Bella POV

Ya que no podía volver al bar, decidí tomar turnos dobles en la tienda, era un trabajo más sencillo, no había borrachos descarados y no tenía que correr por todos los pasillos para entregar cosas, pero el salario era incluso menor a las propinas que podía conseguir en una noche en el bar.

Charlie estaba encantado con mi empleo, así que al menos eso era bueno. Esa tarde me tocaba llenar los estantes de galletas y cereales, era la hora tranquila de la tienda así que podía hacerlo plácidamente sin estorbarle a los clientes, mientras iba al pasillo con una caja en mis manos me encontré con nada menos que Edward, le dediqué una sonrisa sincera y él me miró fijamente.

―No deberías cargar esto si estás lastimada. ―murmuró, fruncí el ceño levemente y miré la caja, en realidad no pensaba demasiado, era solo cereal. Pero antes de que pudiera mencionar algo al respecto, él ya me había quitado la caja de las manos. ―Vamos, la llevaré por ti.

―No necesitas hacer eso. ―respondí aun algo sorprendida de su preocupación, por su mirada supe que no iba a regresármela, así que comencé a caminar al pasillo de nuevo. ― ¿Te gusto la tarta? ―pregunté intentando romper el silencio.

―Sí, aunque debiste advertirme que era una "famosa receta familiar", tuve que esconderla para que Jasper no se la comiera entera. ―solté una leve carcajada.

Mi madre solía llevar esa tarta a todas las fiestas a las que la invitaban y sabía que mi abuela también acostumbraba a hacerlo, así que no era nada nuevo que las personas del pueblo conocieran la receta, aunque sí era gracioso imaginar a Jasper colándose en la casa de Edward para robarle la tarta.

Conocía a Jasper, lo había visto en la tienda varias veces y era un hombre agradable, en el pueblo era difícil no identificar a alguien, en especial considerando que mi lugar de trabajo era el lugar donde todos iban a comprar la despensa.

Di la vuelta y entramos al pasillo de los cereales, me detuve frente al estante y él dejo la caja en el piso.

― ¿Viniste a buscar algo en especial? ―pregunté mientras comenzaba a acomodar las cajas de cereal una frente a otra, nunca habíamos estado tanto tiempo juntos a solas, mucho menos a una distancia tan corta, fue inevitable que atrapara la fragancia de su colonia, tenía toques de madera.

―Quiero llenar el bar de mi casa. ―musitó con aire desinteresado, asentí revisando que todos los preciosos estuvieran en su sitio, le dedique una sonrisa educada y continué con mi tarea.

―Creí que te gustaba beber en el bar de Harry. ―murmuré terminando con las cajas y levantando la gran caja vacía para llevarla a la parte trasera de la tienda.

―Ahora que estas de descanso se han turnado tus mesas y ha vuelto a atenderme Tanya. ―explicó. Fruncí el ceño confundida con su respuesta, antes de mí, Tanya había atendido esas mesas y según Jacob, Edward era un cliente regular desde hacía años.

― ¿No te agrada Tanya? ―pregunté dando la vuelta frente a los congeladores, era extraño que estuviera siguiéndome por la tienda, debía tener cosas más importantes que hacer en el rancho para preocuparse de que no cargara cosas pesadas.

―Resulta exasperante beber con ella dando vueltas a mi alrededor a ver si puede emborracharme lo suficiente para meterse en mi cama. ―murmuró con tanta naturalidad que bien podíamos estar hablando del clima, sentía mis mejillas arder, seguramente estaba sonrojada.

Imaginarme a Edward en esa situación era más de lo que era capaz de tolerar, prefería la imagen que tenía de él, el príncipe a caballo que ahora era un hombre triste en busca de amor, porque si empezaba a imaginármelo enredado en las sabanas no podría volver a verlo a la cara.

―Y Harry ha dicho que Charlie te prohibió volver al bar, mis únicas opciones son tener sexo con Tanya de una buena vez o comenzar a beber en casa. ―añadió mientras nos acercábamos a la puerta que dividía la tienda del almacén a donde los clientes no podían entrar.

Mi respiración se cortó un breve segundo cuando la palabra sexo salió de sus labios, trague en seco y continué mi andar esperando que él no hubiera notado la pequeña pausa en mi caminar. Me aclaré la garganta antes de responder, temía que mi voz saliera temblorosa.

―O podrías ir acompañado al bar, invita a Jasper. ―exclamé evitando girarme a mirarlo, no podía enfrentarme a su mirada con mi cara completamente roja.

―Jasper ha estado ocupado siguiendo a una mujer del pueblo, apenas si lo veo en el rancho. ―mordí el interior de mi labio y suspiré apenada por él.

―Entonces solo te queda beber en casa. ―concedí sosteniendo la caja contra mi pecho y deteniéndome frente a la puerta, me había girado para despedirme, así que la caja era una forma de crear una barrera entre nosotros. ―Al menos no tendrás que preocuparte por conducir de vuelta al rancho. ―añadí con una sonrisa.

Tenía la esperanza de que se diera la vuelta una vez que estuviéramos en el almacén, porque si me pedía ayuda para ir a la sección de vinos y licores probablemente mi cara se convertiría en un tomate, pero ahora estábamos parados uno frente al otro en completo silencio.

Estaba evitando su mirada, enfocándome en otros sitios de su rostro, pero tal parecía que la simple mención de él acostándose con alguien había logrado convertir a mi protagonista de cuentos de hadas en un apasionado hombre de novelas para adultos, observe la línea de su quijada, su barba de tres días y la dureza de su ceño fruncido, pero sus labios fueron mi límite, la brutal necesidad de pararme de puntillas y enredar mis brazos a su cuello para alcanzarlos me tomo por sorpresa, suspiré dejando caer la caja entre nosotros y pase la punta de la lengua sobre mi labio inferior, cerré los ojos avergonzada y me agache rápidamente para tomarla del suelo, pero él ya estaba en ello y cuando levanté la mirada me encontré con la profundidad de sus ojos verdes.

― ¿Estás bien, Isabella? ―murmuró mirándome tan intensamente que solo pude asentir, mi corazón iba tan rápido como las alas de un colibrí y temí que al levantarme las piernas no me sostuvieran. ―Estas tan sonrojada que diría que tienes temperatura. ―mordí mi labio inferior y tome la caja con fuerza levantándome rápidamente.

―Estoy bien, me sonrojo con facilidad. ―murmuré sin atreverme a mirarlo de nuevo. ―Debo ir a dejar esto allá atrás. ―añadí abriendo la puerta de un empujón, él asintió sin apartar la mirada y solo pude sonreír de manera nerviosa. ―Espero consigas lo que necesitas y no tengas que volver al bar a acostarte con Tanya. ―murmuré sorprendiéndome con mis propias palabras, él sonrió abiertamente y yo entré rápidamente al almacén.

La puerta se cerró lentamente, pero yo fui a dar contra la pared del otro extremo de inmediato, me faltaba el aliento y estaba tan avergonzada que las piernas me temblaban, necesitaba mojarme el rostro antes de regresar al mostrador para terminar mi segundo turno.

Edward POV

De camino al rancho, después de calar un poco el terreno con Isabella, me sentí decepcionado, aun con lo tentadora que me resultaba, solo me bastaron unas palabras para recordarme porque me mantenía alejado de las chiquillas del pueblo.

En especial esa última mirada que me dirigió. Justo en ese instante me dio la claridad que necesitaba para no andar detrás de ella.

Isabella no era una mujer de mundo, ni siquiera me creía capaz de verla como una mujer, aún era tan joven, tenía los rasgos inocentes de la juventud en cada sonrisa que mostraba y su mirada me había confirmado la inocencia de su mente, cinco minutos bastaron para darme cuenta que Isabella no era una mujer capaz de aceptar un trato en el que nuestra única cosa en común fuera el sexo, sino más bien una chiquilla enamorada del concepto del amor, estaba seguro que si le mostraba mi interés en ella, me embaucaría con su mirada coqueta para que le comprara un anillo y yo no estaba en busca de una esposa.

Resultaba decepcionante después de las expectativas que me había creado en los últimos días, sin duda Isabella podía cautivar con su simple presencia y de ser unos años más joven me costaría bastante trabajo dejar ir a tan cautivadora criatura, pero siendo un hombre adulto podía mantenerme firme y alejado de ella.

De todas maneras, me había pasado la vida entera sin siquiera detenerme a mirarla, podía continuar de esa manera otros cuantos años.

Al llegar al rancho me decidí a sacarla de mis pensamientos completamente con horas de trabajo, porque aún en medio de todo lo que creía de ella, su diminuta lengua recorriendo sus labios me había dejado curioso de probarla.

Me adentre a los pastizales después de cambiarme las botas y dejar las bolsas con las botellas en la barra, Jasper había puesto a los peones jóvenes a alimentar a los caballos mientras él se encargaba de la yegua embarazada, los peones con experiencia estaban cuidando a las reses y a los sementales que habíamos traído recientemente, el rancho ya no necesitaba que lo cuidara a marchas forzadas como cuando había tomado las riendas hacia años, pero me gustaba seguir trabajando con mis propias manos y no solo sentarme a ver al resto trabajar.

Por el momento teníamos a los sementales en espacios separados para evitar que fueran a lastimarse entre ellos o a alguno de los trabajadores, tenía medidas estrictas con esos animales desde el escape de uno de ellos años atrás, no habíamos tenido daños, ni personas heridas de gravedad, pero sin duda le había provocado un buen susto a todas las personas del pueblo.

Los animales no eran violentos por naturaleza, pero las personas solían asustarse al verlos sueltos en las calles, comenzaban a gritar y correr poniendo a los animales nerviosos, era en ese momento en que podían ocurrir accidentes y prefería no cargar con más muertes sobre mis hombros.

Dos de nuestros peones con mayor tiempo en el rancho tenían experiencia en el cuidado de animales tan grandes, y eran ellos quienes se encargaban de alimentarlos y vigilarlos, los primeros días siempre eran los más difíciles, los toros tenían que acostumbrarse a las personas, al terreno y a su nueva alimentación.

El resto cuidaban los alrededores y movían las pilas de comida para sitios altos y cubiertos por techos, las lluvias estaban por comenzar y la mínima distracción podía causar perdidas de dinero.

Iba a quedarme a ayudarlos, pero Garrett advirtió que los nuevos estaban perdiendo el tiempo dentro de las caballerizas, estaba a punto de despedir a la mitad de esos hombres, llegaban tarde, hacían las cosas a prisa en lugar de hacerlas bien y se distraían con mucha facilidad, hasta ahora sus errores habían sido menores, pero no quería preocuparme porque enfermaran a uno de mis animales o que me hicieran caer en bancarrota pagando sus tonterías.

Fui hasta aquel sitio y antes de siquiera entrar los escuche murmurando.

―Estás loco si crees que Isabella va a detenerse a mirarte. ―murmuró uno de ellos, estaba seguro de que era Erik, el tipo no era de los peores en el rancho, estaba intentando aprender junto a Jasper, pero si lo dejaba solo con el otro par de idiotas con quienes había venido a pedir trabajo, se podían pasar el día entero sin hacer nada. ―Es una chica preciosa que quiere ir a la universidad ¿qué tienes tú para ofrecerle?

―Puedo ayudarla a juntar el dinero para ir, las chicas aman los grandes gestos. ―fruncí el ceño, Jasper me había repetido quince veces el nombre de los otros, pero seguía sin diferencias cuál de ellos era Riley y cual era Emmett.

―Ganas incluso menos que ella, hombre. ―murmuró una voz más grave de fondo. ―Y una preciosidad como Isabella puede conseguirse al dueño del rancho si quiere, no creo que vaya a conformarse con un peón más. ―al parecer la encantadora Isabella tenía un sequito de hombres pendientes de su persona. ―Si hizo que encerraran al idiota de Mike por tocarle la pierna, que no hará si la sigues persiguiendo para todos lados.

―Mike era un idiota.

―Mike tenía una beca universitaria y una familia forrada en dinero.

―Quizás a Bella no le interesa el dinero. ―el chico estaba claramente obsesionado con la deleitable Isabella, tan solo unas horas atrás me habría visto interesado en comprobar todo lo que esos niños hablaban de ella, pero ahora que había perdido el interés en ella, solo me molestaba que estuvieran charlando en horas que cobraban.

― ¿Han terminado o están perdiendo el tiempo una vez más? ―pregunté entrando por completo a las caballerizas, el más grande de los tres estaba paleando los deshechos de los caballos, mientras los otros se levantaron de un saltó de las pacas de heno. ―Justo ahora el único que sigue con empleo es él. ―murmuré señalando con la mirada al chico que estaba limpiando el lugar. ―Esta semana se han quejado de ustedes al menos una docena de veces, así que a partir de ahora y durante un mes estarán a prueba y no trabajaran juntos, tú irás a ayudar con el ganado y tú trabajaras para Garrett. ―ambos asintieron y salieron huyendo del lugar, miré al tipo que faltaba. ―Y tú te quedas aquí.

El resto del día resulto más eficiente, finalmente el trío de adolescentes estaban haciendo sus tareas y no retrasaban al resto, el veterinario había ido a revisar a la yegua y aseguraba que aún le faltaban cuatro meses para dar a luz, aun debíamos mantenerla separada, pero al menos sabíamos que el embarazo iba bien.

Después de llevar al ganado a su sitio para descansar y asegurarnos de que todo estuviera cerrado, volví a la casa para cenar, Elizabeth, la mujer que se encargaba de la casa, tenía chili para cenar, no era mi plato favorito, en realidad solo lo comía desde que Jane apareció en mi vida.

Durante una de nuestras primeras citas ella había intentado prepararlo y yo no había tenido el corazón para decirle que odiaba el chili. Con el tiempo había aceptado ese platillo como una constante en nuestra mesa, en especial cuando teníamos algo que celebrar, como nuestro aniversario o un buen trato que traería prosperidad al rancho.

Después de su muerte, Elizabeth se encargaba de prepararlo una vez al mes, sus intenciones eran buenas, solo quería recordarme a mi difunta esposa, pero no podía evitar la culpa que venía con esos recuerdos. Me senté en la barra de la cocina a cenar, no usaba el comedor desde hacía años y no iba a hacer que me prepara la mesa para comer únicamente yo.

―La señorita Vulturi llamo esta mañana, ha insistido en venir el mes siguiente al aniversario luctuoso de la Jane. ―musitó con tono molesto, la hermana de Jane no era una persona que Elizabeth apreciara mucho.

Jane había tenido una gran pelea con su hermana días antes de la boda y la joven e imprudente chica tomo el primer vuelo de regreso a la gran ciudad, no estuvo presente en nuestra boda y Jane nunca se lo perdono, una mujer tan apasionada como Jane no dejaría una ofensa de esa magnitud en el olvido. El disgusto de Elizabeth venía de ahí, de las palabras rencorosas de Jane a su hermana y la hipocresía de ésta última desde el día de su muerte.

No se presentó a su funeral, simplemente envió una carta diciendo lo mucho que lamentaba la perdida de la familia y el año siguiente se le metió en la cabeza que debíamos hacer una celebración en nombre de Jane, le prohíbe presentarse en el rancho con esos planes en mente, porque solo sería una burla para ella y los padres de ambas estuvieran de acuerdo con mi decisión, el año anterior llamo para darme una charla de lo mucho que extrañaba a Jane, solo me quedo agradecer que no hubiera venido hasta el rancho para hacerlo.

A decir verdad, yo tampoco le tenía mucho apreció y definitivamente no la quería metida en el rancho, así que debía llamarla lo antes posible para advertirle que cambiará sus planes.

Después de la cena me serví un whisky y salí a sentarme en las viejas sillas que tenía en el pórtico, el clima era fresco, señal de las lluvias que venían en camino.

La suave brisa dejaba una noche perfecta para estar en casa.

Tenía mucho tiempo sin beber aquí, los primeros meses tras la muerte de Jane me dedicaba a beber cada noche en ese mismo lugar, era la única forma en que dormía sin pensar en ella, hasta que Elizabeth le informó la situación a Jasper y entonces cada noche él esperaba sentado a mi lado para detenerme de seguir bebiendo, después de un tiempo terminé yendo al bar de Harry, era más fácil tomar menos si tenía que regresar a casa.

Le di dos tragos más al whisky, no era bueno en absoluto, quizás por esto Harry evitaba comprar sus botellas en ese sitio, un buen whisky no podía costar tan poco, en unos días iría a la ciudad para arreglar unos documentos del rancho, recordaría comprar unas botellas decentes.

Subí a dormir unos minutos más tarde, pero apenas cerraba los ojos la mirada escandalizada de Isabella aparecía en mi mente, sonrojada y avergonzada con nuestra conversación, un viejo amigo hizo aparición poniéndose de pie apenas la rosada lengua de Isabella apareció en el cuadro y maldije en silencio, debía sacármela de la cabeza lo antes posible.


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