Kunoichi
Le toma un tiempo procesar por completo lo que Mikoto le acaba de soltar Ya estás en edad para empezar con las misiones de seducción, lo había dicho con su puta cara de póker, Itachi, siempre el genio le había dado una larga mirada a su madre, Obito sabía que significaba; lo que implicaba y estaba absolutamente furioso con ello. Tenía nueve años A penas una niña, joder, Obito sabia, era algo que todos conocían; la familia principal estaba exenta de estas misiones y el pertenecía a la familia principal hasta que Itachi se casara, independientemente de cuánto le pesara a Mikoto no había nadie en el Clan que pudiera obligarlo a tomar estas misiones, sobre todo porque en el Clan existía la política en la que nadie estaba obligado a tomarlas y solo quienes se presentaban voluntarios eran llamadas para estos
— Voy a informar a Fugaku para que te ponga en la lista la próxima vez que haya una misión —Mikoto se levantó del sillón, ya alargando la mano hacia Itachi con toda la intensión de irse
— No lo hare —Mikoto se congeló en su lugar, enfocándola con el sharingan ya girando en sus ojos con una mirada fulminante— Las leyes del Clan me protegen de tu abuso de poder —siseo, acariciando un mechón de su flequillo con desinterés— No creas que no sé qué planeas, enviarme a estas misiones con la esperanza de que mi virtud sea arrebatada y poder al fin deshacerse de mi —Itachi observo impasible las manos de su madre temblando de furia— Pero debo denegar, voy a mantener mi lugar y tal vez apoye la idea de los ancianos de unirme a Itachi, soy alguien relevante ahora y si antes era un prospecto apto para un matrimonio con Kazuo o Goro ahora soy más que apropiada para ser la esposa del Jefe —soltó con una sonrisa cínica
— ¡¿Como te atreves?! Tú... —el reclamo quedo a medias cuando salto frente a ella para encararla, entrando en su espacio personal y obligándola a retroceder
— Ya deja de provocarme, querida tía —le siseo con furia, conteniéndose para no activar su sharingan— Estoy harta de ti, de tus pullas y la cizaña que arrojas sobre mi ante el clan —escupió, la mayor no fue capaz de sostenerle la mirada— Deja de molestarme e insultarme, no estoy interesada en Itachi o el matrimonio en general pero no voy a dudar dos veces en acceder de buena gana a este si sigues con esta actitud irascible hacia mi —le dio una larga mirada antes de ir hacia la entrada y abrir la puerta— Fue un gusto hablar contigo, Tía Mikoto —la mujer paso junto a ella con largas zancadas furiosas, Itachi sacudiendo la mano a modo de despedida mientras luchaba por seguir el ritmo de la caminata en que su madre lo arrastraba
