ellos.
—¡Muchachos! ¿Cómo avanzaron ustedes? —inquirió Sasha.
—Nos repartimos para pedir dinero en varios salones —Ymir agitó la lata que compartía con Bertholdt—. Creo que nos fue a medias.
—Igual a nosotros —Mikasa y Eren también señalaron su lata.
—¡Entonces tuvimos suerte, porque juntamos más de lo esperado! —Marlo les entregó su lata repleta de monedas y una bolsa que usaron para el dinero extra que acumularon— Parece que mi discurso los motivó, ¿verdad, Hitch?
—Sí, por supuesto —fingió darle la razón y se señaló a sí misma, dando a entender que la razón de tantas donaciones se debía principalmente a su atractivo.
—¡Ja, ja, ja! La suerte nos sonríe, amigos —celebró Connie—, ¿qué tal si nos ayudan a vender los panes y jugos que faltan?
—Claro —Bertholdt se apresuró a tomar la bandeja de su compañero y mirando a la derecha, ubicó a su primer cliente—. ¡Hey, Reiner! ¡Apuesto a que vienes muy cansado de tu entrenamiento!
—¡Sí, tú y tus amigos deberían tomar jugo de naranja! —se aproximó Sasha— El precio no es tan terrible.
—Y si llevan dos panes, les sale gratis un jugo —Connie repitió su oferta.
—¡Ja! ¿Ahora todos son comerciantes? —bromeó Reiner, mientras cogía dos porciones y llamaba a otros tres amigos de su equipo de baloncesto— Ya, en serio, ¿sus padres no pagaron la pensión?
—No tienes que recordarnos que tu familia está mejor posicionada que las nuestras. En fin, ése no es el punto —le explicó Jean—: estamos ayudando a Armin, su abuelo sufrió un accidente y necesita dinero para reponer el seguro.
—¿El nerd? —se sorprendió y luego examinó los panes y jugos por un largo rato— Mejor vengan a las bancas, mis amigos están ahí. Compraré todo.
—¡¿En serio?! —exclamó Hitch— ¿Y qué estamos esperando?
La repentina disposición de Braun sorprendió al grupo y sin perder más tiempo, siguieron al muchacho para ofrecer todo lo que les quedaba en sus bandejas. Entusiasmados por el "milagro" que se les había presentado, ninguno se percató de que Armin e Historia cruzaban apurados el campus para subir al segundo piso de su facultad, a excepción de Reiner, quien los vigilaba a la distancia con mucho interés.
—¿No crees que hoy se veía mejor? —habló Historia, en alusión a la visita que le hicieron al abuelo Herman, antes de ir a la universidad.
—Sí, lucía más recuperado —sonrió con tristeza—. Aun así…
—Lo sé, Armin —la joven bajó la mirada—. Esto es demasiado difícil.
—Hallaremos la manera —le respondió, luego de un corto silencio—. Quiero que sepas que no fue mi intención presionarte con una decisión tan radical.
—No tienes que disculparte —apretó su mano—: en tu lugar, también me habría desesperado. Además, puede que consigamos muy pronto el dinero.
—¿De qué hablas? —la miró, intrigado.
—¡Rayos, mi libro de informática! —se golpeó la frente y cambió de tema— ¿Puedes adelantarte al salón? Iré a mi casillero un rato.
—C-claro —Armin la vio marcharse por una escalera y avanzó unos metros por el balcón del segundo piso, hasta que varias personas se cruzaron en su camino.
—¡SORPRESA! —gritaron Jean, Connie, Sasha y sus demás camaradas.
—¡Mierda! —el muchacho se agarró el pecho y después soltó un fuerte suspiro— ¡Muchachos! ¿Por qué hacen eso, acaso quieren matarme?
—¡Fue idea de Connie! —lo señalaron Eren, Hitch y Marlo.
—Traidores —refunfuñó el aludido.
—Por todos los cielos, olvídense de esas tonterías —concilió Jean, mirando a su amigo—. Venimos a darte algo especial.
—¿A mí? —se sorprendió— Pero mi cumpleaños ya pasó.
—Es mejor que eso —Bertholdt se acercó con una lata de regalo: al dársela a Armin, captó su intriga por el peso del objeto—. Vamos, ábrela.
Arlert examinó a cada uno de sus amigos y obedeció a Hoover, descubriendo la enorme cantidad de monedas que habían recolectado hace poco. Sasha y Connie narraron cada detalle del plan, Mikasa agregó una que otra frase e Ymir le imprimía su típico sarcasmo para hacer más ameno el relato; por un momento, todo parecía confundir a Armin, hasta que en medio de sus locuras, halló una coincidencia en todas las intervenciones: Historia.
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—No tienes que disculparte: en tu lugar, también me habría desesperado. Además, puede que consigamos muy pronto el dinero.
—/—/—/—
El joven rubio sintió un fuerte nudo en la garganta, tras comprender que su novia había organizado todo con sus amigos para pagar la deuda del seguro. ¿Cómo podía agradecerles por tanto apoyo incondicional? Armin no lo sabía y preso de tantas emociones, no pudo contener su llanto; mientras Jean se acercó en representación de los demás y lo abrazó, empático al dolor que estaba sintiendo.
Mientras tanto, en el primer piso, Historia revisó su casillero con mucha prisa y encontró el libro que le faltaba; cuando cerró la puerta, saltó al notar a Reiner apoyado no muy lejos de su sitio.
—¿Te asusté? —preguntó con un tono seductor muy sutil.
—¿Qué haces aquí? —apretó su libro contra su pecho, a modo de defensa— ¿Estabas esperándome?
—Mmm, digamos que sí —le guiñó un ojo.
—No veo por qué lo harías —Historia retrocedió unos pasos.
—Porque soy muy cortés —Reiner la siguió—. Sabes que te aprecio mucho y jamás te molestaría.
—Sí, claro —dio media vuelta, rumbo a la escalera por la que bajó hace rato.
—¿Por qué no me crees? —se interpuso rápidamente— Puedo hacer lo que sea por ti, cualquier cosa…
Historia miró fijamente a Reiner y captó el énfasis que hizo en las últimas dos palabras: aquel tono, junto a su actitud demasiado segura, la previno al instante.
—¿Q-qué intentas decir? —titubeó.
—Sé lo que pasó con el nerd —dijo—. Quiero ayudarte.
—Pidiendo algo a cambio, ¿verdad? —arrugó el ceño.
—Pues no voy a negártelo —sonrió—. Por eso me gustas, ¡eres bastante lista!
—No entraré en tu juego —intentó subir las escaleras.
—Se trata del abuelo de tu novio —la detuvo de nuevo—. Necesita el dinero y por lo que deduje, la cantidad supera bastante a la colecta de tus amigos. Imagino que les dijiste que unas cuantas ventas serían suficientes para pagar el seguro.
—Bueno… —titubeó.
—Lo supuse —continuó—, ¿y qué seguirá? ¿Hamburguesas, juguetes? A ese ritmo, jamás cancelarás toda esa deuda.
—¡Sí tengo que hacerlo, así será! —lo empujó.
—Te ofrezco una mejor opción —acorraló a Historia—. Mi padre gana muy bien y puedo decirle que necesito pagar algo de la universidad, aunque obviamente no será para mí. Mañana te daré todo el dinero que necesites.
—¿Y d-después qué? —preguntó, temblorosa.
—¿Después? —hizo una mueca lasciva— Pensé que lo analizarías con más calma, pero veo que estás muy apurada. Tendré que pensarlo bien…
Reiss no contestó e intentó controlar su propio temor, mientras su mente recreaba las mil y un posibilidades que aprovecharía Reiner para sacar ventaja con ella. Sabía muy bien lo que le esperaba si le respondía "sí", la idea de traicionar a Armin le provocó un vacío en el estómago y quiso su propia fortaleza que soportara el mareo provocado por toda la situación. La repentina soledad en la escalera colaboró con su pesar y cabizbaja, recordó al abuelo Herman en el hospital: él no merecía pagar las consecuencias de su enojo con Reiner.
—Mañana —asintió con un hilo de voz, resignada.
—Perfecto —Reiner se acercó a su oído—. Él no tiene que saberlo…
Historia alejó su rostro al sentir cómo acariciaba uno de sus mechones y esperó a que se fuera para finalmente derrumbarse sobre los escalones, bastante conmocionada. ¿Qué había hecho?
[…]
—¡Santos científicos! —exclamó Hange, emocionada al máximo por entrar al vivero privado de Levi— ¿Dónde has conseguido todas estas flores?
—Mi madre las cultivaba —explicó—. ¿Te animas por alguna?
—No sabría decirte, ¡son tantas especies que no decido cuáles quedarían mejor para mi boda! —lo miró— Si no fuera por mi presupuesto, compraría todas.
—Eso le caería bien a mi negocio —bromeó—. La boda será en un mes, ¿cierto? Piensa bien y elige con calma, las flores no se moverán de ahí.
—Tienes razón —suspiró y tomó asiento en el escritorio de Levi, observando su reloj—. ¡Vaya, cinco de la tarde! Habría querido que Moblit me acompañara hoy, pero debía atender unos asuntos de su trabajo.
—Creo que es lo mejor —sirvió dos tazas de té y le entregó una a su amiga—, es demasiado ansioso.
—¿Eso es malo?
—No, pero deja que asimile que se va a casar contigo. Ya tendrás tiempo para enloquecerlo con tus manías, Cuatro Ojos.
—¡Ja! Como digas, Estreñido —brindó con él—. Y ya que estamos hablando del tema: ¿todavía no encuentras a la "persona afortunada"?
—¿Qué? —Levi arqueó las cejas.
—Ya sabes, "alguien especial" —Hange alzó y bajó las cejas con picardía—. ¿Te siguen gustando los hombres y las mujeres por igual?
—Cállate —susurró para que fuera discreta.
—Lo siento —carraspeó, entre risas—, es que recordé que me contaste ese secreto y quería saber si…
—No te incumbe —resopló— y si sigues preguntando, rompemos el contrato.
—¡No, no, no, así está bien! —agitó sus manos y agradeció el té— Creo que ya sé qué juego de flores elegiré primero.
Levi sacudió su cabeza y se levantó del escritorio para pasear con Hange por los corredores del vivero, anotando en su libreta algunos ejemplares; en tanto sus asistentes atendían a los clientes que pedían arreglos florales pequeños. A juicio de Armin, la demanda había bajado en comparación a las últimas dos semanas; y por tal situación, no le extrañaba que su propio sueldo y el de Historia también se vieran afectados, tal como les había advertido Levi el día anterior.
—Siete ramos —el muchacho hizo un conteo rápido—. Es el número más bajo que hemos tenido, desde que entramos a trabajar… ¿no es cierto, Historia?
—¿Eh? —volteó la joven, bastante distraída.
—Digo que las ventas han bajado mucho hoy día —aclaró—. ¿Estás bien?
—Sí —respondió a secas—. ¿Cuánto falta para acabar la jornada?
—Mmm… media hora —Armin miró su reloj y luego dejó el inventario para abrazar a su novia por detrás—. Amor, no quiero verte triste.
—Perdón —apenas lo miró, bastante avergonzada—. Han pasado tantas cosas.
—Lo sé. No te he dado las gracias por organizar la colecta con los muchachos —besó su hombro—. Eres la mejor…
Y aquella frase terminó derrumbando su poca entereza. Historia tembló por la carga que suponía su futura traición y no pudo contener sus lágrimas: ¿acaso tenía que llegar a ese extremo para salvarlo? ¡Debía existir otro camino!
—¿Qué sucede? —Armin se asustó al verla llorar— Historia, háblame…
—Tenemos que hacerlo —se limpió el rostro—. Sólo terminemos de trabajar y salgamos de aquí, por favor.
Arlert asintió confundido y fingiendo tranquilidad, volvió a sus quehaceres tal como Historia le había indicado. Pocos minutos después, Levi y Hange habían dejado el vivero y salieron al recibidor principal para resolver los últimos pedidos de la novia, sin percatarse de lo último que había ocurrido; hasta que el joven Ackerman dio la señal para que sus empleados regresaran a sus casas. Con total diplomacia, Armin e Historia se despidieron y por iniciativa de la muchacha, ambos corrieron por la avenida, rumbo al único lugar que visitaron el día anterior.
—¡Historia, espera! —Armin jaló su brazo justo antes de ingresar al pub— ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué significa esto?
—¡¿Quieres ayudar a tu abuelo?! —exclamó, al límite de su estrés.
El muchacho se quedó estático ante su pregunta, asombrado por oírla hablar de esa manera, luego miró el interior del pub desde la ventana y tragó saliva: sabía muy bien lo que iban a enfrentar, pero ya no había marcha atrás. Tratando de infundirle seguridad, Armin tomó la mano de Historia y entraron al local, caminaron hacia la barra del bar y no les tomó más de diez segundos en ubicar a la persona que estaban buscando.
—Carly —habló Armin, hallándola entre cigarros y un vaso de ginebra.
—¿Eh? —volteó al oír su nombre y después de observarlo bien, le ofreció una de sus sonrisas seductoras— Oh, eres tú, guapo.
—Sí, y su novia también —Historia entró en escena, muy irritada.
—Ya veo —apagó su cigarro—. ¿Les gustó el pub?
—No venimos por eso —aclaró la joven Reiss y le pidió a Armin la tarjeta de "Paradise Flowers" que le había entregado— y creo que no hace falta explicarlo.
—Aaah, ya se decidieron —empezó a reír—. ¿Pero están seguros?
—No nos cuestiones más, sino será la última vez que nos veas aquí —la previno Arlert y titubeó un poco antes de hablar otra vez—. ¿Q-qué debemos hacer para trabajar ahí?
Carly reaccionó sorprendida ante su determinación y aunque no conocía los problemas que pasaba la pareja, intuyó que algo realmente grave debía impulsarlos a tomar esa decisión. La coquetería que solía mostrar se esfumó al instante y les hizo una seña para que la siguieran fuera del pub, en dirección a un jirón poco concurrido. Conforme avanzaban, Armin e Historia parecían arrepentirse al notar la oscuridad del lugar y uno que otro grupo de "gente extraña" observándolos, hasta que llegaron a otra calle paralela más iluminada y se detuvieron frente a una librería.
—¿"El Rincón de las Flores"? —Historia pronunció el nombre del lugar— ¿Qué broma es ésta?
—No creerás que los vecinos reciben bien nuestro empleo, ¿o sí? —le contestó Carly, incrédula—. Vengan.
Pese a que había un timbre sobre el marco de la puerta, la mujer jaló un ramo de muérdago que funcionaba como campanilla artificial y en pocos segundos, fueron atendidos por un joven de cabellos grises, casi de la misma edad de los universitarios.
—Boris —lo saludó con un beso en la mejilla—, ¿no descansabas hoy?
—El guardia se enfermó, o al menos eso le dijo a Dennis —les permitió pasar y cerró la puerta con mucha discreción—. Supongo que será temporal.
—Al menos, cobrarás su paga —acarició su pecho por encima de la camisa.
—Seguro —Boris miró a la pareja—. ¿Y ellos?
—Carne fresca —los señaló—. ¡Posiblemente, claro! Si pasan la prueba, te los presentaré como se debe —luego volteó y volvió a sonreír—. Por aquí, tórtolos.
Arlert y Reiss se tomaron de la mano y caminaron con Carly, cruzando el mostrador y la entrada que los llevaría a otro espacio: era una biblioteca sin luz, algo reducida en tamaño y repleta de estantes, libros y otros objetos que los hacían tropezar de vez en cuando. La mujer no dudó en regañarlos por "dañar propiedad pública" y tras correr una cortina espesa, ambos tuvieron que cerrar los ojos por el sinfín de luces psicodélicas dispuestas a lo largo de una escalera en descenso.
Aturdidos por tanta iluminación, apenas notaron los cuadros eróticos que adornaban el recorrido y bajaron hasta el sótano de la librería, el cual había sido acondicionado como un estudio clandestino para filmaciones pornográficas; y si bien los ojos de Armin e Historia lograron adaptarse al escandaloso espectáculo visual, sus oídos jamás se habían preparado lo suficiente para escuchar el coro de gemidos, latigazos, gritos y flashes en todo el lugar, a tal extremo que Arlert tuvo que disimular el cosquilleo de su entrepierna causado por el temor y la excitación.
—Llegamos —Carly abrió la puerta de una oficina—. No hablen con él hasta que se los permita.
—¿Carly? —la reconoció un hombre que ya bordeaba los cuarenta años o más, mientras tomaba su mano para besarla— ¡Mi hermoso lirio rebosante! ¿Qué haces aquí? Todavía falta media hora para que terminen.
—Sí, lo sé —se sentó en uno de sus sillones—. Traje a dos amigos.
—¿Amigos? —observó a la pareja de universitarios— No me digas que ya te animaste a hacer tríos, ¡ja, ja, ja, ja!
—¡Ay, nooo! —exclamó Historia, para sorpresa de Armin y los otros dos.
—Mierda… —susurró Carly, bastante bajo.
—¿Ah, no? —se levantó el señor, al mismo tiempo que Armin se ponía delante para proteger a Historia— ¿Y entonces qué mierda hacen un par de idiotas como ustedes? Si no fuera por su altura, diría que escaparon de una guardería.
—Fue lo mismo que pensé —la mujer contuvo la risa.
—Eso no importa —replicó Arlert—. Carly nos dio la tarjeta de este lugar.
—¿Y qué con eso?
—Ella nos dijo que aquí se podía ganar dinero fácil y venimos a saber cómo.
—Es cierto, Dennis —asintió la aludida—. Los conocí ayer.
El jefe de la oficina miró a la mujer por un rato y luego caminó alrededor de la pareja, examinándolos con una expresión abrumadora. Historia suspiró contra su voluntad al sentir la cercanía de aquel hombre y se aferró más a Armin, quien se esforzó en mostrar una postura de coraje que claramente le faltaba. Cuando los ojos del muchacho y el señor se cruzaron, una risa burlona provino del último.
—Debe ser un maldito chiste.
—N-no, señor —insistió Arlert.
—No —repitió su respuesta y se sentó a su escritorio para estirarse—. ¡Hmm! Esta noche será larga… en fin, ¿para qué son buenos?
—¿Qué? —tomó desprevenido al universitario.
—Ya saben: sexo oral, montadas, pose del misionero, vibradores, esas cosas —empezó Dennis—. No sé, ¿son tradicionales o atrevidos? Tal vez adoran las orgías.
Armin e Historia no supieron qué contestar y al mirarse, notaron el enorme rubor de sus mejillas: si bien eran de mente abierta y habían experimentado algo más que besos y abrazos en su primer año de noviazgo, jamás concibieron cruzar tantos límites a la ligera. Su estupor era completamente natural; no obstante, tal reacción no fue suficiente respuesta para el jefe del local.
—Me lo imaginaba —Dennis sacudió la cabeza y se recostó sobre el sillón de su escritorio—. ¿Saben? Hoy estoy de buen humor, así que les daré la oportunidad de dar la vuelta y largarse de aquí —movió la mano con desprecio—. Carly, encárgate.
—Como digas —los condujo hacia la puerta.
—¿Eso es todo? —Armin intentó razonar con él.
—No perderé mi tiempo con ustedes —el señor encendió un cigarro.
—¡Pero, señor…!
—Sólo hagan lo que les dice —susurró Carly, suplicante.
—¡El abuelo de mi novio está enfermo! —Historia empujó suavemente a la mujer y enfrentó a Dennis— Lo echarán del hospital si no pagamos su estadía, ¡y ésta es la única opción que nos queda para ayudarlo! Si debemos hacer lo impensable por él, así será. ¡Sólo díganos lo que quiere y se lo daremos, no nos importa!
Mientras el espectáculo sexual continuaba afuera, la oficina quedó en completo silencio. Carly se mantuvo al lado de los muchachos, observándolos con discreta empatía; por otro lado, Dennis repasó el último discurso de la joven, hasta que un repentino arranque de risa de su parte rompió toda la tensión.
—Para variar, una razón noble —se frotó el cuello—. Sinceramente, ¿qué ven los ángeles en estos nidos de perdición? Jamás voy a entenderlo.
—¿Eso quiere decir…? —preguntó Historia.
—Sí —Dennis sacó unos papeles y tomó un lapicero—. ¿Cuánto dinero es?
—Siete mil —dijo Armin.
—Siete mil —el hombre repitió la cifra e hizo unos cálculos rápidos—: equivaldría a un mes de trabajo. ¿Quejas?
—N-no.
—Bien. Son pareja, ¿verdad? —continuó— Si van a estar poco tiempo, no veo razón para que se graben con otros… a menos que quieran.
—Así está bien, señor.
—Un problema menos —Dennis llenó otro formulario y luego se lo entregó a los chicos—. Listo, ahora firmen y asunto arreglado. Recibirán el dinero mañana.
—Espere —después de leer el contrato, Historia intervino.
—¿Ahora qué? —sonó impaciente.
—Es que —titubeó— queremos poner una condición…
[…]
Un teléfono antiguo resonó en la sala de un departamento bien amoblado, aunque algo desordenado por varias prendas masculinas regadas en el suelo. Cuando el chirrido de la máquina se anunciaba por tercera vez, un hombre vestido con una bata azul cielo levantó el auricular.
—¿Diga?
—Señor Uri Reiss, buenas noches —contestó una jovencita—. Le habla Sasha.
—¿Sasha Braus? ¿La amiga de mi sobrina? —la reconoció.
—Sí, la misma —afirmó—. Espero no incomodar: quería decirle que Historia está conmigo, Armin y nuestros demás amigos, es que vamos a ver una película.
—¿Irán al cine?
—Eeeh… ¡sí, al cine! —exclamó con exageración—. Lo que pasa es que hemos trabajado bastante y acordamos distraernos un poco.
—¿Pero por qué no me avisó con tiempo? —se rascó la cabeza.
—Se le gastó la batería del celular, y a Armin también. Si pregunta por ellos, están justo en la cola para comprar las entradas —explicó—. ¡Ah, verdad! Historia se quedará en mi casa y Armin irá a dormir con sus amigos. Le digo para que no se preocupe.
—¡¿Quedarse?! —Uri arqueó las cejas por tantas noticias y al final suspiró— Bueno, entiendo: ya hablaré con ella mañana. Disfruten y cuídense mucho, por favor.
Luego de que Sasha se despidiera y le deseara un buen descanso a su estilo, Reiss colgó la llamada; pero no se movió de su lugar y se quedó mirando el teléfono por unos segundos.
—Al cine —meditó—. Si es una película larga, quizás salgan a medianoche.
—Ya tiene dieciocho años, Uri —Kenny salió de la habitación del hombre con sólo unos calzoncillos y cogió una manzana de la cocina—. Déjala tranquila.
—Tú sabes lo que significa tener sobrinos —le reprochó.
—Sí, pero el mío es treintañero —se sentó en el sillón con las piernas abiertas, por el enorme bulto bajo la tela de su ropa interior—. Olvídate de ese asunto y ven, ya me dieron ganas.
Uri se ruborizó por la erección de su amante y en un intento de seducción, desató el nudo de su bata y se desnudó mientras caminaba hacia él.
[…]
—Está hecho.
—Genial, Sasha —suspiró, bastante aliviada—. Supongo que me regañará por no decirle nada.
—Esperemos que no —rio su amiga, desde el otro lado de la línea—. ¿Y qué vas a hacer? Suenas tan misteriosa.
—¡Nada importante! —gritó— Nos vemos mañana en el salón.
—¡Ja, ja, ja! Está bien, nos vemos —cortó la llamada.
—Por todos los cielos —Historia apagó su celular y resopló, bastante nerviosa.
—¿Lo logró? —preguntó Armin, en referencia a su amiga.
—Creo que sí —asintió y volvió a mirar el vestidor que ocupaban desde hace veinte minutos—. ¿Y Carly?
—Trajo la ropa mientras hablabas con Sasha —depositó varias prendas en una mesa, se quitó los lentes y volvió a tomar aire—. Oye, me sorprende que Dennis haya aceptado lo que le pediste. Ni a mí se me hubiera ocurrido.
—¿No es obvio? Nuestros amigos también ven estos videos y nos reconocerían si no llevamos antifaces y guantes —señaló el tatuaje de flor de cerezo en su brazo.
—Historia, lo que haremos esta noche lo decidirá todo. Dime, ¿qué fue lo que cambió? —le preguntó y percibió en sus ojos una sensación más allá de la angustia.
—Reiner —confesó, avergonzada—. Él se enteró de la colecta y dijo que me daría todo el dinero si aceptaba salir con él. Créeme que lo estaba considerando; pero cuando sentí que me abrazabas en la floristería, supe que podría soportar cualquier cosa, menos traicionarte —tomó valor para mirarlo—. No enfrentarás esto solo.
Armin asimiló el relato de su novia y lejos de molestarse con ella, le ofreció una triste sonrisa: no podía reprocharle nada y tampoco tenía tiempo ni fuerzas para ello. Se acercaron lentamente y en la soledad del vestidor, fueron quitándose la ropa para vestir las nuevas mudas, mientras se acariciaban en un intento de consuelo y sutil seducción. A diferencia de Armin, que sólo llevaba un bóxer blanco y un antifaz de tela que cubría sus ojos, Historia portaba una bata rosada de seda transparente que dejaba muy poco a la imaginación, junto con dos guantes blancos a la altura del antebrazo y una máscara muy parecida a la de los carnavales de verano en su ciudad, de un color fucsia intenso y brillante.
Arlert tragó saliva: si bien ya creía en la belleza que inspiraba la inocencia de Historia, su sensual faceta elevó sus instintos de tal modo que su miembro empezó a palpitar; jamás esperó sentirse tan dispuesto y notó que el temor inicial se había esfumado. Excitado, Armin le susurró algo al oído y un gemido de la joven surgió en respuesta, asintiendo ante el plan de tomar el futuro video como una nueva fantasía sexual; aprovechó su cercanía para rozar la intimidad de Historia por debajo de su ropa interior y al comprobar que estaba lista, repasaron las pautas de Carly para luego ubicarse frente a dos puertas separadas que conducían al cuarto de grabación.
Minutos más tarde, se iluminó un pequeño cartel que decía "Grabando", justo sobre la puerta de Historia. La muchacha respiró hondo y entró a la habitación decorada con una pecera en la pared izquierda, luces suaves y un pequeño fondo musical; no obstante, su curiosidad pudo más que el libreto aprendido con rapidez y paseó frente al acuario, contemplando los peces multicolores.
Desde un cuarto oculto a la derecha, apenas separados por un espejo opaco, Dennis y Carly se miraron por el cambio de actuación y decidieron no alarmarse: al parecer, la falla de Historia en su papel le daba ese toque atractivo que tanto reclamaban los clientes virtuales y el brillo de sus pechos gracias a la luz del acuario colaboró con ello. Sin demora, Dennis hizo una señal y otro hombre encendió el cartel "Grabando" sobre la puerta de Armin, como señal para que éste ingresara.
En la habitación, el universitario se detuvo a pocos metros de su novia, quien caminaba muy lento hasta el borde de la cama. Con gran deseo, se acercaron para acariciar sus cuerpos y Armin no dudó en apretarle un seno a Historia, arrancándole un gemido; ella, por su parte, hizo a un lado la ansiedad de sentirse filmada por desconocidos y tomó el suficiente impulso para hacer cosas más atrevidas como frotar la entrepierna de su novio.
Éste se estremeció con la sensación de sus dedos apretando sus testículos y poseído por el éxtasis, la hizo girar hasta tumbarla boca abajo sobre la cama. Los brazos delgados de Historia se apoyaron sobre el colchón y dejó que Armin elevara sus caderas con tal urgencia que juraba sentir sus uñas clavarse sobre la piel de sus nalgas. Entregada al placer, jadeó por el suave golpeteo de su bulto contra su ropa interior y le suplicó que restregara su miembro con más rapidez.
—Maldita sea —susurró Dennis, con cierta excitación—, estos mocosos saben lo que hacen. ¿De dónde salieron?
—No tengo la más mínima idea —respondió Carly, tan sorprendida como él.
Ignorantes del asombro de sus espectadores ocultos, la pareja continuó su juego previo y Armin soltó un gemido ronco, mientras contemplaba su miembro totalmente erecto bajo el bóxer. La muchacha aprovechó el momento para tenderse a lo largo de la cama y volteando boca arriba, se quitó la bata transparente y quedó casi desnuda para él, invitándolo a consentirla como sólo él sabía hacerlo.
Semejante escenario fue el último detonante para Armin. Atónito, admiró la belleza angelical de Historia y se sumergió en el inmenso mar de su sensualidad; recordó inevitablemente el acoso de Reiner hacia ella y transformó su furia en posesión. Reiss echó la cabeza hacia atrás, en el momento que Armin empezó a besar su cuello y sus pechos, y su mente sólo respondía a la entrega de su amante. Ágil, se liberó de su propia ropa interior y ayudó a su novio a quitarse la suya, sacudiendo su miembro. Entre susurros, Armin le pedía perdón por llevarla hasta ese extremo e Historia lo besó cuantas veces pudo, haciéndole saber que lo acompañaría incluso en el peor momento… y en el momento en el que sus sexos se unieron, ambos dejaron que el deseo los gobernara, plasmando toda su pasión frente a las cámaras ocultas.
N.A.:
¡Buenas noches! Finalmente pude terminar este tercer capítulo (hasta el momento, el más difícil de realizar :''v).
Siendo sincera, jamás imaginé que en todos los años que llevo escribiendo, iba a tocar un tema como el que he relatado en las últimas 1000-2000 palabras de este capítulo, pero quiero pensar que todo el esfuerzo valdrá totalmente la pena porque presiento que Nikola estallará de emoción cuando vea esta siguiente entrega :') al igual que otras amigas que también están siguiendo el fic, como Sofi (si lees esta parte, mil gracias también por tus lecturas :3).
¡Estamos en el filo de la navaja! O bueno, Armin e Historia lo están. Tomaron la decisión más fuerte y repentina de sus vidas, una que irónicamente nació de razones nobles (aunque para nada justificables) y ése fue el detalle polémico con este capítulo: la entrada a la "industria n*por" es demasiado cuestionable de por sí, hay un enorme submundo que no se parece en nada a lo que estoy relatando aquí; y ya que es la primera vez que escribo algo sobre esto, aviso por anticipado que no quiero herir susceptibilidades y mucho menos, normalizar o apoyar la idea de ingresar a cosas así; pues creo que siempre hay opciones más sanas que podemos enfrentar.
En lo personal, quise darle el enfoque más "suave" posible (?) a este asunto y tomando en cuenta que este fic mezcla comedia y suspenso por igual, el punto principal es mostrar la doble vida que ahora llevarán nuestros protagonistas en base al camino que han elegido, más que el morbo de lo n*por y eso. De ley, parece que han salvado la estadía del abuelito de Armin en el hospital, ¿pero qué más sucederá después de esa primera grabación? ¿Cómo intervendrán los demás personajes, directa o indirectamente? ¿Qué nuevos dilemas se desatarán en la historia?
Los invito a esperar el próximo capítulo, ¡muchas gracias por sus lecturas y reviews, y buena suerte para todos! :D
