ADVERTENCIA DE CONTENIDO: Algunas interacciones de este capítulo pueden resultar molestas para algunos lectores. No es demasiado fuerte, pero se trata de un hombre adulto acosando a una adolescente. Lee bajo tu propio riesgo.

Here We Go...

La chica abrió mucho los ojos y durante unos segundos no supo cómo reaccionar, su mente se quedó en blanco y solo se dejó llevar por la sensación, cerrando los ojos y casi relajándose y derritiéndose en su agarre, hasta que sintió como sus dientes se clavaban en sus labios. Entonces recordó quien era quien la estaba besando y quien estaba observando todo, y comenzó a retorcerse en su lugar luchando desesperadamente contra su agarre de acero, pero él era mucho más fuerte y la mantuvo en su lugar, inclinando la cabeza y profundizando el beso. Lágrimas brotaron de sus ojos y redobló sus esfuerzos por liberarse. Se sintió tan humillada y desesperada, y lo peor fueron las súplicas y amenazas de Ray de fondo. Él estaba viendo esto, estaba viendo cómo ella era dominada y burlada. Era tan vergonzoso.

Drex estaba siendo rudo, sus dientes le mordieron los labios y sus manos presionaron demasiado fuerte, ella tendría moretones en forma de dedos después de eso. Ray vio rojo, ira y rabia burbujeando y estallando dentro de él, y comenzó a gritarle que la dejara ir e hizo una serie de amenazas que lo sorprendieron incluso a él.

—¡Drex, pedazo de ... te lo juro, haré que te arrepientas! ¡¿Me escuchas?! ¡Te destruiré como debería haberlo hecho hace años!

Finalmente luego de segundos que se le hicieron eternos, el infierno terminó. Drex se separó de ella, luciendo un brillo maligno en sus ojos oscurecidos. Se relamió los labios antes de observar el estado en el que había dejado a su pequeña presa. La chica temblaba como una hoja sacudida por el viento. Sus mejillas estaban empapadas por lágrimas que aún rodaban de sus ojos. Tenía los labios hinchados y los sentía palpitar de dolor por el duro trato que habían recibido. Ella miraba hacia abajo con vergüenza, sollozaba suavemente y podía sentir la mirada de Ray sobre ella, pero no se atrevió a levantar la mirada y devolverle el gesto. Se sintió tan avergonzada y humillada.

—Charlotte, mírame —pidió el adulto con voz suave.

Pero ella no lo hizo, demasiado apenada para eso. Entonces Ray dirigió sus ojos a su ex compañero y apretó los dientes.

—Te haré pagar por esto Drex, lo juro, no importa lo que me lleve, te mataré y te enterraré yo mismo si es lo que se requiere —prometió en un tono mortalmente calmado.

Drex lo ignoró, seguro de que Ray no se movería de su lugar pronto y tomó su barbilla con los dedos, levantando su cabeza para que ella lo mirara. Sus ojos estaban llorosos, sus labios entreabiertos, su pecho subía y bajaba de forma errática mientras luchaba por equilibrar su respiración irregular, mirando cualquier cosa menos sus penetrantes ojos. Drex la observó como si estuviera tratando de memorizar su rostro lloroso. Ella era una chica realmente bonita de una manera inocente. Linda sería una palabra que la describiría correctamente. Pero ella era un desastre ahora, un hermoso desastre en el que él la había convertido y había disfrutado haciéndolo. Había un extraño placer enfermizo en quitarle la inocencia a alguien de la forma en que lo había hecho.

—Mírame —le ordenó en voz baja pero autoritaria.

Ella no pudo evitar obedecer a aquel tono, dirigiendo lentamente sus ojos llorosos hacia él. Su rostro lucía una expresión engreída, el dorso de sus dedos secó algunas lágrimas perdidas de sus mejillas acaloradas con gentileza y cariño que llegó como un gesto sarcástico y burlón de caballerosidad. No pudo soportarlo más y habló.

—¿Por qué estás haciendo esto? —preguntó en un susurro tembloroso con voz quebrada.

Pero si planeaba responder algo no pudo hacerlo porque un disparo láser vino de la nada. Drex fue rápido para esquivarlo y este golpeó la pared. La soltó para defenderse, finalmente, y Charlotte se aprovechó de esa pequeña distracción. Ella se agachó y rodó bajo sus brazos, corriendo directamente hacia donde estaba Ray. Rápidamente se escondió detrás de él, incluso si él no podía hacer nada para evitar que Drex siguiera aprovechándose de ella, se sentía más segura con él. Ray, por su parte, trató de protegerla con su cuerpo lo mejor que pudo en su estado.

Se oyeron más disparos láser contra el criminal que los esquivó con dificultad mientras los otros dos miraban la escena con confusión pero aliviados. Cansado de todo eso, Drex se dirigió a la puerta cerrada y la abrió entre tiros para salir de allí y huir. Una vez que todo volvió a estar en calma, Ray volvió la cabeza para mirar a la chica aterrorizada y temblorosa tras él.

—Char ... ¿estás bien? —preguntó con voz suave y cariñosa.

Ella asintió con la cabeza, secándose los ojos con una mano temblorosa. Luego escucharon ruidos y adoptaron una postura defensiva, pero vieron que solo era Schwoz que venía de detrás de unos estantes, con una pistola láser en la mano.

—¡Schwoz! —exclamó Ray con una sonrisa—. Estoy tan feliz de verte, ven aquí y ayúdame a quitarme esto —ordenó.

—¿Cómo entraste? —preguntó la chica.

—Encontré una puerta trasera pero estaba cerrada y tuve que forzar la cerradura para entrar, perdón por el retraso —respondió mientras se acercaba a Ray.

Mientras tanto, Charlotte corrió hacia su amigo que aún estaba en el suelo y se arrodilló a su lado. Comprobó sus signos vitales, suspirando de alivio cuando no encontró nada malo. Henry solo estaba dormido, se despertaría en un par de horas.

Schwoz logró liberar a Ray bastante rápido de la trampa y una vez que pudo usar sus manos, el hombre fue hacia el lado de su compañero y se arrodilló junto a la chica.

—Déjame manejar esto.

Ella se levantó del suelo mientras Ray tomó al adolescente en sus brazos para llevarlo cargando y salieron de la tienda por la puerta que Schwoz había abierto para evitar ser vistos.

Schwoz abrió la puerta trasera de su auto y colocaron a Henry en uno de los asientos traseros, Charlotte se sentó a su lado y Ray en el asiento del copiloto al lado de Schwoz que iba a conducir. El héroe estaba demasiado inquieto y nervioso para pilotar el helicóptero, podían llamarlo de nuevo de manera remota luego. Un viaje por carretera, aunque breve, les ayudaría a calmarse.